Algunas referencias reivindicativas:
La marcha discurrirá por el camino de La Isabela o del Pardillo, que se consiguió reabrir al uso público después de reclamarlo y pelearlo desde los movimientos sociales, pues estaba cerrado por los propietarios de una de las fincas por las que pasa. Durante años, hemos reivindicado también la declaración de la Presa del Gasco y del trazado del canal como Bien de Interés Cultural, por su valor histórico y arqueología industrial. Finalmente se ha conseguido y la declaración como BIC se ha producido en septiembre de 2021, aunque recortando la superficie protegida en torno al recorrido del Canal de Guadarrama, que ha quedado en 40 m desde el eje del canal hacia el lado del camino de sirga y 20 m hacia el lado del monte. En la primera propuesta que hizo la propia CAM se protegían 50 m a cada lado. Además, en Las Rozas, se pretende edificar una urbanización que afectaría a parte de su trazado, en la parcela del antiguo edificio de la Kodak (edificio y entorno de valor arquitectónico y etnológico). Del canal construido, una parte considerable ha quedado arrasado por la especulación inmobiliaria. Otra parte lo fue por infraestructuras (ferrocarril, carreteras y la A-6). Pero se conservan visibles unos 10 km desde las cercanías de la Presa del Gasco hasta la A-6 (cerca de la estación de tren de Las Matas) y otros tramos posteriores como el que pasa por la parcela de la antigua fábrica Kodak y el que está en la dehesa de Navalcarbón (donde se ha convertido en un estanque, tras una dudosa actuación del Ayuntamiento de Las Rozas, hormigonándolo). Una parte de este recorrido conserva su “cajeado” de piedra de mampostería (unos 12 km) En épocas de lluvias, sectores de la traza del canal se llenan de agua, produciendo la ilusión de que es navegable.
Referencias históricas:
El objetivo de la Presa del Gasco era almacenar agua del río Guadarrama, para surtir al canal navegable que desde la presa estaba previsto hasta Madrid, donde enlazaría con el canal de Manzanares, que estaba parcialmente construido y que se pretendía que llegara hasta Aranjuez y al que se pensaba abastecer también con el agua de la presa. Se hicieron también estudios teóricos para un canal desde Aranjuez hasta Sevilla para que las barcazas pudieran seguir por el río Guadalquivir hasta Sanlúcar de Barrameda, lo que se planteaba como lo que iba a ser enlazara por agua Madrid con el Océano Atlántico. Además, se llegó a plantear en el proyecto que la navegación sería posible desde la cola del embalse del Gasco hasta Collado Villalba y el pueblo de Guadarrama, con el fin de facilitar el transporte de la piedra de granito hacia la capital. Éste fue uno más de los proyectos de canales y otras obras públicas que abundaron en los siglos XVI, XVII y XVIII en gran parte de Europa, para abaratar el tráfico de mercancías. Fueron impulsados por la gran burguesía comercial, que administraba el poder político en alianza con las monarquías centralistas (“monarquías absolutas”) en la llamada época mercantilista, o de despegue del capitalismo sustentado en el comercio internacional y la banca. El proyecto del canal hasta Sevilla, su trazado preciso entre la presa del Gasco y Madrid y el de la propia presa, los hizo el ingeniero militar, arquitecto y matemático de origen francés Carlos Lemaur, que había participado en el diseño y construcción de otros canales y obras públicas, y sus cuatro hijos, quienes dirigieron las obras de construcción del primer tramo del canal de Guadarrama, entre la presa del Gasco y Las Rozas, tras el fallecimiento de su padre. Este proyecto fue promovido y financiado por el Banco de San Carlos, un banco privado, privilegiado por el Estado, que tenía prerrogativas tan importantes como el monopolio de la explotación de la plata de América, la emisión de los primeros billetes de curso legal, el suministro en exclusiva al ejército y la marina, el descuento y pago de los Vales Reales, etc. En el Banco Nacional de San Carlos hubo oscuros manejos y su director, Francisco Cabarrús, otro personaje de la oligarquía de la época, también de origen francés, llegó a estar preso durante casi 6 años. En alguna documentación y estudios históricos, al canal de Guadarrama se le denomina canal de Cabarrús. Se ha dicho que en la construcción de la presa y del canal llegaron a trabajar, en el momento de mayor actividad, hasta cinco mil personas. Una parte de ellas vivían en la cercanía de las obras, constituyendo un poblado, del que hoy quedan algunas ruinas. En algunos momentos participaron en la construcción soldados y presos, que afrontaron no solo la dureza de los trabajos, sino también una epidemia de paludismo, que era entonces endémico en el entorno de la Sierra. Se llegaron a excavar unos 26 km del canal, entre la presa y Las Rozas, con entre 38 y 41 acueductos y pasos para los arroyos. Este trabajo se hizo en solo un año, pero las obras quedaron casi totalmente paralizadas posteriormente. Después comenzaron las obras de la presa, que se extendieron desde 1787 hasta 1799, más de 12 años. Ni la presa inconclusa, ni el tramo de canal construido fueron nunca operativos. Cuando se suspendieron las obras, solo se habían construido esos 26 km de canal, de un trazado esbozado de más de 700 km. La construcción de todo el proyecto hubiera implicado, además, la de otras 35 presas, 177 esclusas, varios puentes-acueducto, más de 15 km de canal en mina (túnel), infraestructuras y caminos, etc. Además, estas obras se pusieron en marcha en medio de una fuerte crisis económica, inflación y con un gobierno que tenía un gigantesco déficit y una gigantesca deuda, que a punto estuvo de quebrar las finanzas del Estado. Fue un proyecto desmesurado, que hubiera tenido un coste inasumible y unos enormes gastos de operación y mantenimiento, y que era además de dudosa viabilidad técnica, tanto por la magnitud y el coste de las obras, como por la dificultad de garantizar el agua para que fuera navegable siquiera una parte del año (se consideraba que un buen canal tenía que ser navegable unos nueve meses al año). Todo parece indicar que fue un trampantojo o una operación de propaganda que permitió que los grupos de capital que se nucleaban en torno al Banco de San Carlos pudieran mantener los privilegios otorgados por el gobierno, frente a otros grupos de capital que los ambicionaban (como el Banco de los Gremios). El final de las obras de la presa, cuando ya estaban reducidas al trabajo de unas pocas cuadrillas, se produjo bruscamente el 14 de mayo de 1799, cuando se derrumbó una parte considerable del muro anterior (aguas abajo) de la presa. No hay, ni hubo, unanimidad sobre las causas del derrumbe (uno de los hijos de Lemaur llego a decir que las causas “han de entenderse como sobrenaturales”) Se dijo que no había fraguado adecuadamente la cal que ligaba las piedras (lo que no parece muy realista si se tiene en cuenta que la presa llevaba 12 años construyéndose y al derrumbe las obras avanzaban muy muy lentamente) que al estar expuesta su parte superior se había filtrado el agua deteriorando y arrastrando el relleno, que tenía defectos en su relleno, que los muros de la presa que formaban las celdas rellenas de piedra y arcilla no estaban engarzados sino sobrepuestos… También que el diseño de la presa, según se dijo ya en la época, era defectuoso e insostenible. Lo indudable es que la presa colapsó cuando todavía le faltaban unos 40 m para alcanzar la altura prevista y aun cuando nunca había sido llenada y sus muros no habían soportado la enorme presión y las filtraciones del agua embalsada. Posteriormente hubo estudios para intentar sacarle partido a los restos de la presa y a lo iniciado como canal, para el abastecimiento de agua a la capital y para riego de los huertos de los pueblos cercanos (que fueron también objetivos secundarios del proyecto original) pero no se llevaron adelante.
