anotaciones sobre bioética y “vientres de alquiler”

En 1984, primer contrato de “vientres de alquiler”–en EEUU, entre Mary Beth Whitehead y el matrimonio formado por Elizabeth y William Stern–.

Por primera vez en la historia –decía el informe del Comité de Bioética de España en 2017– se plantea la posibilidad de disociar gestación y maternidad.

Entre las motivaciones más poderosas para el auge de las tecnologías de reproducción asistida: el deseo de control, el deseo de abolir la “lotería genética”. Se defiende a veces que desconectar la maternidad biológica de la social supone un avance emancipatorio; pero ello da por bueno un modelo de libertad de la naturaleza (o con respecto a la naturaleza) que, como Vandana Shiva y Maria Mies han indicado, resulta altamente cuestionable, y debería ser sustituido por una idea de libertad en la naturaleza. En el fondo, el enorme asunto de seguir perseverando en una cultura catastrófica de dominación sobre la naturaleza, o avanzar hacia una cultura gaiana de simbiosis con la naturaleza.

El debate sobre los vientres de alquiler/ úteros subcontratados/ maternidad subrogada/ gestación por sustitución es un asunto feminista, pero no sólo. Remite de inmediato a una cuestión más amplia: en una sociedad cuya dinámica de fondo es convertir todo en mercancía ¿dónde ponemos límites? La prostitución, la compraventa de órganos o el alquiler de úteros ¿son transacciones comerciales lícitas? ¿Generamos nuevos mercados en tales ámbitos y los amparamos con el derecho mercantil?

Los enfoques neoliberales sobre estas cuestiones son profundamente injustos: deniegan cómo la opresión patriarcal, las desigualdades de clase y diversas formas de violencia y explotación han construido el mundo capitalista donde vivimos.

La crítica feminista nos dice que la reproducción humana, bajo el patriarcado, es un lugar donde se reproduce la desigualdad. Los úteros de alquiler ¿alivian este problema? No, lo exacerban.

 

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Desde los años 1990 hemos asistido a un “turismo reproductivo” desatado.

“La perpetuación de la herencia biológica podría mostrarse como un valor positivo en el pasado reciente, pero no es necesario suponer que éste debe ser el caso ahora. La procreación no es más valiosa que la adopción como un medio para hacer una familia, ya que se ha dicho que el valor de la adopción es compartir una relación íntima y especial con un extraño, proceso que la hace única. Y es precisamente la adopción el elemento que queremos aquí aportar al debate sobre la gestación subrogada, ya que la reducción de las adopciones a escala mundial es inaudita, alcanzando un porcentaje superior al 70% en prácticamente todos los lugares del mundo. En España, de casi cuatro mil casos en 2003 a poco más de mil en 2013. Cierto es que no puede sostenerse que el motivo sea único (crisis económica, endurecimiento de los requisitos legales para adoptar, la mejora de las condiciones económicas de países que habitualmente entregaban sus niños en adopción) o que pueda imputarse al incremento del recurso a la gestación subrogada. Sin embargo, sí existe una correlación en el tiempo entre la disminución de las adopciones internacionales y el desarrollo y el fácil acceso a las técnicas de reproducción humana asistida y, singularmente, a la gestación subrogada. Tal correlación podría mantenerse que es causal y no meramente casual si se atiende a cuál es la evolución de las adopciones en países como Italia en el que las condiciones para acceder a la reproducción asistida o a la propia gestación subrogada son especialmente restrictivas. En Italia no ha habido descenso alguno, sino, incluso, un pequeño incremento de 2003 a 2013.”[1]

 

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Habitualmente, en los debates de bioética en sentido estrecho (bioética como ética biomédica), la libertad cobra primacía sobre otros principios como la igualdad o la fraternidad/ solidaridad. Pero ¿pueden separarse libertad e igualdad? Ésta es una pregunta de enorme calado. Y si creemos que no –con Manuel Sacristán, con Cornelius Castoriadis, con Étienne Balibar, con Elizabeth Anderson–, entonces hablaremos de igualibertad, y nos moveremos en un marco de ideas que desborda el liberalismo (el contrahecho y pervertido liberalismo) hoy dominante.

 

 

[1] Federico de Montalvo, “Gestación y adopciones”, El País, 29 de enero de 2019; https://elpais.com/elpais/2019/01/28/opinion/1548688634_657007.html