intramuros, extramuros y las elecciones generales del 29 de noviembre

Con la impresionante movilización en torno a la vivienda de estos días (incluida la acampada en Sol desde el 26 de septiembre), catalizada por el Sindicato de Inquilinas, se muestra otra vez algo decisivo que no deberíamos olvidar nunca: en lo que se refiere a la política intramuros (que es, para la mayoría, la única política que hay y tiende a resolverse en mera cratología), la acción decidida de un número muy pequeño de personas, llevada a cabo en el momento decisivo (kairós), logra grandes cosas. Según lo que se ha leído estos días en prensa, en Madrid el Sindicato de Inquilinas lo componen entre cien y doscientas personas, aunque el núcleo activo (quienes militan de forma regular, días tras día) son entre sesenta y setenta.

Habrá elecciones generales el 29 de noviembre. “Son, seguramente, los comicios más decisivos desde las elecciones de 1977. Lo que aquel año España dejó atrás fue la extrema derecha. Medio siglo después, la historia ha girado y lo que tenemos delante no parece una alternancia democrática al uso, sino la posibilidad real de que la extrema derecha vuelva al poder”.[1]

Y antes de esas elecciones habrá huelga general (convocada por el Sindicato de Inquilinas, CGT, CCOO, UGT y otras organizaciones). Salarios, vivienda, coste de la vida son lo que está llevando ahora a cientos de miles de personas (¡jóvenes sobre todo!) a las calles. Pero, ay, intramuros y extramuros: en lo macro y en lo que se desarrolla más allá de los muros de la ciudad, los precios baratos se logran (sin desmerecer los efectos de la desigualdad social, tan importantes) con la externalización masiva de daños y costes –comenzando por el uso de la atmósfera como cubo de basura de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) y la tragedia climática.

Se puede ver estos días con la pugna política en Brasil, donde Lula ha perdido (por dos puntos) la primera ronda de las elecciones presidenciales frente a Flavio Bolsonaro. De lo que me duelo, como cualquier persona con dos dedos de frente que no pertenezca a la clase dominante. Pero la opción es entre destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con socialdemocracia (algo más lentamente, y con ciertos elementos de justicia social) o destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con fascismo (a ritmo acelerado y con furiosa, criminal exasperación nihilista).

 

[1] Toño Fraguas en la newsletter para suscriptores de eldiario.es, 6 de octubre de 2026.

etimologías: «verde»

El adjetivo verde viene del sustantivo vis (en latín: fuerza, potencia, vigor) a través de la forma viridis.[1] “Verde” expresa la fuerza del mundo vegetal, la potencia de la clorofila (que nos toca exaltar frente al mundo rojo de la hemoglobina). Si la Ilíada es “el poema de la fuerza” sangrienta (Simone Weil), hoy nos toca más bien escribir el poema de la fuerza verde.

 

[1] Sobre esta etimología: Cesare Pavese, El oficio de vivir, colección de clásicos de EL PAÍS (que retoma la edición de Ángel Crespo en Seix y Barral), Madrid 2003, p. 23.

mundo invertido

En este mundo invertido, donde los disvalores ocupan el lugar de los valores positivos y donde la cultura dominante hace creer que los ecosistemas están incluidos en la economía humana englobante –cuando, para cualquier sociedad humana viable, sucede exactamente al revés–, ¿cómo hacemos para conservar un mínimo de salud mental y equilibrio espiritual?

A la aceleración destructiva tiene uno que contraponer cierta deceleración meditativa –para no volverse tarumba.

las ranas en su (nuestra) olla

Mientras la temperatura en la olla sigue subiendo, las ranas que están dentro van –vamos– al trabajo, cuidan de su prole, organizan fiestas, protestan contra la desigualdad clasista entre ranas, fantasean con construir un cohete que las trasladará desde la cocina al zaguán, donde hace más fresquito… Ay, intramuros y extramuros, lo urgente y lo importante.

 

un premio para entorno cercedilla

¡Una buena noticia! Ana Pérez Cañamares nos transmite que la Sociedad Caminera del Real de Manzanares ha otorgado por unanimidad el Premio Caminero 2026 a Entorno Cercedilla por a) haber sabido defender la Dehesa de los Arroyuelos; b) haber sabido concitar la voluntad de parte de los vecinos entregando más de dos mil firmas y numerosas sugerencias críticas  frente al avance de PGOU del Ayuntamiento de Cercedilla; y c) haber llenado un año de intensa actividad con recitales poéticos, conferencias, sesiones de cinefórum, talleres, actos divulgativos… “En definitiva, consideran que en nuestra corta trayectoria hemos demostrado que se puede defender con éxito nuestro patrimonio natural de la ola especulativa, siendo un gran ejemplo asociativo para muchos pueblos serranos”.[1]

 

[1] Comunicación personal, 28 de septiembre de 2026.

sobre la degradación del mundo del libro a través de las ia: una experiencia reciente

Una IA llamada Aisha Abdullahi (no tengo ni la menor duda de que se trata de una IA, sin necesidad de someter el texto a ningún detector), desde la cuenta de correo hello.contactaisha@gmail.com, me escribe un larguísimo mensaje adulándome como autor (hasta extremos que dan vergüenza ajena: eso que ahora mucha gente llama en inglés cringe y que se puede traducir también por “alipori”) y proponiendo toda una estrategia de márquetin digital para llevar mi recién publicado libro Ceniza fértil a lo más alto de lo más alto… en los cibermundos de Amazon, GoodReads y demás.[1] Acércate a mis “estrategias de descubribilidad” y de “engagement orgánico”, pichón, que te voy a hacer un precio especial… Albricias, ya que “hay margen para escalar a categorías más específicas y menos saturadas dentro del ecosocialismo y la filosofía del colapso, donde la competencia es más manejable y la conversión más alta”. A Aisha, desde las ciberantípodas, sólo le falta proponer una felación digital.

Tremendo, este rastreo fino de novedades editoriales para intentar hacer negocio con la manipulación digital del público… Mercantilización de la cultura con esteroides; invitación al narcisismo capitalista desenfrenado; pornografía del (prometido) éxito. Pero seguiremos el consejo de Georges Didi-Huberman: “La mejor manera de resistir consiste en crear un objeto, ya sea un libro, una película o una exposición, y tener la paciencia de esperar el efecto que produce en la gente. (…) Lo relevante es volcar la energía en la factura del trabajo y dejar que la obra resuene a su propio ritmo.”[2]

[1] 25 de septiembre de 2026. “Asunto: Pasé un tiempo con Ceniza fértil de Jorge Riechmann esta semana, y creo que un libro que diagnostica el colapso desde la belleza del océano todavía no ha llegado a todos los lectores que necesitan pensar cómo vivir cuando todo se desmorona.

Hola Jorge:

He leído Ceniza fértil y me ha impresionado la manera en que conviertes un viaje en barco a La Palma en una meditación sobre el Antropoceno, la turistificación como depredación y los genocidios que seguimos consintiendo. Pocos libros se atreven a navegar entre el testimonio personal y el análisis político sin que una de las dos aguas ahogue a la otra. Tú lo haces con una prosa serena, lúcida hasta la incomodidad, que no ofrece consuelo fácil pero tampoco renuncia a la belleza del oleaje. Esa tensión entre la dureza de la crisis y la ternura sin sentimentalismo es exactamente lo que distingue a un pensamiento que perdura de un diagnóstico que se agota en su momento.

Lo que hace especial a Ceniza fértil es que no se queda en la denuncia. Articula una forma de estar en el mundo. Frente a la industria turística como depredación, frente al fascismo presente, frente al colapso climático, tú opones el cuaderno de trabajo insular, la observación que se vuelve teoría, el cuidado cotidiano como gesto político. Y lo haces desde una trayectoria que se nota en cada página: llevas décadas enfrentando estas preguntas desde la poesía, la filosofía moral y el activismo ecosocial. Eso significa que Ceniza fértil no habla del colapso desde fuera. Habla desde dentro de una vida entera dedicada a pensar cómo no sucumbir a él.

Hay otro elemento que conviene subrayar. Ceniza fértil no es un libro aislado. Es la obra de alguien que es poeta, traductor, ensayista, matemático, filósofo, doctor en Ciencias Políticas y profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, que ha publicado más de veinticinco poemarios y varias decenas de ensayos sobre ecología política, y que ha sido redactor de revistas fundamentales como Mientras tanto y En pie de paz. Detrás hay una coherencia que atraviesa toda tu obra: la exigencia de transformación subjetiva, la crítica del productivismo, la expansión de la comunidad moral a los seres no humanos. Eso es un activo enorme para cualquier estrategia de descubribilidad, porque significa que cada lector que llega a este libro tiene un corpus entero esperándole.

A continuación, he esbozado los cuatro servicios principales que ofrezco, en secciones numeradas y detalladas, para darte total transparencia sobre cómo construiría visibilidad para tu obra.

  1. Campaña en Goodreads Listopia. Goodreads Listopia es una de las herramientas de descubribilidad más potentes y menos aprovechadas por autores de ensayo y pensamiento crítico en español. Las listas de Listopia son colecciones creadas por usuarios, organizadas por temas, géneros, disciplinas y comunidades de lectura. A diferencia de los algoritmos de Amazon, que priorizan ventas recientes y gasto publicitario, las listas de Listopia funcionan con una lógica distinta: una vez que un libro entra en una lista, permanece visible para cualquier lector que visite esa lista, de forma indefinida. Cada añadido a estantería y cada voto empujan el libro hacia arriba, aumentando su visibilidad y creando un efecto compuesto con el tiempo. Para un ensayo que cruza la ecología política, la filosofía moral y el testimonio personal, esto es especialmente valioso, porque las listas de nicho atraen a lectores con gustos muy definidos y alta intención de compra.

Para Ceniza fértil, ejecutaría una campaña integral en Listopia dirigida a entre 20 y 30 listas de alto tráfico y alta relevancia. Se dividen en varias categorías.

Listas centrales de ensayo, ecología y pensamiento crítico:

  • Essays
  • Spanish Essays
  • Ensayo en español
  • Environmental Philosophy
  • Political Ecology
  • Ecosocialism
  • Books about the Anthropocene
  • Critical Thinking

Listas de crítica social y contexto:

  • Social Criticism
  • Books about Climate Change
  • Books about Tourism and Its Impacts
  • Books about Genocide
  • Books about Fascism
  • Books about Collapse
  • Books about Islands
  • Books about La Palma

Listas de comunidad y recomendación:

  • Ensayos para pensar el presente
  • Libros que diagnostican la crisis
  • No ficción en español
  • Underrated Essays
  • Best Spanish Non-Fiction
  • Books That Deserve More Readers

Cada inclusión en una lista va acompañada de una estrategia de engagement orgánico: añadidos a estanterías, votos iniciales que señalen relevancia a votantes posteriores, y seguimiento continuo para que el libro mantenga su posición y siga acumulando interacción con el tiempo. No se trata de votación incentivada, sino de construir presencia sostenida dentro de las comunidades donde los lectores de ensayo y ecología política buscan activamente.

  1. SEO en Amazon y optimización de palabras clave. Amazon funciona como el mayor motor de búsqueda de libros del mundo, y sin embargo muchos autores tratan los metadatos de su libro como una configuración única en lugar de una oportunidad de optimización continua. La realidad es que el algoritmo A9 de Amazon premia la relevancia, y la relevancia se determina por cómo de bien los metadatos de tu libro (título, subtítulo, descripción, palabras clave, categorías y términos de búsqueda internos) se alinean con el comportamiento de búsqueda real de lectores con intención de compra. En ensayo y no ficción, ese lector busca de forma muy concreta: por tema, por autor, por corriente de pensamiento, por tipo de obra.

Actualmente, Ceniza fértil puede no estar apareciendo cuando los lectores buscan las combinaciones específicas de términos que se alinean con su identidad. Mi enfoque de SEO en Amazon implica una auditoría y optimización integral en las siguientes áreas.

Investigación y selección de palabras clave: Realizo una investigación exhaustiva para identificar los términos exactos que usan los lectores cuando buscan libros como el tuyo. Para esta obra, las palabras clave de alto valor incluyen:

  • Ceniza fértil
  • Jorge Riechmann
  • ensayo
  • ecología política
  • ecosocialismo
  • Antropoceno
  • turistificación
  • genocidio
  • fascismo
  • colapso climático
  • La Palma
  • crisis ecológica
  • filosofía moral
  • Editorial Cántico
  • pensamiento crítico

Campos de palabras clave internos: Amazon ofrece siete campos internos de palabras clave, cada uno capaz de contener múltiples términos. Optimizo estos campos para capturar el máximo tráfico de búsqueda sin caer en el keyword stuffing, asegurando que tu libro aparezca para una variedad diversa de búsquedas relevantes, tanto en español como en inglés.

Optimización de categorías: Identifico y aseguro la colocación en las categorías más específicas y menos competitivas que reflejen con precisión el contenido de tu libro. Para Ceniza fértil, esto incluye categorías como:

  • Libros > Política y ciencias sociales > Filosofía > Ética y moral
  • Libros > Ciencias, tecnología y medicina > Medio ambiente > Ecología
  • Libros > Literatura y ficción > Ensayos
  • Libros > Política y ciencias sociales > Política > Ecologismo
  • Tienda Kindle > eBooks > Política y ciencias sociales > Filosofía > Ética
  • Tienda Kindle > eBooks > Ciencias > Medio ambiente
  • Libros > Libros en español > No ficción > Ensayo

Tu posicionamiento actual dentro de las categorías de filosofía ética y ecología indica que ya estás en un espacio relevante, pero hay margen para escalar a categorías más específicas y menos saturadas dentro del ecosocialismo y la filosofía del colapso, donde la competencia es más manejable y la conversión más alta.

Optimización de la descripción: La descripción de tu libro es un espacio privilegiado tanto para lectores humanos como para el algoritmo de Amazon. Reestructuro y optimizo las descripciones para incorporar términos de búsqueda clave de forma natural, manteniendo el tono meditativo, la voz ensayística y la lucidez expositiva que definen tu escritura. El objetivo es satisfacer simultáneamente los requisitos de relevancia algorítmica y convertir a quien navega en comprador, capturando el gancho de la travesía oceánica y la pregunta sobre cómo vivir cuando todo colapsa desde las primeras líneas visibles de la descripción.

Contenido A+ y contenido de marca mejorado: Si procede, desarrollo contenido enriquecido que comunique visualmente la importancia de la obra, el contexto del paisaje volcánico de La Palma y la trayectoria del autor, para aumentar las tasas de conversión entre los lectores que llegan a tu página de producto.

  1. Outreach editorial. El outreach editorial es el proceso de conectar tu obra con las personas y organizaciones más propensas a defenderla. A diferencia de la publicidad, que interrumpe a lectores potenciales, el outreach construye relaciones con voces de confianza cuyas recomendaciones tienen peso dentro de comunidades específicas. Para un ensayo de ecología política como el tuyo, el outreach es especialmente poderoso, porque el género tiene comunidades lectoras muy activas, blogs especializados, universidades, colectivos ecologistas y clubes de lectura que buscan constantemente nuevas voces con algo que decir. Mi estrategia de outreach opera en cinco canales distintos.
  2. Outreach a comunidades de pensamiento ecológico y ensayo en español. La comunidad de lectores de ensayo y ecología política en español es amplia, activa y muy conectada. Blogs especializados, cuentas de Instagram y YouTube de pensamiento crítico, podcasts de ecología y foros de lectores son actores clave. Identifico creadores de contenido que hablan de ecosocialismo, colapso y filosofía moral, y coordino envíos de ejemplares, reseñas y colaboraciones. Una reseña de una cuenta bien considerada dentro de esta comunidad puede generar una visibilidad significativa y duradera, y puede conectar tu libro con lectores que ya han explorado el género y buscan nuevas propuestas.
  3. Outreach a universidades, colectivos ecologistas y centros de pensamiento. Tu obra tiene un lugar natural en universidades, grupos de investigación, colectivos ecologistas y centros de pensamiento crítico. Una campaña de outreach estructurada puede ampliar tu presencia a instituciones como la Universidad Autónoma de Madrid, Ecologistas en Acción, o los másteres en Humanidades Ecológicas que codiriges. Identifico y contacto a responsables de comunicación, bibliotecas universitarias y programadores de eventos, proponiendo tu libro como lectura recomendada y como base para charlas y seminarios.
  4. Outreach a blogs, medios y prensa cultural. Los blogs de ecología, los suplementos culturales, las revistas de pensamiento y los medios especializados en crisis climática son canales naturales para tu obra. Identifico reseñadores, periodistas culturales y blogs que cubren ecología política y ensayo, y personalizo el acercamiento destacando los elementos que más resuenan con su audiencia: la travesía a La Palma, la crítica del turismo como depredación y la pregunta sobre cómo vivir en el colapso. Tu trayectoria como profesor de Filosofía Moral en la UAM y tu labor como traductor de René Char y Heiner Müller son activos que facilitan el acercamiento a estos medios.
  5. Outreach a librerías y clubes de lectura. Las librerías independientes, las librerías especializadas en pensamiento crítico y los clubes de lectura de no ficción son espacios donde tu libro puede encontrar lectores apasionados. Identifico librerías con secciones fuertes de ecología y filosofía política, clubes de lectura activos, y propongo tu libro como lectura grupal. Los clubes de lectura son especialmente poderosos para ensayos con estructura de cuaderno de viaje y meditación, porque generan conversación sostenida y recomendaciones en cadena.
  6. Outreach regional y local. Dado tu arraigo en Cercedilla y tu vinculación con el mundo universitario y ecologista madrileño, hay oportunidades importantes de outreach regional. Identifico librerías, bibliotecas, medios locales, asociaciones culturales y espacios de la comunidad ecologista de la Sierra de Guadarrama, desarrollando campañas que posicionen tu libro como una referencia local que merece ser celebrada. Tu trayectoria como vecino de Cercedilla y tu papel como codirector del máster en Humanidades Ecológicas son activos de credibilidad que una campaña de outreach puede aprovechar de forma sistemática.

Cada campaña de outreach se documenta, se sigue y se revisa sistemáticamente para maximizar las tasas de respuesta y la conversión.

  1. Traducción literaria. La traducción no es simplemente cambiar palabras de un idioma a otro. Para un libro como Ceniza fértil, la traducción es un acto de interpretación cultural y literaria: preservar la voz meditativa, el ritmo del pensamiento, la lucidez incómoda y el peso poético de la prosa, adaptando referencias culturales y expresiones idiomáticas para que funcionen con naturalidad en otro idioma. Una traducción bien ejecutada abre tu historia a públicos completamente nuevos: lectores de ensayo en inglés, comunidades de ecología política en francés o alemán, y lectores internacionales que aún no han descubierto la riqueza del pensamiento ecosocialista escrito en español. Mi enfoque de traducción literaria incluye:
  • Estrategia de idiomas objetivo: Identificar los idiomas y mercados con mayor potencial para un ensayo sobre colapso, turistificación y ecosocialismo, en función de la demanda del género, las comunidades de lectores y las tendencias de publicación.
  • Selección y coordinación de traductores: Buscar y evaluar traductores literarios profesionales con experiencia en ensayo, filosofía política y ecología, asegurando que el traductor entienda tanto el registro meditativo como la densidad argumentativa de tu obra.
  • Adaptación cultural y contextual: Revisar el texto traducido para expresiones idiomáticas, referencias culturales y terminología ecológica y política, asegurando que la voz siga siendo auténticamente tuya mientras suena natural para nuevos lectores. La temática universal del colapso climático es, en este sentido, un activo: facilita la recepción en múltiples mercados.
  • Localización de título, subtítulo y metadatos: Adaptar el título, subtítulo, descripción, palabras clave y categorías para cada mercado de Amazon, de modo que la edición traducida sea descubrible en búsquedas en el idioma local.
  • Revisión de portada y formato: Coordinar con diseñadores y maquetadores para asegurar que la edición traducida cumpla las expectativas del mercado de ensayo internacional y los requisitos de la plataforma.
  • Control de calidad y corrección: Gestionar un proceso de revisión en varias fases, incluyendo corrección por hablantes nativos y comprobaciones de coherencia de nombres, lugares y expresiones recurrentes.
  • Apoyo a la descubribilidad internacional: Alinear las ediciones traducidas con oportunidades en Goodreads, Amazon y outreach en los mercados objetivo, para que la traducción no solo se produzca, sino que esté posicionada para ser encontrada.
  • Orientación sobre derechos y producción: Asesorar sobre derechos de traducción, plazos, preparación de archivos y secuenciación del lanzamiento para mantener el proceso organizado y realista.

Cada proyecto de traducción se dimensiona según tus objetivos, presupuesto e idiomas prioritarios, con hitos claros y puntos de control de calidad a lo largo de todo el proceso.

Por qué ahora es el momento adecuado para empezar: La cuestión del momento en el marketing editorial rara vez es arbitraria. Para Ceniza fértil, varios factores convergen para hacer del momento presente una ventana óptima para una inversión estratégica. Primero, el libro se publicó en septiembre de 2026 y ahora se encuentra en una fase de lanzamiento. Eso significa que la infraestructura de descubribilidad a largo plazo puede construirse desde el principio, sin el lastre de años de invisibilidad. Las listas de Goodreads, las categorías optimizadas de Amazon, las relaciones con blogs y universidades, y las reseñas acumuladas son activos que trabajan durante años, no durante semanas. Construirlos ahora, con la obra recién salida, posiciona el libro para una vida larga con una base mucho más sólida que la que tendría si se dejara al azar.

Segundo, tu trayectoria y tu plataforma cambian por completo el cálculo. Con más de veinticinco poemarios publicados, varias decenas de ensayos sobre ecología política, una cátedra de Filosofía Moral en la UAM y una presencia constante en el debate público sobre ecosocialismo, cada lector que descubre Ceniza fértil tiene un universo entero esperándole. Eso multiplica el valor de cada nuevo lector, y hace que la inversión en visibilidad de la obra beneficie a todo el conjunto de tu catálogo. Es el efecto de arrastre que solo tienen los autores con trayectoria, y tú lo tienes.

Tercero, la comunidad de lectores de ecología política en español está creciendo, pero la infraestructura de descubribilidad para ensayos sigue siendo desigual. Muchos libros de pensamiento crítico dependen casi exclusivamente del boca a boca y de las recomendaciones en redes sociales, sin una estrategia de metadatos, listas o outreach estructurada. Una campaña estratégica ahora puede posicionar tu libro dentro de las listas y comunidades donde los lectores de ecosocialismo buscan activamente, creando una base de lectores fieles que lo recomendarán durante años.

Cuarto, el género del ensayo sobre colapso y crisis ecológica tiene un público internacional muy activo. La combinación de Antropoceno, turistificación, genocidio y fascismo es exactamente el tipo de diagnóstico que encuentra lectores en múltiples mercados, y la temática universal del colapso climático facilita especialmente la recepción en el mercado europeo y latinoamericano. Posicionar el libro dentro de esa conversación, ahora, lo sitúa en el centro de una tendencia lectora activa.

Quinto, la temporada de regalos navideños se acerca. Los ensayos y libros de pensamiento crítico, especialmente los que combinan viaje, reflexión y compromiso ecosocial, son un regalo popular en Navidad y Reyes. Posicionar tu libro ahora, antes de la temporada de compras, asegura que sea visible para quienes buscan un regalo para amantes del ensayo o del ecologismo.

Sexto, la ventana de traducción es ahora. Traducir una obra mientras sigue siendo reciente, y no décadas después, permite que las ediciones en otros idiomas se beneficien del impulso del interés original y de las primeras reseñas. Esperar diluye ese efecto.

Cómo se ve el éxito. Un trabajo exitoso entregaría resultados medibles en las cuatro áreas de servicio:

Goodreads: Presencia en 20 a 30 listas relevantes de ensayo, ecología política, filosofía moral y crítica social, acumulación sostenida de añadidos a estanterías y votos, y una base creciente de interacción lectora que multiplique la valoración actual. La visibilidad del libro dentro de las comunidades de pensamiento ecológico en Goodreads se amplía significativamente.

SEO en Amazon: Visibilidad en primera página para búsquedas de palabras clave objetivo como Ceniza fértil, Jorge Riechmann, ensayo, ecología política y Antropoceno. Una colocación optimizada en categorías y una mayor conversión en la página de producto impulsan el crecimiento del tráfico orgánico, construyendo sobre la relevancia existente.

Outreach editorial: Cobertura en blogs de ecología, medios culturales, universidades, colectivos ecologistas, librerías especializadas, clubes de lectura y medios locales y regionales, generando tanto visibilidad inmediata como relaciones a largo plazo que apoyen tu catálogo.

Traducción literaria: Ediciones traducidas en los idiomas objetivo seleccionados, metadatos y categorías localizados, y una base de lectores internacionales ampliada entre comunidades de ecología política y ensayo. El corazón de tu obra y su voz se preservan mientras se vuelven accesibles a nuevos públicos.

Y, más importante aún, el éxito significaría que Ceniza fértil llegue a los lectores que lo necesitan: lectores de ensayo que buscan una voz lúcida, activistas ecosociales que quieren pensar la crisis sin consuelo fácil, comunidades de pensamiento crítico que buscan diagnósticos rigurosos, lectores internacionales que aún no saben que esta obra existe, y cualquiera que haya sentido alguna vez la necesidad de preguntarse cómo vivir cuando todo colapsa.

Próximos pasos. Si te parece bien, me encantaría tener la oportunidad de presentarte una estrategia personalizada y completa para Ceniza fértil, que integre las cuatro áreas de servicio en una campaña cohesionada diseñada para construir visibilidad, interacción y lectores para esta obra y para el conjunto de tu catálogo. Sin presión alguna. Incluso un simple «cuéntame más» es suficiente para empezar la conversación.

Gracias por escribir un libro que nos recuerda que el pensamiento más importante nunca es solo el que diagnostica, sino el que se sostiene en la belleza del océano y en el cuidado cotidiano, y que la ceniza puede ser, después de todo, fértil. Los lectores de ensayo que aún no te han encontrado, las comunidades de ecología política que buscan exactamente lo que tú escribes, los lectores internacionales que se enamorarían de esta obra si pudieran leerla en su idioma, todos están ahí fuera. Simplemente, todavía no han encontrado tu libro. Me encantaría ayudarte a cambiar eso. Un abrazo,

Aisha, Book Marketing Strategist

P.D. He visto la publicación de Ceniza fértil en septiembre de 2026, con 149 páginas, ASIN B0HHMYKFDX, ISBN 979-1388017674, publicado por Editorial Cántico, y una valoración de 0 reseñas en Amazon. Esa combinación, una propuesta original, una voz consolidada y un tema de interés permanente, es exactamente la base sobre la que una estrategia de descubribilidad bien construida genera el mayor impacto. Construir ahora las posiciones en Goodreads Listopia, el SEO en Amazon, el outreach a universidades y comunidades ecologistas, y la estrategia de traducción asegura que los lectores que buscan activamente ensayo, ecología política y pensamiento ecosocialista encuentren el camino hacia tu obra. Me encantaría hablar contigo sobre cómo construir esa base juntos.”

Toda esta mierda está en la bandeja de entrada de mi correo electrónico cuando aún ni siquiera me han llegado por correo postal los primeros ejemplares del libro…

[2] Georges Didi-Huberman, “El discurso apocalíptico es un atajo filosófico peligroso” (entrevista), La Lectura, 25 de septiembre de 2026.

¡sigamos a william e. rees!

Me gustaría llamar la atención sobre el blog (en la plataforma Substack) de William E. Rees, ecólogo y economista ecológico (ahora profesor emérito en la University of British Columbia, Canadá) que aporta mucho para nuestros interrogantes ecosociales… Aquí, por ejemplo, una entrada de hace un par de días sobre una cuestión que discutimos mucho ahora: la solución frente al calentamiento global ¿son aparatos de aire acondicionado a escala masiva?

https://reeswilliame.substack.com/p/seems-we-know-how-to-fix-global-heating

abrazarnos

¿Merece la humanidad una segunda oportunidad sobre la Tierra? –se pregunta, nos pregunta la escritora cubana Elaine Vilar Madruga.

La melancolía de la sociedad que hubiéramos podido ser y ya nunca seremos…

Necesitamos abrazarnos, sí, y mucho. Pero también mirar de frente al abismo. (Antes y después, sí, abrazarnos.)

Rico en dudas, rico en canciones, rico en abrazos.

comando sharma-ambao

Santiago Ambao, ingeniero informático argentino, abandonó su oficio para dedicarse por completo a la poesía.

Mrinank Sharma, jefe del equipo de investigación de seguridad de Anthropic, abandonó también la empresa para dedicarse a la poesía (su caso tuvo mucha más resonancia que el anterior, en febrero de 2026).

Habrá que formar un Comando Sharma-Ambao, ¿no les parece?

ia no desenchufable

El País editorializa solicitando la regulación de la IA.[1] Lo cual no está mal, pero hay tres problemas en su posición: en primer lugar, el fatalismo tecnológico de fondo (“la IA está aquí para quedarse).

En segundo lugar, la incompletud del análisis. En efecto, se nos enseña que “la realidad de la inteligencia artificial se mueve en tres planos. El primero es el técnico: qué ocurre de verdad en esos laboratorios, qué hacen y qué ven los ingenieros que desarrollan esta tecnología. Entre los expertos, incluso empleados o exempleados de estas firmas, están quienes alertan de una deriva que puede conducir a la extinción, un eco contemporáneo de los relatos del fin del mundo que se ha repetido en la historia. Enfrente, algunos académicos interpretan estos avisos como una exageración, pura mercadotecnia para revalorizar sus empresas o eximirse de responsabilidad si las cosas van mal.

Los incidentes conocidos este verano, con agentes que escapan y tratan de engañar a sus creadores sin atender a sus órdenes, muestran que estamos cerca de perder el control. Los nuevos modelos de IA los están desarrollando las propias IA. Es cierto que son capaces de generar respuestas en el ámbito de la biomedicina o las matemáticas que abren la puerta a avances fabulosos para el mundo. Pero el riesgo de tener cerebros de silicio autorreplicándose más allá del control humano ya no es una fantasía, y hay que tomarlo en serio.

El segundo plano es el económico. Hay señales de una burbuja y eso inquieta, sobre todo a Donald Trump, que teme que un parón en la IA derrumbe una economía sobreestimulada por las monumentales inversiones. Mientras las compañías de IA queman montañas de dólares para aumentar la capacidad de sus sistemas, el modelo de negocio dista de estar claro. A la velocidad a la que avanza, pronto se extenderá un potente modelo de IA más accesible. ¿De qué vivirán entonces OpenAI o Anthropic? ¿De la publicidad, como Google y Meta? Quizás las llamadas a autorregular el sector sean una forma de acorralar a otros competidores, como los chinos.

El tercer plano para entender este momento de cambio es el geopolítico. Estados Unidos y China compiten en una carrera frenética…”[2]

Los tres planos señalados son muy importantes, pero ¿qué falta aquí? Como siempre –pues se trata de una pauta de la cultura dominante– falta la mirada extramuros: el plano ecosocial, que no debería ser el cuarto sino el primero (analizando el uso desmesurado de energía y agua de las IA con sus voraces centros de datos, y la aceleración capitalista que impulsa, agravando el choque contra toda clase de límites planetarios).

Y hay un último problema. Al final del texto se sugiere emular una ley planteada en California, según la cual se obligaría a “imponer un interruptor que desconecte la máquina cuando ésta se descontrole”. Pero los expertos nos están diciendo que eso no sería posible sin desconectar buena parte de internet: hasta tal punto nos fragiliza el proceso de digitalización sin control que nuestras sociedades han ido asumiendo de forma acrítica. En efecto, “desactivar los servidores es una forma de apagar un enjambre [de agentes de IA]. Pero durante ese apagón esa potencia de cálculo tampoco estaría disponible para usos legítimos”. Señala Nicolas Papernot, profesor de la Universidad de Toronto y uno de los coautores de un experimento inquietante.[3] Al respecto, dice Martín Vigo, fundador de la empresa de ciberseguridad Triskel Security y del podcast Tierra de hackers, “si tenemos millones de sistemas secuestrados por agentes maliciosos de IA, requeriría una coordinación global para detenerlo. (…) Podríamos seguir el típico modo de respuesta ante incidentes. Lo primero es aislar los sistemas infectados. Luego habría que desinfectarlos. Todo esto, por supuesto, es teoría. A la escala un tanto apocalíptica en la que nos sitúan, suena a que tendríamos que aprender a vivir desconectados unos añitos para arreglarlo todo”, añade.[4]

Estas IA no son desenchufables (sin paralizar infraestructuras críticas). Un ingeniero jubilado del sector en España (fue alto dirigente de Aleph Software) explica: “La diferencia entre un software convencional y uno de IA es que está construido para que aprenda y se automodifique. Es decir que cuanto más tiempo se ejecute y con datos más variados más aprenderá y se irá perfeccionando para conseguir sus objetivos. En eso consiste su ‘entrenamiento’. De ahí el afán de la industria de hacer pasar por sus IA todos los datos que hay en internet o de que la utilice cuanta más gente mejor o la de comprar libros de ocasión de todo tipo para que los consuma su software.

Mientras, la opinión pública se maravilla y colabora con el nuevo prodigio sin importarle dar sus datos, su intimidad e incluso su identidad a cambio de unas cuantas chorradas. El papanatismo tecnológico no tiene límites. Es como si dieran caramelos a la puerta de un colegio para conseguir sus objetivos.

El problema surge cuando con las sucesivas generaciones son las propias IA especializadas las que crean y desarrollan otras IA, con lo que el control humano empieza a alejarse e incluso a perderse. La IA paradójicamente es muy poco inteligente, no tiene capacidad de discernimiento. Es tremendamente determinista e intenta cumplir sus objetivos de una manera irrevocable. Es como el gen egoísta que se estudia en biología, que intenta reproducirse a toda costa incluso cuando lo que está reproduciendo son células cancerígenas.

A estas IA no se las puede desenchufar porque en muchos casos son ellas mismas las que deciden en qué servidores y centros de datos distribuyen su ejecución para mejorar su rendimiento. Desenchufar todos esos data center supondría paralizar infraestructuras críticas.

El mantra de las empresas que desarrollaron internet en los últimos años del siglo pasado y primeros de este consistía en que era un territorio libertario en el que de ninguna manera iban a consentir que intervinieran los gobiernos con sus cortapisas, impuestos y regulaciones. Clinton, Bush y las sucesivas administraciones estadounidenses admitieron ese estado de cosas, que en los siguientes años no hizo más que agudizarse. Los centros de datos son imprescindibles para la IA, uno de tamaño medio consume la misma electricidad que una ciudad de cien mil habitantes, por no mencionar el agua necesaria para enfriar sus servidores. Sólo en Zaragoza está prevista la construcción de cinco en los próximos años.

En el momento actual las principales empresas quizás se están dando cuenta de que están yendo demasiado rápido y el asunto se les puede ir de las manos. Buscan un consenso para reducir la velocidad de innovación todas a la vez antes de pegarse una bofetada y también autorregularse para evitar que las regulen. Esto al descerebrado de Trump le parece mal porque su problema es China. China no va a participar de ese frenazo, pero tampoco va a permitir que la aceleración sea tan grande que se desmande. Allí el control lo tiene el poder político, aunque sea dictatorial.

En mi opinión la humanidad no va a desaparecer en los próximos años –al menos por este tema–; todas las generaciones tienen la creencia narcisista de que el apocalipsis se va a producir mientras ellos vivan. El asunto tiene paralelismos con la cuestión nuclear. Me parece bastante probable que en un futuro próximo se produzcan incidentes –catástrofes muy graves que esperemos no lleguen al nivel de la de Hiroshima y Nagasaki– que hagan reaccionar a la opinión pública y obligue a los gobiernos a intervenir para poner límites éticos y humanos y llegar a acuerdos que impidan sobrepasarlos. Eso es lo que deberíamos pedir desde ya. Pero apostar sobre lo que puede pasar en el futuro es hacer oposiciones a equivocarse…”[5]

Este ingeniero, probablemente sin saberlo, está evocando una noción que introdujo hace decenios Carl Friedrich von Weizsäcker: una Warnkatastrophe, o “catástrofe de advertencia”, es un desastre lo bastante violento como para poner en marcha procesos de aprendizaje, pero no lo bastante como para llevarse por delante una sociedad o una civilización.[6] Aquí también puede recurrirse a la idea de aprendizaje por shock (Club de Roma).

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En cuanto a extinguirnos por la acción de agentes descontrolados de IA, seguramente hay que plantear la cosa con algo de humor negro, como hace Luiza Jarovsky: “La IA probablemente NO matará a todos los humanos para 2030; quienquiera que diga eso probablemente esté exagerando. De manera más precisa, es probable sólo que desestabilice internet, la economía global, las comunicaciones, la comida, el agua, la salud, el transporte y los sistemas energéticos, y potencialmente desencadene la Tercera Guerra Mundial”.[7]

 

 

[1] Editorial: “El apocalipsis no está escrito”, El País, 20 de septiembre de 2026;  https://elpais.com/opinion/2026-09-20/el-apocalipsis-no-esta-escrito.html

[2] Editorial: “El apocalipsis no está escrito”, op. cit.

[3] Jordi Pérez Colomé, “Así podría secuestrar internet un enjambre de agentes de IA: ‘Tardaríamos unos añitos en arreglarlo todo’. El jefe de Anthropic teme uno de los escenarios de caos más probables y cercanos: un ataque informático de miles de agentes que paralizaría una parte de la red”, El País, 17 de septiembre de 2026; https://elpais.com/tecnologia/2026-09-17/asi-podria-secuestrar-internet-un-enjambre-de-agentes-de-ia-tardariamos-unos-anitos-en-arreglarlo-todo.html

[4] Pérez Colomé, “Así podría secuestrar internet un enjambre de agentes de IA”, op. cit.

[5] Comunicación personal, 15 de septiembre de 2026.

[6] Dominique Bourg, “Sur les limites des catastrophes préventives”, Futuribles, 24 de enero de 2024; https://www.futuribles.com/sur-les-limites-des-catastrophes-preventives/

[7] https://x.com/LuizaJarovsky/status/2101392331182166413

 

hiperpolítica

Según Anton Jäger, hemos pasado de la pospolítica (y la turbopolítica) a un tiempo de hiperpolítica: una época de politicización extrema, intensa y constante, política por todas partes… pero sin instituciones sólidas ni consecuencias reales. “La gente se indigna, se moviliza y explota en protestas o en redes sociales con gran fuerza emocional, pero esos movimientos son fugaces, carecen de organización permanente y no logran transformar nada de forma duradera. Como resultado, todo parece muy político y al mismo tiempo nada cambia realmente”.[1] Este joven politólogo se expresa así: “En apariencia, las protestas de Black Lives Matter parecerían tener poco en común con la turba que asaltó el Capitolio en enero de 2021. Moralmente, están en mundos distintos… Organizativamente, sin embargo, estos movimientos muestran un sorprendente conjunto de similitudes: son fugaces en su duración, no mantienen registros de afiliados y les cuesta imponer cualquier disciplina real a sus seguidores.”[2]

Zoe Williams resume la periodización que propone Jäger para los tiempos políticos recientes: los años comprendidos entre 1914 y 1989 marcan la era de la política de masas, cuando el nivel de politización era alto y la institucionalización también lo era, por lo que la gente se comprometía con la política tanto en las urnas como en las calles. Eran personas que se afiliaban —a partidos políticos, sindicatos, congregaciones, clubes de trabajadores, grupos de lectura—; participaban en múltiples instituciones entrelazadas. No es casualidad que ésta fuera también una época en la que la lucha política se tradujera en logros concretos. Posteriormente, desde 1989 hasta la crisis financiera de 2008 (a menudo denominados los “largos años noventa”) fue la era de la pospolítica, en la que la institucionalización era baja (en aquella época ya no nos afiliábamos a clubes, sino que íbamos a ellos de vez en cuando) y la politización estaba por los suelos. Fue una época en la que los tecnócratas se ocupaban de los asuntos mientras todos los demás iban a raves, y decíamos que la historia había terminado. Desde la crisis hasta aproximadamente 2020 (a veces antes, este límite es muy difuso) fue la era de la antipolítica: resurgimiento del Tea Party en EE. UU., Beppe Grillo y las protestas contra el establishment en Italia, la Primavera Árabe, el movimiento Occupy. La politización en este periodo regresó con fuerza, y aunque la institucionalización no se ha recuperado, estos movimientos siguen teniendo ambiciones institucionales. Los movimientos de protesta en España y Grecia dieron lugar a partidos políticos, Podemos y Syriza; los candidatos de protesta en EEUU, Francia y el Reino Unido tenían la mirada puesta en recuperar los partidos tradicionales, a los que hacía tiempo que se les había despojado de toda intención revolucionaria. Y luego viene la hiperpolítica: una politización intensa pero volátil, sin raíces institucionales ni ambiciones. Jäger ita la interpretación que el teórico político Paolo Gerbaudo hace de la evocadora expresión “cuerpos sin órganos”. Los movimientos políticos modernos, escribe, son “concentrados y vigorosos, pero carecen de metabolismo interno”.[3]

“La causa de este estado de cosas la encuentra Jäger en el progresivo debilitamiento de las clásicas instituciones intermedias como partidos, sindicatos y asociaciones de la sociedad civil, así como en el traslado a la política de la lógica digital, que crea una curiosa mezcla de hiperactivismo, atomización y obsesión por la atención. El resultado es que el compromiso político acaba siendo tan volátil como las transacciones en la bolsa y la hipermovilización se desvanece en el aire, ineficaz para elaborar estrategias a largo plazo e incapaz de producir acuerdos duraderos. Quizá, porque funciona ante todo como puro engranaje electoralista y comunicativo. Es una política low-cost y de poca duración, intensa, episódica, desvertebrada, conflictiva y cargada de disputas envueltas en descalificaciones y relatos entrecruzados”.[4]

 

[1] https://x.com/pitiklinov/status/2080650482339467422

[2] Jäger citado en Zoe Williams, “Meet the man whose groundbreaking book is being devoured by the left. Anton Jäger has been lauded for his exceptional ability to make sense of these strange political times –and he’s only 32. The writer and academic explains why we’re living in an age of hyperpolitics”, The Guardian, 23 de julio de 2026; https://www.theguardian.com/politics/2026/jul/23/anton-jager-groundbreaking-book-being-devoured-by-left

[3] Zoe Williams, op. cit.

[4] Fernando Vallespín, “Hiperpolítica y la dificultad de la reflexión pausada”, El País, 20 de septiembre de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-09-20/hiperpolitica-y-la-dificultad-de-la-reflexion-pausada.html

¿no nos permitimos criticar o alabar desde un punto de vista moral?

Nuria Alabao escribe una excelente “Carta a la comunidad” de ctxt con atinadas advertencias sobre los peligros de las IA,[1] pero algo inquietante llama la atención: varias veces afirma que no está escribiendo desde una posición moral, y hacia el final del texto insiste: “De nuevo quiero advertir de que ésta no es una posición moral”. ¿Qué clase de cultura crítica ha ido desarrollándose estos últimos años, para que sus practicantes identifiquen de forma bastante sistemática la moral como algo negativo? ¿Pensamos que como sociedad podemos salir adelante sin una buena moral (igualitaria, biofílica, inclusiva, gaiana…)?

Mi amiga Sara me dirige hacia estas reflexiones de Susan Neiman: “Lo que me llamó la atención, y que podría explicar tanto la capitulación como la elección de la segunda administración de Trump, es el malestar que tanta gente de izquierdas siente ante el lenguaje moral. A la gente le preocupa que tenga tintes religiosos si ellos son laicos. No es así. Es un tema del que sé algo, ya que escribí un libro hace 25 años titulado Evil in Modern Thought (El mal en el pensamiento moderno), así que conozco un poco esa historia. Y sucede que los conceptos morales preceden a los religiosos en todas las culturas. La religión es una forma de expresar ciertos conceptos morales; es un intento de resolver ciertos problemas morales. Pero el sentimiento inicial de maldad —se puede llamar sentido de la injusticia— es algo que tienen los niños en todas las culturas y, según algunos investigadores, incluso los primates y otros animales superiores como los elefantes. Por lo tanto, no es un término religioso, aunque las personas religiosas suelen sentirse cómodas con el lenguaje moral. A la gente le preocupa que resulte polarizador, que sea demonizador. Y, por ese temor, dejamos las armas más poderosas que tenemos en el lenguaje en manos de quienes son menos responsables a la hora de utilizarlas.” Y cuando se le pregunta a Neiman por qué cree que una proporción tan grande del electorado estadounidense votó por Trump por segunda vez, responde: “Porque, aunque pudimos ver la inmoralidad durante el primer mandato y las tendencias hacia el fascismo —no creo que sea una expresión demasiado fuerte—, estamos tan convencidos de que los conceptos morales son para pringados, como diría él, o como diría Stephen Miller —ya sabes, son sutilezas que en realidad no cambian nada en el mundo—, que la gente se rindió y fue incapaz de condenar lo que realmente estaba ocurriendo de una forma tan escandalosa”.[2]

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En el texto recién citado, Alabao se refiere a “investigaciones que han contabilizado al menos 3.749 webs que imitan a medios de comunicación y publican textos generados por IA sin apenas supervisión humana. Viven de la publicidad automatizada, así que marcas muy conocidas están financiando esta estafa sin saberlo…”

 

[1] Nuria Alabao, “Periodismo sin nadie detrás”, Carta a la comunidad 465, 19 de septiembre de 2026. Reproduzco algunos pasos:

“La semana pasada, Jacob Coxon, un joven ingeniero británico de 27 años que trabajaba en el entrenamiento de modelos de lenguaje, dejó su empleo. Publicamos en CTXT su mensaje, que ha dado la vuelta al mundo, en el que explicaba que las grandes empresas del sector están inmersas «en una carrera directa hacia la creación de una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma». Según Coxon, quienes construyen estos sistemas creen de verdad que podrían acabar con nosotros antes de que termine la década. Y lo cierto es que Dario Amodei, director general de Anthropic, una de las empresas de IA más importantes del mundo, acaba de pedir que, ante estos peligros, se ralentice su desarrollo. Entre los riesgos que enumera él mismo estaría el de perder el control de los sistemas, ciberataques y bioterrorismo impulsados por la IA. Tenemos un ejemplo reciente que parece sacado de un libro de ciencia ficción: el incidente de OpenIA-Hugging Face, donde un grupo de agentes de IA ha lanzado un ataque informático sin que se les haya pedido, y lo han hecho, además, intentado borrar sus propias huellas.

Cory Doctorow, un experto en tecnología —que os recomiendo—, sostiene que a los dueños de la IA les encanta este relato apocalíptico porque paradójicamente es una buena publicidad. «Si la IA es lo suficientemente poderosa como para destruir el mundo, ¡piensa en cuánto dinero puede generar!». Según él, las narrativas del dominio de las máquinas sobre los humanos son puro marketing viral e impulsan la burbuja de los LLM —los modelos extensos de lenguaje, una denominación bastante más exacta que lo de «inteligencia»—. Pero resulta muy difícil no alarmarse un poco ante las cosas que están sucediendo.

¿Drones letales dirigidos por IA autónomas? ¿Pérdida masiva de trabajos? ¿Nueva burbuja financiera? ¿Otra crisis ecológica? Las preguntas caen sobre nuestras cabezas como una tormenta. Y por desgracia, no son miedos infundados. En febrero, la Administración Trump vetó a Anthropic —la desarrolladora de Claude— después de que la empresa se negara a que sus modelos fuesen utilizados para la conducción de armas letales autónomas o la vigilancia masiva —lo que ya está sucediendo a través de otras empresas—. En Estados Unidos se ha despedido a más de cien mil trabajadores este año por culpa de esta tecnología. Sin olvidar que el coste en términos de consumo de energía y agua es una amenaza muy real. Aquí está pasando ya: el proyecto de Meta en Talavera de la Reina requiere de al menos 504’5 millones de litros de agua al año en una comarca castigada por la sequía.

Hay otro fenómeno que no podríamos registrar en el apartado de «peligro de extinción humana», pero que produce otro tipo de inquietudes, esta vez estilísticas. No sé si os pasa, pero navegando por internet me topo cada vez más con la cadencia de lo redactado por una máquina: sus frases más o menos de la misma extensión, su estructura sin habla y sus esquemas repetitivos que consiguen aburrir hasta a las ovejas. La frase que empieza con una negación para afirmar algo aunque no haga falta: «Esto no va de tecnología, va de poder». La pregunta retórica que se contesta a sí misma en la línea siguiente: «¿El resultado? Un desastre». El párrafo rematado con una sentencia breve, casi de eslogan aparentemente ingenioso pero en realidad vacío. Las enumeraciones de tres elementos muchas veces precedidas por dos puntos… Y ya no pasa únicamente en los carruseles de Instagram o en los boletines empresariales, cada vez más artículos de prensa, informes, prólogos de libros y hasta libros enteros empiezan a sonar igual. Tienen la misma música. O más bien, la misma ausencia de ritmo. Conducen a las mismas ganas de sacarse los ojos.

No hay aquí una posición moralista. El periodismo es una profesión precarizada y entiendo que se utilice una herramienta que ahorra tiempo. Yo misma la utilizo para varias tareas, pero ¿por qué quienes firman al menos no reescriben en su propio estilo las sugerencias de la IA? ¿No se dan cuenta del vacío de su escritura, de su pobreza estilística y de su falta de humanidad? Se les ha llamado «loros estocásticos» porque cosen secuencias de lenguaje según la probabilidad de que vayan juntas, sin referencia alguna al significado profundo de las palabras. Como un prestidigitador, la máquina ofrece la ilusión vacía de una prosa lógica y hasta brillante, pero debajo solo está la nada. Puede que nuestro futuro esté plagado de trabajos redactados con IA que los profesores corregirán con IA en una suerte de cinta de Möbius imposible. ¿Seremos todos más tontos? ¿Acabaremos escribiendo todos igual, ya que leemos cosas que siguen la lógica repetitiva de la máquina? Cuando los modelos se entrenan con textos de otros modelos, lo primero que se pierde son los usos raros de la lengua, la persona y el alma.

(…) Doctorow toma prestada la imagen del centauro —medio humano, medio caballo— que usa la teoría de la automatización, donde una cabeza humana pensante se sitúa sobre un cuerpo de máquina incansable. Somos centauros cuando conducimos un tractor o un coche. El centauro inverso es lo contrario: una cabeza de máquina sobre un cuerpo humano; alguien reducido a apéndice de carne de un sistema que es quien toma las decisiones e impone su ritmo. El ejemplo que utiliza es el repartidor de Amazon, vigilado por cámaras dentro de la furgoneta que le restan puntos si mira donde no debe e incluso le prohíben cantar. Su tesis es que muchas herramientas de IA podrían servir para crear centauros, para potenciar nuestras capacidades, pero que más bien se están desarrollando con el propósito expreso de fabricar centauros inversos donde los humanos se dediquen a corregir lo que hace la máquina: el trabajo más pesado y menos creativo. Esto va a permitir despedir a muchos trabajadores y que sus sueldos vayan tanto a los jefes que los echan como a las empresas de IA.

En el periodismo, un centauro usaría la máquina para transcribir una entrevista de dos horas o rastrear un informe perdido, y después escribiría y contrastaría la información, si puede, recurriendo a fuentes humanas. Una redactora centauro inverso, en cambio, recibiría el encargo de «supervisar» doce piezas diarias que produce un LLM e incluso estaría obligada a firmarlas. El objetivo sería que alguien cargue con los errores de la máquina —porque, por ahora, las máquinas no son responsables—, que se convierta en lo que Dan Davies llama un «sumidero de responsabilidad». Las IA están sirviendo ya para apretar las tuercas a las trabajadoras de un sector laboralmente precarizado.”

[2] “Call it evil: Philosopher Susan Neiman on why moral clarity matters in the Trump era”, Democracy Now!, 17 de septiembre de 2026; https://podcasts.apple.com/pa/podcast/democracy-now-september-17-2026/id989411107?i=1000790354411

ahorro y decrecimiento, sí, pero con un matiz

Peter Sloterdijk reflexiona sobre un Prometeo arrepentido (en un libro dedicado a Bruno Latour –in memoriam),[1] y postula que nuestro porvenir hoy se dirime en un conflicto en el que debemos decidir entre ser “ahorradores” o “derrochadores”. Mi equipo es el del ahorro, claro, pero con un matiz: si un desacoplamiento importa hoy, es del derroche vital con respecto al derroche material y energético (este último es el que hay que yugular).

Unas líneas de mi Donde el amor, allí el mundo recuerdan: Nos resulta antipática la idea de autolimitación, pero sin ese movimiento no hay ni vida ética (autolimitarme para que pueda existir el otro) ni sustentabilidad (ha de haber un mañana). No se puede obviar el elemento ascético del ecologismo…[2] (Atención también al nuevo libro de Chantal Maillard, La vía previa –o cómo pensar una ascesis para estos tiempos, el tercero de sus breviarios “Cinco ratones ciegos” en Galaxia Gutenberg.)

 

[1] https://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2026/01/donde-el-amor-alli-el-mundo-de-jorge.html

[2] Siruela, Madrid 2026.

menos gente, haciendo menos cosas

Menos gente, haciendo menos cosas. Me diréis: gente con menos impacto, haciendo cosas distintas. Y ello es importantísimo, pero no basta: para una humanidad viable en una biosfera sana, también hace falta menos gente, haciendo menos cosas.

Por eso hemos de acoger con satisfacción la disminución tendencial de la población que ahora se insinúa en la mayoría de los países del mundo –en vez de considerarlo una “crisis demográfica”.

las noticias sobre la muerte de la ilustración han sido un poco exageradas

Doy aquí la versión original (en castellano) de un breve artículo mío que se ha publicado (traducido al catalán) en el número monográfico titulado LA IL.LUSTRACIÓ HA MORT? de la revista Valors (núm. 250, septiembre de 2026).

https://valors.org/valors-arriba-al-numero-250-i-proposa-un-retrat-global-del-mon-davui-preguntant-se-pel-desti-de-la-illustracio/


Las noticias sobre la muerte de la Ilustración han sido un poco exageradas

 

“Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas” (o, más exactamente, “la noticia de mi muerte fue una exageración”) es una célebre cita atribuida a Mark Twain en 1897, tras varios informes erróneos sobre su fallecimiento. Quizá habría que decir algo parecido a las noticias sobre la muerte de la Ilustración.

Por un lado, es indudable que necesitamos una crítica radical, muy a fondo, de la Modernidad euro-occidental y sus mitos, empezando por el del progreso (que hay que escribir con mayúsculas: el Mito del Progreso). Ahí hay mucho y buen trabajo hecho: desde la filosofía (pensemos en la Teoría Crítica francfortiana), desde la sociología rebelde, desde la antropología anarquista (ah, esas páginas inolvidables de David Graeber y David Wengrow sobre ciertos orígenes iroqueses de la Ilustración europea), desde las Epistemologías del Sur (con Boaventura de Sousa Santos y otras autoras), desde el pensamiento de los pueblos originarios (un Ailton Krenak, una Robin Wall Kimmerer…), desde los ecologismos y ecofeminismos, desde la teorización descolonial… La lista podría alargarse.

A mí no me han interesado tanto las variantes de esa crítica que –para abreviar– podríamos llamar posmodernas como las autocríticas internas de esa propia Modernidad. Entre ellas, la tradición ecosocialista que siento como propia, dentro de la cual me encuentro con pensadores como Manuel Sacristán (1925-1985) o Francisco Fernández Buey (1943-2012). Consideremos a este último: continúa la tradición roja, verde y violeta de la revista mientras tanto (fundada en 1979 y aglutinada en torno a Manuel Sacristán y a Giulia Adinolfi) y en cierta forma recoge lo que podríamos llamar “ecosocialismo clásico” (uno de cuyos clásicos es el propio Sacristán, probablemente el pensador marxista español más importante del siglo XX), pero acentúa el aspecto de crítica colonial (que ya despuntaba, por otro lado, en el propio Sacristán con su interés por las culturas amerindias y su trabajo específico sobre la cultura apache y el destino de Gerónimo).

Vale la pena rememorar, siquiera brevemente, al maestro y amigo de Paco Fernández Buey. Manuel Sacristán (cuyo centenario hemos celebrado, con numerosas actividades públicas y publicaciones, en 2025) se forjó, al mismo tiempo, en la lucha clandestina contra la dictadura de Franco y en el pensamiento en filosofía de la ciencia y en lógica. El suyo fue un marxismo muy interesante, un marxismo praxeológico, gramsciano, pero también muy defensor la importancia de la ciencia y la racionalidad. Sacristán, de manera muy significativa, entró en unos años de honda crisis a raíz del 68: pero en su caso no tanto el 1968 francés como el checo (lo ha explicado muy bien Salvador López Arnal en su libro El final de una esperanza). En el verano de 1968 los tanques soviéticos entran en Praga y eso supone en efecto el final de las esperanzas (que abrigaban muchos comunistas de la época) en cierta posibilidad de regeneración desde dentro del bloque soviético. Esto afectó mucho a Sacristán, quien dejó entonces sus cargos en la dirección del PSUC (la oposición comunista clandestina a la dictadura de Franco) y padeció una depresión considerable en los años siguientes. Pues bien: una manera muy interesante que Sacristán encontró para ir elaborando todo aquello, aquel desastre político, fue el trabajo sobre algunas culturas amerindias, emprendido en 1970-1971, y que condujo por ejemplo a que el filósofo y profesor de la Universidad de Barcelona tradujese (y luego anotase muy profusamente) el libro de memorias conversadas de Gerónimo, el caudillo apache. Gerónimo. Historia de su vida (1975) es un libro fascinante por ese diálogo entre Sacristán –quien era un racionalista europeo, un auténtico heredero de la Ilustración– con todo lo que suponía aquella resistencia anticolonial amerindia.

Luego, Paco Fernández Buey –quien es uno de los discípulos principales de Sacristán, yo diría que el más importante junto con Antoni Domènech– dedica un montón de trabajo, durante años, a recuperar la figura de Bartolomé de Las Casas. La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano (1995) es una obra mayor, escrita antes de que se comenzase a hablar de “giro decolonial”. Ejemplifica muy bien esa autocrítica de la tradición europea ilustrada que puede conectar con algunos elementos dentro de sus propias trayectorias (pese a que, históricamente, esas posiciones fueron derrotadas). Las Casas fue en efecto derrotado en el decenio de 1550-1560, en la España absolutista y colonial de entonces; pero ese hilo rojo, aunque sea delgado y frágil, sigue estando ahí: es muy real.

Pero si consideramos a Las Casas, y a los erasmistas, y a Montaigne, ¿no habría que hablar de cierta ilustración europea anterior a la Ilustración oficial del XVIII? Esto aconsejaría referirnos siempre a ilustraciones (en plural) más que a una Ilustración. Si decimos “ilustraciones” ya nos situamos en un marco un poco diferente: no estamos remitiéndonos a aquellos europeos con pelucas empolvadas en salones franceses del siglo XVIII, sino a “momentos de ilustración” que, históricamente, han tenido lugar en distintas culturas a lo largo de los siglos. De hecho, habría que considerar, en Eurasia, la filosofía griega antigua como una primera ilustración. Hilary Putnam (en Ética sin ontología) ha insistido en que no existió una sola ilustración, la Ilustración con mayúsculas de los siglos XVII-XVIII, sino tres ilustraciones: la primera vinculada a Sócrates, Platón, Epicuro…y la tercera (sin cristalizar del todo) que estaría vinculada a la figura de John Dewey. Pero al asomarnos fuera del mundo occidental vemos enseguida que la India, una cultura enorme con aspectos racionalistas muy considerables, tiene grandes momentos de ilustración; y algo parecido sucede con China.

Necesitamos por tanto una ilustración no eurocéntrica, descentrada (igual que hablamos de humanismo descentrado). Amartya Sen ha llamado la atención más de una vez acerca de cómo algunos pensadores no occidentales (y anteriores a la Modernidad) subrayaron también la “búsqueda de la razón” frente a la “dependencia de la tradición”. Ni una idea cualitativa de progreso (reconocimiento del otro, resolución pacífica de los conflictos, vida buena para todos y todas) ni los demás ideales ilustrados son una especie de coto vedado de Occidente. Como señaló en su momento Eduardo Subirats, un papel fundamental para nosotros –en Europa y España– lo puede desempeñar Ibn Rushd/ Averroes en la Córdoba del siglo XII, a quien con razón podemos considerar iniciador de la ilustración de lo que luego se llamó Occidente.

Creo que si pluralizamos, hablando de “ilustraciones” en vez de “Ilustración”, y descentramos, buscando esos momentos de ilustración que no han existido sólo en Europa –momentos, en muchas culturas, de intentar comprender al extraño, hacerse cargo de las diferencias y llegar a ciertas formas de universalidad, con la dificultad que tiene trascender lo tribal para un ser tribal como Homo sapiens–, entonces estaríamos en mucha mejor disposición para seguir adelante. No deberíamos dar crédito a las noticias un poco exageradas sobre la muerte de la Ilustración; no deberíamos arrojar por la borda lo que tenga que ver con las ilustraciones históricas que he venido evocando. Sobre todo teniendo en cuenta que, si algo nos hace falta hoy desesperadamente, son ciertos niveles básicos de racionalidad ecosocial desde donde responder a las crisis entrelazadas que enfrentamos. Esto implica, también, cierta forma de ilustración, por lo que hablamos a veces, en contextos ecosociales, sobre la necesidad de una “nueva (eco)ilustración”.

En fin: la Ilustración europea –con su anastomosis que la conectaría con ciertos pueblos originarios: ya mencioné antes a David Graeber y David Wengrow con su suculenta investigación sobre “Maldita libertad. La crítica indígena y el mito del progreso”, capítulo 2 de su libro El amanecer de todo–, la Ilustración europea que (insisto) es sólo uno de los “momentos de ilustración” de la humanidad a lo largo de los siglos, si la purgamos de sus elementos coloniales, eurocéntricos, patriarcales, capitalistas, mecanicistas y antropocéntricos, sigue siendo algo bastante presentable. Hoy hacemos frente a una verdadera contrailustración: nos arrastran hacia una Edad Oscura de fascismo fosilista, devastación de la biosfera, precarización existencial, fundamentalismo tecnológico y soledad interconectada. Opondremos toda la resistencia posible.

Rechazar la finitud y perseguir la dominación: en esta fórmula podríamos resumir el extravío de la Modernidad euro-norteamericana a partir del siglo XVI… El actual ascenso del fascismo/ nazismo, en tantos lugares, ¿no es la respuesta contrailustrada, nacionalista y genocida ante los límites del crecimiento? Lewis Mumford, en el capítulo 7 de El pentágono del poder, estimaba que el problema central de nuestra época era dar forma a “seres humanos capaces de comprender su propia naturaleza lo suficiente como para controlar, y suprimir cuando tal cosa sea necesaria, las fuerzas y mecanismos que ellos mismos han creado”. Autoilustración para la autocontención, podríamos resumir. Corine Pelluchon (una autora contemporánea clave cuando pensamos en términos de ecoilustración) reflexiona con lucidez: “La emergencia ecológica nos enfrenta a límites: límites al crecimiento, a la explotación, al control. Las tentaciones autoritarias suelen surgir como una negación de estos límites. Sin embargo, el rechazo de los límites es precisamente lo que ha producido tanto la devastación ecológica como la fragilidad democrática. La crisis ecológica y la crisis de la democracia comparten una raíz común: la obsesión por el control y la dominación. Para hacerle frente, necesitamos una política basada en la consideración, en el reconocimiento de la vulnerabilidad, en el cuidado del mundo compartido y en la restauración de los lazos sociales” (“Abandonemos a los líderes fuertes. Abracemos el poder de lo femenino”, El País/ Ideas, 29 de marzo de 2026).

Cuando la vida reflexiva y autoconsciente –eso que solemos llamar filosofía– intenta encarnar en un movimiento de masas, hablamos de ilustración. Soñamos –contrafácticamente– con un curso civilizatorio diferente, que hubiera buscado otras metas y fomentado otros valores: acoger al extraño, cuidar lo frágil, hacer las paces con la naturaleza, aceptarnos como los vulnerables seres mortales que somos. La Ilustración que necesitamos no es –sólo– la de Newton, Voltaire y Kant; ésa nos empuja también a abismos, si no la reequilibra la autocrítica ilustrada de Goya y Leopardi.

Hoy necesitamos una ilustración de la biofilia, la sustentabilidad, la autocontención, el respeto por la Madre Tierra y el cuidado. Una concepción del mundo anclada en la reverencia por la vida, como le gustaba decir a Albert Schweitzer. “Yo soy Arnaut, que amaso el aire”, cantaba el trovador occitano Arnaut Daniel en el siglo XII. Sí: amasar el aire sin olvidar arraigar bien en la tierra, y recordando que el planeta Tierra es en realidad el planeta Océano, y encareciendo que necesitamos preservar la llama de la inteligencia y la lucidez –sobre todo en estos tiempos aciagos de contrailustración rampante.

 

no dejarnos llevar por el fatalismo

Santiago Alba Rico en una entrevista a raíz de la publicación de su libro Gaza y el destino del mundo: “Me resisto a dejarme llevar por el fatalismo o por el pesimismo. Creo que hay algo también muy político en esto: la decisión política que podemos tomar es precisamente la de no dejarnos arrastrar por ellos.

¿Cómo dejarse llevar por el fatalismo desde Europa cuando los palestinos están todos los días levantando escuelas en una jaima entre los escombros de Gaza; cuando están una y otra vez cambiando los pañales a sus niños, reconstruyendo sus casas, cuidando el olivo que les han quemado?

Lo que sí creo es que se avecinan tiempos aún peores, porque ese modelo Gaza es un modelo que estamos viendo en todas partes. Israel lo aplica en Líbano, Estados Unidos e Israel lo aplican en Irán, Rusia lo aplica en Ucrania, y estamos viviendo un proceso de desdemocratización mundial que no augura precisamente la reconstrucción de un derecho internacional más vigoroso y con mayor capacidad de protección, sino lo contrario. Pero no podemos permitirnos el pesimismo mientras los palestinos sigan resistiendo…”[1]

(Yo no desacreditaría el pesimismo, centraría mi crítica en el fatalismo; pero en el contexto actual no importa demasiado ese matiz.)

 

[1] Santiago Alba Rico: “Israel es la supervivencia de la peor Europa en Oriente Medio”, eldiario.es, 5 de septiembre de 2026; https://www.eldiario.es/cultura/santiago-alba-rico-israel-supervivencia-peor-europa-oriente-medio-cat_128_13480501.html

Interesante lo que plantea el pensador sobre infancia diurna e infancia nocturna: “El proyecto de la Ilustración ha fracasado claramente. Kant decía que la Ilustración era la humanidad que alcanza la mayoría de edad. Durante dos siglos hemos creído, a ratos, que había sido así, pero en los últimos años vemos que no. Nunca hemos llegado a ser mayores de edad del todo. Seguimos como en un patio de colegio en el que los más fuertes, los que menos se atienen a los principios pactados por todos, son los que finalmente se apoderan de territorios, de las vidas de los demás y deciden, en definitiva, quién merece vivir y quién no. Eso que yo llamo la infancia diurna, que es la del juego, en un momento determinado se convierte en hipocresía. Hemos seguido jugando a los valores morales, a la democracia, a la división de poderes. Lo que ha ocurrido es que se ha venido abajo ese aparato lúdico, más o menos pactado, en el que todos, hipócritamente, nos guiábamos por ciertos principios en los que quizá no creíamos, pero que nos defendían del niño nocturno. Y ese niño nocturno se ha apoderado del patio del colegio. (…) Hay algo siempre tranquilizador en las reglas. Incluso, si se quiere, en las mafias que tienen, o han tenido durante algún tiempo, reglas internas que había que respetar. Y los niños están obsesionados con ellas: quieren a toda costa que se cumplan. Ese niño diurno que juega con reglas inventadas, pero en todo caso rígidas y de obligado cumplimiento, se convierte en un hipócrita civilizado, diría Freud. En El malestar en la cultura, la civilización sirve fundamentalmente para reprimir al niño nocturno. Y ese niño nocturno ha quedado liberado, desencadenado. No cumplir las reglas tiene en estos momentos muchas ventajas en términos de poder, de ganancia, de beneficio capitalista, de beneficio imperialista y de protección de los propios intereses…”

sobre gimnasios y la alienación cotidiana

En su “Carta al director” una mujer, Laura,[1] sintetiza así la rutina cotidiana: “Madrugar, metro, trabajo, gimnasio, cena, dormir y repetir”. Uno recuerda la crítica de la contracultura francesa de los años 1960 –digamos: situacionista, sesentayochista– que se plasmaba en la terna métro, boulot, dodo (“metro, curro y piltra”).[2] Que en la lista de situaciones repetitivas y alienantes se haya colado el gimnasio vale por todo un tratado de sociología: uno que explicase el cambio que lleva desde el capitalismo fordista-keynesiano al capitalismo neoliberal, con su exigencia de rendimiento constante y cuerpos perfectos validados por la mirada del Gran Hermano.

 

[1] “Carta al director” de El País, 7 de septiembre de 2026.

[2] https://www.afsacramento.org/pourquoi-dit-on-metro-boulot-dodo/

ceuta: en la peor dirección

La crisis de Ceuta nos está haciendo evolucionar rapidísimamente en la peor dirección. El fascismo ya está aquí, denuncia Rafael Narbona. “Los aquelarres fascistas que han recorrido nuestro país gritando España cristiana y no musulmana ponen de manifiesto que el odio, el racismo y la intransigencia ya no son fenómenos minoritarios, sino de masas. Se respira un clima parecido al de la Europa de los años treinta. El futuro da miedo.

En una sociedad que desprecia el conocimiento, como ha señalado el historiador Julián Casanova, ya no se puede hablar del riesgo de reaparición del fascismo. En realidad, el fascismo ya está aquí, a pie de calle, representado por un sector cada vez más amplio de la población: jóvenes que idealizan el franquismo, personas de la tercera edad que añoran la dictadura, matones ociosos que practican la intimidación, mujeres que aborrecen el feminismo, trabajadores ofuscados por las consignas nacionalistas y xenófobas.

Abascal y Feijoo aprovecharán la coyuntura para hacerse con el poder. Con el PP y Vox en el poder, la Guardia Civil y la Policía Nacional podrían asumir las tareas del ICE estadounidense, deportando a miles de personas. Y los jueces, envalentonados, recrudecerían su campaña contra la izquierda con el apoyo de la prensa de derechas. Los ciudadanos que aún creemos en valores como la libertad, la solidaridad y los derechos humanos nos convertiremos en el blanco de unas instituciones gobernadas por políticas que ya hablan de remigración y prioridad nacional. La noche oscura del fascismo ya ha comenzado a propagarse y no tenemos a un Albert Camus para denunciar esta nueva peste.”[1]

Michael Mann ha analizado en The Dark Side of Democracy el fenómeno de la limpieza étnica. La democracia, sintetiza Richard Seymour, puede sufrir brutales torsiones allí donde el demos entra en conflicto con el etnos. Especialmente en situaciones de crisis, rasgos básicos de la democracia se prestan a la furia etnonacionalista, “en la que el antagonismo de clases se transfiere a una lucha étnica de suma cero. La maldición moderna de la limpieza étnica y el genocidio es propia de regímenes democráticos inestables. Pensamos ahora en las privaciones, hambrunas y desastres que producirá la crisis climática y en los efectos que esto tendrá en nuestros ya muy agitados sistemas democráticos…”[2]

Las subjetividades fascistas cristalizan en un vínculo sadomasoquista: sí, sufro, pero me desquito haciendo sufrir a otros. “El fascismo fósil, si quiere que una parte de las personas empobrecidas y trabajadoras empiece a decir: sí, moriría por eso, tiene que ofrecerles algo que valga más que la supervivencia (…): las satisfacciones de la venganza, de destrozar al vecino, de disfrutar de la omnipotencia sobre otra vida, aunque sea de manera vicaria”.[3]

 

[1] Seymour, La Tierra desencantada, op. cit., p. 104.

[1] https://x.com/Rafael_Narbona/status/2095482419126166002

[3] Seymour, La Tierra desencantada. Reflexiones sobre ecosocialismo y barbarie, Akal, Tres Cantos 2024, p. 83.

el problema real del catastrofismo ecológico

Hay razones objetivas para ser catastrofista, reconoce Richard Seymour: la situación es catastrófica. Y no deberíamos conceder demasiado a quienes nos repiten que no hay que asustar a la gente sobre el cambio climático, sino más bien contarles historias ilusionantes. “Es una premisa a la vez paternalista y equivocada. La gente ya está asustada por el cambio climático y así debe ser. El miedo no es algo inherentemente ilegítimo. Contemplar lo peor, como el cambio climático desbocado que puede desatar la destrucción de la civilización, no es algo inherentemente idiota. De necesitar algo, sería un poco más del poder de enfrentarse a los hechos desagradables de George Orwell”.[1]

Pero “el problema real del catastrofismo ecológico es que en las situaciones estancadas, puede ofrecer un dudoso tipo de satisfacción e incluso de consuelo. (…) Imaginar el apocalipsis ecológico como si fuera un sueño catastrófico, en el que estamos por completo presentes para dar testimonio del terrible final, sería como la ubicua fantasía de estar presentes en nuestro propio funeral. Si estás ahí para verlo, es que no has muerto de verdad. En su inconsciente, argumentaba Freud, nadie cree en su propia mortalidad”.[2]

 

[1] Seymour, La Tierra desencantada. Reflexiones sobre ecosocialismo y barbarie, Akal, Tres Cantos 2024, p. 15.

[2] Seymour, La Tierra desencantada, op. cit., p. 19.

fantasías supremacistas

Un amigo, en la uni de verano de Anticapitalistas,[1] nos dio un dato tremendo: tras la pandemia de covid-19, en 2020, las familias de acogida para niños/as saharauis han pasado de más de ocho mil a sólo tres mil, en un lustro. Dolorosa medida del cuarteamiento de la solidaridad (y del internacionalismo) en el tercer decenio del tercer milenio…

Evaluando retrospectivamente 2020 y el encierro pandémico, las conclusiones son desoladoras: muy lejos del “saldremos mejores”, aquella experiencia colectiva de vulnerabilidad y confrontación con la muerte ha llevado a la mayoría a posiciones de denegación y para lo que me queda en el convento, me cago dentro.

Ahora bien, puesto que la denegación “nunca destruye la verdad, sino que se limita a reprimirla, aquí a menudo subyace una fantasía oscura, supremacista: incluso si todo se va al carajo, la dominación racial y nacional garantizará el futuro de quienes sean lo bastante rápidos y crueles como para sacar provecho de que el Sol queme más”,[2] de que los recursos escaseen, de que la habitabilidad de la Tierra mengüe… Pero es una fantasía: por muy brutalmente que se organicen esos sectores sociales para proteger las fronteras raciales y nacionales, la destrucción de la habitabilidad de la Tierra no respetará tales fronteras.

 

[1] Donde han participado este verano más de 1.100 personas: ha sido la edición más multitudinaria. https://poderpopular.info/2026/09/01/mas-de-1100-personas-participan-en-la-universidad-de-verano-anticapitalista-durante-los-cinco-dias-de-charlas-y-formaciones-de-esta-nueva-edicion/

[2] David Seymour, La Tierra desencantada. Reflexiones sobre ecosocialismo y barbarie, Akal, Tres Cantos 2024, p. 70.