cuando todo baja (sobre fosfoyesos y crisis de civilización)

https://laoficinagaleria.com/exposicion-9

(Texto escrito para acompañar una exposición de Isaías Griñolo)

Tengo una relación íntima con los fosfoyesos de Huelva. Esa enorme cantidad de residuos tóxicos y radiactivos (unos 120 millones de toneladas acumuladas desde 1968 a apenas medio kilómetro de la ciudad) proceden de la fabricación de fertilizantes de síntesis.[1] Ya con eso aparece una relación carnal, compartida con casi todos mis conciudadanos y conciudadanas: mi cuerpo, como el de todas las personas que hemos crecido en sistemas alimentarios agroindustriales (como el que tomaba forma en la España franquista de los años 1960), está construido básicamente con petróleo y gas fósil, a diferencia de los cuerpos de generaciones anteriores (que se construían con luz solar).[2] Y en esa construcción agroindustrial de los cuerpos españoles, la fabricación de fertilizantes es una pieza clave (amoníaco como resultado del proceso químico de Haber-Bosch, y fosfatos de origen mineral, en la base de los típicos abonos industriales N-K-P).[3]

Pero mi intimidad con los fosfoyesos va más allá. En los años sesenta (yo nací en 1962) se instalaron en España plantas modernas de fabricación de amoníaco, y en los setenta el sector se fue concentrando de forma notable. Mi padre, formado como perito agrícola, trabajó toda su vida en estas empresas de fabricación de abonos nitrogenados y fosfatados que por otra parte fueron absorbiéndose y fusionándose a lo largo de los años: Unión Española de Explosivos, Explosivos Riotinto, Fertiberia, ERCROS… Esto es: el salario que entraba en casa (mi madre trabajó como “ama de casa”, sin venta de fuerza de trabajo a terceros) provenía de la fabricación de esos fertilizantes sintéticos cuyos residuos de producción se amontonan en la balsa de fosfoyesos onubense. Y así, no sólo mi cuerpo sino también mi alma, en cierta forma, han sido construidos a base de fosfoyesos: toda mi formación para llegar a ser quien soy (educación primaria y secundaria en un centro privado, clases adicionales de francés en el Institut Français de Madrid o de alemán en el Instituto Goethe, alguna estancia en el extranjero…) fue costeada por el salario de mi padre, ganado en el sector de los fertilizantes. Y como no hay producción industrial sin generación de residuos:[4] ganado a base de fosfoyesos.

Lo que he contado no es una historia privada que se pudiera desechar como anecdótica. Si examinásemos las biografías de casi cualquier persona que haya crecido en la España del desarrollismo franquista (esto es, en la incorporación tardía de nuestro país al mundo industrial a partir de los años 1950), o después hasta llegar a hoy mismo, encontraríamos una situación parecida: nos hallamos entremezclados con fenómenos de dominación y destrucción que escapan a nuestro control individual. La gran mayoría de los empleos que ofrecen nuestras sociedades tienen como efecto daños a la naturaleza y a la salud humana análogos a los que causan los fosfoyesos de Huelva: sólo que a veces ocurren más lejos de donde nos encontramos (el Norte global conserva una capacidad notable de “externalizar” costes y daños lejos de los centros, y hacia las periferias).

En la guerra contra la naturaleza que mantienen las sociedades industriales, la conscripción es forzosa para casi todo el mundo, y nos vemos empuñando las armas como guerreros letales casi sin darnos cuenta. Unos versos de Idea Vilariño recogen bien el fenómeno de nuestra caída: “Como un jazmín liviano/ que cae sosteniéndose en el aire/ que cae cae cae/ cae./ Y qué va a hacer.”

Algo de análisis (que por razones de espacio no puedo emprender aquí) nos haría ver que para salir de estas relaciones estructurales de violencia no basta la deserción individual: necesitamos trabajar por un cambio sistémico (abolir el ejército). Si regresamos al caso concreto de los fosfoyesos: se trataría de salir del sistema agroindustrial, y reducir nuestra dependencia de los fertilizantes sintéticos mediante una transición agroecológica a gran escala que nos permita volver a construir los cuerpos a partir de la luz solar (y no a base de petróleo y gas fósil).

“Qué difícil es/ cuando todo baja/ no bajar también”, dice una copla de Antonio Machado… Ya sé que hoy la noviolencia nos resulta casi inimaginable –hasta tal punto vivimos en sociedades asentadas sobre violencias de todas clases (de género, coloniales, laborales, contra los demás seres vivos y la naturaleza…)–, pero ¿tenemos otra opción? Si hablamos (desde hace decenios) de crisis de civilización es porque la guerra de las sociedades industriales contra la naturaleza se aproxima a su desenlace en forma de colapso ecológico-social. No se trata sólo de calentamiento global (habría que hablar más bien de tragedia climática)[5] o de crisis de biodiversidad (en términos más precisos, Sexta Gran Extinción):[6] chocamos con violencia contra los límites biofísicos de la Tierra. Justo en 2025, la acidificación de los océanos es el séptimo de los planetary limits (según el marco de investigación del Instituto de Resiliencia de Estocolmo) que las sociedades industriales estamos sobrepasando en el tercer decenio del tercer milenio.[7] Y frente a todo ello, la reacción de las elites del capitalismo es nihilista y exterminista.[8]

Aunque sea difícil, cuando todo baja, no dejarse caer, recordemos: tenemos la poesía. Tenemos la tierra viva y el océano vivo. Tenemos el olor del azahar y el desnudo de la persona amada. Tenemos el alfabeto de las nubes y la canción de los grillos. ¿Cómo vamos a permitir que triunfen el odio, la crueldad, el exterminio, la extinción?

 

[1] Las balsas de fosfoyesos de Huelva se generaron entre 1968 y 2010 durante la fabricación de ácido fosfórico a partir de roca fosfática (para elaborar abonos fosfatados, “superfosfatos”). Esta roca, de origen sedimentario, tiene concentraciones naturales de uranio y torio radiactivos. A las balsas onubenses se añadieron ciertas cantidades de otros residuos tóxicos. Sobre la historia política y judicial de los fosfoyesos, véase por ejemplo Raúl Bocanegra: “El problema radiactivo de los fosfoyesos de Huelva, una historia interminable”, Público, 5 de mayo de 2023; https://www.publico.es/politica/problema-radiactivo-fosfoyesos-huelva-historia-interminable.html

[2] “Seis de cada siete calorías que ingieren los europeos provienen de los combustibles fósiles y solo una de la fotosíntesis que provoca la luz solar. Y nueve de cada diez calorías son de origen fósil para los norteamericanos. Así, Dale Allen Pfeiffer puede decir con toda propiedad que comemos petróleo.” Pedro Prieto, “Lo prescindible”, 22 de julio de 2013; https://lacrisisenergetica.wordpress.com/2013/07/22/lo-prescindible/

[3] Hasta entrado el siglo XX, se usaron abonos nitrogenados de carácter natural como el nitrato de Chile. Se llega a los fertilizantes de síntesis como fruto del esfuerzo bélico durante la Primera Guerra Mundial (amoníaco para fabricar explosivos). En nuestras sociedades de agricultura industrial, hasta el 80% del nitrógeno presente en nuestros cuerpos (donde es un componente estructural) procede del gas natural por la vía de los fertilizantes de síntesis con los que cultivamos alimentos (gracias al proceso químico de Haber-Bosch, que transforma el nitrógeno atmosférico en amoníaco asimilable por las plantas).

[4] Aquí es importante la visión de conjunto de la economía ecológica y la noción de producción conjunta. Frente a las ilusiones de la economía convencional, la economía ecológica señala que todo fenómeno de producción entraña siempre, necesariamente, también una destrucción; las fuerzas productivas son siempre productivo-destructivas. Y en los últimos dos siglos de desarrollo capitalista, el segundo fenómeno ha ganado constantemente en importancia, en forma de aumento de contaminación, deterioro de la base de recursos naturales…

El concepto de producción conjunta (Kuppelproduktion en alemán, joint production en inglés) dice lo siguiente: la producción de bienes siempre viene acompañada de la generación de “males”. Cuando producimos bienes y servicios, creamos siempre también efectos indeseados (“males”) que muchas veces son perjudiciales para la salud de los seres vivos y para el medio ambiente. La producción conjunta está vinculada estrechamente con las leyes de la termodinámica: de hecho, es una consecuencia de la primera y la segunda ley. Se puede describir cualquier proceso productivo como la transformación de cierto número de insumos en cierto número de productos, cada uno de los cuales se caracteriza por su masa y su entropía. De las leyes de la termodinámica se sigue entonces que cualquier producción es producción conjunta, dado que la materia y la energía se conservan pero la entropía aumenta (vale decir, la calidad de la energía mengua). En particular, los procesos productivos que generan bienes deseados (caracterizados por su baja entropía) producen necesariamente residuos y contaminación (caracterizada por su alta entropía).

[5] Jorge Riechmann, “Crisis climática”, revista Nuestra Bandera 267 (monográfico Vivir dentro de los límites planetarios: otro paradigma es posible), segundo trimestre de 2025.

[6] Jorge Riechmann, “Ética y diversidad biológica”, en Joaquín Araujo (coord.), Biodiversidad en España, Lunwerg, Madrid 2010.

[7] Recapitulemos: en 2009, un grupo de investigadores (desde el Centro de Resiliencia de Estocolmo) propuso una nueva forma de medir la crisis ecológico-social: utilizarían como indicadores varios procesos clave para la vida en la Tierra, como la integridad de la biosfera o la capa de ozono. Estas personas especialistas descubrieron en un primer informe que tres de esos indicadores ya habían sido sobrepasados y, en 2023, elevaron la cifra a seis (es decir, dos de cada tres límites planetarios ya se habían alcanzado). Y lanzaron una advertencia: de continuar la quema de combustibles fósiles, la acidificación de los océanos no tardaría en unirse a los indicadores clave superados de la crisis climática. Ahora, un estudio demuestra que ese límite también ha sido sobrepasado. “Es una bomba de relojería”, resume uno de los investigadores. Véase Deva Mar Escobedo: “La Tierra sobrepasa otro límite planetario: la acidificación de los océanos supera niveles críticos”, El Salto, 11 de junio de 2025; https://www.elsaltodiario.com/oceanos/tierra-sobrepasa-otro-limite-planetario-acidificacion-oceanos-supera-niveles-criticos

[8] Impresionante, al respecto, el análisis de Gil-Manuel Hernández, “El normal caos del exterminio”, que se abre con esta cita de Maurizio Lazzarato: “El genocidio y la limpieza étnica practicados por los israelíes sobre los palestinos no sólo ponen de manifiesto la relación colonial, sino también el nivel de enfrentamiento al que están dispuestas las clases dominantes, los capitalistas y gran parte de la opinión pública del Norte del mundo”. Véase Gil-Manuel Hernández, “El normal caos del exterminio”, Rebelión, 24 de septiembre de 2025; https://rebelion.org/el-normal-caos-del-exterminio/

en torno a la polémica generada por un libro de analía plaza

Si han de hacerse (hacérsenos) reproches generacionales a los búmers/ boomers, mucho antes de hablar de pensiones o vivienda -si atendemos a la gravedad de los asuntos, más allá de lo inmediato-, habría que preguntar: ¿por qué dejasteis al país dentro de la OTAN -referéndum de 1986-, y tolerasteis la desastrosa conducción de esta alianza militar por EEUU (desaprovechando el «momento Gorbachov» a finales de los ochenta)? ¿Por qué dejasteis al PSOE neoliberalizar nuestra sociedad? ¿Por qué no construisteis con la IU de Julio Anguita una izquierda a la altura de las circunstancias en los noventa? Y sobre todo ¿por qué habéis consentido, e incluso impulsado, la deriva ecocida que ahora pone en tela de juicio la habitabilidad de la Tierra?

el mal empieza, y también acaba, en la crueldad

Si algo han ido revelando los inenarrables meses de la segunda presidencia de Trump es la facilidad con que sociedades enteras, igual que individuos tomados de uno en uno, se dejan caer a lo peor de sí mismas.[1]

Si cada uno de los seres despreciables en que nos vamos convirtiendo tuviese que explicarle a su madre cómo se ha llegado a esto, ¿soportaríamos tanta miseria moral?

“Se veía venir”, decimos a veces. Pero si se veía venir el horror, es porque en realidad ya estaba ahí. Y nuestra falta fue apartar la mirada, y no combatir ese horror cuando aún era posible hacerlo.[2]

A las nuevas anormalidades se suman las nuevas subnormalidades y las nuevas normopatías, mientras seguimos cayendo, cayendo, cayendo… Pero a estas alturas (o más bien bajuras) deberíamos saberlo: debajo de cada círculo del infierno todavía se encuentra otro peor.

El mal empieza, y también acaba, en la crueldad.

 

[1] Resumo (con la ayuda de Brenda Estefan) los principales puntos de la entrevista con Trump que el The New York Times ha publicado el 8 de enero de 2026, pocos días después del ataque militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa:

  • Trump afirma que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”.
  • Desestima el derecho internacional como un freno real: dice que no lo necesita y que él decide cuándo se aplica.
  • Sostiene que la fuerza nacional —y no las leyes, tratados o convenciones— debe ser el factor decisivo entre potencias.
  • Afirma que la OTAN es esencialmente inútil sin Estados Unidos y admite que podría tener que elegir entre preservar la alianza u obtener Groenlandia.
  • Califica las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia.
  • Deja claro que, en su visión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante y que presidentes estadunidenses anteriores fueron demasiado cautelosos para utilizarlo con fines políticos o económicos.
  • Defiende la “propiedad” territorial —en particular sobre Groenlandia— como psicológicamente necesaria para el éxito, y sostiene que ofrece ventajas que no se obtienen mediante arrendamientos, tratados o la simple firma de documentos.
  • La conversación deja claro que, para Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al “papel de EE.UU. como protector de Occidente”. Entrevista: “Trump lays out a vision of power restrained only by ‘my own morality’ ”, The New York Times, el 8 de enero de 2026; https://www.nytimes.com/2026/01/08/us/politics/trump-interview-power-morality.html

[2] En el caso de Trump: ¿cómo explicar que no fuese juzgado y encarcelado después del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021?

un comunicado (desde la coordinación de mheste y deseeea) sobre la agresión a venezuela

Querido profesorado y alumnado de MHESTE/DESEEEA:

Desde el equipo de dirección y coordinación de los títulos, queremos transmitir nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y hacer llegar nuestro apoyo a la comunidad MHESTE/ DESEEEA de América Latina/ Abya Yala por lo que consideramos un grave ataque a la legalidad internacional que pone en peligro la paz y la soberanía de los pueblos de la zona.

Más allá de las distintas valoraciones que se puedan hacer sobre el gobierno de Nicolás Maduro, rechazamos rotundamente el bombardeo de territorio venezolano (precedido por varios meses de intimidación militar creciente y las ejecuciones extrajudiciales de supuestos narcotraficantes) y el secuestro del presidente y su esposa. Consideramos todo lo anterior injustificable desde posiciones democráticas: se vulnera, una vez más, la soberanía de los países de América Latina y sus posibilidades de un desarrollo autocentrado y verdaderamente sustentable.

Este tipo de ataques no son nuevos y forman parte de la tradición imperialista estadounidense, reanudada por el gobierno de Trump (quien parece haber actualizado la “doctrina Monroe” en “doctrina Donroe”). Asistimos a otro caso de violencia extrema asociada al extractivismo, donde el propio Trump ha reconocido que el petróleo de Venezuela, además de otros recursos (como el coltán, el cobre, etc.) son los motores de este ataque. Esta agresión militar ha vuelto a cruzar una línea roja, como ya se hizo, por ejemplo, en Panamá en 1989, cuando EEUU secuestró a su presidente Noriega acusándolo también de narcotraficante.

Se intenta imponer una geopolítica de dominación imperial cuando nos haría falta avanzar rápidamente hacia una Gaia-política (o Gea-política) de reintegración de los sistemas humanos en la biosfera terrestre. Todo este panorama internacional insostenible refuerza nuestra posición sobre la crisis ecosocial que tenemos encima, donde, desde la base, hemos de empujar para que esta sea entendida y gestionada poniendo la vida de las comunidades humanas y no humanas en el centro, rechazando la violencia militar y extractivista que se nos quiere imponer. Seguiremos en ello.

Equipo de dirección y coordinación de MHESTE/ DESEEEA, 4 de enero de 2026

con la que está cayendo

Y con la que está cayendo, se preguntará, ¿defender a las ranas y los pájaros? Sí, precisamente con la que está cayendo. Pues, o bien somos capaces de reintegrarnos de forma sana en una biosfera próspera (en vez de explotar y degradar la Tierra en una huida hacia adelante sonámbula, como hacemos ahora), o nada se vuelve menos probable que la supervivencia humana.

Utópico, buenista, quijotesco, se reprochará. Podemos responder con el poema de Erri de Luca, su “Manifiesto de Quijote”: “No es el opositor de los poderes, él es lo opuesto./ A la potencia opone la impotencia, otra voluntad./ No está en la oposición, que no existe, está en las antípodas./ Los poderes se agrupan en los centros, para él no hay espacio,/ lo opuesto es largo, difamado, esparcido./ Cuando encuentra un semejante funda una república/ sobre un apretón de manos, una ciudad/ sin alcalde, policía, jueces, bolsa./ Lo anima cada voz que se enfrenta al poder,/ pero a la revolución le dice: demasiado poco,/ lanzar piernas al aire, subvertir no basta,/ es necesario desarraigar del pecho, de la respiración/ la voluntad de asumir poder, de lo contrario se vuelve a empezar./ Lo opuesto tiene un solo artículo de la Constitución:/ haz a cada uno aquello que te gustaría que te hicieran.”[1]

 

[1] Erri de Luca, Sólo ida. Poesía completa, Seix y Barral, Barcelona 2016, p.273.

 

sobre ballenas y supervivencia humana

En 2023, al final de su vida y en una suerte de testamento (pues se hallaba muy enfermo de cáncer), el oceanógrafo experto en ballenas Roger Payne advertía que ya habíamos descubierto el conocimiento más importante de todos, pero que no lo asimilábamos. “Es éste: cada especie, incluida la humana, depende de un conjunto de otras especies para que el mundo siga siendo habitable para ellas”. Y señalaba que el gran obstáculo al que nos enfrentamos para no sucumbir a la extinción humana no es tecnológico sino emocional (ético-político, habría que decir más bien, en mi opinión): “averiguar cómo motivarnos a nosotros mismos y a nuestros congéneres para hacer de la preservación de las especies nuestra vocación más elevada”.[1]

 

[1] Roger Payne, “I spent my life saving the whales. Now they might save us”, Time, 5 de junio de 2023; https://time.com/6284884/whale-scientist-last-please-save-the-species/ . Evoca estas páginas Tom Mustill en Cómo hablar balleno. La sorpresa, el placer y el valor de escuchar a los animales, Taurus, Barcelona 2024, p. 298.

 

en qué momento se jodió Europa (o el conjunto de Occidente)

https://tratarde.org/sobre-fascismo-y-television/

…en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente… Añado algo a las reflexiones de hace unos días:

Un momento clave fue cuando EEUU y Europa decidieron desaprovechar el «momento Gorbachov» (segunda mitad de los años ochenta), que hubiera permitido construir estructuras de paz y seguridad en buena parte del mundo, y en vez de ello apostar por la desintegración de la URSS y luego la expansión de la OTAN (años noventa). Ése fue uno de los vectores clave que ha conducido de forma bastante directa a la guerra en Ucrania, y empujado hacia el mundo brutalmente siniestro donde nos encontramos hoy.

Y en esa dinámica, como país, nos atañe también una parte de responsabilidad. Fue un error inmenso votar a favor de la permanencia de España en la OTAN en marzo de 1986 (el trabajo que desarrollamos desde los movimientos pacifistas en 1984-85 no fructificó lo suficiente), y lo ha sido permanecer después en esa agresiva alianza militar, haciendo seguidismo a unos EEUU imperialistas y después, con Trump, fascistas.

Hay un gobernante español especialmente culpable en esa desdichada secuencia de acontecimientos: Felipe González. La historia (si hay historiografía democrática en el futuro) le pedirá cuentas.

hombre-libro hacia atrás

Y si un hombre-libro fuese leyendo hacia atrás todas las obras que a lo largo de los años le configuraron, si tomase una a una esas piezas de su (quizá excesiva) biblioteca (incluyendo algunos libros perdidos a lo largo de los años, pero que fueron importantes a la hora de moldear sensibilidad e ideario) y retrocediese desde la página final a la primera, y así fuese remontando el curso del tiempo, ¿llegaría finalmente a ser otra vez el niño que, con siete u ocho años, cerca de sus padres (pero pronto recorrería aquellos caminos solo), caminaba asombrado por las alamedas del Parque del Buen Retiro, ya muy cerca de las casetas de la Feria del Libro bajo el dosel verde, repletas de tesoros, brillantes con la promesa de conocimientos fascinantes e incontables mundos por descubrir?

en este último día del año, un amigo me envía su lectura sintética de ‘ecoespiritualidad para laicos’

Fernando Cembranos me hace llegar «una síntesis de media página  del libro de la ecoespiritualidad por si tuviera alguna utilidad.

Elementos, ejes semánticos de la ecoespiritualidad y la búsqueda del sentido

  • La verdad (catástrofe ecosocial, la asimetría entre el poder de destruir y el de construir), el rigor, aceptación de partida de lo que hay
  • El corazón, relación, sentimiento de interconexión, compasión, empatía, amor (mercancía implica pobreza, obsequio implica riqueza), amigos y amigas
  • Estar vivo es un milagro, éxtasis, maravilla, invitados a la vida, agradecimiento, belleza
  • Luchar: ecocidio, genocidio, capitalismo, propiedad privada. Convertir daño en reconciliación. También las batallas perdidas
  • La justicia: ensanchar el nosotros, no dejar a nadie atrás
  • El límite: decrecimiento voluntario, renuncia, el progreso ético, indigenarse
  • Trascender el yo, los animales no dicen yo, trascendencia en la inmanencia, formar parte de algo más grande, los objetos como sujetos
  • Responsabilidad: hijo de tu tiempo, padre de tus actos, huérfano de dios
  • El conocimiento: relatividad, cuántica, ecología, TGS (la autoorganización, propiedades emergentes, autorregeneración, conciencia), filosofía de asamblea, reflexión, pausa cognitiva
  • Cuidar la vida, armonización con la naturaleza, la civilización en manos de las mujeres, emboscarse
  • Imaginar

Metafísica de las revoluciones, religión obrera, el carácter sagrado de la tierra, mesorreligión gaiana, reencantar el mundo, armar el mito de la convivencia, vida digna (además de supervivencia), poesía

Aunque parece poco espiritual hacer un concentrado de significados. Un abrazo».

¡Gracias, querido Fernando!

sobre fascismo y televisión

Europa es la mejor idea del siglo pasado, ha dicho Olga Tokarczuk. Lo mejor para una mejor idea sería no quedarse en mera idea: pero no parece que eso, en el caso de Europa, esté a nuestro alcance. El neoliberalismo, y algunas otras catástrofes existenciales, se cruzaron en nuestro camino…

En 2002 Claudio Magris advertía: “Los italianos fuimos pioneros del fascismo en Europa. No quisiera que ahora, con Berlusconi, lo fuéramos de alguna otra perversión… Observo que están desapareciendo las antiguas convenciones sobre la decencia y emerge una nueva clase sin referencias morales de ningún tipo”.[1] Pero sucedió efectivamente lo temido: aquella clase de nihilismo infectó como un veneno a un país tras otro. Seguimos hoy en duelo por la Europa que podría haber sido.

Juan Gabriel Vásquez incurre en un considerable latinocentrismo cuando, evocando la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral, sentencia: “¿Qué es un latinoamericano? Es alguien que se pregunta, cada cierto tiempo, en qué momento se jodió su país. ¿Qué es un escritor latinoamericano? Es alguien que intenta contestar a esa pregunta mediante construcciones de palabras”.[2] Como si ese mal fuese exclusivo de América Latina… Pero no es así: también desde Italia o España nos hacemos la “pregunta J” de Vargas Llosa (de su personaje Zavala, en rigor): en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente…

Quizás habría que verlo de esta forma: se permitió la degradación de la televisión pública, al mismo tiempo que irrumpían las privadas con su programa de enmerdamiento de la psique humana; por esa grieta se coló el resto de la debacle antropológica que hemos ido viviendo en los decenios últimos. Y aquí también Italia –la Italia de Berlusconi– resultó pionera.

 

[1] Claudio Magris, “Lo moral debe impregnar la vicisitud narrada” (entrevista), El País, 8 de noviembre de 2002.

[2] Juan Gabriel Vásquez, “Regreso a La Catedral”, El País, 8 de noviembre de 2025.

 

un mundo desconocido -la evaluación de fin de año de santi alba rico

«Vivimos ya en un mundo desconocido», escribe Santi Alba Rico en Público. Y aporta, como resumen telegráfico de 2025: el genocidio de Gaza, el alineamiento geopolítico de EEUU con Rusia y China, el suicidio de Europa, el fin de la democracia como modelo y como deseo, la amnesia con respecto a la destrucción ecológica y la revolución cognitiva de la Inteligencia Artificial. Más «un séptimo asociado a los anteriores, como su corolario y su contexto: el regreso del fascismo». (1)

Se puede añadir todavía a este resumen: la extinción de la mariposa capuchina en la isla de Tenerife. (2) (Quedaría ya sólo otra población aislada en La Palma.)

Éste es, en efecto, el mundo desconocido y desolador donde nos encontramos ahora. El texto de Santi termina así: «En estos días, a punto de comenzar el año 2026 con más frío dentro que fuera del cuerpo, pienso en mi queridísima amiga Yayo Herrero, quien me decía la semana pasada que en la izquierda menuda teníamos que seguir el consejo de Aznar (‘el que pueda hacer que haga’) pero en la dirección opuesta: para preservar las instituciones, aunque no sean las que queremos, y para hacer nuevos compañeros, aunque no hayan leído a Gramsci. La única tentación que debemos evitar es la del derrotismo. Así que propongo contra mí mismo esta fórmula como propósito para el año nuevo: no quedarnos a solas ni siquiera para pensar.»

Es un buen propósito de año nuevo. En este mundo que se deshace, que se descompone, que se desmorona, ¿celebrar un feliz año nuevo? Sólo si estamos dispuestos a oponer una verdadera resistencia contra las fuerzas que deshacen, descomponen, desmoronan el mundo. Un año nuevo de Eros contra la deriva tanática que no deja de intensificarse. Feliz 2026, si podemos iniciarlo en esos términos.

 

(1) «Durante algunos años hemos insistido en las diferencias entre la sociedad actual y el período de entreguerras del siglo pasado y hemos probado distintas fórmulas alternativas (neofascismo, destropopulismo, fascismo 2.0, etc.). Este año de 2025, ya moribundo, ha sido aquel en el que todos los demócratas, de una filiación u otra, hemos acabado por aceptar que la historia no solo rima sino que realmente se repite. Hitler está muerto y no va a resucitar; Trump tiene el pelo de color naranja y no ha leído un libro en su vida. Pero es el mismo fascismo el que ha vuelto en un mundo distinto, ahora repleto de armas nucleares, erosionado por el cambio climático y colonizado por nuevas tecnologías mucho más potentes que la radio y la televisión. Su chasis, sin embargo, es el mismo: desprecio ostentoso de la democracia, reivindicación bravucona de la violencia y señalamiento potencialmente eugenésico de las minorías. (…) ¿Por qué vuelve el fascismo? Como consecuencia del neoliberalismo. Como consecuencia de la hipocresía europea. Como consecuencia de las tecnologías de la información. Como consecuencia del elitismo de la izquierda. Como consecuencia de las distopías programadas en Silicon Valley. Como consecuencia de la desigualdad social. Como consecuencia de la disolución de los vínculos colectivos. Como consecuencia del miedo al colapso ecológico. En realidad no sabemos qué ha pasado, qué está pasando, salvo que la confluencia de todos estos factores, políticos y económicos, ha desprendido una cualidad inconmensurable, trasladada al pensamiento y a la conducta, que ninguna medida concreta puede ya desactivar. No me fío en absoluto de los predicadores de izquierdas que aseguran saber qué tecla hay que apretar para desconectar del fascismo a las mayorías sociales (¡la vivienda! ¡el anti-imperialismo! ¡leyes progresistas!). No es una tecla sino un piano o, mejor dicho, el órgano gigantesco de una catedral; habrá que tocar muchas teclas y a muchas manos, pero sin hacernos demasiadas ilusiones. No sólo vivimos ya en un mundo desconocido. Estamos pensando y obrando dentro de un mundo desconocido. Y en él la izquierda oscila sin parar entre dos tentaciones: la del cero y la de la repetición. Las dos son inútiles.» Santiago Alba Rico, «Un mundo desconocido», Público, 29 de diciembre de 2025; https://www.publico.es/opinion/columnas/mundo-desconocido.html

(2) Verónica Pavés, «Dos años sin rastro de la mariposa capuchina en Tenerife, la única en peligro de extinción de Canarias. Los expertos temen que esta especie endémica pueda haberse extinguido tras la grave sequía que la isla sufrió en 2023», El Día, 8 de noviembre de 2025; https://www.eldia.es/sociedad/2025/11/08/anos-rastro-mariposa-capuchina-tenerife-123502609.html

o depredadores, o cuidadores

Tim Morton (en una entrevista) expresa bien algo básico: “Un fascista es alguien que está seguro de ser el bueno de la película. Pero ser una buena persona implica estar preocupado por si en realidad resulta que eres el malo”.

O depredadores, o cuidadores (léase la disyuntiva con el matiz recién expresado, que la relativiza un poco). Depredador se puede decir en alemán Raubtier: literalmente, “bestia de rapiña” (era un término elogioso en el nazismo). Pero, a pesar de que las bestias de rapiña terminan canibalizándose a sí mismas (comenzando por ese “hiperobjeto” –Tim Morton– llamado capitalismo que tendría que ser el más analizado de todos los hiperobjetos, aunque, por lo que sea, no sucede así), mucha gente parece seducida por estas bestias…

un gran fallo: faltan las tres páginas finales de ‘donde el amor, allí el mundo’

Gracias a Antonio Orihuela, lector atento, me acabo de dar cuenta de un fallo grande en la primera edición de mi libro Donde el amor, allí el mundo… ¡Resulta que faltan las tres últimas páginas, que aquí voy a adjuntar (tomadas de las primeras pruebas)! Tengo mi parte de responsabilidad, pues corregí esas pruebas y las posteriores. Mea culpa.

(Aunque hoy sea 28 de diciembre, esto NO es ninguna inocentada, salvo que consideremos que un Hado fatal juega con nosotros.)

Donde el amor, allí el mundo_TRES PÁGINAS QUE FALTAN al final del libro

el gran reemplazo

No es “la sustitución del ser humano por la IA” (no lo es tanto, aunque también, claro está: se ven venir saltos cualitativos en la automatización). Es sobre todo el vaciamiento del sujeto humano por la digitalización y la IA. A medida que dejamos de usar capacidades humanas básicas, y éstas merman y se empobrecen, lo que va quedando de “humano” es menos: al final del proceso, no habrá gran cosa que reemplazar (digamos: en el límite, mentes robóticas ocuparían el lugar de mentes robotizadas).

¿medio millón de satélites en órbita?

¿Dejar en manos del proyecto totalitario de Silicon Valley las comunicaciones, la educación, los servicios básicos parece una buena idea? Actualmente –nos recuerda José Manuel Sánchez Ron en un artículo en El Cultural, 26 de diciembre de 2025– orbitan en torno a la Tierra unos 15.000 satélites; pero los planes de lanzamiento de empresas privadas como Starlink (Musk) o Amazon (Bezos) apuntan a que hacia 2040 ese número haya alcanzado los 560.000. Una tupida malla que se va cerrando para el control del mundo –con el paradójico efecto secundario de que habrá interferencias masivas no sólo con el trabajo de los observatorios terrestres, sino también de las imágenes que tomen los telescopios espaciales. El telescopio Hubble o el James Webb, esos prodigios de ingeniería espacial, salen al cosmos para poder estudiarlo sin la distorsión de la atmósfera terrestre, pero ahora irán quedando cegados por el despliegue de las decenas de miles de satélites de los tecno-oligarcas. La mejor ciencia, a la que mueve básicamente la curiosidad y el afán de conocimiento, resultará así desactivada por la tecnociencia de la dominación y el enriquecimiento privado.

recomiendo ‘la pregunta 7’ de richard flanagan

El ecocidio con genocidio que conjuro, con horror, desde hace años –ese horror se ha producido y sigue produciéndose desde hace siglos. Cinco, seis siglos si hacemos cuenta de lo que nos toca a los europeos. La fuerza motriz ha sido el ansia de oro de Colón y Pizarro, luego convertida en la acumulación de capital de Rockefeller y Ford. El libro admirable de Richard Flanagan, La pregunta 7, nos lo recuerda otra vez: el genocidio de los pueblos originarios de Tasmania, el ecocidio de su selva tropical templada. Y el pecado quizá no original, pero sí fundamental de nuestra vida ético-política: no querer saber, apartar la mirada, sumir en el olvido, negar lo que sucedió. Homo sapiens occidentalis, el animal denegador con su distracción asesina, sus entretenimientos homicidas, su panem et circenses criminal, su memoricidio.

chat gpt cumple tres años

En este mes de noviembre Chat GPT cumple tres años (nunca lo he usado y espero seguir sin hacerlo, al igual que las otras IA generativas de su familia). Se empieza a constatar que estos generadores de texto aplanan a todos los niveles nuestra forma de expresarnos. “Lo que prometía ser una ayuda se está convirtiendo en una muleta que ataja nuestra creatividad y, lo que es peor, mina nuestra confianza en nosotros mismos y los demás: ya no nos creemos esos mensajes [robotizados], esa verborrea sintética que borra la vulnerabilidad, el humor y aquello que nos hace humanos”.[1] Se verifica que cuando las máquinas imitan las capacidades humanas básicas, los seres humanos se dejan caer a lo maquínico de sí mismos.

 

[1] Karelia Vázquez, “Ya empezamos a hablar como robots”, El País/ Ideas, 19 de octubre de 2025; https://elpais.com/ideas/2025-10-19/ya-empezamos-a-hablar-como-robots.html . La periodista comenta también que “el que quizás ya sea el estudio del MIT más citado este año, ‘Your Brain on ChatGPT’ (tu cerebro con ChatGPT), constata que somos un poco más vagos que hace tres años. También más crédulos, mediocres y, paradójicamente, desconfiados. Usamos la IA para casi todo, al tiempo que sospechamos y no queremos pagar por algo que nos huela a sintético, generado por los mismos sistemas que veneramos.

En los congresos científicos donde el inglés es la lengua franca hay una letra escarlata: el verbo to delve (en español diríamos ahondar o profundizar). ‘Es la palabra estandarte que delata a quien se ha pasado con ChatGPT’, confirma Ezequiel López, investigador del Instituto Max Planck. López es coautor de una investigación que, tras analizar 280.000 vídeos de canales académicos de YouTube, demostró que 18 meses después de la salida al mundo de ChatGPT, el uso de delve había aumentado un 51% en charlas y conferencias, y también en 10.000 artículos científicos editados por modelos de inteligencia artificial. Delve, un verbo que apenas se empleaba en la era pre-ChatGPT, se ha convertido en un neón que marca a quien repite todo lo que vomita la IA generativa de Sam Altman. (…) Los expertos en lingüística computacional de la Universidad Estatal de Florida Tom S. Juzek y Zina B. Ward creen que el uso exagerado de algunas palabras en ChatGPT se debe a ‘pequeños sesgos y errores en el proceso de retroalimentación humana que se van acumulando con el tiempo’. Lo que viene a continuación es un espóiler para los que creen que estos modelos ‘van sofisticadamente solos’: ‘Los empleados de las empresas de IA que revisan los LLM (grandes modelos de lenguaje, por sus siglas en inglés) son trabajadores mal pagados de Nigeria y Kenia, donde el verbo to delve se usa con más frecuencia que en Estados Unidos y el Reino Unido’, escriben en un estudio publicado en agosto. Ha pasado lo mismo con palabras como intricate [intrincado], commendable [encomiable] y meticulous [meticuloso].”