noruega, petroestado

Noruega, en vez de ayudar a descarbonizar, quiere ampliar su condición de petroestado explotando el Ártico. Y hay quien se sorprende en estos términos: “La política energética noruega encierra una enorme paradoja. Verde, muy verde de puertas adentro, ha conseguido la mayor electrificación del parque móvil del mundo: nueve de cada diez coches que se venden hoy en el país se mueven con batería y no emiten ni un solo gramo de dióxido de carbono en su uso. De puertas afuera, sin embargo, sigue siendo una economía tremendamente fósil: más del 90% de sus exportaciones son de gas natural y petróleo. Una cifra que, lejos de bajar, ha crecido con fuerza por las subidas de precios provocadas por las guerras de Ucrania e Irán…”[1] Pero no hay paradoja ni contradicción ninguna, si no cerramos los ojos ante la evidencia de que las renovables de alta tecnología son dependientes de los combustibles fósiles, y que es imposible descarbonizar de verdad sin reducir drásticamente nuestro uso de energía.

 

[1] “Noruega quiere que la UE avale la extracción de crudo del Ártico”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/internacional/2026-06-08/noruega-presiona-a-la-ue-para-que-avale-la-extraccion-de-petroleo-del-artico.html

25 de junio, madrid: ariadna g. garcía defenderá su tesis doctoral ‘jorge riechmann: un poeta transformador en diálogo con las filosofías helenísticas. análisis ecocrítico’

Ello tendrá lugar en la Sala de Juntas del edificio A de las Facultades de Filología y Filosofía de la UCM, a las 10 h.

Aquí el índice del extenso e intenso trabajo de Ariadna (por el que quedo muy agradecido):

J. Riechmann- poeta transformador en diálogo con las fª helenísticas (Ariadna G. García, 2026) ÍNDICE

 

destripar al adversario

Lo que propone la ultraderecha en auge (De la Espriella en Colombia, generalizable a Vox en España) para sus adversarios políticos es literalmente destriparlos. “Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos…”[1]

Humano, demasiado humano; sin olvidar nunca que inhumano, demasiado inhumano.

 

[1] Abelardo de la Espriella citado en Camila Osorio, “El tono incendiario del aspirante ultra eleva el temor a la violencia política en Colombia”, El País, 5 de junio de 2026; https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-04/drogadicto-criminales-narcoterroristas-el-tono-incendiario-de-abelardo-de-la-espriella-aumenta-el-temor-a-la-violencia-politica.html

manifiesto «no a la agresión militar contra cuba»

https://www.cubainformacion.tv/solidaridad/20260601/123137/123137-manifiesto-no-a-la-agresion-militar-contra-cuba-es-respaldo-en-universidades-y-comunidad-cientifica-del-estado-espanol-adhesiones

«Ante la escalada de amenazas y el discurso belicista que promueve el Gobierno de los Estados Unidos contra la República de Cuba, quienes abajo firmamos, integrantes del profesorado y del personal de universidades y centros de investigación, manifestamos nuestro más enérgico rechazo a cualquier forma de agresión militar.

Los recientes pronunciamientos del presidente estadounidense Donald Trump, así como las declaraciones de su secretario de Estado, Marco Rubio, que califican a Cuba como una «amenaza a la seguridad nacional» y reavivan públicamente el espectro de una intervención armada, constituyen una violación de los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. Este discurso viene acompañado de hechos que evidencian una preparación para la guerra, tales como el envío del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz al Caribe y la reciente imputación del expresidente Raúl Castro por supuestos hechos ocurridos hace 30 años.

La amenaza de una intervención militar por parte de la mayor potencia del planeta contra una pequeña isla no solo tendría consecuencias incalculables para la paz y la estabilidad regional, sino que supone de por sí un crimen internacional en su fase de formulación.

En el ámbito académico y universitario, no podemos permanecer impasibles ante la construcción de un relato que allana el camino hacia la guerra. Condenamos el uso de la desinformación y la presión mediática como armas al servicio de una agresión imperialista. Exigimos el cese inmediato de las amenazas, el fin del criminal bloqueo económico y energético que asfixia al pueblo cubano, y el pleno respeto a la soberanía y la autodeterminación de Cuba.

Frente a la lógica de la fuerza, reivindicamos el diálogo, la cordura y la paz.

Cuba no está sola.»

murió edgar morin

Murió Edgar Morin, uno de los grandes, y Manuel Casal Lodeiro dice que su madre suele comentar cuando muere gente tan vieja (104 años tenía Morin, nada menos): “No se ha muerto: se ha acabado”. Al coordinador de la benemérita revista digital 15-15-15 le parece “una expresión que contiene una profunda sabiduría acerca de la temporalidad de la vida humana, algo que nuestra cultura tanatofóbica insiste en hacernos olvidar”.[1]

“En sus últimos años, Morin utilizó el concepto de policrisis para describir la convergencia de múltiples crisis que se alimentan mutuamente. Crisis ecológica, crisis económica, crisis política, crisis democrática, crisis cultural y crisis del sentido forman parte de una misma trama histórica. La policrisis no es la suma de problemas independientes; es la expresión de una crisis sistémica de la relación entre humanidad y Tierra. Desde Abya Yala, esta idea adquiere una resonancia particular. Los incendios, las sequías, los desplazamientos humanos, la expansión de los minerales críticos y tierras raras, la mercantilización de los territorios y el debilitamiento de los derechos comunitarios son manifestaciones concretas de una policrisis que afecta tanto a las comunidades humanas como a los ecosistemas…”[2]

 

[1] Comunicación personal, 30 de mayo de 2026.

[2] Alfonso Madrid Echeverria, “Despedida a Edgar Morin desde Abya Yala: la Tierra como destino común en tiempos de crisis planetaria”, Le Monde Diplomatique (edición chilena), 31 de mayo de 2026; https://www.lemondediplomatique.cl/despedida-a-edgar-morin-desde-abya-yala-la.html

 

estar sentado entre dos sillas

Zwischen zwei Stühlen sitzen es una expresión idiomática alemana que significa, más o menos, no saber a qué carta quedarse (a veces: estar entre dos aguas). Me gustaría recuperar la imagen –estar sentado entre dos sillas– pero dándole otro sentido: sentarse no en una única silla, y también entre dos sillas (variadas), y también en bancos y escaleras, y también en el suelo. No contentarse con los cerramientos de las disciplinas y tender puentes: eso que mi maestro y amigo Paco Fernández Buey teorizaba como tercera cultura.

tiempo de exámenes

Exámenes. Mira uno a esos chicos y chicas mientras escriben, concentradas y diligentes, y se pregunta qué será de ellas dentro de diez, de veinte años… En la mayoría de nuestros estudiantes de filosofía encuentra uno amor por los libros, respeto por el saber, curiosidad intelectual, atención a la diferencia, cultivo de la creatividad, búsqueda de pensamiento propio… Y es que esta Facultad nuestra de Filosofía y Letras tiene algo de refugio, de reducto para quienes buscan un mundo mejor que debería ser posible. Que debería, pero que probablemente no lo será.

Ahora bien, “la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos”, escribe el Papa León en su encíclica recién publicada.

26 de mayo de 2026, madrid: tuvo lugar el juicio por la acción del 7 de octubre de 2019

Nuestro caso (Marina, Paco y yo) quedó visto para sentencia, y es un poco ocioso especular sobre qué ocurrirá… Pero esperemos que no se dé crédito a la falsa versión de los hechos de la policía (no hubo ninguna «resistencia grave a la autoridad»), y seamos absueltos.

La cuestión de fondo es que, como en tantos otros ámbitos de esta sociedad disfuncional nuestra, los medios devoran a los fines: en un juicio así no puede ni mencionarse el peligro existencial del calentamiento global (que motivó nuestra protesta el 7 de octubre de 2019), y todo se reduce a calibrar si usted se levantó o no del suelo con la debida diligencia cuando los policías antidisturbios querían abrir el paso al tráfico rodado con la máxima urgencia posible.

Amigos, amigas, miremos hacia la Luna en vez de quedarnos embobados mirando el dedo. Miremos hacia arriba (desoyendo la intimación del sistema que resuena cada vez con más fuerza: Don’t Look Up). En torno a los juicios climáticos de estos días, de estos meses, se dirimen dos enormes –gigantescas– cuestiones: 1) la degradación acelerada de la democracia y 2) el avance rápido hacia un planeta Tierra inhabitable para los eres humanos. Hacia eso hay que mirar, y no cejar en nuestros esfuerzos.

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Juicios contra activistas climáticos: quieren convertir la protesta pacífica en delito. Intervención en el programa de la SER «A vivir que son dos días», 30 de mayo de 2026:

https://cadenaser.com/audio/1780124105109/

«Jorge Riechmann, un filósofo a la espera de sentencia»: intervención en el programa de R5 «Reserva natural», 31 de mayo de 2026:

https://www.rtve.es/play/audios/reserva-natural/jorge-riechmann-filosofo-espera-sentencia/17091863/

https://mastodon.social/@enriquesantiago/116639955070609719

https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/filosofo-alerto-desastre-climatico-podria-carcel-quieren-matar-mensajero.html

https://x.com/anticapiMadrid/status/2059239650745586082

https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/arranca-juicio-tres-activistas-bloqueo-puente-castellana

https://youtu.be/Wx-ToL1_Kj8?si=PIgR4nbS8aIOJYU9

https://www.elperiodico.com/es/tendencias21/20260527/tres-activistas-climaticos-juzgados-madrid-130698654

https://x.com/PoderPopularWeb/status/2059540619035295765

 

 

 

gracias a quienes nos acompañasteis ayer tarde en el círculo de bellas artes, en madrid -y un texto de joaquín araújo

Vivimos ayer tarde, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, un tiempo compartido inolvidable de amor, poesía y lucidez. «Por el tronco hacia la altura», como dicen las palabras de Garcilaso que se evocaron en cierto momento. Todo lo dicho y cantado merecería recuerdo (por desgracia, no se grabaron las intervenciones), pero recojo aquí, como muestra, la intervención del maestro Joaquín Araújo (como lo presentó Paula Pita, quien condujo el acto: agricultor ecológico, plantador de árboles, reforestador de conciencias, naturalista y escritor). Y que la vida, sí, nos atalante.

Para RIECHMANN (y Paco del Pozo, y Marina M. Martínez)

Dada la evidencia de que poco o nada acapara más que el olvido nos animamos a recordar
Y RECORDAMOS QUE
Nos acompaña la compasión. Compasión hacia todo lo que no quiere ser otra cosa que lo que ya es.
El propósito del pensamiento y el activismo ecológicos es respetar los propósitos. del resto de lo viviente.
Por eso escuchamos los lenguajes sin palabras de la Natura.
Somos, pues, cómplices de la continuidad de lo vivaz.
Buscamos restaurar los equilibrios entre lo que ha sido y lo que solo quiere volver a serlo.
Nos enseña la decente docencia de la austeridad, la lentitud y la belleza e
Intentamos fertilizar armonías sumando nuestra admiración a los paisajes todavía no destruidos.
Al haber comprobado que no hay sabiduría mayor que la del abrazo -es decir las simbiosis- intentamos emularlas.
Denunciamos y combatimos, en consecuencia, los parasitismos. El mayor de los cuales es el modelo económico
Exigimos que cese la conversión de aires, aguas y tierras en ingentes vertederos que solo consiguen una humanidad cada día más enferma.
No somos violentos ni siquiera con la ignorancia que incesantemente nos agrede.
Nuestro objetivo de liberar a todos, sin excepción, de la codicia de los listos. ciertamente desata descalificaciones casi siempre basadas en mentiras y calumnias.
Frente al supremacismo que toda codicia cría nosotros, como el bosque o los mares, solo excluimos el excluir.
Informados por el conocimiento positivo, lo que menos miente, somos parte de una rebelión científica
Buscamos la paz doblemente desarmados. No solo NO A LA GUERRA, NO TAMBIÉN A LAS ARMAS
Todo ello lo hacemos desde un arreciado altruismo. Nada monetario ganamos con nuestras acciones. No queremos poder alguno. No pedimos votos.
Nuestras ideas y compromisos morales no trafican y mucho menos comercian con poder alguno.
Solo intentamos enseñar a elegir lo que prefieren Y prefieren, como nosotros, lo lento, limpio, sano, bello, femenino, igualitario y vivaz
Por mucho que los ignorantes teman nuestro pacifismo no podemos admitir que se juzgue y menos se condene a nadie por manifestarse a favor de la salud de todos, siempre ligada a la calidad del aire.
Por defender a nuestro mayor servidor público la atmósfera. nadie debe ser multado y mucho menos encarcelado.

GRACIAS Y QUE LA VIDA OS ATALANTE


(Carmen Madorrán y Adrián Almazán en la lectura inicial del manifiesto de la convocatoria)

 

una entrevista para ‘izquierda diario’: frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema

Jorge Riechmann: «Frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema»

https://www.izquierdadiario.es/Jorge-Riechmann-Frente-a-peligros-existenciales-haria-falta-unir-fuerzas-para-transformar-el

Irene Olano, 25 de mayo de 2026

El 26 de mayo se juzgará en Madrid a tres activistas climáticos, entre ellos el profesor de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid Jorge Riechmann, por una acción de desobediencia civil pacíficas realizada en el otoño de 2019. Ese día habrá una concentración frente al juzgado en apoyo a los activistas, reclamando el derecho a la protesta y denunciando la creciente represión contra el activismo. Hablamos con Riechmann sobre su causa.

 

  1. Te enfrentas a dos juicios por acciones de desobediencia civil. En el primero se te acusa de resistencia a la autoridad por el corte de calle de 2019, y en otro de atentar contra el patrimonio histórico por la acción de Rebelión Científica en el Congreso en 2022. ¿Podrías explicar cómo fueron esas acciones?

Jorge Riechmann. Sí. Quizá lo que tiene más sentido es recordar cómo, en aquel momento, en 2018 y 2019, hubo una oleada de movilizaciones climáticas muy importante. Fue un momento en el que parecía que iba reuniéndose fuerza social suficiente como para lograr cierto cambio de rumbo.

Además, seguramente representó una experiencia decisiva para mucha gente muy joven. Aquellos fueron los años, 2018 y 2019, en los que esta cuestión llegó con fuerza a los institutos: el ejemplo de Greta Thunberg, Fridays for Future… Parecía que toda una generación iba a incorporarse por ese camino a las luchas ecosociales.

Luego, por desgracia, llegó 2020, con el encierro pandémico y todos los efectos negativos que ha tenido. Aquella oleada de movilización se detuvo bastante en seco. Pero 2019 fue un momento en el que parecía importante echar toda la carne en el asador, si es que se podía.

En ese marco tuvo lugar aquel corte, entre las muchas acciones que se estaban desarrollando en todo el mundo. En Madrid cortamos el tráfico en el puente elevado sobre la Castellana, cerca de Nuevos Ministerios. Allí coincidimos unas trescientas personas que veníamos de distintos contextos, asociaciones y grupos.

Fue una acción organizada por Rebelión por el Clima y Extinction Rebellion que salió muy bien. Conseguimos llegar hasta lo alto del puente, lo cerramos y aguantamos allí un tiempo, entre una hora y media y dos horas, hasta que nos fueron desalojando poco a poco. Aquello se prolongó también en una acampada junto a Nuevos Ministerios, frente al Ministerio de Transición Ecológica, que trató de ejercer presión sobre el Gobierno para lograr una gestión climática un poco más decidida. Ese fue el contexto y el desarrollo de la primera de esas dos acciones.

En el caso de la segunda, en la primavera de 2022, se trataba ya de un momento algo diferente, pero con la conciencia de que la situación ecológico-social en general, y climática en particular, seguía degradándose muy rápidamente. Y también con la conciencia de que las respuestas que supuestamente estaban dando las autoridades, las empresas y buena parte de los actores sociales no estaban ni de lejos a la altura de lo necesario.

En ese momento, lo específico fue el intento de movilizar también a investigadores e investigadoras. A partir de Rebelión Científica se formó esa iniciativa, que fue la convocante de la acción de abril de 2022. Unas pocas decenas de personas, unas setenta u ochenta, conseguimos acercarnos con éxito, sin ser descubiertas, hasta el Congreso de los Diputados.

Allí la forma de protesta consistió, por un lado, en arrojar un líquido biodegradable (que simulaba sangre) sobre las escaleras y las columnas del Congreso. Después hicimos una sentada, con materiales y pancartas, y mantuvimos esa forma de protesta hasta que también nos fueron retirando poco a poco.

En la primera de esas acciones nos detuvieron finalmente a tres personas, que somos las que afrontaremos el juicio del 26 de mayo: Paco del Pozo, Marina M. Martínez y yo. En la segunda acción fuimos detenidas quince personas, y un poco más adelante también seremos enjuiciadas por esa acción.

  1. Sobre todo en relación con la primera causa, de la que hace ya siete años, ¿cómo interpretas políticamente que se persiga al movimiento ambiental, que os detuvieran a tres personas y que ahora os lleven a juicio?
  2. En muchos sentidos vivimos en un mundo al revés. En una especie de gran inversión de las cosas: y esto es una pequeña manifestación de ello. Hay otras mucho más enormes, que tienen que ver con la gestión de la economía, con la organización política o con los contrasentidos culturales. Pero esto también es una pequeña manifestación de esa suerte de mundo al revés en el que estamos viviendo.

Podríamos verlo con un poco de distancia. A veces imaginamos: si bajara un platillo volante con marcianos y nos observaran, ¿de qué manera interpretarían esto? Frente a lo que es realmente un peligro existencial, donde lo que nos estamos jugando es la habitabilidad de la Tierra para seres como nosotros —una de cuyas manifestaciones, la más visible, es el calentamiento global, aunque es solo una—, frente a ese riesgo existencial en el cual ni siquiera está excluida, por desgracia, la extinción de la especie, haría falta ser capaces de unir fuerzas para transformar el sistema.

Haría falta avanzar hacia una transformación sistémica sin la cual no hay salida frente a estos problemas. En lugar de eso, lo que tenemos es una represión creciente de muchas protestas ecologistas en buena parte del mundo: en el norte y en el sur. De manera mucho más despiadada y brutal en el sur, pero también de forma creciente en el norte, con la introducción de legislación pensada justamente para la represión de esta clase de protesta. Así nos dañamos a nosotros mismos como sociedad.

  1. Esta causa llega en un momento en el que vemos muchos casos distintos de represión. Pienso, por ejemplo, en los trabajadores del metal de Cádiz, que están peleando no solo por sus derechos laborales, sino también contra las listas negras que les impiden volver a trabajar. Están las 7 de Somosaguas, encausadas por la extrema derecha. Han estado las de La Suiza. En Zaragoza también han sido encarcelados chavales por protestar contra Vox. Ahora hay una nueva causa contra dos profesores de Zaragoza por tirar unos dardos, en una fiesta popular, contra la cara de Abascal y de otros líderes de la derecha internacional, a modo de broma. A las 8 de Becerril van a juzgarlas por participar en el boicot a Israel durante La Vuelta ciclista, en septiembre de 2025. Y también está la represión al movimiento democrático catalán, con infiltraciones y todo tipo de prácticas. Los institutos catalanes están ahora enfrentándose con la posibilidad de tener mossos en los centros.

¿Ves alguna lógica compartida en estos casos de represión?

  1. Vivimos en Estados donde hay un aparato de Estado que no cambia mucho cuando cambian los gobiernos, y que tiene como función principal mantener el orden existente. Lo de Catalunya impresiona. Y no solo por las huelgas (junto a las de ahora mismo en el País Valenciano). El hecho de que la convivencia en lugares como los institutos parezca degradarse tanto debería hacernos pensar mucho. ¿Qué tipo de sociedad hace falta tener, o considerar razonable, para poner policía dentro de los institutos? Asistimos a todas esas formas de represión frente a cuestionamientos del orden existente, y sí creo que hay una conexión entre ellas.

Viéndolo con un poco de perspectiva, lo que sucede también es que nos encontramos en una fase de esto que yo llamo el «Siglo de la Gran Prueba». Una fase en la que los problemas se van agudizando, se van haciendo más intratables y afectan también de forma más directa a la vida cotidiana de la gente.

Por ejemplo, los problemas ecológicos van tocándonos más de cerca. A pesar de todos los mecanismos que el centro del sistema tiene para expulsar hacia las periferias buena parte de estas dificultades, aun así nos van tocando cada vez más de cerca.

Eso hace que el terreno para lo que antes podían parecer soluciones de compromiso vaya siendo cada vez menor. Hay menos espacio y menos tiempo para seguir haciendo como si nada. Esas políticas del “como si” han caracterizado en buena medida la manera en que nuestras sociedades han abordado cuestiones como el calentamiento global durante décadas. La acción eficaz necesaria se ha ido posponiendo y posponiendo.

En cambio, ahora se va viendo que tenemos menos tiempo y que los cambios sistémicos que mencionábamos tendrían que ser muy profundos y muy rápidos. En esa tesitura, es como si se fueran extremando las respuestas. Lo que vemos son formas políticas que se van acercando al fascismo, o directamente formas de fascismo (que podríamos llamar “fascismos de fin de mundo”), en muchos lugares. Y las políticas basadas en la cooperación, en la justicia ecosocial, en la recuperación y defensa de los bienes comunes (que son el camino que tendríamos que seguir) ven también estrechado su margen.

Una parte de lo que sucede se puede ver bajo esa luz. Ahí tenemos aquella disyuntiva que planteaba hace más de un siglo Rosa Luxemburg: socialismo o barbarie. Ahora sería ecosocialismo y ecofeminismo frente a barbarie y extinción. Algo así, en términos todavía más duros. La reacción a la que estamos asistiendo en muchas sociedades no es como para alegrarnos en ese sentido.

  1. Lo curioso es que todo este proceso se da en el marco de un Gobierno que, en principio, se presenta como progresista y ecologista. Pero si vamos a lo que planteabas antes, a las medidas profundas y rápidas que habría que tomar, en realidad lo que señalan los movimientos ecosociales en los que participas es que esas medidas no se están tomando. ¿Cuál es entonces el modus operandi de cada gobierno que llega?
  2. Afrontamos un problema que no es solo del Gobierno, aunque también se manifiesta en sus políticas. Tenemos un problema grande en cuanto a percepción e interpretación de la realidad. Como sociedad, no nos damos cuenta, no queremos asumir algunas realidades duras. O, más bien, hay sectores que se niegan a ello, porque tampoco se trata de toda la sociedad. Vemos cómo se fortalecen ciertos sectores negacionistas; pero no hablo solo del negacionismo climático, sino de un negacionismo más amplio: el negacionismo de la crisis ecosocial.

Incluso los sectores sociales que podemos llamar, con esa etiqueta poco útil, “progresismo”; incluso los sectores que sí admiten que hay un problema grave y que habría que hacer algo, no reconocen de verdad dónde estamos. No reconocen la gravedad y la profundidad de este tipo de crisis. Eso hace que se den por buenas respuestas en forma de políticas públicas, pero también en forma de iniciativas ciudadanas, que en realidad no están a la altura del problema.

De manera típica, en estos últimos años (de hecho, desde 2010 en adelante hasta ahora), las políticas que un Gobierno como el nuestro pone en marcha, sobre todo a través del Ministerio de Transición Ecológica, son, simplificando un poco las cosas pero sin traicionar el asunto, las siguientes: una rápida electrificación de lo que podamos del aparato productivo, y una matriz energética que logre reducir algo el consumo de combustibles fósiles desarrollando mucho la generación eléctrica con renovables de alta tecnología, con aerogeneradores y módulos fotovoltaicos. Eso, más el fetiche del automóvil eléctrico, supuestamente nos va a sacar de apuros. Pero es una ilusión.

Una situación en la cual buena parte de la sociedad ni siquiera percibe el problema, y la parte mayoritaria de la sociedad que más o menos ve algo del problema plantea una solución falsa, es algo muy peligroso.

Desde otros lugares decimos que una verdadera transición energética no consiste en añadir a nuestra red eléctrica muchos aerogeneradores y módulos fotovoltaicos, sino que tiene que plantear el qué y el cómo del uso de energía, y saber que tenemos que funcionar con menos energía. Una verdadera transición ecológica tiene que incorporar a muchos otros sectores además de la energía. ¿De qué manera vamos a hablar de transición ecológica, de transición ecológico-social, sin abordar, por ejemplo, todo el sistema agroalimentario? ¿Sin desarrollar iniciativas potentes de agroecología? Por esa vía vemos que eso toca los fundamentos del sistema. Y dentro del capitalismo es poco lo que se puede avanzar hacia donde necesitaríamos.

Esa es la situación bastante lamentable en la que nos encontramos. Solo sectores sociales muy pequeños plantean de verdad la clase de medidas hacia algo fuera del capitalismo, hacia el poscapitalismo o el ecosocialismo, que necesitaríamos.

  1. Sobre la segunda causa, la de la pintura en el Congreso, en su momento la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, planteó que en realidad no había habido ningún desperfecto. Esto llama la atención, porque entonces, ¿qué sentido tiene la causa? ¿Cómo se sostiene?
  2. En los dos casos, si estuviéramos en un mundo normal no habría juicio. Porque no se dio esa resistencia feroz a la autoridad de la que se nos acusa en el primer caso, ni hubo tampoco daños al patrimonio histórico, de los que se nos acusa en el segundo juicio. Pero, como dice una cita de Batman que mi amigo Antonio Orihuela situó como epígrafe al frente de su poemario La ciudad de las croquetas congeladas, «este no es un mundo normal».

De hecho, en un primer momento, las primeras acusaciones en 2022 eran incluso peores, porque decían que habíamos interrumpido el curso normal de la actividad parlamentaria. De haber prosperado eso, nos habría llevado a la Audiencia Nacional y a consecuencias todavía más graves.

Al final decayeron esas acusaciones y se quedaron en la de daños al patrimonio histórico, que también aparece en el Código Penal. Pero no tiene mucho sentido, porque precisamente se había buscado que ese líquido que imitaba sangre no causara daños permanentes. Era un líquido biodegradable y se podía limpiar con facilidad.

Así que tampoco ahí, si estuviéramos en un mundo normal, nos veríamos ante un juez o una jueza. Pero recordemos a Batman: «Este no es un mundo normal».

  1. Otra prueba de esto que dices es que muchos de los represaliados sois profesores universitarios, personas del mundo de la ciencia y del pensamiento, que tratáis de combatir en vuestra actividad profesional ese pensamiento ecocida y ese sistema ecocida. ¿Qué papel te parece que tienen que jugar la universidad, los intelectuales y los profesores en esta batalla?
  2. Lo característico de la segunda de estas acciones fue precisamente que se intentó impulsar esa articulación de Rebelión Científica entre universitarios, investigadoras e investigadores del CSIC, trabajadores del sector del conocimiento. Y realmente haría falta ahí una clase de compromiso mucho más intenso y duradero de lo que hemos visto. La respuesta de nuestras universidades y centros de investigación no ha estado ni de lejos a la altura de lo que necesitaríamos.

Ha hecho mucho daño, durante todo el período del capitalismo neoliberal en las últimas décadas, el avance constante de estas formas de individualismo casi patológico y de corrosión de los vínculos sociales en las que nos encontramos. Uno de sus efectos ha sido también una idea, yo creo que muy equivocada, de lo que tendrían que ser los nexos entre las universidades y los centros de investigación con la sociedad. No basta con decir: «Yo ya hago lo mío con la ciencia en mi horario de trabajo», o realizando análisis críticos.

Tenemos universidades en las que se da por bueno que los órganos de gobierno vayan siendo sustituidos por unos consejos llamados “consejos sociales”, que en realidad son, sobre todo, consejos empresariales. Es como para que suenen todas las alarmas.

En una sociedad normal, si le hiciéramos caso a Batman, en un mundo más normal, lo que deberíamos cuidar serían los nexos con las ciudades, los pueblos y los barrios en los que están nuestras universidades. Con las asociaciones y los movimientos sociales activos en esos lugares. Con las iniciativas emancipatorias del mundo de la cultura. Esos tendrían que ser los interlocutores naturales para la extensión universitaria, no las empresas, que es lo que en general se ve por aquí.

Haría falta recuperar la idea de una extensión universitaria en la que la universidad no se extienda, como lo hace ahora, hacia el mundo empresarial, sino más bien hacia la sociedad articulada y las iniciativas de supervivencia y emancipación.

  1. Ante casos de represión como estos, ¿cómo te parece que hay que responder?
  2. Necesitaríamos recuperar una idea de democracia más ambiciosa. Una idea en la cual esté claro que las sociedades verdaderamente democráticas necesitan de la protesta social para avanzar: eso forma parte de la gramática democrática básica. Ese sería el sustrato cultural que nos haría falta. Para eso irían bien muchas iniciativas desde abajo, iniciativas de pedagogía en sentido amplio.

Luego, creo que también nos hace falta, a las organizaciones políticas, a las asociaciones y a las articulaciones de los movimientos sociales, tomarnos más en serio la cuestión de la desobediencia civil, de las formas de resistencia y de la desobediencia civil. Desarrollar más estas formas de protesta que desbordan lo institucional. A veces nos ceñimos demasiado a la actuación más o menos institucional. Y hay que saber que entonces hace falta también toda una estrategia de autodefensa en varios niveles.

Yo iría por ahí. En realidad, eso se puede resumir diciendo que necesitamos profundizar en una democracia más seria, más sustantiva.

  1. Ante esta represión, que es también un intento de amedrentamiento del movimiento ambiental y de los distintos movimientos sociales, ¿qué tipo de movimiento ambiental o ecosocial haría falta que se desarrollase en los próximos años?
  2. Lo más importante sería, creo, activar a mucha más gente. Estaba leyendo una parte del informe que acaba de sacar la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica sobre la juventud española. Una de las cosas que arroja esta investigación sociológica, y creo que no atañe solo a los jóvenes aunque este estudio vaya por ahí, es la constatación de que hay expectativas de final de mundo.

Hay imaginarios bastante apocalípticos en sectores muy amplios de la sociedad. Eso puede coexistir con sectores sociales también muy amplios que son negacionistas de la crisis ecológico-social. Y coexiste también con una sensación de impotencia muy grande.

De tal manera que estos investigadores dicen en cierto momento que en este país, con esos datos, más que hablar de ecoansiedad habría que hablar de ecodepresión. Se da como un fenómeno de gran depresión social. No es todo lo que hay, por supuesto. Vemos también sectores que están luchando, que se organizan. Pero si pensamos sobre todo en las cuestiones ecológicas y ecológico-sociales, hay ahí algo de fuerte ecodepresión.

Entonces, lo primero sería superar en cierta medida esa situación. Volver a experimentar algo de confianza en la acción colectiva e ir tramando, a partir de ahí, movimientos sociales fuertes y bien orientados.

Pero la orientación del movimiento tendría que ser bastante más radical que la que hemos tenido, porque los propios problemas se han agravado muchísimo. Quizá se puede pensar en esos dos pasos: activar a mucha más gente y orientar el movimiento de una forma mucho más radical.

 

¿inteligencia artificial para las humanidades?

Deprimente jornada en mi Facultad sobre “DocencIA. Pensar, aprender y enseñar en la era de la Inteligencia Artificial” (21 de mayo de 2026). Ay, compañeras y compañeros… ¿Y si subtitulásemos: “Pensar, aprender y enseñar en la era del colapso ecosocial”?

El problema humano fundamental, en el Siglo de la Gran Prueba, es: cómo convivir (entre nosotros los humanos y con miríadas de otros seres vivos) en un planeta Tierra que siga siendo habitable. Como se puede ver, un problema ético-político (no tecnológico) frente al que vamos fracasando de forma lamentable. ¿Pueden las IA ayudar en eso? La respuesta breve es: no, agravarán la situación. ¿Parecerá de mal gusto recordar que los dos campos donde se centra ahora mismo la IA más puntera e innovadora es el control de las personas y el reconocimiento de imágenes con el fin de automatizar al máximo la guerra?

Qué erróneo es situar este debate bajo el paradigma de la herramienta útil (y neutral, faltaría más) en un mundo de competencia capitalista desbocada, en vez de reparar en que lo que está en juego es un cambio sociocultural profundo inducido por los algoritmos de la IA –y no para bien.

Juan Carlos San Miguel, profesor de programación y Delegado de la Rectora para la Integración de Soluciones de IA en la UAM, habla de sostenibilidad sólo en términos de viabilidad económica. Las cuestiones éticas parecen reducirse a protección de datos o identificación de sesgos. Retórica de la inevitabilidad: “La IA generativa transforma la enseñanza superior de forma imparable”. Y cuando se le interpela señalando que toda esta transformación conduce a un mundo peor, ¡reconoce que sí! Pero no podemos quedarnos atrás en un mundo muy competitivo, aunque la huida hacia adelante nos conduzca a situaciones peores.

Igualmente la geógrafa Laura García Juan: declara que “el dato es dinero”, y también que “no es ni bueno ni malo, estamos en la cadena”. Para esta buena mujer “nuevos retos traen nuevas oportunidades; hay que adaptarnos a los cambios y formar para lo que el mercado demanda”. Y otra buena dosis de retórica de la inevitabilidad.

Las (engañosas) promesas de la IA tienen que ver con la eficiencia, la productividad y la competitividad. Pero alimentar estos valores instrumentales ¿hacia qué objetivos? Los medios devoran los fines… Recordemos: en la UC3M (Universidad Carlos III de Madrid) se ha extinguido el Grado en Humanidades; ahora sólo podrán cursarse Humanidades Digitales. ¿Qué nos dice eso sobre el tipo de seres humanos que vamos a construir en nuestros sistemas de enseñanza?

Campa a sus anchas, en una jornada así, la peculiar combinación de fatalismo de apocalipsis más hipernormalidad sobre la que ya he advertido en otras ocasiones.

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Vamos hacia un mundo peor, reconocen incluso los promotores de la IA, pero no tenemos otra que subirnos a ese carro…

Everybody knows the world’s gone wrong, canta Lucinda Williams. Todo el mundo sabe que vamos hacia un mundo peor –mucho peor–, pero al mismo tiempo el hechizo de la hipernormalidad nos impide reaccionar, salvo a minorías a las que un sistema de control y represión incomparable con nada de lo que hemos conocido en el pasado logra neutralizar sin demasiados costes.

sobre pedro y pablo y henry d. thoreau

Marc Badal y Anne Ibáñez Guridi, desde su refugio en Luzaide (Pirineo navarro), me incluyen amablemente en una encuesta que (desde su proyecto de confluencia de saberes Nube Local) hacen arrancar de una cita de Thoreau en sus diarios.[1] La cosa va del diálogo entre entendimiento e imaginación, que en esas líneas el gran escritor de Concord ve más bien en términos de diálogo de sordos: “¿Qué ciencia es aquella que sólo enriquece el entendimiento, robándole a la imaginación? No sólo le roba a Pedro (la imaginación) para pagar a Pablo (el entendimiento), sino que toma de Pedro mucho más de lo que podría darle a Pablo”. Eso resulta “tan inadecuado como lo sería, para un mecánico, la descripción que un poeta podría hacer de una máquina de vapor. ¿Sabríamos algo en realidad si conociéramos sólo mecánicamente todas las cosas?”

La pregunta de Thoreau está justificada, y no cuesta leerla como una actualización de la crítica romántica de la ciencia mecanicista que cabría también ejemplificar con Goethe. Algo he escrito al respecto en el marco del proyecto Speak4Nature.[2] Ahora bien, lo que quisiera subrayar ahora es que hay que tratar de desmontar esa suspicacia mutua entre Pedro y Pablo, y que de eso va la idea de una “tercera cultura” sobre la que tanto insistió Paco Fernández Buey en los últimos años de su vida.[3] Al fin y al cabo, el propio Thoreau fue a la vez Pedro y Pablo: no sólo un poeta del mundo vivo sino también un agudo observador naturalista, a quien hay que incluir desde luego entre los cultivadores de una ciencia natural descriptiva de enorme valor.

¡Recordemos a Alexander von Humboldt (1769-1859)! El investigador alemán encarnó como nadie la idea de una ciencia concebida como interminable diálogo con la naturaleza, ciencia orientada no por la dominación sino por la aspiración al disfrute de la vida… No en balde suele verse en él la síntesis lograda entre Ilustración y Romanticismo. Otros pensadores y artistas se sitúan en ese interesante lugar: Leopardi, Hölderlin, Mozart… Von Humboldt es uno de los precursores (o quizá habría que decir más bien uno de los fundadores) de la ecología, las “ciencias de la Tierra” y los esfuerzos por comprender las totalidades que en la segunda mitad del siglo XX desembocarán en la teoría de sistemas y los enfoques de la complejidad.

El objeto del conocimiento de la verdad, sostenía el científico y explorador, debería ser “no el poder sino el disfrute de la vida”. Sus esfuerzos científicos se dirigían a “despertar un conocimiento de todas las cosas dignas de amor”. En su magna obra Cosmos (que comenzó a publicar en 1845) trataba de explicar cómo en la naturaleza cada cosa estaba conectada con todas las demás, cómo todas las fuerzas de la naturaleza se hallaban en mutua dependencia. Valoraba como el núcleo del progreso histórico “el concepto de humanización, la tendencia a echar abajo las barreras del prejuicio y la religión y la creencia en que la humanidad es una gran comunidad capaz de desarrollar sus posibilidades inherentes”. Theodore Zeldin, que recoge estas palabras de Humboldt, comenta con acierto: “Fue también prisionero de la tela de araña [ideológica] de su época, un optimismo ingenuo, y no logró ver que la historia podía ir tanto hacia atrás como hacia adelante, pero si liberamos su pensamiento de esa ingenuidad, aparece como algo fundamental y poderoso.”[4]

¿No deberíamos entender la ciencia y la técnica más según el modelo de la bolsa (o morral) de transporte que el de la azagaya de dominación? Así lo proponía Ursula K. Le Guin en su espléndido texto “The carrier bag theory of fiction” (1986).[5] Gregory Bateson es otro faro en la oscuridad: “No debemos permitir que nuestra comprensión imperfecta alimente nuestra angustia y así incremente la necesidad de control. Más bien nuestros estudios podrían inspirarse en un motivo más antiguo, pero hoy menos respetado: una curiosidad sobre el mundo del que formamos parte. La recompensa de este trabajo no es poder, sino belleza.”[6] Expresado de otra forma por el gran matemático francés Poincaré: “El científico no estudia la naturaleza porque es útil: la estudia porque se deleita en ella, y se deleita en ella porque es bella. Si la naturaleza no fuese bella, no valdría la pena conocerla, y si no valiese la pena conocer la naturaleza tampoco valdría la pena vivir la vida.”[7]

La oposición se daría, en palabras del ecólogo Aldo Leopold, entre “la ciencia que afila su espada versus la ciencia que ilumina su universo”.[8] A la primera (“la ciencia que afila su espada”) se asocia Homo sapiens como conquistador y la naturaleza como esclava, nos dice Leopold; a la segunda Homo sapiens como ciudadano biótico, y la naturaleza como comunidad biótica.

Aunque estemos aquí evocando a pensadores modernos, en realidad este asunto quedó planteado ya en la Antigüedad grecorromana. En la filosofía antigua el fruto de la contemplación de la naturaleza se llamaba “grandeza del alma” (magnanimidad) y estaba relacionado con una “mirada desde arriba” a las cosas humanas, una liberación con respecto a las “pasiones” del cuerpo y una pérdida del miedo a la muerte. Es un asunto que ha estudiado con detalle Pierre Hadot, quien relaciona esta “física de la contemplación” con una mirada desinteresada que está en la base de lo que denomina “actitud órfica”. Ésta es una mirada que no saca provecho utilitario del descubrimiento de “los secretos de la naturaleza” (como sí es propio de su opuesto: la actitud prometeica), sino que en su lugar permite el brotar del asombro y la admiración. En este sentido, la física tiene así una función dentro de la práctica espiritual, pues conduce a la “paz del alma”: “El estoico alcanzará la paz del alma situándose en una disposición de consentimiento a la voluntad de la Razón que dirige el universo, mientras que el epicúreo también alcanzará la paz del alma pensando en la infinidad de los mundos en el vacío infinito, sin temer ni los caprichos de la divinidad ni los ataques de una muerte que no es nada para nosotros. Las teorías físicas propuestas por estas escuelas están, pues, destinadas a liberar al hombre de la angustia que experimenta ante el enigma del universo”.[9]

Para Carl Jung, quien de alguna forma también representa la crítica romántica frente a la Ilustración (freudiana en este caso), la ciencia moderna “no es realmente un instrumento perfecto, pero es una herramienta magnífica y valiosa que sólo causa daños cuando se la toma como un fin en sí misma. La ciencia debe servir; se equivoca cuando usurpa el trono. Debe estar lista para servir a todas sus ramas, pues cada una, insuficiente por sí misma, necesita la ayuda de las otras. (…) Forma parte de nuestro entendimiento y sólo oscurece nuestro pensamiento cuando afirma que el entendimiento que transmite es el único tipo que existe. Oriente nos enseña otro entendimiento, más amplio, más profundo, superior: el entendimiento a través de la vida”.[10]

En síntesis: lo que caracteriza a la ciencia es a) el interrogatorio/ diálogo con la realidad/ naturaleza (el mundo “ahí afuera”) y b) los procedimientos autocorrectivos. Es cierto que el interrogatorio puede consistir en atar a la naturaleza al potro de tortura (las famosas y terribles imágenes de Francis Bacon), pero no tiene por qué ser necesariamente así. Hay otras vías… Una humanidad que optase por la simbiosis con la naturaleza en vez de la dominación podría sin duda hacer ciencia (de hecho, una ciencia mejor que la que hoy prevalece). Se trataría –podríamos decir con William Morris– de buscar el conocimiento (y la belleza) como un fin en sí mismo, y no como un medio para dominar a otros; se trata de renunciar a una parte del dominio sobre la naturaleza que hemos adquirido, y vivir una vida más sencilla, plena y libre.[11]

 

[1] Una anotación del 25 de diciembre de 1851, El diario (1837-1861) vol. 1, Capitán Swing, Madrid 2013, p. 156-157.

[2] https://www.speak4nature.eu/es/dictionary/mecanicismo/

[3] Francisco Fernández Buey, Para la tercera cultura, El Viejo Topo, Barcelona 2013; https://tienda.elviejotopo.com/pensamiento/992-para-la-tercera-cultura-ensayos-sobre-ciencias-y-humanidades-9788492616053.html . Salvador López Arnal resumía así algunas de las tesis de este libro:

“1. El humanista de nuestra época no tiene por qué ser un científico en sentido estricto, de hecho no puede serlo, “pero tampoco tiene por qué ser necesariamente la contrafigura del científico natural o el representante finisecular del espíritu del profeta Jeremías, siempre quejoso ante las potenciales implicaciones negativas de tal o cual descubrimiento científico o de tal o cual innovación tecno-científica”.

  1. Si se limita a ser esa contrafigura, el intelectual tradicional, el humanista, tiene todas las de perder. “Puede, desde luego, optar por callarse ante los descubrimientos científicos contemporáneos y abstenerse de intervenir en las polémicas públicas sobre las implicaciones de estos descubrimientos”. Sólo que entonces, remarca oportunamente FFB, “dejará de ser un contemporáneo”.
  2. Consciente de ello, el humanista de nuestra época podría ser, debe ser también un amigo de la ciencia. En un sentido parecido “a como lo son, a veces, los críticos literarios o artísticos, equilibrados y razonables, de los narradores, de los pintores y de los músicos”.
  3. Si, como se suele afirmar, hemos de aspirar en el siglo XXI a una tercera cultura, a otra cultura más integradora, y a una ciencia con conciencia, como él mismo escribiría en el ensayo que dedicó a uno de sus granes clásicos, Albert Einstein, “el éxito de esta aspiración no dependerá ya tanto o sólo de la capacidad de propiciar el diálogo entre filósofos y científicos como de la habilidad y precisión de la comunicación científica a la hora de encontrar las metáforas adecuadas para hacer saber al público en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evolución, los genes, la mente humana o las relaciones sociales”.
  4. La consideración anterior obliga a prestar mucha atención “no sólo a la captación de datos y a su elaboración, a la estructura de las teorías y a la lógica deductiva en la formulación de hipótesis, o sea, al método de investigación, sino también a la exposición de los resultados, a lo que los antiguos llamaban método de exposición”. Si se concede importancia a ello como debe concederse, a la forma de exponer resultados científicos alcanzados (el punto es esencial políticamente para religar ciencia y ciudadanía) hay que volver entonces “la mirada hacia dos de los clásicos que vivieron cabalgando entre la ciencia propiamente dicha y las humanidades y que dieron además mucha importancia a la forma arquitectónica de la exposición de los resultados de la creación y de la investigación: Goethe y Marx”. A ambos, clásicos también del estudioso de Gandhi y Lenin, les debemos, entre muchas otras cosas valiosas, consideraciones y reflexiones sobre el método de exposición “cuyo valor se apreciará tanto más cuanto mayor sea nuestra atención a la ciencia como pieza cultural”. Prólogos y prefacios de El Capital son muestra de ello.

La proclama ilustrada-y-más-que-ilustrada del autor puede decirse así: atrévete a saber porque (una neta ampliación de la XI tesis sobre Feuerbach) el saber científico (falible, provisional, casi siempre probabilista cuando no sólo plausible) ayuda en las decisiones que conducen al hacer, es imprescindible en asuntos de praxis. “Ayuda también a la intervención razonable de los humanistas en las controversias públicas del cambio de siglo”. Si bien, por lo general, esta ayuda se produce por vía negativa: “indicándonos lo que no podemos hacer o lo que no nos conviene hacer”. Francisco Fernández Buey solía recordar en estos casos las palabras de Maquiavelo: “Conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos”. ¡Para evitarlos, no para hundirnos en ellos!” Salvador López Arnal en espai marx, 13 de agosto de 2013; https://espai-marx.net/?p=2315

El pensamiento crítico –y la ciencia social crítica– pueden ganar fuerza de “un racionalismo atemperado por la consciencia crítica de lo que ha sido y es la vida de los hombres”. Francisco Fernández Buey, La ilusión del método, Crítica, Barcelona 1991, p. 245.

[4] Thedore Zeldin, Historia íntima de la humanidad, Plataforma Editorial, Barcelona 2014 (el original en inglés es de 1996), p. 221.

[5] https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/01/14/ursula-k-leguin-teoria-bolsa-para-llevar-cosas/

[6] Bateson citado por Tim Parks, “Everything is connected”, The Guardian, 13 de septiembre de 2008; https://www.theguardian.com/books/2008/sep/13/politics.art

[7] Jules Henri Poincaré citado en Eric D. Schneider y Dorion Sagan, La termodinámica de la vida, Tusquets, Barcelona 2006, p. 78.

[8] Aldo Leopold, “Escudilla”, en Una ética de la tierra, Catarata, Madrid 1999, p. 153.

[9] Pierre Hadot, El Velo de Isis. Ensayo sobre la historia de la idea de naturaleza. Ediciones Alpha Decay, Barcelona 2015, p. 248.

[10] Jung citado en Boaventura de Sousa Santos, El fin del imperio cognitivo, Trotta, Madrid 2020, p. 79.

[11] William Morris, “La sociedad del futuro” (1887), en La Era del Sucedáneo, Pepitas de Calabaza, Logroño 2016, p. 63-64.

el cuatrimestre de las aulas vacías

Clase de las 15’30, ayer tarde (9 de mayo): cinco estudiantes (de un grupo de 32). Clase de las 17’30: tres estudiantes (de un grupo de 15). Vale, es viernes por la tarde, estamos a final de curso, yo no paso lista, se trata de estudiantes de tercer y cuarto curso. Pero anteayer me contaba el joven profesor Adrián Santamaría que en clase de ética de primer curso habían asistido a clase apenas una docena de estudiantes (de un grupo de más de sesenta).

Éste habrá sido el cuatrimestre de las aulas vacías. Uno no puede evitar preguntarse: ¿qué estoy haciendo mal?

Y sin embargo hay que plantear, probablemente, otras preguntas previas. ¿Qué está sucediendo con la vivienda y los alojamientos en España? “Un profesor nos contó lo que estaba pasando en Sevilla: el alto precio de los alquileres y las residencias universitarias hacía que muchos alumnos que viven en otras ciudades fuesen a clase sólo una o dos veces por semana. Van, echan el día y se vuelven. No pueden permitirse más.”[1]

Me decía el decano de mi Facultad, Manuel Alcántara: “Efectivamente es un drama lo de la vivienda en Madrid, con repercusiones también para quienes desearían estudiar aquí. Justo ayer tuve una reunión con la decana de Filosofía y Letras de la UNAM en México y me comentaba que habían detectado ese problema también para los estudiantes que querían venir de estancia desde allí.”[2]

En un estudio reciente en Barcelona (El absentismo en las aulas universitarias de la UAB. Por qué vale la pena ir a clase) se constata que casi cuatro de cada diez estudiantes trabajan mientras estudian, una parte significativa presenta dificultades económicas o de salud, y la gran mayoría depende del transporte público para acceder al campus, a menudo afectados por el mal funcionamiento de algunos servicios de transporte.[3]

Uno intuye que otros tres factores están desempeñando un papel cada vez más importante. Por una parte, el avance de los trumpismos en muchos países lleva consigo una depreciación creciente del conocimiento como valor: un rasgo importante de estas nuevas ultraderechas, además de su antifeminismo y su antiecologismo, es su antiintelectualismo. Por otro lado, la rápida expansión de las Inteligencias Artificiales generativas induce en mucha gente la ilusión de que pueden aprender mejor, y más fácilmente, que en las aulas simplemente interactuando con un chatbot.

Y en tercer lugar, pero sobrevolándolo todo, el miedo al futuro. Hace un par de días me referí a la décima edición del informe de la Fundación SM Jóvenes españoles 2026, donde se califica el sentimiento de los y las investigadas con respecto al futuro como apocalíptico. En un artículo en el New York Times, Anna Louie Sussman examina cómo la incertidumbre y el miedo al futuro sería el elemento clave para entender el actual declive demográfico en la mayor parte del mundo (en realidad, el mundo entero salvo algunas regiones de África) incluso en entornos con situaciones económicas aceptables y servicios sociales suficientes.[4]

Y después de todo lo anterior, efectivamente uno ha de preguntarse: ¿en qué puedo mejorar mi docencia?

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Dejo por aquí una reflexión de la profesora Beatriz Muñoz González, socióloga en la Universidad de Extremadura: “Tras un titular sobre absentismo universitario enseguida aparece una explicación cómoda: son los estudiantes, son los profesores, son los PowerPoints, es la desgana. Pero quizá el problema empieza ahí: en lo rápido que resolvemos asuntos complejos con diagnósticos simples.

El absentismo universitario quizá no habla sólo de horarios, docentes o motivación, quizá señale un cambio cultural más profundo: una nueva forma de estar en la universidad atravesada por la lógica del consumo rápido, la utilidad inmediata y la atención fragmentada. Puede ser que la clase sea ahora para muchos algo que se usa si encaja, si renta, si entra en el examen o si ofrece un beneficio visible. La presencia deja de ser un vínculo con una comunidad de aprendizaje y pasa a medirse como coste-oportunidad.

Quizá reducir el absentismo a desgana estudiantil o a malos docentes se quede corto. A lo mejor es pertinente preguntarse qué ocurre cuando la universidad, pensada para tiempos largos, entra en conflicto con una cultura de tiempos cortos, de la inmediatez y la conexión débil.

Nuestra forma de debatir el absentismo también dice algo de la época. Ante un fenómeno complejo, buscamos rápido un culpable y una explicación cerrada. Quizá esa prisa por simplificar forma parte del mismo problema. Quizá hemos olvidado que en nuestras aulas están hoy quienes aprendieron durante la pandemia en modo online. Y que las universidades, con sus campus virtuales, también hemos alterado la cultura de la presencialidad: el espacio académico ya no se habita ni se interpreta igual. Los campus virtuales no solo han añadido herramientas, también han modificado la idea misma de presencia, aula y espacio académico.”[*]

 

[*] Tuits del 27 de abril de 2026: https://x.com/45Beatriz/status/2048775427942932617

[1] https://x.com/FernandoArancon/status/2048844236544528539 (tuit del 27 de abril de 2026).

[2] Comunicación personal, 28 de abril de 2026.

[3] José Luis Muñoz Moreno y otros: L’absentisme a les aules universitàries de la UAB : per què val la pena anar a clase, Institut de Ciències de l’Educació (Universitat Autònoma de Barcelona), Bellaterra 2026; https://ddd.uab.cat/record/327188

[4] Anna Louie Sussman, “Why so few babies? We might have overlooked the biggest reason of all”, The New York Times, 8 de mayo de 2026;  https://www.nytimes.com/2026/05/07/opinion/birthrate-kids-parents-demographics-future.html . También en español: https://www.nytimes.com/es/2026/05/08/espanol/opinion/tasa-natalidad-maternidad-demografia-futuro.html . Leemos en el texto: “El futuro nunca ha estado asegurado, pero da la sensación de que vivimos en una época de incertidumbre espectacular. En Estados Unidos, la permanencia en el empleo se ha contraído y la volatilidad de los ingresos ha aumentado. La esperanza de vida, antaño en inexorable marcha ascendente, ha descendido para las mujeres y los hombres con menos estudios. Muchas de las fuerzas sobre las que se asienta nuestra economía –la inteligencia artificial (IA), la inmigración, el comercio mundial– se sienten angustiosamente volátiles; la perturbación, antaño sinónimo de alboroto o problema, es el ethos rector de un sector aterradoramente poderoso de nuestra economía. El auge de los mercados de predicción ha convertido el mundo en un gran casino. La crisis climática se dispara, al igual que los costos de todo lo que podría permitir la maternidad, ya sea un techo o el cuidado de los niños. El último medio siglo nos ha traído una desigualdad pasmosa, acompañada de un fuerte declive de la movilidad social. Las dos generaciones que actualmente están en edad de procrear llevan las cicatrices psicológicas y financieras de haber llegado a la mayoría de edad en medio de catástrofes a escala mundial: los milénials de más edad entraron en el mercado laboral durante la Gran Recesión; muchos vieron cómo sus padres perdían sus trabajos o sus casas. La generación Z, cuyas vidas se vieron trastocadas por la pandemia del COVID-19, se encuentra ahora compitiendo contra la IA por puestos de trabajo de nivel inicial e incluso por posibles parejas. El hombre que dirige Estados Unidos parece entregado sin reservas al caos en casa y en el extranjero. (…) Para entender los cambios actuales de la población debemos mirar más allá de los indicadores que los investigadores de otros contextos han denominado como ‘la sombra del pasado’. ¿Alguien tiene trabajo? ¿Está casado? ¿Tiene estudios universitarios? También debemos considerar lo que se ha definido como las ‘sombras del futuro’…”

avaricia, afán de dominio y tecnofascismo

Han tardado años en verlo, pero por fin El País titula: “La IA sin careta: avaricia y tecnofascismo” (lástima que ello no compense la desaforada promoción de la IA que llevan tanto tiempo practicando). Según el artículo, “en cinco días ha quedado claro que la IA puede tumbar el sistema financiero mundial, que ya todas las big tech prestan sus servicios sin disimulo al mayor ejército del mundo y que esto no va de beneficiar a la humanidad, sino de enriquecer a sus dueños”.[1]

Se está produciendo una tardía, tímida e insuficiente reacción… Gary Marcus sintetiza: “Fuera de las aplicaciones en programación (donde hay un valor claro) y un puñado de otros dominios (p. ej., lluvia de ideas), la IA generativa ha tenido un impacto neto negativo para la sociedad. Ha estado socavando la educación secundaria y universitaria, abriendo las puertas a la vigilancia masiva, aumentando la desinformación, los engaños, la suplantación de identidad, el phishing y otras formas de ciberdelito, la pornografía deep fake no consentida, los sesgos en la contratación y otros dominios, y la disparidad económica, inundando el mundo con basura y centros de datos no deseados, sobreexplotados y dañinos para el medio ambiente que nos someten al riesgo de una recesión.

Simultáneamente, ha empoderado a un grupo de personas que quieren privatizar casi todas las ganancias mientras dejan todos los inconvenientes a la sociedad, sin asumir ni la mínima responsabilidad. No creo que estemos mejor que hace cuatro años.

Parte de esto son problemas técnicos (los LLM no son confiables), otra parte político-económicos (como la absoluta falta de regulación responsable). La mayor parte de ello era predecible. Casi nada de ello es bueno.

Dicho todo esto, creo honestamente que alguna forma futura de IA podría ser genial. Pero la IA generativa ha hecho más daño que bien, y ha sido gestionada de manera irresponsable. No es de extrañar que muchas personas hayan dicho: hasta aquí”.[2]

 

[1] Manuel G. Pascual, “La IA sin careta: avaricia y tecnofascismo”, El País, 3 de mayo de 2026.

[2] https://x.com/GaryMarcus/status/2050750631342907725

un mundo de riqueza y belleza casi inexpresables

Vivimos en un mundo de riqueza y belleza casi inexpresables, heredado de muchas generaciones anteriores de seres vivos, antepasados humanos y no humanos: los parques urbanos (como el del Retiro por donde paseo ahora), los bosques primarios, los muesos de bellas artes (a diez minutos de camino desde aquí, ¡el Prado!), las playas y las dunas y los océanos, las acogedoras bibliotecas, las escuelas y universidades con su gente joven avanzando hacia lo mejor de sí misma, los huertos que nos nutren, esos palacios submarinos que son los arrecifes de coral o las praderas de posidonia, los hospitales públicos, los humedales bullentes de vida, los desiertos y estepas y otros biomas que erróneamente juzgamos pobres, las salas y conciertos de música, las raves, los éxtasis y epifanías (con ayuda química extrasomática o sin ella), los cafés con sus inagotables tertulias, el discurrir fraterno de las nubes, la alegría del perrito que compartimos en su paseo, el abrazo de la persona que amamos: y todo esto ¿lo vamos a perder por ser unos desdichados yonquis incapaces de desengancharnos de los combustibles fósiles?

lo terrestre frente a la «planetariedad»

No: lo terrestre (y gaiano) frente a esta “planetariedad” de Armen Avanessian.

Desde esta muy errada perspectiva (el punto de vista desde Sirio, más o menos), un dron puede sustituir a una abeja (análogamente a como tecnología y capital se supone pueden sustituir a lo que llaman “capital natural”) y ello se celebrará como una ganancia de complejidad.

Desde nuestra perspectiva terrestre, superar el dualismo naturaleza-cultura, dejar atrás el principio antrópico y comprendernos como parte de un planeta en coevolución constante son principios importantes; pero no se puede compartir semejante aceleracionismo que pide, “provocativamente, más alienación desde el futuro”.[1]

Nuestro hogar no es un (no)lugar planetario. Es un hogar terrestre.

 

[1] Armen Avanessian: “La pregunta no es sólo cómo pensamos la naturaleza, sino también quién piensa” (entrevista), El Salto, 13 de abril de 2026; https://www.elsaltodiario.com/atenea_cyborg/armen-avanessian-naturaleza-planetariedad

ceguera ante el apocalipsis y ceguera hacia la energía

Con los combustibles fósiles –con su excepcionalidad no reconocida como tal– nos hemos emborrachado de energía casi gratis: una cogorza de proporciones cósmicas que ha desestabilizado muchas dimensiones de la biosfera, comenzando por el clima de la Tierra. Un barril de petróleo igual a cinco años de trabajo físico de un ser humano:[1] esta ecuación debería figurar grabada en la puerta de todas las escuelas, pero ¿quién se ha topado con ella alguna vez, fuera de debates ecologistas de esos que se consideran “de nicho” y de algunas formaciones especializadas? Nuestra ceguera ante el apocalipsis (Günther Anders) va de la mano con nuestra ceguera hacia la energía (Nate Hagens).

 

[1] Véase lo que cabe llamar la “trilogía del petróleo” (tres vídeos breves) de Nate Hagens: “What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137”. https://tratarde.org/como-entender-la-actual-crisis-energetica-tres-videos-breves-de-nate-hagens/

sobre atrofia cognitiva y convergencia mecanizada

La IA generativa sirve para manipular datos, para gestionar documentos, pero no para comprender. Si olvidamos esto, nos adentramos en el camino que lleva a la pérdida de lo humano…

Escribe Brad Stulberg: “Estamos en un punto de la historia —no acercándonos a él, sino aquí donde nos hallamos ya— en que todos van a tener que decidir si están conformes con adormecerse con un flujo interminable de bazofia digital similar al fentanilo, o si van a luchar por su humanidad y tocar tierra y desafiarse a sí mismos y crear y participar y amar.”[1]

Por lo demás, es la propia Microsoft la que constata que “una mayor confianza en la IA generativa se asocia con menos pensamiento crítico”.[2]

 

[1] Sigue la reflexión así: “Décadas de investigación muestran que las personas se sienten más realizadas cuando se preocupan profundamente por proyectos significativos. Cuando tienen maestría y sentido de trascendencia. Cuando hacen un buen trabajo y aman a buenas personas. Nadie se siente ni rinde al máximo cuando está desplazándose sin pensar.

El antídoto a la distracción masiva algorítmica es el enfoque profundo y el esfuerzo duradero en actividades significativas. Hacer música. Escribir. Correr. Hacer jardinería. Entrenar. Bailar. Construir mesas.

Cuando trabajas con un enfoque profundo en una actividad o artesanía —cuando te lanzas de lleno a algo que te importa y le das todo de ti— experimentas lo opuesto a la añoranza existencial. Experimentas presencia, profundidad y vitalidad.

Quizás el mayor riesgo del mundo moderno es que vayamos adonde nos lleve la corriente, como autómatas flotando a lo largo de una cinta transportadora pixelada hacia ninguna parte. Lo único que nos separa de esta distopía somos nosotros mismos. Nuestra agencia —nuestra atención, nuestra capacidad para pensar, crear y amar—exige que luchemos por ella.” https://x.com/BStulberg/status/2044040321793671169

El extenso informe de la Universidad de Stanford sobre “IA centrada en el ser humano” se publica en la primavera de 2026, y Luiza Jarovsky (o su IA de confianza) resume así sus puntos clave: “1. La capacidad de la IA no está estancándose. Se está acelerando y llegando a más personas que nunca.

  1. La brecha de rendimiento en modelos de IA entre EE.UU. y China se ha cerrado efectivamente.
  2. EE.UU. alberga la mayoría de los centros de datos de IA, con la mayor parte de sus chips fabricados por una fábrica de Taiwán.
  3. Los modelos de IA pueden ganar una medalla de oro en la Olimpiada Internacional de Matemáticas, pero no pueden decir la hora de manera confiable, un ejemplo de lo que los investigadores llaman la “frontera irregular” de la IA.
  4. Los robots aún fallan en la mayoría de las tareas domésticas, incluso mientras destacan en entornos controlados.
  5. La IA responsable no está manteniendo el ritmo con la capacidad de la IA, con benchmarks de seguridad rezagados e incidentes en aumento pronunciado.
  6. EE.UU. lidera en inversión en IA, pero su capacidad para atraer talento global está disminuyendo.
  7. La adopción de la IA se está extendiendo a una velocidad histórica, y los consumidores están obteniendo un valor sustancial de herramientas que a menudo acceden de forma gratuita.
  8. Las ganancias de productividad de la IA están apareciendo en muchos de los mismos campos donde el empleo de nivel inicial está comenzando a declinar.
  9. La huella ambiental de la IA se está expandiendo junto con sus capacidades.
  10. Los modelos de IA para la ciencia pueden superar a los científicos humanos, aunque los modelos más grandes no siempre rinden mejor.
  11. La IA está transformando la atención médica clínica, pero la evidencia rigurosa sigue siendo limitada.
  12. La educación formal está rezagada con respecto a la IA, pero las personas están aprendiendo habilidades de IA en todas las etapas de la vida.
  13. La soberanía en IA se está convirtiendo en una característica definitoria de la política nacional, pero las capacidades siguen siendo desiguales, incluso mientras el desarrollo de código abierto ayuda a redistribuir quién participa.
  14. Los expertos en IA y el público tienen perspectivas muy diferentes sobre el futuro de la tecnología, y la confianza global en las instituciones para gestionar la IA está fragmentada.” https://x.com/LuizaJarovsky/status/2044033970560512149 ; véase el documento original en https://hai.stanford.edu/ai-index/2026-ai-index-report

[2] Microsoft Research (Hao-Ping Lee y otros), “The impact of generative AI on critical thinking: Self-reported reductions in cognitive effort and confidence effects from a survey of knowledge workers”, 2025; https://www.microsoft.com/en-us/research/wp-content/uploads/2025/01/lee_2025_ai_critical_thinking_survey.pdf

“Lo que realmente sucedió en el estudio es lo siguiente. A los trabajadores se les pidió documentar cada vez que usaban IA en el trabajo — qué hicieron, cuán confiados se sentían en la IA y cuánto involucraron su propio cerebro en el proceso.

El patrón fue idéntico en cada profesión. Cada industria. Cada tipo de tarea. Cuanto más confías en la IA, menos piensas. Y aquí está la parte que lo empeora. Los trabajadores que más confiaban en la IA también reportaron terminar tareas más rápido. Se sentían productivos. Se sentían eficientes. No tenían idea de que la habilidad se les estaba escapando en tiempo real.

Los investigadores pusieron un nombre a lo que le sucede a tu cerebro cuando dejas de usarlo: atrofia cognitiva. La misma palabra que usan los médicos para los músculos que se atrofian cuando dejas de moverte. Tu capacidad de pensar se deteriora — silenciosamente, gradualmente — cada vez que dejas que la IA haga el trabajo en su lugar.

Los investigadores citaron algo que debería imprimirse en cada producto de IA enviado jamás: ‘Una ironía clave de la automatización es que, al mecanizar tareas rutinarias, privas al usuario de las oportunidades rutinarias para practicar su juicio — dejándolo atrofiado e desprevenido cuando surgen las excepciones’. Pero las excepciones son los únicos momentos que realmente importan.

La cirugía que no sale como se planeó. El caso legal sin precedente. La decisión de negocios que nadie ha enfrentado antes. El momento en que no hay plantilla ni prompt ni salida de IA para verificar. Ése es el momento en que tu cerebro necesita trabajar. Y ése es exactamente el momento en que la IA te ha estado entrenando en silencio para fallar.

Hay un hallazgo más del que nadie está hablando. Los trabajadores que más dependían de la IA no sólo pensaban menos. Producían resultados más homogéneos. Las mismas ideas. Las mismas estructuras. Las mismas soluciones — porque todos usaban los mismos prompts y aceptaban los mismos resultados. Los investigadores lo llamaron convergencia mecanizada. Equipos enteros circulando variaciones de un solo concepto generado por IA, confundiendo el pulido con la originalidad.

La IA no nos está haciendo más productivos. Nos está haciendo más idénticos. Y menos capaces de notar la diferencia.” https://x.com/iam_elias1/status/2043767406087286916