“el grito del ecologista despreciado”, por pedro prieto

El grito del ecologista despreciado (o la conversión de la naturaleza en una fábrica perecedera)

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2016-04-13

¡Cómo se va a negar que la Revolución Verde alimentó a más personas que si no hubiese tenido lugar!

Pero criticar esto no es, como algunos nos acusan, tener más emoción que datos. Lo que hay es una diferente visión y temporalidad de los datos que se analizan.

Si analizo un plazo de 30 años, quizá tengan razón con los transgénicos y los fertilizantes y herbicidas y pesticidas de síntesis y las revoluciones verdes. Si analizo a 150 años, no la tienen. Son ellos los que ponen la tecno-emoción del salvémonos hoy y que le den morcilla al mañana y la falta de datos a la hora de entender qué será el pasadomañana.

He venido de unas conferencias en Vinaròs y La Senia, a caballo entre las comunidades valenciana y catalana, división administrativa ficticia. El tren recorrió inmensos campos de naranjos, ya todos sembrados en marcos imposibles para el secano, pero todos ellos con riego por goteo.

Yo he utilizado y utilizo el riego por goteo. Presumiblemente, es un invento que sirve para producir los mismos alimentos con menos agua. A cambio, tengo un volquete de desperdicios plásticos cada dos o tres años de tubos de plástico con goteros. Pero, con todo, el peligro mayor no es la generación de plástico y la exigencia de motores, bombas, filtros, gasóleo y electricidad y programadores de riego con electroválvulas que hay que ir cambiando.

Lo peor de todo, es la terrible generalización del sistema pensando en la ganancia. Así, el campo se convierte en una fábrica; los árboles (veo también así olivos en espaldera por doquier en todo el sur español y hasta en mi pueblo) en marcos imposibles de tres por tres entre olivos, cuando en secano un olivo en marco real debía tener un marco de separación de 8 a 12 m. La antigua razón es que el olivo tiene que tener su espacio para hundir y extender las raíces. Las hunde para buscar humedad cuando el terreno es de secano y las extiende para buscar nutrientes. La razón es que los árboles se plantaban para durar milenios. Y duraban.

En Ulldecona, mis generosos anfitriones me regalaron un preciado líquido: una botella de aceite de oliva virgen extra procedente de oliveras milenarias. Por esa zona, me explicó mi admirado Ferran Puig, pasaba (y pasa) la Vía Augusta. Los romanos juzgaron que el camino era fácil presa de asaltantes. Así, los ocupantes y conquistadores romanos, con todo lo brutales que eran, desbrozaron y deforestaron unos cientos de metros a cada lado de la vía para despejarla, pero plantaron olivos para que los locales los cultivasen. La zona quedaba así despejada y poblada por gentes que tenían un buen sustento. El elixir que me ofrecieron sale de algunas de estas oliveras que aún quedan. Se lamentaba Ferran que hay ricos que pagan cantidades exorbitantes para desarraigar esos olivos y llevárselos a sus jardines privados, haciendo desaparecer los últimos vestigios de una costumbre bimilenaria.

Bea AriasBea Arias

Hoy el olivar español centenario o milenario está sufriendo una mutación tecnológica sin precedentes y, por supuesto, si apelamos a los datos, jamás había habido tanta producción de aceite en nuestro país. Jamás se había producido aceite de tanta calidad, pues apenas se varea ya haciendo que las aceitunas caigan al suelo y se golpeen o entren en contacto con la tierra ganando en acidez. Y jamás se habrá ahorrado tanta agua de regadío por hectárea, como con goteo, pero jamás había habido tantos millones de hectáreas de riego por goteo donde antes había secano. El uso de agua para regadío en nuestra seca península meridional y archipiélagos nunca había sido tan apremiante.

Ahora se cosecha con máquinas que pasan por encima de los olivos en fila plantados y podados en espaldera, estrujando mecánicamente las ramas y metiendo directamente las olivas en el depósito. O se entra con una maquinaria especial que se adapta bien a los olivos de tronco único vertical, se rodea el árbol con un paraguas invertido desplegable y se vibra el árbol para que el fruto caíga en el paraguas en un pis pas.

Estas mejoras en la productividad o en la suavidad del aceite producido no las cuestiona nadie a corto plazo (dos, tres, cinco décadas). Pero ello está llevando a arrancar los olivos antiguos de secano de varios troncos —generalmente tres— que permitían cosechar mediante vareo o cosecha manual de forma más sencilla, al ofrecer sus ramas hacia el exterior.

Dado que el mundo crece de forma infinita y hay que producir alimentos de forma crecientemente infinita, en el árido sur contemplamos la necesidad de cada vez más agua, porque donde antes había secano, hoy se necesita riego.

Los datos, los datos. Ahí van los datos.

  • Inconvenientes del cultivo en secano: la producción dependía del cielo y de la pluviosidad y era más limitada.
  • Ventajas: los olivos desarrollaban fuertes raíces y eran muy resistentes al stresshídrico (tan resistentes como para resistir sequías de milenios). No necesitaban nada de agua. Ventaja: no había que pedir créditos para comprar máquinas complejas que consumen combustibles fósiles. Inconveniente (para el mundo moderno): mano de obra abundante (ventaja para el empleo).
  • Ventajas del riego por goteo: la cosecha está más asegurada cada año; se produce más aceite por hectárea y se reduce la mano de obra (el coste). Mejoran las ventas y las exportaciones y economistas, ministros y empresarios están muy contentos.
  • Inconvenientes del riego por goteo: los árboles apenas desarrollan raíz, porque reciben en la misma base la fertirrigación del riego por goteo (agua más fertilizantes químicos en forma líquida). Si alguna vez, por lo que sea, falla el riego —que exige bombas, filtros, válvulas, goteros, electricidad o gasóleo— y viene una sequía, es casi seguro que la plantación morirá. Y ¿quien garantiza que bombas, electricidad, gasóleo, filtros, electroválvulas, programadores, maquinaria sofisticada de producción lejana va a estar aternamente a nuestra disposición? ¿Quizá tecnooptimistas que miran con más fe tecnoemotiva que con datos de los de mirar al horizonte, en vez de mirar a los resultados financieros del trimestre?

El suelo se trata como una fábrica y los árboles también. La proximidad de los árboles y la extensión de las plantaciones los hace más vulnerables a plagas, que luego se intentarán combatir con más tecnología y pesticidas de todo tipo. Los dos mil años de olivares nunca habían tenido enfermedades como las que están haciendo morir a los olivos en el sur de Italia.

Desde que existe constancia de los bosques de encinares españoles, esos compañeros, que según Tuñon de Lara habían servido de alternativa de emergencia para alimentar a tanta gente con su tosca harina en época de hambrunas para mitigarlas, jamás había habido tantos individuos enfermos por la seca, una enfermedad que nadie controla y a nadie parece interesar y para la que no hay ni una línea de investigación de esa ciencia tan prepotente, porque los bosques de encinas son para muchos molestias que ocupan mucho espacio improductivo.

Para ese entonces, cuando un día deje de llegar el gasóleo o haya cortes de electricidad o no lleguen las piezas de repuesto a las tiendas del pueblo, estos que predican que la ciencia es imparable y es necesariamente buena, descubrirán, y nosotros con ellos, que los viejos árboles que llevaban siglos alimentando más en años buenos y menos (pero alimentando también) en años malos, ya no están ahí para socorrernos.

El mundo como mercado, el mundo como una fábrica, el mundo como una base de datos que se manipula a conveniencia. Lo dicho, quiero retirarme, con mis amigos los árboles y abrazar, como el abuelo de Saramago a cada uno de los que tengo a mi alrededor y si es necesario, morir con ellos.