el traje viejinuevo del emperador

El ensayista chileno Axel Káiser escribe contra la tiranía de la igualdad (Deusto, Madrid 2017) como si estuviésemos en 1830, o en 1930… El tiempo parece no pasar para los dogmas liberales/ neoliberales, que se mantienen incólumes aunque transcurran los siglos y cambien las circunstancias históricas. La propiedad privada, los contratos voluntarios y los mercados libres son la triaca que curará todos los males sociales, hosanna y amén.

 

Su tesis de fondo contra la “tiranía de la igualdad” es que lo que la gente quiere de verdad, y hace en la práctica, es luchar por mejorar y no por ser iguales. De acuerdo, señor Emperador: la igualdad no es un objetivo último. Pero la pregunta clave –que los liberales/ neoliberales se guardan muy mucho de plantear nunca- es ¿mejorar a costa de quién? Necesitamos la igualdad, precisamente, para limitar la “humana, demasiado humana” propensión (sobre todo de los varones de la especie) a dominar a los otros, y mejorar a costa de ellas y ellos.[1] Aparte de “sacar un honrado penique” con la compraventa de mercancías en aquellas circunstancias (más bien improbables) en que la explotación y las “externalidades” estén sometidas a cierto control, cabe mejorar conquistando tierras y pueblos, por ejemplo; o sojuzgando a las mujeres bajo estructuras patriarcales; o devastando la biosfera y aniquilando las perspectivas de futuro de quienes vendrán; o, directamente, asesinando y esclavizando para monopolizar recursos naturales escasos (el nazismo como posibilidad abierta en el siglo XXI).[2]

 

La pregunta clave es ¿mejorar a costa de quién?

 

 

[1] Sobre esto he razonado en Jorge Riechmann, “Moral e igualdad”, capítulo 3 de Ética extramuros, Eds. UAM, Madrid 2016.

[2] Carl Amery, Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI? Hitler como precursor, Turner/ FCE, Madrid 2002.