fluminismo

“Ética ambiental [environmental ethics] es la rama de la ética aplicada que se ha preocupado, sobre todo, por las razones morales para preservar y restaurar el medio ambiente”,[1] define un libro de texto de referencia ya hacia su final: el capítulo 47 de 49 en total, justo después de la ética de los mass-media (capítulo 44), la ética informática (45) y la ética ingenieril (46). ¿No se refleja aquí algo de la demencial incapacidad para fijar correctamente prioridades que caracteriza a la cultura dominante? Porque nuestro problema ⸺no se puede repetir demasiadas veces⸺ es que aún no sabemos habitar el planeta Tierra, y que conceptualizar la naturaleza como “medio ambiente” (algo separado y externo a nosotros) es un error categorial.

En este punto, es la pensadora británica Ginny Battson quien ha dado un paso más allá con su propuesta fluminista de lo que podríamos llamar una ecoética (o bioética) del amor. La pensadora británica retoma la muy antigua metáfora de la realidad-río (Heráclito), y una ontología procesual y relacional, como base para una propuesta ética que trata de superar tanto el antropocentrismo (John Passmore) como el biocentrismo (Paul W. Taylor, Robin Attfield) y el ecocentrismo (Aldo Leopold, Arne Naess). El fluminismo sería una ecoética para la cual lo primariamente valorado son los procesos vitales interconectados esenciales para la plenitud en nuestra biosfera; tanto las formas de vida individuales como los ecosistemas individuales resultan indispensables para ese fin, una Gaia floreciente. Battson arguye que, a diferencia del ecocentrismo y la deep ecology, son las interconexiones, los procesos, la perpetuación del amor a la vida (demostrado como cuidado) y no los ecosistemas en general lo que requiere nuestra protección. El problema con el ecocentrismo, sugiere la pensadora británica, es que reduce el valor de los individuos y de las especies individuales: puede estar justificado acabar con ellos o ellas para ajustarnos a la idea humana de lo que está “completo” o “íntegro”. Pero ¿cómo podemos los seres humanos juzgar lo que constituye el límite de cualquier ecosistema? De hecho, en la naturaleza los ecosistemas raramente están definidos por fronteras claras. Sin embargo, si valoramos primariamente los procesos y las interacciones los individuos van a resultar indispensables, y las fronteras no nos preocuparán demasiado.

Así, insiste la autora, no deberíamos ceder al holismo moral ni renunciar a la idea de florecimiento individual. Ella aprecia las posiciones biocéntricas (Paul W. Taylor por ejemplo), y particularmente simpatiza con el consecuencialismo biocéntrico de Robin Attfield; pero cree que el biocentrismo no refleja bien la absoluta necesidad de los continuos procesos dinámicos de la naturaleza. Por eso se ha decidido a crear un neologismo: fluminismo. “El fluminismo es a los procesos interconectados lo que el biocentrismo es a la vida individual o el ecocentrismo a los ecosistemas completos. Los límites de la comunidad moral, sin embargo, se extienden más allá de la humanidad y contribuyen a la continuación de la crítica del antropocentrismo”.[2]

 

 

[1] Andrew Light, “Environmental ethics”, en R.G. Frey y C.H. Wellman (eds.), A Companion to Applied Ethics, Wiley-Blackwell 2005, p. 633.

[2] Ginny Battson, Love and ecology as an integrative force for good and as resistance to the commodification of nature and planetary harms: Introducing Fluminism, University of Wales Trinity Saint David 2018, p. 28; puede consultarse en https://seasonalight.com/2018/09/10/love-and-ecology-as-an-integrative-force-for-good-and-as-resistance-to-the-commodification-of-nature-and-planetary-harms-introducing-fluminism-ginny-battson-2018/