hacia el totalitarismo

En su libro de 1951 Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt proponía como criterio para caracterizar a los regímenes totalitarios la creencia fundamental en que todo es posible. Se apoyaba para ello en una frase del impresionante testimonio de David Rousset, superviviente de Buchenwald, en El universo concentracionario: “El hombre corriente no tiene ni idea de que todo es posible” (al comienzo del capítulo XVIII del libro, titulado “Los astros muertos siguen su curso”).[1]

¿Cuál es hoy el lema de Adidas –que podría extenderse a lema de todo el capital transnacional? Sí, precisamente: Everything is possible.



[1] Entre las enseñanzas de ese terrible universo de los Lager, Rousset menciona: “Tomar conciencia activa de la fuerza y de la belleza del hecho de vivir, sin nada más, brutal, absolutamente despojado de todas las subestructuras, vivir incluso a través de las peores caídas o de los más fatales retrocesos. Un frescor sensual y lleno de gozo erigido sobre el saber más exhaustivo de los escombros y, en consecuencia, un endurecimiento en la acción, una tenacidad en mantener las decisiones: en breve, una salud más amplia e intensamente creadora” (El universo concentracionario, Anthropos, Rubí (Barcelona) 2004, p. 104).