Según Anton Jäger, hemos pasado de la pospolítica (y la turbopolítica) a un tiempo de hiperpolítica: una época de politicización extrema, intensa y constante, política por todas partes… pero sin instituciones sólidas ni consecuencias reales. “La gente se indigna, se moviliza y explota en protestas o en redes sociales con gran fuerza emocional, pero esos movimientos son fugaces, carecen de organización permanente y no logran transformar nada de forma duradera. Como resultado, todo parece muy político y al mismo tiempo nada cambia realmente”.[1] Este joven politólogo se expresa así: “En apariencia, las protestas de Black Lives Matter parecerían tener poco en común con la turba que asaltó el Capitolio en enero de 2021. Moralmente, están en mundos distintos… Organizativamente, sin embargo, estos movimientos muestran un sorprendente conjunto de similitudes: son fugaces en su duración, no mantienen registros de afiliados y les cuesta imponer cualquier disciplina real a sus seguidores.”[2]
Zoe Williams resume la periodización que propone Jäger para los tiempos políticos recientes: los años comprendidos entre 1914 y 1989 marcan la era de la política de masas, cuando el nivel de politización era alto y la institucionalización también lo era, por lo que la gente se comprometía con la política tanto en las urnas como en las calles. Eran personas que se afiliaban —a partidos políticos, sindicatos, congregaciones, clubes de trabajadores, grupos de lectura—; participaban en múltiples instituciones entrelazadas. No es casualidad que ésta fuera también una época en la que la lucha política se tradujera en logros concretos. Posteriormente, desde 1989 hasta la crisis financiera de 2008 (a menudo denominados los “largos años noventa”) fue la era de la pospolítica, en la que la institucionalización era baja (en aquella época ya no nos afiliábamos a clubes, sino que íbamos a ellos de vez en cuando) y la politización estaba por los suelos. Fue una época en la que los tecnócratas se ocupaban de los asuntos mientras todos los demás iban a raves, y decíamos que la historia había terminado. Desde la crisis hasta aproximadamente 2020 (a veces antes, este límite es muy difuso) fue la era de la antipolítica: resurgimiento del Tea Party en EE. UU., Beppe Grillo y las protestas contra el establishment en Italia, la Primavera Árabe, el movimiento Occupy. La politización en este periodo regresó con fuerza, y aunque la institucionalización no se ha recuperado, estos movimientos siguen teniendo ambiciones institucionales. Los movimientos de protesta en España y Grecia dieron lugar a partidos políticos, Podemos y Syriza; los candidatos de protesta en EEUU, Francia y el Reino Unido tenían la mirada puesta en recuperar los partidos tradicionales, a los que hacía tiempo que se les había despojado de toda intención revolucionaria. Y luego viene la hiperpolítica: una politización intensa pero volátil, sin raíces institucionales ni ambiciones. Jäger ita la interpretación que el teórico político Paolo Gerbaudo hace de la evocadora expresión “cuerpos sin órganos”. Los movimientos políticos modernos, escribe, son “concentrados y vigorosos, pero carecen de metabolismo interno”.[3]
“La causa de este estado de cosas la encuentra Jäger en el progresivo debilitamiento de las clásicas instituciones intermedias como partidos, sindicatos y asociaciones de la sociedad civil, así como en el traslado a la política de la lógica digital, que crea una curiosa mezcla de hiperactivismo, atomización y obsesión por la atención. El resultado es que el compromiso político acaba siendo tan volátil como las transacciones en la bolsa y la hipermovilización se desvanece en el aire, ineficaz para elaborar estrategias a largo plazo e incapaz de producir acuerdos duraderos. Quizá, porque funciona ante todo como puro engranaje electoralista y comunicativo. Es una política low-cost y de poca duración, intensa, episódica, desvertebrada, conflictiva y cargada de disputas envueltas en descalificaciones y relatos entrecruzados”.[4]
[1] https://x.com/pitiklinov/status/2080650482339467422
[2] Jäger citado en Zoe Williams, “Meet the man whose groundbreaking book is being devoured by the left. Anton Jäger has been lauded for his exceptional ability to make sense of these strange political times –and he’s only 32. The writer and academic explains why we’re living in an age of hyperpolitics”, The Guardian, 23 de julio de 2026; https://www.theguardian.com/politics/2026/jul/23/anton-jager-groundbreaking-book-being-devoured-by-left
[3] Zoe Williams, op. cit.
[4] Fernando Vallespín, “Hiperpolítica y la dificultad de la reflexión pausada”, El País, 20 de septiembre de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-09-20/hiperpolitica-y-la-dificultad-de-la-reflexion-pausada.html