nada trivial

Decía John Berger en una antigua grabación, quizá de los años sesenta: “Para un artista, igual que para un marxista, no hay nada trivial”. Nada trivial, buf… ¡alta exigencia! Se trataría de estar intensamente presente, de estar ahí. Pero no como quien intenta acaparar, acumular experiencias y no perder nada de la riqueza de lo que está sucediendo: sino como el espacio de apertura que resulta de un ego que retrocede, ese lugar de transparencia (por emplear un término caro a María Zambrano) donde el otro y lo otro puede aparecer, y puede ser acogido.