no contemos con la cercanía de los cataclismos para tornarnos más conscientes, advertía latour

“No contemos con la cercanía de los cataclismos para tornarnos más conscientes, todo lo contrario. (…) El historiador Ian Kershaw [en su libro El final: Alemania, 1944-45] muestra cómo Alemania tuvo más bajas de soldados y civiles en el último año de la guerra, cuando los alemanes habían perdido cualquier esperanza de victoria, que durante los cuatro años precedentes. Muestra que en la situación más catastrófica, cuando el Reich ya está condenado, cuando la guerra está claramente perdida y cuando todo el mundo, desde los generales hasta las amas de casa, lo sabe perfectamente, no obstante, a falta de una alternativa, el combate continúa y el sistema dictatorial-criminal permanece casi intacto hasta el derrumbe final. Es precisamente porque el carácter evidente de la amenaza [ecológica y climática] no nos hará cambiar por lo que hay que aprestarse a rehacer la política. Si no hay nada agradable, armonioso o tranquilizador en abordar los problemas ecológicos; si Lovelock pudo describir a Gaia como ‘en estado de guerra’ y ‘tomándose su revancha’ contra los humanos, a los que compara con el ejército británico cercado en las dunas de Dunkerque, completamente desorientado (…), es porque la geohistoria no debe ser concebida como la gran irrupción de la Naturaleza capaz de pacificar nuestros conflictos, sino como un estado de guerra generalizado.”[1]

 

[1] Bruno Latour, Cara a cara con el planeta, Siglo XXI, Buenos Aires 2017, p. 91.