otro aspecto de la gran desproporción

Simios averiados, digo a veces. También podría decir: somos monstruos. Se me replicará acaso que la naturaleza no deja de producir toda clase de monstruos, y es verdad. Pero no la clase de monstruos que somos nosotros: los capaces de torturar, de fabricar bombas atómicas y letales virus de artificio, los monstruos capaces de genocidio y ecocidio.

Los racionalistas tenemos que hacérnoslo mirar, siquiera un poco… No porque haya nada malo en el ejercicio de la razón (¡al contrario!, resulta más necesario que nunca) sino por no haber tenido suficientemente en cuenta las taras de ese simio averiado que somos los Homo sapiens (sobre todo los varones de la especie), en cuyas manos el uso intensivo de la razón instrumental ha puesto un poderío tecnocientífico del todo descompensado con nuestras limitadas capacidades político-morales. Un uso adecuado de la “recta razón” y de las Luces ilustradas hubiera debido llevar consigo una autocontención en el desarrollo de la ciencia y la técnica que por desgracia no tuvo lugar.