manifiesto «no a la agresión militar contra cuba»

https://www.cubainformacion.tv/solidaridad/20260601/123137/123137-manifiesto-no-a-la-agresion-militar-contra-cuba-es-respaldo-en-universidades-y-comunidad-cientifica-del-estado-espanol-adhesiones

«Ante la escalada de amenazas y el discurso belicista que promueve el Gobierno de los Estados Unidos contra la República de Cuba, quienes abajo firmamos, integrantes del profesorado y del personal de universidades y centros de investigación, manifestamos nuestro más enérgico rechazo a cualquier forma de agresión militar.

Los recientes pronunciamientos del presidente estadounidense Donald Trump, así como las declaraciones de su secretario de Estado, Marco Rubio, que califican a Cuba como una «amenaza a la seguridad nacional» y reavivan públicamente el espectro de una intervención armada, constituyen una violación de los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. Este discurso viene acompañado de hechos que evidencian una preparación para la guerra, tales como el envío del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz al Caribe y la reciente imputación del expresidente Raúl Castro por supuestos hechos ocurridos hace 30 años.

La amenaza de una intervención militar por parte de la mayor potencia del planeta contra una pequeña isla no solo tendría consecuencias incalculables para la paz y la estabilidad regional, sino que supone de por sí un crimen internacional en su fase de formulación.

En el ámbito académico y universitario, no podemos permanecer impasibles ante la construcción de un relato que allana el camino hacia la guerra. Condenamos el uso de la desinformación y la presión mediática como armas al servicio de una agresión imperialista. Exigimos el cese inmediato de las amenazas, el fin del criminal bloqueo económico y energético que asfixia al pueblo cubano, y el pleno respeto a la soberanía y la autodeterminación de Cuba.

Frente a la lógica de la fuerza, reivindicamos el diálogo, la cordura y la paz.

Cuba no está sola.»

murió edgar morin

Murió Edgar Morin, uno de los grandes, y Manuel Casal Lodeiro dice que su madre suele comentar cuando muere gente tan vieja (104 años tenía Morin, nada menos): “No se ha muerto: se ha acabado”. Al coordinador de la benemérita revista digital 15-15-15 le parece “una expresión que contiene una profunda sabiduría acerca de la temporalidad de la vida humana, algo que nuestra cultura tanatofóbica insiste en hacernos olvidar”.[1]

“En sus últimos años, Morin utilizó el concepto de policrisis para describir la convergencia de múltiples crisis que se alimentan mutuamente. Crisis ecológica, crisis económica, crisis política, crisis democrática, crisis cultural y crisis del sentido forman parte de una misma trama histórica. La policrisis no es la suma de problemas independientes; es la expresión de una crisis sistémica de la relación entre humanidad y Tierra. Desde Abya Yala, esta idea adquiere una resonancia particular. Los incendios, las sequías, los desplazamientos humanos, la expansión de los minerales críticos y tierras raras, la mercantilización de los territorios y el debilitamiento de los derechos comunitarios son manifestaciones concretas de una policrisis que afecta tanto a las comunidades humanas como a los ecosistemas…”[2]

 

[1] Comunicación personal, 30 de mayo de 2026.

[2] Alfonso Madrid Echeverria, “Despedida a Edgar Morin desde Abya Yala: la Tierra como destino común en tiempos de crisis planetaria”, Le Monde Diplomatique (edición chilena), 31 de mayo de 2026; https://www.lemondediplomatique.cl/despedida-a-edgar-morin-desde-abya-yala-la.html

 

contra la criminalización de la protesta climática

https://educacionantifascista.org/2026/05/28/frente-a-la-criminalizacion-de-la-protesta-climatica-y-la-persecucion-de-quienes-defienden-la-vida/

Frente a la criminalización de la protesta climática y la persecución de quienes defienden la vida

Desde la Internacional Antifascista de Educación manifestamos nuestro apoyo absoluto y nuestra solidaridad con el filósofo, profesor y activista ecosocial Jorge Riechmann, así como con todas las personas represaliadas por participar en acciones de protesta climática pacífica.

Nos parece profundamente alarmante que, en pleno agravamiento de la emergencia climática, quienes alertan sobre el colapso ecológico y defienden el derecho colectivo a la vida digna puedan enfrentarse a penas de cárcel. La criminalización de la desobediencia civil no violenta constituye un grave retroceso democrático y un intento evidente de disciplinar, intimidar y silenciar a quienes cuestionan un modelo económico ecocida e incompatible con la sostenibilidad de la vida como es el capitalismo.

Este no es un caso aislado. Estamos asistiendo a un proceso cada vez más preocupante de judicialización de la protesta social y de persecución de voces críticas, mientras los verdaderos responsables de la devastación ambiental continúan actuando con impunidad. Se persigue a quienes denuncian el desastre, no a quienes lo provocan. Se castiga a quienes defienden el planeta, no a quienes lo destruyen.

Muchos de los avances democráticos y sociales han sidoposibles gracias a la desobediencia civil, a la movilización social y a la valentía de quienes se negaron a aceptar la injusticia como normalidad. Hoy, quienes alzan la voz frente al colapso climático cumplen una función ética, pedagógica y democrática imprescindible.

Resulta especialmente grave que se pretenda convertir en delincuentes a profesorado, investigadores, intelectuales y activistas comprometidos con el bien común. Defender la Tierra no es delito. Delito es destruir las condiciones materiales que hacen posible la vida. Delito es normalizar un modelo basado en el saqueo ecológico, la desigualdad y el sacrificio del futuro de las próximas generaciones.

Nos preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar impávidos la persecución de quienes luchan pacíficamente por la justicia climática y social? ¿Hasta cuándo se utilizarán mecanismos judiciales y represivos para intentar desactivar la protesta legítima y el pensamiento crítico?

Desde la Internacional Antifascista de Educación denunciamos este intento de amedrentamiento contra el movimiento ecosocial y reafirmamos nuestro compromiso con una educación crítica, emancipadora y comprometida con la defensa de la vida, la democracia y los derechos humanos.

Exigimos el fin de la criminalización de la protesta climática y reclamamos garantías efectivas para el ejercicio de la libertad de expresión, manifestación y desobediencia civil pacífica.

Porque cuidar la Tierra no es delito.

Porque alertar del desastre no puede ser castigado.

Porque defender la vida nunca será un crimen.

estar sentado entre dos sillas

Zwischen zwei Stühlen sitzen es una expresión idiomática alemana que significa, más o menos, no saber a qué carta quedarse (a veces: estar entre dos aguas). Me gustaría recuperar la imagen –estar sentado entre dos sillas– pero dándole otro sentido: sentarse no en una única silla, y también entre dos sillas (variadas), y también en bancos y escaleras, y también en el suelo. No contentarse con los cerramientos de las disciplinas y tender puentes: eso que mi maestro y amigo Paco Fernández Buey teorizaba como tercera cultura.

tiempo de exámenes

Exámenes. Mira uno a esos chicos y chicas mientras escriben, concentradas y diligentes, y se pregunta qué será de ellas dentro de diez, de veinte años… En la mayoría de nuestros estudiantes de filosofía encuentra uno amor por los libros, respeto por el saber, curiosidad intelectual, atención a la diferencia, cultivo de la creatividad, búsqueda de pensamiento propio… Y es que esta Facultad nuestra de Filosofía y Letras tiene algo de refugio, de reducto para quienes buscan un mundo mejor que debería ser posible. Que debería, pero que probablemente no lo será.

Ahora bien, “la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos”, escribe el Papa León en su encíclica recién publicada.

reseña de ‘donde el amor, allí el mundo’ -¡gracias a elena krause!

Donde el amor, allí el mundo.Por su fondo, Donde el amor, allí el mundo es una puerta a la riquísima biblioteca del pensamiento ecologista. Por su forma, también, es una muñeca matrioska. Una voz que contiene otra voz que a su vez contiene otra voz y otra y otra, porque —como en Gaia— el pensamiento es un cuerpo conformado por múltiples pieles. Capas y capas del conocimiento con el que nos obsequiaron aquellos que nos precedieron y aquellos que en este mismo instante están pensando con nosotros. Así, Jorge Riechmann es mucho más que un filósofo o que un excelente escritor, es un sereno que con una mano sostiene la luz que debe conjurar las tinieblas de nuestra ignorancia ecológica y con la otra sostiene un manojo de llaves imperfectas —pero honestas— que nos abren la puerta a las bases de una Nueva Cultura de la Tierra. Leer este libro es tomar una de esas llaves y abrir esa cancela.

El germen de este libro se recoge en otro ensayo anterior: Simbioética. Homo sapiens en el entramado de la vida (Plaza y Valdés, 2022). En aquellas páginas Riechmann nos hace tomar contacto con el neologismo simbioética. Una nueva manera de abrazar la biosfera, de orientar nuestras sociedades, nuestra forma de estar en el planeta basada en la simbiosis que, etimológicamente, significa «vivir en común o vivir juntos». Simbioética porque en nuestra radical ecodependencia e interdependencia, lo correcto y lo incorrecto; lo bueno y lo malo; la moral, aquello que tomamos como buen vivir; lo virtuoso; la felicidad; y el deber; todo aquello que rige la conducta humana ha de articularse en torno a la profunda asunción de que la vida que nos anima es el resultado de una íntima colaboración entre seres: vidas «que han de articularse con millones de otras formas de vida».

Donde el amor, allí el mundo se estructura alrededor de nueve bloques. Nueve bloques que recorren los grandes asuntos en los que se fundamenta la necesaria transformación cultural en este Siglo de la Gran Prueba. Estos son: la necesidad de una cultura Gaiana; la construcción de un pensamiento extramuros; y la defensa de un humanismo descentrado. O grandes debates como la cuestión de la población humana, la transición ecológica y los ambientalismos de lujo frente al ecologismo de emergencia. Continúa con un interesantísimo bloque dedicado a la esperanza. Y un capítulo final que da título al ensayo. Son algunos de los grandes ejes que atraviesan toda la obra del propio autor.

Los grandes problemas de la humanidad son el punto de partida: dominación, desmesura y xenofobia. Materializados en una tecnosfera que esconde un fuerte supremacismo humano cuyos instrumentos son la velocidad, la dominación, la agresión y la competencia. Al tiempo que construimos más autopistas y cercenamos cada vez más bosques, la expansión del mundo urbano-industrial —a la par que degrada y destruye el mundo natural— nos confunde, nos desencamina y nos desorienta.

Simbioética, teoría de Gaia y pensamiento sistémico

 

Portada de 'Simbioética' de Jorge Riechmann.
El ensayo que fue germen de Donde el amor, allí el mundo.

Es difícil reseñar un libro que se adentra en las complejidades de lo humano intentando abarcar todo aquello que forma parte de nuestro cosmograma. Aquellos puntos ciegos que hoy constituyen las razones por las que estamos dando la espalda no solo al único hogar posible que tenemos: este planeta, sino también al cuerpo al que pertenecemos: la biosfera. No obstante, lo intentaré. 

Partiendo de la teoría de Gaia y la simbiogénesis como marco ideológico, Riechmann comienza ponderando entre unas éticas y otras: ¿éticas biocéntricas frente a éticas ecocéntricas? ¿Perder de vista al individuo por proteger a Gaia? Para resolver esta dicotomía, en una lúcida cabriola del pensamiento, nos desvela que lo necesario es una ética que nos coloque en un punto de partida sin centro, una ética descentrada, puesto que conceptualizar la naturaleza como algo separado y externo a nosotros es un error de base. Si la vida propicia la vida, ¿dónde está el centro?: y así, desde esa premisa, nos lleva de la mano al neologismo fluminista de Ginny Battson. Una ética del amor, que retomando el concepto de la realidad-río de Heráclito y una ontología procesual y relacional como base, valora en primer lugar los procesos vitales interconectados esenciales para la prosperidad de la vida. Una ética que no cede al holismo moral ni renuncia a la idea de florecimiento individual y que pone el foco en los procesos interconectados.

El fluminismo de Battson es una forma de honrar la red de la vida, una trama cuya regla maestra, que redunda en la expansión y la enorme fortaleza de esta «Tierra viviente», es la simbiosis. Autopercibirnos como simbiontes es descentrarnos. O ¿acaso es más importante que tú, tu flora intestinal? De esta manera y congruente, otro de los puntales a los que Riechmann presta atención es el enfoque sistémico y multifuncional (tan ausente) que nos haría renegar de reduccionismos de todo pelaje. Si las reglas que rigen la vida en la biosfera se asimilan a las de un superorganismo, a las de un holobionte (no solo como metáfora, también como realidad empírica), el pensamiento sistémico nos incita a concluir que no hay partes en absoluto, sino patrones dentro de una red de relaciones. En una visión sistémica de la biosfera constataremos que los seres vivos son redes de relaciones inmersas en redes mayores; y no una simple colección a modo de acumulación inconexa[1].

Construir pensamiento extramuros

 

Jorge Riechmann en los bosques del señorío de Bertiz, en 2021. Foto: M. Beltrán.
Jorge Riechmann en los bosques del señorío de Bertiz, en 2021. Foto: Marta Beltrán.

Ahora ya tenemos definidos algunos de los pilares centrales que nos permitirán reconocer este atroz antropocentrismo que atraviesa todos los aspectos de nuestras formas humanas de organizarnos. Vivimos encerrados en cápsulas de comodidad, sumidos en nuestros ombligos, aislados en ciudadelas cercadas que no nos permiten ver la vida que bulle más allá de esas murallas. A eso, a romper esas murallas, Riechmann lo ha venido a llamar pensamiento extramuros, una definición en extremo gráfica: romper con las losas de nuestros mitos, salir al exterior (a la naturaleza) y tomarnos en serio la materia, la energía, el territorio, los ecosistemas y las dinámicas evolutivas. No se es suficientemente materialista si solo hablamos de opresión, plusvalor y correlación de fuerzas y olvidamos nuestro metabolismo ecosocial, nuestra pertenencia a la biosfera. No se es suficientemente materialista si no damos espacio político (y real) al río o a la montaña o al resto de seres vivos. Necesitamos un nosotros solidario y compasivo con todos los seres terrestres. 

Riechmann nos dice: «Hay que salir al exterior, extramuros. Hay que desafiar el antropocentrismo que nos parece tan natural. Hay que situar la aventura humana en el marco de la historia de la Tierra». Y más adelante, nos recordará que lo que importa es ser anti-antropocéntrico (declinado como anti-androcéntrico y anti-especista) y que en positivo esto conducirá hacia una ética de la simbiosis.

Según la Unesco, cultura es el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social. La cultura engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, creencias y tradiciones. En consecuencia, para materializar nuestra nueva cosmovisión es imprescindible redefinirla. Por tanto, frente a una cultura de la dominación y la crueldad necesitamos una cultura basada en la compasión, en el discernimiento del sufrimiento del otro, y en el deseo —y la acción— de aliviar, reducir o eliminar por completo su dolor. Frente a una cultura de la explotación y el lucro necesitamos una cultura ecofeminista que ponga en el centro los cuidados y reniegue de la dominación sobre la naturaleza y sobre el cuerpo de las mujeres y otros cuerpos. Y, al fin, frente a una cultura atravesada por el mecanicismo y alejada del pensamiento sistémico, necesitamos una cultura basada en la teoría de Gaia porque, si reconocemos la simbiosis como el mecanismo evolutivo por excelencia en este planeta (la llave maestra), estamos reconociendo que nosotros somos los otros, que no hay vidas más valiosas. Llegar ahí es abrazar nuestra radical ecodependencia y asumir que «los seres humanos no somos la única sede de valor, o las únicas criaturas agraciadas con una singular propiedad llamada dignidad».

Este sería el sustrato fértil en el que crecería el tallo fuerte de una nueva cultura gaiana, pero además tendríamos que abjurar de nuestra desmesura destronando a la tecnología, aspirando a sociedades humanas biomiméticas y a sociedades solares y sobrias, porque como dice Jorge Riechmann no se puede obviar el componente asceta del ecologismo por el que, en cualquier sociedad humana correctamente inserta en la biosfera, regiría el principio de autolimitación (contenerme para dejar existir al otro) y el principio de prudencia.

Descentrarnos

Me detengo ahora en el bloque titulado: «Por un humanismo descentrado» Aquí, el autor vuelve sobre la necesidad de descentrarnos. Y de la mano de Joaquín Araujo, evocando a su vez a Miguel Hernández, nos insta a superar las tres heridas:

La sima que existe entre los poderosos-ricos y los sometidos-pobres; la que descubrimos entre la humanidad y la naturaleza; y la no menor que desencuentra a cada uno de nosotros con nuestra propia naturaleza. Porque también hemos fracturado las conexiones de cada uno con la condición humana, con un verdadero humanismo, siempre propuesto, jamás alcanzado, pero hoy más lejos que nunca.

Buscar un humanismo no antropocéntrico —y no, no es una contradicción— sería descentrarnos con respecto a la tradición judeocristiana y cuestionar la figura del hombre como centro y corona de la creación, arquetipo del supremacismo humano.

Somos, nos define Riechmann, simios averiados, seres ego-centrados alrededor de un vacío, holobiontes en un planeta simbiótico, animales con responsabilidades especiales y criaturas capaces de transformarse en conciencia a sí mismas. Deberíamos ser capaces de descentrarnos. Necesitamos una profunda deshumanización en dos sentidos[2]. En un primer lugar, en el sentido ecológico del término en tiempos de Antropoceno (o Capitaloceno), necesitamos contraer nuestras actividades, retroceder, decrecer para dejar espacio ecológico al resto de seres vivos. Sería «deshumanizar la Tierra para que la vida florezca; también la vida humana, aunque suene paradójico». Pero, además, necesitamos deshumanizarnos en un sentido íntimo y liberarnos de nuestra inclinación egocéntrica al autointerés. Y esto es ineludible, estas deshumanizaciones sucederán en el siglo XXI. Ya que la concepción de que solo importa el ser humano o de que tenemos el control declinará en esta centuria[3].

Estamos en derrota, nunca en doma

 

Jorge Riechmann en los jardines de la Granja de San Ildefonso, ante una gran haya. Foto: Marta Beltrán.
Jorge Riechmann en los jardines de la Granja de San Ildefonso, ante una gran haya. Foto: Marta Beltrán.

No hace mucho, Antonio Guterres denunciaba que las naciones industriales habíamos abierto las puertas del infierno. Esto conlleva que no hay forma de evitar los peores escenarios sin abandonar los combustibles fósiles lo que, a su vez, supondrá una contracción económica de emergencia ya que el capitalismo global es subsidiario del petróleo por completo. Necesitamos decrecer aquí, en el Norte global, y decrecer (que significa en esencia empobrecernos según el estilo de vida estándar) requerirá reformular nuestra concepción de la vida buena. Y en esto, el ecologismo es el invitado que llega a la fiesta y pone encima de la mesa una calavera que nos obliga a mirar al futuro y a renegar de la aceleración y el consumismo voraz. No obstante, como el mayor triunfo del capitalismo ha sido y es el cultural, el diagnóstico del ecologismo social, ese que defiende una humanidad autocontenida en un mundo igualitario y justo, no es bienvenido. Por eso considero muy pertinente el bloque en el que Riechmann preconiza la necesidad de abrazar la esperanza. 

Con toda seguridad, el trabajo primordial es construir una Nueva Cultura de la Tierra, una que nos permita, al fin, asumir nuestra condición de simbiontes. Y esta enorme tarea pasa por deconstruir las estructuras que nos rodean y nos empujan a los abismos de la extinción y, también, pasa por autoconstruirnos a nosotros mismos reformulando cómo y de qué manera podemos satisfacer nuestras necesidades sin pesarle a la biosfera. Un trabajo político y colectivo; y un trabajo individual y espiritual al que Riechmann llama conversión.

Pero esa humanidad autocontenida significa renuncias. Renunciar «al espacio ecológico que ocupamos; a la explotación neocolonial; al abuso patriarcal sobre las mujeres; a ese entretenimiento que desvalija nuestra conciencia y nuestra atención; y al confort que encubre las estructuras del crimen». Simplificar para vivir dentro de los límites del planeta y a su vez cubrir las necesidades de toda la humanidad. Una tarea titánica para nosotros pobres simios anclados a nuestros sentidos y a nuestras subjetividades.

Para no desarmarnos, nosotros, los ecologistas, a los que a menudo se nos acusa de catastrofismo porque tenemos la osadía de mirar al cielo y señalar al cometa —en ese ir contra corriente— debemos enhebrar una práctica sólida en torno a la esperanza. Pero una vez más, Riechmann pone patas arriba el común de los sentidos y va más allá proponiéndonos una esperanza contrafáctica, ajena a la psicología del optimismo, que nace del imperativo categórico kantiano. Una esperanza ligada a la acción a pesar de la conciencia del probable fracaso. Actuar sin autoengaño, con determinación, generosidad y amor. La esperanza sería así una forma de energía, no una garantía. Trabajar —intentarlo— puesto que en este mundo roto reparar algo, una sola cosa, solo un poco, ya es mucho. Parafraseando unos versos de Juan Gelman, diremos que de desaliento, trabajo y esfuerzo está forjada nuestra esperanza.

Por último, quiero enfatizar lo hermoso de este verso de Juan Ramón Jimenez: «Donde el amor, allí el mundo» que da su nombre al libro. Y lo haré recurriendo a unos renglones leídos en ¿Derrotó el smartphone al movimiento ecologista? Allí, Jorge Riechmann escribe:

Deberíamos dar un salto cualitativo en ciertas dimensiones básicas de valor (cooperación, cuidado, igualdad, sustentabilidad, biofilia) y organización social, salto del que cabe hablar en términos de conversión. Pero como se ve, ni siquiera los observadores más lúcidos que otean desde la atalaya de la cultura dominante (tipo Ian Morris) conceden el menor crédito a la opción de amarnos los unos a los otros.

Imposible obviarlo, cuando sabemos que este será el siglo en el que la derrota de los glaciares —entre otras— acarreará migraciones masivas como nunca antes presenció la humanidad. Imposible no preguntarse cómo vamos a resolver la imperiosa necesidad de millones de seres por su derecho no solo a una vida digna, sino a la propia vida. ¿Cómo lo vamos a afrontar de una manera mínimamente ética, mínimamente digna y mínimamente gaiana, si no es con amor? O, como escribe nuestro autor: «La esperanza no puede venir de ninguna clase de confianza desinformada en el futuro, sino de la fuerza de los cuerpos que se abrazan ahora». Sí, en la oscuridad que hoy nos envuelve, esta es la pequeña llama, que entre las manos Riechmann nos entrega.

Levántate y piensa[4]

En esta reseña no me he ocupado de algunas cuestiones desarrolladas con maestría por el autor como son el problema demográfico de la población humana o el bloque dedicado a lo que es y lo que no es la transición ecológica. No lo he hecho porque son temas algo más tratados. También he omitido el diálogo coral de las innumerables voces que Riechmann maneja para cimentar sus tesis. Lo he omitido por pura incapacidad de seleccionar, extractar y citar aquello que me parece más relevante. Creo que este ensayo es un poco Rayuela, que tiene una y mil lecturas. Y no, no son teorías, sino embriones en ciernes que nos abren a mundos nuevos, que nos sacan de la costumbre perezosa y timorata de pensar que la manera en que vivimos ahora es la única manera en que se puede vivir[5]. Así pues, no dejes de leerlo, no dejes de subrayarlo y no dejes de recomendarlo. Y sobre todas las cosas, levántate y piensa.

Tratamiento digital de un fragmento de la imagen de portada del libro, a partir del cuadro The Doryman, de N. C. Wyeth (1938).

Notas

[1] Fritjof Capra, La trama de la vida, p. 57.

[2] Cita aquí a Joseba Azkarraga.

[3] Cita aquí a Paul Kingsnorth.

[4] Julio Anguita, «Levántate y Piensa«.

[5] Ursula K. Le Guin, Contar es escuchar.

juicios climáticos: comunicado de apoyo desde la Internacional Antifascista de Educación

Frente a la criminalización de la protesta climática y la persecución de quienes defienden la vida

Desde la Internacional Antifascista de Educación manifestamos nuestro apoyo absoluto y nuestra solidaridad con el filósofo, profesor y activista ecosocial Jorge Riechmann, así como con todas las personas represaliadas por participar en acciones de protesta climática pacífica.

Nos parece profundamente alarmante que, en pleno agravamiento de la emergencia climática, quienes alertan sobre el colapso ecológico y defienden el derecho colectivo a la vida digna puedan enfrentarse a penas de cárcel. La criminalización de la desobediencia civil no violenta constituye un grave retroceso democrático y un intento evidente de disciplinar, intimidar y silenciar a quienes cuestionan un modelo económico ecocida e incompatible con la sostenibilidad de la vida como es el capitalismo.

Este no es un caso aislado. Estamos asistiendo a un proceso cada vez más preocupante de judicialización de la protesta social y de persecución de voces críticas, mientras los verdaderos responsables de la devastación ambiental continúan actuando con impunidad. Se persigue a quienes denuncian el desastre, no a quienes lo provocan. Se castiga a quienes defienden el planeta, no a quienes lo destruyen.

Muchos de los avances democráticos y sociales han sido posibles gracias a la desobediencia civil, a la movilización social y a la valentía de quienes se negaron a aceptar la injusticia como normalidad. Hoy, quienes alzan la voz frente al colapso climático cumplen una función ética, pedagógica y democrática imprescindible.

Resulta especialmente grave que se pretenda convertir en delincuentes a profesorado, investigadores, intelectuales y activistas comprometidos con el bien común. Defender la Tierra no es delito. Delito es destruir las condiciones materiales que hacen posible la vida. Delito es normalizar un modelo basado en el saqueo ecológico, la desigualdad y el sacrificio del futuro de las próximas generaciones.

Nos preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar impávidos la persecución de quienes luchan pacíficamente por la justicia climática y social? ¿Hasta cuándo se utilizarán mecanismos judiciales y represivos para intentar desactivar la protesta legítima y el pensamiento crítico?

Desde la Internacional Antifascista de Educación denunciamos este intento de amedrentamiento contra el movimiento ecosocial y reafirmamos nuestro compromiso con una educación crítica, emancipadora y comprometida con la defensa de la vida, la democracia y los derechos humanos.

Exigimos el fin de la criminalización de la protesta climática y reclamamos garantías efectivas para el ejercicio de la libertad de expresión, manifestación y desobediencia civil pacífica.

Porque cuidar la Tierra no es delito.

Porque alertar del desastre no puede ser castigado.

Porque defender la vida nunca será un crimen.

Internacional Antifascista de Educación

Mayo de 2026

25 a 30 de agosto en la granja (segovia): xvi universidad de verano anticapitalista -abierta ya la inscripción

Ya está aquí el programa de la XVI Universidad de Verano Anticapitalista. 25 a 30 de agosto en La Granja (Segovia): una semana de formación, encuentro y cultura para alimentar la organización y el pensamiento estratégico ecosocialista contra el capitalismo y la extrema derecha. http://unianticapi.info

 

26 de mayo de 2026, madrid: tuvo lugar el juicio por la acción del 7 de octubre de 2019

Nuestro caso (Marina, Paco y yo) quedó visto para sentencia, y es un poco ocioso especular sobre qué ocurrirá… Pero esperemos que no se dé crédito a la falsa versión de los hechos de la policía (no hubo ninguna «resistencia grave a la autoridad»), y seamos absueltos.

La cuestión de fondo es que, como en tantos otros ámbitos de esta sociedad disfuncional nuestra, los medios devoran a los fines: en un juicio así no puede ni mencionarse el peligro existencial del calentamiento global (que motivó nuestra protesta el 7 de octubre de 2019), y todo se reduce a calibrar si usted se levantó o no del suelo con la debida diligencia cuando los policías antidisturbios querían abrir el paso al tráfico rodado con la máxima urgencia posible.

Amigos, amigas, miremos hacia la Luna en vez de quedarnos embobados mirando el dedo. Miremos hacia arriba (desoyendo la intimación del sistema que resuena cada vez con más fuerza: Don’t Look Up). En torno a los juicios climáticos de estos días, de estos meses, se dirimen dos enormes –gigantescas– cuestiones: 1) la degradación acelerada de la democracia y 2) el avance rápido hacia un planeta Tierra inhabitable para los eres humanos. Hacia eso hay que mirar, y no cejar en nuestros esfuerzos.

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Juicios contra activistas climáticos: quieren convertir la protesta pacífica en delito. Intervención en el programa de la SER «A vivir que son dos días», 30 de mayo de 2026:

https://cadenaser.com/audio/1780124105109/

«Jorge Riechmann, un filósofo a la espera de sentencia»: intervención en el programa de R5 «Reserva natural», 31 de mayo de 2026:

https://www.rtve.es/play/audios/reserva-natural/jorge-riechmann-filosofo-espera-sentencia/17091863/

https://mastodon.social/@enriquesantiago/116639955070609719

https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/filosofo-alerto-desastre-climatico-podria-carcel-quieren-matar-mensajero.html

https://x.com/anticapiMadrid/status/2059239650745586082

https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/arranca-juicio-tres-activistas-bloqueo-puente-castellana

https://youtu.be/Wx-ToL1_Kj8?si=PIgR4nbS8aIOJYU9

https://www.elperiodico.com/es/tendencias21/20260527/tres-activistas-climaticos-juzgados-madrid-130698654

https://x.com/PoderPopularWeb/status/2059540619035295765

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https://www.15-15-15.org/webzine/2026/02/12/nos-adherimos-al-llamamiento-contra-la-criminalizacion-de-la-protesta-climatica/

Comenta Aurora Despierta: «La peor faceta de esta represión, además del coste personal, es que, si no hay una protesta generalizada, puede sentar un serio precedente para alentar futuras medidas represivas con el objeto de desalentar la lucha por salvarnos de la catástrofe climática y medioambiental en general, que es el verdadero asunto de fondo de todo esto, la cuestión esencial, existencial, y no supuestas infracciones legales en las que no está en juego nada importante, salvo un mal entendido sentido de la autoridad y que, por ello, son menudencias.
De hecho, se ha producido ya un gran parón en las movilizaciones por el clima, a raíz del obstáculo que supuso la pandemia de la covid-19 desde 2020. Y eso ha redundado en un empeoramiento del estado del planeta (más emisiones de CO2, etc.) y del peligro para el futuro de la humanidad. El castigo penal, solo puede contribuir a ese efecto paralizante y sus nefastas consecuencias.
Si el Estado de verdad estuviese por la defensa de nuestra supervivencia, pondría todos sus medios en eso, y no su celo en entorpecer y castigar a quienes luchan por ella ante la irresponsabilidad consciente y escandalosa de los empresarios y la pasividad cómplice del Estado. El Estado, en vez de perseguir con contundencia a los grandes empresarios y otras autoridades con evidentes responsabilidades en la catástrofe en la que ya estamos inmersas, lo hace con quienes, sin violencia, se oponen a ello ante la pasividad del Estado. No debiera haber castigo para estos, e impunidad para aquellos, porque la justicia tenga una lupa para quienes protestan y un punto ciego para quienes contaminan al amparo de la ley.
Los poderosos, para imponerse, no necesitan alterar el orden, se sirven de él, normalizando la situación. Sus víctimas, si aspiran a ser atendidas, se ven presionadas a romper esos límites de la «normalidad», pasando entonces a convertirse en el supuesto peligro, la amenaza, los malos de la película. Además de víctima, culpabilizada, demonizada y criminalizada.
Así, el Estado y la justicia, demuestran, en los hechos, de qué lado está, y que en vez de ser parte de la solución, prefiere ser parte activa del problema. Las generaciones futuras tendrán memoria de esto, de que, en los tiempos críticos, cuando la situación era casi desesperada, la justicia no fue justa, no estuvo del lado de nuestra salvación, sino dificultándola, contribuyendo a la llegada de la catástrofe que nos amenaza hasta con la extinción (si incluimos la guerra en preparación, y la guerra nuclear como su consecuencia), y ganándose así su definitivo descrédito.
Un paso mínimo, aunque insuficiente, en la dirección correcta (para no empeorar las cosas), sería la absolución de todos los encausados.

En refuerzo de la opinión expresada anteriormente, un asunto relevante. La justicia española debiera tener en cuenta la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, de la ONU, sobre la responsabilidad de los Estados ante el calentamiento global, y en consecuencia, el derecho que tenemos los ciudadanos para reclamarla. Véase el artículo en esta revista https://www.15-15-15.org/webzine/2025/12/18/obligacion-del-estado-de-mitigar-el-cambio-climatico-la-opinion-consultiva-de-la-corte-internacional-de-justicia/#comment-438212
La responsabilidad principal está en el Estado, no en la reclamación ciudadana para que se cumpla y lo que haga para ser atendida de verdad y pronto. No se debería poner el acento en la responsabilidad de la ciudadanía, habiendo negligencia en sus responsabilidades, por parte del Estado. Cuando además, en la ciudadanía, esa exigencia recae, con mucho peso, sobre las espaldas de personas físicas, muy vulnerables; pero la responsabilidad del Estado, aunque se admita, es más fácil de diluir entre instituciones, legislaturas, diferentes gobiernos, etc., y que, finalmente, no haya ninguna persona que responda de nada, a lo más, algún cese de cargo. El Estado que incumple su deber no puede terminar en la cárcel, pero el ciudadano que lo exige desesperado y exasperado, sí, porque es muy fácil que, incluso sin violencia, trasgreda alguno de los muchos límites que, para él, con excesivo rigor, establece la ley. Y ello, pese a que el perjuicio que haya podido causar la protesta ciudadana, más si ha sido pacífica, sea de imposible comparación con el que podría causar el Estado, al estar en dimensiones totalmente diferentes, siendo la de éste, medible en muchos centenares de años incluso más, para miles de millones de personas, y con innumerables pérdidas materiales. ¿Duro castigo para unos e impunidad, de hecho, para otros?. Sería injusto. Menuda paradoja: la aplicación por el Estado, del castigo de la ley, por una cuestión muy menor, para quien protesta por el incumplimiento por el Estado, de la ley y obligación moral e histórica, ante su país y la Humanidad, del mayor rango imaginable (junto con la de impedir la guerra nuclear). En ese caso, el Estado se estaría sirviendo de la ley, contra la ciudadanía, para él poder incumplir, impunemente, con la ley o principio de justicia de infinito mayor rango, se mire como se mire.
¿Cuántas veces ha demostrado la historia, por todo el mundo, que la razón estaba de parte de quienes, por defenderla (como durante el franquismo), fueron tratados como delincuentes, y hasta muertos por ello?. Pero no buscamos que, a posteriori, la historia nos lo confirme, si es al precio de una catástrofe para la Humanidad; ni tampoco que, finalmente, supuestamente, se pudiese juzgar a los verdaderos máximos responsables (si todavía viviesen); sino que ahora no se incurra en ese error y se contribuya así a evitar el posterior horror. Por tanto, ¡absolución de todos los encausados!.
Y luego las preguntas. ¿Podemos confiar y queda tiempo ya para esperar que el Estado asuma de verdad su responsabilidad climática?. ¿Será el Estado el que deba responder ante los tribunales?. ¿Qué se puede esperar del sistema de justicia?. Véase esta noticia https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/constitucional-admite-demanda-reactiva-juicio-clima ; https://www.rtve.es/noticias/20241217/constitucional-primer-litigio-inaccion-climatica-espana/16375968.shtml ; https://www.rtve.es/noticias/20240408/litigios-climaticos-tribunales-europa-banquillo-acusados/16047121.shtml .
Un buen lugar para ir haciendo un seguimiento de este asunto, es el blog de Jorge Riechmann https://tratarde.org/ . Riechmann ha dado esta reciente entrevista https://www.lavanguardia.com/natural/20260216/11466548/jorge-riechmann-filosofo-carcel-protestar-inaccion-climatica.html »

 

 

 

gracias a quienes nos acompañasteis ayer tarde en el círculo de bellas artes, en madrid -y un texto de joaquín araújo

Vivimos ayer tarde, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, un tiempo compartido inolvidable de amor, poesía y lucidez. «Por el tronco hacia la altura», como dicen las palabras de Garcilaso que se evocaron en cierto momento. Todo lo dicho y cantado merecería recuerdo (por desgracia, no se grabaron las intervenciones), pero recojo aquí, como muestra, la intervención del maestro Joaquín Araújo (como lo presentó Paula Pita, quien condujo el acto: agricultor ecológico, plantador de árboles, reforestador de conciencias, naturalista y escritor). Y que la vida, sí, nos atalante.

Para RIECHMANN (y Paco del Pozo, y Marina M. Martínez)

Dada la evidencia de que poco o nada acapara más que el olvido nos animamos a recordar
Y RECORDAMOS QUE
Nos acompaña la compasión. Compasión hacia todo lo que no quiere ser otra cosa que lo que ya es.
El propósito del pensamiento y el activismo ecológicos es respetar los propósitos. del resto de lo viviente.
Por eso escuchamos los lenguajes sin palabras de la Natura.
Somos, pues, cómplices de la continuidad de lo vivaz.
Buscamos restaurar los equilibrios entre lo que ha sido y lo que solo quiere volver a serlo.
Nos enseña la decente docencia de la austeridad, la lentitud y la belleza e
Intentamos fertilizar armonías sumando nuestra admiración a los paisajes todavía no destruidos.
Al haber comprobado que no hay sabiduría mayor que la del abrazo -es decir las simbiosis- intentamos emularlas.
Denunciamos y combatimos, en consecuencia, los parasitismos. El mayor de los cuales es el modelo económico
Exigimos que cese la conversión de aires, aguas y tierras en ingentes vertederos que solo consiguen una humanidad cada día más enferma.
No somos violentos ni siquiera con la ignorancia que incesantemente nos agrede.
Nuestro objetivo de liberar a todos, sin excepción, de la codicia de los listos. ciertamente desata descalificaciones casi siempre basadas en mentiras y calumnias.
Frente al supremacismo que toda codicia cría nosotros, como el bosque o los mares, solo excluimos el excluir.
Informados por el conocimiento positivo, lo que menos miente, somos parte de una rebelión científica
Buscamos la paz doblemente desarmados. No solo NO A LA GUERRA, NO TAMBIÉN A LAS ARMAS
Todo ello lo hacemos desde un arreciado altruismo. Nada monetario ganamos con nuestras acciones. No queremos poder alguno. No pedimos votos.
Nuestras ideas y compromisos morales no trafican y mucho menos comercian con poder alguno.
Solo intentamos enseñar a elegir lo que prefieren Y prefieren, como nosotros, lo lento, limpio, sano, bello, femenino, igualitario y vivaz
Por mucho que los ignorantes teman nuestro pacifismo no podemos admitir que se juzgue y menos se condene a nadie por manifestarse a favor de la salud de todos, siempre ligada a la calidad del aire.
Por defender a nuestro mayor servidor público la atmósfera. nadie debe ser multado y mucho menos encarcelado.

GRACIAS Y QUE LA VIDA OS ATALANTE


(Carmen Madorrán y Adrián Almazán en la lectura inicial del manifiesto de la convocatoria)

 

una entrevista para ‘izquierda diario’: frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema

Jorge Riechmann: «Frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema»

https://www.izquierdadiario.es/Jorge-Riechmann-Frente-a-peligros-existenciales-haria-falta-unir-fuerzas-para-transformar-el

Irene Olano, 25 de mayo de 2026

El 26 de mayo se juzgará en Madrid a tres activistas climáticos, entre ellos el profesor de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid Jorge Riechmann, por una acción de desobediencia civil pacíficas realizada en el otoño de 2019. Ese día habrá una concentración frente al juzgado en apoyo a los activistas, reclamando el derecho a la protesta y denunciando la creciente represión contra el activismo. Hablamos con Riechmann sobre su causa.

 

  1. Te enfrentas a dos juicios por acciones de desobediencia civil. En el primero se te acusa de resistencia a la autoridad por el corte de calle de 2019, y en otro de atentar contra el patrimonio histórico por la acción de Rebelión Científica en el Congreso en 2022. ¿Podrías explicar cómo fueron esas acciones?

Jorge Riechmann. Sí. Quizá lo que tiene más sentido es recordar cómo, en aquel momento, en 2018 y 2019, hubo una oleada de movilizaciones climáticas muy importante. Fue un momento en el que parecía que iba reuniéndose fuerza social suficiente como para lograr cierto cambio de rumbo.

Además, seguramente representó una experiencia decisiva para mucha gente muy joven. Aquellos fueron los años, 2018 y 2019, en los que esta cuestión llegó con fuerza a los institutos: el ejemplo de Greta Thunberg, Fridays for Future… Parecía que toda una generación iba a incorporarse por ese camino a las luchas ecosociales.

Luego, por desgracia, llegó 2020, con el encierro pandémico y todos los efectos negativos que ha tenido. Aquella oleada de movilización se detuvo bastante en seco. Pero 2019 fue un momento en el que parecía importante echar toda la carne en el asador, si es que se podía.

En ese marco tuvo lugar aquel corte, entre las muchas acciones que se estaban desarrollando en todo el mundo. En Madrid cortamos el tráfico en el puente elevado sobre la Castellana, cerca de Nuevos Ministerios. Allí coincidimos unas trescientas personas que veníamos de distintos contextos, asociaciones y grupos.

Fue una acción organizada por Rebelión por el Clima y Extinction Rebellion que salió muy bien. Conseguimos llegar hasta lo alto del puente, lo cerramos y aguantamos allí un tiempo, entre una hora y media y dos horas, hasta que nos fueron desalojando poco a poco. Aquello se prolongó también en una acampada junto a Nuevos Ministerios, frente al Ministerio de Transición Ecológica, que trató de ejercer presión sobre el Gobierno para lograr una gestión climática un poco más decidida. Ese fue el contexto y el desarrollo de la primera de esas dos acciones.

En el caso de la segunda, en la primavera de 2022, se trataba ya de un momento algo diferente, pero con la conciencia de que la situación ecológico-social en general, y climática en particular, seguía degradándose muy rápidamente. Y también con la conciencia de que las respuestas que supuestamente estaban dando las autoridades, las empresas y buena parte de los actores sociales no estaban ni de lejos a la altura de lo necesario.

En ese momento, lo específico fue el intento de movilizar también a investigadores e investigadoras. A partir de Rebelión Científica se formó esa iniciativa, que fue la convocante de la acción de abril de 2022. Unas pocas decenas de personas, unas setenta u ochenta, conseguimos acercarnos con éxito, sin ser descubiertas, hasta el Congreso de los Diputados.

Allí la forma de protesta consistió, por un lado, en arrojar un líquido biodegradable (que simulaba sangre) sobre las escaleras y las columnas del Congreso. Después hicimos una sentada, con materiales y pancartas, y mantuvimos esa forma de protesta hasta que también nos fueron retirando poco a poco.

En la primera de esas acciones nos detuvieron finalmente a tres personas, que somos las que afrontaremos el juicio del 26 de mayo: Paco del Pozo, Marina M. Martínez y yo. En la segunda acción fuimos detenidas quince personas, y un poco más adelante también seremos enjuiciadas por esa acción.

  1. Sobre todo en relación con la primera causa, de la que hace ya siete años, ¿cómo interpretas políticamente que se persiga al movimiento ambiental, que os detuvieran a tres personas y que ahora os lleven a juicio?
  2. En muchos sentidos vivimos en un mundo al revés. En una especie de gran inversión de las cosas: y esto es una pequeña manifestación de ello. Hay otras mucho más enormes, que tienen que ver con la gestión de la economía, con la organización política o con los contrasentidos culturales. Pero esto también es una pequeña manifestación de esa suerte de mundo al revés en el que estamos viviendo.

Podríamos verlo con un poco de distancia. A veces imaginamos: si bajara un platillo volante con marcianos y nos observaran, ¿de qué manera interpretarían esto? Frente a lo que es realmente un peligro existencial, donde lo que nos estamos jugando es la habitabilidad de la Tierra para seres como nosotros —una de cuyas manifestaciones, la más visible, es el calentamiento global, aunque es solo una—, frente a ese riesgo existencial en el cual ni siquiera está excluida, por desgracia, la extinción de la especie, haría falta ser capaces de unir fuerzas para transformar el sistema.

Haría falta avanzar hacia una transformación sistémica sin la cual no hay salida frente a estos problemas. En lugar de eso, lo que tenemos es una represión creciente de muchas protestas ecologistas en buena parte del mundo: en el norte y en el sur. De manera mucho más despiadada y brutal en el sur, pero también de forma creciente en el norte, con la introducción de legislación pensada justamente para la represión de esta clase de protesta. Así nos dañamos a nosotros mismos como sociedad.

  1. Esta causa llega en un momento en el que vemos muchos casos distintos de represión. Pienso, por ejemplo, en los trabajadores del metal de Cádiz, que están peleando no solo por sus derechos laborales, sino también contra las listas negras que les impiden volver a trabajar. Están las 7 de Somosaguas, encausadas por la extrema derecha. Han estado las de La Suiza. En Zaragoza también han sido encarcelados chavales por protestar contra Vox. Ahora hay una nueva causa contra dos profesores de Zaragoza por tirar unos dardos, en una fiesta popular, contra la cara de Abascal y de otros líderes de la derecha internacional, a modo de broma. A las 8 de Becerril van a juzgarlas por participar en el boicot a Israel durante La Vuelta ciclista, en septiembre de 2025. Y también está la represión al movimiento democrático catalán, con infiltraciones y todo tipo de prácticas. Los institutos catalanes están ahora enfrentándose con la posibilidad de tener mossos en los centros.

¿Ves alguna lógica compartida en estos casos de represión?

  1. Vivimos en Estados donde hay un aparato de Estado que no cambia mucho cuando cambian los gobiernos, y que tiene como función principal mantener el orden existente. Lo de Catalunya impresiona. Y no solo por las huelgas (junto a las de ahora mismo en el País Valenciano). El hecho de que la convivencia en lugares como los institutos parezca degradarse tanto debería hacernos pensar mucho. ¿Qué tipo de sociedad hace falta tener, o considerar razonable, para poner policía dentro de los institutos? Asistimos a todas esas formas de represión frente a cuestionamientos del orden existente, y sí creo que hay una conexión entre ellas.

Viéndolo con un poco de perspectiva, lo que sucede también es que nos encontramos en una fase de esto que yo llamo el «Siglo de la Gran Prueba». Una fase en la que los problemas se van agudizando, se van haciendo más intratables y afectan también de forma más directa a la vida cotidiana de la gente.

Por ejemplo, los problemas ecológicos van tocándonos más de cerca. A pesar de todos los mecanismos que el centro del sistema tiene para expulsar hacia las periferias buena parte de estas dificultades, aun así nos van tocando cada vez más de cerca.

Eso hace que el terreno para lo que antes podían parecer soluciones de compromiso vaya siendo cada vez menor. Hay menos espacio y menos tiempo para seguir haciendo como si nada. Esas políticas del “como si” han caracterizado en buena medida la manera en que nuestras sociedades han abordado cuestiones como el calentamiento global durante décadas. La acción eficaz necesaria se ha ido posponiendo y posponiendo.

En cambio, ahora se va viendo que tenemos menos tiempo y que los cambios sistémicos que mencionábamos tendrían que ser muy profundos y muy rápidos. En esa tesitura, es como si se fueran extremando las respuestas. Lo que vemos son formas políticas que se van acercando al fascismo, o directamente formas de fascismo (que podríamos llamar “fascismos de fin de mundo”), en muchos lugares. Y las políticas basadas en la cooperación, en la justicia ecosocial, en la recuperación y defensa de los bienes comunes (que son el camino que tendríamos que seguir) ven también estrechado su margen.

Una parte de lo que sucede se puede ver bajo esa luz. Ahí tenemos aquella disyuntiva que planteaba hace más de un siglo Rosa Luxemburg: socialismo o barbarie. Ahora sería ecosocialismo y ecofeminismo frente a barbarie y extinción. Algo así, en términos todavía más duros. La reacción a la que estamos asistiendo en muchas sociedades no es como para alegrarnos en ese sentido.

  1. Lo curioso es que todo este proceso se da en el marco de un Gobierno que, en principio, se presenta como progresista y ecologista. Pero si vamos a lo que planteabas antes, a las medidas profundas y rápidas que habría que tomar, en realidad lo que señalan los movimientos ecosociales en los que participas es que esas medidas no se están tomando. ¿Cuál es entonces el modus operandi de cada gobierno que llega?
  2. Afrontamos un problema que no es solo del Gobierno, aunque también se manifiesta en sus políticas. Tenemos un problema grande en cuanto a percepción e interpretación de la realidad. Como sociedad, no nos damos cuenta, no queremos asumir algunas realidades duras. O, más bien, hay sectores que se niegan a ello, porque tampoco se trata de toda la sociedad. Vemos cómo se fortalecen ciertos sectores negacionistas; pero no hablo solo del negacionismo climático, sino de un negacionismo más amplio: el negacionismo de la crisis ecosocial.

Incluso los sectores sociales que podemos llamar, con esa etiqueta poco útil, “progresismo”; incluso los sectores que sí admiten que hay un problema grave y que habría que hacer algo, no reconocen de verdad dónde estamos. No reconocen la gravedad y la profundidad de este tipo de crisis. Eso hace que se den por buenas respuestas en forma de políticas públicas, pero también en forma de iniciativas ciudadanas, que en realidad no están a la altura del problema.

De manera típica, en estos últimos años (de hecho, desde 2010 en adelante hasta ahora), las políticas que un Gobierno como el nuestro pone en marcha, sobre todo a través del Ministerio de Transición Ecológica, son, simplificando un poco las cosas pero sin traicionar el asunto, las siguientes: una rápida electrificación de lo que podamos del aparato productivo, y una matriz energética que logre reducir algo el consumo de combustibles fósiles desarrollando mucho la generación eléctrica con renovables de alta tecnología, con aerogeneradores y módulos fotovoltaicos. Eso, más el fetiche del automóvil eléctrico, supuestamente nos va a sacar de apuros. Pero es una ilusión.

Una situación en la cual buena parte de la sociedad ni siquiera percibe el problema, y la parte mayoritaria de la sociedad que más o menos ve algo del problema plantea una solución falsa, es algo muy peligroso.

Desde otros lugares decimos que una verdadera transición energética no consiste en añadir a nuestra red eléctrica muchos aerogeneradores y módulos fotovoltaicos, sino que tiene que plantear el qué y el cómo del uso de energía, y saber que tenemos que funcionar con menos energía. Una verdadera transición ecológica tiene que incorporar a muchos otros sectores además de la energía. ¿De qué manera vamos a hablar de transición ecológica, de transición ecológico-social, sin abordar, por ejemplo, todo el sistema agroalimentario? ¿Sin desarrollar iniciativas potentes de agroecología? Por esa vía vemos que eso toca los fundamentos del sistema. Y dentro del capitalismo es poco lo que se puede avanzar hacia donde necesitaríamos.

Esa es la situación bastante lamentable en la que nos encontramos. Solo sectores sociales muy pequeños plantean de verdad la clase de medidas hacia algo fuera del capitalismo, hacia el poscapitalismo o el ecosocialismo, que necesitaríamos.

  1. Sobre la segunda causa, la de la pintura en el Congreso, en su momento la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, planteó que en realidad no había habido ningún desperfecto. Esto llama la atención, porque entonces, ¿qué sentido tiene la causa? ¿Cómo se sostiene?
  2. En los dos casos, si estuviéramos en un mundo normal no habría juicio. Porque no se dio esa resistencia feroz a la autoridad de la que se nos acusa en el primer caso, ni hubo tampoco daños al patrimonio histórico, de los que se nos acusa en el segundo juicio. Pero, como dice una cita de Batman que mi amigo Antonio Orihuela situó como epígrafe al frente de su poemario La ciudad de las croquetas congeladas, «este no es un mundo normal».

De hecho, en un primer momento, las primeras acusaciones en 2022 eran incluso peores, porque decían que habíamos interrumpido el curso normal de la actividad parlamentaria. De haber prosperado eso, nos habría llevado a la Audiencia Nacional y a consecuencias todavía más graves.

Al final decayeron esas acusaciones y se quedaron en la de daños al patrimonio histórico, que también aparece en el Código Penal. Pero no tiene mucho sentido, porque precisamente se había buscado que ese líquido que imitaba sangre no causara daños permanentes. Era un líquido biodegradable y se podía limpiar con facilidad.

Así que tampoco ahí, si estuviéramos en un mundo normal, nos veríamos ante un juez o una jueza. Pero recordemos a Batman: «Este no es un mundo normal».

  1. Otra prueba de esto que dices es que muchos de los represaliados sois profesores universitarios, personas del mundo de la ciencia y del pensamiento, que tratáis de combatir en vuestra actividad profesional ese pensamiento ecocida y ese sistema ecocida. ¿Qué papel te parece que tienen que jugar la universidad, los intelectuales y los profesores en esta batalla?
  2. Lo característico de la segunda de estas acciones fue precisamente que se intentó impulsar esa articulación de Rebelión Científica entre universitarios, investigadoras e investigadores del CSIC, trabajadores del sector del conocimiento. Y realmente haría falta ahí una clase de compromiso mucho más intenso y duradero de lo que hemos visto. La respuesta de nuestras universidades y centros de investigación no ha estado ni de lejos a la altura de lo que necesitaríamos.

Ha hecho mucho daño, durante todo el período del capitalismo neoliberal en las últimas décadas, el avance constante de estas formas de individualismo casi patológico y de corrosión de los vínculos sociales en las que nos encontramos. Uno de sus efectos ha sido también una idea, yo creo que muy equivocada, de lo que tendrían que ser los nexos entre las universidades y los centros de investigación con la sociedad. No basta con decir: «Yo ya hago lo mío con la ciencia en mi horario de trabajo», o realizando análisis críticos.

Tenemos universidades en las que se da por bueno que los órganos de gobierno vayan siendo sustituidos por unos consejos llamados “consejos sociales”, que en realidad son, sobre todo, consejos empresariales. Es como para que suenen todas las alarmas.

En una sociedad normal, si le hiciéramos caso a Batman, en un mundo más normal, lo que deberíamos cuidar serían los nexos con las ciudades, los pueblos y los barrios en los que están nuestras universidades. Con las asociaciones y los movimientos sociales activos en esos lugares. Con las iniciativas emancipatorias del mundo de la cultura. Esos tendrían que ser los interlocutores naturales para la extensión universitaria, no las empresas, que es lo que en general se ve por aquí.

Haría falta recuperar la idea de una extensión universitaria en la que la universidad no se extienda, como lo hace ahora, hacia el mundo empresarial, sino más bien hacia la sociedad articulada y las iniciativas de supervivencia y emancipación.

  1. Ante casos de represión como estos, ¿cómo te parece que hay que responder?
  2. Necesitaríamos recuperar una idea de democracia más ambiciosa. Una idea en la cual esté claro que las sociedades verdaderamente democráticas necesitan de la protesta social para avanzar: eso forma parte de la gramática democrática básica. Ese sería el sustrato cultural que nos haría falta. Para eso irían bien muchas iniciativas desde abajo, iniciativas de pedagogía en sentido amplio.

Luego, creo que también nos hace falta, a las organizaciones políticas, a las asociaciones y a las articulaciones de los movimientos sociales, tomarnos más en serio la cuestión de la desobediencia civil, de las formas de resistencia y de la desobediencia civil. Desarrollar más estas formas de protesta que desbordan lo institucional. A veces nos ceñimos demasiado a la actuación más o menos institucional. Y hay que saber que entonces hace falta también toda una estrategia de autodefensa en varios niveles.

Yo iría por ahí. En realidad, eso se puede resumir diciendo que necesitamos profundizar en una democracia más seria, más sustantiva.

  1. Ante esta represión, que es también un intento de amedrentamiento del movimiento ambiental y de los distintos movimientos sociales, ¿qué tipo de movimiento ambiental o ecosocial haría falta que se desarrollase en los próximos años?
  2. Lo más importante sería, creo, activar a mucha más gente. Estaba leyendo una parte del informe que acaba de sacar la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica sobre la juventud española. Una de las cosas que arroja esta investigación sociológica, y creo que no atañe solo a los jóvenes aunque este estudio vaya por ahí, es la constatación de que hay expectativas de final de mundo.

Hay imaginarios bastante apocalípticos en sectores muy amplios de la sociedad. Eso puede coexistir con sectores sociales también muy amplios que son negacionistas de la crisis ecológico-social. Y coexiste también con una sensación de impotencia muy grande.

De tal manera que estos investigadores dicen en cierto momento que en este país, con esos datos, más que hablar de ecoansiedad habría que hablar de ecodepresión. Se da como un fenómeno de gran depresión social. No es todo lo que hay, por supuesto. Vemos también sectores que están luchando, que se organizan. Pero si pensamos sobre todo en las cuestiones ecológicas y ecológico-sociales, hay ahí algo de fuerte ecodepresión.

Entonces, lo primero sería superar en cierta medida esa situación. Volver a experimentar algo de confianza en la acción colectiva e ir tramando, a partir de ahí, movimientos sociales fuertes y bien orientados.

Pero la orientación del movimiento tendría que ser bastante más radical que la que hemos tenido, porque los propios problemas se han agravado muchísimo. Quizá se puede pensar en esos dos pasos: activar a mucha más gente y orientar el movimiento de una forma mucho más radical.

 

«el recrudecimiento de la represión contra el activismo climático llega a los tribunales», por pablo rivas

https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/intensificacion-represion-activismo-tribunales

«De hecho, las razones de aquellas protestas se han intensificado. A la aceleración de la crisis climática se le suman las guerras derivadas del control de los combustibles fósiles, el auge del autoritarismo ligado a un nuevo colonialismo y la pérdida de fuerza del movimiento climático tanto a nivel de presencia mediática y discursiva como a nivel político. “Gaza, Irán, Ucrania… No ha cambiado nada, si acaso vamos todavía a peor, y tenemos el deber moral de seguir poniendo el cuerpo de manera pacífica”, sentencia Paco del Pozo…»

contra la indiferencia -manu fernández escribe desde valencia

¿Estamos luchando por la justicia?, se preguntaba Simone Weil ante el avance del fascismo en Europa. Para pensar esa pregunta, recurría a Tucídides, quien en su Historia de la Guerra del Peloponeso recordaba a los atenienses que “el examen de lo justo tan solo se lleva acabo cuando existe la misma necesidad por ambas partes. Cuando hay un fuerte y un débil, el primero ejecuta lo posible y el segundo lo acepta”. Simone Weil subrayaba que “los griegos definían admirablemente la justicia como consentimiento mutuo”: una justicia que solo puede existir allí donde no hay dominio, donde la fuerza no se impone como criterio.
Hoy, ante la devastación de Palestina, esa pregunta vuelve a interpelarnos con la misma urgencia: ¿estamos luchando por la justicia o aceptando que la fuerza decida lo posible?
Hay momentos en la historia en los que el sufrimiento de un pueblo se vuelve tan insoportable que mirar hacia otro lado deja de ser una omisión y se convierte en una forma de violencia. Lo que ocurre hoy en Palestina pertenece a esa categoría moral extrema. No es solo una tragedia: es una interpelación. Una exigencia ética que alcanza a toda la humanidad.
Simone Weil escribió que la verdadera justicia comienza por la atención: por la capacidad de mirar el dolor del otro sin apartar la vista, sin justificarlo, sin relegarlo a la periferia de nuestra conciencia. Esa atención —frágil, incómoda, radical— es lo primero que se está quebrando en el mundo ante la aniquilación sistemática del pueblo palestino. Y todo esto está ocurriendo ante nuestros ojos. Cuando el sufrimiento se vuelve cotidiano, cuando la muerte se vuelve estadística, cuando la destrucción se vuelve rutina, algo esencial en nosotros se desmorona.
En Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt advirtió que el mal no siempre se presenta con estridencia: a veces avanza en silencio, protegido por la burocracia, por la obediencia, por la normalización del horror. Lo que vemos hoy es precisamente eso: una maquinaria que produce vidas sin derechos, poblaciones enteras reducidas a lo que Hannah Arendt llamó “seres superfluos”. Sobre todo, asistimos a la ruptura del principio más básico de la vida política: la igualdad no es un hecho natural, sino una construcción humana que sólo existe cuando decidimos reconocernos mutuamente como sujetos de derechos. Cuando permitimos que algunas vidas sean tratadas como prescindibles, renunciamos a esa tarea común y destruimos el fundamento mismo de la justicia.
A ello se suma una comunidad internacional atrapada en su propia parálisis moral, que permite que la deshumanización se vuelva administrable, incluso justificable. Por eso escribo. Porque no puedo aceptar que el mundo se acostumbre a este horror. Porque no puedo aceptar que la indiferencia se extienda sin resistencia. Porque no puedo aceptar que la devastación de un pueblo se convierta en un hecho más del ciclo informativo.
No escribo desde el odio. Escribo desde la responsabilidad. Desde la convicción de que la ética no es una opción, sino una obligación. Desde la certeza de que ninguna identidad, ningún trauma histórico, ninguna razón de Estado puede justificar la destrucción sistemática de un pueblo.
Lo que ocurre en Palestina no es un conflicto lejano: es un espejo que nos confronta. Un examen moral. Una pregunta que nos alcanza a todas y todos: ¿qué queda de nuestra humanidad si aceptamos que algunas vidas pueden ser destruidas sin que nada en nuestro interior se quiebre, mientras seguimos con nuestras vidas como si ese dolor no nos concerniera? Si eso no nos estremece, entonces lo que está en peligro no es solo un pueblo: es la idea misma de humanidad.

Manu Fernández, doctor en Filosofía

sobre protesta climática y estado constitucional, por maría eugenia rodríguez palop

https://www.publico.es/opinion/columnas/proceso-jorge-riechmann-protesta-climatica.html

El proceso: Jorge Riechmann y la protesta climática

María Eugenia Rodríguez Palop. Profesora de Filosofía del derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Eurodiputada (2019-2024)

Jorge Riechmann no es una amenaza, pero fue detenido el 7 de octubre de 2019, junto al técnico en energía Paco del Pozo y la psicóloga Marina M. Martínez, por haber participado en una protesta climática pacífica. El próximo día 26, se enfrentan a un juicio penal acusados de resistencia grave a la autoridad por el que la Fiscalía pide diez meses de prisión. Riechmann, además, está imputado por haber arrojado un líquido rojo biodegradable en la fachada del Congreso de los Diputados junto a otros académicos y activistas.  Filósofo, poeta, profesor universitario y autor de una extensísima obra, su suerte procesal será una prueba de fuego para nuestra salud constitucional y nuestra calidad democrática. Nos dirá mucho del grado en que estamos comprometidos con la defensa de la libertad de expresión, el derecho de reunión y la desobediencia civil no violenta.

Perseguir a quienes se movilizan para alertar sobre una emergencia climática sobre la que existe un consenso científico abrumador, supone castigar a quienes señalan el incendio y normalizar a quienes lo avivan. El caso de Jorge Riechmann ilustra una amplia tendencia de criminalización y estrechamiento del espacio cívico con la que se intenta inmovilizar a la gente y eludir responsabilidades estructurales.

En un Estado constitucional, la protesta pacífica es señal de pluralismo político y ciudadanía activa; una forma legítima de participación pública, especialmente cuando se persigue una finalidad de evidente interés general. Por eso, no toda acción disruptiva ha de recibir una respuesta penal. El derecho penal no puede convertirse en un mecanismo de pedagogía disciplinaria ni en una herramienta para blindar el statu quo a base de castigos ejemplarizantes.

De hecho, el artículo 557 de nuestro código penal exige una interpretación estricta acorde con el principio de legalidad, y no ampara la persecución de una protesta simplemente porque sea molesta, incómoda o contundente. Hay que probar la gravedad del resultado y la existencia de un ánimo intimidatorio o violento. La mera ocupación simbólica, la interrupción temporal o la visibilización mediática no satisfacen los elementos del tipo.

El Tribunal Constitucional español ha reiterado también que el derecho de reunión tiene una función central en el pluralismo y su limitación exige una motivación suficiente. Es decir, que el control de proporcionalidad debe reforzarse especialmente frente a manifestaciones vinculadas a la crítica política y social. Y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha llamado la atención sobre el efecto disuasorio que producen las sanciones penales o administrativas sobre protestas pacíficas, advirtiendo de que su imposición podría ser desproporcionada si acaban desalentando el debate público sobre asuntos de interés general.

En contextos de emergencia climática, la desobediencia civil no violenta se sitúa en la intersección entre nuestros deberes éticos y nuestros derechos políticos porque ayuda a corregir fallos sistémicos o institucionales. Su criminalización desactiva los canales que facilitan la (in)formación y la orientación de la voluntad popular.

Quienes trabajamos la filosofía del derecho (y en esto coincido con Jorge Riechmann) sabemos que puede haber oposición entre la legalidad que emana de las instituciones y la legitimidad de esas mismas instituciones, de manera que, en según qué términos, es posible justificar la desobediencia civil o la resistencia. El descontento no se canaliza solo a través de citas electorales o mediante un sistema judicial eficiente, capitaneado por supuestos jueces incorruptibles que «pronuncian» la ley, porque en una democracia constitucional lo importante no es que la ley sea la ley, sino que no sea solo eso. Es absurdo pensar que no hay nada entre la persona de orden que vota cada cuatro años, se reúne con autorización, se manifiesta en actitud festiva y a golpe de batucada, y los presuntos delincuentes que salen a las calles desordenadamente, aunque sea de forma pacífica y para defender nuestros derechos frente a los abusos del poder político o económico.

Como dice Habermas, todo Estado democrático de derecho debería entender que la desobediencia frente a una violación de derechos orquestada o consentida desde el sistema es una parte necesaria de la cultura democrática. No solo porque, a diferencia de la comisión de un delito, está moralmente fundada, sino porque apela a los fundamentos mismos del orden constitucional. Decir que un acto es ilegítimo, o que no está justificado, simplemente porque existe una norma que lo prohíbe, es una afirmación completamente extemporánea en un sistema que, como el democrático, no funda su legitimidad en la pura legalidad. Si queremos ciudadanos conscientes y racionales para que legitimen los procesos legales con sus votos, hemos de asumir que estos mismos ciudadanos sometan al poder político a un cuidadoso escrutinio y a una permanente crítica y revisión.

De modo que, aunque traspase los límites de lo jurídicamente establecido, una acción pacífica de protesta que se apoya en derechos conquistados y garantizados constitucionalmente, no puede ser, en puridad, una acción sediciosa, porque lo que la mueve no son las creencias privadas o los intereses propios de unos cuantos individuos sino las razones moralmente compartidas que le dan sentido al mismísimo sistema democrático. Así entendida, la desobediencia civil no pretende derrocar o subvertir un orden basado en derechos, sino más bien resistir a su desmantelamiento institucional.

En un Estado que pretenda ser legítimo y democrático, que quiera recabar para sí una adhesión ciudadana voluntaria y genuina, una movilización ecologista debería recibir un tratamiento político mucho más refinado e inteligente. Jorge Riechmann se enfrenta a un juicio el próximo martes. Penalizar a quienes defienden la Tierra y los bienes comunes en nombre de un aparente legalismo sin matices es un error normativo que acabará por corroer la propia estructura jurídica que dice defender.

 

¿inteligencia artificial para las humanidades?

Deprimente jornada en mi Facultad sobre “DocencIA. Pensar, aprender y enseñar en la era de la Inteligencia Artificial” (21 de mayo de 2026). Ay, compañeras y compañeros… ¿Y si subtitulásemos: “Pensar, aprender y enseñar en la era del colapso ecosocial”?

El problema humano fundamental, en el Siglo de la Gran Prueba, es: cómo convivir (entre nosotros los humanos y con miríadas de otros seres vivos) en un planeta Tierra que siga siendo habitable. Como se puede ver, un problema ético-político (no tecnológico) frente al que vamos fracasando de forma lamentable. ¿Pueden las IA ayudar en eso? La respuesta breve es: no, agravarán la situación. ¿Parecerá de mal gusto recordar que los dos campos donde se centra ahora mismo la IA más puntera e innovadora es el control de las personas y el reconocimiento de imágenes con el fin de automatizar al máximo la guerra?

Qué erróneo es situar este debate bajo el paradigma de la herramienta útil (y neutral, faltaría más) en un mundo de competencia capitalista desbocada, en vez de reparar en que lo que está en juego es un cambio sociocultural profundo inducido por los algoritmos de la IA –y no para bien.

Juan Carlos San Miguel, profesor de programación y Delegado de la Rectora para la Integración de Soluciones de IA en la UAM, habla de sostenibilidad sólo en términos de viabilidad económica. Las cuestiones éticas parecen reducirse a protección de datos o identificación de sesgos. Retórica de la inevitabilidad: “La IA generativa transforma la enseñanza superior de forma imparable”. Y cuando se le interpela señalando que toda esta transformación conduce a un mundo peor, ¡reconoce que sí! Pero no podemos quedarnos atrás en un mundo muy competitivo, aunque la huida hacia adelante nos conduzca a situaciones peores.

Igualmente la geógrafa Laura García Juan: declara que “el dato es dinero”, y también que “no es ni bueno ni malo, estamos en la cadena”. Para esta buena mujer “nuevos retos traen nuevas oportunidades; hay que adaptarnos a los cambios y formar para lo que el mercado demanda”. Y otra buena dosis de retórica de la inevitabilidad.

Las (engañosas) promesas de la IA tienen que ver con la eficiencia, la productividad y la competitividad. Pero alimentar estos valores instrumentales ¿hacia qué objetivos? Los medios devoran los fines… Recordemos: en la UC3M (Universidad Carlos III de Madrid) se ha extinguido el Grado en Humanidades; ahora sólo podrán cursarse Humanidades Digitales. ¿Qué nos dice eso sobre el tipo de seres humanos que vamos a construir en nuestros sistemas de enseñanza?

Campa a sus anchas, en una jornada así, la peculiar combinación de fatalismo de apocalipsis más hipernormalidad sobre la que ya he advertido en otras ocasiones.

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Vamos hacia un mundo peor, reconocen incluso los promotores de la IA, pero no tenemos otra que subirnos a ese carro…

Everybody knows the world’s gone wrong, canta Lucinda Williams. Todo el mundo sabe que vamos hacia un mundo peor –mucho peor–, pero al mismo tiempo el hechizo de la hipernormalidad nos impide reaccionar, salvo a minorías a las que un sistema de control y represión incomparable con nada de lo que hemos conocido en el pasado logra neutralizar sin demasiados costes.

madrid, 18 de junio: mesa redonda «ciencia acosada»

“Ciencia acosada” en la Sección de Ciencia y Tecnología del Ateneo de Madrid. Intervienen: Fernando Valladares, ecólogo y director del Grupo de Ecología y Cambio Global (MNCN-CSIC); Isabel Moreno, meteoróloga y divulgadora científica de RTVE; Jorge Riechmann filósofo, poeta y pensador ecosocial. Modera: Liubba El Hadi Hamed, Junta Directiva del Movimiento activista Eumans.

https://lasaluddelahumanidad.com/evento-de-fernando/coloquio-ciencia-acosada/

https://ateneodemadrid.com/evento/ciencia-acosada/

https://www.cambio16.com/zumo-de-remolacha-cuando-la-ciencia-aprende-a-sentir/

 

cádiz, 9 y 10 de julio: curso (seminario) de verano sobre ecologismo y activismo ciudadano (¡muchas becas!)

https://celama.uca.es/76CVC/A14/

El Seminario A14 Ecologismo y activismo ciudadano: 50 años de lucha ambiental desde la sociedad civil tendrá lugar los días 9 y 10 de julio de 2026; y mi participación titulada “Pensar los ecologismos desde su historia”, el día 09 de julio, a las 09.30 horas, en el Edificio Constitución de 1812 (Antiguo Aulario La Bomba), Paseo Carlos III, 3 de Cádiz.