pesimismo esperanzado u optimismo trágico, nos intima Juan Carlos Monedero

Podría argumentarse que existe una obligación moral de combatir el pesimismo: pues cada persona que cree en el triunfo del mal hace más probable el triunfo del mal.

La democracia exige ciudadanos de alta calidad (conocimientos, valores, virtudes, emociones), que a su vez sólo pueden formarse mediante prácticas democráticas de alta calidad. El círculo es perfecto. La única forma de escapar de la trampa es: partir del hic et nunc (del ahí sociopolítico), e intentar poner en marcha procesos autoamplificatorios de mejora, por modestos que sean.

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consejo para profesores

Presentación para la prensa de Adiós a la universidad. El declive de las humanidades, el libro de Jordi Llovet recién traducido al castellano, a partes iguales autobiografía intelectual y reflexión sobre nuestro desastre educativo (que culmina provisionalmente en el proceso boloñés). Durante esa especie de “desayuno de trabajo” junto a los periodistas organizado por Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores (qué buen hacer, como siempre, el de Lola Ferreira y sus compañeras/os), el profesor Llovet evocó un buen consejo que alguna vez le diera uno de sus maestros, José Manuel Blecua. Todo profesor universitario comienza enseñando más de lo que sabe (con la petulancia e inseguridad del novato). Luego madura un poco y enseña solamente lo que sabe. Finalmente, aprende a enseñar exactamente aquello que el alumno/a puede entender, asimilar y aprender.

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la lentitud es revolucionaria

Si hay metas colectivas, y concepciones colectivas comunes de la vida buena, ¿por qué no debería haber derechos colectivos? (Cuyos titulares serán individuos, y no peligrosas abstracciones teológico-políticas como el “pueblo”, claro está.)

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En mi país, el racismo de Estado sólo concluyó en 1865, es decir, ayer mismo. Hasta esa fecha se prolongaba la locura de la limpieza de sangre, que obligaba a cualquier persona que quisiera acceder a un empleo público a probar que en su familia no había habido ningún miembro judío o musulmán desde al menos cuatro generaciones antes. Dos siglos y medio después de haberse consumado la expulsión de judíos y moriscos (entre 1492 y 1607), aún se prolongaba la destructiva obsesión de pureza.

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higiene léxica

Colas frente a las oficinas del paro. Colas frente a las administraciones de lotería (¡Doña Manolita en la calle del Carmen, Madrid, 2 de noviembre de 2011, diez y media de la mañana!). Y ninguna cola frente a los locales de los embriones de organización revolucionaria disponibles. Así estamos, después de cuatro años de la crisis sistémica que comenzó en 2007.

¿Tratar de no hablar de lo que uno no sabe? ¡Enmudeceríamos! Seamos humildes: tratemos de no hablar de lo que no sabemos como si en verdad supiéramos.

Sin higiene léxica no podemos tener ni claridad de pensamiento ni decencia moral. “Los mercados” es un eufemismo: hay que hablar del capital financiero extraterritorial, que se amasa no con actividades productivas sino mera apropiación y prospera con la complicidad del poder político.

 

la invención de las tradiciones

“Ah, cuándo/ me daré cuenta de que todo es simple./ Qué estaba yo mirando/ que no lo vi…”[1]

“Pero escucha ese grillo,/ esa brizna de noche,/ de vida enloquecida.// Ahora es cuando canta./ Ahora/ y no mañana./ Precisamente ahora./ Aquí./ A nuestro lado…/ como si no pudiera cantar en otra parte.”[2]

Adiós, coleccionista de experiencias; hola, bañista que cada día buscas la misma poza en el río de montaña.

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el espacio de la responsabilidad, delgada franja

Un momento revelador –hay varios— en el libro de conversaciones de Pierre Mendès-France en 1974. Este político francés de centro izquierda –cuando “centro izquierda” no significaba “derecha no demasiado extrema”, como es el caso hoy en día–, que ya fue joven ministro con el Frente Popular de Léon Blum, que encarnaba como pocos los valores de la inteligencia, la tenacidad, la veracidad y la búsqueda del bien común –qué nostalgia siente uno cuando lee los buenos libros políticos de los años sesenta o setenta del siglo XX–, este Mendès-France dice, refiriéndose al conflicto palestino-israelí –pero la reflexión es de alcance general–: “Nuestra responsabilidad no se extiende durante siglos. Trabajamos para nuestra generación y la siguiente, quizás un poco más, si somos muy ambiciosos…”[1]

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reglas de juego monstruosas producen seres humanos monstruosos

La primera persona en el mundo que formuló la “regla de oro”, por lo que nos dicen las historiadoras de las religiones, fue el sabio chino Confucio (551-479 AEC). Cuando sus discípulos le preguntaron qué enseñanza podían practicar “todo el día y todos los días”, contestó: “Tal vez el dicho sobre el shu [concepto que suele traducirse por consideración]: nunca hagas a los otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti”[1]. De otro gran pensador chino seguidor de Confucio, Mencio (371-288 AEC, aproximadamente), procede una reflexión a menudo citada cuando se cavila sobre egoísmo y altruismo: si vieras a una niña en el brocal de un pozo, con grave peligro de caer dentro, no te pararías a pensar si es pariente tuya, o si podías lograr un beneficio ayudándola: sin tiempo para cálculos te lanzarías a apartarla del pozo, simplemente porque sientes la gravedad de su situación en tu propio fuero íntimo.

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vivir no es negociar en un mercado, sino buscar la piedra filosofal

Quien camina como es debido no llega nunca pronto ni tarde a ningún sitio: siempre en el momento justo.

En el parágrafo 29 de “Poesía practicable”[1], escrito en agosto de 1988, narro cómo pasé de largo ante el naipe caído boca abajo en cierto lugar del parque del Retiro, sin ceder a la breve tentación de darle la vuelta. Eran los años en que yo podía escribir “odio la magia” e identificarla con un estado de sonambulismo.

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en un «mundo lleno», no cooperar sale muy caro

En un “mundo lleno”, el comportamiento no cooperativo no sólo destruye a otros: es también autodestructivo. Ser egoísta sale muy caro cuando las cosas vienen mal dadas. Y ser egoísta no es “natural” en ningún sentido interesante de la palabra “natural”, como los etnólogos y antropólogos saben muy bien.

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en la sala de espera de la dentista

Cuando no está uno arreglándose las muelas, está arreglando la batería del portátil… Pero la gente se embrutece con fantasías de inmortalidad.

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En la sala de espera la dentista, los insistentes ojos del sesentón sobre la bella veinteañera: el rostro, los pechos, las piernas; las piernas, los pechos, el rostro… Ay, los viejos verdes.

Las españolas lo designan con un término muy preciso: babosería.

 

«vacare», vacación, vacío

Tres pisos tenía el edificio donde vivimos aquellos días: pero el ascensor llevaba hasta el noveno.

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“Traemos un burro/ cargado de nada/ que no come hierba/ paja ni cebada/ sólo come huevos/ y tortas sobadas…”[1] Vaya pues por aquí este asnillo cargado de nada, de la enriquecedora, limpia y liberadora nada.

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negacionismo: no sólo referido al calentamiento global…

Se tradujo y publicó hace un año un Manifiesto de economistas aterrados (Pasos Perdidos, en coedición con Eds. Barataria, Madrid 2010), que halló enseguida bastantes lectores: segunda edición en 2011. Pero los biólogos, los climatólogos, los oceanógrafos, y muchos otros científicos de las diversas disciplinas que se dedican a auscultar el pulso de esta maltrecha biosfera nuestra llevan decenios aterrados: y básicamente seguimos sin hacerles caso. La mayoría de la gente, sin entender siquiera lo que están diciendo.

Me impresionó ayer la columna del “observador global” Moisés Naïm en El País.

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