Podría argumentarse que existe una obligación moral de combatir el pesimismo: pues cada persona que cree en el triunfo del mal hace más probable el triunfo del mal.
La democracia exige ciudadanos de alta calidad (conocimientos, valores, virtudes, emociones), que a su vez sólo pueden formarse mediante prácticas democráticas de alta calidad. El círculo es perfecto. La única forma de escapar de la trampa es: partir del hic et nunc (del ahí sociopolítico), e intentar poner en marcha procesos autoamplificatorios de mejora, por modestos que sean.
Continuar leyendo «pesimismo esperanzado u optimismo trágico, nos intima Juan Carlos Monedero»
