somos natura en la natura

¿Podemos seguir considerándonos seres al margen de la naturaleza? Señala Ernest Garcia que nos conviene distinguir entre exencionalismo y excepcionalismo humano. La primera de estas dos creencias “consiste en pensar que las leyes de la física y la biología no condicionan la organización y el cambio de las sociedades, que –por decirlo así- dichas leyes dejan de regir cuando se trata de los asuntos humanos. La segunda, por su parte, puede llamarse ‘excepcionalismo’ y nos remite a la emergencia de novedades en la organización que no son observables en otros niveles de la realidad. (…) La existencia social contiene numerosas excepciones; ninguna de ellas, sin embargo, nos exime de la ley de la entropía ni de la programación genética de algunos comportamientos”.[1]

 

Una lúcida denuncia temprana del ideologema del exencionalismo se la debemos a Spinoza: él pensaba que el error central de la reflexión filosófica sobre la humanidad era creer que el ser humano existe al margen de la naturaleza, como “un reino dentro de otro reino” que “perturba, más bien que sigue, el orden de la naturaleza y tiene un poder absoluto sobre sus acciones y que sólo es determinado por sí mismo” (prefacio a la parte III de la Ética).[2]

 

 

[1] Ernest Garcia, Medio ambiente y sociedad, Alianza, Madrid 2004, p. 35). Pueden rastrearse estas nociones hasta el clásico artículo de William R. Catton, y Riley E. Dunlap: “Environmental sociology: a new paradigm”, The American Sociologist vol. 13, febrero de 1978.

[2] Baruch de Espinosa, Ética (edición de Vidal Peña), Editora Nacional, Madrid 1979, p. 181.