Nuestras sociedades siguen sin reaccionar mientras se va construyendo la infraestructura de la distopía “interconectada por un sistema nervioso de satélites capaz de controlar cada metro de suelo, de hablar con cualquier dispositivo encendido y de observar los movimientos de los 9.700 millones de personas que habitarán la tierra dentro de cinco años, y procesar la información de manera selectiva, ejecutiva y potencialmente letal” (Marta Peirano sobre la SpaceX de Elon Musk).[1]
Escribió Novalis en uno de los fragmentos de la Enciclopedia que los seres humanos somos “el sentido superior de nuestro planeta, el ojo que éste eleva al cielo” (porque estamos “simultáneamente dentro de la naturaleza y fuera de ella”). La imagen del humano como ojo del planeta Tierra se nos ha vuelto siniestra con el giro tecnofascista que la noosfera está experimentando de la mano de gente como Elon Musk.
[1] Marta Peirano, “El megalodón de Musk”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-06-08/el-megalodon-de-musk.html