un humanista rebelde, por tamara djermanovic

Un humanista rebelde

por Tamara Djermanovic

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY (1943-2012) Filósofo, catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universitat Pompeu Fabra.

Por su vitalidad, optimismo e integridad (y muchas cosas más), Paco Fernández Buey y muerte son palabras incompatibles. Encontrar su despacho a partir de ahora sin él resulta inverosímil. Ese despacho en el pasillo de los profesores de la área del pensamiento de la facultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra que se distinguía de todos los demás: porque en él Paco estaba siempre, y siempre trabajando. Hay profesores que pasan más y los hay que pasan menos por sus aposentos académicos, pero a todos nos tranquilizaba ver la luz en el despacho de Paco, que era como una piedra angular con su presencia, su tesón y su generosidad, siempre dispuesto a dedicar su tiempo, independientemente de si se trataba de una conversación académica o personal. Me acuerdo que una tarde de marzo de 1999, cuando me avisaron de que la OTAN acaba de iniciar los bombardeos de Belgrado, mi ciudad natal, Paco fue el único colega que todavía estaba en la Universitat. Me miró con complicidad y me abrazó, y no hacía falta más.

Conocí a Paco Fernández Buey cuando ya era catedrático de ética y filosofía política en la UPF. Enseguida me explicaron que era un profesor importante, toda una figura. Que ya como estudiante fue líder revolucionario en la dictadura. Participó en la famosa capuchinada, que le supuso un servicio militar en el Sáhara (luego me contó que allá enterraba libros marxistas bajo la arena). Luego se reincorporó a la Universidad de Barcelona, donde había conocido a sus grandes maestros: Manuel Sacristán, José María Valverde y Emilio Lledó. Antes de obtener la cátedra en la UPF, fue profesor en la Universidad de Valladolid y al regresar a Catalunya, a la facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona. Cuando conocí esos detalles de la biografía de nuestro querido Paco, yo ya había experimentado aquello que todos sus colegas, estudiantes y otros interlocutores han experimentado: era un hombre paciente y entregado, dispuesto a escuchar y comunicar tanto si tenía delante a un catedrático o a un adolescente que había venido a entrevistarle para un trabajo del instituto sobre movimientos sociales. De hecho, cuando yo misma entré a la UPF en 1996 con una beca predoctoral, en pocos días ya contaba con el privilegio de su conversación. Entonces me contó que leyó por primera vez a Dostoyevski –mi tema de investigación entonces– en la biblioteca de su ciudad, Palencia, hasta que un día se encontró con la estantería donde estaban los libros del novelista ruso, vacía. “Pues por lo visto el cura había dado órdenes de sacarlo como posible literatura subversiva cuando le avisaron que yo devoraba estos libros”, explicó.

Compaginando siempre la vida académica con la política, Fernández Buey en realidad era siempre él mismo, con sus ideales y su utopía, que defendía con integridad y firmeza. Su voz grave añadía a lo que explicaba –siempre con gran elocuencia pero nunca críptico– una seriedad alentadora. Esta serenidad con la que hablaba hacía que le escucharan todos, incluso los que no compartían sus ideas. Pero sus estudiantes saben mejor que nadie que los argumentos del profesor Fernández Buey siempre tenían fundamentos de gran elocuencia. Para nuestros estudiantes era, además, un ejemplo vivo de lo que es un gran profesor de Humanidades. Conversaba y escuchaba con una amabilidad sincera. Cuando se le preguntaba si, después del fracaso de todas las utopías, dejaría de creer que el ideal de la igualdad social pudiera hacerse real en una sociedad regida por los hombres, sonreía, pero se mantenía firme en sus activismo social político. “Tienes que ir a Rusia, Paco, para ver las consecuencias del comunismo”, le decía yo alguna vez. Él entonces sacaba uno de los libros de la biblioteca de su despacho, y me lo prestaba. Todos hemos aprendido mucho de Paco en todos los sentidos. Ha sido un gran ejemplo de lo que es un humanista.

Tamara Djermanovic. Profesora de la UPF.

  • Fuente: La Vanguardia, 27 de agosto de 2012.