a propósito de la llama

Escribía Ernesto Guevara, el Che, en una carta a su madre desde México (el 15 de julio de 1956): “No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando reconozca en mí que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre mi propia mierda”. Se agradece la pasión moral, hermano, pero ¿por qué ella debería llevarnos a despreciar las lucecitas de las lámparas votivas? En demasiadas ocasiones, eso será lo único que tendremos para tratar de iluminar, en medio de la noche oscura, un sendero peligroso… De manera que atendamos también al poeta y resguardemos, en la medida de nuestras fuerzas, “la luz de una candela” (José Jiménez Lozano).