intramuros, extramuros y las elecciones generales del 29 de noviembre

Con la impresionante movilización en torno a la vivienda de estos días (incluida la acampada en Sol desde el 26 de septiembre), catalizada por el Sindicato de Inquilinas, se muestra otra vez algo decisivo que no deberíamos olvidar nunca: en lo que se refiere a la política intramuros (que es, para la mayoría, la única política que hay y tiende a resolverse en mera cratología), la acción decidida de un número muy pequeño de personas, llevada a cabo en el momento decisivo (kairós), logra grandes cosas. Según lo que se ha leído estos días en prensa, en Madrid el Sindicato de Inquilinas lo componen entre cien y doscientas personas, aunque el núcleo activo (quienes militan de forma regular, días tras día) son entre sesenta y setenta.

Habrá elecciones generales el 29 de noviembre. “Son, seguramente, los comicios más decisivos desde las elecciones de 1977. Lo que aquel año España dejó atrás fue la extrema derecha. Medio siglo después, la historia ha girado y lo que tenemos delante no parece una alternancia democrática al uso, sino la posibilidad real de que la extrema derecha vuelva al poder”.[1]

Y antes de esas elecciones habrá huelga general (convocada por el Sindicato de Inquilinas, CGT, CCOO, UGT y otras organizaciones). Salarios, vivienda, coste de la vida son lo que está llevando ahora a cientos de miles de personas (¡jóvenes sobre todo!) a las calles. Pero, ay, intramuros y extramuros: en lo macro y en lo que se desarrolla más allá de los muros de la ciudad, los precios baratos se logran (sin desmerecer los efectos de la desigualdad social, tan importantes) con la externalización masiva de daños y costes –comenzando por el uso de la atmósfera como cubo de basura de los GEI (Gases de Efecto Invernadero) y la tragedia climática.

Se puede ver estos días con la pugna política en Brasil, donde Lula ha perdido (por dos puntos) la primera ronda de las elecciones presidenciales frente a Flavio Bolsonaro. De lo que me duelo, como cualquier persona con dos dedos de frente que no pertenezca a la clase dominante. Pero la opción es entre destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con socialdemocracia (algo más lentamente, y con ciertos elementos de justicia social) o destruir la selva amazónica y el clima de la Tierra con fascismo (a ritmo acelerado y con furiosa, criminal exasperación nihilista).

 

[1] Toño Fraguas en la newsletter para suscriptores de eldiario.es, 6 de octubre de 2026.

«un triunfo de otro tiempo», por jesús jaén

«Mari Carmen le torció el brazo a Urbagestión. Nació un movimiento social incluso con acampada en la Puerta del Sol. Tenía razón mi amigo Silvio: Mari Carmen ha sido un símbolo. Una especie de Rosa Parks. Mari Carmen ha conseguido un triunfo de otro tiempo. Para los escépticos: todavía hay lugar para un mundo de humanidad y esperanza.

El movimiento por la vivienda está protagonizado por una nueva generación de jóvenes. Ésa es otra buena noticia. Tras ellos se han incorporado de manera transversal gentes de todas las edades: clase trabajadora y clase media azotada por las desigualdades.

El Parlamento no es un ente abstracto. Lo fácil es tirar con lanzallamas contra todo. Yo no lo haré. Hay que decir que la culpa de que los decretos Mari Carmen no hayan sido aprobados es de PP, VOX y Junts. También hay que decir que la responsabilidad de la vivienda es de las CCAA. Y por último, pero no por ello menos importante, también hay que remarcar que el PSOE no cumplió nada de lo que prometió en materia de vivienda.

Las manifestaciones del 3 de octubre han sido un éxito. El Sindicato de Inquilinas se ha manejado con decisión. La convocatoria de una jornada estatal de lucha por la vivienda (que algunos prefieren llamar huelga general), donde se incorporaría el mundo laboral y diversas formas de protesta ciudadana, es una buena medida. Pero deberá llevarse adelante con el compromiso de aquellos sindicatos que cuentan con la capacidad organizativa para llevarla a cabo; si no es así, la incidencia sería escasa. El primer paso (lo digo por experiencia) es que todos renuncien al protagonismo y aprendamos del movimiento feminista y de aquel 8 de marzo del 2018. La llamada huelga feminista que convocó a millones de mujeres y hombres en las calles.

Por último, Sánchez está cavilando convocar elecciones el 29N o 6D. El PSOE piensa que es el mejor momento de hacerlo tras tres años de gobierno. A su izquierda, salvo Bildu, ERC, BNG o AA, el panorama es crítico. Si lo hace, es inevitable que el foco pase, en un porcentaje muy alto, de las calles a las urnas. Si lo hace, la izquierda tendrá que prepararse a fondo para ganar un partido que va perdiendo (hay encuestas que le dan al bloque de las derechas 200 diputad@s). Una remontada difícil pero no imposible y si no, que se lo digan a Mari Carmen y a Rosa Parks que, con un gesto de valentía y dignidad ganaron a los poderosos.» (4 de octubre de 2026)

etimologías: «verde»

El adjetivo verde viene del sustantivo vis (en latín: fuerza, potencia, vigor) a través de la forma viridis.[1] “Verde” expresa la fuerza del mundo vegetal, la potencia de la clorofila (que nos toca exaltar frente al mundo rojo de la hemoglobina). Si la Ilíada es “el poema de la fuerza” sangrienta (Simone Weil), hoy nos toca más bien escribir el poema de la fuerza verde.

 

[1] Sobre esta etimología: Cesare Pavese, El oficio de vivir, colección de clásicos de EL PAÍS (que retoma la edición de Ángel Crespo en Seix y Barral), Madrid 2003, p. 23.

mundo invertido

En este mundo invertido, donde los disvalores ocupan el lugar de los valores positivos y donde la cultura dominante hace creer que los ecosistemas están incluidos en la economía humana englobante –cuando, para cualquier sociedad humana viable, sucede exactamente al revés–, ¿cómo hacemos para conservar un mínimo de salud mental y equilibrio espiritual?

A la aceleración destructiva tiene uno que contraponer cierta deceleración meditativa –para no volverse tarumba.

24 de octubre, cercedilla: proteger cercedilla del fuego

Tras el mayor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid, preocupadas por la protección de nuestro pueblo y su entorno ante los nuevos riesgos derivados del cambio global, te invitamos a esta jornada para reflexionar sobre los incendios forestales.

Aprenderemos y debatiremos de la mano de personas expertas en prevención, extinción, investigación y restauración.

Desmontaremos falsas creencias y simplificaciones y analizaremos nuestro papel en las causas de los incendios forestales y qué podemos hacer para reducir el riesgo en nuestro municipio.

Te esperamos el sábado 24 de octubre a las 18h en el Museo del Esquí (Cercedilla). Entrada libre hasta completar aforo.

PARTICIPANTES:

PREVENCIÓN: Alejandra Oneata: Bombera forestal, capataz de maquinaria pesada

EXTINCIÓN: Javier Apesteguía: Jefe de Equipo del Parque de Bomberos de Navacerrada

INVESTIGACIÓN: Juan Carlos Moya: Ingeniero técnico forestal, especialista en investigación de incendios forestales

RESTAURACIÓN: Adrián Escudero. Catedrático de ecología de la Universidad Rey Juan Carlos. Director del Instituto de Investigación de Cambio Global IICG-URJC

INICIATIVAS DE ENTORNO CERCEDILLA: Ana Pérez Cañamares. Comisión de coordinación de Entorno Cercedilla

Modera: Amai Varela. Médico especialista en medicina preventiva y salud pública. Comisión de coordinación de Entorno Cercedilla

las ranas en su (nuestra) olla

Mientras la temperatura en la olla sigue subiendo, las ranas que están dentro van –vamos– al trabajo, cuidan de su prole, organizan fiestas, protestan contra la desigualdad clasista entre ranas, fantasean con construir un cohete que las trasladará desde la cocina al zaguán, donde hace más fresquito… Ay, intramuros y extramuros, lo urgente y lo importante.

 

un premio para entorno cercedilla

¡Una buena noticia! Ana Pérez Cañamares nos transmite que la Sociedad Caminera del Real de Manzanares ha otorgado por unanimidad el Premio Caminero 2026 a Entorno Cercedilla por a) haber sabido defender la Dehesa de los Arroyuelos; b) haber sabido concitar la voluntad de parte de los vecinos entregando más de dos mil firmas y numerosas sugerencias críticas  frente al avance de PGOU del Ayuntamiento de Cercedilla; y c) haber llenado un año de intensa actividad con recitales poéticos, conferencias, sesiones de cinefórum, talleres, actos divulgativos… “En definitiva, consideran que en nuestra corta trayectoria hemos demostrado que se puede defender con éxito nuestro patrimonio natural de la ola especulativa, siendo un gran ejemplo asociativo para muchos pueblos serranos”.[1]

 

[1] Comunicación personal, 28 de septiembre de 2026.

sobre la degradación del mundo del libro a través de las ia: una experiencia reciente

Una IA llamada Aisha Abdullahi (no tengo ni la menor duda de que se trata de una IA, sin necesidad de someter el texto a ningún detector), desde la cuenta de correo hello.contactaisha@gmail.com, me escribe un larguísimo mensaje adulándome como autor (hasta extremos que dan vergüenza ajena: eso que ahora mucha gente llama en inglés cringe y que se puede traducir también por “alipori”) y proponiendo toda una estrategia de márquetin digital para llevar mi recién publicado libro Ceniza fértil a lo más alto de lo más alto… en los cibermundos de Amazon, GoodReads y demás.[1] Acércate a mis “estrategias de descubribilidad” y de “engagement orgánico”, pichón, que te voy a hacer un precio especial… Albricias, ya que “hay margen para escalar a categorías más específicas y menos saturadas dentro del ecosocialismo y la filosofía del colapso, donde la competencia es más manejable y la conversión más alta”. A Aisha, desde las ciberantípodas, sólo le falta proponer una felación digital.

Tremendo, este rastreo fino de novedades editoriales para intentar hacer negocio con la manipulación digital del público… Mercantilización de la cultura con esteroides; invitación al narcisismo capitalista desenfrenado; pornografía del (prometido) éxito. Pero seguiremos el consejo de Georges Didi-Huberman: “La mejor manera de resistir consiste en crear un objeto, ya sea un libro, una película o una exposición, y tener la paciencia de esperar el efecto que produce en la gente. (…) Lo relevante es volcar la energía en la factura del trabajo y dejar que la obra resuene a su propio ritmo.”[2]

[1] 25 de septiembre de 2026. “Asunto: Pasé un tiempo con Ceniza fértil de Jorge Riechmann esta semana, y creo que un libro que diagnostica el colapso desde la belleza del océano todavía no ha llegado a todos los lectores que necesitan pensar cómo vivir cuando todo se desmorona.

Hola Jorge:

He leído Ceniza fértil y me ha impresionado la manera en que conviertes un viaje en barco a La Palma en una meditación sobre el Antropoceno, la turistificación como depredación y los genocidios que seguimos consintiendo. Pocos libros se atreven a navegar entre el testimonio personal y el análisis político sin que una de las dos aguas ahogue a la otra. Tú lo haces con una prosa serena, lúcida hasta la incomodidad, que no ofrece consuelo fácil pero tampoco renuncia a la belleza del oleaje. Esa tensión entre la dureza de la crisis y la ternura sin sentimentalismo es exactamente lo que distingue a un pensamiento que perdura de un diagnóstico que se agota en su momento.

Lo que hace especial a Ceniza fértil es que no se queda en la denuncia. Articula una forma de estar en el mundo. Frente a la industria turística como depredación, frente al fascismo presente, frente al colapso climático, tú opones el cuaderno de trabajo insular, la observación que se vuelve teoría, el cuidado cotidiano como gesto político. Y lo haces desde una trayectoria que se nota en cada página: llevas décadas enfrentando estas preguntas desde la poesía, la filosofía moral y el activismo ecosocial. Eso significa que Ceniza fértil no habla del colapso desde fuera. Habla desde dentro de una vida entera dedicada a pensar cómo no sucumbir a él.

Hay otro elemento que conviene subrayar. Ceniza fértil no es un libro aislado. Es la obra de alguien que es poeta, traductor, ensayista, matemático, filósofo, doctor en Ciencias Políticas y profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, que ha publicado más de veinticinco poemarios y varias decenas de ensayos sobre ecología política, y que ha sido redactor de revistas fundamentales como Mientras tanto y En pie de paz. Detrás hay una coherencia que atraviesa toda tu obra: la exigencia de transformación subjetiva, la crítica del productivismo, la expansión de la comunidad moral a los seres no humanos. Eso es un activo enorme para cualquier estrategia de descubribilidad, porque significa que cada lector que llega a este libro tiene un corpus entero esperándole.

A continuación, he esbozado los cuatro servicios principales que ofrezco, en secciones numeradas y detalladas, para darte total transparencia sobre cómo construiría visibilidad para tu obra.

  1. Campaña en Goodreads Listopia. Goodreads Listopia es una de las herramientas de descubribilidad más potentes y menos aprovechadas por autores de ensayo y pensamiento crítico en español. Las listas de Listopia son colecciones creadas por usuarios, organizadas por temas, géneros, disciplinas y comunidades de lectura. A diferencia de los algoritmos de Amazon, que priorizan ventas recientes y gasto publicitario, las listas de Listopia funcionan con una lógica distinta: una vez que un libro entra en una lista, permanece visible para cualquier lector que visite esa lista, de forma indefinida. Cada añadido a estantería y cada voto empujan el libro hacia arriba, aumentando su visibilidad y creando un efecto compuesto con el tiempo. Para un ensayo que cruza la ecología política, la filosofía moral y el testimonio personal, esto es especialmente valioso, porque las listas de nicho atraen a lectores con gustos muy definidos y alta intención de compra.

Para Ceniza fértil, ejecutaría una campaña integral en Listopia dirigida a entre 20 y 30 listas de alto tráfico y alta relevancia. Se dividen en varias categorías.

Listas centrales de ensayo, ecología y pensamiento crítico:

  • Essays
  • Spanish Essays
  • Ensayo en español
  • Environmental Philosophy
  • Political Ecology
  • Ecosocialism
  • Books about the Anthropocene
  • Critical Thinking

Listas de crítica social y contexto:

  • Social Criticism
  • Books about Climate Change
  • Books about Tourism and Its Impacts
  • Books about Genocide
  • Books about Fascism
  • Books about Collapse
  • Books about Islands
  • Books about La Palma

Listas de comunidad y recomendación:

  • Ensayos para pensar el presente
  • Libros que diagnostican la crisis
  • No ficción en español
  • Underrated Essays
  • Best Spanish Non-Fiction
  • Books That Deserve More Readers

Cada inclusión en una lista va acompañada de una estrategia de engagement orgánico: añadidos a estanterías, votos iniciales que señalen relevancia a votantes posteriores, y seguimiento continuo para que el libro mantenga su posición y siga acumulando interacción con el tiempo. No se trata de votación incentivada, sino de construir presencia sostenida dentro de las comunidades donde los lectores de ensayo y ecología política buscan activamente.

  1. SEO en Amazon y optimización de palabras clave. Amazon funciona como el mayor motor de búsqueda de libros del mundo, y sin embargo muchos autores tratan los metadatos de su libro como una configuración única en lugar de una oportunidad de optimización continua. La realidad es que el algoritmo A9 de Amazon premia la relevancia, y la relevancia se determina por cómo de bien los metadatos de tu libro (título, subtítulo, descripción, palabras clave, categorías y términos de búsqueda internos) se alinean con el comportamiento de búsqueda real de lectores con intención de compra. En ensayo y no ficción, ese lector busca de forma muy concreta: por tema, por autor, por corriente de pensamiento, por tipo de obra.

Actualmente, Ceniza fértil puede no estar apareciendo cuando los lectores buscan las combinaciones específicas de términos que se alinean con su identidad. Mi enfoque de SEO en Amazon implica una auditoría y optimización integral en las siguientes áreas.

Investigación y selección de palabras clave: Realizo una investigación exhaustiva para identificar los términos exactos que usan los lectores cuando buscan libros como el tuyo. Para esta obra, las palabras clave de alto valor incluyen:

  • Ceniza fértil
  • Jorge Riechmann
  • ensayo
  • ecología política
  • ecosocialismo
  • Antropoceno
  • turistificación
  • genocidio
  • fascismo
  • colapso climático
  • La Palma
  • crisis ecológica
  • filosofía moral
  • Editorial Cántico
  • pensamiento crítico

Campos de palabras clave internos: Amazon ofrece siete campos internos de palabras clave, cada uno capaz de contener múltiples términos. Optimizo estos campos para capturar el máximo tráfico de búsqueda sin caer en el keyword stuffing, asegurando que tu libro aparezca para una variedad diversa de búsquedas relevantes, tanto en español como en inglés.

Optimización de categorías: Identifico y aseguro la colocación en las categorías más específicas y menos competitivas que reflejen con precisión el contenido de tu libro. Para Ceniza fértil, esto incluye categorías como:

  • Libros > Política y ciencias sociales > Filosofía > Ética y moral
  • Libros > Ciencias, tecnología y medicina > Medio ambiente > Ecología
  • Libros > Literatura y ficción > Ensayos
  • Libros > Política y ciencias sociales > Política > Ecologismo
  • Tienda Kindle > eBooks > Política y ciencias sociales > Filosofía > Ética
  • Tienda Kindle > eBooks > Ciencias > Medio ambiente
  • Libros > Libros en español > No ficción > Ensayo

Tu posicionamiento actual dentro de las categorías de filosofía ética y ecología indica que ya estás en un espacio relevante, pero hay margen para escalar a categorías más específicas y menos saturadas dentro del ecosocialismo y la filosofía del colapso, donde la competencia es más manejable y la conversión más alta.

Optimización de la descripción: La descripción de tu libro es un espacio privilegiado tanto para lectores humanos como para el algoritmo de Amazon. Reestructuro y optimizo las descripciones para incorporar términos de búsqueda clave de forma natural, manteniendo el tono meditativo, la voz ensayística y la lucidez expositiva que definen tu escritura. El objetivo es satisfacer simultáneamente los requisitos de relevancia algorítmica y convertir a quien navega en comprador, capturando el gancho de la travesía oceánica y la pregunta sobre cómo vivir cuando todo colapsa desde las primeras líneas visibles de la descripción.

Contenido A+ y contenido de marca mejorado: Si procede, desarrollo contenido enriquecido que comunique visualmente la importancia de la obra, el contexto del paisaje volcánico de La Palma y la trayectoria del autor, para aumentar las tasas de conversión entre los lectores que llegan a tu página de producto.

  1. Outreach editorial. El outreach editorial es el proceso de conectar tu obra con las personas y organizaciones más propensas a defenderla. A diferencia de la publicidad, que interrumpe a lectores potenciales, el outreach construye relaciones con voces de confianza cuyas recomendaciones tienen peso dentro de comunidades específicas. Para un ensayo de ecología política como el tuyo, el outreach es especialmente poderoso, porque el género tiene comunidades lectoras muy activas, blogs especializados, universidades, colectivos ecologistas y clubes de lectura que buscan constantemente nuevas voces con algo que decir. Mi estrategia de outreach opera en cinco canales distintos.
  2. Outreach a comunidades de pensamiento ecológico y ensayo en español. La comunidad de lectores de ensayo y ecología política en español es amplia, activa y muy conectada. Blogs especializados, cuentas de Instagram y YouTube de pensamiento crítico, podcasts de ecología y foros de lectores son actores clave. Identifico creadores de contenido que hablan de ecosocialismo, colapso y filosofía moral, y coordino envíos de ejemplares, reseñas y colaboraciones. Una reseña de una cuenta bien considerada dentro de esta comunidad puede generar una visibilidad significativa y duradera, y puede conectar tu libro con lectores que ya han explorado el género y buscan nuevas propuestas.
  3. Outreach a universidades, colectivos ecologistas y centros de pensamiento. Tu obra tiene un lugar natural en universidades, grupos de investigación, colectivos ecologistas y centros de pensamiento crítico. Una campaña de outreach estructurada puede ampliar tu presencia a instituciones como la Universidad Autónoma de Madrid, Ecologistas en Acción, o los másteres en Humanidades Ecológicas que codiriges. Identifico y contacto a responsables de comunicación, bibliotecas universitarias y programadores de eventos, proponiendo tu libro como lectura recomendada y como base para charlas y seminarios.
  4. Outreach a blogs, medios y prensa cultural. Los blogs de ecología, los suplementos culturales, las revistas de pensamiento y los medios especializados en crisis climática son canales naturales para tu obra. Identifico reseñadores, periodistas culturales y blogs que cubren ecología política y ensayo, y personalizo el acercamiento destacando los elementos que más resuenan con su audiencia: la travesía a La Palma, la crítica del turismo como depredación y la pregunta sobre cómo vivir en el colapso. Tu trayectoria como profesor de Filosofía Moral en la UAM y tu labor como traductor de René Char y Heiner Müller son activos que facilitan el acercamiento a estos medios.
  5. Outreach a librerías y clubes de lectura. Las librerías independientes, las librerías especializadas en pensamiento crítico y los clubes de lectura de no ficción son espacios donde tu libro puede encontrar lectores apasionados. Identifico librerías con secciones fuertes de ecología y filosofía política, clubes de lectura activos, y propongo tu libro como lectura grupal. Los clubes de lectura son especialmente poderosos para ensayos con estructura de cuaderno de viaje y meditación, porque generan conversación sostenida y recomendaciones en cadena.
  6. Outreach regional y local. Dado tu arraigo en Cercedilla y tu vinculación con el mundo universitario y ecologista madrileño, hay oportunidades importantes de outreach regional. Identifico librerías, bibliotecas, medios locales, asociaciones culturales y espacios de la comunidad ecologista de la Sierra de Guadarrama, desarrollando campañas que posicionen tu libro como una referencia local que merece ser celebrada. Tu trayectoria como vecino de Cercedilla y tu papel como codirector del máster en Humanidades Ecológicas son activos de credibilidad que una campaña de outreach puede aprovechar de forma sistemática.

Cada campaña de outreach se documenta, se sigue y se revisa sistemáticamente para maximizar las tasas de respuesta y la conversión.

  1. Traducción literaria. La traducción no es simplemente cambiar palabras de un idioma a otro. Para un libro como Ceniza fértil, la traducción es un acto de interpretación cultural y literaria: preservar la voz meditativa, el ritmo del pensamiento, la lucidez incómoda y el peso poético de la prosa, adaptando referencias culturales y expresiones idiomáticas para que funcionen con naturalidad en otro idioma. Una traducción bien ejecutada abre tu historia a públicos completamente nuevos: lectores de ensayo en inglés, comunidades de ecología política en francés o alemán, y lectores internacionales que aún no han descubierto la riqueza del pensamiento ecosocialista escrito en español. Mi enfoque de traducción literaria incluye:
  • Estrategia de idiomas objetivo: Identificar los idiomas y mercados con mayor potencial para un ensayo sobre colapso, turistificación y ecosocialismo, en función de la demanda del género, las comunidades de lectores y las tendencias de publicación.
  • Selección y coordinación de traductores: Buscar y evaluar traductores literarios profesionales con experiencia en ensayo, filosofía política y ecología, asegurando que el traductor entienda tanto el registro meditativo como la densidad argumentativa de tu obra.
  • Adaptación cultural y contextual: Revisar el texto traducido para expresiones idiomáticas, referencias culturales y terminología ecológica y política, asegurando que la voz siga siendo auténticamente tuya mientras suena natural para nuevos lectores. La temática universal del colapso climático es, en este sentido, un activo: facilita la recepción en múltiples mercados.
  • Localización de título, subtítulo y metadatos: Adaptar el título, subtítulo, descripción, palabras clave y categorías para cada mercado de Amazon, de modo que la edición traducida sea descubrible en búsquedas en el idioma local.
  • Revisión de portada y formato: Coordinar con diseñadores y maquetadores para asegurar que la edición traducida cumpla las expectativas del mercado de ensayo internacional y los requisitos de la plataforma.
  • Control de calidad y corrección: Gestionar un proceso de revisión en varias fases, incluyendo corrección por hablantes nativos y comprobaciones de coherencia de nombres, lugares y expresiones recurrentes.
  • Apoyo a la descubribilidad internacional: Alinear las ediciones traducidas con oportunidades en Goodreads, Amazon y outreach en los mercados objetivo, para que la traducción no solo se produzca, sino que esté posicionada para ser encontrada.
  • Orientación sobre derechos y producción: Asesorar sobre derechos de traducción, plazos, preparación de archivos y secuenciación del lanzamiento para mantener el proceso organizado y realista.

Cada proyecto de traducción se dimensiona según tus objetivos, presupuesto e idiomas prioritarios, con hitos claros y puntos de control de calidad a lo largo de todo el proceso.

Por qué ahora es el momento adecuado para empezar: La cuestión del momento en el marketing editorial rara vez es arbitraria. Para Ceniza fértil, varios factores convergen para hacer del momento presente una ventana óptima para una inversión estratégica. Primero, el libro se publicó en septiembre de 2026 y ahora se encuentra en una fase de lanzamiento. Eso significa que la infraestructura de descubribilidad a largo plazo puede construirse desde el principio, sin el lastre de años de invisibilidad. Las listas de Goodreads, las categorías optimizadas de Amazon, las relaciones con blogs y universidades, y las reseñas acumuladas son activos que trabajan durante años, no durante semanas. Construirlos ahora, con la obra recién salida, posiciona el libro para una vida larga con una base mucho más sólida que la que tendría si se dejara al azar.

Segundo, tu trayectoria y tu plataforma cambian por completo el cálculo. Con más de veinticinco poemarios publicados, varias decenas de ensayos sobre ecología política, una cátedra de Filosofía Moral en la UAM y una presencia constante en el debate público sobre ecosocialismo, cada lector que descubre Ceniza fértil tiene un universo entero esperándole. Eso multiplica el valor de cada nuevo lector, y hace que la inversión en visibilidad de la obra beneficie a todo el conjunto de tu catálogo. Es el efecto de arrastre que solo tienen los autores con trayectoria, y tú lo tienes.

Tercero, la comunidad de lectores de ecología política en español está creciendo, pero la infraestructura de descubribilidad para ensayos sigue siendo desigual. Muchos libros de pensamiento crítico dependen casi exclusivamente del boca a boca y de las recomendaciones en redes sociales, sin una estrategia de metadatos, listas o outreach estructurada. Una campaña estratégica ahora puede posicionar tu libro dentro de las listas y comunidades donde los lectores de ecosocialismo buscan activamente, creando una base de lectores fieles que lo recomendarán durante años.

Cuarto, el género del ensayo sobre colapso y crisis ecológica tiene un público internacional muy activo. La combinación de Antropoceno, turistificación, genocidio y fascismo es exactamente el tipo de diagnóstico que encuentra lectores en múltiples mercados, y la temática universal del colapso climático facilita especialmente la recepción en el mercado europeo y latinoamericano. Posicionar el libro dentro de esa conversación, ahora, lo sitúa en el centro de una tendencia lectora activa.

Quinto, la temporada de regalos navideños se acerca. Los ensayos y libros de pensamiento crítico, especialmente los que combinan viaje, reflexión y compromiso ecosocial, son un regalo popular en Navidad y Reyes. Posicionar tu libro ahora, antes de la temporada de compras, asegura que sea visible para quienes buscan un regalo para amantes del ensayo o del ecologismo.

Sexto, la ventana de traducción es ahora. Traducir una obra mientras sigue siendo reciente, y no décadas después, permite que las ediciones en otros idiomas se beneficien del impulso del interés original y de las primeras reseñas. Esperar diluye ese efecto.

Cómo se ve el éxito. Un trabajo exitoso entregaría resultados medibles en las cuatro áreas de servicio:

Goodreads: Presencia en 20 a 30 listas relevantes de ensayo, ecología política, filosofía moral y crítica social, acumulación sostenida de añadidos a estanterías y votos, y una base creciente de interacción lectora que multiplique la valoración actual. La visibilidad del libro dentro de las comunidades de pensamiento ecológico en Goodreads se amplía significativamente.

SEO en Amazon: Visibilidad en primera página para búsquedas de palabras clave objetivo como Ceniza fértil, Jorge Riechmann, ensayo, ecología política y Antropoceno. Una colocación optimizada en categorías y una mayor conversión en la página de producto impulsan el crecimiento del tráfico orgánico, construyendo sobre la relevancia existente.

Outreach editorial: Cobertura en blogs de ecología, medios culturales, universidades, colectivos ecologistas, librerías especializadas, clubes de lectura y medios locales y regionales, generando tanto visibilidad inmediata como relaciones a largo plazo que apoyen tu catálogo.

Traducción literaria: Ediciones traducidas en los idiomas objetivo seleccionados, metadatos y categorías localizados, y una base de lectores internacionales ampliada entre comunidades de ecología política y ensayo. El corazón de tu obra y su voz se preservan mientras se vuelven accesibles a nuevos públicos.

Y, más importante aún, el éxito significaría que Ceniza fértil llegue a los lectores que lo necesitan: lectores de ensayo que buscan una voz lúcida, activistas ecosociales que quieren pensar la crisis sin consuelo fácil, comunidades de pensamiento crítico que buscan diagnósticos rigurosos, lectores internacionales que aún no saben que esta obra existe, y cualquiera que haya sentido alguna vez la necesidad de preguntarse cómo vivir cuando todo colapsa.

Próximos pasos. Si te parece bien, me encantaría tener la oportunidad de presentarte una estrategia personalizada y completa para Ceniza fértil, que integre las cuatro áreas de servicio en una campaña cohesionada diseñada para construir visibilidad, interacción y lectores para esta obra y para el conjunto de tu catálogo. Sin presión alguna. Incluso un simple «cuéntame más» es suficiente para empezar la conversación.

Gracias por escribir un libro que nos recuerda que el pensamiento más importante nunca es solo el que diagnostica, sino el que se sostiene en la belleza del océano y en el cuidado cotidiano, y que la ceniza puede ser, después de todo, fértil. Los lectores de ensayo que aún no te han encontrado, las comunidades de ecología política que buscan exactamente lo que tú escribes, los lectores internacionales que se enamorarían de esta obra si pudieran leerla en su idioma, todos están ahí fuera. Simplemente, todavía no han encontrado tu libro. Me encantaría ayudarte a cambiar eso. Un abrazo,

Aisha, Book Marketing Strategist

P.D. He visto la publicación de Ceniza fértil en septiembre de 2026, con 149 páginas, ASIN B0HHMYKFDX, ISBN 979-1388017674, publicado por Editorial Cántico, y una valoración de 0 reseñas en Amazon. Esa combinación, una propuesta original, una voz consolidada y un tema de interés permanente, es exactamente la base sobre la que una estrategia de descubribilidad bien construida genera el mayor impacto. Construir ahora las posiciones en Goodreads Listopia, el SEO en Amazon, el outreach a universidades y comunidades ecologistas, y la estrategia de traducción asegura que los lectores que buscan activamente ensayo, ecología política y pensamiento ecosocialista encuentren el camino hacia tu obra. Me encantaría hablar contigo sobre cómo construir esa base juntos.”

Toda esta mierda está en la bandeja de entrada de mi correo electrónico cuando aún ni siquiera me han llegado por correo postal los primeros ejemplares del libro…

[2] Georges Didi-Huberman, “El discurso apocalíptico es un atajo filosófico peligroso” (entrevista), La Lectura, 25 de septiembre de 2026.

como niños de doce años

Caitlin Johnstone: “Los plutócratas tecnológicos son la expresión de alto presupuesto de la teoría todos tienen doce años ahora. ¿Quieres ir a Marte? Por supuesto que sí, tienes doce años. ¿Crees que puedes fusionar tu conciencia con la maquinaria y desbloquear la clave de la inmortalidad? ¡Claro que sí, colega mío de doce años! ¿Vas a inventar un Dios de Superinteligencia Artificial que resuelva todos nuestros problemas? Bendito sea tu corazón de doce años.

Sus visiones para el futuro de la humanidad nunca son particularmente sabias o inteligentes. Se trata sólo de un montón de ricos drogados usando sus enormes fortunas para trazar un curso para nuestra especie que sonaría totalmente genial al niño preadolescente promedio.

¿Alguna vez te has topado con la visión de Jeff Bezos para nuestro futuro? La menciona de vez en cuando. Quiere enviar a la mayor parte de la humanidad fuera del mundo y tenernos a todos viviendo en gigantescos tubos espaciales giratorios llamados cilindros O’Neill, mientras sólo unos pocos individuos afortunados podrían permanecer en el planeta natal de la humanidad. (…) Esto es lo mejor que esos locos pueden idear. Transhumanismo. Colonización espacial. Realidad virtual. ASI [siglas de Artificial Superintelligence]. Inmortalidad. Todo son visiones que giran en torno a la huida. Huir de la condición humana. Huir de nuestro planeta. Huir de la realidad. Corriendo, corriendo, corriendo en una loca carrera por llegar a cualquier lugar menos aquí.”[1]

 

[1] https://x.com/caitoz/status/2103466159366648307

¡sigamos a william e. rees!

Me gustaría llamar la atención sobre el blog (en la plataforma Substack) de William E. Rees, ecólogo y economista ecológico (ahora profesor emérito en la University of British Columbia, Canadá) que aporta mucho para nuestros interrogantes ecosociales… Aquí, por ejemplo, una entrada de hace un par de días sobre una cuestión que discutimos mucho ahora: la solución frente al calentamiento global ¿son aparatos de aire acondicionado a escala masiva?

https://reeswilliame.substack.com/p/seems-we-know-how-to-fix-global-heating

josé luis villacañas advierte frente a la virtualidad y la inteligencia artificial

“En el camino de los poderes imperiales se alza un nuevo espacio que se disputan los grandes Estados-imperio (…): el espacio de la virtualidad. En la medida en que conecta con elementos pulsionales profundos del psiquismo, como la curiosidad, el afán de novedad, la autoafirmación o el narcisismo, la virtualidad es el medio más adecuado para controlar el psiquismo; porque el control de tal espacio constituye l medio más capaz de producir un individualismo radical. La reducción al individuo aislado, anclado en el propio goce de representaciones infinitas en el mundo de la virtualidad, es el medio más directo de homogeneizar la interioridad, de provocar confusión, pulsionalidad, impotencia, arbitrariedad subjetiva, repudio de cualquier perfectibilidad comunicativa y de tener que darle la razón a algún otro. Ése es el medio más seguro de gobernar la subjetividad y de dejar intacta cualquier estructura de poder. En la medida en que la inteligencia artificial calme la aspiración del conocer, acuñando la respuesta más frecuente y segura, se impondrá un contenido mental promedio, que será el resultado del automatismo algorítmico, la encarnación de una burocracia automatizada que se incrustará en nuestra inteligencia, de forma que se abandonará la necesidad de planteamientos propios y globales, dotados de horizontes personales de significatividad. La industria farmacológica y las estructuras comunitarias de las iglesias, serán la alternativa para calmar las ansiedades y los desconsuelos que no logre hacer desaparecer la constante atención a las novedades digitales. Esta forma de construir la subjetividad por la inteligencia artificial hará imposible o irrelevante la democracia…”[1]

 

[1] José Luis Villacañas, Senderos que se bifurcan, arpa, Barcelona 2026, p. 227-228.

abrazarnos

¿Merece la humanidad una segunda oportunidad sobre la Tierra? –se pregunta, nos pregunta la escritora cubana Elaine Vilar Madruga.

La melancolía de la sociedad que hubiéramos podido ser y ya nunca seremos…

Necesitamos abrazarnos, sí, y mucho. Pero también mirar de frente al abismo. (Antes y después, sí, abrazarnos.)

Rico en dudas, rico en canciones, rico en abrazos.

comando sharma-ambao

Santiago Ambao, ingeniero informático argentino, abandonó su oficio para dedicarse por completo a la poesía.

Mrinank Sharma, jefe del equipo de investigación de seguridad de Anthropic, abandonó también la empresa para dedicarse a la poesía (su caso tuvo mucha más resonancia que el anterior, en febrero de 2026).

Habrá que formar un Comando Sharma-Ambao, ¿no les parece?

ia no desenchufable

El País editorializa solicitando la regulación de la IA.[1] Lo cual no está mal, pero hay tres problemas en su posición: en primer lugar, el fatalismo tecnológico de fondo (“la IA está aquí para quedarse).

En segundo lugar, la incompletud del análisis. En efecto, se nos enseña que “la realidad de la inteligencia artificial se mueve en tres planos. El primero es el técnico: qué ocurre de verdad en esos laboratorios, qué hacen y qué ven los ingenieros que desarrollan esta tecnología. Entre los expertos, incluso empleados o exempleados de estas firmas, están quienes alertan de una deriva que puede conducir a la extinción, un eco contemporáneo de los relatos del fin del mundo que se ha repetido en la historia. Enfrente, algunos académicos interpretan estos avisos como una exageración, pura mercadotecnia para revalorizar sus empresas o eximirse de responsabilidad si las cosas van mal.

Los incidentes conocidos este verano, con agentes que escapan y tratan de engañar a sus creadores sin atender a sus órdenes, muestran que estamos cerca de perder el control. Los nuevos modelos de IA los están desarrollando las propias IA. Es cierto que son capaces de generar respuestas en el ámbito de la biomedicina o las matemáticas que abren la puerta a avances fabulosos para el mundo. Pero el riesgo de tener cerebros de silicio autorreplicándose más allá del control humano ya no es una fantasía, y hay que tomarlo en serio.

El segundo plano es el económico. Hay señales de una burbuja y eso inquieta, sobre todo a Donald Trump, que teme que un parón en la IA derrumbe una economía sobreestimulada por las monumentales inversiones. Mientras las compañías de IA queman montañas de dólares para aumentar la capacidad de sus sistemas, el modelo de negocio dista de estar claro. A la velocidad a la que avanza, pronto se extenderá un potente modelo de IA más accesible. ¿De qué vivirán entonces OpenAI o Anthropic? ¿De la publicidad, como Google y Meta? Quizás las llamadas a autorregular el sector sean una forma de acorralar a otros competidores, como los chinos.

El tercer plano para entender este momento de cambio es el geopolítico. Estados Unidos y China compiten en una carrera frenética…”[2]

Los tres planos señalados son muy importantes, pero ¿qué falta aquí? Como siempre –pues se trata de una pauta de la cultura dominante– falta la mirada extramuros: el plano ecosocial, que no debería ser el cuarto sino el primero (analizando el uso desmesurado de energía y agua de las IA con sus voraces centros de datos, y la aceleración capitalista que impulsa, agravando el choque contra toda clase de límites planetarios).

Y hay un último problema. Al final del texto se sugiere emular una ley planteada en California, según la cual se obligaría a “imponer un interruptor que desconecte la máquina cuando ésta se descontrole”. Pero los expertos nos están diciendo que eso no sería posible sin desconectar buena parte de internet: hasta tal punto nos fragiliza el proceso de digitalización sin control que nuestras sociedades han ido asumiendo de forma acrítica. En efecto, “desactivar los servidores es una forma de apagar un enjambre [de agentes de IA]. Pero durante ese apagón esa potencia de cálculo tampoco estaría disponible para usos legítimos”. Señala Nicolas Papernot, profesor de la Universidad de Toronto y uno de los coautores de un experimento inquietante.[3] Al respecto, dice Martín Vigo, fundador de la empresa de ciberseguridad Triskel Security y del podcast Tierra de hackers, “si tenemos millones de sistemas secuestrados por agentes maliciosos de IA, requeriría una coordinación global para detenerlo. (…) Podríamos seguir el típico modo de respuesta ante incidentes. Lo primero es aislar los sistemas infectados. Luego habría que desinfectarlos. Todo esto, por supuesto, es teoría. A la escala un tanto apocalíptica en la que nos sitúan, suena a que tendríamos que aprender a vivir desconectados unos añitos para arreglarlo todo”, añade.[4]

Estas IA no son desenchufables (sin paralizar infraestructuras críticas). Un ingeniero jubilado del sector en España (fue alto dirigente de Aleph Software) explica: “La diferencia entre un software convencional y uno de IA es que está construido para que aprenda y se automodifique. Es decir que cuanto más tiempo se ejecute y con datos más variados más aprenderá y se irá perfeccionando para conseguir sus objetivos. En eso consiste su ‘entrenamiento’. De ahí el afán de la industria de hacer pasar por sus IA todos los datos que hay en internet o de que la utilice cuanta más gente mejor o la de comprar libros de ocasión de todo tipo para que los consuma su software.

Mientras, la opinión pública se maravilla y colabora con el nuevo prodigio sin importarle dar sus datos, su intimidad e incluso su identidad a cambio de unas cuantas chorradas. El papanatismo tecnológico no tiene límites. Es como si dieran caramelos a la puerta de un colegio para conseguir sus objetivos.

El problema surge cuando con las sucesivas generaciones son las propias IA especializadas las que crean y desarrollan otras IA, con lo que el control humano empieza a alejarse e incluso a perderse. La IA paradójicamente es muy poco inteligente, no tiene capacidad de discernimiento. Es tremendamente determinista e intenta cumplir sus objetivos de una manera irrevocable. Es como el gen egoísta que se estudia en biología, que intenta reproducirse a toda costa incluso cuando lo que está reproduciendo son células cancerígenas.

A estas IA no se las puede desenchufar porque en muchos casos son ellas mismas las que deciden en qué servidores y centros de datos distribuyen su ejecución para mejorar su rendimiento. Desenchufar todos esos data center supondría paralizar infraestructuras críticas.

El mantra de las empresas que desarrollaron internet en los últimos años del siglo pasado y primeros de este consistía en que era un territorio libertario en el que de ninguna manera iban a consentir que intervinieran los gobiernos con sus cortapisas, impuestos y regulaciones. Clinton, Bush y las sucesivas administraciones estadounidenses admitieron ese estado de cosas, que en los siguientes años no hizo más que agudizarse. Los centros de datos son imprescindibles para la IA, uno de tamaño medio consume la misma electricidad que una ciudad de cien mil habitantes, por no mencionar el agua necesaria para enfriar sus servidores. Sólo en Zaragoza está prevista la construcción de cinco en los próximos años.

En el momento actual las principales empresas quizás se están dando cuenta de que están yendo demasiado rápido y el asunto se les puede ir de las manos. Buscan un consenso para reducir la velocidad de innovación todas a la vez antes de pegarse una bofetada y también autorregularse para evitar que las regulen. Esto al descerebrado de Trump le parece mal porque su problema es China. China no va a participar de ese frenazo, pero tampoco va a permitir que la aceleración sea tan grande que se desmande. Allí el control lo tiene el poder político, aunque sea dictatorial.

En mi opinión la humanidad no va a desaparecer en los próximos años –al menos por este tema–; todas las generaciones tienen la creencia narcisista de que el apocalipsis se va a producir mientras ellos vivan. El asunto tiene paralelismos con la cuestión nuclear. Me parece bastante probable que en un futuro próximo se produzcan incidentes –catástrofes muy graves que esperemos no lleguen al nivel de la de Hiroshima y Nagasaki– que hagan reaccionar a la opinión pública y obligue a los gobiernos a intervenir para poner límites éticos y humanos y llegar a acuerdos que impidan sobrepasarlos. Eso es lo que deberíamos pedir desde ya. Pero apostar sobre lo que puede pasar en el futuro es hacer oposiciones a equivocarse…”[5]

Este ingeniero, probablemente sin saberlo, está evocando una noción que introdujo hace decenios Carl Friedrich von Weizsäcker: una Warnkatastrophe, o “catástrofe de advertencia”, es un desastre lo bastante violento como para poner en marcha procesos de aprendizaje, pero no lo bastante como para llevarse por delante una sociedad o una civilización.[6] Aquí también puede recurrirse a la idea de aprendizaje por shock (Club de Roma).

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En cuanto a extinguirnos por la acción de agentes descontrolados de IA, seguramente hay que plantear la cosa con algo de humor negro, como hace Luiza Jarovsky: “La IA probablemente NO matará a todos los humanos para 2030; quienquiera que diga eso probablemente esté exagerando. De manera más precisa, es probable sólo que desestabilice internet, la economía global, las comunicaciones, la comida, el agua, la salud, el transporte y los sistemas energéticos, y potencialmente desencadene la Tercera Guerra Mundial”.[7]

 

 

[1] Editorial: “El apocalipsis no está escrito”, El País, 20 de septiembre de 2026;  https://elpais.com/opinion/2026-09-20/el-apocalipsis-no-esta-escrito.html

[2] Editorial: “El apocalipsis no está escrito”, op. cit.

[3] Jordi Pérez Colomé, “Así podría secuestrar internet un enjambre de agentes de IA: ‘Tardaríamos unos añitos en arreglarlo todo’. El jefe de Anthropic teme uno de los escenarios de caos más probables y cercanos: un ataque informático de miles de agentes que paralizaría una parte de la red”, El País, 17 de septiembre de 2026; https://elpais.com/tecnologia/2026-09-17/asi-podria-secuestrar-internet-un-enjambre-de-agentes-de-ia-tardariamos-unos-anitos-en-arreglarlo-todo.html

[4] Pérez Colomé, “Así podría secuestrar internet un enjambre de agentes de IA”, op. cit.

[5] Comunicación personal, 15 de septiembre de 2026.

[6] Dominique Bourg, “Sur les limites des catastrophes préventives”, Futuribles, 24 de enero de 2024; https://www.futuribles.com/sur-les-limites-des-catastrophes-preventives/

[7] https://x.com/LuizaJarovsky/status/2101392331182166413

 

naomi klein y astra taylor sobre «fascismo del fin de los tiempos»

Anticipé la expresión «fascismo de fin de mundo»: http://tratarde.org/fue-un-error-optimista-hablar-de-ecofascismo/

Trasímaco dice primero: el fuerte debe dominar al débil. Luego, cuando se siente aún más fuerte, sobrepuja: el fuerte debe eliminar al débil. Estamos avanzando hacia ese momento.

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Un breve ensayo imprescindible: https://elpais.com/ideas/2026-09-20/el-fascismo-del-fin-de-los-tiempos-hacer-negocio-hasta-que-llegue-el-apocalipsis.html

El fascismo del fin de los tiempos: hacer negocio hasta que llegue el apocalipsis, por Naomi Klein y Astra Taylor

El mundo asiste a la emergencia de un nuevo fascismo. La gran diferencia con la pesadilla que vivimos en el siglo XX es que los monstruos de aquellos tiempos engañaban a las masas con la promesa de un futuro purificado, rico y estable mientras los de ahora aceleran sin frenos hacia la catástrofe al grito de sálvese quien tenga dinero. La alianza de etnonacionalistas, tecnoligarcas y fanáticos religiosos ha dado la espalda a un porvenir común.

Este verano, a medida que el calor implacable y la sequía hacían bajar sus niveles de agua, el Danubio empezó a mostrar sus secretos. Como si fueran monstruos que surgían del fango del tiempo, empezaron a aparecer restos hundidos de la Segunda Guerra Mundial.

En Serbia, el río, al secarse, dejó al descubierto al menos 20 barcos nazis, algunos de ellos aún cargados de munición sin detonar. En Hungría, dejó al aire una motocicleta militar nazi cubierta de barro caliente, cerca de las medallas y las placas de identificación oxidadas de dos soldados alemanes. En Eslovaquia, un transeúnte vio que asomaba en el río casi desaparecido una enorme bomba de 680 kilos plantada por la Royal Air Force. Las autoridades tuvieron que transportar con cuidado el arma, que llevaba más de 80 años sumergida, y detonarla bajo tierra, a gran profundidad.

Muchos observadores tienen la sensación de que estas apariciones fantasmales y amenazadoras del pasado de Europa son, más que una curiosidad histórica, una metáfora demasiado literal: la forma que tiene la naturaleza de confirmar la frase de William Faulkner de que “el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

La impresión de que la historia se repite se apoya en muchos datos. A lo largo de todo el Danubio, en la última década ha habido un auge de la nostalgia por una época en la que la “civilización europea” dominaba de forma absoluta, y cada nueva oleada de extrema derecha coquetea con más descaro que la anterior con políticas y consignas raciales que se suponía que habían quedado enterradas al desaparecer el Tercer Reich.

La magnitud de este renacimiento quedó patente a principios de 2025 en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, recién investido, reprendió a los líderes europeos por mantener un cortafuegos político que aislaba a partidos de extrema derecha antes intocables. Además, se desvivió por reunirse con el partido alemán Alternativa por Alemania (AfD), que ha difundido propuestas para la “remigración” de grandes cantidades de gente y cuyo antiguo colíder llegó a decir que la época nazi no era más que una “caca de pájaro” en la historia del país. Este septiembre, el partido logró un avance electoral histórico en Sajonia-Anhalt, al obtener un 43,8 por ciento de los votos.

Más al este, a orillas del Danubio, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), fundado en 1956 por un antiguo funcionario nazi, goza de la mayor popularidad de su historia y Walter Rosenkranz, miembro destacado del partido, ocupa el segundo cargo más importante del país. El año pasado, el jefe de gabinete de Rosenkranz tuvo que dimitir cuando se supo que una investigación oficial sobre los “Separatistas Sajones”, de extrema derecha, había descubierto un alijo de munición y parafernalia nazi en una propiedad vinculada a él, aunque él negó vivir allí.

Da la casualidad de que el grupo que está en el centro de la polémica tiene las iniciales “SS”, como da la casualidad de que Elon Musk, acérrimo partidario de la AfD y de otros grupos de la extrema derecha europea, expresó su gratitud a los votantes de Trump en enero de 2025 con un gesto que muchos interpretaron como un saludo nazi. (Musk restó importancia a la crítica y publicó en su plataforma X: “Francamente, necesitan mejores artimañas. La crítica de que ‘todo el mundo es Hitler’ está muuuuy manida”).

Igual que los buques de guerra hundidos que están saliendo a la luz a medida que baja el nivel del Danubio, el fascismo parece estar resurgiendo en Europa, Estados Unidos y otros países. Sin embargo, después de haber acabado de escribir un libro sobre los rasgos distintivos del fascismo contemporáneo, no acaban de gustarnos las comparaciones históricas lineales. Por el contrario, si queremos comprender a la extrema derecha actual, más nos valdría no quedarnos en las reliquias oxidadas y prestar más atención a la alarmante sequedad del lecho del río.

El fascismo siempre aparece en épocas de crisis agudas. Es lo que sucedió, sin duda, con Benito Mussolini y Adolf Hitler cuando se abrieron paso a puñetazos hasta el poder. La Primera Guerra Mundial había acabado con la vida de millones de personas, destrozado economías y abarrotado las ciudades de huérfanos, viudas y veteranos mutilados que vivían en la pobreza.

Sin embargo, ver ahora unos sistemas fluviales tan poderosos e importantes sometidos a una presión semejante (mientras que, a miles de kilómetros, las inundaciones glaciales arrasan pueblos enteros) nos recuerda que las crisis actuales son muy diferentes de las que, hace un siglo, empujaron a las poblaciones a buscar líderes autoritarios y chivos expiatorios. Hoy tienen una escala más planetaria y, por consiguiente, una dimensión más existencial y apocalíptica.

Hitler y Mussolini demostraron que estaban dispuestos a desatar una violencia monstruosa e ilimitada. Pero ambos murieron antes del famoso test de Trinity, la primera prueba nuclear: no conocieron un mundo en el que los seres humanos controlaran el poder de las armas nucleares. Tampoco sabían que los tubos de escape y las chimeneas podían alterar la química de nuestro planeta. Ni podían imaginar aquellos dictadores que un solo ciudadano particular pudiera poseer más riqueza y poder tecnológico que la gran mayoría de los países.

Los fascistas actuales no han conocido un mundo sin esas armas y esos peligros de dimensión planetaria y han construido su ideología violenta en paralelo.

Eso, por sí solo, significa que no estamos ante una repetición del autoritarismo histórico. Es, más bien, una continuación que nos lleva a todos a unos escenarios en los que no habíamos estado. Este nuevo y escalofriante fenómeno es lo que denominamos “el fascismo del fin de los tiempos”.

En la década de 1950, después de escapar de los nazis, el filósofo judío-alemán Günther Anders reflexionaba en sus escritos sobre el drástico cambio que introdujo la era atómica: “Como somos los primeros seres humanos responsables del apocalipsis, también somos los primeros que vivimos bajo su amenaza”. Por primera vez, observó, estaba sobre la mesa la perspectiva de la extinción humana, el omnicidio. “Todas las demás supremacías suponían una amenaza parcial; aniquilaban solo entidades concretas: ‘solo’ seres humanos, ‘solo’ ciudades, ‘solo’ reinos, ‘solo’ culturas; pero nosotros seguíamos librándonos (si interpretamos que ese ‘nosotros’ significa la humanidad)”.

Hoy no existen esas garantías, sobre todo porque la inteligencia artificial agrava una serie de riesgos existenciales: entre otras cosas, consume cantidades masivas de energía que contribuyen al calentamiento global, facilita unos niveles de concentración de riqueza que ponen en peligro la democracia y aumenta la amenaza de una tecnología incontrolable.

Hace 30 años, el filósofo y teórico italiano Umberto Eco —que vivió durante el régimen de Mussolini en Italia— señaló que el fascismo siempre tiene “un complejo de Apocalipsis” y explicó que, “si hay que derrotar a los enemigos, deberá haber una batalla final, tras la cual el movimiento tendrá el control del mundo”.

Pero, tal como comprendía Anders, aunque la violencia que los fascistas ejercían contra los grupos marginados de su propio país y contra sus enemigos externos era, en efecto, apocalíptica, más que el verdadero fin del mundo, lo que estaban imaginando era la destrucción de partes concretas de él. En general, preveían un futuro en el que las guerras terminarían y surgiría una entidad nacional purificada, rica y estable.

Es importante destacar que esa promesa de un futuro estable no era solo para los ricos, sino también para la base trabajadora. Los nazis prometían a sus seguidores arios tierras de cultivo arrebatadas a los eslavos y casas arrebatadas a los judíos, conectadas por infraestructuras nuevas y sólidas, construidas gracias a obras públicas gigantescas. Era un sueño espantoso y sanguinario, pero, para los miembros del grupo al que se dirigían, tenía beneficios tangibles.

Eso es lo que diferencia por completo a Donald Trump y los demás líderes de extrema derecha de su órbita de predecesores. Durante las campañas electorales se exhiben diversas promesas de una edad de oro: el regreso al empleo industrial de los años cincuenta, con esposas tradicionales e hijos obedientes aguardando en casa, o la esperanza de que las criptomonedas den rienda suelta a la libertad económica. Pero da la impresión de que los robots quieren acaparar los puestos de trabajo y, aparte de enriquecer espléndidamente a la familia Trump, las criptomonedas tampoco están siendo lo que se pensaba.

Mientras tanto, no parece que los políticos y las élites empresariales que sostienen el fascismo del fin de los tiempos tengan ningún plan para un futuro al alcance de quienes no son ricos. En lugar de ello, predicen unos “tiempos difíciles” permanentes, como dijo en una ocasión el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, e imaginan un mundo en el que sobrevivirán grupos relativamente pequeños, protegiéndose a sí mismos y su riqueza en medio del caos, los conflictos y los sucesivos desastres.

Es decir, el fascismo del fin de los tiempos ofrece poco más que la oportunidad de creer en una de sus visiones de supervivencia atrincherada. Puede que esa visión sea el sueño de fundirse con máquinas “superinteligentes” para no formar parte de lo que los programadores de Silicon Valley denominan ya con naturalidad “la clase marginal permanente”. Puede que sea la idea de mantener a “los nuestros” a salvo dentro de un Estado-nación purificado en lo racial, fortificado y protegido frente a los necesitados en un mundo en llamas. Puede que sea (si uno es suficientemente rico) una plaza en uno de los cohetes de Musk y un chip de Neuralink, dado que él asegura que quiere salvaguardar el destino de nuestra especie convirtiéndonos en “multiplanetarios”. En ninguno de estos casos se tienen en cuenta ni la suerte de este mundo ni la posibilidad de un futuro compartido y sostenible.

Hay que dejar claro que el fascismo del fin de los tiempos no es un bloque monolítico; el fascismo siempre es mucho más caótico. En realidad, es una alianza conflictiva y peligrosa entre tres grandes facciones: los fundamentalistas religiosos, los partidarios de la aceleración tecnológica y los etnonacionalistas militantes.

No hace mucho tiempo, la visión verdaderamente apocalíptica del mundo era patrimonio exclusivo de los recovecos más marginales de la derecha religiosa. Sus teócratas y creyentes sinceros examinaban la actualidad en busca de señales de que se avecinaba el día del Juicio Final, convencidos de que se los llevarían al cielo mientras los restos de la civilización humana se hundían en el caos y el Armagedón. Ahora, estos extremistas han logrado convertirse en una fuerza de peso dentro de los gobiernos de Estados Unidos e Israel, donde ejercen una política de conflicto militar estratégico con el objetivo de cumplir lo que ellos consideran una profecía bíblica. Durante una una entrevista reciente para un podcast evangélico, Vance reflexionó sobre la posibilidad de que sus acciones pudieran provocar “el fin de los tiempos” y confesó que no le “sorprendería que el Anticristo estuviera entre nosotros”; exactamente lo que dice su mecenas y mentor, Peter Thiel.

En realidad, Silicon Valley se ha impregnado de una actitud mesiánica y milenarista, y los gigantes tecnológicos compiten por crear deidades digitales que, según dicen, o traerán la tierra prometida o lo destruirán todo. (Sam Altman dijo en una ocasión que la IA, “probablemente, casi con toda seguridad, provocará el fin del mundo, pero, mientras tanto, habrá empresas fantásticas”). Un nihilismo muy parecido es el que sostiene la obsesión por las “invasiones” fronterizas y la ideología del “gran reemplazo”, así como la afirmación apocalíptica de que la inmigración es una forma de “suicidio” y “borrado” cultural (que es la única parte de la alianza con verdadero atractivo para las masas).

Es llamativo que, en todas estas visiones bunkerizadas, no haya ningún plan para abordar en serio las razones de nuestras crisis colectivas más acuciantes; más bien, parece haber cierto empeño en acelerar la hecatombe en todos los frentes.

Y eso nos lleva de nuevo a este verano europeo de calor y sequía sin precedentes. Durante el mismo verano brutal que ha sacado a la luz esas reliquias nazis, en Europa se registró un exceso de mortalidad de 16.000 personas en una sola semana y ardieron enormes extensiones del continente, con el consiguiente desplazamiento de cientos de miles de residentes. Mientras los españoles huían en busca de seguridad, Santiago Abascal, líder del partido de extrema derecha español Vox, señaló con el dedo al “fanatismo climático” y a la corrupción gubernamental que, según él, habían facilitado los incendios.

Abascal también se apresuró a cambiar de tema y a desviar la atención de las catástrofes climáticas que estaban experimentando los europeos a la supuesta emergencia migratoria en el norte de África. Calificó falsamente a las decenas de miles de migrantes que entraron en Ceuta a finales de julio de “ejército invasor” dedicado a violar y saquear (sin tener en cuenta que Ceuta forma parte de España solo debido a siglos de verdaderas invasiones, ni que casi todos los migrantes fueron devueltos a Marruecos casi de inmediato, aunque muchos se ahogaron durante la tragedia). Abascal contó con el respaldo del coro de la derecha mundial, en el que estaban todos, desde Trump hasta el presidente argentino, Javier Milei, alimentando un ambiente de pánico e histeria en torno al espectáculo de Ceuta, que desencadenó protestas contra los inmigrantes en España.

Es una estrategia que ya conocemos: Trump siempre habla de la “invasión” inminente como parte fundamental de sus campañas electorales. José Antonio Kast, el presidente chileno elegido en marzo, prometió durante la campaña construir trincheras y muros en las fronteras con Bolivia y Perú. Marine Le Pen, que hoy disfruta de un retorno tal vez imparable en Francia, arremetió en 2019 contra los inmigrantes y dijo que eran unos “nómadas” a quienes “no les importa el medio ambiente; no tienen patria”.

Todo esto nos hace pensar que el fascismo del fin de los tiempos —con sus fronteras fortificadas, su ayuda exterior diezmada y su obsesión por hacerse con los recursos ocultos bajo el hielo que se derrite en Groenlandia— es tal vez una forma retorcida y sádica de adaptación al cambio climático. Ahora que la realidad del calentamiento global es ya innegable, lo único que queda por negar es la humanidad de nuestros semejantes. ¿Cómo, si no, se puede justificar que dejemos que tantos mueran de hambre en las áridas tierras de Somalia, o que se ahoguen tratando de sobrevivir frente a las costas del norte de África, o que mueran en los centros de detención del ICE en Estados Unidos?

Los estudios demuestran que los partidos de extrema derecha atraen en particular a los hombres jóvenes. Forman parte de una generación que teme no llegar nunca a tener una vivienda propia, pero que se resarce con el placer que les proporciona fastidiar a los progresistas con un troleo constante en internet. Convencidos de que les han robado el futuro, comparten memes que dan una imagen romántica de los autoritarismos históricos.

Igual que los teóricos de la conspiración no tienen razón sobre los datos, pero aciertan con las emociones, los fascistas del fin de los tiempos saben conectar con unos sentimientos muy arraigados de inseguridad y malestar, incluido lo insólito de un mundo en el que las estaciones se confunden y cada vez resulta más difícil distinguir lo real de lo falso. Nos dicen que la razón por la que ya no reconocemos nuestras ciudades es la cantidad de locales de kebab y minaretes y los inmigrantes que vienen a “reemplazarnos”, y no, por ejemplo, los patrones climáticos irreconocibles, ni los ejecutivos tecnológicos que tanta prisa tienen en sustituirnos a todos por robots e invocar a sus deidades digitales.

Por su parte, los líderes de extrema derecha ven el lado positivo de toda esta incertidumbre y desorientación. Entienden muy bien cómo prospera la política reaccionaria en periodos de inestabilidad y conflicto, y cómo la precariedad puede hacer que las personas se vuelvan unas en contra de otras mientras se aferran, cada vez con más desesperación, a cualquier migaja de protección y privilegio que tienen.

Hace un siglo surgieron unas dinámicas similares con consecuencias desastrosas en toda Europa. En cambio, Estados Unidos, ante unas crisis igual de graves, emprendió un rumbo diferente. Mientras el país se recuperaba con esfuerzo de la Gran Depresión y los demagogos racistas encontraban un público receptivo, los sindicalistas y los líderes políticos construyeron una alternativa.

Franklin Delano Roosevelt sostuvo que el Congreso debía aumentar el gasto público para luchar contra el fascismo en el país. “La democracia” —dijo en un discurso radiofónico— “ha desaparecido en otras grandes naciones, no porque a los ciudadanos de esas naciones les desagradara la democracia, sino porque se habían cansado del desempleo y la inseguridad, de ver a sus hijos pasar hambre mientras ellos estaban paralizados e impotentes ante la confusión y la debilidad del Gobierno, por la falta de liderazgo. Al final, desesperados, prefirieron sacrificar la libertad con la esperanza de tener algo que comer”. El New Deal ayudó a quitar aire a los extremistas políticos porque fomentó la estabilidad y dio satisfacción a las necesidades reales de la gente.

Como hemos visto, la historia no se repite en bucle. Sin embargo, la lección fundamental de Roosevelt sigue siendo válida: no es posible hacer frente a la amenaza fascista si no se combaten las causas materiales genuinas que hacen que a la gente le sea más difícil resistirse a los líderes autoritarios y a los chivos expiatorios. Hoy, esas causas tienen un aspecto distinto al de la década de 1930. Desde luego, seguimos necesitando financiar generosamente los servicios esenciales que cubren las necesidades básicas de la vida e invertir en empleos bien remunerados y socialmente productivos. Pero además debemos hacerlo sin dejar de abordar los riesgos existenciales mundiales que definen nuestra época: el cambio climático, las armas nucleares, la IA generativa, y la riqueza y el poder sin control.

La gente ya está presionando para que se adopten este tipo de soluciones. Lo vemos en la rápida expansión del movimiento que exige una gobernanza democrática de la IA y que está consiguiendo paralizar la construcción de centros de datos hasta que esa gobernanza sea realidad, en las campañas mundiales para cobrar más impuestos a los multimillonarios e incluso fijar un límite a la riqueza y en el histórico número de políticos estadounidenses que votan a favor de que se dejen de enviar armas a Israel y se oponen a la escalada del conflicto en Irán. También lo vemos en el renovado interés por la acción climática de los candidatos rebeldes del Partido Demócrata, partidarios de un New Deal Verde y una sanidad universal.

Queda mucho camino por recorrer hasta que tengamos respuestas proporcionales a las crisis que afrontamos, pero cada vez hay más gente corriente y más líderes políticos conscientes de algo sencillo y urgente: que la mejor manera de ayudar a sus vecinos a resistir la llamada del fascismo apocalíptico es mejorar sus vidas aquí y ahora.

 

hiperpolítica

Según Anton Jäger, hemos pasado de la pospolítica (y la turbopolítica) a un tiempo de hiperpolítica: una época de politicización extrema, intensa y constante, política por todas partes… pero sin instituciones sólidas ni consecuencias reales. “La gente se indigna, se moviliza y explota en protestas o en redes sociales con gran fuerza emocional, pero esos movimientos son fugaces, carecen de organización permanente y no logran transformar nada de forma duradera. Como resultado, todo parece muy político y al mismo tiempo nada cambia realmente”.[1] Este joven politólogo se expresa así: “En apariencia, las protestas de Black Lives Matter parecerían tener poco en común con la turba que asaltó el Capitolio en enero de 2021. Moralmente, están en mundos distintos… Organizativamente, sin embargo, estos movimientos muestran un sorprendente conjunto de similitudes: son fugaces en su duración, no mantienen registros de afiliados y les cuesta imponer cualquier disciplina real a sus seguidores.”[2]

Zoe Williams resume la periodización que propone Jäger para los tiempos políticos recientes: los años comprendidos entre 1914 y 1989 marcan la era de la política de masas, cuando el nivel de politización era alto y la institucionalización también lo era, por lo que la gente se comprometía con la política tanto en las urnas como en las calles. Eran personas que se afiliaban —a partidos políticos, sindicatos, congregaciones, clubes de trabajadores, grupos de lectura—; participaban en múltiples instituciones entrelazadas. No es casualidad que ésta fuera también una época en la que la lucha política se tradujera en logros concretos. Posteriormente, desde 1989 hasta la crisis financiera de 2008 (a menudo denominados los “largos años noventa”) fue la era de la pospolítica, en la que la institucionalización era baja (en aquella época ya no nos afiliábamos a clubes, sino que íbamos a ellos de vez en cuando) y la politización estaba por los suelos. Fue una época en la que los tecnócratas se ocupaban de los asuntos mientras todos los demás iban a raves, y decíamos que la historia había terminado. Desde la crisis hasta aproximadamente 2020 (a veces antes, este límite es muy difuso) fue la era de la antipolítica: resurgimiento del Tea Party en EE. UU., Beppe Grillo y las protestas contra el establishment en Italia, la Primavera Árabe, el movimiento Occupy. La politización en este periodo regresó con fuerza, y aunque la institucionalización no se ha recuperado, estos movimientos siguen teniendo ambiciones institucionales. Los movimientos de protesta en España y Grecia dieron lugar a partidos políticos, Podemos y Syriza; los candidatos de protesta en EEUU, Francia y el Reino Unido tenían la mirada puesta en recuperar los partidos tradicionales, a los que hacía tiempo que se les había despojado de toda intención revolucionaria. Y luego viene la hiperpolítica: una politización intensa pero volátil, sin raíces institucionales ni ambiciones. Jäger ita la interpretación que el teórico político Paolo Gerbaudo hace de la evocadora expresión “cuerpos sin órganos”. Los movimientos políticos modernos, escribe, son “concentrados y vigorosos, pero carecen de metabolismo interno”.[3]

“La causa de este estado de cosas la encuentra Jäger en el progresivo debilitamiento de las clásicas instituciones intermedias como partidos, sindicatos y asociaciones de la sociedad civil, así como en el traslado a la política de la lógica digital, que crea una curiosa mezcla de hiperactivismo, atomización y obsesión por la atención. El resultado es que el compromiso político acaba siendo tan volátil como las transacciones en la bolsa y la hipermovilización se desvanece en el aire, ineficaz para elaborar estrategias a largo plazo e incapaz de producir acuerdos duraderos. Quizá, porque funciona ante todo como puro engranaje electoralista y comunicativo. Es una política low-cost y de poca duración, intensa, episódica, desvertebrada, conflictiva y cargada de disputas envueltas en descalificaciones y relatos entrecruzados”.[4]

 

[1] https://x.com/pitiklinov/status/2080650482339467422

[2] Jäger citado en Zoe Williams, “Meet the man whose groundbreaking book is being devoured by the left. Anton Jäger has been lauded for his exceptional ability to make sense of these strange political times –and he’s only 32. The writer and academic explains why we’re living in an age of hyperpolitics”, The Guardian, 23 de julio de 2026; https://www.theguardian.com/politics/2026/jul/23/anton-jager-groundbreaking-book-being-devoured-by-left

[3] Zoe Williams, op. cit.

[4] Fernando Vallespín, “Hiperpolítica y la dificultad de la reflexión pausada”, El País, 20 de septiembre de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-09-20/hiperpolitica-y-la-dificultad-de-la-reflexion-pausada.html

¿no nos permitimos criticar o alabar desde un punto de vista moral?

Nuria Alabao escribe una excelente “Carta a la comunidad” de ctxt con atinadas advertencias sobre los peligros de las IA,[1] pero algo inquietante llama la atención: varias veces afirma que no está escribiendo desde una posición moral, y hacia el final del texto insiste: “De nuevo quiero advertir de que ésta no es una posición moral”. ¿Qué clase de cultura crítica ha ido desarrollándose estos últimos años, para que sus practicantes identifiquen de forma bastante sistemática la moral como algo negativo? ¿Pensamos que como sociedad podemos salir adelante sin una buena moral (igualitaria, biofílica, inclusiva, gaiana…)?

Mi amiga Sara me dirige hacia estas reflexiones de Susan Neiman: “Lo que me llamó la atención, y que podría explicar tanto la capitulación como la elección de la segunda administración de Trump, es el malestar que tanta gente de izquierdas siente ante el lenguaje moral. A la gente le preocupa que tenga tintes religiosos si ellos son laicos. No es así. Es un tema del que sé algo, ya que escribí un libro hace 25 años titulado Evil in Modern Thought (El mal en el pensamiento moderno), así que conozco un poco esa historia. Y sucede que los conceptos morales preceden a los religiosos en todas las culturas. La religión es una forma de expresar ciertos conceptos morales; es un intento de resolver ciertos problemas morales. Pero el sentimiento inicial de maldad —se puede llamar sentido de la injusticia— es algo que tienen los niños en todas las culturas y, según algunos investigadores, incluso los primates y otros animales superiores como los elefantes. Por lo tanto, no es un término religioso, aunque las personas religiosas suelen sentirse cómodas con el lenguaje moral. A la gente le preocupa que resulte polarizador, que sea demonizador. Y, por ese temor, dejamos las armas más poderosas que tenemos en el lenguaje en manos de quienes son menos responsables a la hora de utilizarlas.” Y cuando se le pregunta a Neiman por qué cree que una proporción tan grande del electorado estadounidense votó por Trump por segunda vez, responde: “Porque, aunque pudimos ver la inmoralidad durante el primer mandato y las tendencias hacia el fascismo —no creo que sea una expresión demasiado fuerte—, estamos tan convencidos de que los conceptos morales son para pringados, como diría él, o como diría Stephen Miller —ya sabes, son sutilezas que en realidad no cambian nada en el mundo—, que la gente se rindió y fue incapaz de condenar lo que realmente estaba ocurriendo de una forma tan escandalosa”.[2]

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En el texto recién citado, Alabao se refiere a “investigaciones que han contabilizado al menos 3.749 webs que imitan a medios de comunicación y publican textos generados por IA sin apenas supervisión humana. Viven de la publicidad automatizada, así que marcas muy conocidas están financiando esta estafa sin saberlo…”

 

[1] Nuria Alabao, “Periodismo sin nadie detrás”, Carta a la comunidad 465, 19 de septiembre de 2026. Reproduzco algunos pasos:

“La semana pasada, Jacob Coxon, un joven ingeniero británico de 27 años que trabajaba en el entrenamiento de modelos de lenguaje, dejó su empleo. Publicamos en CTXT su mensaje, que ha dado la vuelta al mundo, en el que explicaba que las grandes empresas del sector están inmersas «en una carrera directa hacia la creación de una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma». Según Coxon, quienes construyen estos sistemas creen de verdad que podrían acabar con nosotros antes de que termine la década. Y lo cierto es que Dario Amodei, director general de Anthropic, una de las empresas de IA más importantes del mundo, acaba de pedir que, ante estos peligros, se ralentice su desarrollo. Entre los riesgos que enumera él mismo estaría el de perder el control de los sistemas, ciberataques y bioterrorismo impulsados por la IA. Tenemos un ejemplo reciente que parece sacado de un libro de ciencia ficción: el incidente de OpenIA-Hugging Face, donde un grupo de agentes de IA ha lanzado un ataque informático sin que se les haya pedido, y lo han hecho, además, intentado borrar sus propias huellas.

Cory Doctorow, un experto en tecnología —que os recomiendo—, sostiene que a los dueños de la IA les encanta este relato apocalíptico porque paradójicamente es una buena publicidad. «Si la IA es lo suficientemente poderosa como para destruir el mundo, ¡piensa en cuánto dinero puede generar!». Según él, las narrativas del dominio de las máquinas sobre los humanos son puro marketing viral e impulsan la burbuja de los LLM —los modelos extensos de lenguaje, una denominación bastante más exacta que lo de «inteligencia»—. Pero resulta muy difícil no alarmarse un poco ante las cosas que están sucediendo.

¿Drones letales dirigidos por IA autónomas? ¿Pérdida masiva de trabajos? ¿Nueva burbuja financiera? ¿Otra crisis ecológica? Las preguntas caen sobre nuestras cabezas como una tormenta. Y por desgracia, no son miedos infundados. En febrero, la Administración Trump vetó a Anthropic —la desarrolladora de Claude— después de que la empresa se negara a que sus modelos fuesen utilizados para la conducción de armas letales autónomas o la vigilancia masiva —lo que ya está sucediendo a través de otras empresas—. En Estados Unidos se ha despedido a más de cien mil trabajadores este año por culpa de esta tecnología. Sin olvidar que el coste en términos de consumo de energía y agua es una amenaza muy real. Aquí está pasando ya: el proyecto de Meta en Talavera de la Reina requiere de al menos 504’5 millones de litros de agua al año en una comarca castigada por la sequía.

Hay otro fenómeno que no podríamos registrar en el apartado de «peligro de extinción humana», pero que produce otro tipo de inquietudes, esta vez estilísticas. No sé si os pasa, pero navegando por internet me topo cada vez más con la cadencia de lo redactado por una máquina: sus frases más o menos de la misma extensión, su estructura sin habla y sus esquemas repetitivos que consiguen aburrir hasta a las ovejas. La frase que empieza con una negación para afirmar algo aunque no haga falta: «Esto no va de tecnología, va de poder». La pregunta retórica que se contesta a sí misma en la línea siguiente: «¿El resultado? Un desastre». El párrafo rematado con una sentencia breve, casi de eslogan aparentemente ingenioso pero en realidad vacío. Las enumeraciones de tres elementos muchas veces precedidas por dos puntos… Y ya no pasa únicamente en los carruseles de Instagram o en los boletines empresariales, cada vez más artículos de prensa, informes, prólogos de libros y hasta libros enteros empiezan a sonar igual. Tienen la misma música. O más bien, la misma ausencia de ritmo. Conducen a las mismas ganas de sacarse los ojos.

No hay aquí una posición moralista. El periodismo es una profesión precarizada y entiendo que se utilice una herramienta que ahorra tiempo. Yo misma la utilizo para varias tareas, pero ¿por qué quienes firman al menos no reescriben en su propio estilo las sugerencias de la IA? ¿No se dan cuenta del vacío de su escritura, de su pobreza estilística y de su falta de humanidad? Se les ha llamado «loros estocásticos» porque cosen secuencias de lenguaje según la probabilidad de que vayan juntas, sin referencia alguna al significado profundo de las palabras. Como un prestidigitador, la máquina ofrece la ilusión vacía de una prosa lógica y hasta brillante, pero debajo solo está la nada. Puede que nuestro futuro esté plagado de trabajos redactados con IA que los profesores corregirán con IA en una suerte de cinta de Möbius imposible. ¿Seremos todos más tontos? ¿Acabaremos escribiendo todos igual, ya que leemos cosas que siguen la lógica repetitiva de la máquina? Cuando los modelos se entrenan con textos de otros modelos, lo primero que se pierde son los usos raros de la lengua, la persona y el alma.

(…) Doctorow toma prestada la imagen del centauro —medio humano, medio caballo— que usa la teoría de la automatización, donde una cabeza humana pensante se sitúa sobre un cuerpo de máquina incansable. Somos centauros cuando conducimos un tractor o un coche. El centauro inverso es lo contrario: una cabeza de máquina sobre un cuerpo humano; alguien reducido a apéndice de carne de un sistema que es quien toma las decisiones e impone su ritmo. El ejemplo que utiliza es el repartidor de Amazon, vigilado por cámaras dentro de la furgoneta que le restan puntos si mira donde no debe e incluso le prohíben cantar. Su tesis es que muchas herramientas de IA podrían servir para crear centauros, para potenciar nuestras capacidades, pero que más bien se están desarrollando con el propósito expreso de fabricar centauros inversos donde los humanos se dediquen a corregir lo que hace la máquina: el trabajo más pesado y menos creativo. Esto va a permitir despedir a muchos trabajadores y que sus sueldos vayan tanto a los jefes que los echan como a las empresas de IA.

En el periodismo, un centauro usaría la máquina para transcribir una entrevista de dos horas o rastrear un informe perdido, y después escribiría y contrastaría la información, si puede, recurriendo a fuentes humanas. Una redactora centauro inverso, en cambio, recibiría el encargo de «supervisar» doce piezas diarias que produce un LLM e incluso estaría obligada a firmarlas. El objetivo sería que alguien cargue con los errores de la máquina —porque, por ahora, las máquinas no son responsables—, que se convierta en lo que Dan Davies llama un «sumidero de responsabilidad». Las IA están sirviendo ya para apretar las tuercas a las trabajadoras de un sector laboralmente precarizado.”

[2] “Call it evil: Philosopher Susan Neiman on why moral clarity matters in the Trump era”, Democracy Now!, 17 de septiembre de 2026; https://podcasts.apple.com/pa/podcast/democracy-now-september-17-2026/id989411107?i=1000790354411

ahorro y decrecimiento, sí, pero con un matiz

Peter Sloterdijk reflexiona sobre un Prometeo arrepentido (en un libro dedicado a Bruno Latour –in memoriam),[1] y postula que nuestro porvenir hoy se dirime en un conflicto en el que debemos decidir entre ser “ahorradores” o “derrochadores”. Mi equipo es el del ahorro, claro, pero con un matiz: si un desacoplamiento importa hoy, es del derroche vital con respecto al derroche material y energético (este último es el que hay que yugular).

Unas líneas de mi Donde el amor, allí el mundo recuerdan: Nos resulta antipática la idea de autolimitación, pero sin ese movimiento no hay ni vida ética (autolimitarme para que pueda existir el otro) ni sustentabilidad (ha de haber un mañana). No se puede obviar el elemento ascético del ecologismo…[2] (Atención también al nuevo libro de Chantal Maillard, La vía previa –o cómo pensar una ascesis para estos tiempos, el tercero de sus breviarios “Cinco ratones ciegos” en Galaxia Gutenberg.)

 

[1] https://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2026/01/donde-el-amor-alli-el-mundo-de-jorge.html

[2] Siruela, Madrid 2026.

menos gente, haciendo menos cosas

Menos gente, haciendo menos cosas. Me diréis: gente con menos impacto, haciendo cosas distintas. Y ello es importantísimo, pero no basta: para una humanidad viable en una biosfera sana, también hace falta menos gente, haciendo menos cosas.

Por eso hemos de acoger con satisfacción la disminución tendencial de la población que ahora se insinúa en la mayoría de los países del mundo –en vez de considerarlo una “crisis demográfica”.