sobre deuda, austeridad y ecosocialismo

Notas para la mesa redonda “La deuda: de la coartada a la estafa” (junto con Bibiana Medialdea y Alfredo Sánchez Alberca) en el Foro Viento Sur, Librería asociativa Traficantes de Sueños, Madrid, 16 de noviembre de 2011

“Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, por eso ahora toca una cura de austeridad”: una frase que provoca ampollas entre las gentes de izquierda, como nuestra amiga, la joven economista Bibiana Medialdea. Y tiene razón en revolverse contra este diagnóstico –al menos desde cierto conjunto de problemas.

Pensemos en la sanidad pública, por ejemplo. La nuestra es universal –lo que no ocurre en demasiados países del mundo–; es barata, se mire por donde se mire; y es muy eficiente. Con un gasto público por habitante de apenas 3.067 dólares por habitante (frente a 5.352 de Noruega o 7.960 en EEUU), las prestaciones son muy superiores al promedio de la UE y obtenemos resultados de entre los mejores de la OCDE (y la UE) (baja mortalidad infantil, la segunda mayor esperanza de vida, y cobertura prácticamente universal). Nos gastamos en sanidad pública sólo el 6% del PIB, menos de 70.000 millones de euros[1].

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una nota sobre consumo, «consumerism» y ecosocialismo

El crecimiento (del PNB) es el síntoma, pero la enfermedad es el capitalismo, con su naturaleza intrínsecamente expansiva. ¿No deberíamos descender a las raíces del problema? Está muy bien reducir individualmente el consumo de carne y de agua: pero nos hace falta –si de veras aspiramos a ecologizar la economía y la sociedad— socializar la banca y el sector energético.

La reciente reflexión decrecentista se centra en el consumo (a menudo con una perspectiva individual)[1]. Veamos una definición típica: “El decrecimiento es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales gracias a una disminución de la avidez consumista, que nos hace querer comprar todo lo que vemos”[2]. Pero consumo y producción van de la mano. Productivismo-y-consumismo: producir más para consumir más para producir más para… (Otra forma de verlo: producir por producir y consumir por consumir.) Pero la rueda que mueve la máquina infernal está oculta detrás del vistoso primer plano: es la acumulación de capital. Nos oponemos al productivismo/ consumismo (producción por la producción acoplada con el consumo por el consumo), y no puede obviarse la dimensión de los cambios estructurales que son necesarios. Dicho de forma un poco provocadora: no solamente necesitamos fomentar organizadamente el consumo responsable, sino también la socialización responsable de los medios de producción (de una parte esencial de los mismos).

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una rana dentro de un puchero

El pasado 30 de octubre, en la plaza del 2 de Mayo de Malasaña, asistí a una conferencia –organizada por la Asamblea 15-M del barrio— de Antonio Lafuente sobre el procomún (esta vieja palabra castellana, recuperada por activistas del siglo XXI, remite a los bienes comunes: lo que es de todos y no es de nadie). El debate fue plural, rico y enriquecedor. Una de las cuestiones que volvían una y otra vez era la perplejidad ante la falta de reacción de la mayoría de la gente frente a la terrible crisis que afrontamos. Y varias veces se evocó el cuentecillo de la rana cocida lentamente, “un clásico en las escuelas de negocios” como recordó Antonio.

Como se sabe, si arrojamos a la rana dentro del puchero de agua hirviendo sus reflejos de supervivencia se impondrán: saltará instantáneamente fuera del puchero y salvará la vida. Si en cambio echamos la rana dentro de un puchero de agua que se va calentando muy lentamente, nuestro pobre anfibio se quedará dentro y acabará cocido.

Dos perspectivas muy diferentes sobre la misma historia: para las escuelas de negocios, se trata más bien de cómo cocer a la rana (ecológica y económicamente) sin que ésta se dé cuenta. Para nosotros, la cuestión es cómo escapar del puchero antes de cocernos. Noam Chomsky reflexionó hace tiempo sobre la estrategia de la gradualidad; se le atribuye el siguiente texto:

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la fuerza de lo heterogéneo

“El trabajo no es ni más ni menos que los propios seres humanos que forman la sociedad; y la tierra no es más que el medio natural en el que cada sociedad existe. Incluir el trabajo y la tierra entre los mecanismos del mercado supone subordinar a las leyes del mercado la sustancia misma de la sociedad.” [1] Esto, que debería ser lo consabido, las consideraciones de sentido común que casi no hay ni que mencionar, sin embargo son las verdades perseguidas, proscritas, subversivas.

Entre 1920 y 1930 no se construyen prisiones en España: los albañiles afiliados al sindicato anarquista CNT, siguiendo la decisión adoptada por su organización, prefieren estar parados a trabajar en tales obras. No se dejan comprar para la reproducción del orden social dominante.

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desobediencia humilde

Amigos creyentes: Dios está en el interior del ser humano. El drama es que no le dejamos ni la menor opción de salir y manifestarse un poco…

Nuestro pecado original no es haber tratado de comer la fruta del Árbol del Conocimiento: es la indiferencia ante el dolor del otro.

El 99% de nuestra cultura hoy: se toca la lira mientras Roma está ardiendo.

Desobediencia humilde; o humildad desobediente.

sobre transgénicos, agroecología, democracia y capitalismo

(Reflexiones para concluir las jornadas “Los transgénicos en el ámbito científico, agrícola, medioambiental y de la salud”, Escuela de Organización Industrial (Madrid), 10 y 11 de noviembre de 2011.)

 Programa jornadas transgénicos en EOI, 10 y 11 de nov. de 2011

Sobreestimamos lo que sabemos –en una manifestación “de libro” de la ilusión de control que estudian los psicólogos— y las empresas buscan beneficios rápidos con aplicaciones de potentísimas tecnologías cuyas consecuencias se nos escapan todavía más… Nuestro lenguaje expresa ese exceso de confianza “estructural”, nuestro “ir sobrados”, apresados en la ilusión de control. Hablamos por ejemplo de cómo hemos “descifrado” el genoma humano (u otros genomas), pero nada de eso: sólo lo hemos secuenciado, vale decir descrito su estructura química. Aunque estamos lejísimos de saber cómo funciona, de comprender el significado de las letras y palabras (los genes, permítaseme la imprecisión) que componen ese genoma…

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pesimismo esperanzado u optimismo trágico, nos intima Juan Carlos Monedero

Podría argumentarse que existe una obligación moral de combatir el pesimismo: pues cada persona que cree en el triunfo del mal hace más probable el triunfo del mal.

La democracia exige ciudadanos de alta calidad (conocimientos, valores, virtudes, emociones), que a su vez sólo pueden formarse mediante prácticas democráticas de alta calidad. El círculo es perfecto. La única forma de escapar de la trampa es: partir del hic et nunc (del ahí sociopolítico), e intentar poner en marcha procesos autoamplificatorios de mejora, por modestos que sean.

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consejo para profesores

Presentación para la prensa de Adiós a la universidad. El declive de las humanidades, el libro de Jordi Llovet recién traducido al castellano, a partes iguales autobiografía intelectual y reflexión sobre nuestro desastre educativo (que culmina provisionalmente en el proceso boloñés). Durante esa especie de “desayuno de trabajo” junto a los periodistas organizado por Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores (qué buen hacer, como siempre, el de Lola Ferreira y sus compañeras/os), el profesor Llovet evocó un buen consejo que alguna vez le diera uno de sus maestros, José Manuel Blecua. Todo profesor universitario comienza enseñando más de lo que sabe (con la petulancia e inseguridad del novato). Luego madura un poco y enseña solamente lo que sabe. Finalmente, aprende a enseñar exactamente aquello que el alumno/a puede entender, asimilar y aprender.

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la lentitud es revolucionaria

Si hay metas colectivas, y concepciones colectivas comunes de la vida buena, ¿por qué no debería haber derechos colectivos? (Cuyos titulares serán individuos, y no peligrosas abstracciones teológico-políticas como el “pueblo”, claro está.)

***

En mi país, el racismo de Estado sólo concluyó en 1865, es decir, ayer mismo. Hasta esa fecha se prolongaba la locura de la limpieza de sangre, que obligaba a cualquier persona que quisiera acceder a un empleo público a probar que en su familia no había habido ningún miembro judío o musulmán desde al menos cuatro generaciones antes. Dos siglos y medio después de haberse consumado la expulsión de judíos y moriscos (entre 1492 y 1607), aún se prolongaba la destructiva obsesión de pureza.

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higiene léxica

Colas frente a las oficinas del paro. Colas frente a las administraciones de lotería (¡Doña Manolita en la calle del Carmen, Madrid, 2 de noviembre de 2011, diez y media de la mañana!). Y ninguna cola frente a los locales de los embriones de organización revolucionaria disponibles. Así estamos, después de cuatro años de la crisis sistémica que comenzó en 2007.

¿Tratar de no hablar de lo que uno no sabe? ¡Enmudeceríamos! Seamos humildes: tratemos de no hablar de lo que no sabemos como si en verdad supiéramos.

Sin higiene léxica no podemos tener ni claridad de pensamiento ni decencia moral. “Los mercados” es un eufemismo: hay que hablar del capital financiero extraterritorial, que se amasa no con actividades productivas sino mera apropiación y prospera con la complicidad del poder político.

 

la invención de las tradiciones

“Ah, cuándo/ me daré cuenta de que todo es simple./ Qué estaba yo mirando/ que no lo vi…”[1]

“Pero escucha ese grillo,/ esa brizna de noche,/ de vida enloquecida.// Ahora es cuando canta./ Ahora/ y no mañana./ Precisamente ahora./ Aquí./ A nuestro lado…/ como si no pudiera cantar en otra parte.”[2]

Adiós, coleccionista de experiencias; hola, bañista que cada día buscas la misma poza en el río de montaña.

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