¿cómo entender la actual crisis energética? tres vídeos breves de nate hagens

«Trilogía del petróleo» (3 vídeos breves) de Nate Hagens. «What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137». Imprescindible para entender el capitalismo fosilista y qué está pasando en Oriente próximo (ahora, la guerra contra Irán). Geopolítica y Gaia-política…

https://esencialomenos.blogspot.com/2026/04/la-gran-simplificacion.html

tecnofascismo, de nuevo

Sobre IA y democracia es importante la reflexión que Máriam Martínez-Bascuñán viene desarrollando durante los últimos meses. La politóloga de la UAM recoge cómo, cuando Trump se dirigió a Irán desde el pórtico sur de la Casa Blanca en pleno paroxismo de la guerra, a su lado tenía a un hombre disfrazado de conejo de Pascua.

“Parecía un montaje, pero no lo era. Llevo días pensando en por qué me costó saberlo y no es una pregunta menor. Mientras Trump aparecía flanqueado por un conejo gigante, escribía en Truth Social: ‘Una civilización entera morirá esta noche para no volver jamás’. Amenaza de exterminio y disfraz de conejito en el mismo scroll y protagonizados por el hombre con el dedo en el gatillo de la mayor potencia militar de la historia. ¿Cómo se juzga eso políticamente? ¿Qué escala moral sirve para medir una semana así? Porque Trump ha conseguido exactamente eso: saturar el espacio público con imágenes tan contradictorias, extremas y absurdas que la perplejidad es ya nuestro estado normal. El conejo de Pascua no es inocente. Además de un insulto, es parte del mismo mecanismo que hace que una amenaza de exterminio civilizatorio se reciba como hipérbole negociadora, como síntoma psiquiátrico, como cualquier cosa menos como lo que es.

Y mientras esto ocurre a la luz del día, algo más perturbador sucede en la oscuridad. El ejército estadounidense utiliza en Irán un sistema de IA llamado Maven, de la empresa Palantir. Un soldado se sienta frente a una pantalla que le dice: éste es el objetivo. El soldado lo aprueba y el ataque se lanza. El sistema permite tomar mil decisiones de ese tipo por hora, algo sin precedentes en la historia militar. ¿Fue así como se decidió el bombardeo del 28 de febrero a una escuela primaria en Minab? Esa mañana, un misil asesinó a decenas de niñas de entre siete y doce años. Esto no es solo una tragedia; es el síntoma de algo más profundo. ¿Fue así como murieron las niñas de Minab? ¿Un soldado mirando una pantalla, pulsando una tecla? Cuando la decisión la sugiere un algoritmo y el humano solo aprueba, ¿quién es el responsable?

El problema no es sólo la velocidad de las máquinas sino también la velocidad de nuestra atención. Mientras una inteligencia artificial toma mil decisiones por hora sobre Irán, las redes frivolizan el exterminio con la imagen de un conejo de Pascua. Son dos algoritmos trabajando en paralelo: uno produce hechos, otro impide que los reconozcamos, porque reconocer algo políticamente exige condiciones que se han erosionado, como tiempo para pensar y un espacio donde lo que vemos individualmente se transforme en algo compartido. Pero sobre todo, exige que la escala de nuestro juicio no se disuelva, que mantengamos la capacidad de medir la gravedad de las cosas y distinguir lo urgente de lo importante, lo grave de lo escandaloso, lo que exige respuesta de lo que simplemente impacta.”[1]

 

[1] Máriam Martínez-Bascuñán, “Irán y el conejo de Pascua”, El País, 12 de abril de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-04-12/iran-y-el-conejo-de-pascua.html . La politóloga termina así su artículo: “Si todo es igualmente extremo, ¿cómo saber si lo de hoy es más o menos grave que lo de ayer? O dónde poner la atención, o cuánta indignación corresponde a cada cosa. Porque lo peor es que no estamos engañados sino saturados. Cada semana es más extrema que la anterior, cada imagen más absurda, cada hecho más difícil de procesar. Lo que permite transformar lo que sabemos en algo políticamente relevante está siendo erosionado por la saturación de imágenes y decisiones que operan a velocidades incompatibles con la deliberación democrática. Es una estrategia calculada que erosiona cómo distinguimos lo grave de lo trivial, lo urgente de lo espectacular. Por eso necesitamos repensar un espacio público donde los hechos vuelvan a tener peso y el pensamiento no sea inmediatamente desplazado por la siguiente imagen; un lugar, en fin, donde reconocer algo como políticamente relevante vuelva a ser posible.”

los peces en el río

Las poblaciones de peces de agua dulce han disminuido en más del 80% desde 1970 (¡en apenas medio siglo!),[1] lo que refleja una dramática caída de la calidad del agua de nuestros ríos, lagos y zonas húmedas por la contaminación, la construcción de barreras y la masiva expansión del regadío.

La crisis ecológico-social (que se despliega desde hace más de medio siglo) es lo más grave de todo lo muy grave y gravísimo que está pasando; pero hoy, igual que durante los decenios anteriores, las mayorías sociales siguen sin hacer caso. Con una buena parte de las mismas negando la realidad y otra parte haciendo “como si” y engañándose con estrategias compensatorias (es decir, fingiendo políticas ecológicas que en realidad no están a la altura de los problemas que afrontamos).

 

[1] https://insideclimatenews.org/news/24032026/migratory-freshwater-fish-disappearing/

sobre las instituciones democráticas -en tiempos de avance del fascismo en muchos lugares

¿De verdad hemos de pensar que el mecanismo básico de la democracia es un intercambio de confianza (desde el pueblo) por bienestar (suministrado por las instituciones, en el contexto mercantil de nuestras “democracias” capitalistas)?[1] ¿A qué jibarización de la democracia nos prestamos? ¿Dónde queda la idea fuerte de democracia –democracia como autogobierno, como participación equitativa en las decisiones que le afectan a uno? ¿Los elementos de democracia deliberativa y participativa se sitúan del todo fuera de nuestro horizonte? ¿Podemos sin más olvidarnos del lema del 15-M lo llaman democracia y no lo es (porque se trata de oligarquías liberales, como señalaba el añorado Cornelius Castoriadis), coreado en las plazas españolas en aquel momento inolvidable de apertura y toma de conciencia colectiva?

 

[1] Sirva como ejemplo de esta idea ampliamente extendida un interesante artículo del politólogo Oriol Bartomeus, donde se afirma: “Nuestro sistema democrático es una construcción frágil que se fundamenta sobre algo intangible: la confianza de la ciudadanía; que, a su vez, se basa en una relación de reciprocidad entre ésta y los poderes democráticos. La gente otorga confianza en la medida que ésta le es devuelta en forma de bienestar. La democracia no es un sistema tallado en piedra como las religiones, no es un templo, sino más bien una brisa, es un flujo continuo, y ese flujo se paró en algún momento entre 2008 y 2012, deteniendo el mecanismo. Sencillamente, el sistema dejó de responder y, en consecuencia, la ciudadanía dejó de emitir confianza hacia el sistema. La superación de la parte macro de la crisis financiera global (el rescate bancario) tapó la persistencia de ese parón de fondo en el mecanismo funcional de la democracia. Pocos repararon en ello, pocos lo advirtieron, a pesar de los múltiples indicios. (…) El intercambio entre bienestar y confianza está siendo reemplazado por el trueque entre seguridad y vasallaje. El marco legal está hoy supeditado a la voluntad del monarca, del poderoso, que se siente literalmente por encima de cualquier ley [como Trump]. El avance de este nuevo orden es posible porque cuenta con el beneplácito de grandes mayorías ciudadanas. Las fuerzas de la reacción se han ido imponiendo legítimamente a través de mecanismos democráticos, aupados por una parte de la ciudadanía que veía en ellas la solución ante un sistema sin respuesta, incapaz. La quiebra de 2008 que no se supo ver ha renacido en forma de miedo, de incertidumbre, de sentimiento de abandono, y en ese caldo potenciado por el universo digital ha sabido nadar el nuevo autoritarismo de hombres providenciales que ofrecen seguridad a los suyos frente a un mundo de amenazas, reales, imaginadas o facturadas por el algoritmo…” Bartomeus, “Desconfianza en el sistema: viaje al origen de la ola reaccionaria”, El País, 12 de abril de 2026; https://elpais.com/ideas/2026-04-12/desconfianza-en-el-sistema-viaje-al-origen-de-la-ola-reaccionaria.html

no mires arriba, ni abajo, ni a tu costado -¡muchas gracias por la reflexión, david fernàndez!

https://es.ara.cat/opinion/cara-oculta-tierra_129_5703841.html

https://en.ara.cat/opinion/the-hidden-face-of-the-earth_129_5703839.amp.html

La cara oculta de la Terra

«Si el capitalisme funciona bé a la Terra,
no hi ha raó per pensar que fracassarà a l’espai»
Bigelow Aerospace

Mentre l’Artemis II circumval·lava la lluna en rigorós directe, les bombes queien i requeien miserablement sobre Beirut, el president dels EUA anunciava la liquidació de tota una civilització d’una sola revolada i el FMI alertava que ens preparéssim pel pitjor. Mentre miràvem la lluna teledirigidament, la guerra global permanent accelerava les seves pulsions homicides a la terra. I això que mirar la lluna lliurement és un dret universal arreu del món que, per ara, ningú ha aconseguit prohibir ni mercantilitzar. Encara. No serà per contradiccions ni antagonies, ni que una cosa no negui l’altre –o sí– ni que ens pispin l’atenció cada dia, el negoci contemporani més rendible, mentre ens furten la cartera cada nit. Equilibri improbable, si l’imprescindible coneixement científic m’emociona a cada avenç, la cursa imperial geopolítica lunar m’esparvera a cada passa. Paraules de Montaigne: «Anaxímenes va escriure a Pitàgores: com puc ocupar el meu temps resolent el secret de les estrelles, si davant sempre tinc l’esclavitud i la mort?».

A aquella pel·lícula titulada ‘Don’t look up’ –no miris amunt i no prenguis consciència ecologista, en l’era de l’antropocé, de com estem trinxant el planeta– podríem afegir el ‘Don’t look down’ –evita mirar sempre les devastadores conseqüències socials del capitalisme en fase canalla, bèl·lica, autoritària i sociòpata. Fins i tot, també ens ordenen subtilment no mirar mai ni al costat –ni amoïnar-nos si el veí està a punt de ser desnonat, si la salut mental li trontolla o si la solitud se l’està cruspint. És a dir, gairebé amb caràcter general, l’ordre sistèmica sistemàtica és que, entre el melic i nau espacial, no mirem enlloc. I que només mirem la pantalla, on l’algoritme –que ja et coneix millor que tu– et farà feliç amb dopamina addictiva. Sense renunciar a cap camp de batalla, els que escollim i els que no, tampoc me’n puc estar de dir-ho aquesta setmana que ja clou: tan de bo s’omplin més les biblioteques que no pas tiktok. Tan de bo. I si diuen, com a metàfora, que Iuri Gagarin va etzibar «no veig cap Déu per aquí dalt», un es demana, aquí baix, on carai para Déu a Gaza. Enlloc?

Viatge al centre de la terra, resulta que l’afany de fuga per conquerir la lluna connecta maldestrament, en una revifada cursa espacial geopolítica, amb els multireincidents de debò. Els llops esteparis del mercat lliure i els proxenetes del poder –tan sovint marcians, tan sovint extraterrestres. La cara oculta de la terra no en té res d’amagada: vindria a ser no allò que no es veu, sinó allò que no volem mirar. Allò que veiem cada dia i ens neguem a assumir. Assaig sobre la ceguera, diria Saramago. Artemis II costarà 93.000 milions de dòlars. El 3’8% d’un pressupost militar global desbocat. És la mateixa quantitat amb la que l’ONU ha xifrat el cost d’erradicar la fam completament de la faç de la terra –no de la lluna. Mentrestant a l’espai, anem fent el mateix que a la terra: emmerdar-la en un abocador infinit. Oficialment es calcula que ja orbiten la Terra més de 10.000 tones de deixalles i ferralles. Un poema –Un adéu als astronautes– de Hans Magnus Enzensberger furga en la ferida: «Només que als planetes / on no creixen tarongers / ni anous ni vinyes / els hi dono poc valor. (…) Pobre en fantasia i més aviat conservador / m’atinc a promeses / més antigues: / la terra a la terra / i la pols a la pols».

Ni tecnofílic ni tecnofòbic ni tecnoneutre ni tecnofeixista, fa molts anys vaig llegir una petita joia d’ètica terrestre sublunar anomenada ‘Gent que no vol viatjar a Mart’ (Catarata, 2004). El va escriure el bo d’en Jorge Riechmann, filòsof, professor i ciutadà compromès. Avui al Jorge li demanen penes de presó, en dos judicis previstos pel maig a Madrid, per protestar, pacífica i científicament davant la inacció front l’emergència climàtica. Coses que passen a la terra i no a la lluna, perquè de ben segur que n’hi ha d’altres mons, però diria que tots estan en aquest. En aquell llibre que revisito sovint vaig llegir una frase d’Stanislaw Jerzy Lec: «No intentis assolir la Lluna. Encara ha de durar-nos mil milions d’anys». És ben probable que la tecnofantasia nihilista ens faci creure en altres planetes perquè ja no creiem en aquest i que ens faci creure en el transhumanisme tecnològic perquè ja no donem un duro per l’ambigua i ambivalent condició humana. Desistint per complet de l’exploració terrestre –posem per cas– de la justícia social, la transició ecosocial, la democràcia política o la llibertat entre iguals. Arran de terra, entre el dret a mirar la lluna i el deure de conservar la terra, caldrà dirimir radicalment que una cosa és la colonització imperial de l’espai sota la bruta llei del farwest i una altra, ben diferent i antagònica, la saviesa humil de Carl Sagan. Fa molt, sobre aquest pàl·lid punt blau on encara vivim, va escriure això, a propòsit de la cara –ni oculta ni fosca– de la terra:

«Mira altra vegada aquest punt. Això és ací, això és casa nostra, això som nosaltres. En ell tots els qui estimes, tots els qui coneixes, tots aquells de qui has sentit parlar, cada ser humà que va existir alguna vegada, hi ha viscut la seua vida. La suma de la nostra alegria i del nostre sofriment, milers de confiades religions, ideologies i doctrines econòmiques, cada caçador i recol·lector, cada heroi i covard, cada creador i destructor de civilització, cada rei i camperol, cada jove parella enamorada, cada mare i pare, nen amb esperança, inventor o explorador, cada mestre de morals, cada polític corrupte, cada “superstar”, cada “líder suprem”, cada sant i pecador en la història de la nostra espècie hi han viscut –en una partícula de pols suspesa en un raig de sol.

La Terra és un escenari molt petit en una vasta arena còsmica. Penseu en els rius de sang vessada per tots aquells generals i emperadors de manera que, en la glòria i en el triomf, pogueren convertir-se en els amos momentanis d’una fracció d’un punt. Penseu en les crueltats inacabables comeses pels habitants d’una cantonada d’aquest píxel sobre els habitants difícilment distingibles d’alguna altra cantonada, com són de freqüents els seus malentesos, com es desviuen per matar-se els uns als altres, com d’encesos són els seus odis. El nostre posicionament, la nostra autoimportància imaginada, la il·lusió de tenir alguna posició privilegiada en l’Univers, són desafiats per aquest punt de llum pàl·lid.

El nostre planeta és un punt solitari en el gran embolcall de foscor còsmica. En la nostra obscuritat, en tota aquesta vastitud, no hi ha cap pista que indiqui que l’ajuda arribarà de qualsevol altre lloc per salvar-nos de nosaltres mateixos. La Terra és l’únic món conegut per ara que albergui vida. No hi ha cap altre lloc més, com a mínim en el pròxim futur, al qual la nostra espècie podria emigrar. Visitar, sí. Instal·lar-s’hi, no encara. D’una manera o d’una altra, de moment la Terra és el lloc on hem de fer la nostra parada. S’ha dit que l’astronomia és una experiència d’humilitat i construcció de caràcter. Potser no hi ha millor demostració de la follia dels prejudicis humans que aquesta imatge distant del nostre món minúscul. Per a mi, subratlla la nostra responsabilitat a l’hora de tractar-nos els uns als altres més amablement, i de preservar aquest punt blau pàl·lid, l’única casa que sempre hem conegut». Amen.

¿un coche impulsado por carbón vegetal, como ahora alguno en cuba, sería una buena idea?

Somos una población humana cuatro veces superior a lo que la Tierra puede mantener de forma más o menos sustentable.[1] Y cuando fallan los combustibles fósiles, que son la fuente de energía que ha posibilitado esa enorme sobrepoblación, como ahora en Cuba (por la intensificación del criminal bloqueo de EEUU), se recurre al carbón vegetal o la leña…[2] Es decir, a la destrucción intensificada de la vida en la Tierra (considerada como recurso natural, “biomasa”). Éste es el tenebroso horizonte humano-terrestre en el Siglo de la Gran Prueba, si no somos capaces de un decrecimiento planificado, justo y solidario (que ha de incluir también un decrecimiento demográfico “por las buenas”, es decir, basado en la salud reproductiva y el control de las mujeres sobre su cuerpo y su sexualidad).

(Hace unos años escribí esto: https://www.fuhem.es/papeles_articulo/somos-demasiados-reflexiones-sobre-la-cuestion-demografica/?srsltid=AfmBOortlF6_0orCct07C1ArnIzseCZVXbr8yhBy8uicAj0y4diySmo5 )

 

[1] Corey J.A. Bradshaw y otros, “Global human population has surpassed Earth’s sustainable carrying capacity”, Environmental Research Letters vol. 21 num. 6, 27 de marzo de 2026; https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ae51aa . Véase también https://www.elperiodico.com/es/medio-ambiente/20260401/tierra-rebasado-nivel-poblacion-asumible-128651088

[2] Noor Mahtani, “Magos contra la escasez en Cuba: coches a carbón y baños con agua de lluvia. Apagones infinitos y la falta de agua y combustible obligan a los cubanos a una agotadora tarea de supervivencia diaria”, El País, 6 de abril de 2026; https://elpais.com/america/2026-04-03/magos-contra-la-escasez-en-cuba-coches-a-carbon-y-banos-con-agua-de-lluvia.html

sobre aquella «globalización feliz»

El horror descarnado de Trump y Netanyahu ¿no desvela la verdad de aquel tiempo que a muchos les parecía una época de afortunado progreso neoliberal y posmoderno en un mundo dominado por el Imperio del Norte –1991 a 2008, si quisiéramos periodizar? En aquellos años mucha buena gente (y mucha gente mala también, claro está) se hizo la ilusión de que habían quedado definitivamente atrás los “infiernos del siglo XX” (expresión recurrente en los ensayos de Adam Zagajewski, por ejemplo), sin darse cuenta de que estaban preparándose los infiernos –verosímilmente aún peores– del siglo XXI. En los años de “globalización feliz”, bajo la égida del monoteísmo del mercado (Roger Garaudy), se estaban cocinando a fuego lento estas aberraciones.

amador fdez.-savater escribe sobre ‘ecoespiritualidad para laicos’, ¡gracias!

«Llevamos el nihilismo pegado al cuerpo, esa indiferencia radical hacia lo que nos rodea y atraviesa, compensada por todo tipo de distracciones y evasiones. La palabra poética es la palabra que puede tocar el deseo y operar transformaciones.

Lo espiritual —nos atrevemos a decir— no es otra cosa que una determinada “temperatura” del cuerpo: un grado de intensidad en el intercambio con el mundo. La resensibilización es un desafío político mayor. Frente a la equivalencia general del valor, la restitución de las diferencias. Declarar algo sagrado. Organizarnos para defenderlo.»

https://loimposible.net/numero-1/santificar-la-materia-la-espiritualidad-politica-contra-el-nihilismo-capitalista

Oltre il nichilismo capitalista

 

contra el subfluvial de lamiako

«…108 científicos han denunciado en un manifiesto el «impacto negativo» que el subfluvial de Lamiako tendrá en el cambio climático y han mostrado su oposición a la autopista subterránea que «aumentará las emisiones de gases de efecto invernadero», y en su lugar, han reivindicado que se promueva la movilidad sostenible.»

https://www.europapress.es/euskadi/noticia-mas-100-cientificos-denuncian-impacto-negativo-subfluvial-lamiako-tendra-cambio-climatico-20260326180033.html

https://www.naiz.eus/en/info/noticia/20260326/cientificos-piden-suspender-el-subfluvial-por-su-impacto-negativo-en-el-cambio-climatico

 

 

 

cayendo sin red de seguridad

David Hammerstein: “Las gloriosas tractoradas (de diésel) consiguieron frenar las medidas de ahorro de combustibles, de plaguicidas y de fertilizantes. Ha sido una victoria pírrica ya que ahora se encuentran aún más vulnerables. No es fácil protestar contra la física de la escasez en un mundo material menguante”.[1]

Antonio Turiel: “El cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red…”[2]

 

[1] https://x.com/DaHammerstein/status/2036375272853807579

[2] Antonio Turiel, “Dead man walking”, blog The Oil Crash, 23 de marzo de 2026; https://crashoil.blogspot.com/2026/03/dead-man-walking.html

tecnofascismo

Estamos viendo cristalizar ante nuestros ojos la peor de las distopías tecnofascistas imaginables… Explica Marta Peirano:

“En las primeras 24 horas de Furia Épica, la operación que empezó el pasado 28 de febrero en Irán, el ejército estadounidense atacó mil objetivos. Diez días más tarde, había atacado cinco mil. Es un ritmo insólito, que antes habría llevado semanas. Teóricamente, todos los objetivos eran instalaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, capacidades de defensa aérea iraníes, sitios de lanzamiento de misiles y drones, y aeródromos militares. En la práctica, al menos uno de ellos era una escuela donde murieron al menos 175 personas, la mayor parte niñas de 7 a 12 años. Esta nueva clase de guerra acelerada está asistida por dos tecnologías: el Proyecto Maven y Claude.

Maven Smart System es una plataforma que fusiona imágenes de satélites con vídeos de drones y datos de sensores para generar mapas de inteligencia en tiempo real. Algunos recordarán que miles de trabajadores de Google demandaron a su empresa que se retirara del proyecto, cosa que aparentemente hizo en 2018. Hoy hay al menos treinta empresas implicadas, empezando por Palantir pero también Amazon, Microsoft y Clarifai, que ponen software, análisis de datos y soporte de integración. Como Anthropic se ha negado a que el Gobierno use su modelo de IA para automatizar armas letales, está siendo reemplazado por OpenAI y su modelo GPT. Aunque tiene casi una década, Maven ha crecido mucho en Ucrania y Gaza, y la IA ha aumentado dramáticamente su efectividad.

Primero, ya no hace falta tener un analista de Palantir al teléfono para navegar el sistema. El chatbot permite que cualquier miembro del ejército hable en inglés con la máquina para pedirle que identifique movimientos de vehículos blindados enemigos en este corredor logístico en las últimas horas o que le muestre posibles posiciones de sistemas de defensa antiaérea cerca de las coordenadas donde quiere atacar. Y el sistema es capaz de responder en segundos, lo que resulta muy conveniente cuando quieres secuestrar un presidente o asesinar al líder de Irán. La otra novedad es que, una vez el analista ha validado un objetivo, se activa el sistema avanzado de coordinación de artillería del ejército y hay un dron que termina la misión. Municiones merodeadoras como los drones Goalkeeper o navales como Whiplash, ambos diseñados para navegar de forma autónoma, identificar objetivos y disparar o detonar contra ellos, sin ningún humano en el proceso. Alex Karp, fundador y máximo dirigente de Palantir, lo llama abiertamente the kill chain, la cadena de matar.

Es evidente que usar la IA para generar listas de objetivos o ‘puntos de interés’ a esa velocidad no deja mucho margen de verificación. Por eso, entre otras cosas, hemos prohibido los Sistemas de Armas Letales Autónomas en muchas partes del mundo. Sin embargo, el Pentágono acaba de anunciar que Maven es su nuevo ‘sistema central’ oficial. Asegura que no lo está usando para matar a ciegas sino para identificar y recomendar objetivos, pero siempre con un operador que aprieta el botón. Según Project Maven, un libro que publica pasado mañana la periodista de Bloomberg Katrina Manson, tienen alrededor de 800 proyectos vinculados a esta tecnología, muchos de ellos secretos. ‘Ahora, tras la muerte de Irán —ha publicado el presidente Trump en su red social, Truth Social— el mayor enemigo de Estados Unidos es la izquierda radical, el Partido Demócrata extremadamente incompetente ¡Gracias por su atención!’.”[1]

Con cierta ingenuidad, pensábamos que captaba lo peor aquella frase de Jeff Hammerbacher, quien fue director de investigación de Facebook: “He visto a las mejores mentes de mi generación cavilando en cómo lograr que la gente haga clic en sus anuncios”. Hoy podemos verla casi como una apreciación optimista, pues las mejores mentes de la generación siguiente parecen consagrarse a las IA policiales y los drones asesinos.

 

[1] Marta Peirano, “Muévete deprisa y mata gente”, El País, 23 de marzo de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-03-23/muevete-deprisa-y-mata-gente.html

predicción de culpables sin que se haya cometido delito

Israel se ha convertido en un régimen criminal (todavía más que la antigua Suráfrica, pues a su política de despiadado apartheid contra los palestinos suma su colonial militarismo agresor contra casi todos sus vecinos). Y la UE sostiene, sin apenas matices, a ese régimen criminal: con todo lo que ello significa para la catadura moral de la UE.

Uno de los asuntos más terribles sobre los que hemos sabido en los últimos años se refiere a cómo el ejército y los servicios secretos israelíes emplean tecnologías informáticas avanzadas, e inteligencia artificial, para planear y ejecutar sus asesinatos. Júlia Nueno es una investigadora barcelonesa en el equipo de Forensic Architecture (University of London).[1] En una entrevista explica que las zonas residenciales de Gaza se bombardeaban más de noche –cuando más presencia civil había en las casas descansando–, y las comerciales durante el día –cuando más aglomeración civil se da en los mercados–: “Eso prueba que Israel bombardea siempre donde hay más presencia civil, maximizando el mayor daño posible”. Y prosigue:

“La IA ayuda a criminalizar a la ciudadanía porque siempre, en algún grado, será culpable. Una de las tecnologías que usa Israel, el sistema Lavender, otorga a la población una puntuación entre 1 y 100 de cuán posible es que forme parte de la resistencia armada. Si no hay valor 0, no hay posibilidad de inocencia”. En Cisjordania, “el ejército israelí empezó a usar las redes sociales para vigilar a la población y generar objetivos de posibles atacantes. Un ingeniero de la Shin Bet [también conocida como Shabak, la agencia de seguridad interna y contrainteligencia de Israel] reveló que habían desarrollado una herramienta que les permite llegar a casa de un adolescente una semana antes de que él incluso sepa que es un terrorista. El ejército ya no actúa como reacción a un acto violento, sino escudándose en la prevención” (¡como en la desasosegadora película Minority Report!). Vemos que se adopta la postura de la denominada sociedad de objetivos: “Las redes sociales son un sistema de objetivos. Cuando las usamos, recibimos una publicidad concreta porque hay patrones de uso que generan un perfil para ser objetivo de cierta publicidad. El sistema de ICE, la policía migratoria de Estados Unidos, también está analizando esos análisis de patrones para ver quién podría ser un migrante ilegal. Existen similitudes en cómo las Big Tech, la policía y los militares usan los sistemas de cálculo de probabilidad y generación de perfiles. El poder ya no espera que cometas un acto subversivo, se apoya en que el sistema pronostica que puedes hacerlo. (…) Es un sistema recursivo que se autojustifica. Te dice: tengo datos que justifican que maté a este individuo porque era un enemigo identificado. Esta creación constante de objetivos es una forma de justificar la guerra del futuro. Israel y Estados Unidos están generando nuevos objetivos sin descanso y la IA es su herramienta discursiva para justificar la guerra del futuro. Las guerras se aceleran porque predicen culpables sin que se cometa el delito.”[2]

 

[1] Forensic Architecture es una entidad multidisciplinar que aplica la minuciosidad forense sobre las violaciones de los derechos humanos, actuaciones extrajudiciales o crímenes de Estado.

[2] Júlia Nueno: “La IA acelera las guerras porque predice culpables sin que se cometa delito” (entrevista), El País, 20 de marzo de 2026; https://elpais.com/internacional/2026-03-20/julia-nueno-investigadora-del-genocidio-en-gaza-la-ia-acelera-las-guerras-porque-predice-culpables-sin-que-se-cometa-delito.html

sobre ganadería (extensiva)

David Hammerstein reprende con dureza sobre la cuestión ganadera: “Es una vergüenza que algunos grupos ‘ecologistas’ se hayan convertido en un lobby para la industria cárnica, dando cuatro ejemplos marginales de la supuesta ganadería extensiva ‘buena’ que casi no existe en España. Greenwashing cárnico por personas con intereses económicos ganaderos”.[1] Se está refiriendo al reciente informe de Ecologistas en Acción La ganadería del futuro, aquí y ahora (marzo de 2026).[2]

Pero el argumento de que la ganadería extensiva ‘buena’ es hoy por hoy marginal no resulta muy convincente, porque lo mismo podríamos decir de casi todas nuestras ‘buenas’ soluciones y propuestas ecológicas: igual de marginales son (piénsese por ejemplo en permacultura frente a agricultura industrial). Más fuerte es el argumento de la dieta y la sustentabilidad (que puede y debe apoyarse con consideraciones de ética animal, claro está): incluso si no fuera marginal, la supuesta ganadería extensiva ‘buena’ no podría proporcionar más que cantidades muy pequeñas de carne y productos animales, de manera que el énfasis debe ponerse en el cambio hacia dietas básicamente vegetarianas (incluso desde una ecoética antropocéntrica).

En efecto, ¿cuánta carne y leche de vaca, cabra y oveja puede producirse en pastizales de manera sustentable (en este caso, sobre todo: respetando la biodiversidad), y a cuánto toca por persona si se divide entre la población mundial? Según una investigación publicada en 2024, resultarían apenas 2’2 kilos de leche por persona y año, y 0’8 kilos de carne por persona y año.[3]

Cabe recordar que la ganadería extensiva es la principal causa de la deforestación en prácticamente todos los países amazónicos, y representa el 80% de la deforestación actual de la Amazonía.[4] Y pensando sobre todo en la cuestión climática, un investigador de talla mundial como Johan Rockström afirma que “los países ricos deben hacer una gran transición hacia una dieta basada en plantas”.[5]

 

[1] https://x.com/DaHammerstein/status/2033872550405587356

[2] Puede descargarse aquí: “Ecologistas en Acción presenta una guía con 30 experiencias exitosas de ganadería respetuosa con el entorno y las personas”, 16 de marzo de 2026; https://www.ecologistasenaccion.org/364634/

[3] Kajsa Resare Sahlin y otros: “An exploration of biodiversity limits to grazing ruminant milk and meat production”, Nature Sustainability, 25 de julio de 2024; https://www.nature.com/articles/s41893-024-01398-4 . En el artículo se exploran los “límites de biodiversidad” en la producción de rumiantes en pastizales, estimando la producción de carne y leche de rumiantes domésticos limitada a zonas de pastoreo y densidades de población en las que el ganado puede contribuir a preservar o restaurar la biodiversidad. Con intensidades de pastoreo respetuosas con la biodiversidad de entre el 0 y el 20% de eliminación de biomasa en función de la aridez, este cálculo de los límites de la biodiversidad corresponde al 9-13% y al 26-40%, respectivamente, de la producción actual de leche y carne de los pastizales. Y, si tenemos en cuenta una distribución per capita igualitaria, eso da las cifras de arriba.

[4] https://wwf.panda.org/es/los_desafios/ganaderia/ . El dato procede de Daniel C. Nepstad et al., “Interactions among Amazon land use, forests and climate: prospects for a near-term forest tipping point”, Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 11 de febrero de 2008.

[5] El País, 18 de octubre de 2024; https://elpais.com/proyecto-tendencias/2024-10-18/johan-rockstrom-cientifico-climatico-los-paises-ricos-deben-hacer-una-gran-transicion-hacia-una-dieta-basada-en-plantas.html

gil-manuel hernàndez sobre hipernormalización y colapso banal

«(…) Retomando el análisis de Alexei Yurchak (2024) sobre la fase terminal de la Unión Soviética, la hipernormalización describe una situación en la que todos saben que el sistema no funciona, pero continúan actuando como si funcionara porque no existe un lenguaje legítimo para nombrar su agotamiento. En el contexto contemporáneo, esta dinámica adopta una forma específica: sabemos que el crecimiento capitalista indefinido es biofísicamente imposible, que la estabilidad climática pertenece al pasado, que las desigualdades se amplifican y que la energía fósil que sostuvo la expansión industrial entra en declive, que los materiales y minerales disponibles para hacer funcionar el sistema han entrado en una fase crítica, que el capitalismo deviene ecocidio global y genera una concatenación de explosivas crisis multidimensionales a gran escala, de consecuencias imprevisibles. Sin embargo, la articulación entre la maquinaria institucional, legal, mediática y económica del sistema y la densa red de subjetividades hegemónicas, sigue operando bajo la ficción de continuidad.

La hipernormalización del colapso no es solo un fenómeno psicológico individual, sino un régimen cultural de percepción colectiva. Funciona como dispositivo masivo de estabilización simbólica frente a la angustia del hundimiento y la percepción fragmentada de sus señales. Mantiene el imaginario de control mientras las bases materiales se erosionan. Permite que la degradación se convierta en rutina aceptable en la cotidianidad vital de los individuos. Y, sobre todo, evita preventivamente que la conciencia de crisis profunda se transforme en ruptura política radical.

Desde esta perspectiva, el concepto de colapso banal que aquí se desarrolla puede entenderse como la dimensión estética, discursiva e institucional de esa hipernormalización de fondo. Si la hipernormalización constituye la lógica estructural —el “hacer como si”—, el colapso banal es su manifestación concreta en el lenguaje, en los rituales mediáticos, en las agendas públicas y en las prácticas administrativas. Ambos conceptos no se superponen, sino que se articulan: la hipernormalización es el marco profundo; el colapso banal, su forma visible y operativa…»

https://rebelion.org/colapso-banal/

 

una entrevista: «el filósofo que puede ir a la cárcel por protestar contra la inacción climática»

https://www.lavanguardia.com/natural/20260216/11466548/jorge-riechmann-filosofo-carcel-protestar-inaccion-climatica.html

Jorge Riechmann, el filósofo que puede ir a la cárcel por protestar contra la inacción climática. Se enfrenta a dos juicios

El poeta, matemático y profesor titular de universidad está acusado de resistencia a la autoridad, por un corte de calle en 2019, y de atentar contra el patrimonio histórico, por arrojar un líquido biodegradable en el Congreso en 2022

por Andrés Actis Fernández

 

El poeta, matemático y profesor de Filosofía Moral de la Autónoma de Madrid, Jorge Riechmann (63 años), ha separado de su biblioteca algunos libros por si le encarcelan. En la pila están Cartas desde la prisión, de Rosa Luxemburg, testimonio íntimo y político que la escritora polaca escribió entre 1915 y 1918, mientras estaba encarcelada en Alemania por su oposición al nazismo; y De Profundis, el texto más íntimo de Oscar Wilde, redactado desde la cárcel de Reading (Inglaterra), donde cumplió condena por su homosexualidad. “Si algún día entro en prisión, serán de mucha inspiración”, dice el catedrático mientras prepara su defensa para el primero de los juicios penales que tiene en su contra por su activismo climático. Está acusado de resistencia a la autoridad, por un corte de calle en 2019, y de atentar contra el patrimonio histórico, por arrojar un líquido biodegradable a las paredes del Congreso de los Diputados en 2022.

Sus abogados le han adelantado que si es condenado en ambos litigios -en el primero de los expedientes la Fiscalía pide 10 meses de prisión y en el segundo, 21- la pena, por acumulación de sentencias, podría ser de cárcel efectiva. En diálogo con La Vanguardia, Riechmann prefiere quitar dramatismo a este posible destino -«Es una posibilidad que uno asume cuando participa de acciones de desobediencia civil no violenta”, dice- y pide no desviar la atención del fondo de la cuestión, el motivo -la urgencia- que está impulsando a muchos científicos y profesores universitarios a dejar sus pizarras y laboratorios para salir a la calle a protestar: la inacción política contra el cambio climático, una “tragedia que va desplegándose” sin ninguna medida de calado para hacerle frente.

“Se supone que nuestras sociedades tienen que hacer algo con mucha urgencia y lo que estamos haciendo es una huida hacia adelante, sin afrontar realmente esta grave crisis ecosocial. Por lo tanto, está del todo justificado el tipo de protestas no violentas que distintos colectivos venimos realizando. Creo que tenemos la obligación moral y política de resistir, en la medida de nuestras fuerzas, frente a esta deriva ecocida”, explica sobre los motivos de su activismo.

Cuando el 7 de octubre de 2019, Riechmann y otros integrantes de la plataforma 2020 Rebelión por el Clima y la organización Extinction Rebellion Spain cortaron el tráfico en el puente de la calle Joaquín Costa, en Nuevos Ministerios (Madrid), alertaban de un agravamiento de la crisis climática que, seis años más tarde, está ocurriendo: más calentamiento global -el planeta ha superado la línea roja de +1,5ºC en el promedio de los últimos tres años-, más límites planetarios sobrepasados -7 de 9, según la última revisión científica- y más eventos meteorológicos extremos, como la dana de Valencia o el tren de borrascas de las últimas semanas.

Ya en 1995, este profesor universitario escribió un artículo que tituló “Nuestra normalidad es la catástrofe”, en el que recopilaba toda la evidencia científica sobre los peligros extremos a los que se enfrentaba la humanidad por un capitalismo muy dependiente de los combustibles fósiles. “Treinta años después seguimos quemando petróleo y gas, seguimos con emisiones récord. ¿Cómo no vamos a salir a la calle a desobedecer de forma pacífica?», se pregunta.

Riechmann estaba citado para el 17 de marzo en el Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid, día de inicio del juicio por el corte del puente de Nuevos Ministerios. Esta semana, le notificaron que la audiencia se pospuso, por motivos de agenda, para el 26 de mayo. No estará solo. La misma acusación -resistencia grave a la autoridad- recae sobre los otros dos activistas que fueron detenidos aquel día, Marina Martínez y Francisco del Pozo.

“Toda nuestra ‘resistencia’ consistió en tratar de que la policía no nos lesionara al retirarnos del puente ocupado. Algunos compañeros y compañeras sí resultaron heridos, incluso con algún hueso roto”, recuerda el profesor. En la desobediencia civil pacífica participaron unos trescientos manifestantes. La conclusión de los organizadores es que las tres detenciones fueron “aleatorias, con afán de atemorizar”.

Riechmann se sentó sobre el asfalto. No se levantó cuando la policía dio la orden de desalojar la carretera. Resistió. “Estamos frente a un gran montaje policial. No puede haber prueba porque la acusación no es real. Lo que pasa es que en estos casos es, al final, la palabra de la policía. Llaman resistencia a la autoridad simplemente a intentar que no te hagan mucho daño al moverte”, se defiende.

El 6 de abril de 2022, el filósofo se sumó a la protesta que el colectivo Rebelión Científica organizó en el Congreso de los Diputados. Con batas blancas, cincuenta activistas se sentaron en las escalinatas para reclamar medidas frente al calentamiento global. Algunos de ellos, arrojaron pintura roja biodegradable -hecha a base de zumo de remolacha y cacao- contra la fachada de la puerta de los leones.

15 manifestantes fueron identificados y detenidos meses más tarde por personal policial. En este otro juicio, junto a Riechmann se sentarán la ambientóloga Marta García Pallarés y el director del Observatorio de la Sostenibilidad, Fernando Prieto, entre otras figuras del mundo científiico y académico. En un primer momento, la Fiscalía de Madrid incluyó una acusación por la interrupción de la sesión plenaria del Congreso.

Sin embargo, la por entonces presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, declaró y negó que la protesta alterase el orden del día del Hemiciclo. El expediente judicial quedó caratulado de delito al patrimonio histórico, con un pedido de pena de 21 meses de cárcel para cada uno de los activistas climáticos.

“Esta segunda acusación tampoco es real. El líquido de color rojizo, que simulaba sangre, era biodegradable, fácilmente limpiable. Se confeccionó con con esas características para no dejar una mancha permanente”, aclara Riechmann. El auto de instrucción le da la razón a los denunciados: una limpieza con “agua a presión” por parte del Equipo Especial de Limpieza Urgente municipal de Madrid y la posterior intervención de un sistema de limpieza más sofisticado dejaron al inmueble sin ningún perjuicio patrimonial.

Este segundo juicio aún no tiene fecha. Riechmann asegura que, mientras pueda, seguirá protestando de forma pacífica por “la inacción frente a un peligro existencial”. “Puede ser necesario a veces afrontar un castigo para que las cosas cambien”, concluye sobre la posibilidad de entrar a prisión.

Más le preocupa la “persecución judicial” contra el activismo climático, que se ha intensificado en los últimos años con el aumento de las protestas. En diciembre, la Fiscalía de Granada pidió dos años de prisión a tres activistas del grupo ecologista Futuro Vegetal por bloquear un paso de peatones (delito de desórdenes públicos). “Acabar en la cárcel es uno de los motivos que me quitan el sueño y, a la vez, una posibilidad cada vez más certera”, revela Bilbo Bassaterra, cofundador de esta organización, quien también tiene varias causas abiertas por acciones de desobediencia civil.

En su defensa, Riechmann va a citar lo sucedido en Francia, en donde en un juicio similar -activistas acusados por encadenarse y bloquear el tráfico marítimo en un puerto en protesta a la construcción de una terminal de gas-, un magistrado absolvió a todos los imputados al entender que su acción ilícita se llevó a cabo para salvaguardar un interés superior: la protección de la vida ante los impactos climáticos derivados de las emisiones humanas.

La acción de desobediencia civil tuvo lugar en mayo de 2023. El juicio se celebró año y medio más tarde, en diciembre de 2024. Tras escuchar a las partes y analizar el caso, el juez del caso resolvió la absolución de los 16 acusados. Justificó su decisión en el “estado de necesidad”.

“Se trata de una figura del artículo 122-7 del Código Penal que puede ser definida como la situación en la que se encuentra una persona que frente a la posibilidad de que ella misma o un tercero sufra un daño más grave, decide realizar una acción contraria al ordenamiento jurídico, lesionando un bien o un derecho cuyo valor es menor”, explica Carlos Andrés Hecker Padilla, abogado y licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Máster en Derecho por la Université de Bourgogne.

En la sentencia, el juez destacó que “Francia sufre las consecuencias del cambio climático provocado por la actividad humana” y que el país va camino de “no alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que se había fijado”. Por tanto, “la realidad e inminencia del peligro [los impactos climáticos] están probadas”. Concluyó que “la obstrucción del tráfico parece haber sido necesaria para llamar la atención del público y de los medios de comunicación sobre la construcción de la nueva terminal de GNL en contradicción con el objetivo general de reducir el uso de combustibles fósiles”.

Inés Díez, responsable del área jurídica de Greenpeace, explica que en España nunca se ha aplicado el eximente del estado de necesidad. Por el momento, un solo tribunal, la Audiencia Provincial de Bizkaia, dictaminó una absolución al reconocer que el empleo de pintura lavable –dos activistas la arrojaron contra la entrada principal del Museo Guggenheim, en protesta por su proyecto de ampliación– no constituye un delito de daños.

Andrés Actis Fernández, periodista especializado en clima y medio ambiente

el mal empieza, y también acaba, en la crueldad

Si algo han ido revelando los inenarrables meses de la segunda presidencia de Trump es la facilidad con que sociedades enteras, igual que individuos tomados de uno en uno, se dejan caer a lo peor de sí mismas.[1]

Si cada uno de los seres despreciables en que nos vamos convirtiendo tuviese que explicarle a su madre cómo se ha llegado a esto, ¿soportaríamos tanta miseria moral?

“Se veía venir”, decimos a veces. Pero si se veía venir el horror, es porque en realidad ya estaba ahí. Y nuestra falta fue apartar la mirada, y no combatir ese horror cuando aún era posible hacerlo.[2]

A las nuevas anormalidades se suman las nuevas subnormalidades y las nuevas normopatías, mientras seguimos cayendo, cayendo, cayendo… Pero a estas alturas (o más bien bajuras) deberíamos saberlo: debajo de cada círculo del infierno todavía se encuentra otro peor.

El mal empieza, y también acaba, en la crueldad.

 

[1] Resumo (con la ayuda de Brenda Estefan) los principales puntos de la entrevista con Trump que el The New York Times ha publicado el 8 de enero de 2026, pocos días después del ataque militar contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa:

  • Trump afirma que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”.
  • Desestima el derecho internacional como un freno real: dice que no lo necesita y que él decide cuándo se aplica.
  • Sostiene que la fuerza nacional —y no las leyes, tratados o convenciones— debe ser el factor decisivo entre potencias.
  • Afirma que la OTAN es esencialmente inútil sin Estados Unidos y admite que podría tener que elegir entre preservar la alianza u obtener Groenlandia.
  • Califica las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia.
  • Deja claro que, en su visión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante y que presidentes estadunidenses anteriores fueron demasiado cautelosos para utilizarlo con fines políticos o económicos.
  • Defiende la “propiedad” territorial —en particular sobre Groenlandia— como psicológicamente necesaria para el éxito, y sostiene que ofrece ventajas que no se obtienen mediante arrendamientos, tratados o la simple firma de documentos.
  • La conversación deja claro que, para Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son secundarias frente al “papel de EE.UU. como protector de Occidente”. Entrevista: “Trump lays out a vision of power restrained only by ‘my own morality’ ”, The New York Times, el 8 de enero de 2026; https://www.nytimes.com/2026/01/08/us/politics/trump-interview-power-morality.html

[2] En el caso de Trump: ¿cómo explicar que no fuese juzgado y encarcelado después del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021?

y el comunicado del ezln

https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2026/01/04/en-solidaridad-con-el-pueblo-venezolano/

EN SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO VENEZOLANO

En las primeras horas del 03 de enero de 2026, las tropas de Estados Unidos de América (EUA) invadieron territorio venezolano, bombardearon distintos puntos de ese país y secuestraron al presidente de esa nación y a su esposa. Estados Unidos pretende, así, apoderarse de todo un territorio, como reinicio de las guerras de conquista del Gran Capital.

Frente a estos hechos, compartimos nuestra palabra:

1.- Hay un país agresor, los EUA, y un pueblo agredido, Venezuela.
2.- El sistema no respeta ni sus propias leyes internacionales y sus pretextos para agredir son cada vez más ridículos y ocultan la verdadera razón: la ganancia.
3.- Por encima de gobiernos y de fobias y filias, apoyamos al pueblo de Venezuela y nos solidarizamos en la medida de nuestras posibilidades.