incendios forestales y estrategias de renaturalización

Las causas de los incendios son complejas, sí, y “quizá la principal lección que deberíamos extraer de cada verano es que, frente a un problema complejo, los eslóganes ofrecen respuestas sencillas, pero no soluciones reales. Sólo el conocimiento, la planificación a largo plazo y una gestión inteligente del territorio nos permitirán convivir mejor con un fuego que seguirá formando parte de nuestra realidad”.[1] Pero impresiona cómo, incluso para los ecólogos (de mi universidad), herbívoros en los montes se hace equivaler a ganado. La herbivoría natural, y las estrategias de renaturalización, parecen no entrar en la ecuación… Y así nos va, sin que cuestionemos las premisas de dominación humana que son una de las causas culturales profundas de la crisis ecosocial.

 

[1] Francisco Martín Azcárate (profesor titular en el Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid), “Aprender a convivir con el fuego”, El País, 30 de julio de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-07-30/aprender-a-convivir-con-el-fuego.html

preferiríamos olvidarlo, pero la emergencia climática sigue ahí

(Notas sobre las que basé mi intervención en la Fundación Zenobia y JRJ, Moguer, 22 de julio de 2026)

https://huelvaya.es/2026/07/23/moguer-cien-poetas-voces-del-extremo/

Estabilizar lo que podamos del clima favorable del Holoceno (esa época geológica acogedora que por desgracia ya hemos dejado atrás, internándonos en el Antropoceno) es para la humanidad una cuestión de vida o muerte. Pero, por desgracia, como sociedad no lo estamos haciendo; ni siquiera estamos comprendiendo la dimensión del problema.

Como me toca (por encargo de Antonio Orihuela) dar algunas malas noticias ahora que vamos a comenzar nuestro encuentro Voces del Extremo de este año de 2026, en medio de la tercera ola de calor sufrida en seis semanas, me pongo alguna venda antes de la herida. Muchas de mis entrevistas, conversaciones y charlas acaban con peticiones del tipo: “señor Riechmann, díganos algo que nos dé esperanza, necesitamos esperanza…” Habría que contestar algo así: “¿Quieren ustedes que les engañe mucho o poco, y en función de ello podemos dosificar más o menos esperanza?”

Bueno, lo anterior en realidad se refiere más al optimismo que a la esperanza, y no habría que confundir ambos conceptos. Y podemos estos días, si queréis, hablar cuando toque de esperanza contrafáctica (ahí no hace falta mentir).

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Hace casi un cuarto de siglo que George Monbiot se preguntaba en las páginas de The Guardian: “¿Estamos abocados a caminar como sonámbulos hacia la extinción?”[1]

Lo que estamos haciendo al degradar la habitabilidad de la Tierra (o incluso acabar con ella, para seres como nosotros) con la tragedia climática y la Sexta Gran Extinción es peor que ninguno de los crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidios cometidos en el pasado. Es peor que la Shoah y el Porraimos, peor que los exterminios coloniales, peor que los genocidios (como los del pueblo armenio o el pueblo herero), peor que África convertida en “corazón de las tinieblas”, peor que la masacre de los comunistas indonesios, peor que las violencias patriarcales, peor que las peores guerras, peor que los choques humanos más destructivos. Pero preferimos seguir mirando hacia otro lado, atenuar la molesta disonancia cognitiva e ignorar todo esto.

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Noruega, en vez de ayudar a descarbonizar, quiere ampliar su condición de petroestado explotando el Ártico. Y hay quien se sorprende en estos términos: “La política energética noruega encierra una enorme paradoja. Verde, muy verde de puertas adentro, ha conseguido la mayor electrificación del parque móvil del mundo: nueve de cada diez coches que se venden hoy en el país se mueven con batería y no emiten ni un solo gramo de dióxido de carbono en su uso. De puertas afuera, sin embargo, sigue siendo una economía tremendamente fósil: más del 90% de sus exportaciones son de gas natural y petróleo. Una cifra que, lejos de bajar, ha crecido con fuerza por las subidas de precios provocadas por las guerras de Ucrania e Irán…”[2] Pero no hay paradoja ni contradicción ninguna, si no cerramos los ojos ante la evidencia de que las renovables de alta tecnología son dependientes de los combustibles fósiles, y que es imposible descarbonizar de verdad sin reducir drásticamente nuestro uso de energía.

“Sostenibilidad”, en el 99% de los casos, no es más que el viejo desarrollismo feroz levemente pintado de verde.

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Reducir de verdad las emisiones de GEI significa ceder poder (militar y económico, y por ello también poder político). Ha insistido con acierto sobre ello Amitav Ghosh en El gran delirio (2017). Una estrategia de contracción y convergencia, por ejemplo, redistribuiría no sólo la riqueza (en beneficio del Sur global), sino también el poder. Y “para un sistema de seguridad orientado al mantenimiento del dominio en el mundo, éste es precisamente el escenario más temido; desde este punto de vista, el mantenimiento del statu quo es el más deseable de los resultados. (…) Desde esta perspectiva, la inacción mundial respecto del cambio climático no es el resultado de la confusión, el negacionismo o una falta de planificación: al contrario, el plan es el mantenimiento del statu quo. El cambio climático puede facilitar este plan proporcionando una coartada para una intrusión militar cada vez mayor en todo tipo de espacio geográfico. Y es muy probable que esta estrategia tenga un apoyo tácito, si bien extenso, en muchos países occidentales”.[3] Mantenimiento del statu quo pero –hay que insistir sobre ello– no ya con formas de democracia liberal, sino con fascismo.

En definitiva: si la geopolítica imperial prevalece, dado que los diferenciales de poder (entre las naciones y también dentro de ellas) están estrechamente relacionados con las emisiones de carbono, no habrá manera de hacer frente a la crisis climática. “La distribución del poder mundial ocupa el centro de la crisis climática. Éste es uno de los mayores obstáculos para adoptar medidas de mitigación, sobre todo porque es un hecho que no se reconoce”.[4]

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George Kennan, uno de los arquitectos del orden geopolítico posterior a la Segunda guerra mundial, advertía a la clase dirigente de los EEUU en 1948: “Poseemos alrededor del 50% de la riqueza del mundo, pero sólo el 6’3% de su población. (…) Nuestro verdadero objetivo en el futuro próximo es idear un patrón de relaciones que nos permita mantener esta posición de disparidad. Para ello, tendremos que prescindir de todo sentimentalismo y fantasía: nuestra atención tendrá que concentrarse siempre en nuestros objetivos nacionales inmediatos”.[5]

Este “verdadero objetivo” se cumplió ampliamente: hacia el año 2000 EEUU, con sólo un 5% de la población mundial, acaparaba el 25% de la energía comercial del mundo y emitía el 22% del CO2. Durante los últimos decenios del siglo XX este único país, con su capitalismo desaforadamente extractivista que se ofrecía al resto del mundo como modelo, consumía alrededor de la tercera parte de los recursos naturales globales.[6] ¿Había alguna manera de mantener esta desigualdad aberrante sin convertirse en una sociedad fascista, militarmente agresora de muchos otros países? Que la respuesta es “no” terminamos de verificarlo ahora, con la segunda presidencia de Donald Trump, que ha prescindido “de todo sentimentalismo y fantasía” como ninguna otra anterior: estamos en el esperpento cuasinazi de Daddy Ubú y su Corte de los Milagros. Amigos, amigas, no habléis de ecofascismo: lo que tenemos es fachesperpento. Lo que tenemos es el Gran Guiñol del Apocalipsis.

Hace ya años que se advirtió que la infame “ética del bote salvavidas” de Garrett Hardin iba a transformarse en una “política del bote salvavidas militarizado”:[7] se combina una represión creciente contra los movimientos de protesta en el interior de cada Estado, la militarización de las fronteras, una política agresiva contra los inmigrantes y la preparación (o la puesta en práctica) de guerras por los recursos. Es también la senda por la que está avanzando la UE.

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Hemos dicho antes que reducir de verdad las emisiones de GEI significa ceder poder, y esto hay que explicarlo un poco.

Geoffrey Lean escribe que “las encuestas muestran que el 80-89% del público global comprende la amenaza del colapso climático y quiere que sus gobiernos actúen, pero el mundo parece estar yendo hacia atrás porque las empresas de combustibles fósiles se enfrentan a una lucha por la supervivencia”.[8] Seguimos sin entender bien esto… No es sólo que el capitalismo fósil sea muy poderoso –que lo es–, sino que descarbonizar de verdad implica un mundo más lento, más local, menos individual, menos mercantilizado… Rasgos que, desde el ideario dominante, se perciben como debilidad y pobreza.

Con los combustibles fósiles –con su excepcionalidad no reconocida como tal– nos hemos emborrachado de energía casi gratis: una cogorza de proporciones cósmicas que ha desestabilizado muchas dimensiones de la biosfera, comenzando por el clima de la Tierra. Un barril de petróleo igual a cinco años de trabajo físico de un ser humano:[9] esta ecuación debería figurar grabada en la puerta de todas las escuelas, pero ¿quién se ha topado con ella alguna vez, fuera de debates ecologistas de esos que se consideran “de nicho” y de algunas formaciones especializadas?

Otra manera de verlo: comparar el valor real del petróleo con su precio de mercado. Un pionero en esta pedagogía social de la energía como fue Buckminster Fuller llegó a valorar la energía solar encapsulada en un libro de petróleo en 300.000$. Esto es, 42 millones de dólares por barril, ¡medio millón de veces su precio de mercado![10]

Una tercera manera de intuir lo que está en juego: la energía de los combustibles fósiles que estamos usando es el equivalente al trabajo de más de 500.000 millones de trabajadores (frente a los cerca de 4.000 millones que existen realmente en la actualidad).[11]

Nuestra ceguera ante el apocalipsis (Günther Anders) va de la mano con nuestra ceguera ante la energía (Nate Hagens).

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La CGD (Cultura Global Dominante, muy marcada por la hegemonía de EEUU en nuestro pasado reciente) nos ha acostumbrado a funcionar como si fuese normal acumular superpoderes (en lo esencial, aprovechando mayores cantidades de energía exosomática mediante dispositivos técnicos). Hoy, para sobrevivir, necesitaríamos renunciar a una parte de esos superpoderes (descarbonización). Como la CGD nos ha vuelto incapaces de hacerlo (o al menos muy renuentes), vamos a devastar la biosfera y a colapsar. Lo cual, de hecho, es lo que ya estamos haciendo.

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Se avecina un episodio de El Niño bastante aterrador, frente al que advierten Antonio Turiel, Fernando Valladares y Juan Bordera.[12] Juan, en una impactante conferencia pronunciada en el curso de verano organizado por AGADEN/ Ecologistas en Acción en la Universidad de Cádiz (donde yo también participo), explica que El Niño de 2015 evidenció un cambio de fase en el calentamiento global (mucho más rápido e intenso desde entonces) y que a partir de ahí “los saltos que El Niño está dando no se vuelven a bajar: se convierten en escalones”. El tiempo, por desgracia, se nos está acabando: “estamos en un tiempo de descuento”.[13]

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Sí, estamos en pleno retroceso… El impulso del “capitalismo verde” en los últimos años del decenio de 2010 y los primeros de 2020 ha resultado ser muy efímero.[14] Por ejemplo, se ha publicado el informe (décimo séptima edición) Banking on Climate Chaos, que muestra cómo los bancos, en estos últimos años, van zafándose de sus (nunca demasiado ambiciosos) compromisos climáticos y aumentan la financiación a la industria de los combustibles fósiles: +8% en 2025 (respecto de 2024) en el conjunto de los 65 bancos más grandes del mundo. Y entre ellos el Santander, +6’2%, y el BBVA, con nada menos que un +23’1%.[15]

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“Un estudio publicado [en la primavera de 2026] en Science Advances propone construir tres presas a través del estrecho de Bering para [tratar de] estabilizar la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, uno de los sistemas oceánicos que influyen en el clima del norte de Europa…”[16] Ay, amigos y amigas: toda clase de geoingenierías antes que pensar en la autorregulación humana a través de la política y la ética –y en un más allá del capitalismo.

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Nos aferramos a una idea de normalidad y de progreso (en forma de dominación creciente sobre la naturaleza) que pudo parecer plausible durante apenas un par de siglos merced al uso de cantidades ingentes de energía fósil, pero que ya no tiene sentido en el mundo climáticamente desestabilizado que es el nuestro.

Reflexión astrofísica final: como han señalado algunos investigadores, cabe pensar que el cambio climático antropogénico es la consecuencia involuntaria de la misma existencia del ser humano como especie. Para los planetas con vida basada en el carbono (y tectónica de placas), los combustibles fósiles suponen al mismo tiempo la Tentación Definitiva y la Gran Prueba, el examen final de viabilidad para una civilización compleja (examen que no puede aprobarse sin una considerable dosis de sabiduría).[17] Nosotros estamos suspendiendo ese examen.

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¿Cómo hablar a nuestros niños y jóvenes que crecen en un mundo de riesgos extremos? El paleoantropólogo francés Ludovic Slimak sugiere que hay dos cuestiones clave. “Cuando se tienen hijos se asume una responsabilidad inmensa, titánica. Y la cuestión es no sólo en qué mundo los dejamos, sino qué palabras les damos para hablar de nuestro mundo. Y creo que a eso debemos prestar muchísima atención, ya que los colapsos se producen, de hecho, por la desesperación de los niños. (…) La realidad básica es que están en un mundo extremadamente hermoso, es una especie de pequeño oasis en un vasto vacío a millones de años luz de distancia. Y este oasis, hoy, en su estado actual, sigue siendo increíblemente hermoso. Su diversidad y belleza son absolutamente impresionantes. El segundo punto es que el mensaje que debemos darles no es: ‘Bien, ahora que están aquí, se hallan en serios problemas’. No, no es eso. Debemos ofrecerles una perspectiva diferente, una en la que les digamos que cada generación nos hemos enfrentado a esto. Y la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil. Hasta 1990, estábamos en la Guerra Fría, con un mundo dividido y superpotencias nucleares listas para aniquilar el planeta. Si das un paso atrás, una generación, caemos en 1939-45; si retrocedemos otra generación, caemos en 1914-1918. Así que lo importante para la generación más joven es comprender que la situación actual no es excepcional. La vida consiste en gestionar desastres; todos intentamos improvisar y arreglárnoslas, pero eso también significa que aún tienen cierto control sobre las cosas. Si el imperio soviético pudo colapsar sin un conflicto nuclear total, si pudo terminar pacíficamente, si pudimos salir del nazismo sin que todo el viejo mundo estuviera dominado por los nazis, bueno, hemos salido de todo eso… Y hoy, el mundo en el que vivimos tiene todos sus defectos, pero también todas estas cosas magníficas. Y lo más importante, que yo desarrollo en el libro El último neandertal, es que no hay que dejar que la generación joven tenga la sensación de que el futuro está escrito, porque si no, no se puede hacer nada. No, no, no: el mundo les pertenece.”[18]

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Creo que es un error optimista de Slimak pensar que “la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil”, mas pasemos por alto este detalle de su análisis. Quedémonos con la idea fundamental de que “la vida consiste en gestionar desastres”. Pero hay que ponerse a ello, los desastres no se gestionan solos…

Dejarnos caer a lo peor de nosotros mismos es el movimiento íntimo del fascismo. Pero debemos resistir cuanto podamos contra la deshumanización, el ecocidio y el genocidio.

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Volver a casa: eso es. Regresar a la casa de la humanidad que es la Tierra/ Gaia; a la casa hospitalaria que compartimos con millones de otras especies, con trillones de seres vivos fantásticamente diversos; a la casa de la que no somos propietarios, sino inquilinos, y que hemos de entregar en buen estado a las siguientes generaciones de inquilinos.

Quiero terminar leyéndoles dos poemas del gran Gary Snyder:

PARA LOS NIÑOS (p. 97 de la antología La mente salvaje)

HACEMOS NUESTROS VOTOS JUNTO CON TODOS LOS SERES (p. 137)

[1] George Monbiot, “Sleepwalking to extinction”, The Guardian, 12 de agosto de 2003.

[2] “Noruega quiere que la UE avale la extracción de crudo del Ártico”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/internacional/2026-06-08/noruega-presiona-a-la-ue-para-que-avale-la-extraccion-de-petroleo-del-artico.html

[3] Amitav Ghosh, El gran delirio, Capitán Swing, Madrid 2026, p. 158 y 160.

[4] Ghosh, El gran delirio, op. cit., p. 61.

[5] Citado en Amitav Ghosh, La maldición de la nuez moscada, Capitán Swing, Madrid 2023, p. 163.

[6] En sólo cinco decenios (1940-1990), los estadounidenses consumieron más recursos minerales y combustibles fósiles que todos los demás pueblos del mundo a lo largo de toda la historia humana (Andrew Dobson, Green Political Thought, Unwin Hyman, Londres 1990, p. 78). En los años noventa del siglo XX, ese 6% de la población mundial consumía el 33% de la extracción anual de recursos no renovables para mantener uno de los niveles de vida y de despilfarro más altos del mundo.

[7] Christian Parenti, Tropic of Chaos: Climate Change and the New Geography of Violence, Nation Books, Nueva York 2012.

[8] https://x.com/GeoffreyLean/status/2061571873058463856 . Se apoya en Fiona Harvey, “In our 250th edition, we ask just how well the fight against climate change is really going”, The Guardian, 29 de mayo de 2026; https://www.theguardian.com/environment/2026/may/28/in-our-250th-edition-we-ask-where-on-earth-we-are-in-the-fight-against-climate-change

[9] Véase lo que cabe llamar la “trilogía del petróleo” (tres vídeos breves) de Nate Hagens: “What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137”. https://tratarde.org/como-entender-la-actual-crisis-energetica-tres-videos-breves-de-nate-hagens/

[10] Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, Icaria, Barcelona 2024, p. 220.

[11] Nathan J. Hagens, “Una economía para el futuro: más allá del superorganismo”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 151 (2020), p. 112.

[12] “…si este Niño hace como sus predecesores, y tiene pinta de que incluso puede superarlos a todos, la temperatura del planeta subirá otro escalón de alrededor de 0’15 ºC”. Antonio Turiel, Fernando Valladares y Juan Bordera, “Tsunami de calor”, ctxt, 6 de julio de 2026; https://ctxt.es/es/20260701/Firmas/54245/artico-tsunami-ola-de-calor-chorro-polar-europa.htm

[13] Juan Bordera, “El siglo de los límites (energético y ecológico)”, conferencia en el curso de verano “Ecologismo y activismo ciudadano: 50 años de lucha ambiental desde la sociedad civil”, Universidad de Cádiz, 10 de julio de 2026.

[14] Véase Thea Riofrancos, “El nuevo orden climático mundial”, sin permiso, 17 de julio de 2026; https://sinpermiso.info/textos/el-nuevo-orden-climatico-mundial

[15] https://www.bankingonclimatechaos.org/wp-content/uploads/2026/06/BOCC_2026_vFINAL.pdf

[16] Felipe Espinosa Wang: “Proponen megamuro entre Alaska y Rusia para salvar la AMOC”, 6 de mayo de 2026; https://www.dw.com/es/cient%C3%ADficos-proponen-levantar-un-megamuro-entre-alaska-y-rusia-para-estabilizar-la-amoc/a-77069224

[17] Véase al respecto Jorge Riechmann, “Una terrible conjetura astrobiológica” en Informe a la Subcomisión de Cuaternario, Árdora, Madrid 2021, p. 62-63.

[18] Slimak, “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores”, op. cit.

 

no se puede decir que es un genocidio

Francesca Fornario nos sitúa frente a un espejo terrible. “Los soldados israelíes han orinado en las cunas, han defecado en las ollas, han quemado los libros, han destrozado las fotos de boda que colgaban de la pared de la casa de los recién casados, se han hecho selfies contoneándose con la ropa interior de la novia, que habían robado de los cajones, por encima del uniforme de camuflaje, han grabado un vídeo para enviárselo a su novia, han grabado un vídeo para aumentar el número de seguidores, pero no se puede decir que sea un genocidio y, en cualquier caso, «Harry y Meghan, junto con sus hijos Archie y Lilibet, se han reunido con el rey Carlos III en Highgrove, la residencia privada del soberano en los Cotswolds».

Los soldados israelíes hicieron que los perros destrozaran a un joven discapacitado y lo dejaron morir desangrado, mientras se llevaban a rastras a la madre que les suplicaba que lo ayudaran, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Belén conduce la lancha a motor en topless; con una mano sujeta el timón y con la otra se cubre».

Los soldados israelíes han marcado puntos jugando al tiro al blanco. Un día había que disparar a los niños en la cabeza, otro día en los testículos, otro día en la rótula, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Massimo Recalcati analiza psicológicamente a Michele Mari, que ha ganado el premio Strega (y ninguno de los dos dice que sea un genocidio).

El Gobierno israelí bloquea la salida de Gaza y la entrada a los periodistas, a los médicos e incluso a las galletas y la mermelada, porque son demasiado calóricas para las mujeres y los niños, mientras que el 77% de la población sufre graves niveles de inseguridad alimentaria y, por ello, la mortalidad infantil se ha duplicado, pero no se puede decir que sea un genocidio; y, de todos modos, Dua Lipa se ha casado en Sicilia con 150 cannoli y un helado de sandía con flores de jazmín cristalizadas, recolectadas a las cinco de la mañana.

Han disparado contra las personas hambrientas que hacían cola en los puntos de distribución de alimentos, matando a dos mil de ellas; han destruido la red de abastecimiento de agua, obligando a los supervivientes a sobrevivir con 6 litros por persona, cuando, según la OMS, para garantizar la higiene se necesitan entre 50 y 100, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, «Taylor Swift y Travis Kelce presentan a su nuevo perrito, aunque han decidido mantener la discreción sobre los detalles más íntimos» (No sé, Tgcom24 los llama así).

Han acribillado a balazos el coche en el que una familia intentaba ponerse a salvo; han acribillado a balazos la ambulancia que se dirigía a rescatar a la niña, única superviviente en el habitáculo bajo los cuerpos ensangrentados de sus tíos, acribillaron el habitáculo para matar a la niña superviviente, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Prada propone unas zapatillas de rafia en tonos beige adornadas con el icónico logotipo triangular y acabados en piel.

Han atacado 36 de los 36 hospitales en funcionamiento, han dejado morir a los recién nacidos en las incubadoras tras cortar la corriente, han asesinado a más de 1.500 médicos y enfermeros, han detenido a decenas de ellos sin juicio ni acusación formal, y los han hacinado en cárceles donde los presos son sistemáticamente torturados y violados con objetos punzantes introducidos en el ano hasta lesionarles los órganos internos, en las cárceles donde hay más de trescientos niños detenidos por terrorismo en virtud de la ley que considera terrorista al niño que lanza una piedra contra el tanque que está ocupando su pueblo, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, Tarantino deja la dirección y vuelve a actuar junto a Kylie Minogue.

Han detenido las ambulancias, han hecho bajar a los paramédicos desarmados, los han asesinado uno tras otro, los han enterrado a los quince junto con sus ambulancias bajo la arena, pero no se puede decir que sea un «genocidio» y, en cualquier caso, Sinner alivia los calambres con zumo de pepinillos.

Han arrasado ciudades enteras, colegios, iglesias, mezquitas, campos de fútbol y cafeterías a orillas del mar; han ocupado militarmente casi el 70% de la Franja; han destruido todas las universidades; han obligado al 90% de la población a vivir en tiendas de campaña, incendiado las tiendas, asesinado a más de 72.000 personas —21 000 de ellas niños—, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, este verano puede realzar sus pestañas con postizos desechables para resaltar la mirada sin apelmazarlas.

Han disparado a los pescadores por pescar, a los periodistas por ejercer su profesión, matando a cientos de ellos en ejecuciones selectivas, pero no se puede decir que sea un genocidio; y, en cualquier caso, es el año del Caballo de Fuego en el calendario del horóscopo chino, y los asuntos prácticos, en particular los relacionados con el hogar y la familia, generan tensiones, pero sólo si es usted Libra.

Han hecho sobrevolar en plena noche los campamentos de desplazados con drones que emitían llantos de bebés y ladridos de perros para que la gente, aterrorizada, saliera al exterior y luego atacarla, pero no se puede decir que sea un genocidio y, de todos modos, sale el nuevo sencillo de Beyoncé.

Han bombardeado sin piedad el Líbano, ocupado el sur del país, arrasado pueblos, obligado a huir a un millón de personas, matado desde el 7 de octubre a más de mil palestinos en Cisjordania, donde no hay Hamás, detenido, en Cisjordania, a uno de cada cuatro palestinos a lo largo de su vida y, también allí, han arrasado pueblos, degollado ovejas, talado olivos, agredido a las monjas, disparado a los sacerdotes y amenazado con armas a los carabineros italianos y a los diputados estadounidenses, además de torturar y secuestrar a activistas internacionales, a los eurodiputados, a los médicos y a los periodistas de todo el mundo; además, han instaurado un sistema de apartheid y han presentado planes de limpieza étnica mediante vídeos generados con IA en los que, en lugar de las casas de los palestinos, aparecen complejos turísticos de lujo y casinos, y a Trump y Netanyahu paseando por el paseo marítimo; pero no se puede decir que sea un genocidio, ni siquiera se pueden interrumpir las relaciones militares, comerciales y estratégicas con Israel, ni tampoco se puede dejar de vender armas a Israel; y sólo se puede sancionar 20 —o mejor dicho, 21— veces a Putin por haber invadido Ucrania, pero cero veces a Israel, que ha invadido Palestina, el Líbano, Siria, ha bombardeado seis Estados soberanos con las armas de Trump, quien sanciona a los jueces internacionales, a la ONU y a cualquiera que tenga el valor de decir «genocidio» y de denunciar el apartheid; y, en cualquier caso, Giorgia Meloni, que no dice «genocidio», no reconoce a Palestina, no sanciona a Israel y aumenta el gasto militar tal y como le pide Trump, viste de Cucinelli —que detesta el verde y adora los colores pastel— y no dice «genocidio»; Giorgia Meloni, que promete mano dura contra los maranza, contra los migrantes irregulares y contra los Antifa, pero no mueve un dedo contra los asesinos israelíes y estadounidenses, acude a la peluquería de Mara Carfagna y Elisabetta Gregoraci para hacerse un «long bob» rubio miel con balayage.

Y hay dos cosas que estudiarán las generaciones futuras: cómo fue posible y cómo fue posible que nosotros, los periodistas, habláramos principalmente de otras cosas. «Se nota que todos aspiraban al Premio Strega».”[1]

 

[1] Francesca Fornario, “La miseria de nuestro periodismo en el genocidio”, en el blog de Rafael Poch, 19 de julio de 2026; https://rafaelpoch.com/2026/07/19/la-miseria-de-nuestro-periodismo-en-el-genocidio/

Publicado originalmente en https://www.ilfattoquotidiano.it/2026/07/16/genocidio-gaza-crimini-israeliani-silenzio-media-notizie/8449070/

de paleoantropología, neandertales, inteligencias artificiales y cómo hablar a nuestros niños y niñas: prestemos atención a ludovic slimak

El carácter gregario y la capacidad de estandarización de Homo sapiens frente a unos neandertales con individualidades mucho más marcadas, dotados de cierto temperamento de artista: tal es la tesis (fascinante) del paleoantropólogo francés Ludovic Slimak.[1]

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Quiero repasar con cierto detalle el análisis de Slimak sobre los colapsos sociales: a partir de su conocimiento de especialista sobre los neandertales reflexiona, con interesantísima perspectiva, acerca de nuestro presente. ¿Cómo colapsan las sociedades humanas?

“El colapso puede producirse mediante el encuentro de dos poblaciones. Por ejemplo, cuando los europeos llegaron a América se produjeron colapsos demográficos muy marcados, muy intensos y terribles. Efectivamente, se podría decir: ‘Miren, los colonos europeos llegaron a América y fueron portadores de gérmenes’, por ejemplo. Pero si lo analizamos en profundidad, si las poblaciones de América, los pueblos indígenas o todas las poblaciones que han estado en contacto con los europeos se han visto diezmadas, no ha sido a causa de los gérmenes. El quid de la cuestión es qué ocurre en la mente de las poblaciones que entran en contacto con otras poblaciones… Se verán desestabilizadas en sus actividades tradicionales, sus estructuras y sus valores. Su relación social con sus vecinos, sean amigos o enemigos, cambiará por completo. (…) En el momento del contacto, no se trata de conflicto, ni de ser más fuerte por tener armas, sino de que los niños se vean a sí mismos como fuertes, guapos y mejores que sus vecinos. Eso es inherente a todos los seres humanos, así son las cosas. Y esta relación es muy importante en la transmisión generacional; los niños necesitan sentirse orgullosos del sistema de valores de sus padres. Y cuando los niños ven que existen otras poblaciones que no comparten los mismos valores, que no cuentan las mismas historias, que no tienen los mismos dioses, las mismas leyendas, las mismas costumbres, pero que son objetivamente mucho más eficaces, todo el sistema… todas las historias que nos contábamos, todas esas estructuras de valores, pierden todo significado para los niños. Es un colapso de los sistemas de valores que ya no se transmiten entre los ancianos, entre padres y abuelos, y los hijos, porque los niños ya no creen en ellos.”

Esto habría sucedido al neandertal al encontrarse con el Homo sapiens, sugiere Slimak, así como en otros encontronazos culturales ya en la historia humana más reciente. “¿Qué ocurre cuando dos poblaciones se encuentran? Pues bien, el gran punto en común entre el Cuerno de África, los aborígenes de Australia y los pueblos de América es que se produce un colapso de los sistemas de valores. ¿Y por qué va a ser sustituido? Por el alcohol, el tabaco, las drogas e incluso, en el caso de los aborígenes, una especie de adicción al café y al té (…). Trabajé en Yibuti, por ejemplo, en el Cuerno de África. Lo aterrador es que en la capital de Yibuti la gente está tirada en las aceras, esperando cada mañana a que lleguen camiones con lo que se llama qat, una droga. De hecho, la gente ya no quiere vivir. Así que pasan el día, toman qat por la mañana y duermen en las aceras. La mayor parte de la población se encuentra en un estado de suicidio colectivo inconsciente. La gente ya no quiere vivir. (…) . Cuando dos poblaciones extremadamente diferentes se encuentran, y cuando una no es superior, sino más efectiva, más eficiente que la otra, induce un colapso de la sociedad opuesta.”[2]

Y ¿qué está sucediendo ahora mismo con las IA? Como en esos choques culturales anteriores, “el riesgo es interno: el riesgo de percepción de obsolescencia. No es que seamos obsoletos porque siempre somos exactamente iguales, sino que ya no creemos en nosotros mismos y, por lo tanto, tenemos una sensación de obsolescencia. Y esta sensación de obsolescencia es lo que sería extremadamente peligroso si entráramos en contacto con una inteligencia externa a nosotros. Y eso es lo que es extremadamente peligroso hoy en día en el desarrollo de las inteligencias artificiales, que se están volviendo cada vez más efectivas, cada vez más eficientes, y donde el problema son nuestros hijos. (…) Pensarán: ‘¿Para qué voy a aprender geografía? ¿Para qué voy a aprender historia? Nunca lo sabré tan bien como lo que me dice la inteligencia artificial’. Y ahí radica el colapso de su capacidad para imaginar que algún día será un buen dibujante, poeta, escritor, albañil, o lo que quiera. Ahora mismo nos enfrentamos a esto. Estamos en un momento crucial, un encuentro con otra inteligencia. Lo terrible es que estamos en un punto de inflexión, encontrándonos con una inteligencia externa a nosotros mismos, una que creamos pero que no es nuestra propia inteligencia, y que se está volviendo autónoma, capaz de auto-mejorarse sin intervención humana. El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores, el colapso de su mitología, en la que creen que ellos, los Homo sapiens son los mejores del mundo en términos de inteligencia. Y desde el momento en que perdemos esa creencia, nos colocamos, creo, en la misma posición que los neandertales hace cuarenta mil años. Los sapiens no tenían por qué ser malvados con los neandertales. Es simplemente la confrontación en la que las generaciones más jóvenes ya no quieren participar ni creer.”[3]

¿Cómo hablar, entonces a estos niños y jóvenes que crecen en un mundo de riesgos extremos? “Cuando se tienen hijos se asume una responsabilidad inmensa, titánica. Y la cuestión es no sólo en qué mundo los dejamos, sino qué palabras les damos para hablar de nuestro mundo. Y creo que a eso debemos prestar muchísima atención, ya que los colapsos se producen, de hecho, por la desesperación de los niños. (…) La realidad básica es que están en un mundo extremadamente hermoso, es una especie de pequeño oasis en un vasto vacío a millones de años luz de distancia. Y este oasis, hoy, en su estado actual, sigue siendo increíblemente hermoso. Su diversidad y belleza son absolutamente impresionantes. El segundo punto es que el mensaje que debemos darles no es: ‘Bien, ahora que están aquí, se hallan en serios problemas’. No, no es eso. Debemos ofrecerles una perspectiva diferente, una en la que les digamos que cada generación nos hemos enfrentado a esto. Y la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil. Hasta 1990, estábamos en la Guerra Fría, con un mundo dividido y superpotencias nucleares listas para aniquilar el planeta. Si das un paso atrás, una generación, caemos en 1939-45; si retrocedemos otra generación, caemos en 1914-1918. Así que lo importante para la generación más joven es comprender que la situación actual no es excepcional. La vida consiste en gestionar desastres; todos intentamos improvisar y arreglárnoslas, pero eso también significa que aún tienen cierto control sobre las cosas. Si el imperio soviético pudo colapsar sin un conflicto nuclear total, si pudo terminar pacíficamente, si pudimos salir del nazismo sin que todo el viejo mundo estuviera dominado por los nazis, bueno, hemos salido de todo eso… Y hoy, el mundo en el que vivimos tiene todos sus defectos, pero también todas estas cosas magníficas. Y lo más importante, que yo desarrollo en el libro El último neandertal, es que no hay que dejar que la generación joven tenga la sensación de que el futuro está escrito, porque si no, no se puede hacer nada. No, no, no: el mundo les pertenece.”[4]

***

Creo que es un error optimista de Slimak pensar que “la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil”, mas pasemos por alto este detalle de su análisis. Quedémonos con la idea fundamental de que “la vida consiste en gestionar desastres”. Pero hay que ponerse a ello, los desastres no se gestionan solos…

 

[1] Véase su libro El último neandertal en ed. Debate. Véase también esta entrevista: https://elpais.com/ciencia/2026-02-15/ludovic-slimak-sobre-los-neandertales-fue-un-suicidio-los-humanos-desaparecen-porque-sus-valores-se-vienen-abajo.html

[2] Ludovic Slimak, “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores” (entrevista), La Tercera, 18 de julio de 2026; https://www.latercera.com/mundo/noticia/ludovic-slimak-paleoantropologo-frances-el-problema-fundamental-para-los-jovenes-es-el-colapso-de-su-sistema-de-valores/

Sigue explicando el paleoantropólogo francés: “Se trata de personas que vienen —no de la ciudad de Yibuti, sino de poblaciones nómadas que vivían en los alrededores, en el Cuerno de África— y cuyo sistema de valores se ha derrumbado por completo. Piensan: ‘Voy a la ciudad, voy a Yibuti, voy a encontrar la buena vida, la vida fácil’. Luego piensan: ‘Vamos a Yemen’. Y después van a Europa. Y cada vez, dicen: ‘Vamos a encontrar la buena vida’. Y cada vez intento explicarles: ‘Pero sólo están empeorando las cosas. Si van a Yemen, serán esclavos’. Son poblaciones tradicionales que viven un estilo de vida nómada. Y de repente, llegan a la ciudad, y lo único que les espera allí no es la buena vida, sino las drogas y el colapso. No hay nada que hacer. Nadie los espera…”

[3] Slimak, “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores”, op. cit.

[4] Slimak, “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores”, op. cit.

si eruropa quiere sobrevivir como un continente vivo…

¿Qué significa hoy tener un hogar? La escritora turca Ece Temelkuran –quien optó por exiliarse de su país en 2016, cuando el giro autoritario del régimen de Erdogan hizo que se sintiera cada vez menos segura– argumenta que Europa y EEUU tienen que entender que el mundo está hoy en modo supervivencia. “Y creo que los refugiados, los inmigrantes, son las personas que portan esta sabiduría de sobrevivir con moralidad, con dignidad. Y también poseen la sabiduría de reconstruir un hogar desde cero. Y el hogar, como concepto filosófico y político, debe reconstruirse. Por eso creo que los refugiados, los inmigrantes, los exiliados, son los pioneros de la historia, Constantemente hablamos de esta crisis migratoria o crisis de refugiados. Eso debería cambiar. Deberíamos hablar de qué significa hogar en el siglo XXI, y Europa tiene que redefinir el concepto de hogar si quiere sobrevivir como un continente vivo, no como un museo de cadáveres.”[1]

Digámoslo con la crudeza que nuestro momento de emergencia exige: el espacio habitable para los seres humanos en la Tierra está menguando, en primer lugar a consecuencia del calentamiento global antropogénico. Perdemos hogares, perdemos lugares, perdemos opciones vitales, perdemos suelo vivo, perdemos hectáreas habitables. Y la pregunta terrible: ese espacio ¿se reducirá a cero?

 

[1] Ece Temelkuran, “Pronto tendremos que redefinir el concepto de hogar” (entrevista), El País Semanal, 12 de julio de 2026.

s.o.s jabalíes -ecologistas y animalistas alzan la voz para frenar la matanza de la población de jabalíes de collserola (barcelona)

La caza intensiva de jabalíes no es una herramienta suficiente ni garantizada para controlar a la población ni frenar la dispersión del virus de la peste porcina…

PARAR EL EXTERMINIO DE JABALÍES – Firmé la petición.

https://frontcomuperladefensadelsenglar.my.canva.site/#page-1

el debate sobre el aire acondicionado (y las palabras mayores)

La ola de calor de finales de junio, que ha causado miles de muertes en Europa (en el caso de España, unas setecientas defunciones), ha dado lugar a vivos debates sobre el aire acondicionado en varios países. Y hay que decir lo primero de todo: por supuesto, climatización allí donde pueda suponer la diferencia entre la vida y la muerte (piensa uno primero en residencias de ancianos y hospitales). Pero hay que reparar también en que, considerando la situación general, responder al calentamiento global climatizando todo es como hacer frente al fuego arrojando gasolina. Aumentar el consumo energético hacer crecer la extralimitación ecológica (que la electricidad proceda de paneles solares sólo alivia un poco esa endiablada situación general). Piénsalo un poco, amigo, amiga: instalar un aparato de aire acondicionado en el piso de tu anciana madre puede ser indispensable para salir del paso a corto plazo, pero en el fondo repite la estrategia de segregación y huida con que los ultrarricos pretenden hacer frente a la policrisis ecosocial (que es una crisis de extralimitación y mala inserción de los sistemas humanos en la red de la vida). El aparato de aire acondicionado pagado a plazos es, para los pobres, el equivalente al búnker en nueva Zelanda para los ultrarricos (reléase el famoso artículo de Douglas Rushkoff en 2018). Lo que necesitamos (pero ya vamos tarde, tan tarde…) es cambiar el sistema de producción y los modos de vida. Por decirlo con una imagen: no sólo instalar aires acondicionados allí donde de verdad sean necesarios, sino eliminar el automóvil privado y el chuletón imbatible. Lo cual, ya lo sé, son palabras mayores.

https://www.eldiario.es/sociedad/ultraderecha-calor-extremo-cambio-climatico-niega-convertir-aire-acondicionado-guerra-cultural_1_13380494.html

sobre las raíces ideológicas que frenan la acción climática en españa

https://link.springer.com/epdf/10.1007/s13412-026-01127-7?sharing_token=PensUZF3aEmv6f5ScqeRRve4RwlQNchNByi7wbcMAY5JewY9D3nZ4n04aEWdWf9GBj-MahOeMPrNB_4AGxZDtPG083ussr0dNL15a3eKMR6lIyF2zrAKdWItYZO7iiCJO3xM_q_H0d2_WNO3SA344x5S0PTf-7GsfpL1Yg_a3jE%3D

Fernando Valladares: «Existe cierto pudor a entrar en temas políticos desde el ámbito científico. Sin embargo, corren tiempos urgentes con un cambio climático que en tan sólo cinco días de la última ola de calor ha matado a más de 300 españoles y a más de 1200 franceses.

Un equipo de investigadores [de GHECO] liderado por Carolina Yacamán Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha puesto al descubierto las raíces ideológicas que frenan la acción climática en España en un trabajo publicado en la revista científica Journal of Environmental Studies and Sciences. Combinó una encuesta nacional a 1003 ciudadanos residentes con derecho a voto con un análisis cualitativo de los programas electorales de 2023.

El diagnóstico es contundente porque demuestra que la polarización política ha convertido la emergencia climática en un campo de batalla donde la ideología pesa más que el consenso científico de más del 99%. Mientras que casi la totalidad de los votantes de Sumar y el PSOE reconocen la gravedad de la crisis, sólo el 31% de los simpatizantes de Vox la considera una emergencia real frente al 58% que cree que el problema ha sido exagerado.

El estudio disecciona cómo Vox despliega una estrategia de obstrucción primaria al rechazar tratados internacionales y presentar la regulación ambiental como una amenaza a la soberanía nacional y al orden social tradicional. Por su parte el Partido Popular opta por un modelo de retardo basado en la gestión administrativa y la innovación tecnológica sin establecer metas de reducción de emisiones vinculantes.

Incluso en el espectro de la izquierda, el PSOE y Sumar se mantienen anclados en un paradigma de crecimiento verde y soluciones tecnocráticas que evitan abordar la necesidad de reducir el consumo de energía y materiales. Los datos revelan una contradicción social explosiva puesto que el 70,5% de los españoles reconoce que será difícil abandonar su actual nivel de vida para proteger el entorno.

Los autores concluyen que el retraso climático no es una simple cuestión de ignorancia sino una característica estructural de la democracia capitalista que prioriza el beneficio individual y el crecimiento perpetuo. Este entramado de intereses se apoya en un optimismo tecnológico ciego que sirve para posponer reformas radicales bajo la promesa de innovaciones futuras que nunca llegan a compensar el impacto ecológico.

La consecuencia directa de esta parálisis política es una degradación institucional que incrementa la vulnerabilidad ante desastres tal como quedó demostrado con la falta de prevención en las inundaciones mortales de la DANA 2024 y como ahora lo muestra la extraordinaria ola de calor. En definitiva, la transición ecológica solo será posible si se neutralizan las acciones políticas obstructivistas o retardistas y se transforman radicalmente las estructuras de poder que hoy sostienen el extractivismo y la dependencia de los combustibles fósiles.»

tecnofascismo, una vez más

Nuestras sociedades siguen sin reaccionar mientras se va construyendo la infraestructura de la distopía “interconectada por un sistema nervioso de satélites capaz de controlar cada metro de suelo, de hablar con cualquier dispositivo encendido y de observar los movimientos de los 9.700 millones de personas que habitarán la tierra dentro de cinco años, y procesar la información de manera selectiva, ejecutiva y potencialmente letal” (Marta Peirano sobre la SpaceX de Elon Musk).[1]

Escribió Novalis en uno de los fragmentos de la Enciclopedia que los seres humanos somos “el sentido superior de nuestro planeta, el ojo que éste eleva al cielo” (porque estamos “simultáneamente dentro de la naturaleza y fuera de ella”). La imagen del humano como ojo del planeta Tierra se nos ha vuelto siniestra con el giro tecnofascista que la noosfera está experimentando de la mano de gente como Elon Musk.

 

[1] Marta Peirano, “El megalodón de Musk”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/opinion/2026-06-08/el-megalodon-de-musk.html

noruega, petroestado

Noruega, en vez de ayudar a descarbonizar, quiere ampliar su condición de petroestado explotando el Ártico. Y hay quien se sorprende en estos términos: “La política energética noruega encierra una enorme paradoja. Verde, muy verde de puertas adentro, ha conseguido la mayor electrificación del parque móvil del mundo: nueve de cada diez coches que se venden hoy en el país se mueven con batería y no emiten ni un solo gramo de dióxido de carbono en su uso. De puertas afuera, sin embargo, sigue siendo una economía tremendamente fósil: más del 90% de sus exportaciones son de gas natural y petróleo. Una cifra que, lejos de bajar, ha crecido con fuerza por las subidas de precios provocadas por las guerras de Ucrania e Irán…”[1] Pero no hay paradoja ni contradicción ninguna, si no cerramos los ojos ante la evidencia de que las renovables de alta tecnología son dependientes de los combustibles fósiles, y que es imposible descarbonizar de verdad sin reducir drásticamente nuestro uso de energía.

 

[1] “Noruega quiere que la UE avale la extracción de crudo del Ártico”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/internacional/2026-06-08/noruega-presiona-a-la-ue-para-que-avale-la-extraccion-de-petroleo-del-artico.html

destripar al adversario

Lo que propone la ultraderecha en auge (De la Espriella en Colombia, generalizable a Vox en España) para sus adversarios políticos es literalmente destriparlos. “Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos…”[1]

Humano, demasiado humano; sin olvidar nunca que inhumano, demasiado inhumano.

 

[1] Abelardo de la Espriella citado en Camila Osorio, “El tono incendiario del aspirante ultra eleva el temor a la violencia política en Colombia”, El País, 5 de junio de 2026; https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-04/drogadicto-criminales-narcoterroristas-el-tono-incendiario-de-abelardo-de-la-espriella-aumenta-el-temor-a-la-violencia-politica.html

«el mensajero en el banquillo», por josé a. estévez araujo

https://mientrastanto.org/257/notas/el-mensajero-en-el-banquillo/

«Que Jorge Riechmann tenga que sentarse en el banquillo por participar en protestas climáticas pacíficas resulta profundamente revelador del tiempo que vivimos. No porque sea un caso aislado, sino precisamente porque no lo es. El filósofo, poeta y ecologista que lleva décadas advirtiendo con rigor, serenidad y lucidez sobre el colapso ecosocial se enfrenta ahora a procesos penales por acciones de desobediencia civil no violenta. En uno de ellos, junto con Marina Martínez y Francisco del Pozo, ya celebrado el 26 de mayo de 2026 y pendiente de sentencia, la Fiscalía ha mantenido su petición de diez meses de prisión por el bloqueo del puente de la calle Raimundo Fernández Villaverde, sobre la Castellana, en Madrid, durante una protesta climática de octubre de 2019 dentro de una movilización de 2020 Rebelión por el Clima y Extinction Rebellion en la que participaron unas 300 personas para reclamar políticas urgentes frente a la emergencia climática. En otro procedimiento, Riechmann afronta una petición de 21 meses de prisión por la acción de Rebelión Científica ante el Congreso en 2022, en la que se vertió un líquido biodegradable para simbolizar la sangre derramada por la inacción climática.

La escena tiene algo de inversión moral intolerable. Quienes han contribuido durante décadas a ocultar, minimizar o retrasar la respuesta frente al desastre climático continúan disfrutando de respetabilidad política, económica y mediática. Quienes interrumpen pacíficamente la normalidad para denunciar que esa normalidad nos conduce al abismo son tratados como delincuentes. Se castiga el gesto que incomoda, mientras se tolera la inacción que destruye. Se persigue la protesta que bloquea durante unas horas una vía urbana, mientras se normalizan políticas que bloquean durante décadas la posibilidad de un futuro habitable.

El caso de Riechmann no debe leerse sólo como un episodio penal español. Forma parte de una tendencia internacional que los informes recientes sobre litigación climática describen con creciente preocupación. El informe de UNEP y el Sabin Center sobre litigación climática de 2025 recuerda que la litigación climática tiene dos caras: puede servir para exigir a estados y empresas que actúen frente al calentamiento global, pero también puede ser utilizada como reacción contra la acción climática. El informe llama backlash cases a los litigios de reacción o contraataque: procedimientos destinados a retrasar, desmontar o resistir políticas climáticas, o a intimidar a quienes defienden la justicia climática. Dentro de esa categoría incluye expresamente los procedimientos civiles o penales contra activistas, periodistas, personas y organizaciones que se oponen a los combustibles fósiles u otros proyectos altamente emisores.

Conviene ser precisos. El procesamiento de Riechmann no es una SLAPP clásica, si por SLAPP entendemos una demanda civil abusiva promovida por una empresa poderosa para silenciar a sus críticos. Aquí estamos ante un procedimiento penal impulsado por la Fiscalía. Pero el efecto político puede ser parecido: producir miedo, desgaste, autocensura, cansancio, prudencia forzada. El informe del Grantham Research Institute de la London School of Economics señala que el Sabin Center ha identificado más de ochenta casos en el mundo vinculados a manifestantes climáticos, muchos de ellos «reactivos», en los que se procesa a activistas por actos como allanamiento, daños o desórdenes, y en los que éstos invocan la llamada «defensa de necesidad climática», esto es, la idea de que la acción estaba justificada para evitar un daño mayor.

Lo inquietante es precisamente ese efecto desaliento. Climática recoge cómo los propios activistas hablan del chilling effect: el frío que se instala en el cuerpo social cuando la protesta pacífica empieza a implicar años de procedimientos, gastos, ansiedad, miedo a la cárcel y amenaza de antecedentes. El castigo no empieza con la sentencia; empieza mucho antes, con el proceso mismo. Empieza cuando una persona sabe que, si se tumba en el suelo para denunciar la emergencia climática, puede pasar años pendiente de un juzgado mientras quienes toman decisiones que agravan esa emergencia siguen hablando de crecimiento, competitividad y sentido común.

Y en España este proceso no ocurre en el vacío. Coincide con el ascenso de una cultura política abiertamente antiecológica, alimentada sobre todo por la ultraderecha y parcialmente normalizada por sus alianzas con la derecha conservadora. Vox ha convertido el ecologismo en uno de sus enemigos simbólicos. En su programa ambiental para las elecciones de 2023 defendía más regadíos, más coches de combustión y el abandono del Acuerdo de París, mientras presentaba los avances climáticos como imposiciones de «radicales ecologistas», de la Unión Europea o de organismos internacionales. No estamos ante simples diferencias técnicas sobre cómo hacer la transición ecológica. Estamos ante una operación ideológica: convertir la defensa de las condiciones materiales de la vida en una amenaza a la patria, al campo, al empleo o a la libertad.

Los pactos entre PP y Vox en distintas instituciones han mostrado hasta qué punto ese discurso puede traducirse en políticas concretas. El País señalaba ya en 2023 que esos acuerdos ignoraban la crisis climática y entregaban a Vox áreas ligadas al campo, mientras incorporaban medidas como la ampliación de regadíos, la rebaja de normas ambientales, la reducción de limitaciones en espacios protegidos, la reversión de políticas europeas y la supresión de carriles bici en algunas ciudades. Es decir, justo cuando la ciencia climática exige acelerar la mitigación y la adaptación, una parte de la política española se dedica a deshabilitar y desacreditar los instrumentos mínimos para hacerlas posibles.

La estrategia, además, se ha vuelto más sofisticada. No siempre consiste ya en negar frontalmente que exista el cambio climático. A menudo adopta la forma del retardismo: aceptar de palabra que hay un problema, pero oponerse sistemáticamente a cualquier medida eficaz para afrontarlo. Se desvía la conversación, se exageran los costes inmediatos, se invoca la defensa de «los nuestros» contra supuestas imposiciones globalistas, se prometen falsas soluciones tecnológicas futuras y se deslegitima a quienes reclaman actuar ahora. Climática ha descrito esta evolución en el discurso de Vox: la ultraderecha ya no necesita negar siempre el fenómeno; le basta con desmovilizar, retrasar y vaciar de contenido las políticas climáticas.

En ese contexto, procesar penalmente a quienes practican la desobediencia civil climática no es un hecho neutro. Por supuesto, los tribunales deben valorar actos concretos, derechos de terceros, proporcionalidad y legalidad. Nadie sostiene que toda protesta quede automáticamente fuera del derecho. Pero tampoco puede fingirse que una protesta climática pacífica es un simple problema de orden público, como si quienes se sientan en una carretera lo hicieran por capricho, vandalismo o afán de notoriedad. El cambio climático es una amenaza existencial reconocida por la comunidad científica, por tribunales internacionales y por organismos de Naciones Unidas. La protesta climática no es una molestia privada; es una forma de intervención democrática ante la insuficiencia de las instituciones.

Hay tribunales que han entendido esto. En Olsen v. Police, en Nueva Zelanda, el tribunal afirmó que el derecho a la protesta pacífica, especialmente en materia climática, debía tener peso al valorar condiciones de libertad bajo fianza. Ese caso no es un ejemplo de represión, sino precisamente de lo contrario: muestra que incluso dentro del sistema penal es posible reconocer la relevancia democrática de la protesta climática. Por eso resulta más grave que en otros contextos la respuesta institucional parezca consistir en cerrar los ojos al mensaje y ensañarse con el mensajero.

La cuestión de fondo es ésta: ¿qué tipo de sociedad castiga antes a quienes alertan del incendio que a quienes siguen echando gasolina? Riechmann no es peligroso porque bloquee un puente. Lo que resulta peligroso, para el poder, es que diga con claridad lo que tantos prefieren no oír: que la crisis ecológica no se resolverá con pequeños ajustes, que el capitalismo fosilista ha chocado contra los límites biofísicos del planeta y que la transición necesaria exige transformaciones profundas en la producción, el consumo, la movilidad, la energía y la idea misma de progreso. Público recoge sus palabras sobre el auge reaccionario y el antiecologismo como una de las marcas de la ultraderecha, así como su diagnóstico de una «hipernormalidad» en la que seguimos actuando como si el mundo que conocemos pudiera durar indefinidamente. La criminalización de la protesta climática cumple entonces una función política: proteger la apariencia de normalidad. Mientras se juzga a quienes interrumpen el tráfico, no se juzga la irresponsabilidad de quienes retrasan la transición. Mientras se exagera la gravedad de una acción simbólica, se minimiza la gravedad de la desertificación, las olas de calor, la pérdida de biodiversidad, la destrucción de cosechas, el sufrimiento de los más vulnerables y la transferencia de daños hacia las generaciones futuras. Se invierte la escala de valores: el orden circulatorio importa más que el orden climático; la fachada del Congreso importa más que las condiciones materiales de la democracia; la tranquilidad del presente pesa más que la habitabilidad del futuro.

En mi nota sobre litigación climática señalaba que ésta no es un terreno automáticamente favorable a la justicia climática. Puede servir para exigir responsabilidad a estados y empresas, pero también para intimidar a activistas, periodistas y comunidades locales mediante procedimientos penales, demandas estratégicas o litigios de reacción. El caso Riechmann muestra esa segunda cara. No estamos sólo ante un juicio a tres personas. Estamos ante una señal dirigida a todo un movimiento: protestar puede salir caro; interrumpir la normalidad puede destruir tu propia normalidad; decir la verdad en voz alta puede llevarte al banquillo.

Frente a eso, conviene no responder con moderación impostada. Hay que decirlo con claridad: resulta indecente que una sociedad que no está haciendo lo suficiente para proteger a sus jóvenes, a sus mayores, a sus trabajadores expuestos al calor, a sus territorios amenazados por la sequía y a sus generaciones futuras trate como amenaza penal a quienes reclaman precisamente esa protección. La democracia no se defiende silenciando a quienes advierten de sus condiciones ecológicas de posibilidad. Se defiende escuchándolos, incluso cuando molestan; quizá sobre todo cuando molestan. Porque, en un tiempo de colapso climático, la protesta no violenta no es el problema. El problema es la tranquilidad obscena de quienes quieren seguir llamando «orden» a la marcha organizada hacia el desastre.»

15 años desde que se publicó ‘green is the new red’ (will potter)

«Hace quince años publiqué Green Is the New Red.

Antes de eso, pasé muchos años inmerso en esa historia, investigando cómo [en EEUU] el FBI y los fiscales federales tildaban de terroristas a los activistas por los derechos de los animales y el medio ambiente en los años posteriores al 11 de septiembre.

Mi argumento era que estos movimientos eran los canarios en la mina de carbón. Que criminalizar la disidencia como terrorismo, poner a prueba ese manual con estos activistas, fue el pistoletazo de salida. Que también se utilizaría contra otros movimientos sociales.

Eso es exactamente lo que ocurrió. Y sigue acelerándose…»

https://mailchi.mp/ce89e4d87d3e/little-red-barns-pre-order-11048564

manifiesto «no a la agresión militar contra cuba»

https://www.cubainformacion.tv/solidaridad/20260601/123137/123137-manifiesto-no-a-la-agresion-militar-contra-cuba-es-respaldo-en-universidades-y-comunidad-cientifica-del-estado-espanol-adhesiones

«Ante la escalada de amenazas y el discurso belicista que promueve el Gobierno de los Estados Unidos contra la República de Cuba, quienes abajo firmamos, integrantes del profesorado y del personal de universidades y centros de investigación, manifestamos nuestro más enérgico rechazo a cualquier forma de agresión militar.

Los recientes pronunciamientos del presidente estadounidense Donald Trump, así como las declaraciones de su secretario de Estado, Marco Rubio, que califican a Cuba como una «amenaza a la seguridad nacional» y reavivan públicamente el espectro de una intervención armada, constituyen una violación de los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. Este discurso viene acompañado de hechos que evidencian una preparación para la guerra, tales como el envío del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz al Caribe y la reciente imputación del expresidente Raúl Castro por supuestos hechos ocurridos hace 30 años.

La amenaza de una intervención militar por parte de la mayor potencia del planeta contra una pequeña isla no solo tendría consecuencias incalculables para la paz y la estabilidad regional, sino que supone de por sí un crimen internacional en su fase de formulación.

En el ámbito académico y universitario, no podemos permanecer impasibles ante la construcción de un relato que allana el camino hacia la guerra. Condenamos el uso de la desinformación y la presión mediática como armas al servicio de una agresión imperialista. Exigimos el cese inmediato de las amenazas, el fin del criminal bloqueo económico y energético que asfixia al pueblo cubano, y el pleno respeto a la soberanía y la autodeterminación de Cuba.

Frente a la lógica de la fuerza, reivindicamos el diálogo, la cordura y la paz.

Cuba no está sola.»

contra la criminalización de la protesta climática

https://educacionantifascista.org/2026/05/28/frente-a-la-criminalizacion-de-la-protesta-climatica-y-la-persecucion-de-quienes-defienden-la-vida/

Frente a la criminalización de la protesta climática y la persecución de quienes defienden la vida

Desde la Internacional Antifascista de Educación manifestamos nuestro apoyo absoluto y nuestra solidaridad con el filósofo, profesor y activista ecosocial Jorge Riechmann, así como con todas las personas represaliadas por participar en acciones de protesta climática pacífica.

Nos parece profundamente alarmante que, en pleno agravamiento de la emergencia climática, quienes alertan sobre el colapso ecológico y defienden el derecho colectivo a la vida digna puedan enfrentarse a penas de cárcel. La criminalización de la desobediencia civil no violenta constituye un grave retroceso democrático y un intento evidente de disciplinar, intimidar y silenciar a quienes cuestionan un modelo económico ecocida e incompatible con la sostenibilidad de la vida como es el capitalismo.

Este no es un caso aislado. Estamos asistiendo a un proceso cada vez más preocupante de judicialización de la protesta social y de persecución de voces críticas, mientras los verdaderos responsables de la devastación ambiental continúan actuando con impunidad. Se persigue a quienes denuncian el desastre, no a quienes lo provocan. Se castiga a quienes defienden el planeta, no a quienes lo destruyen.

Muchos de los avances democráticos y sociales han sidoposibles gracias a la desobediencia civil, a la movilización social y a la valentía de quienes se negaron a aceptar la injusticia como normalidad. Hoy, quienes alzan la voz frente al colapso climático cumplen una función ética, pedagógica y democrática imprescindible.

Resulta especialmente grave que se pretenda convertir en delincuentes a profesorado, investigadores, intelectuales y activistas comprometidos con el bien común. Defender la Tierra no es delito. Delito es destruir las condiciones materiales que hacen posible la vida. Delito es normalizar un modelo basado en el saqueo ecológico, la desigualdad y el sacrificio del futuro de las próximas generaciones.

Nos preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar impávidos la persecución de quienes luchan pacíficamente por la justicia climática y social? ¿Hasta cuándo se utilizarán mecanismos judiciales y represivos para intentar desactivar la protesta legítima y el pensamiento crítico?

Desde la Internacional Antifascista de Educación denunciamos este intento de amedrentamiento contra el movimiento ecosocial y reafirmamos nuestro compromiso con una educación crítica, emancipadora y comprometida con la defensa de la vida, la democracia y los derechos humanos.

Exigimos el fin de la criminalización de la protesta climática y reclamamos garantías efectivas para el ejercicio de la libertad de expresión, manifestación y desobediencia civil pacífica.

Porque cuidar la Tierra no es delito.

Porque alertar del desastre no puede ser castigado.

Porque defender la vida nunca será un crimen.

juicios climáticos: comunicado de apoyo desde la Internacional Antifascista de Educación

Frente a la criminalización de la protesta climática y la persecución de quienes defienden la vida

Desde la Internacional Antifascista de Educación manifestamos nuestro apoyo absoluto y nuestra solidaridad con el filósofo, profesor y activista ecosocial Jorge Riechmann, así como con todas las personas represaliadas por participar en acciones de protesta climática pacífica.

Nos parece profundamente alarmante que, en pleno agravamiento de la emergencia climática, quienes alertan sobre el colapso ecológico y defienden el derecho colectivo a la vida digna puedan enfrentarse a penas de cárcel. La criminalización de la desobediencia civil no violenta constituye un grave retroceso democrático y un intento evidente de disciplinar, intimidar y silenciar a quienes cuestionan un modelo económico ecocida e incompatible con la sostenibilidad de la vida como es el capitalismo.

Este no es un caso aislado. Estamos asistiendo a un proceso cada vez más preocupante de judicialización de la protesta social y de persecución de voces críticas, mientras los verdaderos responsables de la devastación ambiental continúan actuando con impunidad. Se persigue a quienes denuncian el desastre, no a quienes lo provocan. Se castiga a quienes defienden el planeta, no a quienes lo destruyen.

Muchos de los avances democráticos y sociales han sido posibles gracias a la desobediencia civil, a la movilización social y a la valentía de quienes se negaron a aceptar la injusticia como normalidad. Hoy, quienes alzan la voz frente al colapso climático cumplen una función ética, pedagógica y democrática imprescindible.

Resulta especialmente grave que se pretenda convertir en delincuentes a profesorado, investigadores, intelectuales y activistas comprometidos con el bien común. Defender la Tierra no es delito. Delito es destruir las condiciones materiales que hacen posible la vida. Delito es normalizar un modelo basado en el saqueo ecológico, la desigualdad y el sacrificio del futuro de las próximas generaciones.

Nos preguntamos: ¿hasta cuándo vamos a soportar impávidos la persecución de quienes luchan pacíficamente por la justicia climática y social? ¿Hasta cuándo se utilizarán mecanismos judiciales y represivos para intentar desactivar la protesta legítima y el pensamiento crítico?

Desde la Internacional Antifascista de Educación denunciamos este intento de amedrentamiento contra el movimiento ecosocial y reafirmamos nuestro compromiso con una educación crítica, emancipadora y comprometida con la defensa de la vida, la democracia y los derechos humanos.

Exigimos el fin de la criminalización de la protesta climática y reclamamos garantías efectivas para el ejercicio de la libertad de expresión, manifestación y desobediencia civil pacífica.

Porque cuidar la Tierra no es delito.

Porque alertar del desastre no puede ser castigado.

Porque defender la vida nunca será un crimen.

Internacional Antifascista de Educación

Mayo de 2026

26 de mayo de 2026, madrid: tuvo lugar el juicio por la acción del 7 de octubre de 2019

Nuestro caso (Marina, Paco y yo) quedó visto para sentencia, y es un poco ocioso especular sobre qué ocurrirá… Pero esperemos que no se dé crédito a la falsa versión de los hechos de la policía (no hubo ninguna «resistencia grave a la autoridad»), y seamos absueltos.

La cuestión de fondo es que, como en tantos otros ámbitos de esta sociedad disfuncional nuestra, los medios devoran a los fines: en un juicio así no puede ni mencionarse el peligro existencial del calentamiento global (que motivó nuestra protesta el 7 de octubre de 2019), y todo se reduce a calibrar si usted se levantó o no del suelo con la debida diligencia cuando los policías antidisturbios querían abrir el paso al tráfico rodado con la máxima urgencia posible.

Amigos, amigas, miremos hacia la Luna en vez de quedarnos embobados mirando el dedo. Miremos hacia arriba (desoyendo la intimación del sistema que resuena cada vez con más fuerza: Don’t Look Up). En torno a los juicios climáticos de estos días, de estos meses, se dirimen dos enormes –gigantescas– cuestiones: 1) la degradación acelerada de la democracia y 2) el avance rápido hacia un planeta Tierra inhabitable para los eres humanos. Hacia eso hay que mirar, y no cejar en nuestros esfuerzos.

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Juicios contra activistas climáticos: quieren convertir la protesta pacífica en delito. Intervención en el programa de la SER «A vivir que son dos días», 30 de mayo de 2026:

https://cadenaser.com/audio/1780124105109/

«Jorge Riechmann, un filósofo a la espera de sentencia»: intervención en el programa de R5 «Reserva natural», 31 de mayo de 2026:

https://www.rtve.es/play/audios/reserva-natural/jorge-riechmann-filosofo-espera-sentencia/17091863/

https://mastodon.social/@enriquesantiago/116639955070609719

https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/filosofo-alerto-desastre-climatico-podria-carcel-quieren-matar-mensajero.html

https://x.com/anticapiMadrid/status/2059239650745586082

https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/arranca-juicio-tres-activistas-bloqueo-puente-castellana

https://youtu.be/Wx-ToL1_Kj8?si=PIgR4nbS8aIOJYU9

https://www.elperiodico.com/es/tendencias21/20260527/tres-activistas-climaticos-juzgados-madrid-130698654

https://x.com/PoderPopularWeb/status/2059540619035295765

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https://www.15-15-15.org/webzine/2026/02/12/nos-adherimos-al-llamamiento-contra-la-criminalizacion-de-la-protesta-climatica/

Comenta Aurora Despierta: «La peor faceta de esta represión, además del coste personal, es que, si no hay una protesta generalizada, puede sentar un serio precedente para alentar futuras medidas represivas con el objeto de desalentar la lucha por salvarnos de la catástrofe climática y medioambiental en general, que es el verdadero asunto de fondo de todo esto, la cuestión esencial, existencial, y no supuestas infracciones legales en las que no está en juego nada importante, salvo un mal entendido sentido de la autoridad y que, por ello, son menudencias.
De hecho, se ha producido ya un gran parón en las movilizaciones por el clima, a raíz del obstáculo que supuso la pandemia de la covid-19 desde 2020. Y eso ha redundado en un empeoramiento del estado del planeta (más emisiones de CO2, etc.) y del peligro para el futuro de la humanidad. El castigo penal, solo puede contribuir a ese efecto paralizante y sus nefastas consecuencias.
Si el Estado de verdad estuviese por la defensa de nuestra supervivencia, pondría todos sus medios en eso, y no su celo en entorpecer y castigar a quienes luchan por ella ante la irresponsabilidad consciente y escandalosa de los empresarios y la pasividad cómplice del Estado. El Estado, en vez de perseguir con contundencia a los grandes empresarios y otras autoridades con evidentes responsabilidades en la catástrofe en la que ya estamos inmersas, lo hace con quienes, sin violencia, se oponen a ello ante la pasividad del Estado. No debiera haber castigo para estos, e impunidad para aquellos, porque la justicia tenga una lupa para quienes protestan y un punto ciego para quienes contaminan al amparo de la ley.
Los poderosos, para imponerse, no necesitan alterar el orden, se sirven de él, normalizando la situación. Sus víctimas, si aspiran a ser atendidas, se ven presionadas a romper esos límites de la «normalidad», pasando entonces a convertirse en el supuesto peligro, la amenaza, los malos de la película. Además de víctima, culpabilizada, demonizada y criminalizada.
Así, el Estado y la justicia, demuestran, en los hechos, de qué lado está, y que en vez de ser parte de la solución, prefiere ser parte activa del problema. Las generaciones futuras tendrán memoria de esto, de que, en los tiempos críticos, cuando la situación era casi desesperada, la justicia no fue justa, no estuvo del lado de nuestra salvación, sino dificultándola, contribuyendo a la llegada de la catástrofe que nos amenaza hasta con la extinción (si incluimos la guerra en preparación, y la guerra nuclear como su consecuencia), y ganándose así su definitivo descrédito.
Un paso mínimo, aunque insuficiente, en la dirección correcta (para no empeorar las cosas), sería la absolución de todos los encausados.

En refuerzo de la opinión expresada anteriormente, un asunto relevante. La justicia española debiera tener en cuenta la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, de la ONU, sobre la responsabilidad de los Estados ante el calentamiento global, y en consecuencia, el derecho que tenemos los ciudadanos para reclamarla. Véase el artículo en esta revista https://www.15-15-15.org/webzine/2025/12/18/obligacion-del-estado-de-mitigar-el-cambio-climatico-la-opinion-consultiva-de-la-corte-internacional-de-justicia/#comment-438212
La responsabilidad principal está en el Estado, no en la reclamación ciudadana para que se cumpla y lo que haga para ser atendida de verdad y pronto. No se debería poner el acento en la responsabilidad de la ciudadanía, habiendo negligencia en sus responsabilidades, por parte del Estado. Cuando además, en la ciudadanía, esa exigencia recae, con mucho peso, sobre las espaldas de personas físicas, muy vulnerables; pero la responsabilidad del Estado, aunque se admita, es más fácil de diluir entre instituciones, legislaturas, diferentes gobiernos, etc., y que, finalmente, no haya ninguna persona que responda de nada, a lo más, algún cese de cargo. El Estado que incumple su deber no puede terminar en la cárcel, pero el ciudadano que lo exige desesperado y exasperado, sí, porque es muy fácil que, incluso sin violencia, trasgreda alguno de los muchos límites que, para él, con excesivo rigor, establece la ley. Y ello, pese a que el perjuicio que haya podido causar la protesta ciudadana, más si ha sido pacífica, sea de imposible comparación con el que podría causar el Estado, al estar en dimensiones totalmente diferentes, siendo la de éste, medible en muchos centenares de años incluso más, para miles de millones de personas, y con innumerables pérdidas materiales. ¿Duro castigo para unos e impunidad, de hecho, para otros?. Sería injusto. Menuda paradoja: la aplicación por el Estado, del castigo de la ley, por una cuestión muy menor, para quien protesta por el incumplimiento por el Estado, de la ley y obligación moral e histórica, ante su país y la Humanidad, del mayor rango imaginable (junto con la de impedir la guerra nuclear). En ese caso, el Estado se estaría sirviendo de la ley, contra la ciudadanía, para él poder incumplir, impunemente, con la ley o principio de justicia de infinito mayor rango, se mire como se mire.
¿Cuántas veces ha demostrado la historia, por todo el mundo, que la razón estaba de parte de quienes, por defenderla (como durante el franquismo), fueron tratados como delincuentes, y hasta muertos por ello?. Pero no buscamos que, a posteriori, la historia nos lo confirme, si es al precio de una catástrofe para la Humanidad; ni tampoco que, finalmente, supuestamente, se pudiese juzgar a los verdaderos máximos responsables (si todavía viviesen); sino que ahora no se incurra en ese error y se contribuya así a evitar el posterior horror. Por tanto, ¡absolución de todos los encausados!.
Y luego las preguntas. ¿Podemos confiar y queda tiempo ya para esperar que el Estado asuma de verdad su responsabilidad climática?. ¿Será el Estado el que deba responder ante los tribunales?. ¿Qué se puede esperar del sistema de justicia?. Véase esta noticia https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/constitucional-admite-demanda-reactiva-juicio-clima ; https://www.rtve.es/noticias/20241217/constitucional-primer-litigio-inaccion-climatica-espana/16375968.shtml ; https://www.rtve.es/noticias/20240408/litigios-climaticos-tribunales-europa-banquillo-acusados/16047121.shtml .
Un buen lugar para ir haciendo un seguimiento de este asunto, es el blog de Jorge Riechmann https://tratarde.org/ . Riechmann ha dado esta reciente entrevista https://www.lavanguardia.com/natural/20260216/11466548/jorge-riechmann-filosofo-carcel-protestar-inaccion-climatica.html »

 

 

 

una entrevista para ‘izquierda diario’: frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema

Jorge Riechmann: «Frente a peligros existenciales, haría falta unir fuerzas para transformar el sistema»

https://www.izquierdadiario.es/Jorge-Riechmann-Frente-a-peligros-existenciales-haria-falta-unir-fuerzas-para-transformar-el

Irene Olano, 25 de mayo de 2026

El 26 de mayo se juzgará en Madrid a tres activistas climáticos, entre ellos el profesor de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid Jorge Riechmann, por una acción de desobediencia civil pacíficas realizada en el otoño de 2019. Ese día habrá una concentración frente al juzgado en apoyo a los activistas, reclamando el derecho a la protesta y denunciando la creciente represión contra el activismo. Hablamos con Riechmann sobre su causa.

 

  1. Te enfrentas a dos juicios por acciones de desobediencia civil. En el primero se te acusa de resistencia a la autoridad por el corte de calle de 2019, y en otro de atentar contra el patrimonio histórico por la acción de Rebelión Científica en el Congreso en 2022. ¿Podrías explicar cómo fueron esas acciones?

Jorge Riechmann. Sí. Quizá lo que tiene más sentido es recordar cómo, en aquel momento, en 2018 y 2019, hubo una oleada de movilizaciones climáticas muy importante. Fue un momento en el que parecía que iba reuniéndose fuerza social suficiente como para lograr cierto cambio de rumbo.

Además, seguramente representó una experiencia decisiva para mucha gente muy joven. Aquellos fueron los años, 2018 y 2019, en los que esta cuestión llegó con fuerza a los institutos: el ejemplo de Greta Thunberg, Fridays for Future… Parecía que toda una generación iba a incorporarse por ese camino a las luchas ecosociales.

Luego, por desgracia, llegó 2020, con el encierro pandémico y todos los efectos negativos que ha tenido. Aquella oleada de movilización se detuvo bastante en seco. Pero 2019 fue un momento en el que parecía importante echar toda la carne en el asador, si es que se podía.

En ese marco tuvo lugar aquel corte, entre las muchas acciones que se estaban desarrollando en todo el mundo. En Madrid cortamos el tráfico en el puente elevado sobre la Castellana, cerca de Nuevos Ministerios. Allí coincidimos unas trescientas personas que veníamos de distintos contextos, asociaciones y grupos.

Fue una acción organizada por Rebelión por el Clima y Extinction Rebellion que salió muy bien. Conseguimos llegar hasta lo alto del puente, lo cerramos y aguantamos allí un tiempo, entre una hora y media y dos horas, hasta que nos fueron desalojando poco a poco. Aquello se prolongó también en una acampada junto a Nuevos Ministerios, frente al Ministerio de Transición Ecológica, que trató de ejercer presión sobre el Gobierno para lograr una gestión climática un poco más decidida. Ese fue el contexto y el desarrollo de la primera de esas dos acciones.

En el caso de la segunda, en la primavera de 2022, se trataba ya de un momento algo diferente, pero con la conciencia de que la situación ecológico-social en general, y climática en particular, seguía degradándose muy rápidamente. Y también con la conciencia de que las respuestas que supuestamente estaban dando las autoridades, las empresas y buena parte de los actores sociales no estaban ni de lejos a la altura de lo necesario.

En ese momento, lo específico fue el intento de movilizar también a investigadores e investigadoras. A partir de Rebelión Científica se formó esa iniciativa, que fue la convocante de la acción de abril de 2022. Unas pocas decenas de personas, unas setenta u ochenta, conseguimos acercarnos con éxito, sin ser descubiertas, hasta el Congreso de los Diputados.

Allí la forma de protesta consistió, por un lado, en arrojar un líquido biodegradable (que simulaba sangre) sobre las escaleras y las columnas del Congreso. Después hicimos una sentada, con materiales y pancartas, y mantuvimos esa forma de protesta hasta que también nos fueron retirando poco a poco.

En la primera de esas acciones nos detuvieron finalmente a tres personas, que somos las que afrontaremos el juicio del 26 de mayo: Paco del Pozo, Marina M. Martínez y yo. En la segunda acción fuimos detenidas quince personas, y un poco más adelante también seremos enjuiciadas por esa acción.

  1. Sobre todo en relación con la primera causa, de la que hace ya siete años, ¿cómo interpretas políticamente que se persiga al movimiento ambiental, que os detuvieran a tres personas y que ahora os lleven a juicio?
  2. En muchos sentidos vivimos en un mundo al revés. En una especie de gran inversión de las cosas: y esto es una pequeña manifestación de ello. Hay otras mucho más enormes, que tienen que ver con la gestión de la economía, con la organización política o con los contrasentidos culturales. Pero esto también es una pequeña manifestación de esa suerte de mundo al revés en el que estamos viviendo.

Podríamos verlo con un poco de distancia. A veces imaginamos: si bajara un platillo volante con marcianos y nos observaran, ¿de qué manera interpretarían esto? Frente a lo que es realmente un peligro existencial, donde lo que nos estamos jugando es la habitabilidad de la Tierra para seres como nosotros —una de cuyas manifestaciones, la más visible, es el calentamiento global, aunque es solo una—, frente a ese riesgo existencial en el cual ni siquiera está excluida, por desgracia, la extinción de la especie, haría falta ser capaces de unir fuerzas para transformar el sistema.

Haría falta avanzar hacia una transformación sistémica sin la cual no hay salida frente a estos problemas. En lugar de eso, lo que tenemos es una represión creciente de muchas protestas ecologistas en buena parte del mundo: en el norte y en el sur. De manera mucho más despiadada y brutal en el sur, pero también de forma creciente en el norte, con la introducción de legislación pensada justamente para la represión de esta clase de protesta. Así nos dañamos a nosotros mismos como sociedad.

  1. Esta causa llega en un momento en el que vemos muchos casos distintos de represión. Pienso, por ejemplo, en los trabajadores del metal de Cádiz, que están peleando no solo por sus derechos laborales, sino también contra las listas negras que les impiden volver a trabajar. Están las 7 de Somosaguas, encausadas por la extrema derecha. Han estado las de La Suiza. En Zaragoza también han sido encarcelados chavales por protestar contra Vox. Ahora hay una nueva causa contra dos profesores de Zaragoza por tirar unos dardos, en una fiesta popular, contra la cara de Abascal y de otros líderes de la derecha internacional, a modo de broma. A las 8 de Becerril van a juzgarlas por participar en el boicot a Israel durante La Vuelta ciclista, en septiembre de 2025. Y también está la represión al movimiento democrático catalán, con infiltraciones y todo tipo de prácticas. Los institutos catalanes están ahora enfrentándose con la posibilidad de tener mossos en los centros.

¿Ves alguna lógica compartida en estos casos de represión?

  1. Vivimos en Estados donde hay un aparato de Estado que no cambia mucho cuando cambian los gobiernos, y que tiene como función principal mantener el orden existente. Lo de Catalunya impresiona. Y no solo por las huelgas (junto a las de ahora mismo en el País Valenciano). El hecho de que la convivencia en lugares como los institutos parezca degradarse tanto debería hacernos pensar mucho. ¿Qué tipo de sociedad hace falta tener, o considerar razonable, para poner policía dentro de los institutos? Asistimos a todas esas formas de represión frente a cuestionamientos del orden existente, y sí creo que hay una conexión entre ellas.

Viéndolo con un poco de perspectiva, lo que sucede también es que nos encontramos en una fase de esto que yo llamo el «Siglo de la Gran Prueba». Una fase en la que los problemas se van agudizando, se van haciendo más intratables y afectan también de forma más directa a la vida cotidiana de la gente.

Por ejemplo, los problemas ecológicos van tocándonos más de cerca. A pesar de todos los mecanismos que el centro del sistema tiene para expulsar hacia las periferias buena parte de estas dificultades, aun así nos van tocando cada vez más de cerca.

Eso hace que el terreno para lo que antes podían parecer soluciones de compromiso vaya siendo cada vez menor. Hay menos espacio y menos tiempo para seguir haciendo como si nada. Esas políticas del “como si” han caracterizado en buena medida la manera en que nuestras sociedades han abordado cuestiones como el calentamiento global durante décadas. La acción eficaz necesaria se ha ido posponiendo y posponiendo.

En cambio, ahora se va viendo que tenemos menos tiempo y que los cambios sistémicos que mencionábamos tendrían que ser muy profundos y muy rápidos. En esa tesitura, es como si se fueran extremando las respuestas. Lo que vemos son formas políticas que se van acercando al fascismo, o directamente formas de fascismo (que podríamos llamar “fascismos de fin de mundo”), en muchos lugares. Y las políticas basadas en la cooperación, en la justicia ecosocial, en la recuperación y defensa de los bienes comunes (que son el camino que tendríamos que seguir) ven también estrechado su margen.

Una parte de lo que sucede se puede ver bajo esa luz. Ahí tenemos aquella disyuntiva que planteaba hace más de un siglo Rosa Luxemburg: socialismo o barbarie. Ahora sería ecosocialismo y ecofeminismo frente a barbarie y extinción. Algo así, en términos todavía más duros. La reacción a la que estamos asistiendo en muchas sociedades no es como para alegrarnos en ese sentido.

  1. Lo curioso es que todo este proceso se da en el marco de un Gobierno que, en principio, se presenta como progresista y ecologista. Pero si vamos a lo que planteabas antes, a las medidas profundas y rápidas que habría que tomar, en realidad lo que señalan los movimientos ecosociales en los que participas es que esas medidas no se están tomando. ¿Cuál es entonces el modus operandi de cada gobierno que llega?
  2. Afrontamos un problema que no es solo del Gobierno, aunque también se manifiesta en sus políticas. Tenemos un problema grande en cuanto a percepción e interpretación de la realidad. Como sociedad, no nos damos cuenta, no queremos asumir algunas realidades duras. O, más bien, hay sectores que se niegan a ello, porque tampoco se trata de toda la sociedad. Vemos cómo se fortalecen ciertos sectores negacionistas; pero no hablo solo del negacionismo climático, sino de un negacionismo más amplio: el negacionismo de la crisis ecosocial.

Incluso los sectores sociales que podemos llamar, con esa etiqueta poco útil, “progresismo”; incluso los sectores que sí admiten que hay un problema grave y que habría que hacer algo, no reconocen de verdad dónde estamos. No reconocen la gravedad y la profundidad de este tipo de crisis. Eso hace que se den por buenas respuestas en forma de políticas públicas, pero también en forma de iniciativas ciudadanas, que en realidad no están a la altura del problema.

De manera típica, en estos últimos años (de hecho, desde 2010 en adelante hasta ahora), las políticas que un Gobierno como el nuestro pone en marcha, sobre todo a través del Ministerio de Transición Ecológica, son, simplificando un poco las cosas pero sin traicionar el asunto, las siguientes: una rápida electrificación de lo que podamos del aparato productivo, y una matriz energética que logre reducir algo el consumo de combustibles fósiles desarrollando mucho la generación eléctrica con renovables de alta tecnología, con aerogeneradores y módulos fotovoltaicos. Eso, más el fetiche del automóvil eléctrico, supuestamente nos va a sacar de apuros. Pero es una ilusión.

Una situación en la cual buena parte de la sociedad ni siquiera percibe el problema, y la parte mayoritaria de la sociedad que más o menos ve algo del problema plantea una solución falsa, es algo muy peligroso.

Desde otros lugares decimos que una verdadera transición energética no consiste en añadir a nuestra red eléctrica muchos aerogeneradores y módulos fotovoltaicos, sino que tiene que plantear el qué y el cómo del uso de energía, y saber que tenemos que funcionar con menos energía. Una verdadera transición ecológica tiene que incorporar a muchos otros sectores además de la energía. ¿De qué manera vamos a hablar de transición ecológica, de transición ecológico-social, sin abordar, por ejemplo, todo el sistema agroalimentario? ¿Sin desarrollar iniciativas potentes de agroecología? Por esa vía vemos que eso toca los fundamentos del sistema. Y dentro del capitalismo es poco lo que se puede avanzar hacia donde necesitaríamos.

Esa es la situación bastante lamentable en la que nos encontramos. Solo sectores sociales muy pequeños plantean de verdad la clase de medidas hacia algo fuera del capitalismo, hacia el poscapitalismo o el ecosocialismo, que necesitaríamos.

  1. Sobre la segunda causa, la de la pintura en el Congreso, en su momento la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, planteó que en realidad no había habido ningún desperfecto. Esto llama la atención, porque entonces, ¿qué sentido tiene la causa? ¿Cómo se sostiene?
  2. En los dos casos, si estuviéramos en un mundo normal no habría juicio. Porque no se dio esa resistencia feroz a la autoridad de la que se nos acusa en el primer caso, ni hubo tampoco daños al patrimonio histórico, de los que se nos acusa en el segundo juicio. Pero, como dice una cita de Batman que mi amigo Antonio Orihuela situó como epígrafe al frente de su poemario La ciudad de las croquetas congeladas, «este no es un mundo normal».

De hecho, en un primer momento, las primeras acusaciones en 2022 eran incluso peores, porque decían que habíamos interrumpido el curso normal de la actividad parlamentaria. De haber prosperado eso, nos habría llevado a la Audiencia Nacional y a consecuencias todavía más graves.

Al final decayeron esas acusaciones y se quedaron en la de daños al patrimonio histórico, que también aparece en el Código Penal. Pero no tiene mucho sentido, porque precisamente se había buscado que ese líquido que imitaba sangre no causara daños permanentes. Era un líquido biodegradable y se podía limpiar con facilidad.

Así que tampoco ahí, si estuviéramos en un mundo normal, nos veríamos ante un juez o una jueza. Pero recordemos a Batman: «Este no es un mundo normal».

  1. Otra prueba de esto que dices es que muchos de los represaliados sois profesores universitarios, personas del mundo de la ciencia y del pensamiento, que tratáis de combatir en vuestra actividad profesional ese pensamiento ecocida y ese sistema ecocida. ¿Qué papel te parece que tienen que jugar la universidad, los intelectuales y los profesores en esta batalla?
  2. Lo característico de la segunda de estas acciones fue precisamente que se intentó impulsar esa articulación de Rebelión Científica entre universitarios, investigadoras e investigadores del CSIC, trabajadores del sector del conocimiento. Y realmente haría falta ahí una clase de compromiso mucho más intenso y duradero de lo que hemos visto. La respuesta de nuestras universidades y centros de investigación no ha estado ni de lejos a la altura de lo que necesitaríamos.

Ha hecho mucho daño, durante todo el período del capitalismo neoliberal en las últimas décadas, el avance constante de estas formas de individualismo casi patológico y de corrosión de los vínculos sociales en las que nos encontramos. Uno de sus efectos ha sido también una idea, yo creo que muy equivocada, de lo que tendrían que ser los nexos entre las universidades y los centros de investigación con la sociedad. No basta con decir: «Yo ya hago lo mío con la ciencia en mi horario de trabajo», o realizando análisis críticos.

Tenemos universidades en las que se da por bueno que los órganos de gobierno vayan siendo sustituidos por unos consejos llamados “consejos sociales”, que en realidad son, sobre todo, consejos empresariales. Es como para que suenen todas las alarmas.

En una sociedad normal, si le hiciéramos caso a Batman, en un mundo más normal, lo que deberíamos cuidar serían los nexos con las ciudades, los pueblos y los barrios en los que están nuestras universidades. Con las asociaciones y los movimientos sociales activos en esos lugares. Con las iniciativas emancipatorias del mundo de la cultura. Esos tendrían que ser los interlocutores naturales para la extensión universitaria, no las empresas, que es lo que en general se ve por aquí.

Haría falta recuperar la idea de una extensión universitaria en la que la universidad no se extienda, como lo hace ahora, hacia el mundo empresarial, sino más bien hacia la sociedad articulada y las iniciativas de supervivencia y emancipación.

  1. Ante casos de represión como estos, ¿cómo te parece que hay que responder?
  2. Necesitaríamos recuperar una idea de democracia más ambiciosa. Una idea en la cual esté claro que las sociedades verdaderamente democráticas necesitan de la protesta social para avanzar: eso forma parte de la gramática democrática básica. Ese sería el sustrato cultural que nos haría falta. Para eso irían bien muchas iniciativas desde abajo, iniciativas de pedagogía en sentido amplio.

Luego, creo que también nos hace falta, a las organizaciones políticas, a las asociaciones y a las articulaciones de los movimientos sociales, tomarnos más en serio la cuestión de la desobediencia civil, de las formas de resistencia y de la desobediencia civil. Desarrollar más estas formas de protesta que desbordan lo institucional. A veces nos ceñimos demasiado a la actuación más o menos institucional. Y hay que saber que entonces hace falta también toda una estrategia de autodefensa en varios niveles.

Yo iría por ahí. En realidad, eso se puede resumir diciendo que necesitamos profundizar en una democracia más seria, más sustantiva.

  1. Ante esta represión, que es también un intento de amedrentamiento del movimiento ambiental y de los distintos movimientos sociales, ¿qué tipo de movimiento ambiental o ecosocial haría falta que se desarrollase en los próximos años?
  2. Lo más importante sería, creo, activar a mucha más gente. Estaba leyendo una parte del informe que acaba de sacar la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica sobre la juventud española. Una de las cosas que arroja esta investigación sociológica, y creo que no atañe solo a los jóvenes aunque este estudio vaya por ahí, es la constatación de que hay expectativas de final de mundo.

Hay imaginarios bastante apocalípticos en sectores muy amplios de la sociedad. Eso puede coexistir con sectores sociales también muy amplios que son negacionistas de la crisis ecológico-social. Y coexiste también con una sensación de impotencia muy grande.

De tal manera que estos investigadores dicen en cierto momento que en este país, con esos datos, más que hablar de ecoansiedad habría que hablar de ecodepresión. Se da como un fenómeno de gran depresión social. No es todo lo que hay, por supuesto. Vemos también sectores que están luchando, que se organizan. Pero si pensamos sobre todo en las cuestiones ecológicas y ecológico-sociales, hay ahí algo de fuerte ecodepresión.

Entonces, lo primero sería superar en cierta medida esa situación. Volver a experimentar algo de confianza en la acción colectiva e ir tramando, a partir de ahí, movimientos sociales fuertes y bien orientados.

Pero la orientación del movimiento tendría que ser bastante más radical que la que hemos tenido, porque los propios problemas se han agravado muchísimo. Quizá se puede pensar en esos dos pasos: activar a mucha más gente y orientar el movimiento de una forma mucho más radical.