sobre ambientalismos de lujo y ecologismos de emergencia -reflexión en la revista kult-ur

Vol. 12 núm. 23, monográfico sobre ‘Transició energètica. Impacte ambiental i resposta social’

https://www.e-revistes.uji.es/index.php/kult-ur/issue/current

Dentro del mismo mi artículo «Sobre ambientalismos de lujo y ecologismos de emergencia» (p. 49-68), con este resumen:

Aunque la crisis ecológico-social está bien diagnosticada desde hace más de medio siglo, las respuestas de las sociedades industriales a la misma quedan dramáticamente por debajo de lo que sería necesario. Estamos en un tiempo de rupturas y discontinuidades, deslizándonos rápidamente hacia un colapso ecosocial. El capitalismo practica una apropiación de recursos a escala planetaria, y la externalización de costes socioecológicos a escala también planetaria: a la postre, la Tierra entera se convierte en zona de sacrificio. Se sigue pensando en soluciones de lujo, cuando necesitamos salidas de emergencia; así, la pareja de conceptos ambientalismos de lujo/ecologismos de emergencia permite captar una parte de lo que sucede en conflictos contemporáneos, como los relacionados con los macroproyectos de energías renovables.

premio antzinako bihotz (corazón arcaico) 2025 concedido en moguer a antonio crespo massieu

El 25 de julio, en Moguer, me correspondió entregar el PREMIO ANTZINAKO BIHOTZ (CORAZÓN ARCAICO).

En el seno de los encuentros de poesía de Moguer, VOCES DEL EXTREMO, organizados por la Fundación Juan Ramón Jiménez desde 1999, se creó, en el año 2004, el galardón ANTZINAKO BIHOTZ (CORAZÓN ARCAICO). El premio toma su nombre de unas palabras del poeta Bernardo Atxaga escritas en una lengua que, como la poesía y la canción, ha sobrevivido desde los tiempos de los bosques, la magia y la familia social de la tribu.[1] Este galardón no se encuadra en la categoría de las distinciones de la técnica literaria o la invención lírica, sino que premia y distingue la desnudez de espíritu, la belleza moral creativa y serena, el “estado poético” de la mente, el único estado que los herederos de Juan Ramón se comprometen a defender y a mantener.

Cada año se reúnen amigas y amigos poetas para asomarse al viejo pozo de la consciencia dulce, alrededor de la candela de la voz de antes de todo, y que será la misma voz que sobrevivirá a todo lo que conocemos, la canción antigua que calma el hambre de una nueva tribu, hermandad antigua en un mundo futuro que debe ser más sencillo, simbiótico y amante de la Tierra.

La concesión del galardón va acompañada de la entrega de una casaca de oficial del extinto ejército tibetano, el uniforme de un ejército de un país que ya no existe, como símbolo de una lucha pacífica, una militancia a favor de la vida, una neuroguerrilla imposible contra los gigantescos molinos tecnológico y la insensatez de las estructuras de los Estados y las plutocracias; pero sobre todo contra el olvido del corazón y el abandono de la sencillez y el cultivo interior de nuestro ser humanos. El Corazón Arcaico de cada año recibe, junto con esa chaqueta de flores y bambúes dorados sobre un caos negro, la obligación y el privilegio de seleccionar al galardonado o galardonada del siguiente año y entregar la casaca públicamente, al modo de antiguas tradiciones mágicas y religiosas donde la transmisión espiritual de una doctrina se simboliza por la entrega del manto.

Después de la entrega, la persona que ha recibido la casaca menciona el árbol raíz de las diez mil flores.

En años anteriores, han sido Corazones Arcaicos:

  1. Daniel Macías
  2. David Pielfort
  3. Antonio Orihuela
  4. Eladio Orta
  5. Elisa Llorca
  6. Antonio Gómez
  7. Uberto Stabile
  8. Isabel Pérez Montalbán
  9. Luis Felipe Comendador
  10. Antonio Martinez i Ferrer
  11. Begoña Abad
  12. Bernardo Santos
  13. Inma Luna
  14. Ana Pérez Cañamares
  15. Ángel Calle
  16. Niño de Elche
  17. Enrique Falcón
  18. Montserrat Villar
  19. Eladio Méndez
  20. Rafael Calero
  21. Camino Benedicto
  22. Mar Martín
  23. Conrado Santamaría y Amalia Fuertes
  24. Jorge Riechmann

Y el galardonado de este año 2025 es Antonio Crespo Massieu. Un compañero probado en mil batallas de conciencia y consciencia, agavillador de existencias rotas que fueron sin embargo semilla de futuro, verdadero poeta que no ha faltado nunca a las llamadas de la fraternidad y la sororidad. Es para mí un honor transmitirle, junto con la casaca legendaria, el deber de seguir defendiendo la apertura de espíritu y la limpidez de corazón en nuestros tiempos sombríos.

Jorge Riechmann

 

[1] Aquí la canción de Mikel Laboa sobre el poema de Bernardo Atxaga: https://youtu.be/4bOKwJi3dgQ?si=yy8l9-95Bctq2kzJ

“Tú, que eres como una casa/ hecha de arcilla:/ pequeña, frágil,/ de cuatro habitaciones// Tú, que te llenas de fantasmas,/ y te asustas,/ y lloras/ cuando llega la noche// Tú, que en la oscuridad/ te haces pedazos/ como una hucha/ arrojada contra el suelo// Tú, arcaico corazón,/ mira por la ventana,/ mira hacia ese bosque/ que ya reverdece…”

declaración de apoyo a palestina y condena de israel

150 POETAS FIRMAN, EN LA CASA MOGUEREÑA DEL NÓBEL JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, UN MANIFIESTO PARA PARAR EL GENOCIDIO EN GAZA

 

Nosotras y nosotros, poetas reunidos en Moguer en el encuentro Voces del Extremo, no podemos callar ante el genocidio que día a día Israel lleva a cabo en Gaza.

La destrucción sistemática de hospitales, la muerte por falta de recursos médicos, los bombardeos, los asesinatos «selectivos» que se llevan por delante a decenas de personas, los disparos mortales contra quienes acuden a la recogida de alimentos, la muerte por inanición de tantísimos niños… Todo esto ante la inacción, la complicidad o el abierto apoyo de las potencias occidentales, entre ellas la Unión Europea y el Gobierno español.

Por ello, junto a la liberación de los rehenes israelíes en manos de Hamás, exigimos:

  • Alto el fuego inmediato.
  • Retirada de todas las fuerzas israelíes de Gaza y fin de las hostilidades en Cisjordania.
  • Llegada inmediata de la ayuda internacional gestionada por las agencias humanitarias (y, entre ellas, la UNRWA de NN. UU.).
  • Apoyo a las denuncias contra Israel en el Tribunal Penal Internacional.
  • Fin al comercio de armas con Israel.

Está en nuestras manos perseverar en la movilización de la sociedad civil, ampliando las manifestaciones y los actos de protesta.

Ante la actual escalada armamentística, como poetas que hacemos palabra el suelo y la esperanza de otro mundo posible (habitable, solidario, hermoso, justo, libre y en paz), recordamos las palabras de Rubén Darío: «Nos predican la guerra con águilas feroces, gerifaltes de antaño revienen a los puños…» René Char aseveró: «No escribiré poema de consentimiento». Éste es el privilegio de la palabra: ejercer su libertad. En ello situamos la dignidad de los y las ciudadanas, las y los poetas. A ello queremos ser fieles.

¡No a la guerra! ¡Viva Palestina libre!

En Moguer, a 26 de julio de 2025.

riechmann propone en la rábida “pedacitos de paraíso” frente a la idealización utópica

https://www.diariodehuelva.es/articulo/provincia/jorge-riechmann-propone-rabida-pedacitos-paraiso-frente-idealizacion-utopica/20250724112623328205.html

«El filósofo, poeta y ecologista Jorge Riechmann ha protagonizado una intensa reflexión sobre la condición humana y la noción de paraíso durante su intervención en el curso de verano Voces del Extremo: Visiones del paraíso, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) en su sede de La Rábida.

Bajo una mirada crítica y profundamente humanista, Riechmann cuestionó la idealización del paraíso como meta posible o deseable. “No somos seres paradisíacos”, afirmó, y alertó sobre los peligros de proyectar una idea de mundo sin conflictos como vía de salvación. En su lugar, propuso construir “pedacitos de paraíso” en la vida cotidiana, a través de lo compartido, lo común y la poesía.

Acompañado por referentes como René Char, Maquiavelo o Francisco Fernández Buey, el autor desplegó un discurso que combina pensamiento filosófico y sensibilidad poética. “Maquiavelo decía que no se trataba de buscar el paraíso, sino de conocer los caminos del infierno para evitarlo. Esa es una máxima que deberíamos tener más presente en esta época”, señaló, en referencia a los retos ecológicos, sociales y políticos actuales.

Riechmann advirtió sobre los discursos utópicos, tecnológicos o espirituales que prometen mundos sin tensiones ni límites, lo que a su juicio niega la ambivalencia esencial del ser humano: luz y sombra, creatividad y destrucción, fraternidad y tribalismo. “Idealizar el paraíso puede ser, paradójicamente, una vía directa al desastre”, sentenció.

Frente a esas promesas de salvación total, el filósofo apuesta por una ética del día a día. “Lo paradisíaco puede estar en momentos compartidos, en la poesía que nos orienta en la oscuridad. Pero eso requiere trabajo, no una evasión”, subrayó.

Finalmente, Riechmann destacó el papel de la poesía como lenguaje crítico y existencial. “Aunque se diga que vivimos en un mundo desencantado, el deseo de magia y trascendencia sigue vivo. La poesía, cuando se tensa, abre grietas en lo establecido y nos ayuda a comprender quiénes somos en medio de la crisis”, concluyó.»

https://huelvabuenasnoticias.com/2025/07/24/el-paraiso-no-existe-riechmann-desmonta-la-utopia-edenica-desde-la-filosofia-y-la-poesia/

https://www.teleprensa.com/articulo/huelva/reflexion-critica-paraiso-presente-encuentro-voces-extremo-unia/202507221452322177090.html

https://vocesdelextremopoesia.blogspot.com/2025/07/jiron-de-paraiso.html

indigenación

https://www.ecologistasenaccion.org/343451/indigenacion/

 

1

Indigenación, nos intima el poeta Daniel Macías.[1] Sugirió Juan Ramón Jiménez que el poeta es un “indígena de la belleza”. Indígena, del latín inde (de allí, de aquí) + gena (nacido de; derivado de genere, engendrar). ¿No somos todos indígenas hasta que nos desterramos o nos destierran? O aún más, como nos preguntan Cecilia Vicuña y James O’Hern: ¿no somos todos indígenas en la familia humana pero lo hemos olvidado?

 

2

Colonizar nos ha llevado a un desastre terminal. ¿Optamos por la vía de la indigenación? Un notable texto reciente de Richard Heinberg merece atenta lectura (como todos los suyos)… Se trata de una aguda reflexión sobre la policrisis de la Modernidad, algunos de cuyos párrafos quiero rescatar:

“Mientras que los tecnoutópicos prevén que la humanidad se haga cargo de la Tierra y luego se traslade a las estrellas, los críticos de la Modernidad, al contemplar el futuro de nuestra especie, son más propensos a buscar pistas en la naturaleza. Cuando una especie encuentra una nueva fuente de alimento y se multiplica, acaba alcanzando los límites de esa fuente; su población sobrepasa un nivel sostenible y se desploma. Este ciclo de extralimitación/ muerte de la población es especialmente común entre las especies invasoras, que a menudo afectan negativamente a las especies autóctonas. Sin embargo, una vez que las especies invasoras han estado presentes el tiempo suficiente, suelen coadaptarse a las especies autóctonas circundantes, a veces en detrimento a largo plazo de al menos algunas de las autóctonas, a veces en detrimento de la invasora. Si los invasores son depredadores, acaban aprendiendo a capturar sólo algunas de sus presas potenciales. Si los invasores son especies de presa, aprenden nuevas estrategias de supervivencia, que pueden incluir el camuflaje.

En las sociedades humanas se han producido ciclos similares de auge y decadencia. Muchas sociedades experimentaron épocas doradas en las que los recursos parecían abundantes y el confort, la comodidad y el conocimiento aumentaban para una parte significativa de la población. A estas épocas doradas les siguieron épocas oscuras de escasez de recursos, pobreza y pérdida de la alta cultura. En la actualidad, la única diferencia es que hemos alcanzado una Edad de Oro global basada en el uso de combustibles fósiles (que nos permiten extraer recursos en mayores cantidades y trasladarlos a distancias más largas); a medida que los combustibles fósiles se agoten y las consecuencias de su combustión degraden los ecosistemas, es probable que sobrevenga una Edad Oscura global. Pero su grado de oscuridad dependerá de la voluntad y el éxito con que la humanidad se adapte a los límites.”[2]

El ecólogo, ensayista y colaborador del Post Carbon Institute sugiere entonces que quizá sea útil pensar en el proceso histórico de adaptación cultural humana a los límites medioambientales en términos ligeramente diferentes. En un pasado lejano, cuando un grupo humano concreto llegaba a una crisis de límites (normalmente alimentaria), tenía dos opciones: indigenarse o colonizar.

“Indigenarse significaba adaptar el tamaño de la población y el comportamiento de consumo del grupo a niveles que pudieran sostenerse con los recursos existentes. Colonizar significaba trasladarse a otro lugar, apoderarse de los recursos de otros grupos o inventar formas de acceder a recursos que antes eran inaccesibles. Sin duda, las circunstancias y la historia del grupo (y, por tanto, su mentalidad) predispusieron a cada grupo hacia una u otra estrategia. La Modernidad marca el momento histórico en que los colonizadores se han apoderado de todo el mundo. Pero, una vez hecho esto, se encuentran en un aprieto: no hay ningún otro lugar que colonizar, los recursos en manos de los pueblos indígenas ya han sido saqueados en su mayoría y los nuevos recursos sin explotar (entre los que quizá se encuentren el torio o el hidrógeno geológico) son escasos y de utilidad o accesibilidad cuestionables. La única solución real a largo plazo es que los colonizadores se indigenen.”[3]

 

3

Cuidado, no se trata aquí de ninguna exaltación romántica del “buen salvaje”. Sospechamos que, en muchos casos, se trata más bien de haber asimilado con éxito las duras lecciones de la adaptación y la coevolución. Como señala Heinberg, “el impulso de moderar nuestras humanas ansias (hacia la codicia y la expansión hacia el exterior) surgió muchas veces de un humillante descenso previo a la escasez que se produjo por la sobreexplotación de los recursos”. Durante los últimos sesenta o setenta mil años, Homo sapiens se dispersó por todo el planeta, encontrando ecosistemas nuevos (Australia, América, las islas del Pacífico).[4] Y aquí topamos con la tragedia de la extinción de la megafauna: en cada lugar desconocido que encontraban estos seres humanos, tendían a matar animales grandes que proporcionaban un alto rendimiento al esfuerzo de caza. Muchos de estos animales (como los mamuts, los mastodontes, los perezosos terrestres o tres especies de camellos) se extinguieron y la gente tuvo que recurrir a la caza de animales más pequeños cuya caza requería más trabajo. Poco a poco, los pueblos que permanecieron en un mismo lugar durante muchas generaciones aprendieron a dejar suficientes plantas y animales sin recolectar para que estas especies pudieran reproducirse y florecer. La pauta para estos pueblos de cazadores-recolectores parece ser la siguiente: gran destrucción al llegar a un ecosistema nuevo y desconocido, y adaptación posterior.

“Los antropólogos Colding y Folke, en sus estudios sobre los pueblos indígenas, descubrieron seis tipos de tabúes tribales que regulan la recolección de especies vulnerables. Se trata de «tabúes de segmento», que prohibían la recolección de un recurso a las personas de determinada edad, sexo o clase social; «tabúes temporales», que prohibían el uso de un recurso de subsistencia durante determinados días, semanas o estaciones; los «tabúes de método», que restringen las técnicas de recolección excesivamente eficientes que pueden agotar las reservas de un recurso; los «tabúes de ciclo vital», que prohíben la recolección de una especie durante el desove o la nidificación; los «tabúes de especie específica», que protegen a una especie en todo momento; y los «tabúes de hábitat», que prohibían la explotación humana de especies en determinados arrecifes o bosques que servían de reservas o santuarios biológicos. Los pueblos indígenas no eran automáticamente ecologistas por el mero hecho de ser premodernos. Habitaban mundos que ya habían sido sobreexplotados, con los consiguientes conflictos y privaciones. Las lecciones de moderación se ganaron a pulso y acabaron dando lugar a culturas arraigadas localmente que asumían la responsabilidad de mantener el equilibrio de la naturaleza, que hacían demandas modestas a los ecosistemas y que reciclaban todo. Algunas sociedades indígenas, como los aborígenes de la actual Australia, desarrollaron conocimientos prácticos y probados para vivir en equilibrio con un mundo más que humano que perduraron durante decenas de miles de años.”[5]

 

4

En este punto piensa uno en el famoso artículo de Kenneth E. Boulding que releo cada año con mis estudiantes de tercer curso del Grado en Filosofía (“The economics of the coming spaceship Earth”, 1966)[6] donde se contraponen la economía del cowboy colonizador y la economía del astronauta teórico de sistemas que ha de hacerse cargo de los límites. (La metáfora encierra un grave peligro tecnocrático, claro está: no debemos fantasear con gobernar la Tierra a la manera de una nave espacial…). Quien falta en ese escenario made in USA es justamente el poblador originario, el indio que fue casi exterminado mientras aquella nación genocida se iba forjando en el mito de la conquista del Oeste. Esto es: no nos sirven ni la economía del cowboy ni la del astronauta: lo que de verdad necesitamos (y cuadra bien con mi perspectiva de ecosocialismo descalzo) es la economía del pielroja (o si se prefiere: de la indígena potawatomi).[7]

 

5

Una ecoespiritualidad es una espiritualidad de la Tierra, de la Madre Tierra: Gaia o Gea. Y por eso tiene todo el sentido volver a conversar con los pueblos y las culturas que han mantenido vivas esas cosmovisiones de una Tierra viva,[8] especialmente los pueblos originarios (pienso en mediadores como Robin Wall Kimmerer, como Ailton Krenak, como Eliane Brum, como los mamos koguis y arhuacos). Y por eso tiene todo el sentido hablar de indigenación.

 

6

Indígena, en sentido etimológico, significa “nacido/a aquí”. Es obvio que, en un sentido trivial, todos somos indígenas (de nuestro lugar de origen). Podemos ir un paso más allá y exigir cierta vivencia y sentimiento de arraigo. Pero sabemos que el arraigo encierra un gran peligro: puede fácilmente derivar en prácticas de exclusión y enfrentamiento con el otro. Puede ser caldo de cultivo de posiciones reaccionarias, incluso fascistas. Necesitamos una suerte de arraigo cosmopolita (sin que se vea en ello una contradicción en los términos), o aún mejor: que el arraigo local, biorregional, sea al mismo tiempo un arraigo en la Tierra.

 

7

Indigenarse no quiere decir hacer el indio (esto es, apropiarse, de forma más bien ridícula, de piezas de identidad ajenas), sino decir: soy de aquí. Terrestre. Indígena manchego, o asturiana, o andaluz, o gallega. Nacido en esta Madre Tierra, y dispuesto a defenderla. Ailton Krenak, y las demás personas sabias de los pueblos originarios, nos invitan a parar de desarrollarnos y comenzar a involucrarnos.[9] Involucrarnos en la red gigante y esplendorosa que constituimos todos los seres vivos; volver a ser terrestres.

 

 

[1] Su intervención en el curso de la UNIA “Voces del Extremo: la poesía a través del libro, el cante y la pared” (La Rábida, 22 a 24 de julio de 2024) se titulaba: “Indigenación: cómo descubrir y revivir el credo natural o precivilizado de nuestra especie para crear una nueva relación con la comunidad y la naturaleza”.

[2] Richard Heinberg, “The evolution of Modernity”, resilience, 21 de marzo de 2025; https://www.resilience.org/stories/2025-03-21/the-evolution-of-modernity/

[3] Heinberg, “The evolution of Modernity”, op. cit.

[4] Capta muy bien las enseñanzas de la expansión de los pueblos polinesios por el Pacífico Ricardo Almenar en El fin de la expansión, Icaria, Barcelona 2012. Hay una nueva edición actualizada de este libro excelente que aguarda editor…

[5] Heinberg, “The evolution of Modernity”, op. cit. El autor sigue explicando: “Algunos colonizadores posteriores también alcanzaron la sabiduría ecológica tras haber devastado sus entornos. Aproximadamente en el año 500 a.C., la antigua Grecia estaba deforestada y la capa superficial de suelo fértil se había agotado en gran medida. En este contexto surgieron los filósofos estoicos y cínicos griegos, que aconsejaban una vida sencilla, pacífica y virtuosa en armonía con la naturaleza (Epicuro: «La pobreza, puesta en conformidad con la ley de la Naturaleza, es una gran riqueza»).Entre las religiones del mundo, el budismo ofrece quizá el mensaje más ecológico: otros organismos, como nosotros los humanos, están en el camino de la iluminación, así que no les hagas daño si puedes evitarlo. Practica la autocontención y refrena tus apetitos…”

[6] Kenneth E. Boulding, “La economía de la futura nave espacial Tierra”, Revista de Economía Crítica 14, segundo semestre de 2012.

[7] Robin Wall Kimmerer, Una trenza de hierba sagrada, Capitán Swing, Madrid 2021.

[8] J. Baird Callicott, Cosmovisiones de la Tierra, Plaza y Valdés 2015.

[9] Ailton Krenak, La vida no es útil, Eterna Cadencia, Buenos Aires 2023, p. 33.

 

¿el cielo va a seguir siendo cielo?

En cierta famosa ocasión Mao dijo: “Hay un gran desorden bajo el cielo. La situación es excelente” (entiéndase: oportunidad para las fuerzas revolucionarias). Comenta Zizek en una entrevista: “Creer que existía el cielo no lo convertía en un idealista: con ello se refería a una orientación general y significativa de la Historia, según la cual las cosas pueden salir mal pero hay una dirección. Hoy no es que haya un gran desorden bajo el cielo, sino que el cielo mismo está desapareciendo, lo que significa que carecemos incluso de un mapa cognitivo básico…”[1]

Ay… En un poema de Perla Zúñiga aparece una estampita que lleva impreso: El cielo va a seguir siendo cielo.[2] Pero no, ésa es una de las tragedias de nuestro tiempo: el cielo no va a seguir siendo cielo, y no sólo por las cuestiones ideológicas y cognitivas que evoca Zizek. Pensemos en las 430 ppm de CO2 (en este verano de 2025) y en la geoingeniería que se ve venir…

 

 

[1] Slavoj Zizek, entrevista en La Lectura, 18 de julio de 2025.

[2] Perla Zúñiga, Me muero, te quiero, Blatt & Ríos 2025, p. 16.

georgina pujol nos entrevista a adrián almazán y a mí: negacionismo, tecnología y angustia

Negacionisme, tecnologia i angoixa: com afrontem realment la crisi climàtica?

Hem parlat amb filòsofs i científics que fan una radiografia del perquè d’aquest immobilisme i fins i tot negació

Enllaç a altres textos de l’autorGeorgina Pujol

Georgina Pujol

Periodista de Societat de TV3 especialitzada en crisi climàtica

Les temperatures de rècord d’aquest mes de juny, l’onada de calor tant atmosfèrica com marina, l’incendi de sisena generació de Lleida… són símptomes del que ja és evident per a tothom: l’escalfament global. I malgrat això, l’angoixa que ha pogut generar a molta gent, no es tradueix en consciència i acció.

Hem parlat amb filòsofs i científics que fan una radiografia del perquè d’aquest immobilisme, distracció i negació davant de la crisi ecosocial global. Els filòsofs Adrián Almazán i Jorge Riechmann ens interpel·len amb una mirada lúcida: som capaços d’afrontar el repte més important del nostre temps?

Tres formes de negació

Adrián Almazán, que és professor de filosofia a la Universitat Carlos IIl de Madrid i que aquesta setmana ha vingut a Barcelona per participar en el segon Congrés d’Humanitats Ecològiques, organitzat per la Universitat Pompeu Fabra, fa una anàlisi de les tres maneres de relacionar-se amb la crisi global.

Subratlla que les societats són molt complexes i que estan influïdes per ideologies, estratègies polítiques i econòmiques. Parla de tres nivells diferents de negació climàtica.

  • La primera és la més activa, i en fa responsable a la indústria fòssil (com abans la del tabac), a qui s’atribueix haver treballat per sembrar desconcert.

«Hi ha una part de negació real, i no és d’estranyar. D’una banda, perquè les empreses saben que la crema de combustibles fòssils que els ha beneficiat havia de generar un canvi climàtic. I s’han esforçat sistemàticament durant dècades per generar confusió. Han creat fundacions contra els informes científics, lobbies comunicatius, per fer creure a la gent que això no era cert.»

Assegura que això també es barreja amb l’estupefacció de la gent a l’hora de pair que és precisament el nostre estil de vida el que està modificant el clima. I hi ha una base de votants, per exemple, de l’actual president dels Estats Units, Donald Trump, que continuen insistint a mantenir la perforació i la crema de combustibles fòssils.

  • La segona, una mica més lleugera, és la de la tecnofantasia.

És a dir, fa referència al fet que no cal preocupar-se perquè la tecnologia ens solucionarà tots els problemes. Una idea que es troba en tot l’espectre polític i en molts àmbits de la societat. «I això és una irresponsabilitat encara més gran, que de nou és utilitzada per les elits. Per exemple, tens un personatge com Elon Musk, que planteja que no cal preocupar-se perquè, eventualment, si no, ens en anirem a viure a Mart fins i tot.»

Confiar en el fet que és qüestió de temps i que podrem continuar fent el mateix de sempre (sense reduir les emissions, els residus, la contaminació, etc.) és una il·lusió, segons els científics i experts. Almazán lamenta que aquest tipus de pensament té una base cultural molt gran i que no accepta que el planeta té uns recursos materials limitats.

  • I per últim, hi ha els qui pensen que existeix una conspiració per generar artificialment l’emergència climàtica a través de la tecnologia.

Almazán exposa que hi ha elits que indueixen aquestes idees errònies per tal de satisfer els seus interessos econòmics. «Aquests grups veuen una oportunitat de negoci en el desastre, cosa que és dramàtica. I reflexiona sobre la paradoxa que hi ha persones que prefereixen creure que és una conspiració més que no pas que el nostre sistema econòmic i modus vivendi estiguin desregulant el clima.

Vapor sortint d'una central que funciona amb carbó a Sud-àfrica (Reuters/Siphiwe Sibeko)
Alerten dels interessos de negar la crisi climàtica (Reuters/Siphiwe Sibeko)

Entre l’angoixa i «fer-nos càrrec de la terra en minúscula»

El filòsof també confia en el fet que cada vegada hi haurà més persones que passin a l’acció, que assumeixi que és responsabilitat de tothom frenar-ho. Tot i que també diu que aquesta fallada vital del planeta, amb multitud de crisis encadenades, fa que la gent se senti impotent i desencoratjada.

«Hi ha molta dificultat per pensar què puc fer amb tot això. I a molta gent això la porta, a vegades, al nihilisme, o fins i tot al cinisme, a negar-ho, a amagar-ho… o bé la pot portar a un patiment profund.» I emfatitza que és impossible salvar el planeta amb majúscules. És una tasca massa titànica per carregar-nos-la a les espatlles.

Però, en canvi, explica: «Sí que ens podem fer càrrec de la terra amb minúscules. És a dir, dels llocs on vivim, dels problemes que tenim més a prop, i fer-ho col·lectivament, d’alguna manera.»

Jorge Riechmann, professor de Filosofia de la Universitat Autònoma de Madrid, matemàtic i membre històric d’Ecologistes en Acció que també ha participat aquesta setmana en el segon Congrés d’Humanitats Ecològiques, organitzat per la Universitat Pompeu Fabra, està amoïnat per la consciència difusa de la crisi global.

Reflexiona sobre el fet que falta coneixement i ganes d’aprendre sobre el que està passant. I que probablement la societat no acaba d’entendre què significa l’increment d’un grau i mig de temperatura mitjana global des de l’era preindustrial. I emfatitza que un augment de tres o quatre graus més, a escala global, vol dir portar el planeta a un estat que els éssers humans no hem viscut mai.

«Ens estem jugant ser o no ser. Ens estem jugant l’habitabilitat de la Terra per als éssers com nosaltres. Aquesta és una part del problema. No acabem d’entendre què hi ha realment en joc. I no aconseguim situar bé les prioritats. Davant d’això, que és la realitat on ens trobem, estar pensant que el problema és si l’economia creix un 0,8 o un 2,3, o iniciar un procés de rearmament brutal, com està fent ara la Unió Europea, és un disbarat. No som capaços de fixar les prioritats com cal.»

 

«Fugir de la sensació d’hipernormalitat»

Riechmann remarca que hi ha dues paraules imprescindibles per entendre el comportament de la societat actual. ‘»Agnotologia», una disciplina que s’ocupa d’estudiar la producció deliberada de la ignorància, n’és una. «Ens trobem dins d’un ordre social que podem anomenar capitalisme caníbal en el qual hi ha sectors socials minoritaris, però molt poderosos, que tenen molt d’interès que no arribem a captar què és el que realment hi ha en joc, quines són les dinàmiques que estan en marxa. Es tracta de processos de difusió deliberada de la ignorància.»

S’indigna davant la constatació que les companyies petrolieres ja sabien als anys setanta, com s’ha demostrat en els darrers anys, quins efectes tindria continuar per aquesta via d’una societat addicta als combustibles fòssils. «I, tot i això, van triar guardar aquells estudis en un calaix per poder seguir amb el seu negoci. Estem, per desgràcia, massa atrapats en aquests negocis, dins d’un capitalisme profundament autodestructiu.»

Reduir els vols, una de les mesures per limitar l’augment de la temperatura global (Pixabay)

I d’altra banda, rescata el concepte d'»hipernormalitat», creat per un historiador rus que va definir així l’estat de la població durant l’última etapa de la Unió Soviètica. D’una banda, hi havia molts senyals que indicaven que les coses no anaven bé i, d’altra banda, tothom feia com si aquella situació hagués de durar per sempre.

«Hi havia aquesta mena d’autoengany col·lectiu, aquesta actitud d'»això seguirà tal com està, sense més ni més. I quan tot allò s’ensorraparadoxalment, ningú se sorprèn«.

Ell diu que actualment vivim aquest autoengany col·lectiu, pensant que tot continuarà com fins ara. «Abunden tota mena de signes, anàlisis, senyals i coneixements que ens indiquen que som societats sense futur i, tanmateix, actuem com si això pogués continuar sense més ni més. Hauríem de fugir, tant com puguem, d’aquesta hipernormalitat.»

Fuente: https://www.3cat.cat/324/negacionisme-tecnologia-i-angoixa-com-afrontem-realment-la-crisi-climatica/noticia/3360196/

Adrián y yo, a partir de 9 min. 30 s.: https://www.3cat.cat/3cat/telenoticies-migdia-03072025/video/6348347/

un panóptico digital

El objeto hacia el que se enfocan la inmensa mayoría de las investigaciones (y las patentes) sobre la visión artificial (VA) somos los seres humanos: según un estudio publicado en Nature,[1] se trata básicamente de identificar las distintas partes de las personas, lo que hacen y los entornos donde se mueven. “Apoyadas en una treintena de palabras clave, algunas tan explícitas como vigilancia o reconocimiento facial y otras no tan evidentes, como iris o aeropuerto, las investigadoras analizaron 19.000 papers sobre VA presentados en una importante conferencia anual del sector que se celebra desde hace más de treinta años. Hicieron lo mismo con 23.000 patentes registradas derivadas de aquellos trabajos. Los primeros dan a conocer los avances logrados, las segundas los protegen para que solo sus autores puedan sacarle provecho.”[2] Pues bien, resultó que el 90% de los artículos y el 86% de las patentes derivadas extrajeron datos relacionados con seres humanos. La mayoría de los trabajos, más de dos tercios, versaban sobre la obtención de información del cuerpo humano en su conjunto o de determinadas partes del mismo, en especial el rostro. Otra porción de los artículos y patentes (el 18% y el 16%, respectivamente) extraía datos sobre espacios humanos como el trabajo, el hogar o zonas de tránsito. Un porcentaje menor, pero nada despreciable, del 1% (5% para las patentes) entra en la categoría que las investigadoras llamaron “datos humanos socialmente relevantes” y que buscarían que las máquinas aprehendieran estados mentales, nivel económico, pertenencia cultural…

Lo que se refleja en este estudio es todo un sistema de tecnologías de vigilancia masiva automatizada, cuyos tentáculos no dejan de extenderse. En China y Rusia, desde luego;[3] pero también en EEUU y todo el mundo occidental. Comenta Jathan Sadowski (investigador de la Universidad Monash en Australia): “Estas tecnologías se crean en un panorama político y económico en el que los intereses de grandes corporaciones e instituciones militares y policiales tienen una enorme influencia en el diseño y el uso de los sistemas de IA”.[4]

No se exagera nada cuando hablamos de un panóptico digital.

 

 

[1] Pratyusha Ria Kalluri y otros: “Computer-vision research powers surveillance technology”, Nature, 25 de junio de 2025; https://www.nature.com/articles/s41586-025-08972-6

[2] Miguel Ángel Criado, “La visión artificial se enfoca en la vigilancia masiva”, El País, 26 de junio de 2025; https://elpais.com/tecnologia/2025-06-25/los-avances-en-vision-artificial-se-centran-en-desarrollar-las-tecnologias-de-vigilancia-masiva.html

[3] Véase por ejemplo Javier G. Cuesta, “Rusia estrecha la vigilancia de los extranjeros al obligarles a grabar su voz y su cara”, El País, 28 de junio de 2026.

[4] Miguel Ángel Criado, loc. cit.

«donde no hay dioses gobiernan fantasmas»

“Donde no hay dioses gobiernan fantasmas”, sostenía Novalis,[1] y nuestro mundo contemporáneo parece decidido a darle la razón. Tanto en Oriente como en Occidente, supersticiones grotescas van ocupando el lugar de la racionalidad ausente. Expone Ansel Li que, en una de las ironías más llamativas de la historia, la República Popular de China, un régimen oficialmente ateo y marxista-leninista, que ha tratado durante mucho tiempo de suprimir todas las formas de religión organizada, ahora se encuentra atrapada en una oleada de superstición: “Después de la pandemia, lo que comenzó como un goteo se ha convertido en un torrente, una propagación incontrolada de adivinación, cristales de la suerte y espiritualismo de pacotilla, creciendo en el vacío dejado por la fe institucional y ampliado por una sociedad de Internet hiperconectada”.[2] Impresiona que la IA generativa esté focalizando esta oleada de nueva superstición: “En la cima de esta tendencia absurda hay una combinación tan extraña que podría hacer reír a un filósofo: la adivinación por IA. A finales de 2024 y principios de 2025, el gran modelo de lenguaje de origen chino, DeepSeek, ocupó la atención, preocupando brevemente a las empresas tecnológicas estadounidenses. Aunque su demanda se ralentizó más tarde, antes del Año Nuevo Lunar se convirtió en una locura nacional. ¿Y su característica más popular? Ni educación, ni los instrumentos o medios. Fue la adivinación impulsada por la IA. El comercio de la IA-Espiritual se volvió viral…”[3]

Ahora bien, esta transformación de las nuevas IA en oráculos semidivinos no está teniendo lugar en China: también, parece, en nuestro país. Noelia Ramírez documenta cierta “psicosis esotérica con ChatGPT”, explicando que una amiga suya le contó la semana pasada que uno de sus conocidos había decidido no quedar con una ex que le había amargado la vida demasiados años. “Cuando estuve a punto de aplaudir, ella me sujetó el brazo: Se lo aconsejó ChatGPT. Enmudecí con el resto del relato: el amigo había descargado la conversación de WhatsApp con su ex y le preguntó a la inteligencia artificial (IA): ¿Crees que debería volver a quedar con ella? El programa le contestó que era mejor no mirar atrás, y el joven se lo hizo saber a su antigua pareja: La IA dice que es mejor que nos veamos más. Que te vaya bonito, le vino a decir. Cuando le enumeré a mi amiga las cosas que arderán si alguna vez recibo un mensaje en esos términos, me contestó tajante: Es que paga premium en ChatGPT”. Y es que, según la periodista española, hay gente que ve a la IA “como algo mucho más trascendental que ese apañado rincón funcional en el que resumimos cosas, se nos aligeran tareas y acortamos tiempos en la vida acelerada. Para esas personas, ChatGPT es más que un terapeuta ocasional: es su nuevo Dios. Una entidad casi paranormal, el oráculo de Delfos moderno…”[4]

 

[1] Novalis: La cristiandad o Europa. Ediciones Rialp, 2021, p. 50.

[2] Ansel Li, „China: El auge de la superstición en un estado ateo”, sin permiso, 31 de mayo de 2025; https://sinpermiso.info/textos/china-el-auge-de-la-supersticion-en-un-estado-ateo . El autor escribe también:

“Sería un error ver esta ola de superstición como un defecto exclusivamente chino. Pero desde 2024, el auge de la superstición en China se ha convertido en una olla a presión donde se han congregado muchos problemas profundos: desaceleración económica, estrés laboral, agotamiento, sistemas en línea agresivos y una necesidad desesperada de significado.

Los jóvenes chinos no son naturalmente más supersticiosos. Pero están atrapados en un sistema inestable, y sin un futuro claro, están comprando unos ya hechos. Estos cristales y cartas del tarot no son tradiciones antiguas, son historias de solución rápida construidas a partir de lo que queda en el mercado. Mientras tanto, los vendedores y las plataformas continúan probando cuánto está dispuesta a pagar la gente para aliviar sus miedos.

Este ‘capitalismo espiritual’ puede desvanecerse, ya sea mediante regulaciones más estrictas o mejores condiciones económicas. Pero mientras exista una ansiedad profunda, estas combinaciones de emociones y dinero volverán, pero con nuevos símbolos, usando palabras como ‘bienestar’, ‘autoconocimiento’ o ‘destino’.

De esa manera, la ola de supersticiones de 2024 no fue un error, fue un aviso de lo que se avecina. Nos muestra que cualquier espacio vacío de significado será llenado rápidamente por algoritmos más inteligentes, y que el precio de estas ilusiones siempre recaerá sobre los más preocupados, los más desequilibrados y los más ansiosos por creer.”

[3] Ibid.

[4] Noelia Ramírez, “Psicosis esotérica con ChatGPT”, El País, 24 de junio de 2026; https://elpais.com/opinion/2025-06-24/la-psicosis-esoterica-con-chatgpt.html

¿hacia la atrofia cerebral con chatgpt?

Un estudio del MIT sobre los efectos de las IA generativas apunta que trabajar con estos LLM (siglas en inglés de “modelos grandes de lenguaje)” provoca una pérdida de control cognitivo y modifica el comportamiento. Además, los usuarios integran de forma pasiva los sesgos algorítmicos con que están programados estos LLM:

  • El estudio de la actividad cerebral de una muestra de 54 personas que realizaron tres sesiones espaciadas a lo largo de cuatro meses mostraría que, a nivel neuronal, lingüístico y conductual, los usuarios de ChatGPT obtienen sistemáticamente peores resultados que las personas que no utilizan el chatbot para las mismas tareas.
  • El 83’3 % de los usuarios de ChatGPT sometidos a la prueba del estudio no fueron capaces de citar pasajes de ensayos que habían redactado unos minutos antes.
  • En este experimento, el 55% de la “carga cognitiva” necesaria para redactar un ensayo sin ayuda alguna disminuiría con el uso de un LLM, lo que provocaría una especie de atrofia cerebral.
  • Con el tiempo, escribir con ChatGPT acumularía una “deuda cognitiva” que dificultaría el retorno a una actividad cerebral normal para las tareas realizadas sin LLM.[1]

 

[1] Resumen del estudio en este artículo: “¿Está ChatGPT rompiendo el cerebro humano? 5 puntos sobre el alarmante estudio del MIT sobre los efectos de la IA”, El Grand Continent, 20 de junio de 2025; https://legrandcontinent.eu/es/2025/06/20/esta-chatgpt-rompiendo-el-cerebro-humano-5-puntos-sobre-el-alarmante-estudio-del-mit-sobre-los-efectos-de-la-ia/ . El estudio entero puede descargarse aquí: https://legrandcontinent.eu/fr/your-brain-on-chatgpt/

como un niño de cinco años con un fusil de asalto: trump

Como un niño de cinco años con un fusil de asalto: Donald Trump. Un día negocio con Irán, al día siguiente (sin previa declaración de guerra) bombardeo el país, en un ejemplo señero de lo que los anglosajones llaman “la cola que mueve al perro”: el belicoso y genocida Israel arrastra a la guerra a su patrono.[1] Que un tipo semejante sea presidente de EEUU es la prueba viviente de la decadencia terminal del Occidente atlántico. Nunca podremos perdonar a Felipe González que nos metiese en la OTAN (técnicamente, que nos dejase dentro).

Y en Europa, ¿alguna capacidad de reacción que vaya en otro sentido? Qué gobiernos sumisos y nihilistas padecemos… El canciller alemán Merz: “Israel está haciendo en Irán el trabajo sucio por todos nosotros”.[2] Las elites europeas hablan ya con esta crueldad descarnada.

Olga Rodríguez: “Desde hace días Netanyahu estaba a la espera de un apoyo militar directo por parte de Trump, tras veinte meses en los que Washington ha financiado y facilitado el genocidio en Gaza, con grandes paquetes de ayuda militar, respaldo político y diplomático. Esta madrugada el primer ministro israelí ha obtenido lo que buscaba. Fuerzas militares estadounidenses han lanzado ataques contra varias ciudades iraníes e instalaciones de su programa nuclear, poniéndose al servicio de una guerra directa contra Irán. Se trata de una agresión ilegal, sin provocación previa, que no ha contado con la aprobación ni del Congreso de EEUU, ni del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Además, el artículo 56 del Protocolo Adicional de las Convenciones de Ginebra prohíbe ataques selectivos contra instalaciones nucleares…”[3]

Israel se ha destruido a sí mismo moralmente (¡el 70% de la población apoya el ataque a Irán!),[4] y los gobernantes de la UE han elegido acompañar al Estado sionista en esa destrucción.

Resulta llamativo, desde luego, el desbordamiento de fenómenos destructivos y aberrantes con que somos golpeados sin respiro. Pero aún más llamativa me resulta la debilidad de la respuesta social en mi país: cómo la mayoría se aferra a una hipernormalidad no menos aberrante.

 

 

[1] En la noche del 21 al 22 de junio de 2025, EEUU atacó las tres principales instalaciones nucleares iraníes: Nataz, Isfahan y Fordow. Como señala Jason Hickel: “El ataque estadounidense contra Irán fue ilegal y no provocado, realizado en cooperación con un régimen que actualmente perpetra un genocidio, cuyo líder es buscado por la Corte Penal Internacional. Ése es el mundo en el que vivimos” (https://x.com/jasonhickel/status/1936667251723161940 ).

[2] Rosalía Sánchez, “El canciller alemán: Israel está haciendo en Irán el trabajo sucio por todos nosotros”, ABC, 17 de junio de 2025; https://www.abc.es/internacional/canciller-aleman-israel-haciendo-iran-trabajo-sucio-20250617200133-nt.html

[3] Olga Rodríguez, “Trump sigue a Israel y ataca ilegalmente a Irán sin pasar por el Congreso ni por la ONU. Israel ha podido llegar hasta aquí en su genocidio contra el pueblo palestino y en sus ataques a cinco países gracias al apoyo de EEUU, que este domingo ha iniciado una guerra ilegal contra Irán, 4 días antes del inicio de la Cumbre de la OTAN”, eldiario.es, 22 de junio de 2025; https://www.eldiario.es/internacional/israel-sombra-crisis-suez-1956-espera-trump_129_12404411.html

Señala también la valiente periodista que “en el último año y medio el Gobierno israelí impulsó otros ataques directos contra cinco países, ha matado a más de 55.000 personas en Gaza, aplica apartheid en Cisjordania, bombardeó la embajada iraní en Damasco hace 15 meses y está empeñado en transformar la región a base de violencia. Sin embargo, como en un llamativo déjà vu -con una narrativa similar a la de 2003 para justificar la invasión estadounidense de Irak- volvemos a escuchar declaraciones públicas de gobiernos y medios de comunicación que difunden argumentos para justificar no sólo esta escalada, sino la posibilidad de una guerra mayor. En esta ocasión ni siquiera ha habido gobiernos europeos que mencionaran públicamente la necesidad de una resolución previa en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como sí exigieron varios países de Europa en 2003, que también condenaron la ilegalidad de aquella invasión por no contar con la aprobación de la ONU.

El Gobierno israelí busca derrocar el régimen iraní escudándose en el argumento del arsenal nuclear, pese a que no hay ninguna prueba de que Irán posea ya ese armamento, con el que sí cuenta Israel desde hace décadas. Es más, los datos de la directora de la CIA el pasado mes de marzo y del Organismo Internacional para la Energía Atómica indican que el programa nuclear de Teherán no ha desarrollado aún armas nucleares.

Esta nueva agresión, con la que se vuelve a pisotear el derecho internacional, forma parte del plan de Netanyahu para ‘cambiar el mapa de Oriente Próximo’ -ésta es la expresión que usa él mismo- una idea que lleva años fraguando y que ha expuesto en varias ocasiones. (…) Netanyahu no ha ocultado su voluntad de fomentar nuevas rutas para el transporte de materias primas en la región, de este a oeste, y así lo ha mostrado varias veces, exhibiendo mapas en los que no existe Palestina, en los que redibuja la región y señala Israel como lugar clave en los trayectos entre Asia, Europa y África.

‘Entre el Índico y el Mediterráneo, a través de este puente, tenderemos líneas ferroviarias, oleoductos, gasoductos y cables de fibra óptica’, afirmó en septiembre de 2024 mostrando el trazado. En su proyecto neocolonial, Israel pretende mantener bajo su control los territorios palestinos ocupados ilegalmente, extender la anexión de nuevas áreas y aumentar su hegemonía regional. Para ello comete crímenes masivos. Ha podido hacerlo gracias al apoyo militar directo de EEUU y Reino Unido, entre otros, y de la ausencia de sanciones y de presión por parte de los países europeos y de la UE, su mayor socio comercial. De hecho, la UE aplica contra entidades de Irán sanciones que no ha establecido contra Israel. Tampoco ha suspendido relaciones comerciales que contribuyen a la ocupación ilegal israelí, ignorando de este modo el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de julio de 2024. (…) El genocidio en Gaza y los ataques israelíes continúan, porque nadie se lo impide, facilitados por EEUU. Con ello sigue consolidándose la ley del más fuerte, del más dispuesto a usar la fuerza bruta. En este marco se va a celebrar la Cumbre de la OTAN, en la que Washington pedirá a los países miembros que aumenten su gasto militar mientras suenan más tambores de guerra y más crímenes contra Palestina.”

[4] Luis de Vega, “Netanyahu golpea al régimen iraní urgido por la crisis interna y el fracaso en Gaza”, El País, 22 de junio de 2025. Defienden atacar a Irán el 82% de los judíos, pero sólo el 11% de los árabes de Israel (que suponen el 20% de la población).

¿descarbonización -en un mundo de geopolítica militarizada?

Lo que nos ofrecen los poderes dominantes en Europa es “competir en el brutal mundo del siglo XXI”.[1] Cuando los think tanks alineados con estos poderes, como el Real Instituto Elcano, abordan las transiciones energéticas, lo hacen también en estos términos de conflicto y dominación geopolítica.[2] Quizá nada retrate mejor el momento presente que reparar en cómo empieza un dossier sobre Energía y desorden global en el último número de Revista de Occidente: nada de considerar los peligros existenciales (para el conjunto de la humanidad… y billones de otros seres vivos) que representan el caos climático y el resto los nueve límites planetarios, siete de los cuales han sido ya sobrepasados. No, el dossier se abre con el artículo de un coronel de Artillería que ya en las primeras páginas se desplaza desde la “seguridad energética” a la geopolítica militarizada.[3] La “descarbonización acelerada” que se invoca no tiene que ver con el ecocidio en curso, sino con la necesidad de que Europa gane “autonomía estratégica”. Los partidarios del Green New Deal dirán que no hay problema: hágase el milagro y hágalo el Diablo; hágase lo correcto, aunque sea por razones equivocadas. Pero la cosa no funciona así: un capitalismo en huida desesperada hacia adelante, cada vez más entregado a la geopolítica militarizada, no va a descarbonizarse, por más megaproyectos de REI (Renovable Eléctrica Industrial) que añada a su mix energético. El mantra de los poderes de este mundo sigue siendo, hoy por hoy, la maldita competitividad (económica y militar) en un mundo de Imperios Combatientes.

 

[1] Andrea Rizzi, “El auge ultra amenaza el plan de autonomía estratégica de la UE”, El País, 8 de junio de 2025.

[2] Véase por ejemplo Gonzalo Escribano, “Europa ante sus rivales energéticos”, Revista de Occidente 529, junio de 2025.

[3] Ignacio Fuente Cobo, “Energía, seguridad y Fuerzas Armadas”, Revista de Occidente 529, junio de 2025.

sobre las peligrosas fantasías de los tecno-oligarcas

“ ‘Musk habla de Marte como un bote salvavidas para la humanidad, lo cual es una de las cosas más estúpidas que alguien podría decir’, sostiene Adam Becker, astrofísico y autor del libro More Everything Forever, que describe las fantasías mesiánicas de ciencia ficción de los oligarcas tecnológicos. ‘Hay muchísimas razones por las que es una idea tan mala, y no se trata de que digamos: Oh, nunca tendremos la tecnología para vivir en Marte. No es eso lo que digo. Lo que digo es que la Tierra siempre será una mejor opción, pase lo que pase. Por ejemplo, podríamos ser impactados por un asteroide del tamaño del que extinguió a los dinosaurios, y la Tierra seguiría siendo más habitable. Podríamos hacer explotar todas las armas nucleares, y la Tierra seguiría siendo más habitable. Podríamos tener el peor escenario posible para el cambio climático, y la Tierra seguiría siendo más habitable. Cualquier análisis superficial de los hechos sobre Marte lo deja muy claro’.

Por otra parte, no es necesario ni siquiera un superficial análisis fáctico sobre Marte si uno se cree que la tecnología está cerca de inventar una máquina capaz de cambiar las propiedades físicas del universo. En 2023, el multimillonario director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, admitió que el cambio climático era un problema enorme, pero restó importancia a su magnitud afirmando que una IA superinteligente pronto podría decirnos cómo crear muchas instalaciones de energía limpia, cómo aumentar la captura de carbono y cómo lograr ambas cosas rápidamente y a gran escala. ‘Lo que dijo fue en realidad: una buena manera de resolver el calentamiento global es construir una especie de máquina sin una definición clara, que nadie sabe cómo construir, y luego pedirle tres deseos’, comenta Becker con un suspiro.”[1]

 

[1] Alex Morris, “What you’ve suspected is true: billionaires are not like us”, Rolling Stone, 15 de junio de 2025; https://www.rollingstone.com/culture/culture-commentary/billionaires-psychology-tech-politics-1235358129/

una entrevista en ‘revista de occidente’ (núm. 529, de junio de 2025)

«Confío en la estética de la resistencia» (entrevista por Juana M. Vera Meizoso; he de decir que el título que la revista ha elegido no me convence tanto…)

Habla de técnicas humildes, he ahí su alusión a la técnica del botijo en su libro Rengo Wrongo seguido de Historias del señor W (Gato encerrado, 2022), XIV Premio de Poesía Ciudad de Mérida. “Si no nos concedemos la libertad de vivir despacio, lo esencial de la vida (y con ella lo esencial de la cultura) se nos escapa”, reflexiona. Jorge Riechmann, Madrid, 1962), poeta, traductor, ensayista, licenciado en Ciencias Matemáticas, profesoro universitario de filosofía y ecologista, nos dice que “hemos de aportar lo que nos resulte hacedero a la belleza del mundo sin preguntarnos para qué: simplemente porque la  belleza debería durar, y así ayudarnos y nosotros a ella”. Autor del epílogo del libro Humanismo del árbol de Carlos Edmundo de Ory (Athenaica, 2023), la editorial Cátedra prepara una antología de su obra poética (en la colección Letras Hispánicas) y acaba de publicar Ecologismo: pasado y presente (Catarata, 2024) y Bailar encadenados. Pequeña filosofía de la libertad (y sobre conflictos en el ejercicio de la libertad en tiempos de restricciones ecológicas (Icaria, 2023). En su trayectoria destacan las obras Futuralgia y Entreser (que agrupan buena parte de su obra poética) y el ensayo Fracasar mejor. Íntimamente implicado en la lucha por la conservación de la Tierra, piensa que vivimos “una crisis ecosocial que es más grave que todo lo demás, que pone en riesgo la habitabilidad de la Tierra para seres como nosotros y que nos conduce al colapso civilizatorio”. Como solución propone: “Dejar que los demás seres vivos existan por sí mismos (también en el poema), que los sujetos (también los no humanos), no sean tratados como objetos, que Gaia, o la Madre Tierra, pueda ser nombrada en sus propios términos, que la naturaleza sea”. Premio Hiperion 1997, Premio Stendhal de Traducción (2000) y Premio Internacional Gabriel Celaya (2000), nos pregunta: “¿Podemos contribuir a organizar una segunda mutación antropológica, una metanoia, pero basada en valores contrahegemónicos de amor compasivo, biofilia, conexión con la naturaleza, humanismo no antropocéntrico, igualdad social? Estos serían valores del corazón que nos interesa promover”. Poeta de la realidad, confía en la estética de la resistencia y en que no perdamos la alegría de obrar bien. En esta entrevista analiza las causas y consecuencias de la guerra, del desprecio hacia sí mismo del ser humano y de la digitalización. También nos habla de poesía, una forma de atender. “Una crisis de atención es una crisis de amor y una crisis de amor es una crisis de humanidad”, desvela quien en las próximas líneas también nos hace ver que “sin un elemento de ascetismo ecologista estamos perdidos”.

                                                               Juana M Vera Meizoso

 

P.- Usted alude a la técnica del botijo en su libro Rengo Wrongo seguido de Historias del señor W. (Gato encerrado, 2022), XIV Premo de Poesía Ciudad de Mérida ¿Cuál es la gracia y la bondad de la técnica del botijo, cómo es esta técnica? ¿Ha logrado aplicarla a su poesía, a su prosa, a su vida?

R.- El botijo (al que me he referido no sólo en poemas, sino también en algún ensayo de filosofía de la técnica) es un artefacto humano técnicamente insuperable. Perfecta adecuación entre forma y función, material de disponibilidad muy amplia, fácil transmisión de la técnica constructiva, independencia de la red eléctrica o de otras condiciones sociotécnicas difíciles, durabilidad, belleza, reintegración completa en los ciclos de la naturaleza cuando acaba su vida útil… ¡Insuperable! Es un ejemplo excelente de las técnicas humildes que estudia mi joven amigo y colaborador Adrián Almazán, uno de los redactores del reciente informe de Ecologistas en Acción Técnicas humildes para el decrecimiento (2024). El botijo, o la bicicleta, muestran el camino por el cual nuestras insostenibles sociedades industriales podrían hacer las paces con la naturaleza (aunque, por supuesto y por desgracia, no están siguiendo estas sendas).

 

En la obra titulada Fracasar mejor (segunda edición en Kaotica Lbros, 2024), usted reflexiona: “Lo más lamentable del degenerativo individualismo que fomenta el capitalismo tardío es el fenomenal estrechamiento de perspectiva que induce. Los límites del individuo son los barrotes de una prisión. Vivimos de las conexiones, los lazos, los vínculos”. ¿Cómo utilizar con inteligencia las nuevas tecnologías para que creen lazos, vínculos, conexiones reales y los fomenten, en vez de adicción y aislamiento, irrealidad e inconsciencia?

Objetaría algo del planteamiento con dos cuestiones previas. ¿Cómo puede ser que identifiquemos sin más “nuevas tecnologías” con tecnologías digitales -en vez de, por ejemplo, técnicas avanzadas en agroecología, o en organización de asambleas democráticas? También aquí hay algo de “fenomenal estrechamiento de perspectiva”, ¿no le parece? Y en segundo lugar: ¿por qué hemos de dar por sentado que esas nuevas tecnologías hay que usarlas sí o sí, que son algo indiscutible, y lo único que cabe plantear es “utilizarlas con inteligencia”? ¿Hemos de resignarnos a una sociedad algorítmica donde plataformas opacas en manos de media docena de megamillonarios deciden elecciones, esquivan impuestos, destruyen nuestra noción de lo verdadero y lo falso, secuestran nuestra capacidad de atención y dan forma a una sociedad cada vez menos libre? Aunque la formidable máquina de propaganda en cuyo seno vivimos se obstina en hacernos creer que verde y digital van de la mano, lo cierto es que un futuro de sustentabilidad exigiría no digitalizar aún más y más rápido, sino lo contrario. Lo argumenté en un artículo del año 2020 titulado “Decrecer, desgitalizar -quince tesis”, en la revista (digital) 15-15-15.

 

“La poesía es el mundo en su mejor lugar”, escribió René Char, a quien usted admira, a quien usted ha traducido. ¿Podría hablarnos de ese mejor lugar? ¿Tiene que ver -ese mejor lugar- con el ahí, al que usted dedica un poemario?

¿Qué sabe uno de la poesía o sobre la poesía? Poco o nada. Pero en la poesía, por la poesía y a través de la poesía va uno sabiendo mucho sobre el mundo, sobre los otros, sobre uno mismo. “Todavía quedan renglones en nuestra historia”, escribe un poeta palestino (en la antología titulada Palestina/ 48 que ha preparado Luz Gómez). Trataremos de seguir escribiendo renglones de prosa rectos y versos que acompañen e iluminen. También decía la poeta polaca Wislawa Szymborska (en su discurso de recepción del Premio Nóbel) que los poetas tendrán siempre mucho trabajo “porque en este mundo todo es asombroso y no hay nada corriente”. Sí, la poesía nos muestra -siquiera durante un instante, a veces sólo a la luz del relámpago- el mundo en su mejor lugar. Quizá sólo se trate de trabajar cada día en el poema como el campesino cultiva su predio: así lo hicieron Joan Brossa, o Mary Oliver, o Juan Ramón Jiménez. Oponer toda la resistencia posible contra Tánatos, apoyar cuanto podamos a las fuerzas de Eros, y aportar lo que nos resulte hacedero a la belleza del mundo. Sin preguntar para qué: simplemente aportar porque la belleza debería durar, y así ayudarnos, y nosotros a ella. Junto a la poesía como mundo en su mejor lugar (Char), no deberíamos olvidar, sin embargo, la otra importante dimensión que evocaba el poeta argentino Roberto Juarroz: el poeta como cultivador de grietas. Crítica y celebración; poesía que dice no junto a poesía que dice sí. Ambas dimensiones, la de Juarroz y la de Char, me parecen necesarias. Otra manera de expresar esto: poesía de testimonio y poesía de indagación constituyen las dimensiones horizontal y vertical de la poesía; suelo sugerir quse intersecan en el ahí de lo humano.

 

“Poner en primer plano la obra, la vida de las formas literarias y no la de los autores”, escribió Milan Kundera. Usted recoge este pensamiento en uno de sus poemas. ¿Qué supondría esto, de realizarse, para la industria editorial?

Hay que cuidar el libro, sí. Pero ¿no habría que cuidar sobre todo las posibilidades de transformación de lo humano, la metanoia, en esta época de sujetos ahormados por el credo neoliberal de empresa y competición? La industria editorial, como otras industrias, ¿no debería atender a su función social (ecológico-social), antes que a la obtención de beneficios? ¿No tiene importantes responsabilidades formativas hacia la sociedad, y ecológicas hacia la biosfera? Ya sé lo que replicará mucha gente: es que esa industria ha de operar en mercados capitalistas… Sí, ése es nuestro problema. ¿El capitalismo resulta compatible con la perviviencia de nuestra humanidad y con la habitabilidad de la Tierra? La pregunta, por desgracia, es retórica. Hay que decir, por otro lado, que en nuestro país contamos con ejemplos inspiradores de iniciativas editoriales cuyos criterios sí que se hallan a la altura de las circunstancias: pienso por ejemplo en la asamblearia editorial Árdora, en esa suerte de campamentos poéticos literarios que son los encuentros de Voces del Extremo en Moguer, en las audaces acciones del colectivo Militancia Poética, en el tesón surrealista de la revista Salamandra, en las intervenciones callejeras de la Brigada Poética, en los trabajos impertinentes de artistas como Isaías Griñolo o Antonio Gómez, en los vivaces encuentros de edición alternativa EDITA en Punta Umbría… y no menciono sino algunos casos que conozco de cerca entre docenas de ejemplos posibles. Precisamente, contesto a las preguntas de esta entrevista desde el encuentro Voces del Extremo (Poesía y resonancia, en esta edición del 2024 que se celebra, como cada año en Moguer, a finales de julio. No sé si alguien ha empleado el término retroutopías (sí que conozco la retrotopía de Zygmunt Bauman, pero se refiere a un fenómeno un poco diferente del que quiero ahora considerar). Las retroutopías serían cursos mejores de historia alternativa: los pasados mejores que se hubieran materializado si la historia, en ciertos puntos de encrucijada, hubiese seguido otro camino (“¿en qué momento se jodió el Perú?”). Moguer representa algo de eso para mí: la cultura institucionista y republicana que encarnaba de forma señera Juan Ramón Jiménez (junto a Zenobia Camprubí), la España anarquista que se prolonga en la vasta obra de Antonio Orihuela… Sin que nuestra ensoñación retroutópica nos permita olvidar, claro, cómo todo eso se mezcla con algunos de los rasgos más terribles de nuestro presente: el extractivismo agrícola del cultivo del fresón y otros frutos rojos, el Coto de Doñana en agonía, la explotación de mano de obra inmigrante semiesclava en los invernaderos… Moguer (Voces del Extremo) es un tránsito, es una vibración que se expande, en un devenir habitable allí donde todo querría fijarnos en un estar inaceptable. Ha dicho alguna vez el poeta onubense Daniel Macías que “Moguer es una puerta estelar que Juan Ramón Jiménez dejó abierta en su patio para que nosotros entremos. Ahí siempre somos lo desnudo y puro de todo este blablablá”. Ay, uno intuye que los buenos pasados de las retroutopías no son, por desgracia, menos inaccesibles que los buenos futuros de las utopías que podemos imaginar hoy. Pero no desesperemos. Hay espacios de libertad practicamente en todas las situaciones. Ahora bien, identificarlos, aprovecharlos y ensancharlos tiene un precio. Y no siempre estamos dispuestos a pagar ese precio…

 

“En mi mesa de novedades tengo a Lucrecio, a Teresa de Cepeda y a la cueva de Chauvet”, nos relata usted en un poema del libro Rengo Wrongo seguido de Historias del señor W. ¿Cómo alimentar el corazón con libros que llegan a las mesas de novedades de las librerías para ser sustituidos por otros en apenas quince días, cómo leer con calma y atención en el corazón de esta vorágine industrial?

Hay que tener en cuenta que en esos poemas habla el señor Wrongo, no necesariamente identificable con el autor que figura en la portada del libro… Wrongo no es Riechmann, aunque tampoco está totalmente separado de él. Pero no se separa tanto como para llamarlo heterónimo. ¿Quizá mejor evocar la figura inquietante del Doppelgänger? En cualquier caso, la mencionada ¡sería una buena mesa de novedades! Si no nos concedemos la libertad de vivir despacio, lo esencial de la vida (y con ella lo esencial de la cultura) se nos escapa. En el ya casi clásico estudio de Diego Marín Poesía paisajística española, (1940-1970), se clasificaban las aproximaciones de aquellos poetas a la naturaleza en tres grandes apartados: a) el paisaje como objeto estético, b) la naturaleza como refugio del espíritu y c) los paisajes urbanos como marco vital de los poetas. Bien, lo que necesitamos en el Siglo de la Gran Prueba no encaja en ninguno de esos tres apartados. Se trata de dejar que los demás seres vivos existan por sí mismos (también en el poema), que los sujetos (también los no humanos) no sean tratados como objetos, que Gaia o la Madre Tierra pueda ser nombrada en sus propios términos, que la naturaleza sea. Un conocido, profesor de literatura en enseñanza secundaria, se lamentaba estos días en una de las sesiones de Voces del Extremo en Moguer: “No se ofrece a los chicos y chicas un poema sobre el paro, un poema sobre la crisis climática, un poema sobre la violencia de género, un poema sobre la migración…” Tiene razón al reclamar una actualización del trabajo sobre poesía en las aulas, pero al mismo tiempo alinea la catástrofe climática (sólo una dimensión de una catástrofe ecosocial mucho más amplia) dentro de una serie de males políticos y lacras sociales, como si fuesen equipotentes. Y no lo son. La crisis ecosocial es mucho más grave que todo lo demás, pues lo que está en juego es la habitabilidad de la Tierra (para seres como nosotros).

 

“Sin tiempo no hay deliberación y sin deliberación y debate no hay democracia. En el mundo de la aceleración social, la democracia va siendo socavada”, reflexiona usted. ¿Qué estamos haciendo mal, cómo podemos corregirnos?

En el mundo del capitalismo impulsado por combustibles fósiles y acelerado por la digitalización, un mundo de ecocidio más genocidio, estamos haciendo mal casi todo… Y lo más grave es que el tiempo se nos está acabando. Lo digo desde hace un decenio: estamos en tiempo de descuento. Vivimos, sí, en un tiempo de descuento. Para ser reformistas, llegamos varios decenios tarde; para ser revolucionarios, llegamos varios decenios tarde. Pierre Bourdieu dijo alguna vez que temía que la gente despertase sólo cuando fuese ya demasiado tarde. Creo que eso puede ya darse por hecho, y la pregunta ahora sería: dentro del “demasiado tarde” que marca nuestro tiempo, ¿para qué quizá no sea aún demasiado tarde? Cuando la política, de manera creciente a lo largo del Siglo de la Gran Prueba, se vaya reduciendo cada vez más a la gestión de situaciones infernales (como ya es el caso para muchos seres humanos y muchísimos seres vivos no humanos, a consecuencia del funcionamiento de las sociedades industriales), ¿valdrá la pena seguir adelante’ Mi respuesta personal es que no. Pero aprender a morir en el Antropoceno no entraña ninguna truculencia, se trata sólo de la tarea humana hásica de aprender a moir (para los seres autoconscientes y mortales que somos) en las especiales circunstancias donde nos sitúa el colapso civilizatorio (en cuyo semo nos encontramos). “El tiempo que nos queda” no evoca ningún drama o tragedia si se declina, como creo deberíamos, hacia el trabajo aún por hacer: lo Abiero que nos convoca. Nos decimos: a los cuarenta años sí que tienes que decidir ya lo que vas a ser -o a los cincuenta-, o a los sesenta… En realidad, en cada momento de nuestras vidas estamos decidiendo lo que somos y vamos a ser.

 

Al inicio de su epílogo para Humanismo del árbol de Carlos Edmundo de Ory (Athenaica, 2023), recoge usted estas palabras de Michael Marder: “El actual cambio de paradigma científico sobre nuestro entendimiento de las plantas es comparable en magnitud e importancia a lo que al final del siglo XVIII Kant consideró como su propio giro copernicano”.

Situarnos como miembros de la comunidad biótica terrestre, unidos a trillones de otros seres por lazos de parentesco evolutivo, y desechar nuestras fantasías de exencionalismo humano, tiene bastante de giro copernicano (con respecto a la cultura dominante). Los estudios sobre cognicion vegetal aportan mucho a ese necesario cambio de paradigma. ¿Qué es vivir? Joaquín Araujo ha recordado en más de una ocasión que el pictograma chino que representa el vivir es una planta creciendo. Vivir bien es una planta firmemente arraigada y creciendo en tierra fértil, en simbiosis con sus hongos (micorrizas), fotosintetizando vida para ella misma y para los demás seres. Todo está ahí, también para nuestra muchas veces turbia conciencia animal, si somos capaces de verlo.

 

“Las amebas son capaces de salir de un laberinto. Los hongos trazan mapas mejor que cualquier ordenador actual”, escribe usted en el epílogo mencionado. Como reflexionan Aldo Leopold, Lynn Margulis o Gregory Bateson, amebas y hongos forman parte de la totalidad relacional: una unidad básica de inteligencia, cuya esencia sería la comunicación y la cooperación, antes que la ley del más fuerte. Si miramos con atención hacia esta verdad, ¿podríamos realizar la revolución necesaria para tornar nuestras vidas en vidas basadas en la cooperación y, como consecuencia, en el respeto integral a la naturaleza?

Hay un trabajo por hacer: reconocer que somos una sociedad enferma (“materia corrupta”, diría el Maquiaveo de los Discorsi) donde el ser humano es despreciador de sí mismo (de sus posibilidades mejores) y enemigo de la naturaleza. Qué pesadilla para el europeo más o menos ilustrado: ¿por qué todo nuestro camino de acumulación de conocimiento y dominación de la naturaleza no nos ha servido de nada -ya que finalmente desemboca en ecocidio más genocidio? Hoy tenemos un gimnasio en cada esquina de cada uno de nuestros barrios, cuando lo que más habría que entrenar son las capacidades morales del ser humano. Hay una tarea de reconciliación, de renovación, de reconstrucción que está por hacer. ¿Tendremos tiempo de llevarla a cabo? Me gustaría recuperar la fórmula de Juan Ramón Jiménez, evocada varias veces estos días en Moguer: sencillez en lo exterior (que en el Siglo de la Gran Prueba traducimos como decrecimiento) más cultivo de lo interior (que hoy habríamos de declinar en términos ecoespiritualidades).

 

¿Cómo lograr esta revolución en una sociedad tecnoidólatra, es decir, con la mirada puesta, mayoritariamente, en las pantallas, no en la naturaleza, no en sí mismos, no en el prójimo?

Pantallas siempre encendidas significa: pensamiento siempre mermado (cuando no imposibilitado). El historiador Niall Ferguson (a quien, por lo demás, su realpolitik arrastra con fuerza hacia el supremacismo blanco) tiene razón en esto que subrayaba en una entrevista de diciembre del año 2023: “La inteligencia artificial también tendrá consecuencias no deseadas para nuestras capacidades cognitivas. Del mismo modo que Google va erosionando nuestra memoria, porque ya no tenemos que recordar las cosas, creo que los Grandes Modelos de Lenguaje [Large Language Models] destruirán realmente nuestra forma de pensar, porque esencialmente construirán argumentos que suenen plausibles para nosotros. Y como somos muy perezosos como especie, la mayoría de la gente esencialmente dejará que lo haga la máquina y perderá la capacidad de hacerlo por sí misma. Si no aislamos a los niños de los Grandes Modelos de Lenguaje y nos aseguramos de que se eduquen sin ellos, no podremos enseñarles a pensar. Creo que simplemente conseguirán que la GPT4 o 5 piense por ellos y eso me preocupa más que los efectos sobre el empleo. Si perdemos la capacidd de construir un argumento en respuesta a una pregunta, porque lo delegamos a una máquina, no tenemos mucho futuro como especie realmente. Ése es mi mayor temor. Los Grandes Modelos Lingüísticos son una invitación a la pereza mental masiva”. Ya ve usted: hasta los liberales mainstream como Ferguson, cuando no se autoengañan, se dan cuenta de que estamos en un tiempo apocalíptico.

 

“Somos una sociedad en guerra contra nosotros mismos y contra todas las formas de vida con las que compartimos la Tierra. Y esto no durará. Hay que convenir con Glenn Albrecht en que la única opción viable para el futuro es una paz mundial entre nosotros y el resto de los seres vivos”, escribe usted en el libro Simbioética. Homo sapiens en el entramado de la vida. Elementos para una ética ecológica y animalista en el seno de una Nueva Cultura de la Tierra gaiana (Plaza y Valdés Editores, 2022). ¿Qué lugar ocupa la ética de la consideración, defendida por Corine Pelluchon, en el desarrollo de esta paz mundial?

Se trataría de reintegrarnos de forma consciente en la vida de Gaia, reduciendo la dominación, la violencia y la crueldad en todo cuanto esté en nuestra mano. Y así superar el tribalismo y avanzar hacia formas de convivencia inclusivas y amorosas, también más allá de lo humano… Participación, nos decía el antropólogo Levy-Bruhl. Consideración, insiste la filósofa Corine Pelluchon. Conexión y amor compasivo para rehacer nuestro vínculo con los diez mil seres. No necesitamos “salvar el mundo”, sólo salvarnos a nosotros mismos de nosotros mismos.

 

Hablamos de estas posibilidades de futuro en un contexto de destrucción y depredación: guerras en Ucrania, Oriente Próximo, África, etcétera. ¿Cuáles son los caminos diplomáticos e institucionales para impulsar e implantar esta paz mundial entre nosotros y el resto de los seres vivos?

Hoy la realpolitik es continuar haciendo la guerra: la guerra geopolitica, la guerra contra la naturaleza y la guerra contra el ser humano. Alguien con la lucidez de Boaventura de Sousa Santos nos dice, en una “Carta abierta a los jóvenes sobre la Tercera Guerra Mundial”, una carta de junio del año 2024: “Estoy convencido de que se aproxima una Tercera Guerra Mundial; a diferencia de las anteriores, el campo de batalla será todo el planeta y, por primera vez, incluirá territorio estadounidense; por muy sofisticada que sea la tecnología militar y la Inteligencia Artificial que la sustenta, se ncesitarán soldados sobre el terreno que morirán por millones, junto con poblaciones civiles inocentes, más que en ninguna guerra anterior; estos soldados serán jóvenes y no los señores de la guerra, ya sean políticos (que nunca someterán a referéndum la decisión de hacer la guerra) o empresarios y accionistas de las empresas del complejo militar-industrial; la única certeza que tenemos sobre la guerra es que sabemos cuándo empieza, pero no cuándo termina; la especifidad de la Tercera Guerra Mundial es que cuando termine (todas las guerras terminan), por primera vez estará en riesgo no sólo la supervivencia de la especie humana, sino la vida no humana en el planeta”. ¿Nos aceptamos como hijos de la Madre Tierra (y huérfanos de Dios), como vulnerables seres corporales conscientes de su interdependencia y ecodependencia, sometidos a constricciones ecológicas y vivientes en un mundo con límites biofísicos, o seguimos alimentando autodestructivas fantasías antropófugas?

 

Rusia ha invadido Ucrania. Ucrania se defiende con las armas. Israel es atacado. Israel se defiende con las armas. ¿Qué otras opciones hay además de la guerra tanto en Ucrania como en Oriente Próximo? ¿Es necesaria la guerra para construir la paz? ¿Es justificable la guerra?

 La guerra es, entre otras cosas, la autorización para dejarnos caer en lo peor de nosotros mismos, a una escala masiva. A lo largo de los siglos, los agresores se han presentado siempre como agredidos, y el lema “si quieres la paz, prepárate para la guerra” ha llevado a su perdición a pueblos enteros. La guerra industrial, en la era de las armas nucleares, químicas y biológicas, es un seguro de exterminio para la especie humana. Si no somos capaces de desactivar la violencia armada como medio de resolución de conflictos (y la vía para eso son movimientos ecopacifistas vigorosos en todas partes), estamos perdidos. El gran poeta chino Tu Fu expresó como pocos la angustia ante la violencia desencadenada: “La guerra me asfixia y no duermo,/ incapaz de corregir los errores del mundo…” (“Habitación junto al río”, poema recogido en la antología Bosque de pinceles, Hiperión 2006). ¿Seguiremos sometidos a la maldición de no poder olvidar nunca la Ilíada, el “poema de la fuerza” que nos decía Simone Weil, el poema de la dominación violenta del fuerte sobre el débil?

 

Antes ha hecho usted referencia a los huérfanos de Dios. Sin embargo, hay millones de seres que sienten profundamente la presencia de Dios en sus corazones y confían en su providencia y bondad. Jesucristo nos habló de amor, de entrega, de fe, de confianza y de esperanza. ¿Dónde sitúa usted este mensaje en la realidad, cómo puede influir el mensaje de Jesucristo en el camino hacia la paz?

 Las tareas de metanoia que nos encomendaron los maestros de la Era Axial (Jesucristo, Buda, Lao Zi, Sócrates…) siguen estando a la orden del día. Esto no es asunto sólo para sabios, o para poetas, o para reformadores sociales, sino para cada ser humano. ¿Soy un poeta religioso, como se ha sugerido alguna vez? En el sentido etimológico de la expresión tendría que contestar que sí: religare es reunir y yo he insistido a menudo en la noción de una poesía de vínculos. Como decía un anciano sioux, “todo lo viviente está unido por un cordón umbilical. Las altas montañas y los arroyos, el maiz y el búfalo que pace, el héroe más valiente y el tramposo coyote” (recogido en la antología de poemas amerindios Colibríes encendidos, Leviatán, 1998).

 

“La rabia de una futuralgia que me abrasa” escribe usted en un texto introductorio al primer volumen de su poesía reunida, Futuralgia (Calambur, 2011). ¿Cómo lograr, como dice también usted en sus versos, ser conscientes de nuestra inconsciencia? ¿Cómo abrasarnos de indignación ante la moda de las distopías?

 Escribe Pablo Batalla: “Se han escrito muchas utopías sobre la terraformación de Marte y otros planetas. Hoy el reto es terraformar la propia Tierra”. No, esa idea lleva de manera bastante directa a la geoingienería (probablemente nuestro error definitivo). De lo que se trataría es de terraformarnos a nosotros mismos. Utopías… Hace tiempo que he sustituido mi horizonte utópico por algo así: luchar (con escasas perspectivas de éxito) por evitar las peores distopías. El problema es el capitalismo, sí. Pero el capitalismo no es (sólo) el banco Santander, no es (sólo) Amancio Ortega, no es (sólo) una economía demencial que se autodestruye y autorrefuta (sólo una cuantificación parcial de las “externalidades” ya supera a los beneficios de todas las empresas capitalistas): el capitalismo se ha convertido en un sistema total cuyas ramificaciones penetran muy profundamente en el cuerpo social, dando forma a deseos, cogniciones (ideas y creencias), hábitos, expectativas. El capitalismo no es algo exterior a usted ni a mí.

 

“El conflicto entre las necesidades humanas y las ciencias ha dejado de alimentar nuestra transformación interior, los valores del corazón”, escribió Pierre Mabille en El espejo de lo maravilloso (Atalanta 2024). Pierre Mabille esperaba que con la rehabilitación de los valores del corazón el entendimiento humano se enderezara. ¿Está usted de acuerdo con Mabille? ¿Cuáles son, a su modo de entender, los valores del corazón?

 ¡Muy atinado lo de Mabille! Sí, necesitamos trabajar esos valores del corazón; pero no a partir de la emocionalización de la vida político-social que despliega el neoliberalismo, sino con el horizonte de una transformación emancipatoria. A mí me gusta mucho la propuesta de volver a conectar con la tradición grecoromana de ejércicios espirituales que ha desarrollado el filósofo frances Pierre Hadot. Leemos en el joven Marx (en el tercero de sus Manuscritos de economía y filosofía) que “si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como ser humano no te conviertes en ser humano amado, tu amor es impotente; una desgracia”. Cabe trazar un paralelismo con las ciencias sociales y la filosofía en tiempos de tragedia climática y riesgo de colapso ecosocial como los que vivimos hoy: si nuestras reflexiones no son capaces de provocar respuestas fuertes y adecuadas en nuestros interlocutores, si no somos capaces de estimular cambios de conducta y apuntar hacia transformaciones sistémicas, nuestro trabajo es impotente, una desgracia. Pier Paolo Pasolini, en los años últimos que precedieron a su asesinato, mostraba que se había producido una mutación antropológica en la fase de lo que ahora llamamos Gran Aceleración. ¿Podemos contribuir a organizar una segunda mutación antropológica, una metanoia, pero basada en valores contrahegemónicos de amor compasivo, biofilia, conexión con la naturaleza, humanismo no antropocéntrico, igualdad social? Estos serían valores del corazón que nos interesa promover… Serge Christophe Kolm hizo una observación sencilla, pero de extraordinaria importancia, en su entrevista “Un bouddhisme profond pour le monde moderne” (enero de 1984): “Mucha gente ha visto que hacía falta ‘cambiar el mundo’. No hablemos de quienes intentaron hacerlo a la fuerza, y por tanto contra la libertad y la felicidad, incurriendo por el contrario en crímenes sangrientos. Pero quienes lo intentaron con sinceridad en general pensaron que bastaba con cambiar las condiciones externas de los individuos. Ahora bien, las condiciones externas de una persona son, de entrada, las demás personas. Se trata por tanto de una imposibilidad lógica y de tal error se derivan los mayores dramas del siglo XX”. Dialéctica (o vaivén de realimentaciones): transformamos el entorno social para transformar a la persona para transformar el entorno social… Kolm, desde su propuesta de budismo occidental, sugería que “la única soluición es la autotransformación libre de cada uno, donde otras personas no intervienen más que para dar consejos sobre la forma de conocer y dirigir la mente de uno”. Aquí exagera también un poco, pero está apuntando a algo de enorme importancia: no podemos separar metamorfosis (transformación sistémica de estructuras) de metanoia (cambio del corazón).

 

En nuestras casas y en nuestros corazones están, viven con nosotros, la lavadora, la secadora, la cocina moderna de gas o de electricidad, la aspiradora. Estas máquinas nos ayudan a vivir También nos ayudan la televisión, la radio, las redes sociales, el sofá. las sillas del comedor, la mesa de la cocina donde posamos el plato de comida cada día, y el plato mismo. ¿Somos algo más que esta unión con las máquinas, con los muebles, con todos los objetos que nos rodean: cuadros, dibujos, libros? ¿Qué somos cuando prescindimos del sofá, de la lavadora, de la secadora, de lo que ordinariamente y extraordinariamente nos rodea? ¿Podemos prescindir de gran parte de estos objetos y máquinas, es necesario? ¿Cómo hacer en lo profundo del hogar, de la casa, la revolución callada, cómo llevarla a cabo en casa, casa que alguien definió como “nuestra forma de resistir a la intemperie”?

Necesitamos refugios frente a la intemperie, claro que sí. Pero ¿estos han de parecerse más a un búnker antiatómico o a una vivienda en el Albaicín granadino? ¿Cuáles son los costes en energía, materiales, ocupación del territorio y destrucción de la naturaleza de nuestros modos de vida imperiales? Dicho de otra forma: de las comodidades que ahora nos parecen deseables en la vida doméstica ¿cuántas son realmente necesarias para una vida buena y cuáles son realmente generalizables para la enorme población humnana que somos -ocho, diez mil millones de Homo sapiens? ¿Podemos concebir grandes viviendas habitadas por poca gente y repletas de electrodomésticos, según el detestable modelo estadounidense del urban sprawl (extensión de lo urbano como mancha de aceite sobre el territorio), para esa enorme humanidad? Sucede que todos los estudios serios disponibles indican que no: la Tierra no da para tanto… La lavadora moderna es una conquista civilizatoria, sin duda, pero ¿ha de haber una en cada vivienda? ¿Por qué no, mejor, unas pocas de ellas, robustas, reparables, sin obsolescencia programada, en un cuarto de limpieza por cada bloque de viviendas, compartidas entre las vecinas y vecinos? Sin un elemento de ascetismo ecologista para el Siglo de la Gran Prueba, estamos perdidos.

 

En su libro Otro fin del mundo es posible, decían los compañeros (MRA ediciones, 2019), habla usted de El siglo de la Gran Prueba, que ha mencionado a lo largo de esta entrevista. Nos habla de crear comunidades de transición dentro de biorregiones resilentes, en un mundo industrial que ya está colapsando. Nos dice que podría ser posible un nuevo comunitarismo no dualista, ecodependiente e interdependiente, alegre y compasivo, combativo y competente, a través de la construcción de la comunidad; de la superación del tribalismo y del metabolismo sustentable. Pone como ejemplo a Sebastián Salgado y a su esposa Lélia, quienes han logrado rehabilitar la naturaleza en el Estado Minas de Gerais de Brasil. ¿Cómo lograr este objetivo cuando, debido a la tecnoidolatría, donde haría falta una revolución ético-política se sigue esperando la salvación por la tecnociencia?

 Los neologismos que van surgiendo en los últimos decenios nos alertan sobre la gravedad del daño que estamos causando: exterminismo, ecocidio, Capitaloceno, desfaunación… No se trata de “proteger el medio ambiente” (como dicen los poderes dominantes conteniendo a duras penas los pujos de risa; ya saben ustedes, nos mean encima y dicen que llueve), sino de aprender a vivir en esta Tierra (como uno más de los wanwu, los Diez Mil Seres de los que nos habla la tradición china). El florecimiento de la vida humana depende de todas las demás formas de vida en el planeta Tierra. (¿Llegaremos a comprender y sentir esto de verdad?). En el plano del ser: holobiontes en un planeta simbiótico. En el plano del deber ser: animales con responsabilidades especiales que tratan de construir una simbioética en el seno de una cultura gaiana. Esta sería mi respuesta, hoy, a la clásica pregunta filosófica ¿qué es el ser humano?

 

“Si yo supiera, oh árboles, como vosotros estar atento a todo mi ser”, escribió Vicente Núñez, a quien usted cita en el Epílogo que ha escrito para el libro Humanismo del árbol de Carlos Edmundo de Ory. Hoy la atención camina junto a la desconsideración. Es decir, nadie presta atención a la atención, ni la considera esencial para la vida. Usted es profesor en la Universidad Autónoma de Madrid. ¿Cómo halla la capacidad de atención de sus estudiantes y cómo logra que desarrollen esta capacidad de atender, de mirar, de escuchar, de detenerse para poder decir, como nos dijo Giner de los Ríos: “En la contemplación de un árbol podríamos pasar enteramente nuestra vida”? ¿Cuáles son las dificultades que halla para lograr esta atención y para desarrollarla en las vidas de sus estudiantes?

Exceso de ruido, exceso de velocidad, exceso de luz eléctrica: en estas tres demasías se condensa y hace evidente nuestra manera errónea de vivir. Pasando rápidamente de un asunto a otro, atrapados en nuestras burbujas comunicativas, desorientados por nuestros sesgos cognitivos y sin prestar atención, la vida se nos escapa. Hablamos de crisis de atención (y leemos estadísticas: según estudios recientes, un adolescente hoy sólo logra concentrarse en una tarea 65 segundos en promedio, mientras que la atención de una persona adulta no rebasa los tres minutos). Pero una crisis de atención es una crisis de amor. Y una crisis de amor es una crisis de humanidad.

 

En Entreser, el segundo libro de su poesía reunida, usted escribe: “Después del vendaval quedarán unas pocas páginas de nuestro asombro./ Unas pocas de nuestro esfuerzo por comprender./ Y unas pocas de nuestro amor./ Eso es mucho, es todo lo que hace falta”. ¿Es el amor el que le mueve en todos los ámbitos de su vida? ¿Podría explicarnos qué es el amor para usted, dónde lo ve reflejado?

El amor es el cimiento sobre el cual puede construirse todo lo demás (como nos muestra, por ejemplo, el poeta Bernardo Santos en su libro Profunda intención, La Imprenta, 2024). Si falla esa base, sólo estaremos anticipando ruinas. Pero concediendo a Eros toda la importancia que tiene -y es enorme-, importa no reducir el amor al enamoramiento, ni siquiera al encuentro esencial con la persona que puede convertirse en compañera de vida. Escribe Paul F. Knitter en Sin Buda no podría ser cristiano (Fragmenta, 2026): “El propósito de la existencia, de toda existencia, la humana y la de todos los seres vivientes, es ser conductos o encarnaciones del esfuerzo del Espíritu por crear una belleza y una unidad cada vez mayores en este marailloso drama que es la existencia. La principal manera en la cual aparece esta belleza es a través de las interconexiones de seres cada vez más diversos… Otra palabra para tales interconexiones vivificantes es la compasión -la bondad amorosa, el amor” ¿Qué haremos cuando casi nada se pueda soportar ya? Quedarán los momentos de belleza, los vínculos de amor y el esfuerzo por no sentir vergüenza ante la mirada de nuestros muertos.

 

“Hay sobre todo una razón/ de fondo/ para persistir en la lucha por la justicia”, escribe usted en un verso. ¿Cuál es esa razón de fondo?

Se puede terminar por citar ese poema de Rengo Wrongo: la razón sería “no dejar en la estacada a los muertos// No permitir que ese caudal milenario/ de esfuerzos y esperanzas/ acabe perdiéndose en arenas estériles/ o en cenegales podridos de la historia// Y al razonar así/ Wrongo suele emplear los términos trabajo/ y sentido/ pero evita cuidadosamente/ las palabras martirio o sacrificio”.

  

Usted escribe: “Me salvó:/ era aún casi un niño./ Encontrar un cuaderno:/ el bosque blanco./ A partir de ahí/ las artes del sosiego/ las artes de la atención/ las artes del silencio”. ¿Así empezó todo? ¿Qué edad tenía usted cuando halló ese cuaderno? ¿Sigue llevando un cuaderno cuando camina? ¿Escribe los versos a mano? ¿Escribe los versos en la mente, al mirar, y luego los salva en unas líneas escritas? ¿Cómo son los procesos esenciales de su creación poética?

 Era casi un niño, sí, tratando de orientarme en los libros y en la escritura. Desde los trece años, esas anotaciones: primero en hojas sueltas, luego en cuadernos. Esbozos de lo que luego llegarían a ser poemas, listas de obras clave por leer, vocabularios que trataba de asimilar, experiencias clave que quería retener; y muchos recortes de periódico. Desde entonces siempre me han acompañado los cuadernos de trabajo (estoy ahora elaborando mis cosas en el número 252, y a esta serie la precedieron papeles sueltos que guardo en carpetas). En esos cuadernos escribo a mano (versos, intuiciones, ciertos desarrollos de pensamienyo) y luego transcribo en los textos de ordenador. Como he explicado en otras ocasiones, quizá lo que diferencia a quien trata de vivir cerca de la poesía sea la calidad de su atención, el empeño de vivir hasta el fondo (vivir viviendo, diría mi amigo Miguel Angel Vázquez), el trabajo de elaboración (consciente o inconsciente) de sus vivencias. Esa clase de personas están siempe de servicio, hasta durante el sueño (algunas escuelas poéticas dirían que sobre todo durane el sueño). En cierto sentido uno vive hacia el poema; pero como esta actitud, las más de las veces, no es fruto de un esfuerzo voluntario, sino más bien un hábito adquirido, la cosa no resulta tan agotadora como podría parecer. Vive así hacia el poema; pero el poema llega, cuaja, cristaliza, se escribe cuando él quiere (o sea, en cualquier momento del día o de la noche, incluyendo la ducha, la duermevela y el autobús). La experiencia del puñado de versos (o a veces el poema entero) escritos a vuelapluma, como recogiendo un dictado, es tan conocida que no vale la pena detenerse en ella. No hay ahí ninguna comunicación numinosa; estamos recogiendo el fruto de lo que nuestra atención y curiosidad sembraron durante aquel vivir hacia el poema.

 

¿Para qué se prepara Jorge Riechmann?

La vida seguirá adelante en la Tierra. Y nosotros seguiremos adelante sólo si somos capaces de reinsertarnos en la red de nuestro planeta simbiótico. Quienes sabemos eso ¿qué vamos a proponernos y qué vamos a hacer? Lo poco que está a nuestro alcance, siendo bien conscientes de la insuficiencia de nuestros actos. Pero sabiendo, al mismo tiempo, que las repercusiones de un curso de acción en un mundo de sistemas complejos, es decir, en nuestro mundo real, son literalmente incalculables; y que el futuro estará lleno de sorpresas. Buenas y malas sorpresas. En una de las conmovedoras cartas que Rosa Luxemburg escribió desde la prisión a Sonia Liebknecht, le decía: “En relación a la revolución social, es preciso tener la misma actitud que en relación a la vida privada: mantener la calma, ver las cosas como un todo y conservar siempre una ligera sonrisa”. De alguna forma, esto no queda lejos del consejo del poeta Adam Zagajewski: “Hay que vivir como si no hubiera pasado nada. Dar largos paseos. Contemplar las puestas de sol. Creer en Dios. Leer poesías. Escribir poesías. Ayudar al prójimo. Hacer la pascua a los tiranos. Alegrarse del amor y llorar la muerte. Como si no hubiera pasado nada”. Frente a la malevolencia cínica (de muy corto recorrido) de quienes se burlan del “buenismo”, permitámonos la intensa alegría que resulta de la solidaridad, la biofilia y la lucha por el bien común. No nos perdamos la alegría de obrar bien.

 

¿Cuáles son sus proyectos?

Sobreponerme cada día a la tentación de dejarse caer, de dar todo por perdido, de ceder a la marea de vileza o al espasmo de la crueldad; seguir haciendo el pequeño trabajo del que uno es capaz, y que debe ser hecho. Günther Anders hablaba de la vergüenza prometeica; aquella que siente el ser humano ante la perfección de sus logros técnicos, la vergüenza de la pobre carne frente al robot. Nunca he sido proclive a ella, pero sí a lo que podríamos llamar vergüenza humanista: la que uno siente ante el terrible fracaso de lo humano.

 

¿En qué confía?

Releyendo viejos cuadernos de trabajo estos días (lo hago para ayudar a la poeta Ariadna G. García en la preparación de una antología de mis poemas que prepara para la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra) encuentro la respuesta que dirigí a un correo electrónico del investigador David Teira Serrano quien, en junio de 1998, sospechaba que yo confiaba en que la racionalidad ecológica se impusiera por sí sola. Le saqué de su error, precisando que ni siquiera confiaba demasiado en el aprendizaje por catástrofe, y sugerí la siguiente lista de mis objetos de confianza. (A) Confío en la capacidad poética –creadora- del ser humano. (B) En el fondo último de la “resistencia de materiales”, que aparece muchas veces en situaciones extremas, y consigue dar un vuelco a la situación cuando esto parecía ya imposible. (C) En el hilo rojo, que se extravía pero no se pierde del todo, del amor por la igualibertad y el proyecto de autonomía (por decirlo con Cornelius Castoriadis). (D) En que “si no se espera lo inesperado no se lo hallará” (Heráclito de Efeso). (E) En el esfuerzo por que no se cumplan las profecías que se autocumplen, por ejemplo evitando sumarse a rebaños de atontados, inconscientes o criminales. (F) En la estética de la resistencia. (G) En que a veces somos capaces de completar una caricia. (H) En el buen vino y la fruta fresca como viático para la noche oscura. (I) En el auxilio de lo que podríamos llamar la “triple B”: bacterias, bosques y bosquimanos.

 

la hora de la revolución ¿menos cuánto?

En una de las numerosas jornadas, debates y seminarios sobre Manuel Sacristán que estamos organizando, con ocasión de su centenario, Ignacio Perrotini (economista mexicano que acompañó muy de cerca al pensador español durante su estancia en México) cuenta la siguiente anécdota: Sacristán, Ángeles Lizón y Perrotini caminan por el campus de la UNAM, y se cruzan con un estudiante revolucionario disfrazado de Che Guevara. A la pregunta sobre qué hora es, éste contesta: “La hora de la Revolución”. Sacristán, no sin retranca, repregunta: “La hora de la Revolución ¿menos cuánto?”[1] (Esto sería en 1983.)

Este sucedido me hace evocar otro no menos jugoso. Cuando Garibaldi preguntó a Herzen, en 1862, si podía confiarse en el pronóstico de Bakunin acerca de la inminencia de la revolución en Rusia, el agitador y gran escritor ruso contestó: “Hay en mi viejo amigo una inveterada tendencia a confundir el segundo mes de embarazo con el noveno”.[2]

 

[1] Jornada “Manuel Sacristán 1925-2025”, Universidad Carlos III de Madrid, Getafe, 27 de mayo de 2025.

[2] Juan Forn, Los viernes (tomo 1), Emecé, Buenos Aires 2015, p. 80.

silicon reich

Daniela Zyman introduce el concepto de Silicon Reich: “Asistimos al colapso de una forma de vida que se ha vuelto insostenible, llámese globalismo neoliberal, capitalismo extractivo o modernidad neocolonial. Y la derecha lo sabe. La Nueva Derecha intelectual, el Silicon Reich, la clase tecnoautoritaria, entienden lo que pasa a la perfección. Sus soluciones son terroríficas: cerrar fronteras, esquilmar recursos, desmantelar gobiernos, aplastar la disidencia, privatizar los bienes comunes”.[1]

En una Carta a la Directora, un lector de prensa se pregunta: “Me miro en el espejo y no me reconozco. ¿Soy yo el de antes, el de siempre?”, sigue desarrollando la indiferencia con que nuestras sociedades contemplan el genocidio palestino, y concluye: “la historia nos juzgará”.[2] Pero ¿habrá continuación de la historia humana? La apuesta nihilista del Ragnarok-fascismo, el fascismo de fin de mundo que gana posiciones, es que no: no quedará nadie para contar tanta crueldad, tanta indignidad, tanta infamia.

 

 

[1] Daniela Zyman, “Diseñar un planeta en transición”, Icon Design 17, verano de 2025, p. 20.

[2] Emilio Gómez-Caminero, “La historia nos juzgará”, El País, 31 de mayo de 2025.

hipernormalidad: el arte de fingir que todo sigue igual

Un concepto al que tendría que haber prestado atención desde hace tiempo es el de hipernormalidad. Lo acuñó el antropólogo Alexei Yurchak (nacido en la URSS en 1960, emigrado luego a EEUU) para describir la forma en que las sociedades se enfrentan a la inminencia de un cambio drástico o un colapso, pero continúan funcionando como si nada estuviera mal. Es una especie de “vida fingida” donde la gente mantiene una apariencia normal y continúa con su rutina diaria, a pesar de saber que el sistema está en crisis o que la realidad está a punto de cambiar drásticamente.

Yurchak acuñó el término hipernormalidad en su libro de 2005 Todo era para siempre hasta que dejó de serlo (en castellano: Siglo XXI, 2024). El libro se centró en las condiciones políticas, sociales y culturales durante lo que él denomina “socialismo tardío” (el período posterior al estalinismo pero anterior a la perestroika , de mediados de la década de 1950 a mediados de la de 1980), que finalmente condujo al colapso y disolución de la Unión Soviética en 1991.

Según Wikipedia, los hermanos y autores de ciencia ficción Arkadi y Boris Strugatski describieron la realidad que Alexei Yurchak posteriormente denominaría hipernormalización en su novela de 1971 Roadside Picnic. Este libro sirvió de inspiración para la película de Andrei Tarkovski de 1979 Stalker (1979).[1] En 2016, el cineasta británico Adam Curtis lanzó su documental HyperNormalisation, llevando el concepto a un público más amplio.[2]

En el contexto de la Unión Soviética antes de su derrumbe, Yurchak observó que, aunque la gente sabía que el sistema era insostenible, continuaban con sus vidas como si fueran eternas, perpetuando una “normalidad” que ya no se correspondía con la realidad. Esta “hipernormalidad” se manifiesta en la persistencia de rituales, costumbres y formas de representación que se mantienen a pesar de la evidencia de su inadecuación. Otra paradoja destacada por Yurchak: “Si bien la caída del sistema era inimaginable antes de que comenzara, no sorprendió a nadie cuando sucedió”.[3]

El concepto, surgido del análisis de la vida soviética, ¿no tiene incluso más pertinencia aplicado al capitalismo actual? Así lo desarrollan Iván de la Nuez (“la hipernormalización —un concepto fértil donde los haya— nos sirve para entender las crisis respectivas del comunismo, del capitalismo y de lo que hoy se ha dado en llamar mundo postdemocrático”)[4] o Gil-Manuel Hernàndez i Martí: “Como sucedió en la Unión Soviética, el sistema ‘no sabe’ o no quiere saber de su desplome, que es bien real y se manifiesta en múltiples evidencias. De ahí tanto negacionismo promovido por el poder. El sistema en crisis terminal no se quiere conocer a sí mismo, pues se ha basado en la fe en su eternidad, en estar hecho para siempre (…). El porvenir del capitalismo era radiante y también se nos anunció que era para siempre, pero cada día que pasa se atisba más su hundimiento, su finitud, es decir, su colapso”.[5]

Vidas dañadas que se obstinan en prolongar una vida fingida… hasta que el colapso impide seguir con la función.

 

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Alexei_Yurchak

[2]https://pijamasurf.com/2016/11/quothypernormalisationquot_la_obra_maestra_que_ensena_como_el_mundo_ha_dejado_de_ser_real/

[3] Alexei Yurchak, Todo era para siempre hasta que dejó de serlo, Siglo XXI, 2024, p. 20.

[4] Iván de la Nuez, “Hipernormalización”, Palabra Pública, 10 de octubre de 2024; https://palabrapublica.uchile.cl/hipernormalizacion/

[5] Gil-Manuel Hernàndez i Martí, “La hipernormalización ante el colapso”, manuscrito que será pronto publicado en la revista 15-15-15; comunicación personal, 15 de mayo de 2025. El autor explica que, “como sintetiza Miguel Cane (2025), el concepto de hipernormalización posee una relevancia en la sociedad contemporánea tan acusada que parece haber sido inventado ayer. Para este autor «el concepto describe un fenómeno en el que la realidad se vuelve tan compleja, caótica y absurda que las personas, incapaces de comprenderla o cambiarla, optan por aceptar una versión ficticia y simplificada de la misma. Es una especie de pacto colectivo: todos sabemos que el sistema está podrido, pero fingimos que no es así para poder seguir adelante. Yurchak lo llamó ‘hipernormalización’ porque, en lugar de normalizar, llevamos la ficción a un nivel hiperbólico, donde la mentira se convierte en la norma (…) La hipernormalización no es solo un concepto académico; es una realidad cotidiana, un mecanismo de supervivencia en un mundo que parece decidido a implosionar.»

Por eso sostenemos que ese mismo mecanismo psicosocial de hipernormalización se ha redefinido a escala global en el presente. Hoy, en medio de un colapso civilizatorio multidimensional —climático, energético, económico, institucional, cultural—, el mundo contemporáneo vive en una hipernormalización a escala planetaria. A diario se multiplican los signos del fin de una era, pero se sigue operando bajo las coordenadas del crecimiento infinito, el progreso, la innovación salvadora y la restauración imposible de una ‘normalidad’ que ya operaba mediante una lógica de crisis recurrentes antes del derrumbe final. Vivimos en un mundo donde todo parece continuar, aunque todo esté desmoronándose.

La hipernormalización es una paradoja: al imponer la ficción de que el sistema es estable, los poderes dominantes que viven de él no lo salvan, sino que agravan su colapso. Ignorar las señales de crisis —económicas, ecológicas, psíquicas, sociales— no detiene el deterioro; lo acelera de forma corrosiva y descontrolada. Así, al tratar de preservar la ‘normalidad’, lo que realmente se consigue es intensificar el colapso civilizatorio. A mayor hipernormalización más se reproducen las disrupciones en las estructuras del sistema. Dicho de otro modo, la hipernormalización intensifica el colapso y aumenta las probabilidades de que sea caótico y catastrófico. Ésta es la paradoja que urge explorar si queremos recuperar alguna forma de lucidez colectiva.”

La referencia que aporta Hernàndez i Martí es: Miguel Cane, “Hipernormalización: El arte de mirar hacia otro lado mientras el mundo arde”, Purgante. Revista de Cultura y Artes, 2025; https://revistapurgante.com/hipernormalizacion-el-arte-de-mirar-hacia-otro-lado-mientras-el-mundo-arde/

captura y almacenamiento de carbono: autoengaño o estafa…

Ah, la gran promesa tecnológica para hacer frente al calentamiento global: la captura directa de dióxido de carbono del aire… La empresa pionera es Climeworks en Islandia, pero muchísimo va de lo vivo a lo pintado. “Climeworks sólo ha capturado un poco más de 2.400 unidades de carbono desde que comenzó a operar en el país en 2021, de las doce mil unidades que los funcionarios de la compañía han afirmado repetidamente que las máquinas de la compañía pueden capturar. (…) Para ello, la empresa utiliza grandes máquinas ubicadas en Hellisheiði, en el sur de Islandia. Se dice que tienen capacidad para recoger cuatro mil toneladas de CO2 cada año directamente de la atmósfera. Pero según los datos de que dispone Heimildin, es evidente que este objetivo nunca se ha alcanzado y que Climeworks no captura suficientes unidades de carbono para compensar sus propias operaciones, cuyas emisiones ascendieron a 1.700 toneladas de CO2 en 2023. Por lo tanto, las emisiones que se producen debido a las actividades de Climeworks son superiores a las que captura. Desde que la empresa comenzó a capturar en Islandia, ha capturado un máximo de mil toneladas de CO2 en un año…”[1]

¡La empresa no puede ni siquiera compensar su propia huella de carbono! Resulta difícil no pensar que la captura y el almacenamiento de carbono están diseñados para retrasar la transición energética. “Un profesor de ingeniería ambiental y civil de la Universidad de Stanford en California [Mark Z. Jacobson] dice que la industria de captura y eliminación de carbono es una estafa y está causando daño cuando se trata de soluciones climáticas. Más de 20.000 personas pagan mensualmente a Climeworks por la captura de CO2. Un científico jubilado del Reino Unido [Michael de Podesta] dice que se siente como un idiota crédulo después de comprar créditos de carbono de Climeworks, que espera recibir en unos seis años. Sin embargo, la espera será mucho más larga a menos que se logren avances significativos en la captura rápida de carbono. De momento, puede esperar recibir las dos toneladas –que ya ha pagado–, como muy pronto, dentro de unas décadas…”[2]

Comenta Genevieve Günther que cualquiera que haya dicho que la captura directa de aire “descarbonizaría el petróleo” (¡o incluso enfriaría el planeta!), si simplemente la implementáramos a gran escala, debería mirarse detenidamente al espejo. “No es fácil deshacer la entropía…”[3]

 

 

[1] Bjartmar Oddur Þeyr Alexandersson y Valur Grettisson, “Climeworks’ capture fails to cover its own emissions”, Heimildin, 16 de mayo de 2025; https://heimildin.is/grein/24581/

[2] “Climeworks’ capture fails to cover its own emissions”, op. cit.

[3] https://x.com/DoctorVive/status/1923202946705113429