cuidar la tierra no es delito (texto que envía alfonso madrid desde chile)

Cuidar la Tierra no es un delito

https://www.15-15-15.org/webzine/2026/05/19/cuidar-la-tierra-no-es-delito/

Alfonso Madrid Echeverria, antropólogo y divulgador científico

Corporación Escuela Horizonte de Pensamiento Popular (EHPP), Lo Hormida, Chile

Cuidar la Tierra no es delito porque proteger las condiciones que hacen posible la vida constituye un deber ético, social e incluso histórico de la humanidad. Delito es destruir aquello de lo que depende la existencia colectiva: el agua, los bosques, el aire, los territorios y las comunidades humanas que viven en relación con ellos.

La defensa de la Tierra nace del principio más básico de supervivencia y responsabilidad intergeneracional. Ninguna sociedad puede sostenerse sobre la devastación permanente de la naturaleza sin poner en riesgo su propia continuidad. Por eso, quienes actúan para denunciar la crisis ecológica no están atacando a la sociedad: están alertando sobre un modelo que normaliza la destrucción ambiental en beneficio de privilegios económicos y políticos cada vez más concentrados.

Llamar “resistencia grave a la autoridad” a acciones de protesta no violenta distorsiona el sentido mismo de la justicia. La desobediencia civil pacífica ha sido, históricamente, una herramienta legítima frente a leyes, poderes o decisiones que perpetúan injusticias. Defender la Tierra mediante acciones simbólicas, visibles y no violentas no puede equipararse a la violencia real que implica destruir ecosistemas, contaminar ríos, expulsar pueblos de sus territorios o acelerar el colapso climático.

Además, verter un líquido biodegradable y fácil de limpiar, o participar en una cadena humana pacífica, no constituye un ataque contra la convivencia democrática. Por el contrario, son formas de participación política y expresión colectiva orientadas a visibilizar una emergencia planetaria que afecta a toda la humanidad. Criminalizar estas acciones supone desplazar el foco: se persigue a quienes denuncian el daño, mientras el daño estructural continúa.

La verdadera amenaza para la convivencia humana no proviene de quienes protegen la vida, sino de un modelo de poder que convierte la naturaleza en mercancía y subordina el bienestar colectivo a intereses privados. Cuando la ley castiga con mayor dureza a quienes intentan defender el planeta que a quienes contribuyen a su destrucción, aparece una profunda contradicción ética y política.

Cuidar la Tierra no es delito. Es responsabilidad, conciencia histórica y defensa de la vida común. Los pueblos que resisten en defensa del territorio, del clima y de la naturaleza no expresan criminalidad: expresan dignidad, memoria y futuro.

Cuidar la Tierra no es delito porque proteger las condiciones que hacen posible la vida constituye un deber ético, social e histórico de la humanidad. Delito es destruir aquello de lo que depende la existencia colectiva: el agua, los bosques, el aire, los territorios y las comunidades humanas que viven en relación con ellos.

La defensa de la Tierra nace del principio más elemental de supervivencia y responsabilidad intergeneracional. Ninguna sociedad puede sostenerse indefinidamente sobre la devastación de la naturaleza sin poner en riesgo su propia continuidad. Quienes actúan para denunciar la crisis ecológica no atacan a la sociedad: intentan evitar su colapso moral, ambiental y humano.

A lo largo del mundo, innumerables personas han entregado incluso su vida por proteger la naturaleza y los derechos de los pueblos. En Honduras, Berta Cáceres fue asesinada en 2016 por defender los ríos y territorios del pueblo lenca frente a proyectos extractivos. Su lucha se convirtió en símbolo mundial de la defensa de la Tierra y de los pueblos originarios.

En Brazil, Chico Mendes fue asesinado en 1988 por defender la Amazonía y las comunidades campesinas frente a la destrucción forestal. Su muerte reveló el enorme poder económico y político que muchas veces se enfrenta violentamente a quienes protegen la vida.

En Nigeria, Ken Saro-Wiwa fue ejecutado por denunciar la devastación ambiental causada por la explotación petrolera en el territorio ogoni. Su lucha mostró cómo la defensa del ambiente también es defensa de la dignidad humana y de los derechos colectivos.

En Peru, Edwin Chota fue asesinado junto a otros dirigentes indígenas por enfrentar la tala ilegal en la Amazonía. Como él, cientos de líderes indígenas, campesinos y defensores ambientales son perseguidos cada año por proteger bosques, ríos y territorios ancestrales.

Estos casos no son excepciones aisladas: son parte de una realidad global donde defender la Tierra puede implicar persecución, criminalización o incluso la muerte. La violencia estructural contra quienes protegen la vida contrasta con la falta de protección efectiva para los ecosistemas que sostienen a toda la humanidad.

En el sur del mundo, el Pueblo Mapuche continúa enfrentando procesos de despojo territorial, criminalización y conflictos asociados a la defensa de sus tierras ancestrales. Diversas comunidades denuncian la expansión de proyectos extractivos, forestales y energéticos sobre territorios tradicionales, mientras que desde organizaciones sociales se ha señalado reiteradamente la persistencia de una respuesta estatal centrada más en la represión que en el diálogo intercultural y la reparación histórica. Este conflicto evidencia tensiones profundas entre modelos de desarrollo y derechos de los pueblos originarios, así como el persistente silencio o insuficiencia de respuestas estructurales por parte de los Estados involucrados.

La verdadera violencia no proviene de quienes protestan pacíficamente o realizan acciones simbólicas para alertar sobre la emergencia climática. La violencia real proviene de un modelo económico y político que destruye ecosistemas enteros, desplaza comunidades y criminaliza a quienes resisten. La historia demuestra que muchas conquistas sociales y humanas nacieron de actos de resistencia considerados ilegítimos por el poder de su tiempo. Hoy, quienes defienden la Tierra continúan esa tradición ética: proteger la vida frente a estructuras que privilegian el beneficio económico y la lógica de la fuerza sobre el bienestar colectivo.

En este contexto, cobra especial relevancia la labor de Jorge Riechmann, quien desde la universidad en Madrid y su trabajo ecologista en la Sierra de Guadarrama ha desarrollado una obra y una enseñanza constante centradas en la ecología política, la ética, la ciudadanía responsable y los derechos humanos. Su trabajo intelectual y pedagógico insiste en la necesidad de repensar la relación entre sociedad y naturaleza, poniendo la vida en el centro frente a modelos de desarrollo que la subordinan al beneficio económico.

Cuidar la Tierra no es delito. Es una forma de defender la humanidad, la memoria de los pueblos y el derecho de las generaciones futuras a existir en un planeta habitable. Quienes arriesgan su libertad o su vida para proteger el agua, los bosques y los territorios no representan criminalidad: representan dignidad, conciencia histórica y compromiso con la vida común.

manifiesto ecosocialista de euskal herria, 2026

manifiesto-ecosocialista-euskal-herria-2026-CAST

https://omal.info/manifiesto-ecosocialista-de-euskal-herria-2026/

Manifiesto Ecosocialista de Euskal Herria 2026

10 años de ecosocialismo en Euskal Herria

 

Diez años después: Un mundo más insostenible y violento

Hace 10 años, el manifiesto final del III Encuentro Ecosocialista Internacional celebrado en Euskal Herria mencionaba de manera explícita la urgencia ecológica provocada por la superación de los límites biofísicos, y alertaba de la emergencia social generada por desplazamientos migratorios forzosos, precariedades y violencias crecientes, situando el origen de estos dos problemas -estrechamente relacionados- en el orden institucionalizado en torno al sistema capitalista. Más específicamente, en su dinámica de crecimiento ilimitado, en función de la maximización de las ganancias corporativas.

10 años después, lamentablemente, este análisis se muestra certero y premonitorio, poniendo de manifiesto la más que evidente inacción ecosocial de la comunidad internacional ante unos retos urgentes y de calado. No obstante, el diagnóstico realizado hace una década apenas era capaz de prever la amplitud e intensidad de los funestos fenómenos que definen hoy en día el panorama internacional.

En términos ecológicos, y según el Centro de Resiliencia de Estocolmo, en 2025 se superaron ya siete de los nueve límites biofísicos planetarios: cambio climático –1,44 ºC de incremento respecto a la época preindustrial–, biodiversidad, deforestación, agua dulce, ciclos del nitrógeno y el fósforo, contaminación química y acidificación de los océanos, todos los cuales han trascendido sus márgenes de seguridad –cuando solo cuatro lo habían hecho en 2015–, mientras que los dos restantes -el agotamiento de la capa de ozono y la carga de aerosoles atmosféricos- quedarían como los únicos dos ámbitos no sobrepasados.

En términos económicos la errática dinámica internacional, azuzada por el estallido financiero de 2008, se ha agravado en los últimos años, sin viso alguno de mejora. El capitalismo está estancado –un magro 2,4 % de crecimiento esperado para la década presente–, sufre de sobrecapacidad productiva, y apenas la financiarización lo sostiene con respiración asistida. En otras palabras, la tarta del crecimiento se achica –especialmente para las y los trabajadores–, los capitales que pugnan por la misma son abundantes –desarrollándose un juego de suma cero en el que solo uno gana, siendo este China en la mayoría de muchos rubros estratégicos–, y el marco en el que estos actúan es altamente inestable, incrementándose el riesgo de estallidos de todo tipo.

Se impone de este modo la guerra económica como sentido de época, a través de una competencia extrema por el control de mercados, rutas comerciales (Groenlandia, Oriente Medio), inversiones estratégicas (inteligencia artificial, semiconductores, economía verde) y, muy especialmente, el acaparamiento de suministros como las energías fósiles y la minería metálica.

En coherencia, y en términos políticos, el orden internacional basado en el multilateralismo, las reglas compartidas y la democracia liberal, ha saltado por los aires en el último lustro. Pese a tratarse este de un modelo de gobernanza sesgado a favor de las potencias occidentales, apuntalado por una lex mercatoria que blinda los intereses de sus corporaciones, y definido por un marco de baja intensidad democrática, el contexto de crisis global y la consolidación de China como hegemón económico han modificado el tablero mundial.

Ahora son las agendas reaccionarias y autoritarias de las extremas derechas, con la fuerza y la violencia como valores fuertes, así como el avance del régimen de guerra, quienes imperan en un panorama político trastocado en sus principales términos por EE. UU. y sus aliados, entre ellos Israel y la Unión Europea. La secuencia de guerras y agresiones imperialistas se acelera de este modo –Ucrania, genocidio en Gaza, Venezuela, Irán–, dentro de una peligrosa espiral militarista, en un contexto marcado por el riesgo de contienda nuclear.

Sin duda, somos las mayorías populares y la clase trabajadora en su conjunto quienes sufrimos de manera específica los embates de esta tormenta perfecta que está generando el capitalismo. Quienes enfrentamos en primera línea los desastres naturales. Quienes, de una manera cruelmente asimétrica, tenemos crecientes dificultades para la reproducción de nuestras vidas, explotadas y atravesadas por una precariedad cada vez más generalizada. Quienes somos expropiadas de lo común, y de nuestros propios trabajos. Quienes nos vemos obligadas a emigrar por motivos económicos, políticos, y/o ambientales. Quienes resistimos las agresiones de la extrema derecha y sus agendas reaccionarias. Quienes nos convertimos en las primeras víctimas directas del militarismo y de la guerra.

Agenda ecosocialista, más necesaria y urgente que nunca

Frente al diagnóstico global expuesto en el apartado anterior, el manifiesto del Encuentro celebrado en Euskal Herria en 2016 también alertaba de los cantos de sirena del capitalismo verde, que amenazaba con reproducir el mismo modelo de consumo y perpetuar las mismas estructuras que generaron la urgencia ecológica y la emergencia social. Este, reconvertido hoy en capitalismo verde oliva y digital -como versión hegemónica tras la pandemia– pretende que la suma de alianzas público-privadas e inversiones masivas en energía, economía verde, digitalización y armamento, ofrecen una oportunidad económica y una respuesta política a la conflictividad geopolítica que el propio sistema ha generado, conduciéndonos hacia un horizonte de crecimiento estable y generalizado, así como a un desacoplamiento de dicho crecimiento, con respecto a las emisiones contaminantes, y frente al consumo energético y material.

El impacto real de esta agenda oficial, no obstante, es diametralmente opuesto al planteado: ni se revierte el estancamiento económico, ni se avanza en términos de sostenibilidad, ni se reducen en términos absolutos las emisiones y el consumo físico –sí en algún territorio específico, pero nunca al ritmo comprometido, y, sin tener en cuenta la naturaleza global de las cadenas de valor en las que cada país o región están involucrados–. Por el contrario, se refuerza el poder corporativo como protagonista –y por tanto la vigencia de la maximización de la ganancia como meta fundamental–, se consolida la dinámica extractivista –sobre todo de energía y minería metálica–, y se azuza la guerra económica respecto a los suministros estratégicos, así como el régimen de guerra dentro de la escalada militarista que lo define.

Por lo tanto, este capitalismo verde oliva y digital no supone solución alguna sino, al contrario, es la agenda con la que explícitamente hay que confrontar. Tampoco lo son las versiones neokeynesianas de este que, comprando su marco general y descontextualizando la emergencia climática respecto al conjunto de parámetros que definen el panorama internacional actual, plantean dirigir estrategias nacionales de transición desde gobiernos “progresistas” a través de una mezcla de pactismo con las grandes empresas, innovaciones tecnológicas y cambios sociológicos progresivos. Evitan, en consecuencia, cualquier transformación en profundidad y renuncian a la necesidad de generar movilización popular; niegan la lucha de clases; soslayan la relevancia estratégica de la propiedad pública; y obvian el carácter retardista de un poder corporativo, atravesado por el estancamiento secular y la sobrecapacidad productiva.

Queremos, por tanto, reforzar nuestra apuesta por el ecosocialismo como agenda estratégica de superación radical del estado de cosas actual. Y lo hacemos desde Euskal Herria, un país con su idiosincrasia, pero también atravesado por muchas de las variables que definen el contexto global en la actualidad: un país del Norte Global, pero sin soberanía para tomar decisiones en todos los ámbitos estratégicos; un país de renta alta, pero con una matriz económica vulnerable –automoción, aeronáutica, máquina-herramienta, siderometalurgia, sector armamentístico, etc.–; un país muy consumidor de energías fósiles, pero absolutamente dependiente del exterior; un país con instituciones volcadas en políticas en favor del poder corporativo, apuntalando su dinámica desde la esfera pública; un país, también, que cuenta con una mayoría sindical confrontativa y de clase, así como con una trayectoria de notable movilización popular.

Para el movimiento ecosocialista de Euskal Herria, la última década ha sido un tiempo de aprendizaje acelerado y de maduración política. Desde los III Encuentros Ecosocialistas Internacionales, las luchas ecosociales han avanzado en cuatro direcciones clave: la articulación interseccional entre sindicalismo, feminismo y ecologismo -con la mayoría sindical vasca asumiendo posiciones explícitamente ecosocialistas-; la huelga general por unas pensiones y vidas dignas de 2020; la huelga general feminista de 2023 en defensa de un sistema público-comunitario de cuidados; el arraigo territorial materializado en experiencias concretas (el proyecto de un Índice de sostenibilidad de Busturialdea-Urdaibai o el acompañamiento a la reconversión industrial de Mecaner); la defensa del territorio frente a los megaproyectos corporativos (Guggenheim Urdaibai, entre otros); y la construcción de una pedagogía ecosocialista que facilite su difusión y desarrollo.

Hemos aprendido también que las victorias parciales son posibles y necesarias. Que no hay transición justa sin conflicto ni movilización popular. Que el ecosocialismo en Euskal Herria solo tiene sentido si se construye desde lo común, lo feminista y lo internacionalista, en diálogo permanente con los pueblos del Sur global.

Abogamos pues por un ecosocialismo que, bajo una bandera de cuatro colores (verde ecologista, rojo de la justicia social, violeta feminista y negro del empoderamiento ciudadano) se construya sobre:

  1. La confrontación con el statu quo, situando en el centro la sostenibilidad de vidas dignas para la clase trabajadora, en su conjunto y con su diversidad.
  2. El vínculo de necesidad entre las luchas de clase, feministas, ecologistas, antirracistas, internacionalistas y antimilitaristas.
  3. Un horizonte que sitúe la explícita superación del orden hoy institucionalizado en torno al capitalismo.
  4. Estrategias de transición ecosocial justa que, aquí y ahora, permitan avanzar en términos de desmercantilización, descorporativización, emancipación, protagonismo de lo común, ajuste del modelo social a los límites biofísicos, y redistribución radical de la riqueza y de todos los trabajos (productivos y reproductivos).

Unas estrategias de transición ecosocial justa definidas por las siguientes claves:

  • La apuesta por una planificación democrática y vinculante, como herramienta indispensable para responder al interés y los derechos, tanto de la clase trabajadora como de la naturaleza.
  • El protagonismo de la propiedad pública y comunitaria como única garantía de control colectivo y viabilidad del proceso.
  • La participación popular como condición democrática,ante un reto político de época.
  • La justicia global, dentro de un panorama crecientemente imperialista y neocolonial.
  • El desarrollo de alternativas de todo tipo, frente a la hegemonía actual de los megaproyectos.
  • La articulación entre movimientos populares y sindicatos de clase, en dinámicas conjuntas para crear redes a favor de la vida que sean la punta de lanza de la transformación ecosocialista.

Estas claves estratégicas, en última instancia, deberían atravesar y dotar de identidad al impulso de nuevas agendas ecosocialistas:

  1. que pongan en el centro el cuidado de la vida, tanto de las personas, como de los ecosistemas;
  2. que sitúen como horizonte el decrecimiento justo y asimétrico, la electrificación y el impulso de profundas transformaciones sociales, económicas y culturales;
  3. que incidan en la disputa con la extrema derecha reaccionaria y negacionista, desde propuestas que transformen la materialidad de la vida de las y los trabajadores en beneficio de lo común;
  4. que defiendan sin tapujos el “no a la guerra”, enfrentando la deriva militarista y sus estructuras principales, como la OTAN;
  5. que apunten al desmantelamiento de la arquitectura de la impunidad corporativa, blindada hoy por tratados de comercio e inversión, y otras fórmulas de perpetuar los intereses de las empresas transnacionales;
  6. que apuesten por una redistribución radical de la riqueza y de todos los trabajos;
  7. que abunden en cambiar las matrices económico-energéticas, priorizando enfoques como la soberanía alimentaria, la economía feminista, la economía solidaria, etc., mediante la relocalización, la soberanía, la cohesión y el equilibrio territorial.
  8. que avancen en la consideración de ámbitos sociales como vivienda, cuidados, educación y salud como derechos públicos, libres de mercantilización y, por tanto, ajenos a la dinámica capitalista.

Somos conscientes de que la actual agenda de las élites económicas y políticas, nos arrastra irremediablemente a un escenario caracterizado por un ecocidio y genocidio, de proporciones difícilmente predecibles, pero de terribles consecuencias, sobre todo para las personas y pueblos más vulnerables. La disyuntiva es clara: ecosocialismo feminista o barbarie. Apostemos entonces por defender la vida, la naturaleza y los derechos de la clase trabajadora, aquí y ahora, en todos los espacios y desde todos los ámbitos.

Gora Euskal Herriko langileria! Gora munduko langileria!

sobre pedro y pablo y henry d. thoreau

Marc Badal y Anne Ibáñez Guridi, desde su refugio en Luzaide (Pirineo navarro), me incluyen amablemente en una encuesta que (desde su proyecto de confluencia de saberes Nube Local) hacen arrancar de una cita de Thoreau en sus diarios.[1] La cosa va del diálogo entre entendimiento e imaginación, que en esas líneas el gran escritor de Concord ve más bien en términos de diálogo de sordos: “¿Qué ciencia es aquella que sólo enriquece el entendimiento, robándole a la imaginación? No sólo le roba a Pedro (la imaginación) para pagar a Pablo (el entendimiento), sino que toma de Pedro mucho más de lo que podría darle a Pablo”. Eso resulta “tan inadecuado como lo sería, para un mecánico, la descripción que un poeta podría hacer de una máquina de vapor. ¿Sabríamos algo en realidad si conociéramos sólo mecánicamente todas las cosas?”

La pregunta de Thoreau está justificada, y no cuesta leerla como una actualización de la crítica romántica de la ciencia mecanicista que cabría también ejemplificar con Goethe. Algo he escrito al respecto en el marco del proyecto Speak4Nature.[2] Ahora bien, lo que quisiera subrayar ahora es que hay que tratar de desmontar esa suspicacia mutua entre Pedro y Pablo, y que de eso va la idea de una “tercera cultura” sobre la que tanto insistió Paco Fernández Buey en los últimos años de su vida.[3] Al fin y al cabo, el propio Thoreau fue a la vez Pedro y Pablo: no sólo un poeta del mundo vivo sino también un agudo observador naturalista, a quien hay que incluir desde luego entre los cultivadores de una ciencia natural descriptiva de enorme valor.

¡Recordemos a Alexander von Humboldt (1769-1859)! El investigador alemán encarnó como nadie la idea de una ciencia concebida como interminable diálogo con la naturaleza, ciencia orientada no por la dominación sino por la aspiración al disfrute de la vida… No en balde suele verse en él la síntesis lograda entre Ilustración y Romanticismo. Otros pensadores y artistas se sitúan en ese interesante lugar: Leopardi, Hölderlin, Mozart… Von Humboldt es uno de los precursores (o quizá habría que decir más bien uno de los fundadores) de la ecología, las “ciencias de la Tierra” y los esfuerzos por comprender las totalidades que en la segunda mitad del siglo XX desembocarán en la teoría de sistemas y los enfoques de la complejidad.

El objeto del conocimiento de la verdad, sostenía el científico y explorador, debería ser “no el poder sino el disfrute de la vida”. Sus esfuerzos científicos se dirigían a “despertar un conocimiento de todas las cosas dignas de amor”. En su magna obra Cosmos (que comenzó a publicar en 1845) trataba de explicar cómo en la naturaleza cada cosa estaba conectada con todas las demás, cómo todas las fuerzas de la naturaleza se hallaban en mutua dependencia. Valoraba como el núcleo del progreso histórico “el concepto de humanización, la tendencia a echar abajo las barreras del prejuicio y la religión y la creencia en que la humanidad es una gran comunidad capaz de desarrollar sus posibilidades inherentes”. Theodore Zeldin, que recoge estas palabras de Humboldt, comenta con acierto: “Fue también prisionero de la tela de araña [ideológica] de su época, un optimismo ingenuo, y no logró ver que la historia podía ir tanto hacia atrás como hacia adelante, pero si liberamos su pensamiento de esa ingenuidad, aparece como algo fundamental y poderoso.”[4]

¿No deberíamos entender la ciencia y la técnica más según el modelo de la bolsa (o morral) de transporte que el de la azagaya de dominación? Así lo proponía Ursula K. Le Guin en su espléndido texto “The carrier bag theory of fiction” (1986).[5] Gregory Bateson es otro faro en la oscuridad: “No debemos permitir que nuestra comprensión imperfecta alimente nuestra angustia y así incremente la necesidad de control. Más bien nuestros estudios podrían inspirarse en un motivo más antiguo, pero hoy menos respetado: una curiosidad sobre el mundo del que formamos parte. La recompensa de este trabajo no es poder, sino belleza.”[6] Expresado de otra forma por el gran matemático francés Poincaré: “El científico no estudia la naturaleza porque es útil: la estudia porque se deleita en ella, y se deleita en ella porque es bella. Si la naturaleza no fuese bella, no valdría la pena conocerla, y si no valiese la pena conocer la naturaleza tampoco valdría la pena vivir la vida.”[7]

La oposición se daría, en palabras del ecólogo Aldo Leopold, entre “la ciencia que afila su espada versus la ciencia que ilumina su universo”.[8] A la primera (“la ciencia que afila su espada”) se asocia Homo sapiens como conquistador y la naturaleza como esclava, nos dice Leopold; a la segunda Homo sapiens como ciudadano biótico, y la naturaleza como comunidad biótica.

Aunque estemos aquí evocando a pensadores modernos, en realidad este asunto quedó planteado ya en la Antigüedad grecorromana. En la filosofía antigua el fruto de la contemplación de la naturaleza se llamaba “grandeza del alma” (magnanimidad) y estaba relacionado con una “mirada desde arriba” a las cosas humanas, una liberación con respecto a las “pasiones” del cuerpo y una pérdida del miedo a la muerte. Es un asunto que ha estudiado con detalle Pierre Hadot, quien relaciona esta “física de la contemplación” con una mirada desinteresada que está en la base de lo que denomina “actitud órfica”. Ésta es una mirada que no saca provecho utilitario del descubrimiento de “los secretos de la naturaleza” (como sí es propio de su opuesto: la actitud prometeica), sino que en su lugar permite el brotar del asombro y la admiración. En este sentido, la física tiene así una función dentro de la práctica espiritual, pues conduce a la “paz del alma”: “El estoico alcanzará la paz del alma situándose en una disposición de consentimiento a la voluntad de la Razón que dirige el universo, mientras que el epicúreo también alcanzará la paz del alma pensando en la infinidad de los mundos en el vacío infinito, sin temer ni los caprichos de la divinidad ni los ataques de una muerte que no es nada para nosotros. Las teorías físicas propuestas por estas escuelas están, pues, destinadas a liberar al hombre de la angustia que experimenta ante el enigma del universo”.[9]

Para Carl Jung, quien de alguna forma también representa la crítica romántica frente a la Ilustración (freudiana en este caso), la ciencia moderna “no es realmente un instrumento perfecto, pero es una herramienta magnífica y valiosa que sólo causa daños cuando se la toma como un fin en sí misma. La ciencia debe servir; se equivoca cuando usurpa el trono. Debe estar lista para servir a todas sus ramas, pues cada una, insuficiente por sí misma, necesita la ayuda de las otras. (…) Forma parte de nuestro entendimiento y sólo oscurece nuestro pensamiento cuando afirma que el entendimiento que transmite es el único tipo que existe. Oriente nos enseña otro entendimiento, más amplio, más profundo, superior: el entendimiento a través de la vida”.[10]

En síntesis: lo que caracteriza a la ciencia es a) el interrogatorio/ diálogo con la realidad/ naturaleza (el mundo “ahí afuera”) y b) los procedimientos autocorrectivos. Es cierto que el interrogatorio puede consistir en atar a la naturaleza al potro de tortura (las famosas y terribles imágenes de Francis Bacon), pero no tiene por qué ser necesariamente así. Hay otras vías… Una humanidad que optase por la simbiosis con la naturaleza en vez de la dominación podría sin duda hacer ciencia (de hecho, una ciencia mejor que la que hoy prevalece). Se trataría –podríamos decir con William Morris– de buscar el conocimiento (y la belleza) como un fin en sí mismo, y no como un medio para dominar a otros; se trata de renunciar a una parte del dominio sobre la naturaleza que hemos adquirido, y vivir una vida más sencilla, plena y libre.[11]

 

[1] Una anotación del 25 de diciembre de 1851, El diario (1837-1861) vol. 1, Capitán Swing, Madrid 2013, p. 156-157.

[2] https://www.speak4nature.eu/es/dictionary/mecanicismo/

[3] Francisco Fernández Buey, Para la tercera cultura, El Viejo Topo, Barcelona 2013; https://tienda.elviejotopo.com/pensamiento/992-para-la-tercera-cultura-ensayos-sobre-ciencias-y-humanidades-9788492616053.html . Salvador López Arnal resumía así algunas de las tesis de este libro:

“1. El humanista de nuestra época no tiene por qué ser un científico en sentido estricto, de hecho no puede serlo, “pero tampoco tiene por qué ser necesariamente la contrafigura del científico natural o el representante finisecular del espíritu del profeta Jeremías, siempre quejoso ante las potenciales implicaciones negativas de tal o cual descubrimiento científico o de tal o cual innovación tecno-científica”.

  1. Si se limita a ser esa contrafigura, el intelectual tradicional, el humanista, tiene todas las de perder. “Puede, desde luego, optar por callarse ante los descubrimientos científicos contemporáneos y abstenerse de intervenir en las polémicas públicas sobre las implicaciones de estos descubrimientos”. Sólo que entonces, remarca oportunamente FFB, “dejará de ser un contemporáneo”.
  2. Consciente de ello, el humanista de nuestra época podría ser, debe ser también un amigo de la ciencia. En un sentido parecido “a como lo son, a veces, los críticos literarios o artísticos, equilibrados y razonables, de los narradores, de los pintores y de los músicos”.
  3. Si, como se suele afirmar, hemos de aspirar en el siglo XXI a una tercera cultura, a otra cultura más integradora, y a una ciencia con conciencia, como él mismo escribiría en el ensayo que dedicó a uno de sus granes clásicos, Albert Einstein, “el éxito de esta aspiración no dependerá ya tanto o sólo de la capacidad de propiciar el diálogo entre filósofos y científicos como de la habilidad y precisión de la comunicación científica a la hora de encontrar las metáforas adecuadas para hacer saber al público en general lo que la ciencia ha llegado a saber sobre el universo, la evolución, los genes, la mente humana o las relaciones sociales”.
  4. La consideración anterior obliga a prestar mucha atención “no sólo a la captación de datos y a su elaboración, a la estructura de las teorías y a la lógica deductiva en la formulación de hipótesis, o sea, al método de investigación, sino también a la exposición de los resultados, a lo que los antiguos llamaban método de exposición”. Si se concede importancia a ello como debe concederse, a la forma de exponer resultados científicos alcanzados (el punto es esencial políticamente para religar ciencia y ciudadanía) hay que volver entonces “la mirada hacia dos de los clásicos que vivieron cabalgando entre la ciencia propiamente dicha y las humanidades y que dieron además mucha importancia a la forma arquitectónica de la exposición de los resultados de la creación y de la investigación: Goethe y Marx”. A ambos, clásicos también del estudioso de Gandhi y Lenin, les debemos, entre muchas otras cosas valiosas, consideraciones y reflexiones sobre el método de exposición “cuyo valor se apreciará tanto más cuanto mayor sea nuestra atención a la ciencia como pieza cultural”. Prólogos y prefacios de El Capital son muestra de ello.

La proclama ilustrada-y-más-que-ilustrada del autor puede decirse así: atrévete a saber porque (una neta ampliación de la XI tesis sobre Feuerbach) el saber científico (falible, provisional, casi siempre probabilista cuando no sólo plausible) ayuda en las decisiones que conducen al hacer, es imprescindible en asuntos de praxis. “Ayuda también a la intervención razonable de los humanistas en las controversias públicas del cambio de siglo”. Si bien, por lo general, esta ayuda se produce por vía negativa: “indicándonos lo que no podemos hacer o lo que no nos conviene hacer”. Francisco Fernández Buey solía recordar en estos casos las palabras de Maquiavelo: “Conocer los caminos que conducen al infierno para evitarlos”. ¡Para evitarlos, no para hundirnos en ellos!” Salvador López Arnal en espai marx, 13 de agosto de 2013; https://espai-marx.net/?p=2315

El pensamiento crítico –y la ciencia social crítica– pueden ganar fuerza de “un racionalismo atemperado por la consciencia crítica de lo que ha sido y es la vida de los hombres”. Francisco Fernández Buey, La ilusión del método, Crítica, Barcelona 1991, p. 245.

[4] Thedore Zeldin, Historia íntima de la humanidad, Plataforma Editorial, Barcelona 2014 (el original en inglés es de 1996), p. 221.

[5] https://arquitecturacontable.wordpress.com/2021/01/14/ursula-k-leguin-teoria-bolsa-para-llevar-cosas/

[6] Bateson citado por Tim Parks, “Everything is connected”, The Guardian, 13 de septiembre de 2008; https://www.theguardian.com/books/2008/sep/13/politics.art

[7] Jules Henri Poincaré citado en Eric D. Schneider y Dorion Sagan, La termodinámica de la vida, Tusquets, Barcelona 2006, p. 78.

[8] Aldo Leopold, “Escudilla”, en Una ética de la tierra, Catarata, Madrid 1999, p. 153.

[9] Pierre Hadot, El Velo de Isis. Ensayo sobre la historia de la idea de naturaleza. Ediciones Alpha Decay, Barcelona 2015, p. 248.

[10] Jung citado en Boaventura de Sousa Santos, El fin del imperio cognitivo, Trotta, Madrid 2020, p. 79.

[11] William Morris, “La sociedad del futuro” (1887), en La Era del Sucedáneo, Pepitas de Calabaza, Logroño 2016, p. 63-64.

‘jóvenes españoles 2026’: visión de un futuro muy sombrío y neonegacionismo

La décima edición del informe de la Fundación SM Jóvenes españoles 2026 registra cambios importantes en cómo se sitúan frente al mundo las generaciones más recientes, que aquí sólo puedo evocar de pasada. Leemos: “Al ahondar en los sentimientos frente al futuro del planeta con relación al medioambiente por la vía cualitativa, la palabra clave de cómo ven los jóvenes el futuro a medio y largo plazo es apocalíptico. El «largo plazo», con muy contadas excepciones, parece surgido de alguna distopía especialmente cruel y apocalíptica del mundo. Esa es, por lo menos, una de las expresiones más usadas por los jóvenes, si bien hay otras con significados similares: negro, oscuro, devastador, destruido, inhumano, caótico, catastrófico. Aunque hay variadas formas de imaginar ese futuro a largo plazo, existen puntos de referencia claros que se repiten una y otra vez en su discurso: barbarie, pobreza, hambre, superpoblación, lucha por los recursos (incluso guerra o Guerra Mundial) y enfermedades. (…) Una imagen [del panorama ecosocial] que, para desgracia de aquellos que se consideran ambientalistas, nunca hasta el presente informe había sido tan clara y diáfanamente negativa, no pudiéndose apreciar ya, como sucedía en informes anteriores (…), contradicciones o «fisura» interpretativa de mayor calado” (p. 28-29). Por otra parte, esta visión general es compatible con un creciente negacionismo frente a la crisis ecosocial. Frente a la afirmación “La llamada crisis ecológica de la humanidad se está exagerando mucho”, se ha pasado de asentir un 31% en 2005 a un 43’7% en el informe actual. Solamente entre el último informe de 2021 y el actual, en apenas cinco años, el agregado ha aumentado nada más y nada menos que un 17’4 %. “El negacionismo como fórmula ideológica que afirmaba (y lo sigue afirmando) que la crisis medioambiental no es más que una invención, poco más que un «mito», se ha reformulado en los últimos años hacia un neonegacionismo que, si bien acepta la existencia de una crisis climática, niega la intervención humana, su gravedad o la premura de sus consecuencias. Una «ficción» se ha llegado a decir desde la palestra política, argumentando diferentes motivos ajenos al peso de nuestra actividad socioeconómica, como, por ejemplo, los grandes ciclos climáticos. En este sentido, más de la mitad de la gente joven (52’1%) piensa que «Aún nos queda mucho tiempo para actuar frente a los problemas medioambientales»” (p. 29). Y la cosa sigue así: “Frente a los negacionistas, prácticamente la mitad de la gente joven en datos agregados (un 43’7% que considera una exageración la crisis ecológica y un 52% que piensa que aún queda mucho tiempo), el bloque colapsista, que muestra su completo acuerdo con que «La batalla por salvar el medioambiente ya está perdida. Hagamos lo que hagamos, el colapso ecológico ya es inevitable», ya alcanza prácticamente a la mitad de la población joven, aumentando de un 31% a un 45% desde 2021 al presente informe” (p. 30).

https://es.fundacion-sm.org/innovacion-educativa/biblioteca/informe-jovenes-espanoles2026/

 

lo terrestre frente a la «planetariedad»

No: lo terrestre (y gaiano) frente a esta “planetariedad” de Armen Avanessian.

Desde esta muy errada perspectiva (el punto de vista desde Sirio, más o menos), un dron puede sustituir a una abeja (análogamente a como tecnología y capital se supone pueden sustituir a lo que llaman “capital natural”) y ello se celebrará como una ganancia de complejidad.

Desde nuestra perspectiva terrestre, superar el dualismo naturaleza-cultura, dejar atrás el principio antrópico y comprendernos como parte de un planeta en coevolución constante son principios importantes; pero no se puede compartir semejante aceleracionismo que pide, “provocativamente, más alienación desde el futuro”.[1]

Nuestro hogar no es un (no)lugar planetario. Es un hogar terrestre.

 

[1] Armen Avanessian: “La pregunta no es sólo cómo pensamos la naturaleza, sino también quién piensa” (entrevista), El Salto, 13 de abril de 2026; https://www.elsaltodiario.com/atenea_cyborg/armen-avanessian-naturaleza-planetariedad

ceguera ante el apocalipsis y ceguera hacia la energía

Con los combustibles fósiles –con su excepcionalidad no reconocida como tal– nos hemos emborrachado de energía casi gratis: una cogorza de proporciones cósmicas que ha desestabilizado muchas dimensiones de la biosfera, comenzando por el clima de la Tierra. Un barril de petróleo igual a cinco años de trabajo físico de un ser humano:[1] esta ecuación debería figurar grabada en la puerta de todas las escuelas, pero ¿quién se ha topado con ella alguna vez, fuera de debates ecologistas de esos que se consideran “de nicho” y de algunas formaciones especializadas? Nuestra ceguera ante el apocalipsis (Günther Anders) va de la mano con nuestra ceguera hacia la energía (Nate Hagens).

 

[1] Véase lo que cabe llamar la “trilogía del petróleo” (tres vídeos breves) de Nate Hagens: “What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137”. https://tratarde.org/como-entender-la-actual-crisis-energetica-tres-videos-breves-de-nate-hagens/

¿cómo entender la actual crisis energética? tres vídeos breves de nate hagens

«Trilogía del petróleo» (3 vídeos breves) de Nate Hagens. «What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137». Imprescindible para entender el capitalismo fosilista y qué está pasando en Oriente próximo (ahora, la guerra contra Irán). Geopolítica y Gaia-política…

https://esencialomenos.blogspot.com/2026/04/la-gran-simplificacion.html

los peces en el río

Las poblaciones de peces de agua dulce han disminuido en más del 80% desde 1970 (¡en apenas medio siglo!),[1] lo que refleja una dramática caída de la calidad del agua de nuestros ríos, lagos y zonas húmedas por la contaminación, la construcción de barreras y la masiva expansión del regadío.

La crisis ecológico-social (que se despliega desde hace más de medio siglo) es lo más grave de todo lo muy grave y gravísimo que está pasando; pero hoy, igual que durante los decenios anteriores, las mayorías sociales siguen sin hacer caso. Con una buena parte de las mismas negando la realidad y otra parte haciendo “como si” y engañándose con estrategias compensatorias (es decir, fingiendo políticas ecológicas que en realidad no están a la altura de los problemas que afrontamos).

 

[1] https://insideclimatenews.org/news/24032026/migratory-freshwater-fish-disappearing/

no mires arriba, ni abajo, ni a tu costado -¡muchas gracias por la reflexión, david fernàndez!

https://es.ara.cat/opinion/cara-oculta-tierra_129_5703841.html

https://en.ara.cat/opinion/the-hidden-face-of-the-earth_129_5703839.amp.html

La cara oculta de la Terra

«Si el capitalisme funciona bé a la Terra,
no hi ha raó per pensar que fracassarà a l’espai»
Bigelow Aerospace

Mentre l’Artemis II circumval·lava la lluna en rigorós directe, les bombes queien i requeien miserablement sobre Beirut, el president dels EUA anunciava la liquidació de tota una civilització d’una sola revolada i el FMI alertava que ens preparéssim pel pitjor. Mentre miràvem la lluna teledirigidament, la guerra global permanent accelerava les seves pulsions homicides a la terra. I això que mirar la lluna lliurement és un dret universal arreu del món que, per ara, ningú ha aconseguit prohibir ni mercantilitzar. Encara. No serà per contradiccions ni antagonies, ni que una cosa no negui l’altre –o sí– ni que ens pispin l’atenció cada dia, el negoci contemporani més rendible, mentre ens furten la cartera cada nit. Equilibri improbable, si l’imprescindible coneixement científic m’emociona a cada avenç, la cursa imperial geopolítica lunar m’esparvera a cada passa. Paraules de Montaigne: «Anaxímenes va escriure a Pitàgores: com puc ocupar el meu temps resolent el secret de les estrelles, si davant sempre tinc l’esclavitud i la mort?».

A aquella pel·lícula titulada ‘Don’t look up’ –no miris amunt i no prenguis consciència ecologista, en l’era de l’antropocé, de com estem trinxant el planeta– podríem afegir el ‘Don’t look down’ –evita mirar sempre les devastadores conseqüències socials del capitalisme en fase canalla, bèl·lica, autoritària i sociòpata. Fins i tot, també ens ordenen subtilment no mirar mai ni al costat –ni amoïnar-nos si el veí està a punt de ser desnonat, si la salut mental li trontolla o si la solitud se l’està cruspint. És a dir, gairebé amb caràcter general, l’ordre sistèmica sistemàtica és que, entre el melic i nau espacial, no mirem enlloc. I que només mirem la pantalla, on l’algoritme –que ja et coneix millor que tu– et farà feliç amb dopamina addictiva. Sense renunciar a cap camp de batalla, els que escollim i els que no, tampoc me’n puc estar de dir-ho aquesta setmana que ja clou: tan de bo s’omplin més les biblioteques que no pas tiktok. Tan de bo. I si diuen, com a metàfora, que Iuri Gagarin va etzibar «no veig cap Déu per aquí dalt», un es demana, aquí baix, on carai para Déu a Gaza. Enlloc?

Viatge al centre de la terra, resulta que l’afany de fuga per conquerir la lluna connecta maldestrament, en una revifada cursa espacial geopolítica, amb els multireincidents de debò. Els llops esteparis del mercat lliure i els proxenetes del poder –tan sovint marcians, tan sovint extraterrestres. La cara oculta de la terra no en té res d’amagada: vindria a ser no allò que no es veu, sinó allò que no volem mirar. Allò que veiem cada dia i ens neguem a assumir. Assaig sobre la ceguera, diria Saramago. Artemis II costarà 93.000 milions de dòlars. El 3’8% d’un pressupost militar global desbocat. És la mateixa quantitat amb la que l’ONU ha xifrat el cost d’erradicar la fam completament de la faç de la terra –no de la lluna. Mentrestant a l’espai, anem fent el mateix que a la terra: emmerdar-la en un abocador infinit. Oficialment es calcula que ja orbiten la Terra més de 10.000 tones de deixalles i ferralles. Un poema –Un adéu als astronautes– de Hans Magnus Enzensberger furga en la ferida: «Només que als planetes / on no creixen tarongers / ni anous ni vinyes / els hi dono poc valor. (…) Pobre en fantasia i més aviat conservador / m’atinc a promeses / més antigues: / la terra a la terra / i la pols a la pols».

Ni tecnofílic ni tecnofòbic ni tecnoneutre ni tecnofeixista, fa molts anys vaig llegir una petita joia d’ètica terrestre sublunar anomenada ‘Gent que no vol viatjar a Mart’ (Catarata, 2004). El va escriure el bo d’en Jorge Riechmann, filòsof, professor i ciutadà compromès. Avui al Jorge li demanen penes de presó, en dos judicis previstos pel maig a Madrid, per protestar, pacífica i científicament davant la inacció front l’emergència climàtica. Coses que passen a la terra i no a la lluna, perquè de ben segur que n’hi ha d’altres mons, però diria que tots estan en aquest. En aquell llibre que revisito sovint vaig llegir una frase d’Stanislaw Jerzy Lec: «No intentis assolir la Lluna. Encara ha de durar-nos mil milions d’anys». És ben probable que la tecnofantasia nihilista ens faci creure en altres planetes perquè ja no creiem en aquest i que ens faci creure en el transhumanisme tecnològic perquè ja no donem un duro per l’ambigua i ambivalent condició humana. Desistint per complet de l’exploració terrestre –posem per cas– de la justícia social, la transició ecosocial, la democràcia política o la llibertat entre iguals. Arran de terra, entre el dret a mirar la lluna i el deure de conservar la terra, caldrà dirimir radicalment que una cosa és la colonització imperial de l’espai sota la bruta llei del farwest i una altra, ben diferent i antagònica, la saviesa humil de Carl Sagan. Fa molt, sobre aquest pàl·lid punt blau on encara vivim, va escriure això, a propòsit de la cara –ni oculta ni fosca– de la terra:

«Mira altra vegada aquest punt. Això és ací, això és casa nostra, això som nosaltres. En ell tots els qui estimes, tots els qui coneixes, tots aquells de qui has sentit parlar, cada ser humà que va existir alguna vegada, hi ha viscut la seua vida. La suma de la nostra alegria i del nostre sofriment, milers de confiades religions, ideologies i doctrines econòmiques, cada caçador i recol·lector, cada heroi i covard, cada creador i destructor de civilització, cada rei i camperol, cada jove parella enamorada, cada mare i pare, nen amb esperança, inventor o explorador, cada mestre de morals, cada polític corrupte, cada “superstar”, cada “líder suprem”, cada sant i pecador en la història de la nostra espècie hi han viscut –en una partícula de pols suspesa en un raig de sol.

La Terra és un escenari molt petit en una vasta arena còsmica. Penseu en els rius de sang vessada per tots aquells generals i emperadors de manera que, en la glòria i en el triomf, pogueren convertir-se en els amos momentanis d’una fracció d’un punt. Penseu en les crueltats inacabables comeses pels habitants d’una cantonada d’aquest píxel sobre els habitants difícilment distingibles d’alguna altra cantonada, com són de freqüents els seus malentesos, com es desviuen per matar-se els uns als altres, com d’encesos són els seus odis. El nostre posicionament, la nostra autoimportància imaginada, la il·lusió de tenir alguna posició privilegiada en l’Univers, són desafiats per aquest punt de llum pàl·lid.

El nostre planeta és un punt solitari en el gran embolcall de foscor còsmica. En la nostra obscuritat, en tota aquesta vastitud, no hi ha cap pista que indiqui que l’ajuda arribarà de qualsevol altre lloc per salvar-nos de nosaltres mateixos. La Terra és l’únic món conegut per ara que albergui vida. No hi ha cap altre lloc més, com a mínim en el pròxim futur, al qual la nostra espècie podria emigrar. Visitar, sí. Instal·lar-s’hi, no encara. D’una manera o d’una altra, de moment la Terra és el lloc on hem de fer la nostra parada. S’ha dit que l’astronomia és una experiència d’humilitat i construcció de caràcter. Potser no hi ha millor demostració de la follia dels prejudicis humans que aquesta imatge distant del nostre món minúscul. Per a mi, subratlla la nostra responsabilitat a l’hora de tractar-nos els uns als altres més amablement, i de preservar aquest punt blau pàl·lid, l’única casa que sempre hem conegut». Amen.

«william morris y el nacimiento de una conciencia ecológica», por jesús jaén

https://vientosur.info/william-morris-y-el-nacimiento-de-una-conciencia-ecologica/

«Riechmann  por su parte ha desarrollado un enfoque ecologista profundo donde se unen conceptos científicos (ley de la entropía), éticos (simbioética) y radicalidad política (ecosocialismo) muy próximos a William Morris…» Es un honor (no sé si muy merecido) que se me sitúe cerca del gran William Morris, ¡gracias!

¿un coche impulsado por carbón vegetal, como ahora alguno en cuba, sería una buena idea?

Somos una población humana cuatro veces superior a lo que la Tierra puede mantener de forma más o menos sustentable.[1] Y cuando fallan los combustibles fósiles, que son la fuente de energía que ha posibilitado esa enorme sobrepoblación, como ahora en Cuba (por la intensificación del criminal bloqueo de EEUU), se recurre al carbón vegetal o la leña…[2] Es decir, a la destrucción intensificada de la vida en la Tierra (considerada como recurso natural, “biomasa”). Éste es el tenebroso horizonte humano-terrestre en el Siglo de la Gran Prueba, si no somos capaces de un decrecimiento planificado, justo y solidario (que ha de incluir también un decrecimiento demográfico “por las buenas”, es decir, basado en la salud reproductiva y el control de las mujeres sobre su cuerpo y su sexualidad).

(Hace unos años escribí esto: https://www.fuhem.es/papeles_articulo/somos-demasiados-reflexiones-sobre-la-cuestion-demografica/?srsltid=AfmBOortlF6_0orCct07C1ArnIzseCZVXbr8yhBy8uicAj0y4diySmo5 )

 

[1] Corey J.A. Bradshaw y otros, “Global human population has surpassed Earth’s sustainable carrying capacity”, Environmental Research Letters vol. 21 num. 6, 27 de marzo de 2026; https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/ae51aa . Véase también https://www.elperiodico.com/es/medio-ambiente/20260401/tierra-rebasado-nivel-poblacion-asumible-128651088

[2] Noor Mahtani, “Magos contra la escasez en Cuba: coches a carbón y baños con agua de lluvia. Apagones infinitos y la falta de agua y combustible obligan a los cubanos a una agotadora tarea de supervivencia diaria”, El País, 6 de abril de 2026; https://elpais.com/america/2026-04-03/magos-contra-la-escasez-en-cuba-coches-a-carbon-y-banos-con-agua-de-lluvia.html

amador fdez.-savater escribe sobre ‘ecoespiritualidad para laicos’, ¡gracias!

«Llevamos el nihilismo pegado al cuerpo, esa indiferencia radical hacia lo que nos rodea y atraviesa, compensada por todo tipo de distracciones y evasiones. La palabra poética es la palabra que puede tocar el deseo y operar transformaciones.

Lo espiritual —nos atrevemos a decir— no es otra cosa que una determinada “temperatura” del cuerpo: un grado de intensidad en el intercambio con el mundo. La resensibilización es un desafío político mayor. Frente a la equivalencia general del valor, la restitución de las diferencias. Declarar algo sagrado. Organizarnos para defenderlo.»

https://loimposible.net/numero-1/santificar-la-materia-la-espiritualidad-politica-contra-el-nihilismo-capitalista

Oltre il nichilismo capitalista

 

cayendo sin red de seguridad

David Hammerstein: “Las gloriosas tractoradas (de diésel) consiguieron frenar las medidas de ahorro de combustibles, de plaguicidas y de fertilizantes. Ha sido una victoria pírrica ya que ahora se encuentran aún más vulnerables. No es fácil protestar contra la física de la escasez en un mundo material menguante”.[1]

Antonio Turiel: “El cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red…”[2]

 

[1] https://x.com/DaHammerstein/status/2036375272853807579

[2] Antonio Turiel, “Dead man walking”, blog The Oil Crash, 23 de marzo de 2026; https://crashoil.blogspot.com/2026/03/dead-man-walking.html

declaración académica de apoyo al profesor jorge riechmann

Ante el próximo juicio penal al poeta, ensayista, traductor y activista ecologista Jorge Riechmann, buena parte de la comunidad académica en la que desempeña desde hace décadas su actividad docente e investigadora no quiere quedarse callada.

El próximo 26 de mayo el profesor Riechmann y otras dos personas, con quienes el 7 de octubre de 2019 participó en una sentada pacífica para llamar la atención sobre la emergencia climática, se enfrentan a un juicio que busca criminalizar la protesta climática. Entendemos este movimiento en el marco de una tendencia más amplia de erosión de la democracia, donde se aboga por reducir al mínimo la capacidad de protesta, algo que nos parece alarmante. En una sociedad democrática, la protesta pacífica, que es también una forma de la libertad de expresión, no puede ser constreñida sin que las universidades y centros de investigación digamos nada.

El trabajo de Jorge dentro y fuera del campus es enormemente valorado por sus colegas y sus estudiantes, así como resulta de sobra conocido su compromiso con el pacifismo. Como nos ha explicado en alguna ocasión, para un profesor de ética que se toma en serio lo que dice en clase, esta implicación en los movimientos sociales para denunciar la alarmante situación en la que nos encontramos es casi un gaje del oficio. Con esta declaración queremos expresar nuestro apoyo al profesor Jorge Riechmann en este proceso, así como avivar el debate público sobre la criminalización de las protestas (climáticas, pero no solo) y las implicaciones que esto tiene en nuestras democracias.

Departamento de Filosofía de la UAM, 5 de marzo de 2026

sobre ganadería (extensiva)

David Hammerstein reprende con dureza sobre la cuestión ganadera: “Es una vergüenza que algunos grupos ‘ecologistas’ se hayan convertido en un lobby para la industria cárnica, dando cuatro ejemplos marginales de la supuesta ganadería extensiva ‘buena’ que casi no existe en España. Greenwashing cárnico por personas con intereses económicos ganaderos”.[1] Se está refiriendo al reciente informe de Ecologistas en Acción La ganadería del futuro, aquí y ahora (marzo de 2026).[2]

Pero el argumento de que la ganadería extensiva ‘buena’ es hoy por hoy marginal no resulta muy convincente, porque lo mismo podríamos decir de casi todas nuestras ‘buenas’ soluciones y propuestas ecológicas: igual de marginales son (piénsese por ejemplo en permacultura frente a agricultura industrial). Más fuerte es el argumento de la dieta y la sustentabilidad (que puede y debe apoyarse con consideraciones de ética animal, claro está): incluso si no fuera marginal, la supuesta ganadería extensiva ‘buena’ no podría proporcionar más que cantidades muy pequeñas de carne y productos animales, de manera que el énfasis debe ponerse en el cambio hacia dietas básicamente vegetarianas (incluso desde una ecoética antropocéntrica).

En efecto, ¿cuánta carne y leche de vaca, cabra y oveja puede producirse en pastizales de manera sustentable (en este caso, sobre todo: respetando la biodiversidad), y a cuánto toca por persona si se divide entre la población mundial? Según una investigación publicada en 2024, resultarían apenas 2’2 kilos de leche por persona y año, y 0’8 kilos de carne por persona y año.[3]

Cabe recordar que la ganadería extensiva es la principal causa de la deforestación en prácticamente todos los países amazónicos, y representa el 80% de la deforestación actual de la Amazonía.[4] Y pensando sobre todo en la cuestión climática, un investigador de talla mundial como Johan Rockström afirma que “los países ricos deben hacer una gran transición hacia una dieta basada en plantas”.[5]

 

[1] https://x.com/DaHammerstein/status/2033872550405587356

[2] Puede descargarse aquí: “Ecologistas en Acción presenta una guía con 30 experiencias exitosas de ganadería respetuosa con el entorno y las personas”, 16 de marzo de 2026; https://www.ecologistasenaccion.org/364634/

[3] Kajsa Resare Sahlin y otros: “An exploration of biodiversity limits to grazing ruminant milk and meat production”, Nature Sustainability, 25 de julio de 2024; https://www.nature.com/articles/s41893-024-01398-4 . En el artículo se exploran los “límites de biodiversidad” en la producción de rumiantes en pastizales, estimando la producción de carne y leche de rumiantes domésticos limitada a zonas de pastoreo y densidades de población en las que el ganado puede contribuir a preservar o restaurar la biodiversidad. Con intensidades de pastoreo respetuosas con la biodiversidad de entre el 0 y el 20% de eliminación de biomasa en función de la aridez, este cálculo de los límites de la biodiversidad corresponde al 9-13% y al 26-40%, respectivamente, de la producción actual de leche y carne de los pastizales. Y, si tenemos en cuenta una distribución per capita igualitaria, eso da las cifras de arriba.

[4] https://wwf.panda.org/es/los_desafios/ganaderia/ . El dato procede de Daniel C. Nepstad et al., “Interactions among Amazon land use, forests and climate: prospects for a near-term forest tipping point”, Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 11 de febrero de 2008.

[5] El País, 18 de octubre de 2024; https://elpais.com/proyecto-tendencias/2024-10-18/johan-rockstrom-cientifico-climatico-los-paises-ricos-deben-hacer-una-gran-transicion-hacia-una-dieta-basada-en-plantas.html