para la etnografía de nuestras ultraderechas

Alejandro Cencerrado: «Estas navidades he podido compartir mesa y entender a votantes de Vox en Extremadura. Esto es lo que he aprendido sobre por qué votan lo que votan:

1. Defensa de una forma de vida tradicional. Muchas personas (incluidas bastantes mujeres) aún se sienten cómodas con roles más tradicionales: cocinar para la familia, cuidar de la pareja, priorizar el hogar… En los últimos años, ciertos discursos feministas les han hecho sentir juzgadas, como si elegir esa vida las convirtiera en “retrógradas” o cómplices del patriarcado. Vox les ha ofrecido una especie de escudo contra esto, porque ha validado su forma de vivir sin sentirse señaladas, es más, les ha devuelto cierto orgullo por ser así. Es básicamente una reacción defensiva ante la sensación continua de que su elección personal era moralmente reprobable.

2. La única alternativa percibida al PP. Hay votantes históricos de derecha que están muy decepcionados con el PP, pero no contemplan ni por un momento que la izquierda siga gobernando, así que Vox se convierte en la herramienta más directa para “bloquear” eso, aunque no estén de acuerdo en todo lo que dicen.

3. Relatos de segunda mano sobre inmigración. Se repite mucho el argumento de “me contó fulanito que un marroquí pedía ayudas y se las daban todas”. Nadie lo ha visto directamente, nadie ha tenido problemas con ellos de primera mano, pero todo el mundo conoce estas anécdotas de terceros. De hecho, muchos aquí contratan a inmigrantes porque trabajan bien y más barato, pero cuando señalas esa contradicción, la respuesta habitual es: “ah no pero el mío es distinto, es muy bueno y muy trabajador, no es la norma». Curioso que siempre el malo sea el que no conocemos de nada. Creo que uno de los antídotos más potentes contra los prejuicios hacia la inmigración sería, simple y llanamente, promover más ocasiones en las que la población inmigrante y la local compartan tiempo —actividades deportivas, fiestas vecinales, lo que sea— para que haya contacto humano directo, porque se ve muy claro; un rato de charla tranquila con el del kebab o el de la frutería, y pasa de ser “el inmigrante” en abstracto, a ser Pedro, Fátima o Mohamed.

4. Meritocracia individualista y clasismo. Mucha gente en Extremadura ha prosperado económicamente con esfuerzo propio y han convertido su biografía personal en una especie de ley universal: “si se esforzaran como me he esforzado yo no estarían como están”. Se olvidan -o se quieren olvidar- de que cualquier golpe de mala suerte, una enfermedad o el simple hecho de nacer en un barrio sin oportunidades puede torcer la vida de cualquiera por muy dispuesto que esté uno a esforzarse. De nuevo, el prejuicio viene de pensar en abstracto y no ahondar en la vida de los demás. Pero hay además un componente de egocentrismo clasista, porque para poder seguir diciéndose a sí mismos lo especiales que son por haber llegado lejos, necesitan creer que todo en la vida depende de tus capacidades y tu esfuerzo, y si crees eso, es inevitable que creas también que quien es pobre es porque se lo merece. Y ahí se corta todo camino a la compasión por los que están peor.

Estos días me he dado cuenta de lo fácil que es agitar la bandera del miedo al desconocido, del orgullo patrio, o el egoísmo, y lo difícil que es convencer a la gente de que hay que ayudar a los demás, aunque no los conozcas. Yo pensaba que la compasión era una virtud innata al ser humano, pero no lo es, sobretodo cuando se cuela la desconfianza en nuestros juicios, y en la derecha la desconfianza se ha colado hasta la cocina: desconfianza a que el que se beneficia de las ayudas sociales sea un vago, a que el inmigrante venga a vivir del cuento, a que el empleado se tome la baja porque es un cuentista o a que el inquilino vaya a destrozar la casa. Es ahí, en la desconfianza hacia los demás, donde se cuelan los populismos más rancios de la derecha.»

https://x.com/AlejandroCence2/status/2004506769280671793

un gran fallo: faltan las tres páginas finales de ‘donde el amor, allí el mundo’

Gracias a Antonio Orihuela, lector atento, me acabo de dar cuenta de un fallo grande en la primera edición de mi libro Donde el amor, allí el mundo… ¡Resulta que faltan las tres últimas páginas, que aquí voy a adjuntar (tomadas de las primeras pruebas)! Tengo mi parte de responsabilidad, pues corregí esas pruebas y las posteriores. Mea culpa.

(Aunque hoy sea 28 de diciembre, esto NO es ninguna inocentada, salvo que consideremos que un Hado fatal juega con nosotros.)

Donde el amor, allí el mundo_TRES PÁGINAS QUE FALTAN al final del libro

qué regalo navideño, una extensa entrevista inédita con manuel sacristán, realizada en 1983

Un diálogo con Manuel Sacristán sobre política y filosofía, cuarenta años después”, por Horacio Tarcus y Laura Klein

https://vientosur.info/un-dialogo-con-manuel-sacristan-sobre-politica-y-filosofia-cuarenta-anos-despues/

El pasado 27 de agosto se cumplieron cuarenta años de la muerte de Manuel Sacristán (1925-1985). Filósofo, editor, traductor y docente, Sacristán fue una figura clave en la renovación del marxismo español. Alejado del comunismo español después de su militancia juvenil antifranquista, jugó a partir de la década de 1970 un rol clave en la configuración de una red político-cultural que buscaba articular las clásicas demandas del socialismo con las reivindicaciones contemporáneas de los movimientos feministas, ecologistas y pacifistas.

Fue el maestro de una nueva generación de filósofos críticos, como Paco Fernández Buey, Toni Domenech, Juan-Ramón Capella y Gustavo Muñoz. Otro de sus herederos intelectuales, Salvador López Arnal, se refirió al marxismo de Sacristán como “excéntrico, heterodoxo, radical y sin ismos”. Durante su vida publicó apenas dos libros, pero se prodigó en artículos de revista, prólogos y clases, que sus discípulos fueron reuniendo en las últimas décadas. Estas ediciones permitieron un redescubrimiento de su pensamiento en tiempos recientes. Y mientras que otros autores muy leídos del siglo XX han quedado eclipsados, Sacristán ‒que fue cabalmente un hombre del siglo pasado‒ es más leído en el siglo XXI que en su propio siglo.

Por una serie de curiosas vicisitudes, esta entrevista, realizada en Madrid el viernes 28 de octubre de 1983, permaneció inédita hasta hoy. Sacristán la concedió generosamente a dos jóvenes argentinos que acababan de llegar a España después de siete años de dictadura. Laura Klein, entonces joven poeta y estudiante de filosofía, y quien escribe, estudiante de historia, asistíamos como ansiosos espectadores al Coloquio Internacional “Cien años después de Karl Marx. Ciencia y marxismo”, que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid entre el 24 y el 28 de octubre de 1983. Íbamos a escuchar a los referentes de una cultura marxista interdicta en la Argentina, figuras de la talla de los historiadores Pierre Vilar y Josep Fontana, el economista francés Benjamin Coriat, el sociólogo catalán Manuel Castells, el politólogo alemán Kurt Lenk, los filósofos Adolfo Sánchez Vázquez y Manuel Sacristán, entre muchos otros. Debía cerrar el coloquio una conferencia magistral de Toni Negri, pero la justicia italiana lanzó en ese ínterin su orden de captura. Negri debió refugiarse súbitamente en París y su conferencia fue leída en su nombre por Gabriel Albiac.

Sacristán había llegado unos días antes desde Barcelona (su ciudad adoptiva) a Madrid (su ciudad natal), acompañado por su nutrido grupo de discípulos, entre los que ya sobresalían Paco Fernández Buey y Toni Domenech. Laura Klein y yo nos acercamos a hablarle y no tardó en invitarnos a la mesa que compartía cada noche, al final de la jornada académica, con los jóvenes filósofos, en el reservado de una fonda madrileña. El jueves 27 asistimos a su conferencia magistral: “Los últimos años de Marx a través de su correspondencia”. A la salida le pedimos una entrevista y nos dio cita para el día siguiente, a las 15 horas, en un viejo bar madrileño cercano a la Plaza Cibeles.

Era el último viernes de octubre de 1983. Llegamos primero y lo esperamos con cierto nerviosismo. Pedimos dos cafés, probamos el grabador. Y a los pocos minutos vimos cómo se recortaba la figura austera de Sacristán caminando por la Calle de Alcalá. Se acercó lentamente, con movimientos parsimoniosos. Se disculpó por la ligera demora, se sentó entre nosotros y pidió un té. Y se entregó mansamente a nuestras preguntas acuciosas. La entrevista duró una hora, el anverso y el reverso de un antiguo cassette. Han transcurrido 42 años de aquel encuentro, cuatro décadas de transformaciones colosales. Es posible, sin embargo, que muchas de sus reflexiones tengan todavía reverberaciones en nuestro presente y no estemos tan sólo ante un documento histórico.

Nos gustaría comenzar la entrevista por su trayectoria intelectual, que sólo conocemos fragmentariamente por algunos artículos o prólogos suyos que han llegado a nuestro país. ¿Como llega usted al marxismo?

Ah, ¡comenzando desde tan lejos! Eso fue hace muchos años, ‒dice Sacristán, dejando asomar una tenue sonrisa.‒Pues, cuando se acabó mi infancia ‒por así decirlo‒, es decir, cuando cumplí 14 o 15 años, se estaba en el ambiente de la inmediata posguerra, y como muchos niños estaba en la organización del franquismo, la sección juvenil de la Falange Española y en lo que entonces se llamaba Sindicato Español Universitario. El camino de salida del fascismo español ‒que era bastante más contradictorio que otros, porque era una mezcla de motivos fascistas europeos típicos, sobre todo italianos, con la tradición carlista española, muy tradicionalista‒ era muy fácil. Era un fascismo, por lo tanto, bastante contradictorio en el plano ideológico, y la salida de él era sencilla: por regla general teníamos una crisis entre los 17 y los 18 años, y salíamos. En mi caso, fue una crisis particularmente difícil, porque por una serie de vicisitudes ‒imprudencia mía, por un lado‒ y lo que pasó por otro, no salí tranquilamente, sino condenado a muerte y esas cosas que hacían las bandas fascistas de la organización juvenil. Eso me motivó una temporada muy inquieta, en la que siempre tenía que ir armado, esperando que me dispararan. Pero al final, acabó más bien cómicamente, grotescamente: no pudiendo ya aguantar más, me fui a la casa de uno de los que yo sabía eran los ejecutores, los encargados de matarme. Aparecí allí a las seis de la mañana. Llamé a la puerta, la empujé, me fui a la cama del tipo y le dije: pues ahora vamos a ver quién mata a quién. Entonces hubo una escena ridícula, en donde el tipo me dice que no, que la condena a muerte había sido anulada, que no habían tenido tiempo de decírmelo… (risas).

¿Y cuál fue el primer rumbo que tomó, una vez que salió del franquismo?

Mi evolución ideológica ,por entonces, fue más bien anarquista. Mi primer hallazgo ideológico, el mensaje de crisis del pensamiento nacionalista y tan heterogéneamente católico, conservador y fascista, fue una salida anarquista. Doctrinariamente y también prácticamente, porque en la práctica me puse a buscar los restos de los sindicatos anarquistas en Barcelona, donde había pasado mi juventud. Y conseguí algunos contactos, de dos tipos. Había restos de la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) en la clandestinidad, muy pasivos ‒se imaginan ustedes‒, muy desorientados. Nunca contacté con los anarquistas de la FAI, los combatientes armados, que eran muy pocos, pero que en ese tiempo, bajo el franquismo, se mantuvieron haciendo atentados: pocas veces con bombas, más bien atentados de tipo personal, disparando. Por ejemplo, un personaje impresionante, un tal Sabaté. Era un guerrillero aislado, un guerrillero solo, un guerrillero sin guerrilla, que murió acribillado en una estación de trenes1/1/. Yo nunca los encontré, a pesar que que sabía de su existencia. Nunca conseguí hallarlos.

Y luego había un tercer grupo de gente, que me defraudó mucho, que en su mayoría está incrustado en los sindicatos franquistas. Seguramente habían entrado con ánimos revolucionarios, pero la verdad es que estaban asimilados. Y en muchos casos, bastante corrompidos, no diría económicamente, pero sí en el plano moral. En realidad, no luchaban. Eran funcionarios de los sindicatos de Estado. Entonces [hubo] una larga temporada en la que, desanimado de las cosas públicas, simplemente estudié.

¿Cuánto duró ese período de repliegue en el estudio?

Unos diez años.

¿Siempre bajo el influjo de ideología anarquista?

Pues no, no necesariamente. En el plano del pensamiento político leía todo, también a Marx. Pero quiero decir que más bien me dediqué a estudios filosóficos. Es la época en que más me dediqué a la lógica.

¿Encaró estos estudios por su cuenta, o en la universidad?

¿En la universidad? Mmm, no. Ha sido muy accidentada mi carrera en la universidad, porque yo tuve una larga enfermedad ‒una tuberculosis renal, perdí un riñón‒ que retrasó mucho mis estudios. No los terminé hasta el año 1952, cuando tenía 27 años. Y luego de un año fui a Alemania para seguir estudiando. Y fue precisamente allí donde me cansé de no hacer nada políticamente y donde trabé relación con el Partido Comunista de España (PCE). E ingrese ahí, trabajando primero en el Partido Comunista de Alemania (KPD).

¿En qué año sucedía todo esto?

En el ‘54. El KPD era un partido minúsculo, con muy poca gente, muy dogmática, muy ruda. Buena gente, en verdad. Eran obreros que habían caído prisioneros del ejército soviético durante la guerra, y en la Unión Soviética habían descubierto que todo aquello en lo que habían creído de la grandeza alemana, de la raza aria, era malo. Y se convirtieron al opuesto, a todo lo que fuera opuesto. ¿Y lo opuesto que era? Pues los catecismos soviéticos. Y habiendo comprendido la criminalidad de su propio ejército y de su propia condición nazi, surgieron entonces con una fe incondicional, la fe del carbonero.

Cuatro ideas de materialismo histórico y materialismo dialéctico. Eran a la vez gente muy conmovedora, muy buena gente. Y eran muy pocos en la ciudad en la que yo estaba, Münster. Tenían un aura de combatientes, pero en verdad los que militaban y trabajaban eran apenas seis. Era algo de una extrema pobreza, muy triste. Y además, estando yo ahí, cuando el Partido Comunista Alemán renunció a la legalidad, se disolvieron. Yo les ayudé a retirar sus cosas de la casita muy modesta que tenían. Entonces, escribí a Praga, a la dirección del PCE, diciendo que estaba libre y a ver qué hacía yo.

Paralelamente usted estudiaba lógica matemática y filosofía de la ciencia en la universidad.

Sí, pero en 1956, concluidos mis estudios, volví a España y comencé a trabajar en la sección de estudiantes e intelectuales del PC de Barcelona, que entonces se llamaba Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). Durante bastantes años, por la presión del franquismo, era posible estar en el partido comunista, aunque uno tuviera muchas reservas políticas. Porque fue la única fuerza que resistió al franquismo: uno pasaba por alto lo que no le gustaba porque… ¡aquello era lucha de verdad! En cambio, los socialistas, los republicanos… no hacía nada. Y los anarquistas, porque estaba destruidos por las razones que fuere, tampoco hacían mucho. Lo que pasa es que, de todas maneras, los desacuerdos con el Partido Comunista español se fueron acumulando…

¿Cuándo y cómo se dio su ruptura con el PCE?

Yo salí, realmente, cuando pensé que ya no podía seguir, en un pleno del Comité Central del año 1970, verano del setenta. Yo era miembro del Comité central y del Ejecutivo, y en ese verano tuvimos una discusión en la que mi propuesta quedó en una posición ridícula: votamos yo a favor, una abstención y todos los demás en contra. Yo no podía seguir en una situación así, y lo que hice fue retirarme, sin ningún espectáculo, silenciosamente. Yo nunca he pegado gritos para irme.

En los años siguientes, hasta la muerte de Franco (1975), no dije nada. E incluso colaboré muchas veces, si se necesitaba algún texto en la sección de estudiantes del partido. Estuve hasta el primer pleno del Comité Central en Madrid después de la muerte de Franco, en que fui a despedirme. Desde entonces, me ha parecido que no había base para sumarme a ninguno de los pequeños partidos comunistas existentes, ni para crear uno nuevo. Por eso hice más bien un trabajo de propaganda en revistas, conferencias, cursos…

Volvamos a esos años de la ruptura. ¿Cuáles eran las diferencias?

Bueno, no se pueden zanjar en unos minutos los principales motivos de desacuerdo, pero se pueden, al menos, mencionar de una manera vaga. Yo no compartía, desde hacía muchos años, ni la actitud que podríamos llamar ideológica, cada vez más alejada de los principios y los valores políticos y morales comunistas, ni sus juicios sobre la realidad. Curiosamente, me parecían demasiado realistas en cuestión de valores y demasiado utópicos en relación a la realidad. Constituían una especie de utopía de derechas, llena de ilusiones acerca de las posibilidades de alianzas con monárquicos, con la alta burguesía…, algo tan utópico como el utopismo más extremista.

¿Tuvo algún acercamiento con las posiciones críticas de Fernando Claudín y Jorge Semprún, que los llevaron algunos unos años antes a una ruptura con el Partido Comunista Español (PCE)?

No, no… quizás coincidía con algunos elementos, pero positivamente, no. Es que Semprún y Claudín, aunque personalmente son hombres enteros y honestos, curiosamente en la crisis que los separó del PCE falsearon voluntariamente la cuestión: ellos en realidad salía por la derecha. Salían considerando que no era posible movilizar a la clase obrera, que la economía capitalista había logrado superar la crisis y que tenía capacidad de desarrollo autosostenido, indefinido… Sin embargo, como su salida coincidió casi con el ‘68, insensiblemente se colocaron a la izquierda. Pero habían salido por derecha, claramente. Es decir, eran ideológicamente muy oscuros, una mezcla de reacción de izquierdas con un fondo del pensamiento ideológico muy de derechas.

Que hoy se ve más claro, con sus posiciones actuales de apoyo al ingreso de España en la OTAN.

Hoy se ve clarísimo, pero entonces lo vimos pocos. Y sobre todo a los no españoles los engañó completamente. Pero para quien lo veía desde dentro, era claro. Eso no quita que los elementos de crítica de Claudín a la manera de dirigir la lucha política del PCE estuvieran llenos de realidad. Pero esto ya era otra cuestión, ¿verdad? Por ejemplo, la crítica de Claudín acerca de la estimación insensatamente optimista que la dirección del partido hacía del resultado de las huelgas en los últimos años del franquismo era acertada.

La crisis del marxismo y la pobreza teórica del marxismo español

En el coloquio Cien años después de Marx, de Madrid, se discutió mucho si estábamos ante una crisis del marxismo, o una crisis del movimiento obrero, si la crisis era sólo práctica o se trataba de una crisis teórica…

Del movimiento obrero europeo, seguro. El otro día, en el Coloquio, recordé la frase aquella de Perry Anderson: “sólo el movimiento obrero está en crisis y no la teoría”, y dije entonces que me parecía una verdad parcial. Tomada al pie de la letra, bueno, es verdad. Porque la acumulación de escritos teóricos marxistas de los últimos quince años es enorme, y en ese sentido no se podría hablar de una crisis. Pero esto a mí me deja insatisfecho, porque es claro que el marxismo no es sólo un núcleo teórico, sino una doctrina inseparable de un movimiento. Y si el movimiento está en crisis, no puede ser que eso no afecte de ninguna manera al pensamiento marxista. Yo personalmente no dispongo de los instrumentos científicos para abocarme a esta tarea, que sería tema de estudio de un colectivo de sociólogos, economistas, historiadores… y también filósofos, pero no sólo filósofos.

Se me ocurren causas sueltas, pero no una explicación completa. Por empezar, el final del prestigio de la Unión Soviética en la mayoría de las masas trabajadoras y entre los intelectuales es un factor claro. Junto con eso, la pérdida de atractivo ideológico de las otras revoluciones del siglo. Un hombre de finales del siglo XX, como estamos, tiene que darse cuenta de que la revolución rusa tuvo resultados que no le acaban por gustar. La mexicana, no digamos. Los intentos de revolución de finales de los cincuenta y principios de los sesenta que aparecían anunciar el final del imperialismo ‒la subida de Jânio Quadros, la revolución cubana, el final del imperio belga en África…‒ fueron experiencias, año a año, de una esperanza enorme. Pero en Brasil, después de Quadros y Goulart, llegaron los gorilas estos y lo echan todo para atrás. En Cuba, los resultados son discutibles. Y en África central, no digamos lo que pasó: Lumumba y todo el movimiento lumumbista terminaron de la manera más horrenda. Y lo que hay ahora es casi peor que el rey Leopoldo de los belgas…

Una persona que piense un poco y que no tenga muchos ánimos para sostener eso que Antonio Gramsci llamaba el “optimismo de la voluntad”, bueno…¡no hay una sola revolución del siglo que le dé lo que prometía! No sólo la revolución rusa: es la experiencia trágica de todas las revoluciones. Entre trágica, como es el caso mexicano o el congoleño, o dudosa, como es el caso cubano, pero en todo caso las expectativas se han ido diluyendo.

Por último, agregaría otra causa: la crisis económica. Claro que la crisis podía haber sido punto de partida de una recuperación. Pero por las causas que sean, no lo ha sido. Es claro que la crisis provoca un retroceso en el movimiento obrero que alcanza extremos increíbles. En estos días, por ejemplo, la redacción de mientras tanto está contactando a sus amigos en Madrid, y nos vamos encontrando con varias sorpresas. Nuestro principal autor en cuestiones de política energética nos dice que no quiere saber nada más con este tema, que quiere dedicarse al arte y la literatura. “¿Para que seguir ocupándose de aquel tema, si vamos a salir volando por los aires?”, nos dice. Estamos hablando de un hombre muy valioso, muy capaz…

¿Que aportes hizo a su juicio el marxismo español al marxismo contemporáneo?

Creo que el marxismo español siempre ha sido muy pobre, mientras que el movimiento político de inspiración marxista siempre fue bastante rico y bien popular. Se ha dicho muchas veces que es un movimiento con poca teoría. En la estructura del Partido Comunista, por ejemplo, no hay manera de encontrar teóricos importantes. Hay intelectuales muy valiosos desde su fundación, pero teóricos no. Intelectuales muy valiosos, casi excelsos, grandísimos poetas como Miguel Hernández o Federico García Lorca, pero teóricos no. Sin embargo, la estructura del Partido Comunista de España (PCE) era en un sentido más prometedora que la del Partido Comunista Francés (PCF) o la del italiano (PCI).

El porcentaje de obreros industriales del partido español rebasaba con mucho al francés o al italiano. Sus debilidades eran los intelectuales y los campesinos. De modo que quizás tenga que contestar negativamente: la función teórica del marxismo español es pobre.

Aun así, si tuviera que hacer algunos nombres, ¿cuáles mencionaría?

Incluyendo lo que no me gusta ‒sonríe‒, pues seguramente habría que empezar por Gustavo Bueno2/2/. Creo que tiene una obra importante, consistente. Es un intento de preservar un máximo de nociones del marxismo tradicional en un nuevo revestimiento. Luego, está la corriente que se podría representar como nueva izquierda, que es un marxismo de ascendencia muy neohegeliana y mística, con mucha consideración por las tradiciones religiosas. Un representante de esta corriente que prometía mucho y que luego no se le ha visto fue Francisco Fernández Santos…

Sí, lo conocemos, a la Argentina llegó su libro Filosofía e Historia.

Bueno, ese era un libro interesante, muy interesante. Pero lo he perdido de vista. Finalmente, está lo que yo he intentado ‒y no sólo yo, sino muchos otros, aunque generalmente más jóvenes que yo‒, que es considerar la tradición de Marx más como una tradición política que como una tradición científica. Esto, sin desprecio de los elementos científicos que hay en la obra de Marx. Pero importa más la persistencia de los valores políticos que el detalle de las categorías científicas del marxismo. En ese sentido, nosotros nos movemos más libremente que los que están en la línea de Gustavo Bueno. No por desprecio de lo científico, repito, ni mucho menos. Sino por una consideración de lo científico más analítica, más instrumental, dando menos importancia a la teoría científica de Marx y más al método.

A mi criterio esto cubre lo que serían las tres tendencias que me parecen más vivas en la tradición marxista española, aunque no se puede decir que haya una tradición intelectual marxista. No digo que no haya intelectuales marxistas, pero creo que no han cuajado en escuela, en una escuela del pensamiento marxista, ni en el ámbito del Partido Comunista español ni tampoco en los partidos comunistas menores. Claro, está la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), que tiene siempre la proyección trotskista detrás, proviene de una tradición, aunque no estrictamente española.

Hemos visto que los trotskistas españoles de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) no sólo disputan liderazgos en el movimiento obrero, sino que participan en las luchas feministas, ecologistas, en las manifestaciones contra la OTAN…

Bueno, todos los pequeños partidos comunistas participan de esas luchas, especialmente en las marchas por el desarme. Algunos de manera muy contradictoria, como un partido socialista de liberación catalán que va a las manifestaciones pacifistas con una pancarta que dice “Lucha armada por la paz”.

Deshegelianizar a Marx

Volvamos a su propia corriente de pensamiento, la que usted representa, junto a Francisco Fernández Buey, Juan-Ramón Capella, Toni Domènech. ¿Se podría decir que ustedes se proponen eliminar los resabios especulativos de tradición hegeliana que perviven en la obra de Marx? ¿Se podría resumir su estrategia teórica en la consigna deshegelianizar a Marx?

Yo creo que sí. Me planteo la cuestión en estos términos: Hegel ha sido decisivo en el pensamiento de Marx. Y hasta el final. Sin Hegel no habría Marx, sin lugar a dudas. Negarlo, al modo de Louis Althusser, es una locura. Incluso en lo malo de Hegel, en lo peor de Hegel, en lo que hace a la calidad de científica, pues esa concepción filosófica de la historia que comentaba ayer en el coloquio, incluso eso, ha sido vital para la obra de Marx.

Porque sin esa fe un poco metafísica y trascendental según la cual la historia se movía necesariamente, probablemente el hombre no habría tenido la fuerza moral para trabajar en esas condiciones de hambre y enfermedad, ¿no? Así también sirvió la religión cristiana para resistir al imperio de Roma, ¿no? La de Marx era una creencia de origen hegeliano, aunque con el injerto ilustrado de darle gran valor a la técnica y a la ciencia. Esa creencia en la infalibilidad de la evolución histórica era fundamental para que siguiera trabajando.

Luego hay, además, numerosas influencias de Hegel muy positivas y buenas. La influencia, para empezar, de la enorme cultura de Hegel, esa gigantesca cultura que fue alimento intelectual de Marx. E incluso observaciones muy agudas de Hegel sobre la ciencia y la técnica: por ejemplo, hay una frase de Hegel sobre las máquinas en la Filosofía del Derecho que está en la base de ciertos desarrollos de Marx3/.

Lo que yo creo que es digno de ser eliminado es esa noción de ciencia como saber absoluto. Para Hegel, lo científico es lo absolutamente sabido, como era para Platón. Hoy sabemos que eso no es la ciencia, esa es acaso la ilusión. Ciencia es, en principio, saber realizable, saber no absoluto.

¿Usted considera que en Marx prevalece esa noción de ciencia como saber absoluto, incluso en una obra como El Capital?

Creo que Marx trabaja un poco confusamente con nociones de ciencia de tipo distinto. Parte de una idea de ciencia absoluta que ya de joven critica con los otros jóvenes hegelianos para pasar a la noción de ciencia como crítica. Luego, mientras va madurando a lo largo de su vida, él mismo va haciendo ciencia positiva, ciencia real. Así va adquiriendo inconscientemente la noción de ciencia de su época. Entonces, los tres planos de la ideología de la ciencia se pelean en su obra constantemente. Yo creo que en el pensamiento de Marx estas tres nociones de ciencia nunca han llegado a aclararse.

De modo que la noción de cientificidad del marxismo había que deshegelizarla, entendiendo por cientificidad simplemente el método científico propio de cada campo, al servicio ‒en el campo específico del marxismo‒ de una práctica transformadora. Y en segundo lugar, habría que romper con ese fatalismo histórico que es más o menos coherente con esa idea de ciencia. Aquí también la cosa es, en el propio Marx, muy contradictoria, porque él, desde bastante joven, está haciendo afirmaciones de que el cambio social no es fatal. Pero, por otra parte ‒y simultáneamente‒, está la idea de la infalibilidad. Lo primero está en el mismo Manifiesto comunista, en términos sumamente cautos, cuando está admitiendo la posibilidad de que la lucha de clases no tenga una resolución positiva4/. Pero otra es cuando está polemizando, por ejemplo, en la Crítica del Programa de Gotha, cuando es capaz de usar palabras como infalible, inexorable…

¿Usted cree que Marx “cierra el sistema”, de un modo semejante al que Engels señala en la obra de Hegel?

No, entre otras cosas porque si hubiera querido, ni siquiera hubiera tenido el tiempo para hacerlo. Ante lo que parecen “cierres”, como la proposición del materialismo histórico en La ideología alemana, o el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política, tanto él como Engels han declarado que no se trataba de tal, que era un sistema abierto.

Según Engels, la tarea teórica consistía en recuperar el método de Hegel volviéndolo contra su sistema. Lukács lo convalidó muchos años después y esto se ha convertido en un lugar común de la cultura marxista. ¿Es posible pensar semejante contraposición entre método y sistema en la obra de un autor?

Yo no lo haría. Y curiosamente, Hegel mismo se ha anticipado a esto: hay un texto donde dice que el método es el sistema y el sistema es el método5/. Yo creo lo mismo, creo que el método de Hegel sólo es justificable en el sistema del idealismo absoluto. Sólo si de verdad la comprehensión correcta del Ser fuera el idealismo absoluto, el Ser sería dialéctico en sentido hegeliano, capaz de un desarrollo propio de una definición, dotado de una logicidad interna. Si el Ser es el Espíritu, pues de acuerdo. Si el Ser es Idea, esto es posible. Pero si no lo es, si el Ser no es Razón, o bien no todo el Ser es Razón, no es así. En suma, el método está implicado en el sistema y viceversa.

Engels hablaba de un método dialéctico que reniega de todo lo dogmático, incluso del contenido dogmático del sistema, ¿no es así?

Yo creo que el método, tal como está en Hegel, es perfectamente compatible con el sistema, cuando el sistema es el sistema absoluto. Pero creo, sin embargo, que el intento de separación del método de Hegel ‒utilizable en otro contexto ontológico‒ de su sistema, ha sido un error, como tantos otros, fecundo. Ha permitido como una explosión de la idea hegeliana de dialéctica. Ha permitido la aparición tácita, poco clara pero fecunda, de nuevas nociones de dialéctica.

La dialéctica como estilo

¿Pero cuál es la noción de dialéctica que rescata usted aquí: dialéctica como método, como lógica, como proceso objetivo de la historia…?

Como lógica desde luego que no, terminantemente no. Como proceso objetivo, bueno, es algo meramente metafórico. Como método sí, pero en un sentido laxo de método, un sentido en el que método quiera decir estilo intelectual.

A mí me parece que un concepto sostenible de dialéctica es un concepto integrado por notas como globalidad de la visión, inmanentismo ‒explicación por el conjunto de los datos y no fuera de los datos-, asunción de la noción de cambio como noción fundamental del proceso… Yo creo que esas nociones que componen una dialecticidad razonable ‒no la de Hegel‒ están siendo realizadas y planificadas por técnicas formales y matemáticas modernas. Algunos marxistas ya lo están viendo y aplicando. Una de las cosas más interesantes de todo esto es la aplicación de las ideas dialécticas marxistas a la Teoría de catástrofes, la teoría matemática de catástrofes 6/.

Esta teoría, por ejemplo, viene a aclarar viejas intuiciones dialécticas, como la del salto cualitativo de la dialéctica. O la Teoría general de sistemas7/, que sin perjuicio del carácter conservador y reaccionario de muchos de sus cultores, clarifican mucho nociones dialécticas como la de “totalidad”. Y es capaz de incorporar también la idea de movimiento, lo que equivale a un cambio de sistema. En fin, se están desarrollando bastantes técnicas exactas que, en mi opinión, incorporan las nociones dialécticas y le dan una comprensión a esto de la dialéctica en tanto que estilo intelectual.

Lo que sucede es que para una tradición socialista de verdad, socialista radical, este estilo intelectual es no sólo interesante y más verdadero, sino imprescindible. Porque la práctica revolucionaria necesita tener delante una visión concreta e integrada de la realidad en la que busca intervenir. No es como la práctica tecnológica, que es fragmentaria. La práctica revolucionaria no puede ser fragmentaria, y por tanto necesita de una visión dialéctica.

Cuando usted habla de “totalidad”, “inmanencia”, “cambio”, no las considera categorías de pensamiento, sino que se refiere a ellas como “notas”, “nociones” que conformarían un “estilo”.

Efectivamente, no se trata de categorías lógicas en la medida en que no son sucedáneos, el sustituto de la lógica formal, de la lógica corriente. Se construyen con elementos mínimos lógicos, propios de la lógica formal, más simples. Digamos que se trata de articulaciones de elementos lógicos mínimos.

pero que ya están fuera de la lógica.

Son más que lógica, en el sentido de distintos, o contrarios. Son composiciones complejas de elementos lógicos, si es que se hace un análisis formal de ellos.

Pero, ¿no son categorías que se contraponen a la lógica formal, o que por lo menos la exceden?

Es que no hay otra lógica que no sea formal. Hay autores importantes que, aun estando en contra de esto, son más claros que lo que se era en otra época. Hay autores en Latinoamérica, en Canadá, en Inglaterra, empeñados en formalizar como un sistema lógico un pensamiento que ellos consideran dialéctico. Utilizan procedimientos como las lógicas trivalentes ‒donde al verdadero/ falso se agregan el valor indefinido‒, o como un lógico inglés, utilizan el valor paradójico, o como un lógico ecuatoriano ‒Lorenzo Peña, un clérigo marxista español que enseña en la Universidad Católica de Quito‒, que intenta una lógica dialéctica muy formalizada, con todos los requisitos técnicos de la lógica simbólica moderna, para salvar frases de Engels gracias a Santa Teresa (risas). Sí, sí, de veras, recoge frases de Engels como la “negación de la negación” junto a versos de Santa Teresa como “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero”… Junta todo esto, pero con una buena calidad técnica8/. Me parece que, como ejercicio intelectual, es un trabajo muy valioso.

Formalmente no hay nada que decir, está claro que uno puede construir un sistema formal con valores paradójicos, ya sea introduciendo dos negaciones diferentes, donde una fuerte cumple la función de la negación clásica y la débil no la cumple. Pero aquí no hay contradicción: se respeta la lógica clásica. Ahora bien, epistemológicamente, me parece inútil para toda reflexión en ciencia política y en teoría de la revolución. Y también discutible en su propio campo. Por ejemplo, en el uso político del lenguaje, a mí me parece un disparate. Lorenzo Peña considera útil e incluso imprescindible apelar al lenguaje natural ‒Peña llama natural a su negación débil‒ manteniendo como correctas expresiones como Lo sé y no lo sé…, Quiero y no quiero…. A mí me parece mucho más sano considerarlas como elipsis de otra cosa, como la frase “He estudiado un poco, pero no bastante” o “Aún no estoy decidido”. Yo le preguntaría a Lorenzo Peña qué pasaría si al llegar un día a casa de su madre se encuentra con el médico y a la pregunta de si la encuentra enferma el médico responde: “Está y no está”. ¿Se daría por contento?.

En fin, yo encuentro a estos sistemas formalmente impecables, pero epistemológicamente estériles y discutibles. Y digo discutibles porque no soy competente en física cuántica y tengo que fiarme de los que dicen físicos, matemáticos y científicos competentes en ese campo. De todos modos, hay que ser ecuánime: hay matemáticos interesados en desarrollar una teoría apenas explorada: la teoría de los conjuntos difusos o confusos, respecto de los cuales puede ocurrir que no sea posible decidir si un determinado objeto sea o no parte del conjunto. Esta teoría podría dar fundamento a la lógica del sí y no. Es materia de discusión. Yo personalmente creo que para la teoría económica y social que puede ser de interés para el socialismo es irrelevante. Y hasta que no esté claro, reservo el juicio para la física.

Notas

1/ Francesc Sabaté (1915-1960), más conocido como El Quico, fue un anarquista catalán, emblema de la resistencia armada antifranquista durante las décadas de 1940 y 1950. Nota del editor.

2/ Gustavo Bueno Martínez (1924-2016) fue un filósofo español, autor de una vasta obra encuadrada en lo que él mismo llamó “materialismo filosófico”. Nota del editor.

3/ “La abstracción del producir hace además que el trabajo sea cada vez más mecánico y permite que finalmente el hombre sea eliminado y ocupe su lugar una máquina”. G. H. F. Hegel, Principios de Filosofía del Derecho, Buenos Aires, Sudamericana, 2012, §198, traducción de Juan Luis Vermal. Nota del editor.

4/ “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”. Karl Marx-Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista, cap. I (Burgueses y Proletarios). Traducción de Wenceslao Roces. Nota del editor.

5/ Es posible que haga referencia al párrafo de la Ciencia de la Lógica en que Hegel señala que en el método entra la consideración del contenido al mismo tiempo que “el método mismo se amplía ahora, debido a este momento, en un sistema”. G. H. F. Hegel, Ciencia de la Lógica, Buenos Aires, Solar, 1982, p. 577, traducción de Augusta y Rodolfo Mondolfo. Nota del editor.

6/ La Teoría de catástrofes surgida en la década de 1960 gracias a los trabajos del matemático francés René Thom, se hizo conocida en la década siguiente por los desarrollos del matemático británico Christopher Zeeman. Entre los diversos tipos de catástrofe establecidos por esta teoría (catástrofe de pliegue, cúspide, cola de golondrina, mariposa, hiperbólica, elíptica y parabólica), uno de los más conocidos popularmente es el efecto mariposa, que permitiría explicar matemáticamente cómo los sistemas cambian abruptamente (se rompen) ante pequeñas perturbaciones. Si en un sistema se produce una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación se podrá generar un efecto considerablemente grande, a corto o mediano plazo. Nota del editor.

7/ La Teoría general de sistemas, nacida en el campo de la biología para entender los organismos como sistemas abiertos y en constante intercambio con otros sistemas, fue formulada inicialmente por el biólogo austríaco Ludwig von Bertalanffy. En su Teoría general de sistemas (1969), Von Bertalanffy afirma que las propiedades de los sistemas no pueden comprenderse en términos de sus elementos separados. La comprensión de los sistemas sólo ocurre cuando se estudian globalmente, considerando la interdependencia de sus partes. Las tres premisas básicas son las siguientes: Nota del editor.

8/ Lorenzo Peña, Formalización y lógica dialéctica. Estudio sobre la contradictorialidad de lo real y la crítica de la filosofía marxista, Quito, Pontificia Universidad Católica del Salvador, 1980. Nota del editor.

la comunidad del crimen -unas palabras desde israel

“Netanyahu y su fallido gobierno son responsables de los dos mayores desastres de la historia de Israel: la masacre del 7 de octubre y la respuesta israelí a la masacre del 7 de octubre. En el primer desastre, unas 1200 personas fueron asesinadas, mujeres y niños fueron secuestrados y se cometieron horribles crímenes contra la humanidad. En el segundo desastre, matamos a decenas de miles de civiles, causamos la muerte de cautivos, infligimos la destrucción de todo un distrito, provocamos una hambruna masiva y cometimos innumerables crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El primer desastre provocó un trauma cuyas repercusiones se sentirán durante décadas. Pero el segundo desastre destruyó los cimientos sobre los que se construyó el Estado de Israel: la legitimidad internacional, las relaciones diplomáticas y económicas con el mundo árabe y la solidaridad dentro de la sociedad israelí. (…) El historiador Adam Raz, al comienzo de la guerra, escribió sobre el surgimiento de una ‘comunidad del crimen’. Previó cómo los israelíes se unirían en torno al crimen conjunto y cómo los líderes se asegurarían de que todos participáramos en él. ‘Hay un tipo de político cuya política consiste en convertir a los israelíes en criminales’, escribió Raz. Yo también formo parte de la comunidad israelí del crimen.”[1]

 

[1] Nir Hasson, “Two years after the massacre, I look back in disbelief. I, too, missed the October 8 surprise”, Haaretz, 3 de octubre de 2025; https://www.haaretz.com/israel-news/2025-10-03/ty-article-magazine/.highlight/two-years-post-massacre-i-look-back-in-disbelief-i-too-missed-the-october-8-surprise/00000199-a5f9-dde8-a9f9-bdf98f850000

jornada «más allá del crecimiento» en madrid (congreso de los diputados)

Acaba de celebrarse (en el Congreso de los Diputados de Madrid) la jornada “Más allá del crecimiento”, el pasado 26 de septiembre, que ha consensuado un documento interesante y recomendable.[1] ¿Somos capaces de imaginar un futuro más allá del crecimiento, donde el valor de suficiencia sea clave?

Además de estar ya disponibles en la web del Congreso (https://app.congreso.es/AudiovisualCongreso/audiovisualEmisionSemiDirecto?codOrgano=497&codSesion=438&idLegislaturaElegida=15&fechaSesion=26/09/2025 ), los vídeos de cada una de las sesiones de conferencia estarán pronto disponibles en la web https://beyondgrowth.es/ . Entre las muchas intervenciones importantes, recupero éstas de tres personas cercanas: intervención de Carmen Madorrán a partir de 1h. 7’; intervención de Júlia Martí a partir de 4 h. 59’; intervención de Adrián Almazán a partir de 6 h. 17’.

Aquí la intervención de Manuel Casal Lodeiro: https://casdeiro.info/textos/2025/09/29/mi-intervencion-en-la-conferencia-mas-alla-del-crecimiento-26-09-25-version-extensa/ . El activista gallego escribe: “Seguir insistiendo en crecer en un planeta finito sólo puede llevar a luchar encarnizadamente contra otros pueblos, contra otras especies, contra las generaciones de nuestras propias hijas y nietos, por robarles un pedazo de los recursos que en justicia les corresponden. Como decía William Catton y muchos después de él, «estamos saqueando futuro». Y ¿por qué?, o ¿para qué? Pues simplemente para quemar el botín en el altar del sacrosanto Producto Interior Bruto, a mayor gloria de un sistema tan absurdo, el capitalista, que sólo funciona si crece sin parar, y que por tanto es un cáncer para nuestra especie y para el conjunto de la Vida en la Tierra. Existen infinidad de otras maneras de organizar una economía, y una sociedad, que no son tumorales. Existen otras culturas, otras formas de civilización: ¡han existido durante el 99% de nuestra historia! Y es hora de recuperarlas o de reinventarlas. Si de verdad somos tan listos como nos creemos… ¿por qué no inventar juntos el poscrecimiento?, ¿por qué no podemos inventar juntas el poscapitalismo y curarnos de este cáncer que nos está matando?”

 

[1] La Declaración común presentada en la jornada está abierta a adhesiones a través del siguiente enlace: https://my.liberaforms.org/adhesiones-declaracion-conferencia-beyondgrowth . Después del 14 de octubre, una vez concluido el proceso de adhesiones colectivas, se difundirá el documento de manera masiva.

 

gestión de la ruina, el ecocidio y el genocidio

Lilith Verstrynge, en uno de los artículos de análisis sobre la situación en Francia que publica con cierta regularidad, evoca lo que el filósofo Alfred Sohn-Rethel “ha llamado la gestión de la ruina: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría”.[1] Pero lo que está en riesgo no son sólo las condiciones de vida de la mayoría (intramuros), sino también las condiciones de habitabilidad de la Tierra (extramuros). Habría que hablar más bien de gestión de la ruina, el ecocidio y el genocidio.

Impresionante, al respecto, el análisis de Gil-Manuel Hernández, “El normal caos del exterminio”.[2]

 

[1] Lilith Verstrynge, “Francia, algo más que un problema de deuda”, El País, 29 de septiembre de 2025.

[2] Gil-Manuel Hernández, “El normal caos del exterminio”, Rebelión, 24 de septiembre de 2025; https://rebelion.org/el-normal-caos-del-exterminio/

se ha publicado el nº 268 de ‘nuestra bandera’, monográfico dedicado a manuel sacristán

https://espai-marx.net/sacristan/?page_id=1861

Este número monográfico dedicado a Manuel Sacristán en su centenario ha sido coordinado por José Sarrión Andaluz. Me ha correspondido escribir uno de los artículos:

NB268_artículo J.Riechmann PENSAR CON MANUEL SACRISTÁN ECOSOCIALISMOS, otoño 2025

 

la fórmula del genocidio

“No son humanos (o no del todo, como lo somos nosotros). Y como somos más fuertes, podemos hacer con ellos lo que queramos”. Ésta es la fórmula del genocidio: lo fue para la Shoah, lo es ahora para el genocidio palestino, vale también para los demás genocidios (Armenia, Ruanda…).

La relatora de NN.UU. para Palestina, Francesca Albanese, estima en 680.000 las muertes causadas por Israel en Gaza.[1] Esta cifra incluiría no sólo las muertes a manos del ejército israelí (con una inmensa mayoría de civiles frente a los reales o supuestos militantes de Hamás), sino también las muertes por hambre, enfermedades y otras carencias. Se llega a este guarismo horroroso por la estimación (que avanzó The Lancet en 2024) de que las muertes indirectas en los conflictos armados son entre tres y quinces veces superiores a las muertes directas. Así, unas 544.000 personas podrían haber muerto en gaza de esa forma indirecta; y entre 65.000 y 136.000, directamente a manos del ejército israelí.[2]

El nivel de destrucción en la Franja de Gaza (apenas 360 km2, con un enorme hacinamiento de población a resultas de varios decenios de colonialismo israelí) es inimaginable: hasta junio de este año el Estado sionista había lanzado más de cien mil toneladas de bombas en el enclave.

La ultraderecha israelí (en el Gobierno) quiere asesinar a buena parte de la población de Gaza, expulsar al resto y quedarse con el territorio (para aplicar después un plan semejante en Cisjordania… y más allá, según la bárbara aspiración al Gran Israel). Pero, más allá de eso, quiere hacer a su propia sociedad cómplice de crímenes tan horrendos que luego no haya marcha atrás. Y así está destruyendo, moral y políticamente, a los israelíes…

***

No, no hay infrahumanos (salvo en las construcciones mentales del supremacismo racista).

Y por si acaso piensa usted en otros seres vivos que Homo sapiens: no, ellos son more-than-humans como dicen los anglosajones: más que humanos. En el sentido de que llevan más tiempo que nosotros aquí, y saben mucho sobre cómo vivir en esta Tierra, y nosotros somos (como diría cualquier amerindio de Abya Yala) los hermanitos menores.

***

El judaísmo –esa grande y valiosísima corriente cultural cuyos principios rectores incluyen “no destruir, dar reposo y reparar” –[3] ha sido en buena medida secuestrado por el sionismo. Interesa a toda la humanidad ayudarle a liberarse de ese abrazo mortal.

Y por lo que nos toca a nosotros en España: fuimos pioneros en limpieza étnica de judíos (¡ah, nuestros celebrados Reyes Católicos!), lo cual no debería estar nunca ausente de nuestra consideración de estos asuntos. Al respecto, estas líneas de José María Ripalda en un breve artículo en Viento Sur donde se suma a las evocaciones de Manuel Sacristán en su centenario:

“El referéndum de la OTAN (1986) fue algo así como la última batalla de Sacristán, que, a semejanza del Cid, libraron notoriamente sus discípulos después de muerto; seguramente significó también la derrota que selló ‘la Transición’. Felipe González, quien se había opuesto a la entrada en la OTAN bajo Calvo Sotelo, fue quien, como ‘poli bueno’, convenció de que entraran por el aro a los españoles, traumatizados por el aún cercano 23-F. Pero he creído escuchar un eco del clamor antimilitarista que recorrió entonces las calles de España en las protestas recientes por la destrucción de Palestina… pese a su reformulación como ética de las buenas intenciones y a la incapacidad crónica de reconocer una resaca también de nuestro pasado genocida (con los judíos) en el actual genocidio palestino. Demasiada buena conciencia oficial una vez que algo es declarado pasado.”[4]

 

[1] Claudia Maniscalco, “La relatora de la ONU, Francesca Albanese, estima en 680.000 las muertes en Gaza”, 20 minutos, 15 de septiembre de 2025.

[2] Richard Hil, “Gaza death toll far worse than reported in Western media”, Independent Australia, 12 de agosto de 2025.

[3] Y. Neril, “Intro al judaísmo y el medio ambiente”, JewishEcoSemibars, octubre de 2009; citado en Josep Maria Panés, La locura del progreso. Un psicoanalista escribe sobre cambio climático, Xoroi eds. 2025, p. 253.

[4] José María Ripalda, “Adiós a Manuel Sacristán”, Viento Sur, 17 de septiembre de 2025; https://vientosur.info/adios-a-manuel-sacristan/

materiales en las primeras clases (deseeea y mheste) de ética ecológica aplicada, 5 y 6 de septiembre de 2025

MORALIDAD, ÉTICA NORMATIVA, ETC_compressed

SOBRE ÉTICA Y ANIMALES, parte 1

SOBRE ÉTICA Y ANIMALES, parte 2

Burgui & Chuvieco DILEMAS AMBIENTALES, 2017 -índice, 1

Burgui & Chuvieco DILEMAS AMBIENTALES, 2017 -cómo decidir, 2

Burgui & Chuvieco DILEMAS AMBIENTALES, 2017 -Garray, 3

ÉTICA ECOLÓGICA -UNA APROXIMACIÓN_compressed

sobre las humanidades ecológicas

tema 1.2 ÉTICA ECOLÓGICA APLICADA, septiembre 2025 (tema de MHESTE y DESEEEA, curso 2025-26)

Humanidades ecológicas

(Jorge Riechmann en la inauguración de la sexta edición de MHESTE y undécima de DESEEEA, Cantoblanco, 4 de septiembre de 2025)

 

La evidencia científica sobre fenómenos como el calentamiento global, el agotamiento de recursos (comenzando por los combustibles fósiles) y la degradación de la red de la vida (que incluye una acelerada pérdida de biodiversidad) revela que estamos chocando con la realidad impuesta por los límites biofísicos de la Tierra.

Pero, a pesar de ello, continuamos sin emprender el camino de la transformación social necesaria para evitar un cada vez más probable colapso civilizacional a escala planetaria. ¿Qué ocurre?

Vemos que esta crisis no es un problema meramente “técnico”: en su origen encontramos factores sociales, culturales y políticos que la convierten en una crisis que más bien deberíamos denominar sociecológica o ecosocial. Podemos decir, por otra parte, que más que de una crisis ecológica se trata de una crisis antropológica, ético-política, incluso ontológica. La degradación ecológica es un conjunto de síntomas; las causas estructurales hay que buscarlas en un nivel profundo, donde oteamos tanto el capitalismo (que es más que un sistema económico) como la cosmovisión occidental dominante.

Incluso cabe cuestionar el término crisis, con su apunte implícito hacia una vuelta a la “normalidad”. Se trata más bien de un fin de mundo.

¿Por qué humanidades ecológicas? Desde hace años se ha ido consolidando un espacio de reflexión colectiva (y un área académica) bajo el rótulo de Humanidades ambientales. Los pasos que se han dado por ese camino nos parecen valiosos, pero pensamos que hace falta ir un poco más allá. No puede servirnos como marco general el desarrollo sostenible, concretado en los ODS de NN.UU.; creemos hay que marcar distancias decididamente con el antropocentrismo y las propuestas de “capitalismo verde”; la sedicente transición “verde y digital” que ahora impulsan algunas instituciones en los países centrales de nuestro sistema-mundo nos parece equívoca y manudo contraproducente.

Por eso nos ha parecido conveniente acotar, dentro del área de las Humanidades ambientales o quizá más allá, un ámbito más específico de Humanidades ecológicas donde la práctica de la inter- y transdisciplinariedad se asiente sobre una base sólida de realismo termodinámico, geológico y ecológico (realismo que en la cultura dominante brilla por su ausencia).

Una perspectiva de simbiosis entre naturaleza y cultura, reintegrando los sistemas humanos en los sistemas naturales, ha de desbrozar senderos para un nuevo humanismo no antropocéntrico, sino más bien “gaiacéntrico” (concediendo a la teoría Gaia el papel central que le corresponde en una cultura amiga de la Tierra). Partiendo de la asunción de los límites biosféricos y los condicionamientos entrópicos, se trata de buscar los procesos y el lugar para una civilización en reequilibrio ecosistémico.

Somos bien conscientes de las enormes dificultades a las que hacemos frente, y nos tomamos en serio la situación de emergencia ecológico-social (no sólo emergencia climática) y las perspectivas de colapso civilizatorio. Pero no podemos tirar la toalla: aunque la posibilidad de un decrecimiento igualitario, consciente y rápido resulta remota (habida cuenta de las relaciones de fuerza y las inercias sistémicas hoy existentes), creemos que sólo esa vía permitiría esquivar lo peor del curso catastrófico de los acontecimientos que hoy se ven venir.

En este sentido, las Humanidades ecológicas aportan visiones interdisciplinares que, en el marco de un diálogo constante con las ciencias naturales y sociales (aquí la importante idea de una Tercera Cultura),[1] permitan pensar las diferentes dimensiones de la crisis —filosóficas, éticas, políticas, estéticas, económicas, sociales y culturales— con el fin de abordar los difíciles pero necesarios procesos de transición hacia formas de organización social de verdad sustentables: una humanidad justa integrada en una biosfera próspera.[2] Con la duda, también aquí, sobre si la palabra “transición” resulta adecuada: pues de lo que se trataría es de una metamorfosis revolucionaria.

En efecto, desde la teoría de sistemas se habla a veces de cómo a un sistema pueden afectarle dos clases de cambios: los cambios de tipo 1, que son modificaciones dentro del marco existente (cambio gradual e incremental), y los cambios de tipo 2 que alteran ese marco existente, la propia estructura del sistema y sus reglas de funcionamiento (cambio verdaderamente sistémico: una metamorfosis). “La transformación natural de una oruga en mariposa es un ejemplo [de cambio de tipo 2]: la mariposa no es una oruga mejorada a través de algún ajuste, se trata de otra cosa, con otra estructura. Si tratamos de ajustar o mejorar una oruga, nunca llegaremos a una mariposa. No se obtiene un cambio de tipo 2 acumulando gradualmente cambios de tipo 1.”[3]

No se trata de ningún radicalismo gratuito. Ojalá, hoy, bastaran los cambios de tipo 1; por desgracia, las sociedades industriales han continuado durante demasiado tiempo sus trayectorias de insostenibilidad y extralimitación. Hoy, sin cambio sistémico de tipo 2, estamos perdidos.

¿Por qué, entonces, humanidades ecológicas? Insistamos sobre algo que ya se apuntó: porque no afrontamos una crisis ecológica en el sentido de una crisis de la naturaleza o de los ecosistemas, sino (desde su misma raíz) una crisis ecológico-social. Por lo cual tendríamos ante nosotros una triple tarea:

  • Tarea política: evitar las variantes peores del colapso ecosocial, y en esa medida colapsar mejor.[4]
  • Tarea ética: conversión/ metanoia, reforma intelectual y moral, ética de la consideración (Corine Pelluchon) frente a las morales de la dominación.[5]
  • Tarea cultural: desarrollar una “Nueva Cultura de la Tierra”, una cultura o cosmovisión gaiana basada en las Humanidades ecológicas.[6]

En los Títulos Propios MHESTE y DESEEEA abordamos, en la medida de nuestras fuerzas, esta triple tarea.[7]

Y lo hacemos desde un marco epistemológico que, en síntesis, cabría caracterizar así (al menos, tal y como yo lo veo):

  • Interdisciplinariedad (con aspiración hacia la transdisciplinariedad)
  • Perspectiva sistémica y aspiración al pensamiento complejo
  • Marco valorativo explicitado (aspiramos a la objetividad, pero no a la neutralidad). Ética de la responsabilidad y superación del antropocentrismo
  • Ecosocialismos/ ecofeminismos/ ecologismo social/ pensamiento descolonial
  • “Volver a ser terrestres” desde nuestra corporalidad y pensamiento situado
  • Ilustración ecológica

Pensar no es un lujo en tiempos de crisis, señalan Itziar Ruiz-Giménez y Rebeca Giménez en un artículo sobre “Ecofeminismos ante el (des)orden global”. Ante un presente que interpela profundamente nuestras formas de vida, dicen las autoras, “cavilar y hacerlo de forma crítica se ha convertido en una necesidad vital e insoslayable. Think we must!, propugnó Virginia Woolf en 1938, cuando planteó que pensar era una actividad ética, profundamente política, situada y urgente, cuestionando las estructuras patriarcales y clasistas que, entonces, sostenían –y sostienen– hoy el belicismo”.[8]

Necesitamos pensar… pero también articularnos colectivamente y actuar en tiempos de crisis. ¡Buen comienzo de curso!

 

[1] Francisco Fernández Buey, Para la Tercera Cultura. Ensayos sobre Ciencias y Humanidades, El Viejo Topo, Barcelona 2013.

[2] Este nuestro marco de trabajo (del grupo de investigación GHECO y de la red RHECO, a las que pertenezco) está bien expuesto en el libro colectivo Humanidades ecológicas: hacia un humanismo biosférico (editado por Jose Albelda, Fernando Arribas y Carmen Madorrán), Tirant Humanidades, Valencia 2023.

[3] Laurent Lievens, “Quand chercher et enseigner nécessitent de muter et alerter”, en Geneviève Fabry y Charlotte Luyckx (eds.), Écobiographies en Anthropocéne. Trajectoires d’enseignement et de recherche, PUL (Presses Universitaires de Louvain), Louvain-la-Neuve 2024, p. 100.

[4] Jorge Riechmann, Fracasar mejor (segunda edición ampliada y actualizada), Kaótica, Madrid 2024.

[5] Corine Pelluchon, Ética de la consideración, Herder, Barcelona 2024.

[6] Charo Morán y Área de Educacion de Ecologistas en Acción: Nueva Cultura de la Tierra, Libros en Acción, Madrid 2024.

[7] https://ecoeducacion.webs.upv.es/

[8] Itziar Ruiz-Giménez y Rebeca Giménez: “Ecofeminismos ante el (des)orden global: herramientas para pensar y habitar un presente en disputa”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 170, verano de 2025, p. 37.

colaboro en este número 267 de ‘nuestra bandera’: crisis climática

https://mundoobrero.es/2025/08/15/vivir-dentro-de-los-limites-planetarios-otro-paradigma-es-posible/

CRISIS CLIMÁTICA- J.Riechmann en Nuestra Bandera 267, 2025

 

CRISIS CLIMÁTICA

 

Jorge Riechmann. Departamento de Filosofía de la UAM y Ecologistas en Acción- Sierras (Comunidad de Madrid)

 

1

Hay pocos asuntos más deprimentes que mirar de frente ese abismo llamado cambio climático antropogénico. Y, sin embargo, hemos de hacerlo: se trata de una cuestión de vida o muerte.

Sabemos de qué estamos hablando, ¿verdad? Las sociedades industriales (que son sociedades fosilistas) han desequilibrado el clima terrestre lanzando a la atmósfera grandes cantidades de GEI (Gases de Efecto Invernadero), principalmente dióxido de carbono y metano. Estas emisiones se deben a una gran cantidad de prácticas industriales, agropecuarias y domésticas, entre las cuales destacan la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y los “cambios de usos del suelo” (desforestación, extensión de superficies de cultivo, crecimiento de las ciudades y las infraestructuras, artificialización de los suelos…).[1]

2

Así, con la emisión masiva de dióxido de carbono y otros gases, las sociedades industriales vienen modificando la composición química de la atmósfera desde hace más de siglo y medio. Desde los años cincuenta del siglo XX nos hemos ido haciendo conscientes de los tremendos riesgos asociados con este fenómeno. Ya en 1957 los investigadores Roger Revelle y Hans Suess advertían que “en la actualidad los seres humanos están desarrollando un experimento geofísico a gran escala, de un tipo que no podía haberse producido en el pasado, ni podrá repetirse en el futuro. Estamos evaporando e incorporando al aire el petróleo, el carbón y el gas natural que se acumularon en la Tierra en los quinientos millones de años anteriores. Esto puede tener un profundo efecto sobre el clima.”[2]

Sucede que “casi todo lo que sabemos en la actualidad del calentamiento global ya lo sabíamos en 1979. Si había algo de bueno en aquel momento era que se comprendía mejor”[3] (porque las estrategias de desinformación que pusieron en marcha grandes grupos industriales, comenzando por las empresas petroleras, todavía no habían logrado confundir tanto a nuestras sociedades).

La respuesta básica de las sociedades industriales ante las perspectivas apocalípticas que se derivan de la crisis ecológico-social (uno de cuyos aspectos, sólo uno, es la emergencia climática) es un hacer como si.

3

Veamos. Nuestras sociedades, donde prevalece ampliamente una visión de túnel de carbono (donde las múltiples dimensiones de la crisis ecosocial se reducen a la “emergencia climática”), ¿al menos responden adecuadamente al calentamiento global? Ya que a la Sexta Extinción Masiva o a la toxificación de la biosfera todavía les prestan menos atención…

Tadzio Müller, cofundador del movimiento alemán por la justicia climática Ende Gelände, observa con amarga ironía que “la política climática mundial (…) es probablemente el único ámbito político que no afecta al clima”. Y comentan los coautores de un artículo importante sobre el papel del Estado en (y frente a) la crisis ecológico-social: “En su hipérbole, este comentario apunta hacia una verdad crucial: en los más de treinta años transcurridos desde la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático [en 1992], los Estados han fracasado rotundamente a la hora de detener el implacable ascenso de las emisiones mundiales de carbono”.[4]

Un estudio de 2024 pone números a este fracaso. Annika Stechemesser (del Instituto de Física de la Universidad de Potsdam) y otros investigadores han examinado 1.500 políticas climáticas adoptadas por los 41 países que más CO₂ emiten (juntos dan cuenta del 80% de las emisiones mundiales, que suman unos 38.000 millones de toneladas de ese gas) y, simplemente, han evaluado si han servido para algo desde 1998 hasta 2022. Impresiona constatar que el 96% de esas políticas importan entre poco y nada (sólo se han salvado 63 de las 1.500).[5]

¿Y España? Según los datos del Observatorio de Sostenibilidad que dirige Fernando Prieto, expuestos en rueda de prensa el 18 de diciembre de 2024, las emisiones de GEI aumentaron en España (que se supone está descarbonizándose) un 1% ese año último. “En comparación con el año pasado, en España se consumió mucho más petróleo, combustible fósil detrás del cual está una parte importante del impacto al medio ambiente. En concreto, el incremento interanual fue del 4’2%. Un repunte que de manera significativa se detectó en el transporte por carretera, donde el Observatorio cuantifica en un repunte del 1’6%. También el uso del avión, con el queroseno como combustible contaminante, aumentó…” Transporte y turismo son los sectores principalmente responsables del incremento (cuando las emisiones deberían estar descendiendo al menos el 7% anual).[6] Y todo esto ocurre cuando ha habido incrementos del 44% en la generación eléctrica hidráulica y el 19% en la fotovoltaica, señaló Prieto en la presentación de este informe Descarbonización 2024. Es cierto que las renovables aportaron el 56% de la generación eléctrica en 2024 (una cifra récord), pero el sector eléctrico sólo supone el 11% del conjunto de las emisiones de GEI.

Según el Plan Nacional de Energía y Clima (principal instrumento para desarrollar la Ley de Cambio Climático), en nuestro país deberían reducirse las emisiones un 23% para el año 2030 (con respecto al año de referencia de 1990). Ahora la reducción es sólo de un 3% con respecto a aquel año, por lo que deberían recortarse veinte puntos porcentuales cuando apenas queda un lustro para 2030…

Como resume amargamente con su visión planetaria James Hansen (a quien llamo a veces, en broma, el Climatólogo en Jefe del Planeta Tierra), “lo único que hemos hecho es reconocer que tenemos un problema. Lo reconocimos en 1992 (en la cumbre de Río) y lo volvimos a reconocer en París en 2015 (en la cumbre sobre el cambio climático). Lo que no hemos hecho es acordar cómo solucionarlo. Las promesas de París son papel mojado. Los gobiernos nos han estado estafando desde los años noventa”.[7]

4

A causa del cambio climático, “en amplias zonas del mundo, las condiciones ya se están volviendo demasiado extremas y no hay forma de adaptarse”, escribe la ensayista británica Gaia Vince, quien publica El siglo nómada (geoPlaneta, 2024). Pone como ejemplo los anómalos 30°C que se han llegado a registrar en algunas partes de Siberia. También menciona Bangladés, un país que, con un tercio de la población viviendo en una “costa baja y en continua erosión”, se está “volviendo inhabitable”. O naciones como Sudán, a las que se las está comiendo el desierto para volverlas “invisibles”. La escritora científica, que ha trabajado en Nature o Scientific American, recuerda, además, que “se ha duplicado la cantidad de días con temperaturas superiores a 50 grados con respecto a hace 30 años” en todo el planeta Tierra.[8] En el mundo, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el 3’6% de la población mundial, a día de hoy, vive fuera de las fronteras en las que nació: existen 281 millones de migrantes internacionales, con una proporción creciente entre ellos y ellas de migrantes climáticos.[9]

Según otro estudio (del centro CICERO para la Investigación Climática Internacional), casi tres cuartas partes de la población mundial pueden sufrir fuertes y rápidos cambios en las temperaturas extremas y las precipitaciones en los próximos veinte años, a menos que se reduzcan drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. La investigación (que publicó en 2024 Nature Geoscience) señala que grandes zonas de los trópicos y subtrópicos, que abarcan el 70% de la población actual, pueden “experimentar fuertes tasas conjuntas de cambio en las temperaturas y precipitaciones extremas combinadas durante los próximos veinte años, en un escenario de altas emisiones”, según la Universidad de Reading (EE.UU.), que cobija a algunas firmantes del artículo.[10]

Debido a los aumentos de temperatura, los cambios en los patrones de lluvia y las elevadas concentraciones de dióxido de carbono en la superficie terrestre, los rendimientos de cultivos básicos como el maíz pueden verse afectados ya desde el decenio de 2030.[11] La conjunción del caos climático con el cénit del petróleo y el gas natural (combustibles fósiles de los que el sistema agroindustrial que prevalece es pesadamente dependiente) hace prever un futuro de hambrunas dantesco.

En efecto: en 2022 y 2023 tuvimos escasez planetaria de aceite de oliva. En 2024, escasez de café y cacao. Se trata no sólo de la demanda en auge (crece la población humana, y dentro de ella los sectores de lo que cabría llamar “burguesía mundial”), sino de los efectos del calentamiento global, que golpea los cultivos con sequías prolongadas o lluvias torrenciales en mal momento. Cuando en vez de cultivos “de lujo” fracasen las cosechas de trigo o arroz, el resultado no será inflación, sino muerte masiva.[12]

5

En el otoño de 2024 se publicó “The 2024 state of the climate report”, un trabajo de síntesis donde algunos de los mejores científicos vivos gritan que “estamos al borde de un desastre climático irreversible”. Hablamos de investigadores como el mayor experto en corrientes oceánicas (Stefan Rahmstorf), el autor principal del trabajo sobre los límites planetarios (Johan Rockström), la autora de la mejor investigación sobre la financiación del negacionismo (Naomi Oreskes)…[13] “Se trata de una emergencia mundial fuera de toda duda. Gran parte del tejido mismo de la vida en la Tierra está en peligro. Estamos entrando en una nueva fase crítica e impredecible de la crisis climática. (…) A medida que aumentan las presiones y se incrementa el riesgo de que el sistema climático de la Tierra pase a un estado catastrófico, cada vez más científicos han empezado a investigar la posibilidad de un colapso de la sociedad. (…) Se han identificado al menos 28 bucles de retroalimentación amplificadores. Un bucle de retroalimentación especialmente preocupante es el del permafrost, en el que el aumento de las temperaturas provoca el deshielo. Este proceso libera más CO2 y metano, ergo, más calentamiento…”[14]

6

Un estudio de la Universitat Politécnica de Catalunya concluye que España podría pasar en poco tiempo de un clima mediterráneo a un clima estepario y semidesértico a causa del cambio climático.[15] Si continúa la tendencia de calentamiento experimentada los últimos años, en 2050 se producirá una reducción de las precipitaciones de entre un 14% y un 20% respecto a las actuales. Por este motivo, advierte Blanca Arellano (la autora principal), el calentamiento global provocaría un cambio en el clima español “muy acusado” de cara al 2050, pasando de un clima mediterráneo típico a uno más seco y cálido, estepario e incluso desértico.[16]

2050 está a la vuelta de la esquina.

El análisis de las olas de calor registradas en 2022 y 2023 en el Mediterráneo confirma que el cambio climático se está acelerando y que sus efectos más extremos, previstos para finales de siglo, se estarían adelantando ¡en casi 75 años! (según un estudio liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y publicado en Nature).[17]

A finales del siglo XXI, tres cuartas partes del territorio peninsular pueden ser puro desierto. ¿Dónde creen los biempensantes que irán a vivir?[18]

7

Antonio Guterres, Secretario General de NN.UU., declaraba el 6 de septiembre de 2023 (después de un verano terrible de megaincendios como en Canadá, megainundaciones como en Grecia, retroceso de los hielos en todas partes –Antártida incluida–, temperaturas disparadas en tierra, mar y aire): el colapso climático (climate breakdown) ha comenzado.

Y eso sólo con +1’3/ +1’5ºC (de incremento sobre las temperaturas preindustriales), cuando estamos avanzando hacia +3ºC y luego mucho más.

No es una mera crisis climática: es un final de mundo. Se trata de una ruptura histórica sin parangón con nada que haya conocido antes la especie humana, con la perspectiva de una Tierra inhabitable (para seres como nosotros). Y nuestra sociedad subestima enormemente la dimensión de la crisis ecosocial en curso.

8

Irene Lozano no es una cualquiera: escritora, periodista (en El Mundo, en ABC, en El País), política de “extremo centro” (diputada con UPyD, luego con el PSOE; a punto estuvo de serlo con Ciudadanos), cargo público (secretaria de Estado de la España Global, presidenta del Consejo Superior de Deportes, directora de Casa Árabe), amiga de Pedro Sánchez y co-escritora de su famoso Manual de resistencia… En una tribuna de prensa, Lozano escribe: “Vivimos bajo dos narrativas de la extinción: los de izquierdas, en la climática; los de derechas, en la teoría del reemplazo. Sea cual sea tu visión del mundo, hay un futuro peor que la muerte individual: la colectiva”. Y acto seguido viene la frase que resuena y golpea como un mazazo: “Da igual que sea verdad o mentira: son narrativas, y como tales configuran nuestro pensamiento”.[19]

Da igual que sea verdad o mentira: lo mismo vale la mejor ciencia disponible sobre clima que la peor conspiranoia del Gran Reemplazo, todo son narraciones. Que alguien como ella se instale en ese lugar nos hace verificar, otra vez, el grado en que como sociedad nos hemos convertido en materia corrupta. No en cualquier sociedad alguien tan instalado entre las elites del poder (mediático y político) puede aseverar que da igual que sea verdad o mentira, pero en la nuestra sí.

9

Recordemos: el presidente valenciano Carlos Mazón cerró, nada más llegar al poder en 2021, la Unidad Valenciana de Emergencias (UVE) y la Agencia Valenciana de Cambio Climático, organismos que su gobierno de coalición con Vox calificó como “chiringuitos” y “ocurrencias” del gabinete anterior.

Tras cancelar la UVE, Mazón concedió 17 millones de euros de subvención al sector taurino.

Luego vino la DANA del 29 de octubre de 2024, con sus cifras impresionantes de muerte y destrucción.[20]

El fascismo es el desprecio, sí, como sugería Albert Camus: el desprecio por la igualdad social. Pero es también el desprecio por la verdad.

10

Una manera interesante de abordar el negacionismo es la taxonomía tripartita que presenta Stanley Cohen en States of Denial: Knowing about Atrocities and Suffering (Wiley, 2001): negación literal, interpretativa e implicatoria. La resume así Andreas Malm junto con el colectivo Zetkin: “Si alguien afirma que algo malo no ocurre y no es verdad, su negacionismo es literal; si acepta que ocurre, pero le otorga un significado menor del que tiene –si replantea el evento, ofusca sus efectos, exculpa a los responsables, etc.–, se trata de una negación interpretativa. Pero la forma más insidiosa tal vez sea la tercera, la negación implicatoria. En esta modalidad, se aceptan los hechos y la gravedad del asunto, pero no se actúa. El problema no es el desconocimiento. El daño se admite completamente, pero la obligación de intervenir se suprime mediante alguna técnica cognitiva. Profundizando en las ideas de Cohen, Kari Marie Norgaard argumenta en su obra Living in Denial: Climate Change, Emotions and Everyday Life que el negacionismo implicatorio ha sido la respuesta general a la crisis climática en los países capitalistas avanzados”.[21]

11

“El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPPC) definió un escenario que daba un 50% de posibilidades de mantener el calentamiento por debajo de 2ºC; ese escenario es ahora imposible”, afirma James Hansen (quien en febrero de 2025 publicó con su equipo un nuevo trabajo sobre la aceleración en curso del calentamiento global). “El objetivo de 2ºC está muerto, porque el uso mundial de energía está aumentando, y seguirá aumentando”.[22] Según el nuevo análisis, es probable que el calentamiento global alcance los +2ºC ya en 2045.[23]

Lo que jamás debería ocurrir se encuentra cada vez más cerca de nosotros: recurrir la geoingeniería para tratar de frenar el calentamiento global. Se utilizarían aerosoles atmosféricos especialmente diseñados, con métodos como lanzar partículas reflectantes a la atmósfera —a la estratosfera, situada aproximadamente a entre 10 y 50 kilómetros de altura— con el fin de disminuir la incidencia de la luz solar sobre la superficie terrestre. “Sin embargo, existen serios problemas para decidirse a emplear esta u otras técnicas, y los científicos son muy conscientes de ello, como se vio en la reunión de la Sociedad Geofísica Americana celebrada en Washington D.C. el pasado diciembre, en donde se discutió el asunto. ¿Cuántas partículas habría que inyectar en la estratosfera para conseguir una determinada reducción de temperatura? ¿Cuántas y dónde diseminarlas? Y ¿qué efectos puede tener en la dinámica del clima, en la biodiversidad o en la salud humana, el “contaminar” —pues eso es lo que es— la atmósfera con productos ajenos a ella? Menos aún se conocen las consecuencias de otras posibles tácticas para reflejar la radiación del Sol, como lanzar a la atmósfera aerosoles procedentes de la sal marina…”[24]

12

La geopolítica militarista aleja cualquier perspectiva seria de descarbonización.

13

Sólo en un año, 2019, se extrajeron más materiales de la corteza terrestre que la suma de todo lo extraído desde el arranque de la historia humana hasta 1950 (es lo que tienen los crecimientos exponenciales en la Gran Aceleración). Y eso, cabría preguntar, ¿es mucho o poco? Depende, todo depende, cantaba Jarabe de Palo… Si nos consideramos la última o penúltima generación que ha de vivir en la Tierra, no nos parecerá mucho.

14

En la mini-cumbre climática de Nueva York, el 20 de septiembre de 2023, decía Antonio Guterres, secretario general de NN.UU.: “La humanidad ha abierto las puertas del infierno”.[25] (Bueno, más bien las naciones industriales y sobre todo sus clases dominantes que la humanidad… pero eso ya no puedo desarrollarlo en este artículo.)

Los plutócratas y tecno-oligarcas nos conducen, sin dudarlo ni un instante, al infierno (climático y ecosocial). Les basta con que ellos tengan reservadas unas cuantas suites de lujo en el infierno, y puedan durante algún tiempo seguir dando algunas órdenes a los diablos atormentadores…

Otra vez Guterres: “El colapso climático ha comenzado. Todavía podemos evitar lo peor del caos climático. No tenemos un momento que perder.”[26]

15

Hace unos meses Ariadna Martínez, periodista de eldiario.es, me pidió opinión cuando ella estaba escribiendo un artículo con este enfoque: cómo afrontar el miedo que sentimos ante un clima que está cambiando (en base a la catástrofe que ha ocurrido con la DANA en Valencia). Le envié estas notas sobre el qué hacer:

1) Abrir los ojos (cuidando de esquivar la depresión, para lo cual, enseguida iré a ello, lo esencial es poder elaborar lo traumático en comunidad). Comprender la situación histórica absolutamente excepcional en que nos encontramos (para lo cual hace falta estudiar un poco).

2) Asumir la realidad: climática, energética, alimentaria… Perspectivas de colapso ecosocial: ecocidio más genocidio. Tenemos duelos por elaborar: la destrucción presente, los buenos futuros que hubieran sido posibles y ya no están a nuestro alcance…

3) No quedarnos solos: el peso de esa realidad que tratamos de asumir es insoportable para individuos aislados. Hemos de acompañarnos y elaborar en grupo: ayuda mutua. ¿Qué grupos hospitalarios tengo cerca? (En mi caso, por ejemplo, estoy en Ecologistas en Acción y en Anticapitalistas.) Si no hay ninguno ¿puedo fundar un grupo con gente cercana? (Junto con otros compañeros y compañeras, fundamos Ecologistas en Acción Sierras -Comunidad de Madrid en 2019.) Recordemos la auto-organización desde abajo y desde lo cercano en 2020, con la pandemia de coronavirus…

4) No podemos limitarnos a funcionar como grupos de autoayuda (aunque ya eso sea importante). La idea básica es ayuda mutua desde abajo y desde lo cercano: barrios, pueblos… Para resistir, pero también para (desde ese ámbito, y en la medida de nuestras fuerzas) transformar. Una herramienta posible: informe sobre Transición Ecosocial Justa del Foro Transiciones (y su Guía metódica).[27]

5) Desarrollar otras formas de hacer las cosas: vivir, en lo posible, de otra manera. Pre-figurar las formas de vida buena, aunque sea en los intersticios. Acción intersticial. Economía social y solidaria, cooperativas, etc.

6) Si en esta tarea de construcción desde abajo se puede obtener algo de ayuda y recursos desde lo institucional (un ayuntamiento, por ejemplo), estupendo. Pero se trata de construir autonomía colectiva sin hacernos dependientes de las instituciones de representación política, que han fallado y fallarán más veces. El Estado capitalista no es una herramienta neutral que podamos reconvertir para fines revolucionarios.

7) Construcción institucional desde abajo que aspira a ganar hegemonía: asambleas ciudadanas (también conocidas bajo otros nombres: mini-populus de Dahl, Núcleos de Intervención Participativa, etc.). Las tradiciones consejistas del movimiento obrero.

8) Nos han transformado en sujetos neoliberales (“materia corrupta”, diría el Maquiavelo de los Discorsi) y no es fácil ver cómo podría surgir lo que más necesitamos: un sujeto ecosocial revolucionario en tiempo y forma. Pero la vía, si hubiera una, está en esa articulación desde abajo: construir vínculo social en el barrio, el centro de trabajo, la asociación de vecinos… Las formas antiguas y también las nuevas, que vamos inventando sobre la marcha (PAH, sindicatos de inquilinas, nuevos colectivos feministas, etc.).

9) Lo prepolítico y lo político no bastan: cultivar nuestra humanidad terrestre y común (ecoespiritualidades). La importancia del cambio cultural profundo (cosmovisiones).[28]

10) Aguardamos, y tratamos de construir, coyunturas revolucionarias.

 

 

[1] Expliqué esto con cierto detalle en Jorge Riechmann, “El cambio climático”, capítulo 12 de Joaquim Sempere y Jorge Riechmann, Sociología y medio ambiente, Síntesis, Madrid 2000.

[2] Roger Revelle y Hans Suess, “Carbon dioxide exchange between atmosphere and ocean, and the question of an increase of atmospheric CO2 during the past decades”, Tellus 9, 1957, p. 18-27.

[3] Nathaniel Rich, Perdiendo la Tierra. La década en que podíamos haber detenido el cambio climático, Capitán Swing, Madrid 2020, p. 13. En 1979 se celebró en Ginebra la I Conferencia Mundial sobre el Clima, que puso en marcha el Programa Mundial del Clima. Científicos de cincuenta países acordaron de forma unánime que “es urgentemente necesario actuar”.

[4] Ilias Alami, Jack Copley y Alexis Moraitis: “The ‘wicked trinity’ of late capitalism: Governing in an era of stagnation, surplus humanity, and environmental breakdown”, Geoforum, 153, artículo 103691, 2023. https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2023.103691 . Hay traducción al español: https://contracultura.cc/2023/08/10/la-perversa-trinidad-del-capitalismo-tardio-gobernar-una-era-de-estancamiento-humanidad-sobrante-y-colapso-ambiental/

[5] Da cuenta de ello Javier Sampedro (quien, por cierto, apenas parece entender nada de la crisis ecológico-social) en su artículo “El Homo quejumbrensis”, El País, 24 de agosto de 2024; https://elpais.com/opinion/2024-08-24/el-homo-quejumbrensis.html . Véase Chris Stokel-Walker, “Most climate policies do little to prevent climate change”, New Scientist, 22 de agosto de 2024.

[6] Mikel “Más petróleo, más coches, más aviones: España ya ha emitido más gases de efecto invernadero que en 2023”, El Independiente, 18 de diciembre de 2024; https://www.elindependiente.com/economia/2024/12/18/mas-petroleo-mas-coches-mas-aviones-espana-ya-ha-emitido-mas-gases-de-efecto-invernadero-que-en-2023/ . Véase también Antonio Cerrillo, “Las emisiones de CO2 crecen el 1% y alejan a España de su meta climática”, La Vanguardia, 19 de diciembre de 2024.

[7] Entrevista a James Hansen, 23 de junio de 2018; https://www.eldiario.es/theguardian/cientifico-NASA-supuestos-esfuerzos-climatico_0_784622438.html

[8] Raquel Nogueira “La ‘nueva gran migración’ ya ha comenzado: ¿cómo reconfigurarán el mundo los refugiados climáticos?”, El Español, 26 de agosto de 2024; https://www.elespanol.com/enclave-ods/historias/20240826/nueva-gran-migracion-comenzado-reconfiguraran-mundo-refugiados-climaticos/879912192_0.html

[9] Eso sin contar, como explicaban en el último informe sobre Tendencias globales de desplazamiento forzado de ACNUR, con las cifras oficiales de personas refugiadas y desplazadas a nivel mundial, que no dejan de crecer. Se trata de aquellas que no migran, sino que solicitan asilo en el exterior o huyen de la violencia o las inclemencias climáticas dentro de las fronteras de su propio país.

[10] Redacción EFE Verde, “Sin las medidas adecuadas hasta un 70 % de la población mundial podría sufrir clima extremo en 2050”, 10 de septiembre de 2024; https://efeverde.com/sin-medidas-adecuadas-poblacion-mundial-clima-extremo-2050/

Si las emisiones se reducen lo bastante como para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, la población que podría tener que enfrentarse a riesgos climáticos extremos bajaría al 20%.

[11] Ellen Gray, “Global climate change impact on crops expected within 10 years, NASA study finds”, 2 de noviembre de 2021; https://climate.nasa.gov/news/3124/global-climate-change-impact-on-crops-expected-within-10-years-nasa-study-finds/

[12] En 2024, la producción de maíz en Rumanía (el principal productor europeo, junto con Francia) cayó un 30% respecto de 2023. La fuerte sequía, junto con altísimas temperaturas (40ºC durante la polinización en julio), ha llevado la producción a mínimos históricos tanto en cantidad como en calidad. Véase Raúl Sánchez Costa, “El maíz rumano hace un roto a la Unión Europea”, El País/ Negocios, 17 de noviembre de 2024.

[13] Me valgo en este resumen de un hilo de tuits de Juan Bordera: https://x.com/JuanBordera/status/1843705577123524637

[14] William J. Ripple y otros: “The 2024 state of the climate report: Perilous times on planet Earth”, BioScience, 8 de octubre de 2024; https://doi.org/10.1093/biosci/biae087

[15] El trabajo “Spain: towards a drier and warmer climate?” se presentó el jueves 5 de septiembre de 2024 en el Congreso Internacional de Meteorología de la European Meteorologial Society (EMS) en Barcelona; analiza la evolución de las temperaturas y las precipitaciones del 1971 al 2022 en toda España y hace una proyección del clima peninsular-balear hasta el 2050.

[16] El estudio puede consultarse en https://www.upc.edu/ca/sala-de-premsa/pdfs/arellano_roca_zheng_towards_drier_warmer_climate_spain.pdf . Véase también https://www.ecoavant.com/medio-ambiente/clima-en-espana-sera-estepario-en-2050-a-causa-del-cambio-climatico_13976_102.html

[17] Ana Tuñas Matilla, “El calentamiento se acelera, los efectos extremos se adelantan unos 75 años”, Efe Verde, 24 de septiembre de 2024; https://efeverde.com/el-calentamiento-se-acelera-y-los-efectos-extremos-se-adelanta-unos-75-anos/

[18] Joel Guiot y Wolfgang Cramer (2016): “Climate change: The 2015 Paris agreement thresholds and mediterranean basin ecosystems”. Science, 354, 465-468. https://doi.org/10.1126/science.aah5015 . https://science.sciencemag.org/content/354/6311/465

Ramin Skibba: “Climate change could flip Mediterranean lands to desert. Warming beyond 2 ºC could send the region’s forests moving north, and cause extensive drying”. Nature, 27 de octubre de 2016; https://www.nature.com/news/climate-change-could-flip-mediterranean-lands-to-desert-1.20894

[19] Irene Lozano, “Ahora que todo el año es septiembre”, El País, 7 de septiembre de 2024; https://elpais.com/opinion/2024-09-07/ahora-que-todo-el-ano-es-septiembre.html

[20] El 21 de marzo de 2025 Francisco José Gan Pampols, vicepresidente segundo del Consell (Generalitat valenciana), presentó el Informe de Diagnóstico del Plan de Recuperación Económica y Social de la Comunitat Valenciana (sin mencionar el cambio climático, como sí lo había hecho en otras ocasiones antes del pacto de Mazón con Vox que se había sustanciado la semana anterior). Los números que evalúan los daños son una prueba inequívoca de la magnitud de la tragedia: 225 muertos (a los que hay que sumar tres desaparecidos), 306.000 personas afectadas, 141.000 vehículos siniestrados, unos 10.000 ascensores (el 60% aún sin reparar), 800 kilómetros de carreteras, 350 kilómetros de cauces, 16.000 toneladas de cañas, 275.000 trabajadores, 64.104 empresas… En total, Gan Pampols ha estimado en 17.800 millones de euros el impacto económico de la DANA, un cálculo similar al proporcionado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), de 17.000 millones. Ferran Bono, “La dana golpeó más a los vulnerables: la mitad de los 306.000 afectados son mayores y migrantes”, El País, 22 de marzo de 2025; https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2025-03-21/la-dana-golpeo-mas-a-los-vulnerables-la-mitad-de-las-306000-afectados-son-mayores-y-migrantes.html

El estudio de atribución del proyecto europeo ClimaMeter, en el que han participado dos investigadoras españolas, señala que la variabilidad climática natural no puede explicar por sí sola la cantidad de precipitación registrada con esta terrible DANA. Sus autores inciden en la importancia de una gestión eficaz de las alertas tempranas ante este tipo de eventos extremos. Eduardo Robaina, “Un segundo estudio reafirma el papel del cambio climático en esta DANA”, Climática, 4 de noviembre de 2024; https://climatica.coop/estudio-atribucion-dana-climameter-cambio-climatico/

Véase también José Albelda, Lorena Rodríguez Mattalía y Jorge Riechmann: “¿Aprender de las catástrofes? Reflexiones tras la dana en Valencia”, ecologista 122, diciembre de 2024.

[21] Andreas Malm y colectivo Zetkin, Piel blanca, combustible negro, Capitán Swing, Madrid 2024, p. 571-572.

[22] Damian Carrington, “Climate change target of 2C is ‘dead’, says renowned climate scientist”, The Guardian, 4 de febrero de 2025; https://www.theguardian.com/environment/2025/feb/04/climate-change-target-of-2c-is-dead-says-renowned-climate-scientist

[23] James E. Hansen y otros, “Global warming has accelerated: Are the United Nations and the public well-informed?”, Environment 67/1, enero de 2025; https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/00139157.2025.2434494

[24] José Manuel Sánchez Ron, “¿Será la ciencia la que frene el cambio climático?”, El Cultural, 31 de enero de 2025.

[25] El País, 21 de septiembre de 2023; https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2023-09-20/antonio-guterres-secretario-general-de-la-onu-la-humanidad-ha-abierto-las-puertas-del-infierno.html

[26] https://twitter.com/antonioguterres/status/1699408389934084169

[27] https://forotransiciones.org/2024/10/16/informe-transicion-ecosocial-justa-del-desanimo-a-la-esperanza-activa/

[28] Sobre esto he discurrido en mi libro Ecoespiritualidad para laicos, El Desvelo eds., Santander 2024 (2ª edición actualizada en 2025).

 

hibakusha e hibaku-jumoku (ochenta años después del bombardeo nuclear)

“Es terrorífico: no hemos aprendido nada en ochenta años”, resume amargamente Masako Kido (hibakusha, es decir, superviviente del bombardeo nuclear contra Japón en agosto de 1945), refiriéndose tanto a las armas atómicas como a la geopolítica militarista actual.[1] Pero tampoco hemos aprendido nada sobre la destrucción de ecosistemas y seres vivos, sobre la toxificación generalizada de la biosfera, sobre la tragedia climática…

Recuerdo cómo hace un año, en el Sendero del Acebrón (Doñana), Juan Miguel Romero explicaba que en agosto de 1945 estallaron dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, matando a 166.000 personas. Numerosos árboles se hallaban a apenas ochocientos metros del lugar de las detonaciones: a los pocos días ya estaban brotando de nuevo, como supervivientes de la catástrofe. Los japoneses veneran a esos árboles, a los que llaman hibaku-jumoku (“árboles bombardeados”). Juan Miguel prosiguió:

“Si continúa el ritmo de deforestación y devastación de las especies vegetales de nuestro planeta, dentro de poco todos los árboles serán hibaku-jumoku, supervivientes a este bombardeo mortal donde el capitalismo nos tiene insertos. Tal vez nosotros deberíamos también identificar a los árboles que sobrevivieron al desastre de Aznalcóllar o al incendio de Mazagón y venerarlos también como hibaku-jumoku.[2]

 

[1] Inma Bonet, “No hemos aprendido nada en ochenta años”, El País, 6 de agosto de 2025.

[2] Comunicación personal, 9 de septiembre de 2024.