Si es cierto –como lo es– que vivimos en un mundo monstruosamente deformado, y que la destructividad y la injusticia sólo pueden mantenerse porque una mayoría elige ignorar sobre qué cimientos se levantan sus formas de vida, ¿no deberíamos considerar que el gesto de apartar la mirada o cerrar los ojos constituye una de las fuentes primarias y más graves de inmoralidad? Añadida a la inmoralidad de orden superior,[1] la inmoralidad de consentir en la inmoralidad de orden superior.
¿Puede ayudarnos la poesía? “Ciertos poemas ven lo que no vemos, lo que hemos renunciado a ver, y nos lo cuentan. Pero si no aprendemos ni tan siquiera un poco de su idioma, mala cosa”.[2]
[1] Más allá de los problemas morales dentro del sistema, ¿no planteará un megaproblema moral el sistema como tal? Los cristianos hablan de pecado estructural; el sociólogo estadounidense C. Wright Mills de una inmoralidad de orden superior… Véase también la noción de violencia estructural que encontramos en los estudios para la paz (Johan Galtung y otros/as).
[2] Jordi Doce, La insistencia, Pre-Textos, Valencia 2025, p. 16.