En este mes de noviembre Chat GPT cumple tres años (nunca lo he usado y espero seguir sin hacerlo, al igual que las otras IA generativas de su familia). Se empieza a constatar que estos generadores de texto aplanan a todos los niveles nuestra forma de expresarnos. “Lo que prometía ser una ayuda se está convirtiendo en una muleta que ataja nuestra creatividad y, lo que es peor, mina nuestra confianza en nosotros mismos y los demás: ya no nos creemos esos mensajes [robotizados], esa verborrea sintética que borra la vulnerabilidad, el humor y aquello que nos hace humanos”.[1] Se verifica que cuando las máquinas imitan las capacidades humanas básicas, los seres humanos se dejan caer a lo maquínico de sí mismos.
[1] Karelia Vázquez, “Ya empezamos a hablar como robots”, El País/ Ideas, 19 de octubre de 2025; https://elpais.com/ideas/2025-10-19/ya-empezamos-a-hablar-como-robots.html . La periodista comenta también que “el que quizás ya sea el estudio del MIT más citado este año, ‘Your Brain on ChatGPT’ (tu cerebro con ChatGPT), constata que somos un poco más vagos que hace tres años. También más crédulos, mediocres y, paradójicamente, desconfiados. Usamos la IA para casi todo, al tiempo que sospechamos y no queremos pagar por algo que nos huela a sintético, generado por los mismos sistemas que veneramos.
En los congresos científicos donde el inglés es la lengua franca hay una letra escarlata: el verbo to delve (en español diríamos ahondar o profundizar). ‘Es la palabra estandarte que delata a quien se ha pasado con ChatGPT’, confirma Ezequiel López, investigador del Instituto Max Planck. López es coautor de una investigación que, tras analizar 280.000 vídeos de canales académicos de YouTube, demostró que 18 meses después de la salida al mundo de ChatGPT, el uso de delve había aumentado un 51% en charlas y conferencias, y también en 10.000 artículos científicos editados por modelos de inteligencia artificial. Delve, un verbo que apenas se empleaba en la era pre-ChatGPT, se ha convertido en un neón que marca a quien repite todo lo que vomita la IA generativa de Sam Altman. (…) Los expertos en lingüística computacional de la Universidad Estatal de Florida Tom S. Juzek y Zina B. Ward creen que el uso exagerado de algunas palabras en ChatGPT se debe a ‘pequeños sesgos y errores en el proceso de retroalimentación humana que se van acumulando con el tiempo’. Lo que viene a continuación es un espóiler para los que creen que estos modelos ‘van sofisticadamente solos’: ‘Los empleados de las empresas de IA que revisan los LLM (grandes modelos de lenguaje, por sus siglas en inglés) son trabajadores mal pagados de Nigeria y Kenia, donde el verbo to delve se usa con más frecuencia que en Estados Unidos y el Reino Unido’, escriben en un estudio publicado en agosto. Ha pasado lo mismo con palabras como intricate [intrincado], commendable [encomiable] y meticulous [meticuloso].”