con los tuertos, los mochos y los cojos, dice la esposa de rubén reinoso

El orden sociopolítico más democrático de los que yo conozco –y está lejísimos de ser perfecto, más bien el país es un verdadero desastre en diversas dimensiones— es la República Bolivariana de Venezuela. Y sin embargo, sus adversarios “escuálidos” –en una sociedad muy polarizada cuya mayoría trata de avanzar hacia el socialismo— la tachan de dictadura chavista.

Si a un presidencialismo fuerte –pero sometido a múltiples controles— lo denigramos como “populismo”, entonces también tendríamos que criticar así a los Estados Unidos de América. Ah, pero es que en este último caso el presidencialismo fuerte está al servicio de los muy minoritarios intereses capitalistas, y en el primero está por el contrario conectado con los intereses de las mayorías populares. Vale, ya entiendo el sentido normativo en que usa usted el término “populismo”.

Democracia y derechos humanos, claro que sí –pero no cualquier clase de democracia y derechos humanos. A mí no me sirven, por ejemplo, los que dicen defender la CIA –o el Partido Popular español. Querré democracia, pero democracia participativa; y querré derechos humanos, pero incluyendo esos derechos sociales y económicos que hacen posible una vida humana digna.

Miremos la realidad de frente. Hoy, en la mayor parte del mundo (y desde luego en España), el poder soberano, extraterritorial y cada vez más desligado del estado-nación, radica en esa ínfima minoría de seres humanos vinculados al capital financiero.

Si alguien es hoy demócrata –en España y en la UE por ejemplo–, tiene que alzarse contra el orden político-económico existente.

Si alguien cree hoy en el estado social y democrático de derecho, ha de ser revolucionario.