detestable raza de alimañas

Y ¿cómo podemos pensar un humanismo trágico, a la manera de Albert Camus y Franz Kafka? Terry Eagleton nos propone la caracterización siguiente: frente al irresponsable y sesgado optimismo del racionalismo liberal, que sitúa todo lo malo del lado del mito y la superstición y supone que, si logramos despojarnos de ese venenoso legado, podremos ser libres, “el humanista trágico comparte con el liberal el ideal del libre florecimiento de la humanidad, pero mantiene que esto sólo es posible si se afronta lo peor. La única afirmación de la humanidad que al final vale la pena es aquella que, como hiciera el desilusionado Milton de la pos-Restauración inglesa, se pregunta seriamente antes que nada si esa humanidad es verdaderamente digna de ser salvada y si es capaz de ver lo que pasa por la mente del rey de Brobdingnag de Jonathan Swift cuando califica a la especie humana de detestable raza de alimañas. El humanismo trágico, en cualquiera de sus versiones (socialista, cristiana o psicoanalítica) sostiene que sólo mediante un proceso de autorrenuncia y de reconstrucción radical podrá la humanidad realizar su verdadero potencial.”[1]

Yo resumiría así esta importante visión de la condición humana: humanismo a pesar de. Y la situaría cerca del imperecedero comentario de la vieja señora andaluza: qué lástima de todo el mundo (incluyendo a quien pronuncia esa oración, claro está).



[1] Terry Eagleton, Razón, fe y revolución, Paidos, Barcelona 2012, p. 202.