devolver al ebro su espacio natural

«La fuerza incontrolable del Ebro ha puesto de manifiesto, una vez más, el problema de nuestra relación con los ríos. En el año 2003, una crecida similar a la que vivimos estos días sirvió para abrir el debate y elaborar un Plan medioambiental del Ebro. Pero ese Plan se quedó en un cajón, doce años después vuelve la avenida y no hemos aprendido nada. Se ha desatado la locura política y escuchamos como entonces que el río está sucio, que los pueblos se inundan por la ‘sobreprotección’ ambiental, y la falta que hace un dragado y más embalses. Se dice, incluso, que el río «es caprichoso» y que se comporta de forma extraña… (…) En 1985 la Ley de Aguas ya preveía la necesidad de deslindar el dominio público hidráulico, ese espacio que se inunda de forma habitual, y de regular los usos en una zona de 100 metros a cada lado. Pero esto no se ha hecho. En cambio, se ha intentado modificar artificialmente el ancho y la forma de los ríos mediante embalses, diques o encauzamientos, creando una falsa sensación de seguridad y de control, como si las crecidas naturales fueran un fenómeno extraordinario que se puede dominar. Esto ha fomentado la ocupación de los márgenes de los ríos y las zonas inundables por usos agrícolas y urbanos. El resultado lo vemos esta semana, con los miles de afectados y los daños cada vez mayores por inundación, que lógicamente tendrán que ser compensados.»