Hacia el año 2000 EEUU, con sólo un 5% de la población mundial, acaparaba el 25% de la energía comercial del mundo y emitía el 22% del CO2. Durante algunos decenios del siglo XX este único país, con su capitalismo desaforadamente extractivista que se ofrecía al resto del mundo como modelo, consumía alrededor del 30-40% de los recursos naturales globales. ¿Había alguna manera de mantener esta desigualdad aberrante sin convertirse en una sociedad fascista, militarmente agresora de muchos otros países? Que la respuesta es “no” terminamos de verificarlo ahora, con la segunda presidencia de Donald Trump. Estamos en el esperpento cuasinazi de Daddy Ubú y su Corte de los Milagros. Amigos, amigas, no habléis de ecofascismo: lo que tenemos es fachesperpento. Lo que tenemos es el Gran Guiñol del Apocalipsis.