el humor, la piedad

Pues ocurre a menudo, como propuso Albert Einstein, que “la existencia personal tiene sentido mediante la convicción del valor objetivo de la lucha y la acción personales”. Esta forma de dar sentido consiste en encontrar un propósito a nuestra interminable, sisífica brega: ya sea mediante elevados valores pensados como objetivos, a lo Einstein, o de otras formas más pedestres. Para la inmensa mayoría de los seres humanos, una vida sin esa clase de propósito es una verdadera pesadilla. Viktor Frankl, a partir de la experiencia atroz de los campos de exterminio, actualizó a Friedrich Nietzsche: “Aquel que tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.[1]

 

Ahora bien, Einstein completó el aforismo antes citado –que regaló a Johanna Fantova el 9 de octubre de 1948– de la siguiente forma: “Pero si esta convicción [acerca del valor objetivo de la lucha y la acción personales] no se atenúa mediante el humor, uno se vuelve insufrible”.[2] Además del humor, uno traería a colación la virtud de la piedad. Para evitar que la adhesión demasiado rígida a los elevados valores objetivos nos vuelva no solamente insufribles, sino incluso peligrosos para los demás.



[1] Cita a ambos Peter Singer en Ética para vivir mejor (Ariel, Barcelona 1995, p. 250), y pondera a continuación “la necesidad de comprometerse con una causa más importante que la propia personalidad individual, si hemos de encontrar una genuina autoestima y desarrollar todas nuestras capacidades” (p. 251).

[2]Albert Einstein: el libro definitivo de citas, Plataforma Editorial, Barcelona 2014, p. 243.