el milagro

Dicen que un proverbio chino dice: el milagro no estriba en volar por el aire o en andar sobre las aguas, sino en caminar por la tierra.

 

Estar vivo es un milagro. Poder caminar, nadar, follar, paladear un vino y unas aceitunas, aprender, beber agua, disfrutar de la compañía de los amigos, hacer música, razonar, leer… Epicuro y Brecht nos recuerdan que estar vivo es un milagro.

 

Nos lo podemos preguntar también con Félix Grande: “¿Y si consiguiéramos asumir realmente que somos mortales, y en consecuencia nos diésemos cuenta de que, puesto que somos mortales, cada minuto de nuestra vida es sagrado, y cada alegría de nuestra vida es absoluta? ¿Y si, a través de la aceptación, no ya sólo del sufrimiento sino de la finitud, consiguiésemos de pronto descubrir que posiblemente es así, que cada taza de café que tomamos compartida es un milagro?”[1]

 

Frente al insidioso “susurro de las oportunidades perdidas” (Malcolm Lowry), la atención a lo que está ahí.



[1] “El valor de la memoria y las palabras minúsculas –Conversación con Félix Grande”, en El valor de la palabra  6 (revista anual de pensamiento), Fundación Fernando Buesa, Vitoria 2008, p. 290