en Orán la basura es azul

Para lxs amigoxs de Basurama

Algunos pensaban que la televisión basura y la comida basura estaban aisladas de la sanidad basura y el empleo basura. Es un error: todo eso forma parte de la misma oferta.

Ya he contado algo que sucedió hace unos días. Entré en la tienda del electricista, muy cerca de casa, para contratar una pequeña reparación. Entró luego un señor con mono azul de trabajo y pidió bombillas incandescentes de 40 W con ciertas especificaciones. Y sentenció entonces: “Cuatro o cinco… Cada vez se funden antes. Pero hacen bien, así trabajamos todos.”

¿Se puede sintetizar mejor la demente lógica economicista que nos destroza? Obsolescencia planificada para que la rueda del consumo tire de los engranajes de la producción, y el crecimiento de ésta pueda seguir compensando –a trancas y barrancas— los aumentos de productividad del trabajo, bajo el supuesto –insensato— de que este maltrecho planeta podrá seguir soportando el crecimiento económico… ¡Bombillas de usar y tirar… como si pudiéramos vivir en una biosfera de usar y tirar!

Este sistema convierte la vida en basura. No nos queda más remedio que tratar de convertir la basura en vida, pero sin engañarnos en cuanto a la naturaleza de lo que hacemos: sólo tiene sentido como operación antisistema.

En una sociedad decente no hay basura. A eso lo llamamos, en uno de sus aspectos, cerrar los ciclos de materiales; en otro, protección social y solidaridad intergeneracional; en un tercero, respetar la vida. Se podría resumir en un solo verbo: cuidar.