enchufados a la Megamáquina, desconectados de la Naturaleza. una conversación entre paul kingsnorth, douglas y kris tompkins

«Frente al embate del hombre, Doug entendía la protección de los seres vivos no humanos como el trabajo crucial de nuestro tiempo. Veía –acertadamente, en mi opinión– que la labor de buena parte de los movimientos ecologistas y conservacionistas estaba seriamente comprometida, tanto por la necesidad que estos tenían de mantener su popularidad como por su cada vez mayor interés en las preocupaciones sociales y políticas del hombre. Para el movimiento ecologista dominante, proteger la naturaleza no humana de la rapiña del hombre a menudo parece tan importante como la «justicia social», a pesar de que, frecuentemente, una cosa está en contradicción con la otra («no hay justicia social en un planeta muerto» era uno de los aforismos favoritos de Doug). La denegación en la que está instalada nuestra sociedad, que atraviesa todos los sectores del espectro político –la negativa a aceptar la realidad y las implicaciones que conllevan el cambio climático, el aumento de la población mundial o la imposibilidad del crecimiento ilimitado– podemos encontrarla en todas partes, incluido el movimiento ecologista, y en la mayoría de nuestras vidas la mayor parte del tiempo. La visión del mundo de Doug, por el contrario, era tan a largo plazo que resultaba incomprensible para muchas personas. Era un pensador de otra época, cuya meta era preservar lugares y especies en su estado natural para que lograran pasar a través del cuello de botella de la «gran aceleración», a medida que la economía humana consume todo lo que nos rodea en su lucha desesperada por seguir creciendo. Su trabajo no estaba pensado para obtener resultados hoy, mañana o el año que viene; ni siquiera estaba diseñado especialmente en provecho de los seres humanos. Era un gran proyecto con un único objetivo: salvar de la destrucción tanta naturaleza como fuera posible.»

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Divorciados de la naturaleza, casados con la tecnología