espero que no lo aceptes

Allí donde la mayoría es indiferente, basta con que muy pocos sean malignos para que la resultante general derive en el desastre. “Odio a los indiferentes”, escribía Antonio Gramsci en un apasionado y lúcido texto de 1917…[1]

Aunque tú estés convencido de que sólo puedes ser la mierda moral que eres, yo no lo acepto. Y espero que no lo aceptes tú respecto a mí…

 



[1] “Indiferentes”, publicado originalmente en La Cittá Futura, 11 de febrero de 1917. Se ha reproducido muchas veces: por ejemplo en Iglesia Viva 248, de octubre-diciembre de 2011, p. 125-126.