gil-manuel hernàndez sobre hipernormalización y colapso banal

«(…) Retomando el análisis de Alexei Yurchak (2024) sobre la fase terminal de la Unión Soviética, la hipernormalización describe una situación en la que todos saben que el sistema no funciona, pero continúan actuando como si funcionara porque no existe un lenguaje legítimo para nombrar su agotamiento. En el contexto contemporáneo, esta dinámica adopta una forma específica: sabemos que el crecimiento capitalista indefinido es biofísicamente imposible, que la estabilidad climática pertenece al pasado, que las desigualdades se amplifican y que la energía fósil que sostuvo la expansión industrial entra en declive, que los materiales y minerales disponibles para hacer funcionar el sistema han entrado en una fase crítica, que el capitalismo deviene ecocidio global y genera una concatenación de explosivas crisis multidimensionales a gran escala, de consecuencias imprevisibles. Sin embargo, la articulación entre la maquinaria institucional, legal, mediática y económica del sistema y la densa red de subjetividades hegemónicas, sigue operando bajo la ficción de continuidad.

La hipernormalización del colapso no es solo un fenómeno psicológico individual, sino un régimen cultural de percepción colectiva. Funciona como dispositivo masivo de estabilización simbólica frente a la angustia del hundimiento y la percepción fragmentada de sus señales. Mantiene el imaginario de control mientras las bases materiales se erosionan. Permite que la degradación se convierta en rutina aceptable en la cotidianidad vital de los individuos. Y, sobre todo, evita preventivamente que la conciencia de crisis profunda se transforme en ruptura política radical.

Desde esta perspectiva, el concepto de colapso banal que aquí se desarrolla puede entenderse como la dimensión estética, discursiva e institucional de esa hipernormalización de fondo. Si la hipernormalización constituye la lógica estructural —el “hacer como si”—, el colapso banal es su manifestación concreta en el lenguaje, en los rituales mediáticos, en las agendas públicas y en las prácticas administrativas. Ambos conceptos no se superponen, sino que se articulan: la hipernormalización es el marco profundo; el colapso banal, su forma visible y operativa…»

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