Deprimente jornada en mi Facultad sobre “DocencIA. Pensar, aprender y enseñar en la era de la Inteligencia Artificial” (21 de mayo de 2026). Ay, compañeras y compañeros… ¿Y si subtitulásemos: “Pensar, aprender y enseñar en la era del colapso ecosocial”?
El problema humano fundamental, en el Siglo de la Gran Prueba, es: cómo convivir (entre nosotros los humanos y con miríadas de otros seres vivos) en un planeta Tierra que siga siendo habitable. Como se puede ver, un problema ético-político (no tecnológico) frente al que vamos fracasando de forma lamentable. ¿Pueden las IA ayudar en eso? La respuesta breve es: no, agravarán la situación. ¿Parecerá de mal gusto recordar que los dos campos donde se centra ahora mismo la IA más puntera e innovadora es el control de las personas y el reconocimiento de imágenes con el fin de automatizar al máximo la guerra?
Qué erróneo es situar este debate bajo el paradigma de la herramienta útil (y neutral, faltaría más) en un mundo de competencia capitalista desbocada, en vez de reparar en que lo que está en juego es un cambio sociocultural profundo inducido por los algoritmos de la IA –y no para bien.
Juan Carlos San Miguel, profesor de programación y Delegado de la Rectora para la Integración de Soluciones de IA en la UAM, habla de sostenibilidad sólo en términos de viabilidad económica. Las cuestiones éticas parecen reducirse a protección de datos o identificación de sesgos. Retórica de la inevitabilidad: “La IA generativa transforma la enseñanza superior de forma imparable”. Y cuando se le interpela señalando que toda esta transformación conduce a un mundo peor, ¡reconoce que sí! Pero no podemos quedarnos atrás en un mundo muy competitivo, aunque la huida hacia adelante nos conduzca a situaciones peores.
Igualmente la geógrafa Laura García Juan: declara que “el dato es dinero”, y también que “no es ni bueno ni malo, estamos en la cadena”. Para esta buena mujer “nuevos retos traen nuevas oportunidades; hay que adaptarnos a los cambios y formar para lo que el mercado demanda”. Y otra buena dosis de retórica de la inevitabilidad.
Las (engañosas) promesas de la IA tienen que ver con la eficiencia, la productividad y la competitividad. Pero alimentar estos valores instrumentales ¿hacia qué objetivos? Los medios devoran los fines… Recordemos: en la UC3M (Universidad Carlos III de Madrid) se ha extinguido el Grado en Humanidades; ahora sólo podrán cursarse Humanidades Digitales. ¿Qué nos dice eso sobre el tipo de seres humanos que vamos a construir en nuestros sistemas de enseñanza?
Campa a sus anchas, en una jornada así, la peculiar combinación de fatalismo de apocalipsis más hipernormalidad sobre la que ya he advertido en otras ocasiones.
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Vamos hacia un mundo peor, reconocen incluso los promotores de la IA, pero no tenemos otra que subirnos a ese carro…
Everybody knows the world’s gone wrong, canta Lucinda Williams. Todo el mundo sabe que vamos hacia un mundo peor –mucho peor–, pero al mismo tiempo el hechizo de la hipernormalidad nos impide reaccionar, salvo a minorías a las que un sistema de control y represión incomparable con nada de lo que hemos conocido en el pasado logra neutralizar sin demasiados costes.
