la lucha es el único camino

En el tren de cercanías conversa un grupo de cuatro estudiantes. Excitados porque han descubierto una web donde se venden piercings de lengua a 36 céntimos, sin gastos de envío si el pedido supera los veinte euros. Comienzan a organizar una compleja acción colectiva para encargar más de esos veinte euros, lo cual ha de involucrar a unas sesenta personas deseosas de taladrarse la lengua, según el rápido cálculo mental que cualquiera puede hacer… ¡Y luego dicen que la gente, en esta sociedad ferozmente individualista, no se coordina para emprender cosas juntos!

Por supuesto, no es porque sean jóvenes: en la generación de sus padres también se dan mayorías sociales con aspiraciones equivalentes. En vez de suspirar por el piercing de lengua, se aspira al apartamento en primera línea de playa. Y frente a estos jóvenes, también están esos otros que eran evocados hace poco en una «carta al director» de un diario:

«Leo, con una mezcla de rabia y de pena, el desalojo del centro social Casablanca, en el barrio de Lavapiés de Madrid. Hace tres días pasé allí una tarde agradable, comí unas estupendas tortas de verdura y me senté rodeada de jóvenes que hablaban, reían y se relacionaban en un ambiente tranquilo y distendido. En el patio interior se oía música, algo parecido a jazz, a un volumen que no ponía en peligro los tímpanos ni el sistema nervioso.

Soy maestra de la escuela pública, tengo 53 años, y me pregunté ¿pero estos chicos y chicas de dónde salen? Hablan de arte, de música, de ecología, de política, de cine, de literatura; montan talleres de huerto, de yoga, de bicis, de baile. Son la juventud soñada y conseguida, son los jóvenes que hacen que cualquier maestra se sienta orgullosa, sienta que merece la pena continuar, que no todo está perdido, que esa energía y fuerza de la juventud dará frutos en la construcción de un mundo mejor y más justo.

Quiero soñar que ocuparán otros espacios y que serán cada vez más los jóvenes que lucharán contra este sistema injusto, gris y falso al que nuestras autoridades quieren llevarnos. Quiero dar las gracias y el apoyo a estos sabios jóvenes que me enseñan el camino más recto hacia la libertad.»

Ésta es una sociedad envilecida, y uno sólo puede aspirar a escapar del envilecimiento si lucha. No hay otro camino.