Mi rechazo –desde siempre– al modo enfático y engolado de recitar poemas, como con voz de estatua de mármol, lo encuentro confirmado en esta explicación que Adam Zagajewski da sobre la manera antiteatral de dirigirse al público por parte del poeta Stanislaw Baranczac: “Existe una tensión, casi una contradicción insoluble, entre el enunciado poético que, de una manera artística y a menudo metafórica, persigue la verdad o la veracidad (aunque lo haga con métodos muy distintos de los que utiliza un enunciado periodístico, filosófico e incluso novelístico), y la expresión teatral, el ‘ambiente escénico’, el mundo de la farándula”.[1] Estamos hablando de esa verdad que es “el logos de los griegos, la garantía de la condición humana, la palabra verdadera”.[2] Sí me representa.
[1] Adam Zagajewski, Poesía para principiantes, Acantilado, Barcelona 2026, p. 114.
[2] Zagajewski, Poesía para principiantes, p. 126.