la red no puede desempeñar el mismo papel de bares y cafés

«Nuestros bares son demasiado ruidosos, nuestros cafés demasiado tranquilos, y eso está arruinando la democracia norteamericana. (…) un bar o un café tienen que ser lo bastante tranquilos como para poder entablar conversación, pero lo bastante ruidoso como para dar la impresión y crear la realidad de que no te va a oír fácilmente la gente equivocada (y no es que no vayan a intentarlo las autoridades. Los espías de Luis XV acechaban en los cafés del París del siglo XVIII. La controvertida infiltración, ya en el siglo XXI, por parte de la policía de Nueva York de los barrios musulmanes de Nueva York y alrededores consistió en enviar agentes de paisano a espiar en cafés en los que escuchaban subrepticiamente las conversaciones de política, críquet y kebab)….»

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