moisés mato sobre resistencia y desobediencia civil

«A finales del siglo XIX el movimiento obrero, se constituye como el movimiento de empobrecidos de la desobediencia civil no violenta más importante de toda la historia. “No es casual que se sepa de él tan poco, hasta en las facultades de historia”, comenta Mato. “El movimiento obrero entendió perfectamente que no había otra forma de cambiar su situación sino era desde los códigos de una cultura propia: la cultura obrera”. Lo hicieron mediante una buena organización: sindicatos y la difusión – llegaron a crear más de 100 periódicos propios y eso a pesar del alto porcentaje de analfabetismo que había entre sus miembros–. “De ese modo, y mediante una lógica instintiva que les llevaba al colaboracionismo y la solidaridad, lograran muchas cosas”, asegura.

Martin Luther King creía que la violencia era indivisible, reflexión que está directamente relacionada con el tercer concepto de la teoría de la desobediencia civil no violenta: la persona. “Martin Luther King no luchaba por los derechos de los negros, sino por el de todos los empobrecidos. Esa justicia es indivisible por el propio concepto de persona”. Bajo esta premisa, comenta Mato, se enfrentaba un día, y otro, y otro… a los perros de la policía y a sus mangueras con agua. Decía César Chávez al respecto, “Os venceremos con nuestra capacidad de soportar el sufrimiento”. “Ser persona es ser capaz de sufrir por el otro, ¿actualmente estamos dispuestos a hacerlo?”, pregunta Mato, que continúa: “la dificultad de tener una cosmovisión de la realidad, quizá sea una de las grandes trampas en las que caemos. Impide encontrar las raíces de los grandes temas. La fragmentación social en la que vivimos, nos impide ser personas” (…) “35.000 manifestaciones en este país durante 2012, pero de manera fragmentada, cada uno a lo suyo“, ese no es el camino que ha marcado la historia de la teoría filosófica-política de la desobediencia civil no violenta, según Mato. “Lo que debemos plantearnos es si somos personas dispuestas a sufrir por otros y si estamos dispuestos a perder. Cuando se produce esta toma de conciencia, ya no hay prisa; no hay largo ni corto plazo. Es entonces cuando podremos dedicarnos a ir al fondo del problema” (…) “Pasar del lo quiero todo y lo quiero ya [pancarta que recuerda haber visto en Sol durante la acampada del 15-M]; al lo doy todo y lo doy ya”…»