no hay planeta B… reflexiones a propósito de «interstellar»

“Es como si nos hubiéramos olvidado de quiénes somos”, se queja el héroe de Interstellar. “Exploradores, pioneros, no vigilantes… No estamos predestinados a salvar el mundo. Estamos predestinados a abandonarlo”. Este podría ser el epígrafe de nuestra época. No me malentiendan. Interstellar es una película magnífica, fiel a las más ricas tradiciones de la ciencia ficción, visual y auditivamente asombrosa. Si miramos más allá de la inevitable tontería, encontraremos una conmovedora exploración de la paternidad, la separación y el envejecimiento. Es también una clásica exposición de dos de los grandes temas de nuestra época: el optimismo tecnológico y el derrotismo político. (…) Sólo comprendiendo esto como impulso religioso podemos evitar la conclusión de que los que esperan jubilosamente este futuro son unos dementes. Igual que resulta más fácil rogar por la vida después de la muerte que enfrentarse a la opresión, esta fantasía nos permite escapar de las complejidades de la vida en la Tierra a un mundo maravilloso iluminado por las estrellas más allá de la política. En Interstellar, al igual que en muchas otras versiones de la historia – pensemos en Battlestar Galactica y Red Planet – el espacio es celestial, está supervisado por una benigna Tecnología y poblado por ángeles repartidores con tanques de oxígeno… (George Monbiot)