El 25 de julio, en Moguer, me correspondió entregar el PREMIO ANTZINAKO BIHOTZ (CORAZÓN ARCAICO).
En el seno de los encuentros de poesía de Moguer, VOCES DEL EXTREMO, organizados por la Fundación Juan Ramón Jiménez desde 1999, se creó, en el año 2004, el galardón ANTZINAKO BIHOTZ (CORAZÓN ARCAICO). El premio toma su nombre de unas palabras del poeta Bernardo Atxaga escritas en una lengua que, como la poesía y la canción, ha sobrevivido desde los tiempos de los bosques, la magia y la familia social de la tribu.[1] Este galardón no se encuadra en la categoría de las distinciones de la técnica literaria o la invención lírica, sino que premia y distingue la desnudez de espíritu, la belleza moral creativa y serena, el “estado poético” de la mente, el único estado que los herederos de Juan Ramón se comprometen a defender y a mantener.
Cada año se reúnen amigas y amigos poetas para asomarse al viejo pozo de la consciencia dulce, alrededor de la candela de la voz de antes de todo, y que será la misma voz que sobrevivirá a todo lo que conocemos, la canción antigua que calma el hambre de una nueva tribu, hermandad antigua en un mundo futuro que debe ser más sencillo, simbiótico y amante de la Tierra.
La concesión del galardón va acompañada de la entrega de una casaca de oficial del extinto ejército tibetano, el uniforme de un ejército de un país que ya no existe, como símbolo de una lucha pacífica, una militancia a favor de la vida, una neuroguerrilla imposible contra los gigantescos molinos tecnológico y la insensatez de las estructuras de los Estados y las plutocracias; pero sobre todo contra el olvido del corazón y el abandono de la sencillez y el cultivo interior de nuestro ser humanos. El Corazón Arcaico de cada año recibe, junto con esa chaqueta de flores y bambúes dorados sobre un caos negro, la obligación y el privilegio de seleccionar al galardonado o galardonada del siguiente año y entregar la casaca públicamente, al modo de antiguas tradiciones mágicas y religiosas donde la transmisión espiritual de una doctrina se simboliza por la entrega del manto.
Después de la entrega, la persona que ha recibido la casaca menciona el árbol raíz de las diez mil flores.
En años anteriores, han sido Corazones Arcaicos:
- Daniel Macías
- David Pielfort
- Antonio Orihuela
- Eladio Orta
- Elisa Llorca
- Antonio Gómez
- Uberto Stabile
- Isabel Pérez Montalbán
- Luis Felipe Comendador
- Antonio Martinez i Ferrer
- Begoña Abad
- Bernardo Santos
- Inma Luna
- Ana Pérez Cañamares
- Ángel Calle
- Niño de Elche
- Enrique Falcón
- Montserrat Villar
- Eladio Méndez
- Rafael Calero
- Camino Benedicto
- Mar Martín
- Conrado Santamaría y Amalia Fuertes
- Jorge Riechmann
Y el galardonado de este año 2025 es Antonio Crespo Massieu. Un compañero probado en mil batallas de conciencia y consciencia, agavillador de existencias rotas que fueron sin embargo semilla de futuro, verdadero poeta que no ha faltado nunca a las llamadas de la fraternidad y la sororidad. Es para mí un honor transmitirle, junto con la casaca legendaria, el deber de seguir defendiendo la apertura de espíritu y la limpidez de corazón en nuestros tiempos sombríos.
Jorge Riechmann
[1] Aquí la canción de Mikel Laboa sobre el poema de Bernardo Atxaga: https://youtu.be/4bOKwJi3dgQ?si=yy8l9-95Bctq2kzJ
“Tú, que eres como una casa/ hecha de arcilla:/ pequeña, frágil,/ de cuatro habitaciones// Tú, que te llenas de fantasmas,/ y te asustas,/ y lloras/ cuando llega la noche// Tú, que en la oscuridad/ te haces pedazos/ como una hucha/ arrojada contra el suelo// Tú, arcaico corazón,/ mira por la ventana,/ mira hacia ese bosque/ que ya reverdece…”