sesenta horas a la semana de duro trabajo competitivo

Se publican las Cartas a un joven biólogo del gran ecólogo y entomólogo (mirmecólogo para ser más precisos) Edward O. Wilson. Entre los variados consejos que el octogenario investigador dirige a su imaginario interlocutor (aspirante al éxito en la ciencia), reparemos en uno: sesenta horas semanales de trabajo y cero vacaciones. Bueno, con esa clase de ascesis laboral seguramente se puede aspirar a ser alguien en el competitivo mundo de la investigación mundial bajo el capitalismo; pero, al mismo tiempo, uno se convertirá casi con seguridad en un tarado social. No tendrá tiempo para la militancia política, para la participación democrática, para el activismo social, para la amistad, para la familia, para el amor… Por otra parte, y saliendo fuera de los laboratorios, ¿qué encontramos? Otras variadas vías para convertirnos en tarados sociales. Ya sea el culto al dinero de los plutócratas, ya la deformación humana que causa la sumisión al patriarcado, ya la alienación de los entregados al ciberfetichismo, ya la involuntaria y castrante inactividad del desempleado… Formas de mutilación humana que nos alejan de lo que podría ser una vida buena en una sociedad democrática. Seguimos invocando mecánicamente estos ideales de democracia y vida lograda, pero de hecho se hallan cada vez más lejos de nuestra experiencia.