sobre el asesinato del león cecil -unas observaciones de pedro prieto

En un correo electrónico, observaba Pedro Prieto: «Comentaba con mis amigos estadounidenses y europeos, en otro foro, que el asaeteamiento del león Cecil, con la alevosía de la tecnología del arco de poleas que multiplica la fuerza del disparo, ha levantado una oleada de indignación mundial. Afortunadamente, parece que no era alguno de los desaprensivos españoles que tanto gustan de emular a Clark Gable en Mogambo, sino de un igualmente desaprensivo dentista estadounidense, que ha tenido que cerrar la clínica y marcharse a otro lugar por la ferocidad de algunos críticos a su acción.
Hace tres meses, envié unos gráficos dramáticos de Paul Chefurka, que pasaron sin pena ni gloria, sobre la evolución de los vertebrados sobre el planeta en los últimos 10.000 años y especialmente en los últimos 500 años. Los destrozos a la fauna salvaje del planeta causados por nuestro modo de civilización dejan a este dentista en pañales, pero claro, el caso del dentista tenía todos los ingredientes: el león tenía nombre humano, Cecil. Los medios encontraron materia. La sensibilidad social tenía delante su mascota sacrificada (¡ah, las siestas con el segundo canal, mientras los leones de National Geographic cazan gacelas en algún lugar de la sabana!) y la masa tenía también culpable visible sobre el que cargar nuestra ira.
En el caso de nuestra civilización, que incluye a Clark Gabe, a Humprey Bogart y al dentista, los responsables somos todos y las miles de especies desaparecidas por completo (no un individuo de buena planta de cada especie, no, sino la especie en su conjunto), no dejan en buen lugar nuestro querido modo de vida. Así que mejor dejar de lado estas molestias que obligan no a buscar un culpable concreto y luego dormir bien, sino a exigirnos un cambio drástico de nuestra forma de vivir. Eso no…»
Así funciona el muy poco racional cerebro de ese simio lampiño autobautizado Homo sapiens, querido Pedro… Sobrevaloramos lo concreto y anecdótico, y nos cuesta horrores percibir las dinámicas más lejanas y abstractas. Los psicólogos sociales llamaban a esto, hace muchos años, «inducción popular». Yo lo contaba así en UN MUNDO VULNERABLE (2000):

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Efecto de representatividad o “inducción popular”: la anécdota que se convierte en categoría

Una fuente de deformación cognitiva adicional es el llamado efecto de representatividad: a menudo atribuimos excesiva importancia a los detalles de un caso determinado, pasando por alto los factores básicos y los antecedentes de carácter general. Dicho de otro modo: sobrevaloramos los casos particulares y las experiencias personales en relación con las informaciones más generales y objetivas. Consideramos la realización efectiva de un tipo de acontecimiento, o de situación, mucho más frecuente, cuanto más fácil nos resulta imaginarlo mentalmente, y cuanto más nos impresiona emotivamente . Manteniéndose constantes los demás factores, a la mayoría de la gente la influye más profundamente un ejemplo vívido, claro y personal, que un abundante material estadístico. Tenemos gran tendencia a considerar representativo a un aislado y único incidente, a convertir la anécdota en categoría.

«Los cambios lentos pueden no percibirse porque quedan absorbidos, por decirlo así, en un contexto general, mientras que se atribuye una importancia exagerada a cambios determinados de carácter secundario. La gente tiene una necesidad, fácil de entender, de considerar que su entorno es seguro. Si los cambios son lentos y graduales, y sus efectos tardan en advertirse, como los cánceres debidos a la contaminación, el olvido de la información básica general y la voluntad de tomar los deseos por realidades puede hacer que muchas personas ignoren lo que ocurre en su entorno» (Sjöberg).