sobre fascismo y televisión

Europa es la mejor idea del siglo pasado, ha dicho Olga Tokarczuk. Lo mejor para una mejor idea sería no quedarse en mera idea: pero no parece que eso, en el caso de Europa, esté a nuestro alcance. El neoliberalismo, y algunas otras catástrofes existenciales, se cruzaron en nuestro camino…

En 2002 Claudio Magris advertía: “Los italianos fuimos pioneros del fascismo en Europa. No quisiera que ahora, con Berlusconi, lo fuéramos de alguna otra perversión… Observo que están desapareciendo las antiguas convenciones sobre la decencia y emerge una nueva clase sin referencias morales de ningún tipo”.[1] Pero sucedió efectivamente lo temido: aquella clase de nihilismo infectó como un veneno a un país tras otro. Seguimos hoy en duelo por la Europa que podría haber sido.

Juan Gabriel Vásquez incurre en un considerable latinocentrismo cuando, evocando la novela de Mario Vargas Llosa Conversación en La Catedral, sentencia: “¿Qué es un latinoamericano? Es alguien que se pregunta, cada cierto tiempo, en qué momento se jodió su país. ¿Qué es un escritor latinoamericano? Es alguien que intenta contestar a esa pregunta mediante construcciones de palabras”.[2] Como si ese mal fuese exclusivo de América Latina… Pero no es así: también desde Italia o España nos hacemos la “pregunta J” de Vargas Llosa (de su personaje Zavala, en rigor): en qué momento se jodió Europa, o el conjunto de Occidente…

Quizás habría que verlo de esta forma: se permitió la degradación de la televisión pública, al mismo tiempo que irrumpían las privadas con su programa de enmerdamiento de la psique humana; por esa grieta se coló el resto de la debacle antropológica que hemos ido viviendo en los decenios últimos. Y aquí también Italia –la Italia de Berlusconi– resultó pionera.

 

[1] Claudio Magris, “Lo moral debe impregnar la vicisitud narrada” (entrevista), El País, 8 de noviembre de 2002.

[2] Juan Gabriel Vásquez, “Regreso a La Catedral”, El País, 8 de noviembre de 2025.