sobre las humanidades ecológicas

tema 1.2 ÉTICA ECOLÓGICA APLICADA, septiembre 2025 (tema de MHESTE y DESEEEA, curso 2025-26)

Humanidades ecológicas

(Jorge Riechmann en la inauguración de la sexta edición de MHESTE y undécima de DESEEEA, Cantoblanco, 4 de septiembre de 2025)

 

La evidencia científica sobre fenómenos como el calentamiento global, el agotamiento de recursos (comenzando por los combustibles fósiles) y la degradación de la red de la vida (que incluye una acelerada pérdida de biodiversidad) revela que estamos chocando con la realidad impuesta por los límites biofísicos de la Tierra.

Pero, a pesar de ello, continuamos sin emprender el camino de la transformación social necesaria para evitar un cada vez más probable colapso civilizacional a escala planetaria. ¿Qué ocurre?

Vemos que esta crisis no es un problema meramente “técnico”: en su origen encontramos factores sociales, culturales y políticos que la convierten en una crisis que más bien deberíamos denominar sociecológica o ecosocial. Podemos decir, por otra parte, que más que de una crisis ecológica se trata de una crisis antropológica, ético-política, incluso ontológica. La degradación ecológica es un conjunto de síntomas; las causas estructurales hay que buscarlas en un nivel profundo, donde oteamos tanto el capitalismo (que es más que un sistema económico) como la cosmovisión occidental dominante.

Incluso cabe cuestionar el término crisis, con su apunte implícito hacia una vuelta a la “normalidad”. Se trata más bien de un fin de mundo.

¿Por qué humanidades ecológicas? Desde hace años se ha ido consolidando un espacio de reflexión colectiva (y un área académica) bajo el rótulo de Humanidades ambientales. Los pasos que se han dado por ese camino nos parecen valiosos, pero pensamos que hace falta ir un poco más allá. No puede servirnos como marco general el desarrollo sostenible, concretado en los ODS de NN.UU.; creemos hay que marcar distancias decididamente con el antropocentrismo y las propuestas de “capitalismo verde”; la sedicente transición “verde y digital” que ahora impulsan algunas instituciones en los países centrales de nuestro sistema-mundo nos parece equívoca y manudo contraproducente.

Por eso nos ha parecido conveniente acotar, dentro del área de las Humanidades ambientales o quizá más allá, un ámbito más específico de Humanidades ecológicas donde la práctica de la inter- y transdisciplinariedad se asiente sobre una base sólida de realismo termodinámico, geológico y ecológico (realismo que en la cultura dominante brilla por su ausencia).

Una perspectiva de simbiosis entre naturaleza y cultura, reintegrando los sistemas humanos en los sistemas naturales, ha de desbrozar senderos para un nuevo humanismo no antropocéntrico, sino más bien “gaiacéntrico” (concediendo a la teoría Gaia el papel central que le corresponde en una cultura amiga de la Tierra). Partiendo de la asunción de los límites biosféricos y los condicionamientos entrópicos, se trata de buscar los procesos y el lugar para una civilización en reequilibrio ecosistémico.

Somos bien conscientes de las enormes dificultades a las que hacemos frente, y nos tomamos en serio la situación de emergencia ecológico-social (no sólo emergencia climática) y las perspectivas de colapso civilizatorio. Pero no podemos tirar la toalla: aunque la posibilidad de un decrecimiento igualitario, consciente y rápido resulta remota (habida cuenta de las relaciones de fuerza y las inercias sistémicas hoy existentes), creemos que sólo esa vía permitiría esquivar lo peor del curso catastrófico de los acontecimientos que hoy se ven venir.

En este sentido, las Humanidades ecológicas aportan visiones interdisciplinares que, en el marco de un diálogo constante con las ciencias naturales y sociales (aquí la importante idea de una Tercera Cultura),[1] permitan pensar las diferentes dimensiones de la crisis —filosóficas, éticas, políticas, estéticas, económicas, sociales y culturales— con el fin de abordar los difíciles pero necesarios procesos de transición hacia formas de organización social de verdad sustentables: una humanidad justa integrada en una biosfera próspera.[2] Con la duda, también aquí, sobre si la palabra “transición” resulta adecuada: pues de lo que se trataría es de una metamorfosis revolucionaria.

En efecto, desde la teoría de sistemas se habla a veces de cómo a un sistema pueden afectarle dos clases de cambios: los cambios de tipo 1, que son modificaciones dentro del marco existente (cambio gradual e incremental), y los cambios de tipo 2 que alteran ese marco existente, la propia estructura del sistema y sus reglas de funcionamiento (cambio verdaderamente sistémico: una metamorfosis). “La transformación natural de una oruga en mariposa es un ejemplo [de cambio de tipo 2]: la mariposa no es una oruga mejorada a través de algún ajuste, se trata de otra cosa, con otra estructura. Si tratamos de ajustar o mejorar una oruga, nunca llegaremos a una mariposa. No se obtiene un cambio de tipo 2 acumulando gradualmente cambios de tipo 1.”[3]

No se trata de ningún radicalismo gratuito. Ojalá, hoy, bastaran los cambios de tipo 1; por desgracia, las sociedades industriales han continuado durante demasiado tiempo sus trayectorias de insostenibilidad y extralimitación. Hoy, sin cambio sistémico de tipo 2, estamos perdidos.

¿Por qué, entonces, humanidades ecológicas? Insistamos sobre algo que ya se apuntó: porque no afrontamos una crisis ecológica en el sentido de una crisis de la naturaleza o de los ecosistemas, sino (desde su misma raíz) una crisis ecológico-social. Por lo cual tendríamos ante nosotros una triple tarea:

  • Tarea política: evitar las variantes peores del colapso ecosocial, y en esa medida colapsar mejor.[4]
  • Tarea ética: conversión/ metanoia, reforma intelectual y moral, ética de la consideración (Corine Pelluchon) frente a las morales de la dominación.[5]
  • Tarea cultural: desarrollar una “Nueva Cultura de la Tierra”, una cultura o cosmovisión gaiana basada en las Humanidades ecológicas.[6]

En los Títulos Propios MHESTE y DESEEEA abordamos, en la medida de nuestras fuerzas, esta triple tarea.[7]

Y lo hacemos desde un marco epistemológico que, en síntesis, cabría caracterizar así (al menos, tal y como yo lo veo):

  • Interdisciplinariedad (con aspiración hacia la transdisciplinariedad)
  • Perspectiva sistémica y aspiración al pensamiento complejo
  • Marco valorativo explicitado (aspiramos a la objetividad, pero no a la neutralidad). Ética de la responsabilidad y superación del antropocentrismo
  • Ecosocialismos/ ecofeminismos/ ecologismo social/ pensamiento descolonial
  • “Volver a ser terrestres” desde nuestra corporalidad y pensamiento situado
  • Ilustración ecológica

Pensar no es un lujo en tiempos de crisis, señalan Itziar Ruiz-Giménez y Rebeca Giménez en un artículo sobre “Ecofeminismos ante el (des)orden global”. Ante un presente que interpela profundamente nuestras formas de vida, dicen las autoras, “cavilar y hacerlo de forma crítica se ha convertido en una necesidad vital e insoslayable. Think we must!, propugnó Virginia Woolf en 1938, cuando planteó que pensar era una actividad ética, profundamente política, situada y urgente, cuestionando las estructuras patriarcales y clasistas que, entonces, sostenían –y sostienen– hoy el belicismo”.[8]

Necesitamos pensar… pero también articularnos colectivamente y actuar en tiempos de crisis. ¡Buen comienzo de curso!

 

[1] Francisco Fernández Buey, Para la Tercera Cultura. Ensayos sobre Ciencias y Humanidades, El Viejo Topo, Barcelona 2013.

[2] Este nuestro marco de trabajo (del grupo de investigación GHECO y de la red RHECO, a las que pertenezco) está bien expuesto en el libro colectivo Humanidades ecológicas: hacia un humanismo biosférico (editado por Jose Albelda, Fernando Arribas y Carmen Madorrán), Tirant Humanidades, Valencia 2023.

[3] Laurent Lievens, “Quand chercher et enseigner nécessitent de muter et alerter”, en Geneviève Fabry y Charlotte Luyckx (eds.), Écobiographies en Anthropocéne. Trajectoires d’enseignement et de recherche, PUL (Presses Universitaires de Louvain), Louvain-la-Neuve 2024, p. 100.

[4] Jorge Riechmann, Fracasar mejor (segunda edición ampliada y actualizada), Kaótica, Madrid 2024.

[5] Corine Pelluchon, Ética de la consideración, Herder, Barcelona 2024.

[6] Charo Morán y Área de Educacion de Ecologistas en Acción: Nueva Cultura de la Tierra, Libros en Acción, Madrid 2024.

[7] https://ecoeducacion.webs.upv.es/

[8] Itziar Ruiz-Giménez y Rebeca Giménez: “Ecofeminismos ante el (des)orden global: herramientas para pensar y habitar un presente en disputa”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 170, verano de 2025, p. 37.