sobre las instituciones democráticas -en tiempos de avance del fascismo en muchos lugares

¿De verdad hemos de pensar que el mecanismo básico de la democracia es un intercambio de confianza (desde el pueblo) por bienestar (suministrado por las instituciones, en el contexto mercantil de nuestras “democracias” capitalistas)?[1] ¿A qué jibarización de la democracia nos prestamos? ¿Dónde queda la idea fuerte de democracia –democracia como autogobierno, como participación equitativa en las decisiones que le afectan a uno? ¿Los elementos de democracia deliberativa y participativa se sitúan del todo fuera de nuestro horizonte? ¿Podemos sin más olvidarnos del lema del 15-M lo llaman democracia y no lo es (porque se trata de oligarquías liberales, como señalaba el añorado Cornelius Castoriadis), coreado en las plazas españolas en aquel momento inolvidable de apertura y toma de conciencia colectiva?

 

[1] Sirva como ejemplo de esta idea ampliamente extendida un interesante artículo del politólogo Oriol Bartomeus, donde se afirma: “Nuestro sistema democrático es una construcción frágil que se fundamenta sobre algo intangible: la confianza de la ciudadanía; que, a su vez, se basa en una relación de reciprocidad entre ésta y los poderes democráticos. La gente otorga confianza en la medida que ésta le es devuelta en forma de bienestar. La democracia no es un sistema tallado en piedra como las religiones, no es un templo, sino más bien una brisa, es un flujo continuo, y ese flujo se paró en algún momento entre 2008 y 2012, deteniendo el mecanismo. Sencillamente, el sistema dejó de responder y, en consecuencia, la ciudadanía dejó de emitir confianza hacia el sistema. La superación de la parte macro de la crisis financiera global (el rescate bancario) tapó la persistencia de ese parón de fondo en el mecanismo funcional de la democracia. Pocos repararon en ello, pocos lo advirtieron, a pesar de los múltiples indicios. (…) El intercambio entre bienestar y confianza está siendo reemplazado por el trueque entre seguridad y vasallaje. El marco legal está hoy supeditado a la voluntad del monarca, del poderoso, que se siente literalmente por encima de cualquier ley [como Trump]. El avance de este nuevo orden es posible porque cuenta con el beneplácito de grandes mayorías ciudadanas. Las fuerzas de la reacción se han ido imponiendo legítimamente a través de mecanismos democráticos, aupados por una parte de la ciudadanía que veía en ellas la solución ante un sistema sin respuesta, incapaz. La quiebra de 2008 que no se supo ver ha renacido en forma de miedo, de incertidumbre, de sentimiento de abandono, y en ese caldo potenciado por el universo digital ha sabido nadar el nuevo autoritarismo de hombres providenciales que ofrecen seguridad a los suyos frente a un mundo de amenazas, reales, imaginadas o facturadas por el algoritmo…” Bartomeus, “Desconfianza en el sistema: viaje al origen de la ola reaccionaria”, El País, 12 de abril de 2026; https://elpais.com/ideas/2026-04-12/desconfianza-en-el-sistema-viaje-al-origen-de-la-ola-reaccionaria.html