sobre las raíces ideológicas que frenan la acción climática en españa

https://link.springer.com/epdf/10.1007/s13412-026-01127-7?sharing_token=PensUZF3aEmv6f5ScqeRRve4RwlQNchNByi7wbcMAY5JewY9D3nZ4n04aEWdWf9GBj-MahOeMPrNB_4AGxZDtPG083ussr0dNL15a3eKMR6lIyF2zrAKdWItYZO7iiCJO3xM_q_H0d2_WNO3SA344x5S0PTf-7GsfpL1Yg_a3jE%3D

Fernando Valladares: «Existe cierto pudor a entrar en temas políticos desde el ámbito científico. Sin embargo, corren tiempos urgentes con un cambio climático que en tan sólo cinco días de la última ola de calor ha matado a más de 300 españoles y a más de 1200 franceses.

Un equipo de investigadores [de GHECO] liderado por Carolina Yacamán Ochoa, de la Universidad Autónoma de Madrid, ha puesto al descubierto las raíces ideológicas que frenan la acción climática en España en un trabajo publicado en la revista científica Journal of Environmental Studies and Sciences. Combinó una encuesta nacional a 1003 ciudadanos residentes con derecho a voto con un análisis cualitativo de los programas electorales de 2023.

El diagnóstico es contundente porque demuestra que la polarización política ha convertido la emergencia climática en un campo de batalla donde la ideología pesa más que el consenso científico de más del 99%. Mientras que casi la totalidad de los votantes de Sumar y el PSOE reconocen la gravedad de la crisis, sólo el 31% de los simpatizantes de Vox la considera una emergencia real frente al 58% que cree que el problema ha sido exagerado.

El estudio disecciona cómo Vox despliega una estrategia de obstrucción primaria al rechazar tratados internacionales y presentar la regulación ambiental como una amenaza a la soberanía nacional y al orden social tradicional. Por su parte el Partido Popular opta por un modelo de retardo basado en la gestión administrativa y la innovación tecnológica sin establecer metas de reducción de emisiones vinculantes.

Incluso en el espectro de la izquierda, el PSOE y Sumar se mantienen anclados en un paradigma de crecimiento verde y soluciones tecnocráticas que evitan abordar la necesidad de reducir el consumo de energía y materiales. Los datos revelan una contradicción social explosiva puesto que el 70,5% de los españoles reconoce que será difícil abandonar su actual nivel de vida para proteger el entorno.

Los autores concluyen que el retraso climático no es una simple cuestión de ignorancia sino una característica estructural de la democracia capitalista que prioriza el beneficio individual y el crecimiento perpetuo. Este entramado de intereses se apoya en un optimismo tecnológico ciego que sirve para posponer reformas radicales bajo la promesa de innovaciones futuras que nunca llegan a compensar el impacto ecológico.

La consecuencia directa de esta parálisis política es una degradación institucional que incrementa la vulnerabilidad ante desastres tal como quedó demostrado con la falta de prevención en las inundaciones mortales de la DANA 2024 y como ahora lo muestra la extraordinaria ola de calor. En definitiva, la transición ecológica solo será posible si se neutralizan las acciones políticas obstructivistas o retardistas y se transforman radicalmente las estructuras de poder que hoy sostienen el extractivismo y la dependencia de los combustibles fósiles.»