«En mi opinión, cuando uno intenta escribir poesía, su compromiso es con la poesía. Éste es el compromiso primero y principal. Lo que sucede es que los poetas son más cosas, además de poetas; entonces, si se quiere, a esa dimensión de la poesía se sobreañade —se yuxtapone de alguna forma— una dimensión de ciudadano. Y eso, claro, tiene efectos sobre la poesía. Pero, por esa vía indirecta, no porque uno se diga de forma programática: voy a escribir poesía comprometida. Lo primero es la poesía y lo secundario, el compromiso. Uno tiene sus compromisos como ciudadano que vive en un mundo inaceptable; tengo compromisos con la sociedad en la que vivo, compromisos con mi tiempo, con determinadas causas. Con la idea de emancipación humana, con el proyecto de una sociedad igualitaria, con el intento casi desesperado de frenar la devastación ecológica del mundo en el que vivimos… Pero esos compromisos no son de naturaleza distinta de los que tiene cualquier ciudadano crítico y consciente del mundo en el que vive. “Los poetas no son ciudadanos especiales”, he dicho alguna vez. ¿Esos compromisos influyen, entonces, en la poesía que uno escribe? Claro que sí. No hay una escisión entre el momento en que uno escribe poesía y toda esa otra dimensión política, social o ecológica.»