tender puentes (entre los movimientos de defensa de los animales y el ecologismo)

No sería difícil convenir en que las dos clases de actividad humana que más gravemente dañan las posibilidades de vida animal buena –presente y futura— son la ganadería industrial y la destrucción de ecosistemas. Ahora bien, al poner el foco sobre la primera y orientarse estratégicamente a promover el veganismo, el movimiento de liberación animal corre el riego de magnificar sus diferencias con el ecologismo (mucho más sensible a la segunda fuente de daño).

Pero yo puedo ser impecablemente vegano y causar, sin embargo, daños graves a la vida animal –si por ejemplo viajo en avión miles de kilómetros al año. Pues en este segundo caso estoy contribuyendo a agrandar aún más los extralimitados sistemas humanos –con sus enormes exigencias en energía y materiales, con su desbordada huella ecológica— en detrimento de los ecosistemas. Mis vuelos en avión, o mis viajes en automóvil privado, se traducen en mareas negras, desforestación y minería a cielo abierto –reduciendo las posibilidades de vida animal buena sobre la Tierra.

Una vieja distinción de los movimientos feminista, obrero y pacifista puede servir al animalista vegano para ver más claro en este asunto: la distinción entre violencia directa e indirecta. La violencia directa de los mataderos es muy visible; la violencia indirecta de los aeropuertos resulta menos visible.

Atender a la vez a las dos principales fuentes de daño para los animales –la ganadería industrial y la destrucción de ecosistemas— permitiría tender puentes entre los movimientos animalista y ecologista, atenuando las divergencias que pueden derivarse de la apelación a fundamentos diferentes para la moral (individualista para el defensor radical de los animales, más holista para muchos ecologistas y ambientalistas).